Todos se reunieron para cenar. El comedor consistia en cuatro mesas de cuatro sillas cada una, y otra más alargada con el personal del centro. Eran: Kirby, el cocinero, el cual era redondo como una bolita y pequeñito, pero todo el mundo le quería y le parecía adorable; Master Hand, el director del centro, al cual le apodaron así por sus manos extremadamente grandes y por sus guantes de Mickey Mouse; Peach, la psicóloga, muy amable y querida por los alumnos del centro, aunque ella tampoco estaba muy cuerda: Se creía una princesa de un reino imaginario lleno de setas y montañas con ojos, lo cual dificultaba mucho que pudiera ayudar a la gente; Los camareros, Fox y Falco, dos extranjeros que se complementaban muy bien, uno era sociable y responsable y el otro era serio y antipático; y los profesores, Estela, Wario, Roy y Luigi.
Fox y Falco pasaron por las cuatro mesas repartiendo la cena, cuando Pit entró gritando en la sala.
-¡De nuevo hoy me dispongo a surcar los cielos! ¡A mis enemigos les voy a dar para el pelo!
Dijo, mientras bailaba y hacía cosas raras con las manos con una especie de arco azul. Palutena rió.
-¡El amor de Lady Palutena es como el fuego! Y de postre tomaré un yogurt griego. - Y finalmente se sentó al lado de su Diosa, riendo. - ¿Le gusta el himno que le he compuesto improvisadamente, Lady Palutena?
-... Todavía tienes mucho que aprender, Pit.
-¡Enseñame todo lo que necesito, Lady Palutena!
Qué decir, toda la sala se había quedado muda de la sorpresa.
-Lo siento. - Dijo Falco con voz ronca. - Hoy no hay yogurt griego.
-¿QUÉ? ¡LADY PALUTENA, HAZ ALGO!
-No te preocupes, Pit. Yo te daré uno. - Dijo, mientras sonreia.
-¡Lady Palutena es tan buena y amable conmigo! ¡No sé que haría sin ella! ¡Larga vida a la diosa Palutena!
-¿Y qué hay de postre? - Preguntó Ness, que ya se esperaba una tarta.
-... Fruta.
-¿¡Pero no había berenjenas fritas?! Gritó Popo, abrazándose a su hermana, presa del pánico
-¡Yo quiero mi Yogurt Griego! ¡Lady Palutena, muestra tu ira! - Dijo Pit, tratando de poner cara de enfadado.
-... - El aldeano sonrió. Le encantaba la fruta. -¿Qué fruta?
-Eh... Melón.
La sonrisa de Murabito se esfumó. No había melones en su pueblo.
-¡Creo que tenemos melocotones por aquí guardados! - Rió Master Hand, al cual le acababa de entrar un poco de miedo. - ¡Roy, ve a buscarlos!
-Y una mierda.
-¡He dicho que vayas!
Roy se levantó gruñendo. Fue a la cocina y no había más que comida congelada y dos o tres melones.
-¡No hay mel...!
-¡PUES VAYA A COMPRARLOS!
Y a Roy no le quedó más remedio que ir a la tienda más cercana a comprar.
Volvió a los veinte minutos, cuando la gente estaba terminando el segundo plato.
-Aquí tiene su melocotón, Mast... Dijo, señor. - El también usaba ese mote, del cual el director no tenía ni idea.
-¿SÓLO UNO? ¿Y por qué has tardado tanto?
-¡Había cola!
-¡Tenias que haber traido más!
Y así, el profesor Roy se quedó castigado.
Cuando terminaron de cenar, sirvieron el postre. Dieron a todos un trozo de melón y a murabito el melocotón.
-Este no es el melocotón de mi pueblo.
-¡No esperaréis que vaya a s...! - Trató de decir Roy.
-Ve a su maldito pueblo. Tienes media hora.
Tuvo que salir de allí, ir a la parada, esperar a que pasara el bus y allí mantener una conversación con un chico con orejas de gato que le preguntaba sobre su vida.
-Asi que... Este es el único bus que va hacia el pueblo... No puedo bajarme y subirme a otro en el que no estés, ¿verdad?
-¡No! Dime, ¿qué vas a hacer en ese pueblo? ¿Esperas a tu amor verdadero? ¿Es un chico o una chica?
Y cuando Roy cogió todas las frutas que podía tener y volvió, ya habían terminado de comer y Murabito se había comido el yogurt griego de Pit.
