Primero que nada quiero agradecerle por los Reviews y los favs que le han dado a esta historia! *-* Me tardé un poco, pero les traigo el segundo capítulo con la esperanza de que sea de su agrade. Por amor a Ranma y Akane, ¡No olviden dejar comentarios! Que no muerdo ni asusto. (?


CAPITULO II:

Tres Cerezas.

Los murmullos eran lo primero que podía escucharse en el trayecto que conducía hacia la cabaña. Tanto chicos como chicas hablaban entre ellos con suma normalidad mientras subían cada escalón de piedra, como si aquello no fuera nada más que una tonta costumbre sin ningún tipo de significado para ellos más allá que un simple roce de caderas… Pero para Ranma y Akane significaba un mundo totalmente distinto, pues no estaban acostumbrados a tanta cercanía de cuerpos entre ellos. Era la única pareja que no se dirigía la palabra, porque mientras que Akane observaba el suelo por el que caminaba con el corazón latiendo a toda velocidad, Ranma observaba hacia la derecha, con un ligero sonrojo en sus mejillas que apenas podía visualizarse. — ¡Tengan cuidado con el estanque! — Reika Sato, la guía del grupo, había hablado a través de un megáfono. — Repito: ¡Cuidado con el estanque! Pasen con cuidado hacia la cabaña, no se atrevan a tocar el agua. — Y volvió a callarse. Los estudiantes se miraban unos a otros en silencio, y una vez que llegaron al último escalón, se aseguraron de alejarse lo más posible de dicho estanque.

— Se ve asqueroso… — Murmuró una de las chicas.

— Sí, parece que no limpian este estanque con regularidad. —

— Además. ¿Qué es ese humo que sale del agua? ¿Es agua termal? — Opinó uno de los muchachos. Del estanque brotaba una gran cantidad de humo que cubría toda el agua, y sin embargo, esta seguía viéndose sucia. Tenía un montón de hojas encima y era de tonalidad verdosa.

Sin embargo, un silbido por parte de Reika alertó al grupo, y en seguida, todos alzaron la vista hacia ella. A su lado, se erguía una gigantesca casa que bien podría ser una mansión alzada allí por décadas. Estaba perfectamente cuidada a pesar de su ubicación, y tenía tres pisos y flores alrededor de todas sus esquinas. Sus puertas eran igual de grandes, lo suficiente como para que un grupo de muchas personas pudiesen entrar al mismo tiempo, y estaban hechas de vidrio cristalino e impecable. — Ya hemos llegado, una vez más… bienvenidos sean. Ya pueden soltar a sus parejas. – Todos y cada uno de los estudiantes se habían separado en cuanto ella dijo eso, a excepción de Akane y Ranma, quienes seguían absortos por la perfecta construcción que ahora sería temporalmente su hogar. — No es… ¿Precioso? — Akane sonreía abiertamente, mientras que Ranma asintió una vez con el rostro. – Podría vivir aquí toda mi vida, y las montañas están lo suficientemente cerca como para irme a entrenar siempre que quiera. —Aquella era la primera vez que la pareja hablaba después del incidente en el bus, y nadie parecía notar que ellos aún seguía sujetándose, ya que prestaban atención a su guía, quien había caminado hasta colocarse enfrente de las puertas de vidrio.

— ¡Atención! Una vez que entren irán al comedor, allí los espera su almuerzo. Es mi tarea comunicarles que no deben abusar de los alimentos, podrían traer grandes desgracias a sus familias. ¡Comerán solo lo que vean en sus platos! Nada más y nada menos. ¿Está bien? — Hizo una pausa en la que todos los estudiantes asintieron con la cabeza. — La hora del baño es a las seis de la tarde en los baños públicos que se encuentran detrás de la cabaña, por ningún motivo alguien debe entrar en el baño del sexo opuesto, de lo contrario, serán atormentados por la noche. Y por último, deberán irse a la cama a las diez de la noche, no se les recomienda abandonar las habitaciones después de esas horas, podría tener experiencias no deseadas. ¡Eso es todo! ¿Alguna pregunta? — Miró hacia ambos lados con una sonrisa, era obvio que había cumplido con su objetivo de asustar a los estudiantes.

