Capítulo 2: Realidades
"El peor bailarín de la humanidad."
Esas habían sido las palabras de cierta pelinegra tras el sexto pisotón en el tercer día del curso de baile, mientras los demás presentes trataban de contener sus carcajadas, ya que, bien, Levi Ackerman hacía el total ridículo.
Lunes, miércoles y viernes eran los días que Levi debía asistir a dicho local, donde un par de jóvenes se darían a la tarea de enseñarle a bailar en ausencia de la verdadera instructora de baile.
En un comienzo no le había parecido tan mal, hasta que la joven con la que compartía apellido había decidido tomar su cargo y enseñarle. Solo que a la fecha Levi no había tenido avance en lo más mínimo y contrario a esto, se la vivía pisando a la muchacha. En esta última ocasión, el pisotón la hizo caer al suelo en un tropiezo.
—Tra-tranquila, Mikasa —acudió el castaño de ojos esmeralda a ayudarla a levantarse.
—Eren, ¡estoy harta! —gritó molesta, y cómo no estarlo—. Ese enano debería rendirse ya. Apesta bailando.
—Tch —giró el rostro—. ¿Y para qué carajos creen que vine aquí? ¿Para presumir lo bien que bailo? —comentó en seco e igualmente molesto por haber sido ofendido.
—Se-señor Ackerman, tranquilícese… Ahh, esto debe tener alguna solución —comentó el joven nervioso sin saber cómo responder exactamente. Mikasa estaba siendo grosera con el cliente y a la vez entendía la molestia de la muchacha. Ese pisotón le había dejado el pie colorado.
—Simplemente devuélvele su dinero y que vaya a otro lugar a ver si alguien más aguanta sus pisotones —escupió molesta.
—¿Hah? ¿Qué cosas dices, Mikasa? ¡Nunca le hemos fallado a un cliente y este no será el primero! Además… Sabes que no podemos perder ese dinero… —dijo esto último en voz baja agachando la mirada—. Bueno, si tú te rindes en enseñarle, entonces será mi turno —alzó la mirada con algo de coraje—. Señor Ackerman, si no le molesta, me encargaré personalmente de enseñarle —le extendió la mano al contrario, y luego de ver que era innecesario, la bajó abochornado.
—Mmm… No está mal. Solo enséñame a bailar —trató de sonar desinteresado, aunque en realidad muy en el fondo sentía cierto agrado por esto.
Los orbes del castaño brillaron con cierto destello inocente. Hasta el momento, el pelinegro no había perdido el interés en el muchacho, aunque procuraba mantener distancia. Realmente el hecho de sentirse atraído al joven no significaba realmente que quisiera intentar algo con él. Lo consideraba de mal gusto tomando en cuenta el compromiso de matrimonio que tenía. Simplemente el admirar al joven de lejos tratando de parecer indiferente era suficiente.
Mientras, la joven pelinegra, Mikasa Ackerman, parecía tener un mal presentimiento sobre él. En el poco tiempo que el pelinegro se encontraba en las clases, procuraba alejarlo lo más posible, además de comentar lo sospechoso que le parecía. Sobre todo el notar la ropa en tan extrañamente buen estado, como si no le hubiera dado uso antes y se vistiera para ser visto especialmente por el castaño.
La ropa era nueva, pero por otros motivos en realidad. Cuando creyó que Mikasa tenía un sexto sentido que lo había detectado, en realidad a la segunda clase se dio cuenta de que la muchacha en realidad tenía unos celos enfermizos con cualquiera que se acercara a Eren. Incluso a una anciana. La pelinegra estaba loca y, probablemente, enamorada.
Lo cual era un dolor de pelotas si Jaeger la trataba de manera refinada y con amabilidad. Mierda, estaba celoso también. Lo peor del caso es que sabía que esta muchacha tenía más posibilidades de entablar una relación amorosa con el castaño que él.
A veces se preguntaba por qué carajos se fijó en un varón al que casi le dobla la edad, apartando el hecho de su compromiso, que parecía ser lo que menos le importaba en estos momentos. Aunque era el claro motivo de estar presente ahí.
Doble mierda.
—Señor Ackerman, ¿pasa algo? —preguntó el castaño devolviéndolo de sus pensamientos. No había notado que por quedarse pensativo se distraía por instantes.
