Dos días y papeles firmados después, Zelena es dada de alta. Regina todavía no le ha dicho a nadie más que a Robin y Henry lo que está haciendo (Whale y su equipo están bajo la impresión de que la próxima parada es la comisaria, no la mansión), porque en este momento no hay nadie además de esos dos que pueda entender y no gritarle por ello.
Regina juraría que es a propósito cuando Zelena hace que ayudarla a subir las escaleras sea tan complicado. Sin una gota de magia en su ser para fastidiar a Regina de alguna forma, ha recurrido a recargarse pesadamente en ella, pisarla, empujarla accidentalmente y pellizcarla.
-Sigue haciendo eso y yo misma voy a empujarte por esta escalera- Regina le advierte filosamente. Ella ni siquiera tiene por que hacer esto, probablemente Zelena puede bien caminar por sí sola, y si eso no es una sonrisa de satisfacción en su cara entonces esta no es Regina queriendo hundir la cabeza de su hermana en una bañera llena de agua. Entonces esta no es Regina gruñendo.
-Relájate, hermana,- Zelena se compadece, le da a Regina una palmada en el hombro de forma exagerada. Luego su voz se vuelve un poco más abatida -Esta es probablemente la única diversión que voy a tener.
Los gruñidos cesan.
-Aquí es donde te vas a quedar- Regina dice una vez que han alcanzado lo que de ahora en adelante sería la habitación de Zelena -Originalmente era el cuarto de huéspedes, así que me disculpo si la decoración deja que desear. Puedes eligir que traer de la casa de campo más tarde.
Cuando Zelena se quita las botas prestadas y se acomoda en la cama, Regina puede ver claramente el gran esfuerzo que está haciendo para no demostrar cuan aliviada se siente.
-¿Cuando fue la última vez que tuviste tu propia cama?
Zelena frunce el ceño -¿Cuando fue la última vez que te ocupaste de tus malditos asuntos? - murmura, tirando hacia arriba del elástico de los pantalones de yoga y hacia abajo del dobladillo del enorme sweater azul que Regina le ha prestado -Tenía la casa de campo, acabas de decirlo.
-Sabes a lo que me refiero. Una de la que no te apropiaste.
-Desde que huí de casa, entonces. ¿Feliz? ¿Me harías el favor de traerme un vaso de agua?
Regina duda, porque quién sabe si es para que Zelena pueda hacer una estupidez como una carrera hasta la puerta principal o una cuerda de sábanas para bajar por la ventana.
-Ni se te ocurra salir de este cuarto. Vuelvo enseguida.
-Sí, claro, porque me fue tan bien subiendo sola hasta acá- Es el inesperado pero no sorprendente refunfuño.
Ella podría simplemente hacer aparecer el condenado vaso sin tener que bajar las escaleras, buscar el vaso con agua y volver a subir las escaleras con él en sus manos, pero se ha ablandado. No quiere meter el dedo en la llaga.
Por Dios, ya ni siquiera sabe que es.
Cuando regresa, teme que los dos minutos que se demoró le hayan sido suficientes a Zelena para abusar de su confianza, pero entonces la encuentra de pie frente a la cómoda al otro lado del cuarto, con un porta retratos de madera en la mano.
Su estómago da un vuelco, porque se olvidó que eso estaba ahí, y como pudo haberse olvidado que estaba ahí...
-Es tu padre- Declara Zelena, y su voz es una rara combinación de indiferencia y anhelo cuando uno está tratando de esconder al otro.
-Te traje el agua- Es todo lo que Regina logra decir, porque sí, ese es su padre. Zelena la vio matarlo, probablemente.
Ella devuelve la foto al mueble y va a recibir el vaso de manos de Regina, desplomándose nuevamente sobre el colchón antes de dar un par de tragos.
-Henry solía refugiarse aquí cuando tenía algún problema- Comenta Regina, bajando la vista y recargándose en el marco de la puerta -Él tomó esa foto de mi estudio y le hablaba. Yo actuaba como si no lo supiera pero hablaba lo suficientemente alto como para oírlo en el cuarto contiguo.
Zelena bufa una pequeña risa.
-Incluso él. Si tuviera una lista de las cosas que no envidiaba de ti, tu padre no estaría en ella, eso es seguro.
-Entonces ¿Cómo eran ellos?
-¿Ellos?
-Los que te encontraron. Cuando eras una bebé.