— Todavía no nos ha dicho que hace ese estanque. — Ryouga Hibiki había señalado hacia dicho estanque, el cual se encontraba situado justo a un lado de la cabaña. — Si en verdad es tan peligroso debería estar a millas de distancia, y sin embargo, allí está, al alcance de todos. — Resopló ceñudo, mientras miraba a Reika.

— Son aguas malditas. — Dijo ella empleando un tono de voz frío e indiferente.

— ¿Malditas de qué? — El tono de voz de Ryouga había aumentado. — ¿Llevaré desgracias a mi familia si la toco? — Sonrió de forma cínica.

— Sí, es lo más seguro, quizás terminen aún más perdidos de lo que están, no querrías hacer eso. — Aportó Ranma mientras compartía la sonrisa de su amigo.

— Vaya, te habías tardado mucho. ¿Quieres ser el primero en tocar el agua? — Y se dio media vuelta con los puños cerrados a la altura de su pecho. — Oye. ¿Qué haces sujetando a Akane todavía? — Varios murmullos y risas se escucharon por el grupo, mientras Ranma observaba hacia ambos lados con las cejas arqueadas. Apenas había caído en cuenta de que eran los únicos que aún seguían juntos. Akane se apartó antes de que él pudiera hacer nada, para luego voltearse a observarlo de forma tímida, sin aportar nada más que silencio mientras sus compañeras le daban ligeros codazos en modo de felicitación. La mirada de Ranma viajó desde ella hasta a Ryouga, para luego cruzarse de brazos.

— ¿Y qué tiene de malo? ¿Acaso te molesta todavía, P-ch… — Recibió el equipaje de su compañero en la cara antes de que pudiera finalizar, mientras Ukyo fruncía el ceño.

— ¡SUFICIENTE! — La voz de Reika había sonado aún más imponente por el simple hecho de que había hablado a través del megáfono de nuevo. — ¡TODOS se mantendrán lejos del estanque! Los efectos que pueden causar son cambiantes, normalmente trae más calamidades que fortunas. ¡No correrán ningún tipo de riesgo mientras estén bajo mi cuidado! Espero que haya quedado claro. — Y se dio la vuelta para abrir la puerta de cristal. — Pueden entrar, diríjanse ya mismo hacia los comedores, su comida los espera. —

Y el grupo entró a la mansión, ahogando gritos de sorpresa y señalando hacia los distintos adornos y muebles que había dentro de aquella cabaña antes de dirigirse al comedor, varias señales indicaban donde estaba y no hubo ninguna perdida. Era un lugar de ensueño, rodeado de miles de retratos de ángeles y personas desconocidas para todos.

Tanto Ranma como Ryouga se adelantaron hacia el comedor antes que nadie, intercambiándose miradas llenas de odio y desafío.


Horas más tarde…

— ¿Alguna de ustedes ha visto a Akane? Llevo buscándola por horas. — Cuestionó Ukyo a una de sus compañeras en la habitación, ya eran más de las seis de la tarde.

— Seguía en el baño la última vez que la vimos, y fue hace diez minutos… —

— Yo la vi yéndose hacia el bosque con Ranma. — Comentó otra de las chicas que estaba sentada en una de las literas.

— ¿Hacia el bosque? ¿…Solos? ¿Ustedes creen que ellos…? — Algunas risillas resonaron por toda la habitación, al igual que murmullos.

— No. — Respondió Ukyo, tajante. — Los dos son demasiado idiotas para esas cosas. ¿Fueron por el sur o por el norte de la cabaña? —

— Hacia el norte. — Y Ukyo abandonó la habitación.

Llevaba en sus manos un papel bastante arrugado, y tuvo que esquivar a varios de los estudiantes para poder salir de la cabaña. La mayoría de ellos se encontraban sentados en el porche de la entrada, haciendo un semi círculo mientras hablaban entre ellos.

— ¡Akane! — La morena sonrió al ver a su amiga llegar desde las profundidades del bosque en compañía de Ranma, y se acercó hacia ambos corriendo y saludándoles con la mano. Akane estaba vestida con su uniforme de artes marciales y cargaba en sus brazos varios trozos de leña. — ¿Fueron a cortar leña? —

— Sí, para la fogata. — Ranma se encogió de hombros.

