LO SÉ, ME HE TARDADO UNA ETERNIDAD IMPERDONABLE T_T Lo siento, estuve pasando por varias cosas desagradables el año pasado /: Pérdidas, mudanzas, entre otras que prefiero no mencionar ahora... El caso es que he vuelto para quedarme porque no pienso dejar esta historia inconclusa, porque la verdad es que la amo x) Espero que les agrade como se va desenvolviendo todo, que intento llevarlo al estilo de Rumiko con todo eso de las aventuras y demás (? Espero les agrade ^^ Y una vez, disculpen la horrible demora.


Los sonidos nocturnos pronto comenzaron a adornar el paisaje frío y oscuro. Varias hojas de los árboles danzaban alrededor de ellos en compás con el viento, como si ambos estuvieran viviendo dentro de una especie de película romántica de la que no tendrían escapatoria. O mejor dicho, de la que Ranma no tendría escapatoria. El corazón del moreno latía con fuerza mientras su mano diestra viajaba desde su brazo hasta su fina cintura, a la par que tragaba fuerte en un vago intento por controlar la incontable cantidad de pensamientos que corrían por su cabeza. Pensamientos que le provocaban cierta ansiedad y deseo, y por supuesto, el contacto con la piel de su novia no ayudaba para nada a calmar dichas ansias de ir a por [i]más[/i]. — Akane… — Murmuró, ronco. El sonrojo de sus mejillas era casi imperceptible por la oscuridad de la noche. — ¿T-te… — Suspiró, claramente nervioso. — ¿Te ha sucedido algo? — Y entonces bajó su mirada, encontrándose de nuevo con sus ojos y aquel brillo que atraía enormemente su atención. — Esta no eres tú. ¿Qué es lo que pasa? ¿Por qué tu…? —

— Shh. — Akane colocó su dedo índice sobre sus labios, obligándole a callar. — ¿Por qué no simplemente te dejas llevar, Ranma? Piensas demasiado, pero esto no es algo que necesites pensar. — Sonrió, y apretó su busto contra su pecho. —

— N-no es como si… — Los nervios de Ranma eran casi palpables, pero sentir su cuerpo tan próximo al suyo poco a poco le hacía olvidar cualquier problema o incertidumbre. Le encantaba, no podía negarlo. —No es como si quisiera pensarlo. ¿Sabes? Pero esta no eres tú, Akane. — Repitió, enfrentando su mirada con algo más de seriedad, aunque dicha seriedad no duró mucho. Demonios, se veía increíblemente hermosa de esa forma, y su piel era cálida, deliciosa al tacto.

— ¿No te agrada lo que ves? — Cuestionó con un marcado puchero en sus labios. Ranma necesitó reunir todo su autocontrol para no besarla allí mismo.

— Me encanta, es por eso que necesito que te detengas. No deberíamos estar haciendo esto, y lo sabes perfectamente. —

— ¿Por qué? ¿No es esto algo que ambos deseamos? — La sonrisa de Akane era indescriptible, y pronto desabrochó su sostén hasta dejarlo caer en el frío pasto a sus pies. — ¿No soy lo suficientemente buena para ti? —

Joder. Un hormigueo recorrió cada centímetro de su cuerpo mientras la observaba, esta vez con su mirada fija en sus senos, sin siquiera atreverse a parpadear. La tensión era extrema, y aquellos corrientazos de deseo no cesaban de presentarse en el cuerpo de Ranma. La deseaba. Ella era la única capaz de llevarle a ese estado, y lo había hecho con simples miradas que lo estaban llevando poco a poco la locura. ¿Y su cuerpo? Maldición, su cuerpo era perfecto. Necesitó aclararse la garganta para poder finalmente desviar la mirada, lejos de sus senos. — No hagas esto, no ahora. — Apretó su mandíbula cuando las manos de la chica se posaron sobre su pecho. — Es hora de regresar, se nos ha hecho demasiado tarde. —

— ¿En serio? Tu cuerpo no parece querer regresar. — Antes de que Ranma pudiese protestar, ella colocó una mano sobre su entrepierna sin previo aviso, a lo que él soltó un gruñido de sorpresa. — ¿Lo ves?

— ¡Detente, Akane! — Se alejó de ella unos cuantos pasos para tomar de sus manos. No se había dado cuenta, pero su miembro se había endurecido completamente dentro de sus pantalones. Tampoco se había dado cuenta de lo mucho que la deseaba hasta el día de hoy, pero tampoco era el tiempo ni el momento para asombrarse por ello. Por el contrario, necesitaba calmarse, y necesitaba sacarla de ese sitio. — No sé qué es lo que te ha sucedido en este maldito lugar, pero no dejaré que sigas un minuto más aquí. ¿Me escuchas? —