—No es nada —se encogió de hombros.
—Bueno, continuaremos entonces.
El joven volvió a encender la música y todos volvieron a sus posiciones, dejando de tener al pelinegro y los dos instructores como centro de atención. Tras un chasquido de lengua de la pelinegra molesta, Eren se acercó al señor Ackerman tomándolo de las manos para entrar en paso y dándole una sonrisa entusiasmada para continuar. Tener esos hermosos y brillantes ojos vigilándolo lo aturdía demasiado, como un niño hipnotizado mirando caramelos.
Jaeger era tan…
Una mano intrusa bajando hasta su cintura y apretándolo con fuerza y a la vez delicadeza lo devolvió al mundo haciendo que su sangre hirviera de rabia. Como acto reflejo dio un rodillazo a la entrepierna del castaño haciéndolo caer hecho bolita.
—¡Eren! —se escuchó a lo lejos mientras cierta pelinegra se acercaba apresurada.
—¡No me toques así, imbécil! —gritó el mayor, para luego caer en cuenta de lo que hizo y darse una palmada en la cara. Era un estúpido.
—Señor… Ackerman… —se retorcía en el suelo el muchacho cubriéndose su partes, queriendo sobarse discretamente, mientras hacía un puchero conteniendo sus lágrimas por el acto brutal, aunque no tardaron en derramarse unas cuantas—. Lo siento…
Levi Ackerman tenía fuerza bruta, una sensibilidad de mierda y un trato estúpido a las demás personas. En efecto, no valía ni siquiera la pena intentar conquistar al muchacho. Por lo menos no le dio un pisotón… Hasta ahora.
Y con el menor herido de sus partes, incapaz de poder mantenerse de pie por el dolor, y una joven en igual estado herida del pie derecho por el pisotón, la clase debió acabar. No había que ser muy inteligente para notar que el pelinegro terminaría arruinando frecuentemente las clases. Solo que probablemente llegaría a su limite.
Una semana más. Solo una semana más y se rendiría si no lograba conseguir un diminuto avance y simplemente hacía el ridículo y molestaba al resto de los estudiantes de baile ahí. Tendría que despedirse del castaño de una vez por todas, pero aquella mirada aguamarina parecía no dejarlo escapar.
Una semana sería el límite.
—¡Volviste a pisar a la muchacha! —gritaba la castaña—. Bueno, Levi, es normal que te odie por eso.
—Tch, esa mocosa de todas formas parece que odia a todo mundo.
—Oh, vamos, Levi. ¿Por qué haría algo así? —preguntó pícara.
—Anda detrás del hijo de la dueña del local. Está loca de remate.
—Ohh, me habías comentado del muchachito. ¿Es lindo?
No quería responder. Simplemente giró la silla de su escritorio en la que estaba sentado.
—Yo qué fregados voy a saber. También debe odiarme ya por la patada en las bolas que le di —suspiró—. Así que para cómo van las cosas, necesito que encuentres otros lugares donde pueda tomar clases, sin llamar la atención y sobre todo asegúrate de que no haya mocosos ahí.
—Ay, tan lindo el pesimista. Levi, no es como si cambiar de instructor te impida pisarlo —rio levemente—. Sabemos que el problema aquí eres tú.
—Tch, por eso necesito el mejor instructor de baile, alguien con quien seguro aprenda.
—Bien, bien. Pero esos son los caros y de esa no te salvarías de que te descubran.
—Entonces, ¿qué hago?
—Sigue intentando, Levi, sigue intentando. Aunque tenía buenas referencias del lugar que te indiqué… Me sorprende que ni así aprendas —Hanji se quedó un poco pensativa—. Levi, ¿realmente quieres aprender a bailar?
—¿Huh? ¿Y para qué crees que tomo las estúpidas clases? —hasta la insinuación ofendía.
—Bueno, Levi, eres un tipo perfeccionista, así que supuse que cualquier cosa que intentaras, conseguirías. Pero contrario a eso parece que vas peor, por lo menos hablando de que tan seguido das pisotones a tu instructor —suspiró la mujer tratando de encontrar explicación.