— ¿Hoy hay fogata? Creí que todos estaban demasiado asustados como para salir. —

— ¡Lo están! — Akane sonreía, y los tres comenzaron a caminar de vuelta al porche. — Por eso la señorita Reika quería hacer esto de la fogata, al parecer nos contará algunas historias de la montaña. —

— ¡Já! Esto es estúpido, ningunos mitos de montañas serán suficientes para asustarme, además, son solo mitos. ¿Verdad? Nada que los compruebe. —

— Pero, Ran-chan… Son de verdad terroríficos. — Ranma se encogió de hombros. — Bueno. ¿Qué me dices de la historia del Gato de las Montañas? —

— G-g-ga… — El chico se aclaró la garganta y negó con la cabeza, dispersando sus miedos. — Como dije, son historias para idiotas. — No se había dado cuenta, pero apresuró el paso — De todas maneras. ¿Qué haces aquí, U-chan? ¿No estabas con el idiota de Ryouga?

— De hecho, venía para hablar con Akane. ¿Me acompañas? — La tomó de la muñeca —

— ¿Ahora? La fogata comienza en menos de media hora. —

— No tardaré mucho, esto te interesará. ¡Dales los troncos a Ran-chan, deprisa! —

— Pero… — Antes de que Akane pudiera hacer nada, Ukyo se encargó de trasladar los troncos que llevaba ella hacia los brazos de Ranma, quien se quejó antes de que pudiera acostumbrarse al peso.

— Un Artista Marcial puede con todo eso y más. ¿No es verdad? ¡Anda, te esperan! — Ukyo le dio palmadas a Ranma en la espalda para que se apresurara.

— Esto no es nada, pero… — En sus brazos comenzaban a marcarse las venas por el esfuerzo. — No se adentren mucho allá, está muy oscuro.

Ukyo asintió con el rostro y se despidió de él con su mano libre, para luego arrastrar a Akane hacia más atrás, evitando que alguien la escuchara. De pronto, sacó el papel arrugado que había cargado con ella desde el principio y se lo extendió a Akane antes de que ella pudiera preguntar algo.

— ¿Un… árbol? — Cuestionó la peli azul mientras sujetaba el trozo de papel, el cual estaba próximo a quebrarse. — ¿Para qué es esto? —

— ¿Recuerdas que me pediste aquella cosa para disipar las vergüenzas? — Akane abrió ambos ojos como platos — Bueno, pues ahí lo tienes.

— ¿De verdad existía? — Volvió a observar el papel y luego a Ukyo? — ¿Es confiable? ¿Tiene consecuencias? —

— Bueno, pues es más complicado de lo que creía, Akane-Chan. Para empezar, este árbol no se encuentra muy lejos de donde estamos, de hecho, aquí mismo… — Y señaló el pie de página — Están las indicaciones que debes seguir. Puedes partir desde detrás de la cabaña, cruzas el Prado de la Niebla y encontrarás este árbol, es el más grande de todos y tiene un arbusto en la mitad del tronco, que se parece mucho a un bigote. — Sonrió. — Una vez que llegues, deberás golpear tres veces el centro de este arbusto. Mientras lo haces, mentaliza que inseguridades o emociones quisieras borrar, y luego pensarás en las que quieras tener. ¡Debes ser muy cuidadosa, Akane! La intensidad de los golpes decidirán cuánto durará el efecto. —

— Vaya, pues suena más complicado de lo que creía… ¿Qué inseguridades quiero borrar? Pues… Está claro que desearía sentirme más segura con mi cuerpo, pero… ¿Con qué emoción quiero reemplazarla? No quiero parecer una prostituta, Ukyo-chan. —

— Piénsalo bien. ¿De acuerdo? Mientras tanto debíamos volver… —

— ¡Espera! ¿Cómo se que dará resultado? ¿No necesito llevar algo encima conmigo para que surta efecto? —

— Ah, sí, es cierto, lo olvidé: Una vez que des los tres golpes, de las ramas del árbol caerán tres cerezas que debes comerte al mismo tiempo, el efecto es inmediato. ¿Estás segura de que quieres hacerlo? —