Una gélida ráfaga envolvió la zona por los próximos minutos, y los sonidos nocturnos no hacían más que acentuarse con el paso de los segundos. No necesitaba ser un experto en las montañas para darse cuenta de que algo estaba mal con ese sitio, algo maldito, como una especie de magia antigua. ¿Habría esa magia hecho algo con Akane? Ella cubrió su propio cuerpo con sus brazos a causa del frío, y Ranma pronto se retiró su camisa y se la colocó encima. — ¿Lo ves? Hay algo extraño con este sitio. ¿Qué es lo que ha pasado? ¿Por qué has decidido venir tú sola? — El moreno colocó sus manos sobre sus hombros, obligándole a que le viera. — ¿Akane? —

— No me… siento bien ahora. — Ella entrecerró los ojos, tambaleándose peligrosamente hacia los lados. Él la sujetó en sus brazos firmemente para evitar que cayera, al mismo tiempo que fijaba su mirada en ella con verdadera preocupación. — Mis fuerzas… —

— No sigas hablando. — Cualquier pensamiento que hubiese tenido sobre Akane anteriormente, ahora había sido reemplazado por preocupación y angustia, por lo que poco a poco sus palpitares volvieron a la normalidad, y pensar le fue mucho más sencillo. Tenía que sacarla de allí, y rápido. — Estarás bien, y luego me explicarás qué demonios estabas pensando. — Aquello fue más un susurro para él mismo.

La tomó en sus brazos sin ningún esfuerzo, y entonces empezó a correr en dirección a la cabaña. No sentía el frío de la noche golpeando su cuerpo, pues su mente estaba más allá de su preocupación personal. Akane había cerrado sus ojos, y su piel estaba más pálida de lo usual, pero seguía con vida. ¿Cómo le había perdido de vista tan fácil? ¡Todo aquello había sido su culpa! Sus músculos seguían tensos conforme avanzaba, se había tomado la molestia de ir saltando de rama en rama para llegar mucho más rápido para evitar que la temperatura de ella siguiera bajando de aquella forma. Apretaba su cuerpo contra el suyo para que el frío no siguiera afectándola, pero no servía de nada, algo estaba afectándola, y él apretó su mandíbula en frustración.

A lo lejos, logró divisar el fuego débil de la fogata. Todavía habían varias personas alrededor de ella. Sin embargo, algo andaba mal, pues su guía, Reika, no cesaba de gritar indicaciones a través de su megáfono.

Conforme se acercaba, sus palabras finalmente cobraron sentido. — … cabaña, ahora! — Ranma se detuvo en la rama de un árbol que estaba justo enfrente de la parte trasera de la cabaña. Varios cuchicheos se escuchaban desde todas las direcciones. — ¡Los buscaremos mañana a primera hora! ¡Regresen, ahora! —

— ¡Akane podría estar en peligro! — Ranma frunció el ceño ante la voz de Ryouga. ¿Y a él que más le daba? — ¡Iré ahora mismo por ella! —

— ¡Ryouga, detente ahora mismo! ¡Las maldiciones de la Montaña tomarán lugar en cinco minutos! —

… ¿Maldiciones? Ranma permaneció en donde estaba, casi con su sangre helada. Todo lo que había estado sintiendo sobre esa montaña era más que real: Estaba sucediendo. Varias chicas ahogaban gritos mientras más y más alumnos se abrían paso dentro de la cabaña. Inspeccionó una vez más a Akane, y luego alzó la vista hacia la fogata, para seguir escuchando.

— ¡Ran-chan está con ella! — La voz de Ukyo hizo eco sobre el crepitar casi muerto de la fogata. — ¡Estarán los dos a salvo, entremos de prisa! —

Ukyo. Ella había sido quien le había entregado a Akane esa extraño dibujo con el árbol, por lo que era mucho más que obvio que aquello no había sido más que otro de sus molestos juegos. El temperamento y la paciencia de Ranma descendían.

— ¿Es que no lo sientes, Ukyo? — Murmuró Ryouga. — Algo extraño está sucediendo con este condenado lugar. El maldito estanque sucio se ha secado. ¡Mira! — Y señaló hacia el estanque que estaba justo al lado de la cabaña, el mismo que había llamado la atención de todos una vez que llegaron. Ranma no podía ver nada desde donde estaba, pero el grito ahogado de la morena no hizo más que confirmar sus palabras.

— ¡SUFICIENTE, ENTREN, AHORA MISMO! — Espetó Reika con una voz mucho más autoritaria. Ukyo había empezado a jalonear el brazo de su novio una vez que el viento se hizo mucho más insoportable, y éste había comenzado a avanzar de forma lenta y reacia. Fue entonces cuando Ranma dio un salto más, aterrizando en el tejado polvoriento de la cabaña.

Ukyo señaló en su dirección e incluso había murmurado algo, pero la rabia del moreno era tal que no escuchó nada más que simples murmullos. Su ceño estaba completamente fruncido una vez que descendió enfrente de la puerta principal, con Akane inerte en sus brazos, a tan solo unos pasos de distancia de Reika Sato.