Una vez que hace la pregunta se da cuenta de cuan estúpido puede ser; ella no conoce con gran detalle la vida de Zelena pero sabe que estaba lo suficientemente desesperada como para mirar a Cora, a Henry y a Rumpelstiltskin y pensar "esa vida debería ser mía".
Pero Zelena la sorprende. Continuamente.
-Supongo que no importa la sangre de quien tengo, yo realmente, verdaderamente era hija de mi madre.
-¿Era buena contigo?
Esos ojos azules están brillando y probablemente Zelena ni siquiera lo sabe -Muy- El brillo se transforma en lágrimas, y sonríe pero hace una mueca de dolor -Luego murió. Estaba muy enferma, y...- Sus manos comienzan a temblar. Regina se adelanta para arrebatarle el vaso de las manos, lo coloca en la mesa de noche y se sienta a su lado, solo para que Zelena mire hacia el otro lado.
-Yo podría haberla ayudado ¿Sabes?- Sigue -Pero él, mi padre. Dijo que solo lo empeoraría. Porque eso era lo único que yo hacía, con mi magia, por lo visto. No me dijo, si no hasta que fui mayor, cuan maligna él pensaba que era pero yo sabía. Lo supe todo el tiempo pero aún así dolía, porque lo intentaba con todas mis fuerzas...
Ella deja de hablar y Regina no puede verle la cara pero sabe por su voz y por la forma en que sus hombros tiemblan que está llorando.
-Ya no me hables más de él- dice, lo más suave y genuinamente que puede, pasa los dedos por aquél brazo tembloroso -Cuéntame más acerca de tu madre.
-Ya no la recuerdo, ya no...- Y la fachada que ya de por si estaba derrumbándose se cae por completo. Zelena se levanta de la cama como si, en caso de seguir sentada por más tiempo, fuera a explotar, las palmas presionando sobre las cuencas de sus ojos.
-Desearía que te retires- murmura, dándole la espalda y limpiándose la cara con las mangas.
Regina se levanta despacio y sale, sin decir una palabra. Incluso hasta cierra la puerta.
Zelena se queda tanto tiempo sola que el sol ya no brilla en su ventana, y ella piensa que quizás Regina se fue y se olvido de ella. O que ha cambiado de opinión y tal vez han estado preparando su celda en la comisaría y que pronto la Salvadora misma vendrá por ella.
Pero luego abre la puerta, hay una caja de pañuelos descartables a sus pies con una nota encima.
Cuando estés lista, baja a cenar. Supongo que no tienes nada en contra de la lasagna.
Mierda.
Toma un pañuelo antes de arrojar la caja sobre la cama, frota suavemente sus ojos humedecidos por cualquier resto de llanto y baja con cautela por la escalera. A mitad de camino, cuando alcanza a oír el barullo en la cocina, en cuando las lágrimas amenazan con aparecer de nuevo.
Zelena conoce carencias de todo tipo. Solo ahora se le ocurre que aquí, tal vez nunca vuelva a sentir ninguna de ellas.
Al menos no la gran mayoría. El aroma de comida preparada para ella y el calor que irradia desde la cocina es suficiente para ser su seguridad. Lasagna es su nueva seguridad.
Tal vez. Aunque solo sea eso.
Regina esta terminando de hablar por teléfono cuando divisa a Zelena en el marco de la puerta.
-...mi corazón. Dile a Snow que deje de sofocar a tu tío.
La sonrisa radiante y el brillo en los ojos aún están ahí cuando cuelga, y fácilmente le recuerda a la primera vez que la vio. Pero esta vez es diferente. Es permanente.
Regina abre una alacena y se pone en puntas de pie para alcanzar los platos.
-¿Quieres que te los alcance?- Zelena se descubre a sí misma ofreciendo, y quién es ella, ya no lo sabe más. Pero Regina asiente y se hace a un lado así que Zelena puede bajar dos platos sencillamente de la alacena.
-¿Qué hacen estos aquí si ni siquiera puedes alcanzarlos?
-No los uso muy seguido. Pensé que podría usarlos ahora.
Son completamente simples. Zelena se siente confundida por un momento, pero se da cuenta, y no sabe si sentirse ofendida por el hecho de que Regina quisiese disminuir la suntuosidad de su estilo de vida por ella, o agradecida porque que ella de verdad lo haría.