— Sí… Creo que ya sé lo que quiero perder y ganar. — Sonrió. —

— Bueno, puedes ir mañana, regresemos a la fogata. —


La sonrisa de Akane no podía borrarse de su rostro en las próximas horas, ni siquiera mientras estaban sentados alrededor de la fogata escuchando las tenebrosas historias por parte de la señorita Reika. De hecho, podría decirse que era la única persona que sonreía dentro del círculo, porque tanto chicos como chicas miraban fijamente a la guía mientras ésta contaba la trágica historia de una niña pequeña que se adentró en uno de los miles de baños que habían en la Montaña Henko, hasta que se resbaló en la tina y murió, y desde entonces persigue a toda persona que desee ir al baño en las madrugadas. Akane estaba sentada a un lado de Ranma mientras sujetaba su brazo, y tenían sus manos entrelazadas. ¿Qué pasaría si despertaba mañana como una nueva mujer después de comer esas cerezas? ¿Cabía la posibilidad de que Ranma pudiese verla como… una chica deseable? Se mordía en labio inferior con cada pensamiento, y su inquietud aumentaba con cada crepitar de la fogata. — Iré a ducharme de nuevo, cortar los leños resultó agotador. — Susurró de modo que solo Ranma pudiese escucharlo, y después de que él asintiera con el rostro, se colocó de pie y se encaminó hacia la casa… Solo que, en lugar de entrar, rodeó la mansión y se internó en los bosques mientras sacaba de nuevo el papel que Ukyo le había dado, que señalaba la dirección hasta el abeto que necesitaba.

Su corazón latía con cada paso apresurado que daba. ¡No podía creer que en la Montaña existiese esa clase de cosas! ¡Era justo lo que necesitaba para, según ella, volverse más sexy para su prometido! No lo decía constantemente, pero era obvio que Akane había despertado un deseo por Ranma que no podía siquiera explicar, pues era más que todo una necesidad que deseaba rellenar como la mujer que ahora era. La muchacha esquivaba cada planta y cada raíz que sobresalía en el suelo, y gracias a su excelente vista, pudo atravesar el Prado de la Niebla con rapidez hasta dirigirse hacia la copa de árbol que sobresalía en comparación con las demás.

Después de una media hora, llegó: Un gigantesco árbol rodeado de flores se hallaba justo enfrente de ella, debía de tener miles de años de vida. Tenía en el centro de su tronco un conjunto de hojas perfectamente podadas como un bigote, dando una imagen bastante jocosa.

Y fue allí donde, con su puño cerrado, golpeó con fuerza el centro tres veces hasta hacerlo temblar mientras. — No quiero ser tímida… Quiero ser deseable, sensual, confiada. — Murmuró en voz baja con cada golpe que daba, y cuando finalizó, observó hacia las ramas de los árboles hasta que las tres cerezas cayeron en sus manos, y sin dudarlo, se las metió en la boca y las masticó rápidamente.

Por los próximos minutos, Akane se sentó enfrente de dicho árbol únicamente a esperar.


En la cabaña, específicamente en los baños públicos…

— ¿Cuánto tiempo más esperas bañarte, Akane? ¡Apresúrate! — Ranma gritaba desde la puerta, pero nadie le devolvía respuestas. — ¡Oye, respóndeme! —

— ¿Qué es lo que pasa? ¿Por qué gritas, Ran-chan? — Tanto Ukyo como un grupo pequeño de estudiantes habían entrado una vez más a la cabaña, atraídos por los gritos de Ranma. —

— ¡Akane lleva más de una hora en el baño! Y ya es casi la hora de dormir, esa tonta debió llevarse consigo un reloj. — Suspiró.

— ¿Y por qué no entraste? —

— No tengo ninguna intención de verla desnuda, si es lo que sugerías. —

— ¡No es eso, idiota! ¿¡Qué pasa si no está ahí? —

Ranma frunció el ceño y enseguida se adentró el baño, exclamando el nombre de su prometida sin obtener respuesta alguna: El baño estaba totalmente vacío.

— ¿Akane…? — Cuestionó Ranma.

— ¡Ah, esa idiota! Ten, Ran-chan, me había asegurado de sacarle una copia por pura precaución. — Se colocó enfrente del moreno y le tendió una hoja arrugada con un dibujo de un árbol con bigote: La misma hoja que le había dado a Akane.