En efecto, Levi llevaba toda su vida consiguiendo cada cosa que quisiera a base de esfuerzo, aunque tuviera que explotarse a sí mismo. Era la clave de cómo siempre conseguía el éxito, y ahora parecía querer rendirse por unas simples clases de baile.
—Levi, ¿realmente te quieres casar? —cuestionó finalmente.
—¿Cuándo lo he negado?
—No me respondes directamente, sino que evades con otra pregunta. Y bien te puedo responder con un: "¿Y cuándo has dicho que quieres hacerlo?" —encaró al pelinegro tratando de ponerse seria. El ambiente había cambiado.
—Sabes que hago todo en base a conveniencia, y mi matrimonio con Petra es conveniente, así como también es la voluntad de mi padre —seguía sin siquiera darle el frente.
—Levi, algo es cómo te relacionas en negocios en beneficio a ti mismo, y algo es que te comprometas a vivir el resto de tu vida con quien no amas. Hasta Petra debería pensarlo —se acercó la castaña tratando de girar la silla de su jefe—. Levi, creo que no tienes siquiera el interés de aprender a bailar, porque tampoco tienes el interés de casarte.
—Tch…
—Levi, ¿te obligarás a ti mismo a hacer algo que no quieres? ¿Estás dispuesto a incluso perder la oportunidad de conocer a alguien a quien realmente ames?
No podía darle la cara a Hanji, y menos sabiendo que probablemente encontró a la única persona que le había sentido sentir aquel hormigueo del que tanto hablan. E incluso sentía esas emociones solo con verlo, aun sin siquiera entablar una buena conversación que no sea cuestión rutinaria de las clases.
De hecho, ni siquiera había buscado una oportunidad de hacerlo. Ciertamente prefería evadir un poco al muchacho y pasársela quejando frente a él. No lograría nada a ese paso, y ni siquiera se había esforzado en realidad en cumplir con su aprendizaje de baile. Pero, ¿realmente era solo por no querer casarse? Antes no le había importado en lo absoluto, para nada, simplemente estaba estancándose a sí mismo.
Tal vez incluso el hecho de cambiar de instructor de baile no afectaría el hecho de que no pusiera empeño.
—Aprenderé a bailar y me casaré —dijo finalmente. No es como si tuviera esperanza en el romance. Jamás nació con ellas y su vida se había forjado sin tomar el amor en cuenta, solo la determinación a cumplir con sus deberes a como dé lugar—. Solo será esta semana. Si no avanzo con el par de mocosos, solo intentaré con otro instructor.
—Como digas, Levi, solo piensa en lo que te digo.
Claro que no quería pensarlo.
Era lunes y se había encaminado a tomar su cuarta clase de baile. Debía admitir que dirigirse por las tardes después de haber laborado durante todo el día no era nada favorable, ya que estaba un tanto estresado. Más cuando uno de sus clientes se había puesto quisquilloso y lo había hecho tener que arreglar unos asuntos con él.
De hecho, incluso tenía un poco de fiebre por haber trabajado todo el fin de semana sin descanso, para así lograr cumplir con el horario de clases que tenía en aquel pequeño establecimiento. Trataría de poner un poco de empeño en lo que hacía para callarle la boca a Hanji y que no empezara a hablar sobre el tema de no querer casarse.
Su cuerpo un poco sofocado no le impidió el llegar a su destino, donde fue recibido por el par de jóvenes y algún otro cliente molesto por la presencia del pelinegro. Después de todo, ya la semana anterior les había arruinado un poco la práctica.
—Tch, llegó el enano —siseó la pelinegra.
—Mikasa, no seas mal educada —dijo un poco molesto Eren, y luego cambió su expresión a una un poco más tranquila para recibirlo—. Buenas tardes, señor Levi. ¿Listo para empezar?
—Seguro —suspiró aun sabiendo que no era muy bien recibido, más que por el castaño. La simpleza del joven resultaba agradable, lo suficiente como para hacerlo entrar en paso ignorando al resto.
Había tratado de mantenerse en silencio para evitar ofender a alguien o simplemente decir una estupidez. La pelinegra ni siquiera se había acercado. Al cabo de unos minutos, trataba de seguir las indicaciones de la práctica grupal, ubicándose hasta el fondo donde seguramente no le estorbaría a nadie. Sí, se sentía estúpido ahí. Por lo menos nadie lo conocía.