-¡LADY PALUTENA! - lloriqueaba el angelito, pegado a ella.
-¡Has desatado la ira de una diosa!
El aldeano sonrió, sin más, como si aquella situación le hiciera gracia.
-¡Murabito! ¡Discúlpate! - Dijo Megaman, el niño con problemas mentales que se creía un robot. - Eso no ha estado bien.
A Murabito se le quitó la sonrisa.
-¡No me das miedo! - Dijo, mientras trataba de no temblar.
-¡Bien! Ahora que se ha terminado la cena... - Trató de hablar Master Hand, pero no había una sola persona que estuviera callada. - ¡Silencio o llamaré a mi hermano!
Su hermano era Crazy Hand. Nadie sabía su nombre, solo que estaba absolutamente loco y que, las manos tan grandes que tenía al igual que Master Hand, se movían costantemente, como si no pudiera dejarlas quietas. Además, sus guantes eran rosa.
Todos los chicos que habían estado en cursos anteriores se callaron, el resto siguió hablando.
Y Master Hand dio una palmada con sus enormes manos que sonó por todo el edificio.
-Vamos a repartir las habitaciones. Murabito y Megaman, sois compañeros, os alojais en la trescientos. Ness y Lucas, os alojais en la trescientos uno.
-¿Por qué las habitaciones empiezan por trescientos? - Preguntó el entrenador.
-Para que parezca un sitio lujoso. Bien, esas dos son fijas. Nana, irás con la Entrenadora.
-¡Pero es una chica muy mala que hizo llorar a Pupu...!
-Así os haréis amigas. Palutena, con Lucina porque sois las únicas dos chicas que quedan.
-Su ignorancia me produce náuseas, que se convierte en pena por usted. Pero al Rey Marth no le importa compartir habitación con una chica.
Robin iba a protestar, pero se calló.
-¡Y Robin compartirá su habitación con Falcon!
-A mi no me importa que mi compañero sea Marth, Mast... Director. - Sonrió Captain Falcon.
-Si no les importa, me repito a mis aposentos. Disfruten de la velada...
Lucina se levantó, con la cabeza alta y aire de superioridad.
-¡Eh, Marta!
Lucina se giró.
-¿Quién osa mofarse de mi n...? ¡Eres un estúpido, Robin!
-¡Deja de tratarme como si fuera un chico! ¡Eres insoportable!
-Y Pit compartirá habitación con el entrenador. - Trató de decir Master Hand, pero todos miraban a ambos chicos, que discutían sin parar.
-¿Será posible? ¡Tengo miles de soldados que te odian y que a una sola orden mía te matarían!
-Y Toon Link irá con Popo.
Popo tardó en asimilar la noticia. Según Master Hand, Toon Link no podía controlar su rabia. Se giró y lo miró fijamente. Tenía el ceño fruncido, miraba al suelo y se acariciaba las manos, como si se estuviera tratando de calmar. ¡Popo se encargaría de darle todo el amor que necesitara! Sin duda, su nuevo amigo sería más feliz con su cariño.
-¡Toon! - Dijo, levantándose para sentarse a su lado. - ¡No estarás nunca más solo! ¡Pupu está a tu lado para darte mimitos de amor!
Toon abrió los ojos, rojo de la verguenza y de la rabia.
-¡Te llevaré a nuestro nidito donde seremos felices toda la vida, Tuncito! - Le cogió en brazos y fue a su nueva habitación, la trescientos cinco.
-Ejem... ¿Estáis todos?
-¡Sí!
-Pues podéis iros a dormir. Mañana a las ocho os quiero a todos levantados para desayunar y empezar las clases.
-Ejem, Roy... Tú no te muevas.
-¿¡Por qué?!
-Has llegado muy tarde y por tu culpa ha habido una pelea entre tres alumnos.
-¡No podía hacer que el autobús fuera más rapido! ¡Zarandeando un puto árbol me cayó una maldita colmena encima!
-¿Y qué hiciste?
-¡Maté a todas las abejas y fui a venderlas! Resulta que solo las compran vivas.
-Pues si no te hubieses entretenido con las abejitas, quizás habrías llegado a tiempo. Doble castigado.
Y Roy estuvo doblemente castigado.
Lucina entró a su cuarto, agotada.
-Este sitio es una estupidez. No me puedo creer que esté viviendo entre humanos... - Gruñó la diosa.
-¡Duérmete, mañana lo verás todo de otra manera!
