Aun la traigo contra John.
Disfruten ¡Yo os ordeno!
— ¿Dimmock de nuevo? ¿Dónde demonios esta Lestrade?—Sherlock cuestionaba a John mientras entraban en la escena del crimen la que habían sido convocados.— Es la quinta vez en la semana que no se presenta.
— No sé de qué te quejas. Dimmock hace lo que sea que le pidas sin cuestionarte.— replico John quien iba a su lado.
— He ahí porque necesito a Lestrade aquí. Aunque no niego que el potencial de Dimmock, es positivamente estimulante que se me presenten cuestiones de vez en cuando para recordarme que no soy infalible.— si bien esto sonaba lógico e incluso modesto para tratarse de Sherlock, a John su instinto le decía que había algo más. Sherlock era quisquilloso en su rutina, aunque no estable del todo, siempre tenía marcados ciertos protocolos que no podían variar sin que despotricara contra el mundo; casos interesantes, su abrigo y Lestrade.
John sabía que su propia ausencia no impediría que Sherlock continuara resolviendo casos, que incluso no se percataba cuando no estaba y aunque hacia algunos comentarios molestos, jamás se lo veía tan irritado o se le escuchaba tan hiriente como cuando Lestrade no estaba a cargo de una investigación. De hecho, Sherlock jamás tomaba un caso que no estuviese a cargo de Lestrade incluso si tenía que lidiar con Anderson como forense.
Esta semana el detective de cabellera rizada y oscura como la noche, parecía distraído. A diferencia de antes aceptaba cualquiera caso que le ofrecía Scotland y en el último momento le avisaban que Lestrade no podría acudir a hacerse cargo. El medico pensó que si Sherlock tenía razón, el universo difícilmente era tan perezoso para que esto sucediera cinco veces ya y Sherlock no se diera cuenta de lo que en realidad pasaba.
— Deja de pensar, John. Me distraes.— reprendió Sherlock mientras echaban un vistazo al cadáver quien se incorporó en ese momento tras revisarlo cuidadosamente. Torciendo una mueca a juego con el ceño fruncido, Sherlock suspiró unas palabras sin despegar los ojos del cadáver en el sofá.— se me escapa.— John observó atentamente el cuerpo intentando captar algún detalle más para aportar ayuda.
— uhmm… tiene unas marcas en las muñecas pero aparentemente no hay daño. La cuerda de su cuello pudo haberse roto bajo el peso pero no hay cuerda pendiendo del techo. Extraño suicidio ¿no? ¿Por qué el asesino lo colocaría en un sofá a la vista de todos?— Sherlock hizo un gesto con la cabeza para evidenciar el fastidio, gesto que John odiaba por sobre todos sus ademanes pues ese era el que le dedicaba para establecer que realmente era un idiota.— ¿Qué? — preguntó preparado para la respuesta afilada mientras abría y cerraba los puños a los costados.
— No seas estúpido.— "Sip. ahí está el insulto." pensó John mirando unos momentos al suelo para tomar un respiro antes de entornar los ojos hacia Sherlock.— No hablo del caso, lo tengo resuelto. — hizo un ademan a uno de los hombres de Dimmock para que le llamara.— Lestrade.— soltó cuando los dejó a solas y el médico se sintió tanto incrédulo como incomodo.— Me evade.
—¿Por qué demonios iba a evadirte? Es decir, comprendo que el resto de Scotland lo haga pero Greg está acostumbrado a que seas un completo asno.— Sherlock elevo las cejas y tensó la mandíbula un tanto ofendido. Ese gesto reafirmo las especulaciones que el rubio había hecho momentos atrás pues peores adjetivos utilizaba para calificar su comportamiento para con otros. Pero, al involucrar a Lestrade, Sherlock parecía indignarse y algo similar al arrepentimiento se reflejaba en sus ojos. ¿Qué demonios le sucedía a su amigo? Por mucho que le analizara, John no contaba con su agudeza mental y sabia que no podría ver más allá de lo que descubrió en ese instante. Fuese lo que fuese, con Sherlock jamás se sabía a ciencia cierta.
Dimmock llegó en ese momento, aclarando su garganta pera interrumpir educadamente la mirada intensa que el doctor y detective compartían. — ¿Tienes algo para mi Holmes?— preguntó algo incomodo pero disimulándolo en un intento que este habría podido elogiar de no continuar inmerso en sus pensamientos.
— La cuerda en el cuello es circunstancial. El hombre…— pero John ya no escuchaba la palabrería sobre el caso. Su mente trabajó a toda velocidad y el recuerdo de hace cinco noches le atajó; prácticamente se ofreció (aunque ebrio) a practicarle una felación al detective. Este no le rechazó pero tampoco aceptó. Y ahora que lo recordaba, todo inició a causa de que Sherlock llegó a casa con esa muestra de que su represión sexual era una fachada.
Al asumir en voz alta que venía de ver a Lestrade, de nuevo Sherlock permaneció neutral y eso significaba o que había atinado o estaba cerca de la verdad. Si aquello en Sherlock esa noche fue provocado por Lestrade…
— ¿Hambre?— inquirió Sherlock saliendo del lugar extrañamente de buen humor para haberse tratado de un caso por debajo de él e interrumpiendo el hilo de sus pensamientos. John trató de recuperar la naturalidad en su voz.
— Iré a tomarme un trago, si no te importa.— Sherlock nuevamente junto las cejas con desagrado pero no protestó, al menos no en voz alta.
— John...— llamo con seriedad mientras esperaban un taxi.— lo de esa noche…— comenzó al darse cuenta de que el rubio acababa de recordar lo que sucedió.
— Lo sé. Sherlock lo lam…
—…-da sucedió…
—..ebrio y no sabía…
—…y lo sé…
Ambos hablaban evitando mirarse y al unisonó de modo que ninguno captaba realmente el mensaje del otro pero el sentimiento de incomodidad era evidente. John subió al taxi pensando que el viaje seria aun más inquietante junto a Sherlock. Por el contrario a lo que pensaba, este lo despidió con un ademan de la mano desde la acera indicando que tenía algo más que hacer antes de volver a Baker Street así que el médico se dirigió a su bar favorito para intentar sofocar la incomodidad de los celos y la vergüenza de sus recuerdos en algunas copas de alcohol. Si bien la idea de Sherlock en su lecho poseído por el placer, tomar su cuerpo pálido, hermosamente esbelto y cumplir con el todas su fantasías le parecía fantástica, ahora estaba convencido de que, de algún modo retorcido, Sherlock tenía sentimientos por el inspector, que iba en serio y ese era el asunto que atendería esa noche.
Ahora que John lo sabía, jamás se atrevería a interferir y mucho menos por un encuentro de la que podía ser la mejor noche de su vida. El deseo de una sola noche que año tras año se había acumulado. No podría admitirlo en voz alta pero quizá no hubiese captado del todo mal las señales que Sherlock le enviaba. Eran obvias, sin contar que aquella noche no le rechazo. ¿Sentiría el atractivo consultor alguna clase de atracción? John siempre pensó que quizá sí. Avergonzado de su propio ego, creyó ser la persona más cercana a Sherlock, la que provocaba más soltura en el, pasando por alto el hecho de que Lestrade era uno de ellos también.
Así que todos estos pensamientos y revelaciones se agolparon en su mente haciendo que su misión esa noche fuera encontrar en el alcohol, la resignación que por sí solo no podría.