— Espera. ¿Qué es esto? —

— ¡No hay tiempo para explicaciones, márchate ya! ¡El tiempo corre! —

— ¿¡Qué puede decirme un árbol con bigotes!? —

— ¡Idiota, mira el pie de página! ¡Allí está Akane, ve…! — Y se desguindó su espátula y golpeó al chico hasta mandarlo a volar lejos de la cabaña, rompiendo el techo de los baños públicos femeninos. — Bueno, ya se arreglará. Lo que importa es que esos dos tengan su encuentro. — Sonrió de forma maliciosa, y en compañía del resto de las chicas, subió a su habitación.

Minutos después, la cabeza de Ranma impactó en la mitad del Prado de la Niebla, y necesitó sentarse para entrar de nuevo en sí, y recuperar el balance. El papel que Ukyo le había dado se encontraba todavía en su mano, mucho más arrugado de lo que estaba, lo cual dificultaba enormemente la lectura. El chico le daba vueltas y de vez en cuando se acercaba demasiado el papel en la cara, enfocándose en lo que decía en el pie de página sin poder leer nada más. Frustrado, se colocó de pie, y anduvo sin rumbo por los próximos segundos, mirando hacia ambos lados. — ¡Akane! ¡AKANE! — Gritaba con todas sus fuerzas, para luego callar y esperar algún sonido, pero nada…

— ¡AKAN…!

— ¿¡Ranma!?

— ¿¡Akane!? ¿¡Donde estás!?

— ¡Sigue mi voz! ¡Estoy aquí! ¡Apresúrate!

El chico corrió con rapidez hacia donde ella estaba, guiado solo por su voz, por lo que no le costó ningún trabajo llegar a donde se erguía el inmenso árbol con bigote. Akane estaba sentada en las raíces del mismo, con una sonrisa que el moreno jamás había visto en ella. — Uhm… ¿Qué haces aquí? — Ella se colocó de pie y caminó hacia él de forma pausada. — Te estaba esperando. — Y sin más, abrazó a Ranma con suavidad y delicadeza. El corazón de él había embestido de forma brusca contra su pecho, y sin decir nada más, le devolvió el abrazo con un ligero sonrojo en sus mejillas.

— Estaba preocupado por ti y…

— Lo sé, gracias.

— Uhm… Bueno, ya podemos irnos, se nos hizo bastante tarde. —

— Pero Ranma, yo no me quiero ir de aquí, estamos solos. —

En ese momento, ella alzó su mirada hacia él, y sus ojos denotaron un brillo que Ranma jamás había visto, colocándolo un poco más nervioso…

Sin embargo, Akane se alejó tres pasos de él para luego retirarse su camisa, quedándose únicamente en sostenes mientras un viento cálido soplaba por el lugar. — ¡Oye! ¿Qué…? — El rostro de Ranma era una manzana, y por el mismo motivo fue incapaz de terminar su pregunta. Se hallaba boquiabierto, lo que veía era increíblemente atractivo a la vista y no había forma de que pudiera moverse o reaccionar, ni siquiera podía imaginarse un motivo por el cual Akane estuviera haciendo eso. ¡Ella no era así! Tragó fuerte, reprimiendo sus instintos, mientras intentaba buscar otra gama de palabras para convencerla.

— No quieres que me la ponga de nuevo. ¿Verdad? — Y volvió a acercarse a él hasta tenerlo enfrente, sonriendo de forma maliciosa. Él no respondió, aunque la respuesta era bastante lógica. — ¿De verdad quieres volver a esa fría y poblada cabaña…? — En ese momento, Akane se bajó de forma sensual una de las tiras de su sostén, mientras observaba a Ranma con una mirada cargada de lujuria, deseo. Una mirada impropia de Akane.

Los ojos del moreno se habían entrecerrado, y una de sus manos se había posado en uno de los brazos de Akane, atrayéndola hacia él. Nadie podía decir en qué estaba pensando Ranma en ese momento, pero lo cierto es que se había embelesado con todo lo que había visto aquella noche, y sus músculos se encontraban increíblemente tensos.

"¿En qué piensas, Ranma?" Fue esa la pregunta mental de Akane que no llegó a elaborar, mientras se bajaba la segunda tira de su sostén ante un Ranma bastante inquieto… y ligeramente excitado.