-Lo que tú digas, eh... ¿Rey Mark? Como sea. Las diosas no dormimos, eso es cosa de mortales que necesitan energía o algo así.
-¿Su Divinidad no necesita dormir?
-¡Es injusto! ¡Pit y yo hemos salvado el universo y a todos los mortales! ¡Y nos encierran aquí, en este cutre antro!
-¿Habéis salvado el universo? Me postro ante usted. Yo he salvado mi reino.
-¡Deja de hablar como un viejo!
-¿D...Disculpe?
-¡Todos sabemos que eres...! ¿Cómo era? Lucy o algo así.
-¡Sois todos unos idiotas! ¡Os odio! - Lloriqueó Lucina.
Robin entró en la habitación.
-¡Lady Palutena, le reto a un duelo!
-¿Perdón? ¿Qué necesitas?
-¡La única que tiene que estar durmiendo con Marth soy yo! - Gritó como si fuera una colegiala enamorada.
-¡No me gustan los travestis, Robin!
-Vosotros estáis... Demasiado mal. Iré a dormir con las otras dos chicas. A veces siento lástima de vosotros, mortales. Pero en menos de un suspiro para mí, ya habréis fallecido de viejos.
-No pienso dormir contigo, Daraen.
-¡Oh, venga, lo pasaremos bien, somos amigas!
-¡Alejate, pervertido!
Palutena se levantó suspirando y se fue de la habitación. En el pasillo se encontró con Pit.
-¡Pit, mi fiel amigo!
-¡Lady Palutena! ¡Tengo problemas! Mi compañero de piso se cree que yo... Que yo soy gay... - Susurró.
-No pasa nada, Pit, te permitó que duermas conmigo esta noche.
-¿Harías eso por mí, Lady Palutena?
-Sé mejor que nadie que estos humanos estan mal de la cabeza. Ahora entiendo por qué la diosa de la Naturaleza quería exterminarlos: Están locos y solo sirven para destruir otras vidas. Vamos a un cuarto libre, no quiero mezclarme con ellos.
Entraron en el cuarto de Captain Falcon y Robin.
-Fuera, asqueroso mortal. Este es nuestro cuarto.
-Muñeca, no es n... - Pero antes de que intentase nada, Pit le amenazó con el arco y Palutena con un ejercito celestial. Se resignó a irse.
Captain Falcon no tuvo más remedio que dormir con el entrenador de Wii Fit.
-Ay, qué musculos... Vamos a fortalecerlos bien. Mira... Haz lo que yo hago. ¡Y uno! ¡Y dos! ¿Sientes cómo se te endurecen los glúteos...? Jijiji...
-... No estoy seguro de que quiera hacerlo.
-Pero es tan gratificante sentir tu cuerpo calentándose... Venga, vamos a correr y después a hacer estiramientos, Capitán...~
Aquella fue una de las peores noches de Captain Falcon.
-¡No me gustan estos mortales! No me hacen ofrendas ni me veneran como una diosa. Los odio. No quiero seguir aquí.
-¡No te preocupes, Lady Palutena! Tienen miedo de lo que no conocen. ¡Demostremosles a los humanos el verdadero significado de la Luz!
-Ah, Pit... Mi fiel ángel... Prepara tu arco, mañana nos iremos de este asqueroso lugar. - Sonrió la peliverde.
-¡A tus ordenes, Lady Palutena! - Y se puso a dar saltos y a bailar para celebrar otra aventura más con su diosa. - Pero... ¿Podrías darme otro yogurt Griego?
-Ya es muy tarde. Duérmete.
-Los ángeles no necesitamos dormir.
-No vamos a dormir... Vamos a... Recargar nuestras energías. Sí. Eso. Recarga energía, Pit.
-¡Lo que la diosa de la Luz me ordene! - Y se tiró a su cama, abrazándose a una almohada. - ¡Que recarges energía bien, Lady Palutena!
-Igualmente, Pit. - Y ambos se echaron y durmieron durante unas cuantas horas.
Nada más cerrar la puerta, Robin recibió un cojinazo en la cara.
-¿¡Para qué quieres dormir conmigo, eh?! ¡Maldito pervertido!
-¡No pienso dejar que duermas con otra! - Dijo, devolviéndole el golpe.
-¿Y si te dejo durmiendo en el pasillo? - Otro cojinazo para la cara de Robin
-Me colaré igualmente. - Le respondió dándole en el hombro.