Sin embargo, no podía negar que sentía diferente a días pasados. Su cuerpo estaba cada vez más pesado, mientras sentía como su piel se calentaba. Estaba temblando ligeramente mientras sus pasos estaban a medio desvariar, nada que alguien notara en un mal bailarín.
Fiebre.
—¡Es momento de practicar en parejas! —exclamó Eren en señal de orden con aquellos ánimos que lo caracterizaban.
Todos se separaron del orden en filas que mantenían antes y comenzaron a buscar un compañero, aunque claro, todos evadían a Levi. Era de esperarse que nadie quisiera ser pisado por ese pelinegro.
—Tch —igual no tenía ánimos, y cada vez se sentía con menos fuerzas.
—Oh, señor Ackerman, pe-permítame ser su pareja —le dirigió la palabra el castaño mientras se rascaba un poco la cabeza dudando si lo rechazarían.
—Solo no me toques como a una chica —respondió el otro. Igual no le interesaba bailar con alguien más.
—De acuerdo —el muchacho le extendió las manos, para luego ser tomado de estas. Trataba de encontrar una posición cómoda y, extrañamente, el pelinegro no parecía quejarse—. Mmm… Si este es el caso y queremos encontrar una posición de baile… espero que no sea una molestia que me tenga que tomar de la cintura, señor —explicó con un pequeño rubor. Estaba cediendo a ser "la chica" como pareja de baile.
—Oh… Es mejor —podía notarse que ese día era más cortante de lo habitual.
—Solo trate de seguirme el paso. Ya sabe, es el un-dos-tres. Si lo hace lento y tranquilamente no será problema —indicaba el muchacho mientras entre cada movimiento hacia que el otro le siguiera el paso.
La música era demasiado tranquila. A paso lento parecía que Levi no tuviera problema alguno. Había logrado mantener el paso con facilidad mientras sujetaba al muchacho de la cintura. Resultaba bastante cómodo el tenerlo así. Poco a poco se estaba perdiendo en el cuerpo del muchacho que parecía alegre de que le pudieran seguir el paso, apareciendo en su rostro una carismática sonrisa, viendo que de pronto el mayor parecía haber mejorado.
Esa sonrisa…
Tal vez eran desvaríos suyos o se estaba quedando totalmente perdido en el castaño, mientras se sentía observado por los radiantes ojos esmeraldas que lo mantenían aturdido. Lo cerraban en un pequeño mundo.
Si bailara un vals de boda…
Por un momento su mente no estaba funcionando cuerdamente. Se encontraba en un enorme salón de baile rodeado de claveles blancos, con una dulce melodía llenando el lugar, mientras vestía un elegante traje negro y sostenía de la cadera delicadamente a aquel castaño de hermosa mirada quien vestía también un traje del mismo estilo, pero de color blanco.
Sujetándolo y moviéndose de un lado a otro, como si nadie más estuviera ahí, bailando con la persona con la que pasaría el resto de su vida.
—Levi… —escuchaba una voz apenas reconocible—. Levi… —su mente comenzaba a distorsionarse más—. Levi… —pronto la imagen del muchacho se comenzó a volver borrosa. Eren se vio perdido mientras en ese mismo lugar aparecía Petra, a quien sujetaba mientras continuaban con el baile.
—Señor Ackerman, parece que este día lo está haciendo bastante bien. ¿Acaso estuvo practicando en casa? —esta era la voz del castaño, al que no podía encontrar en su visión.
Soltó a la muchacha con un sentimiento de desesperación repentino y tropezó.
Volviendo a estar en sí por unos instantes, cayó en cuenta nuevamente de que se encontraba en el pequeño establecimiento donde tomaba cursos de baile, y que además había caído en los brazos del joven instructor.
Se sentía tan cálido.
En ese momento, ya sin fuerza, perdió la conciencia y dejó caer todo su peso contra el cuerpo de aquel muchacho.
—¡¿Señor Ackerman?! —gritaba el muchacho sin saber qué hacer—. ¡Mikasa, ayúdame!
—¿Qué pasó? —extrañada se acercó a paso apresurado, viendo cómo el mayor había caído rendido, recostado en el cuerpo de Eren—. ¡Ese puto enano…!
