Fue la noche mas incómoda que John haya tenido jamás, el pensamiento lo hostigaba a cada minutos de la noche. Ya entrada la madrugada, decidió sentarse al borde de la cama para analizar sus ideas.
De nuevo Sherlock no sólo permitió el contacto íntimo sino que además, lo correspondía. Hasta ahí, todo parecía un sueño hecho realidad, si. Realidad. La que le golpeó con fuerza al encontrar esa mirada analítica, esa que lo hizo sentirse como un espécimen de laboratorio.
" ¡Y joder, que no soy tu maldito experimento, Sherlock!" Pensó con rabia golpeando uno de sus muslos. Respiro, intentando recobrar la calma, buscando una respuesta clara de hasta donde podía llegar el detective en su afán de probar teorías alocadas...
¿Qué se proponia Sherlock ? ¿Era verdad eso que La Mujer había mencionado sobre el "Virgen"? Sin duda sabía besar, mucho mejor que cualquier dama que hubiese tocado sus labios antes. Pero eso no era prueba de su castidad o experiencia con el sexo. De haberlo hecho ya, ¿qué necesidad tendría de someterlos a él y al Inspector, a experimentos como esos? Esa era la conclusión a la que había llegado John, pues no podía quitarse la imagen de Sherlock observándolo con su endemoniada curiosidad; que ambos no eran más que un maldito experimento para Sherlock. Y lo peor era que John parecía no provocarle nada. Absolutamente nada. ¿Era que realmente el sexo no le interesaba? Porque claramente el hecho de que otro hombre le tocara no le molestaba en absoluto. ¿Era que no lo encontraba atractivo? Si era eso, ¿por qué permitir que tocara?, ¿era otra forma de Sherlock de probarse superior?, ¿de demostrarse a si mismo que él, John Watson, caería siempre en sus trampas? ¿Qué podría hacer y deshacer con él cuanto quisiera, y si decidía que podía deducirlo, lograr su fin?
Bien. ¿Con qué esas tenía, no?, quería juguetear con algo como esto. Pero no. John ya había tenido demasiado. El detective iba por la vida drogándolo por medio de la comida, con alguna sustancia en su bebida, utilizándolo siempre como el conejillo de indias cada que se le ofrecía o se aburria. Pero no más. Esto era algo serio...
Oh, Dios... ¿lo era?, ¿desde cuándo la atracción había pasado a convertirse en un sentimiento? John no sabía. Pero sabía que si Sherlock tenía la intención de investigarlo, de utilizarlo para llegar a saberlo, entonces le enseñaría como es que había ganado su apodo "John Tres Continentes Watson".
Asi que se recostó de nuevo en cama, con un fuego de vigor crepitando con valentía en su interior. John llevaba las de ganar pues tenía más experiencia en ese aspecto que Sherlock; a quien conocía más de lo que nadie podría conocerlo jamás. Incluso conoció más de Sherlock en una semana que Lestrade en esos cinco años. El inspector lo admitió en repetidas ocasiones y John no pudo evitar sentirse especial. Notaba en Lestrade ese aire de orgullo, ese mismo que Sherlock adopta cuando posee más información de la que debería. Quizá el D.I. se contagió con algunos hábitos del menor porque la mueca era similar.
Y si creía tener información sobre Sherlock que él no, pues quizá fuese asi, pero eso no significaba que lo conociera mejor. Sólo había que darse cuenta como el pelinegro se las arreglaba para embaucar en sus juegos al inspector durante un caso. Esperaba que al menos esta vez Lestrade abriera los ojos y estuviese alerta. Aún si Sherlock tenía buenas intenciones con él, sus modos de obtener lo que quería siempre han sido extremos. Además, si asi era, ¿dónde encajaba John en la historia?, ¿qué pasaba por la mente de ese loco? Acaso... acaso...
¿Sherlock trataba de provocarle celos? ¿Mostraba interés en Lestrade, para conseguir ponerlo celoso? Bien, pues por mucho que lo estimara, prefería que de entre los dos, Sherlock lo escogiera a él, a John. Quien sabe, tal vez Lestrade no sabia lo que el detective traía entre manos y al final le haría un favor quitándoselo de encima. Como sea, cualquiera que fuese el resultado; Sherlock debía recibir una cucharada, no de su propia medicina, sino de su propio veneno.
Lestrade por su parte, despertó temprano esa mañana. Afeitó su barba al ras, acomodó sus plateados cabellos en todas direcciones (pues Sherlock había elogiado el estilo "rebelde" en sus hebras en alguna ocasión), selló los poros en la barba con su loción preferida y al fin, con su mejor camisa, pantalones y zapatos brillantes, partió rumbo a Scotland.
Una vez que recorría las calles en su BMW, pensó en que no haber dado una respuesta esa noche podía aumentar el interés de Sherlock, su expectativa, las ansías de verlo llegar.