Asi que Lucina sacó, con todas sus fuerzas, el colchón de Robin al pasillo. El chico no pudo hacer nada para evitarlo por las caras de asesina que ponía su amiga.
-¡Ala! ¡A dormir fuera! ¡Diviértete!
Pero en cuanto Lucina se durmió, Robin volvió a entrar. Y como le daba pereza mover su colchón, se echó en la cama de Lucina y la abrazó. Porque en el fondo no era taaaaan insoportable.
-¡Toon! ¿Juntamos nuestras camas?
-¡Ni se te ocurra! ¡No te acerques a mí! ¡No quiero ser amigo de un loco! Esta es tu parte de la habitación... - Dibujó un cuadrado al lado de la cama de Popo. - Y el resto es mi parte de la habitación. Yo no me meto en tu parte y no haces nada. Y tu no te metes en mi parte y yo no te hago tragarte los dientes.
-Pero Toon...
-¿¡Qué?! ¿No lo has entendido?
-¡Mi peluche está en tu lado y no puedo dormir sin Pepe!
-¿Pepe es tu maldito peluche?
-¡Chí!
Le tiró a Pepe, un oso polar a la cabeza. Popo se apartó rapidamente, haciéndo que el peluche cayera fuera del cuadrado que rodeaba su cama.
-Pues lo siento, pero duermes sin tu peluche.
Toon se giró y cerró los ojos, tratándo de dormir.
A los cinco minutos, cuando estaba a punto de conciliar el sueño, sintió a alguien cogiéndole de la cadera.
-Qué coj...
-No puedo dormir sin mi peluche, y tú eres igual de achuchable, Toon.~
-En primer lugar, estás en mi lado de la habitación.
-¡No! Dibujé otra raya con la tiza -señaló el suelo.- Así que estás en mi lado de la habitación y a cambio tendrás que dejar que te abrace.
Y le abrazó con tanta fuerza que Popo no podía ni patalear. Y por mucho que se quejase, su compañero de habitación ya estaba dormido. Acabo por rendirse y aceptar dormir en sus brazos.
Lucas estaba llorando. Porque no le gustaba ese sitio. A nadie le gusta ese maldito sitio...
Quería ir a casa, ver a su familia, y no estar rodeado de locos.
Y pensar que solo llevaba ahí un día...
-¡No llores, Lucas! ¡Lo vamos a pasar muy bien! Cuando se termine el curso no vas a querer irte.
-Echo de menos a mi familia... Sniff... - Y empezó a llorar con todas sus fuerzas.
-¡Y yo a la mía! Todos los días llamo a mi madre para hablar con ella porque la añoro muchisimo, y si no también quiero llorar. Te comprendo.
Y Lucas se empezó a reir. No sabía controlar sus sentimientos.
-¿De qué te ries?
-No... No lo se... - Volvió a llorar.
-¡No llores, Luke! ¡Tu familia puede venir a verte los sábados, por ejemplo! Y vas a hace muchos amigos y a pasarlo muy, muy bien. Aquí hacemos muchas actividades y mucho juegos, y además te van a ayudar con tus problemas. ¡Yo te voy a ayudar!
Lucas se secó las lágrimas. ¿Cómo le había llamado? ¿"Luke"?
-Gracias...
El pelinegro le abrazó.
-¡Vamos a ser muy buenos amigos! ¡Los mejores amigos del mundo mundial!
Lucas se echó en la cama, estaba demasiado agotado y necesitaba descansar.
-¿Vas a dormirte ya? ¡Es muy pronto! ¡Quiero jugar!
-Mañana hay que madrugar, Nessie... - No sabía por qué lo había llamado así. Quizás porque le había cogido cariño a ese niño hiperactivo que no dejaba de sonreir, o por responderle por el "Luke" de antes.
-¡Quiero jugar al béisbol! Mi hermana pequeña y yo nos quedábamos siempre hasta tarde jugando y luego mi madre nos reñía, pero lo arreglábamos todo con un poco de bistec. ¿Te enseño mis poderes psíquicos?
Lucas bostezó.
-¡Mejor vemos una peli! Ah, aquí no hay teles... Mecachis.
-No me gustan los televisores. - Lucas lo pasó muy mal cuando llegaron a su pueblo.
-¡Salgamos a explorar esto! Seguro que tiene muchos secretos. Me da miedo ir solo.
Y Lucas se levantó de la cama, aquel plan le gustaba mucho.