—¡No empieces! ¡Se desmayó y está ardiendo en fiebre! ¿Ahora qué hacemos? —preguntó un tanto escandaloso, mientras la gente se empezaba a apartar.
—No tengo idea… ¡Solo apártalo de ti! —se acercó la joven para ver que el hombre en efecto tenía una temperatura alta, con algunas señales de sudor en su cuerpo—. Tch…
¿En dónde se encontraba? ¿Qué hora era?
Levi había caído rendido totalmente. Luego de un rato comenzó a despertar, ya sintiéndose un poco más ligero, aunque con algo de dolor de cabeza. Reconoció de inmediato su vestimenta no habitual y de inmediato pasó a ver la hora en su reloj.
—¡¿Casi las once?! —reaccionó al instante levantándose, para ver que se encontraba en una pequeña cama con un trapo húmedo sobre la cabeza. Estaba una habitación no muy grande que de igual manera no le parecía reconocible, aunque las paredes eran del mismo color que aquel establecimiento donde perdió la conciencia.
Rápidamente se incorporó ajustando su ropa y tratando de averiguar dónde se encontraba. Abrió la puerta y se encontró con un pequeño pasillo, del cual podía observar de un lado el lugar habitual donde tomaban las clases, apuntando a la salida de afuera.
Por unos instantes había pensado en ir directamente a la salida, pero su atención fue capturada por un sonido lejano al otro lado del pasillo.
Música. Una que no reconocía. Poco a poco se fue acercando para notar que se trataba de algo de pop un tanto extravagante, ya que la melodía era algo ruidosa y acompañada de gemidos.
Se detuvo un momento frente a la puerta de dónde provenía aquella música un tanto erótica, hasta que se atrevió a abrirla.
En medio del salón se encontraba Eren siguiendo el paso de la música, mientras vestía ropa bastante diferente a la que Levi recordaba que traía más temprano. Llevaba unos pantalones bastante ajustados, que resaltaban su cuerpo y sobre todo apretaban la parte que ocupaba su trasero. Además estaban desabrochados, por lo que mostraban un poco de los boxers azules que traía.
En la parte de arriba vestía una playera algo ajustada, con la que resultaba fácil levantarla un poco mientras se toqueteaba el abdomen, subiendo sus manos cada vez más hacia arriba para luego volver a bajarlas y en un giro menear las caderas. Se agachó despacio y comenzó a contornear sus piernas hasta dar con su trasero, que mantenía moviendo lenta y atrevidamente entre cada desliz de sus manos. Mordía sus labios, mientras entre toqueteos aparentaba estar a punto de bajar sus pantalones de lugar. Girando nuevamente, dio una vista de su bien formado trasero abriendo las piernas y contrayéndose de manera erótica.
El pelinegro no sabía cómo reaccionar ante esto. Terminó abriendo un poco más la puerta, para darse cuenta de que frente a Eren se encontraba otro hombre que, si bien recordaba, también era un cliente. Este observaba al joven de cerca, y posiblemente era a él a quien le dirigían el espectáculo.
El castaño dio la vuelta nuevamente al frente con sus ojos reflejando una ligera excitación, que se vio cambiada repentinamente tras observar al intruso en la habitación.
—¡¿Señor Ackerman?! —prácticamente chilló mientras sus mejillas se comenzaron a colorear de un tono rojizo exageradamente. El otro hombre también reaccionó dándole la cara al pelinegro.
—¿Qué mierda está pasando aquí…? —preguntó en tono seco, apenas pudiendo mover los labios, mientras parecía haber quedado paralizado.
¿Por qué Eren bailaba eróticamente para aquel bastardo?
Próximo capítulo: Tomando Ventaja
N/A: Tatakae o-ó Oh, vamos, Levi, Eren tiene el derecho de menearle el trasero a quien quiera… ok no ¿O sí? ewe
HAHAHAHAHA C´mon, baby, el querido señor Ackerman se está quedando un poquito lento, vamos, yo sé que quiere cariñitos. Solo necesita una patada en el trasero que le sirva de empujón uwu
¿Cómo irá a reaccionar? Averígüenlo en el próximo capítulo. ¡Nos leemos!
Oh, cierto, actualizo este fic en dos semanas o-o)7
¡Soul las ama!