Las mismas que el propio inspector sentía cuando un caso imposible aparecía y acudía al consultor, deseando en la privacidad de su ser que aceptará resolverlo y asi tenerlo a su lado un día más. Claro que siempre el paquete incluía al simpático doctor Watson. Lestrade torció una mueca cuando su conciencia comenzó a molestarle. No sabía si entre los dos había intenciones de "algo" , pero era claro que tal vez John había perdido su oportunidad. Pues si a Sherlock le interesaba el rubio, ¿qué demonios hacia masturbándose en el maldito sofá de su departamento y no en sus brazos? Pues este pensamiento sólo reafirmó sus ideas cuando al fin se aparcó en el estacionamiento de Scotland Yard. Bajó del auto, activó la alarma mientras lo rodeaba, acomodó su abrigo que hondeó dramáticamente al subir la hilera de escalones para entrar al edificio. Despistado como era ese hombre, no se dio cuenta de los cuellos que se torcían al girar el rostro para contemplarle. Lestrade era un hombre atractivo. Su masa muscular quizá ni estaba en su mejor momento, pero los músculos en brazos, piernas, abdomen y pectorales aun permanecían deliciosamente marcados debajo de sus grandes ropas. Su piel tostada era un tanto exótica para más de un hombre o mujer en la estación. Sus canas sólo agregaban ese aire maduro y sensual que otorgan virilidad a un hombre de su edad. En lo personal eran algo que le gustaba mucho de sí mismo, y aunque su sargento o la mitad de sus amistades le presionarán, jamas teñiría una sola de ellas.
Después de unos cuantos elogios por parte de quienes se cruzaban por su camino al dirigirse a su oficina, descubrió que por primera vez ya tenía todo el papeleo en orden y al dia.
Y es que en ese lapso de tiempo estaba tan concentrado en evadir al joven detective, que encargarse personalmente de algunos casos podría dar oportunidad a Sherlock de abordarlo, asi que decidió permanecer con el trabajo de oficina. Donovan entró para dejar algunas carpetas en el escritorio pero no informó sobre la situacion como solía hacer, sino que lo miro con intensidad antes de sonreír.
- Luce bien, inspector. ¿quién es la afortunada? - preguntó contenta, pero soltó una risita cuando Lestrade se removio incómodo, aclaró su garganta y se limitó a estudiar los papeles que le fueron proporcionados. La chica no esperaba respuesta en realidad. Sabía que su jefe era un tanto reservado cuando comenzaba un cortejo, pero si la chica valía la pena ya se enterarían después. Asi que recordando de repente el incidente con el freak, le pareció extraño que ninguna represalia se hiciese efectiva en su contra o la de su jefe.
- Una mañana muy tranquila por aquí, ¿no?- pregunto meditando acerca del asunto referente al abrigo.- Creí que el endemoniado abrigo era importante para el freak. Me extraña que no haya saboteado todas las estaciones para conseguirlo de vuelta.- El inspector retiró la mirada de los documentos para mirarla con extrañeza.
- ¿El abrigo?, ¿su abrigo? ¿Lo ha dejado olvidado? - preguntó sin percatarse de su propia inocencia. Donovan entorno los ojos en respuesta sin dar crédito a lo que oía. Por el sonoro llamado del médico esa noche, que Sherlock seguramente lo había dejado atrás para ir a acusarla con su jefe, cual niño pequeño y caprichoso. Así que no podía creer que Lestrade a estas alturas no estuviera al tanto de lo que había sucedido pero el lucir de su rostro, realmente no tenia idea.
- Bueno, si no te lo ha dicho el freak... Algo realmente extraño debe estarle ocurriendo. - Respondió con un encogimiento de hombros.
-Hace no mucho, el freak vino pavoneándose como de costumbre mientras no estabas. Así que me las arregle para fastidiarlo quitándole el abrigo.
- Eso fue muy maduro, sargento. - replicó Lestrade con sarcasmo volviendo a sus papeles -.¿Hace cuánto que sucedió?
- Una semana aproximadamente. Creí que haría alguna clase de locura o que ese mismo día iría a llorar en tus faldas, porque salió hecho una furia de la estación.
Lestrade estrujo un instante los papeles en sus manos al confirmar que lo sucedido en el departamento había sido una coincidencia y nada más. Bueno... pero Sherlock había seguido el juego después de eso, ¿no? Su decisión no cambiaba en absoluto.
- Devuélvele su abrigo y termina esta niñería. No eres tú quien sufrirá su malhumor en todo caso y mucho menos con este asunto.-
Levantó la carpeta para mostrarle de lo que hablaba. Era una oportunidad perfecta para trabajar a su lado. Donovan rodó los ojos pero quizá Lestrade tenia razon, además, a Sherlock no parecía importarle, asi que no era tan divertido conservarlo como creyó en un principio. Y ahora que lo pensaba, esa semana, media estación se había ceñido el abrigo, haciendo imitaciones y parodias de aquel personaje extravagante que en alguna ocasión los había humillado de alguna manera. El dichoso ropaje había pasado por tantas manos y no había perdido esa fragancia seductora... esa que Sherlock desprendía al pasar. Algunos habían llevado el abrigo a su casa y devuelto al día siguiente. Sally no quería imaginarse con que propósito, pero apostaba que si había alguien que notaría todo aquel manoseo, ese sería Sherlock. Y con la satisfacción de lo que eso provocaria en el detective, salió de la oficina para cumplir la orden.