Y luego cenan. Y una parte de Zelena está tan molesta por que de verdad es solo eso y ahora la lasagna es oficialmente su nuevo parámetro de seguridad.
-Perdón por lo de antes- Le dice Regina mientras comen -No fue mi intención traer malos recuerdos.
Zelena baja la vista hacia su comida, cortando cuidadosamente una porción con su tenedor y acribillándolo una vez que ha sido cercenado -No soy muy buena poniendo mi vulnerabilidad al descubierto.
-Esta bien hacer eso- Regina dice suavemente -En serio.
-"No importa como te sientas por dentro, siempre pon tu mejor cara" es lo que mi padre me repetía una y otra vez.
Levanta la vista para ver a Regina apretar la mandíbula e intentar disimularlo masticando.
-Pero mi madre era diferente- Se descubre a sí misma diciendo, interrumpiéndose solo para meterse un bocado de lasagna a la boca. Debería tener miedo de traer a colación esa parte de su historia nuevamente pero ahora tiene más control sobre sí misma. Sin que levantarse dramáticamente ni solicitar tiempo sola sea necesario.
-Yo solía... era un poco llorona cuando era niña- Y Regina resopla, probablemente porque es tan fácil creerlo y ella dejó una caja de pañuelos descartables en su puerta maldita sea -Pero solo de noche. Nunca tuve amigos, siempre los asustaba. La gente del pueblo me miraba de reojo. Mi padre también, cuando pensaba que no lo veía y yo me guardaba todo eso por horas porque, simplemente, estaba poniendo mi mejor cara, hasta que bajaba el sol. Ella me oía, venía a mí. Me envolvía en la única manta que tenía y cantaba hasta que paraba de llorar. Y siempre paraba cuando ella hacía eso.
Siente que ha hablado demasiado y para compensar las palabras que salieron de su boca se la llena con más comida hasta que no queda nada en su plato. No mira a Regina, a cualquier cara que pudiese estar haciendo, y el silencio es realmente tan inaguantable que lo que dice a continuación es solo para equilibrar honestidad con crueldad:
-No se puede que haya sido así contigo y Cora.
Regina aprieta los cubiertos en sus manos -No, no. Nosotras... no, no fue así.
Ella no tenía la intención de causar ese temblor en su voz. Se había olvidado del detalle de que ahora Regina estaba recordando, y ahora siente cierta incomodidad, un peso en sus pulmones y quizás es tristeza, quizás es arrepentimiento. No lo sabe.
-¿Por qué haces esto por mí?
Regina se acomoda en su silla, se toma el tiempo para organizar sus palabras, para sustraerse de cualquier cosa fuera aquello en lo que se había perdido.
-Hay cosas que la gente de esta ciudad te haría después de lo que tú has hecho si no estás bajo mi cuidado- Dice lenta y cautelosamente, esperando que Zelena comprenda. Se le vienen a la memoria las palabras de Rumple, brutales, sedientas de sangre, acaba con ella.
-Y puedes decir que cambiaste, probarlo una docena de veces y más, salvar vidas, ser el héroe... pero vileza, maldad, esas palabras siguen a las personas como nosotros como moscas.
-Personas como nosotros. ¿Y quiénes somos nosotros? Cómo sabes siquiera que yo puedo formar parte de ese "nosotros", apenas si me conoces.
-Sé que todo lo que quieres es que te quieran- Dice Regina gentilmente, apenas acaba de decirlo Zelena se siente como el cristal, frágil y transparente -Que esa ha sido tu verdadera motivación para todo hasta ahora. Y que si solo hubiera habido alguien que creyera de forma consistente en ti, no hubieras tenido que recurrir a las cosas que hiciste.
-¿Y que,- Zelena presiona -tú vas a ser esa persona?
Regina duda y hace una mueca, como si estuviera preocupada, y preocupada por algo que Zelena ni siquiera se puede imaginar. Ella la ha observado por años y no sabe nada.
No sabe absolutamente nada.
-Si tú necesitas que lo sea. Si quieres.
Algo le arde detrás de los ojos y a la altura del corazón y esta es oficialmente la conversación más tensa que alguna vez tuvo durante una cena. Y, por Dios, debería haberse traído la caja de pañuelos.
-Sí. Sería bueno, sí.
Fin de la primera entrega de esta genial trilogía. Gracias a Love Girl por sus reviews y ojalá disfruten tanto la historia como yo lo hice!