— Vas a explicarnos qué es este lugar. — Aquello no era una pregunta. Y su rostro dejaba en claro que no aceptaría un No por respuesta. — Y también vas a explicarnos por qué te has tomado la molestia de ponernos a todos en peligro, mujer. —


El calor hogareño de la cabaña apenas pudo apaciguar el temperamento de Ranma, quien se había abierto paso ante el silencio espectral de los demás estudiantes. Todos estaban allí, reunidos en la gigantesca sala, formando pequeños grupos de tres y cuatro personas. El viento golpeaba con fuerza los ventanales, por lo que dicho ruido era lo único perceptible dentro de aquel silencio. Para cuando las luces comenzaron a parpadear, varias de las chicas saltaron del puro asombro, algunas incluso habían comenzado a llorar. Dicho ambiente le habría hecho sentir incómodo en otros tiempos, pero en él no cabía nada más que enojo, frustración, inquietud…

— ¿Ranma? — Cuestionó uno de los chicos. — ¿Qué ha sucedido allá afuera? ¿Por qué está Akane…? — Pero enmudeció después de ver el rostro del chico. No tenía ni idea de qué clase de aspecto tenía su rostro, pero nadie más se atrevió a preguntar nada más. Él, por lo contrario, sujetó con mucha más firmeza y suavidad el cuerpo de su prometida, casi negándose a soltarla.

— Ni yo mismo sé qué es lo que ha sucedido con Akane. ¿Está bien? — Continuó avanzando hasta tomar asiento en el centro de la mesa del comedor, con ella firme y fría en sus brazos. — Todo lo que sé es que la he puesto en peligro desde el día que accedí venir aquí, creyendo que no era más que una estúpida y aburrida expedición para niños. — Escupía las palabras con verdadera molestia, mientras fijaba su mirada en la supervisora del viaje, quien le devolvía una mirada cargada de resignación. — Comienza a hablar. ¿Quién eres tú, a todas estas? —

— Soy quien digo ser, Ranma Saotome. — Hizo una pausa mientras avanzaba, mirando al resto de los estudiantes que escuchaban atentamente. — Mi nombre es Reika Sato, y soy quien ha accedido a supervisar este viaje como responsable de la Universidad. No es la primera vez que me ha tocado venir hasta acá, pues varios estudiantes se dejan llevar por la curiosidad y deciden ver con sus propios ojos lo que sucede aquí. —

— ¿Entonces es cierto? — Preguntó, tímida, una de las chicas arrinconadas en la pared. — ¿Es cierto todo lo que dicen sobre este lugar? ¡Creímos que… —

— ¡Sí, creímos que solo eran tontas historias para asustar a la gente! — Murmuró un chico a su lado. Para cuando se dieron cuenta, varios comentarios comenzaron a resonar por toda la cabaña, a lo que Reika necesitó hablar con su megáfono para hacer callar las demás voces. — ¡SILENCIO! —

— Las historias de la Montaña son por lo general ciertas, aunque muchos suelen exagerarlas un poco. — Explicó con voz calmada la mujer, quien de nuevo tenía la atención de todos. Ranma la miraba de forma fija, sin ningún tipo de emoción en su rostro. — La Montaña Henko siempre ha poseído esta clase de poder espiritual. Nunca se ha sabido el por qué, pero las fuerzas fluyen aquí con más potencia que en el resto de los lugares. Es por eso que hay tantos mitos, hay quienes dicen haber visto fantasmas, gigantes, o incluso animales hablando… — El viento golpeó con fuerza una vez más los ventanales, a lo que varios de los chicos ahogaron un grito. — No sé hasta qué punto serán ciertas esas historias, pero los mitos empeoraron desde que hace cinco años los pozos de Jusenkyo se inundaron, en China. —

Tanto Ryouga como Ranma abrieron de par en par sus ojos ante la mención de Jusenkyo.

— Espera. ¿Qué tiene que ver? — Espetó Ryouga, aquella era la primera vez que hablaba desde que entró. Ukyo estaba a un lado de él, abrazando el brazo derecho del moreno firmemente. — Los pozos son historia desde el incidente, todos escucharon sobre Jusenkyo desde que el sitio desapareció, se convirtieron en leyenda.

— ¿De verdad? Esas eran aguas mágicas, Ryouga Hibiki, y la magia no desaparece con tan solo una pequeña inundación. —

— ¿Qué es lo que insinúas, mujer? — Cuestionó Ranma, ignorando por completo el nuevo frío que comenzaba a acabar con la calidez de la cabaña.

— Los estanques nunca desaparecerán, eso es un hecho, y se están reformando una vez más aquí, en Japón. — El rostro de Reika indicaba que aquello no era ninguna broma, y si no era una broma, significaba que… — Los pozos han vuelto, y solo es cuestión de tiempo para que estén todos completos aquí, en la Montaña Henko. —

La información golpeó a Ranma súbitamente en el rostro, haciendo que su mandíbula se abriera ligeramente de la sorpresa. ¿Qué los pozos habían vuelto, en Japón? Antes de que él pudiera decir nada, Reika continuó. — La Montaña posee magia, magia que podría acabar con la cordura de todos buenas a primeras. Solo esta cabaña es inmune a sus poderes, y es por eso que deben permanecer aquí adentro una vez que los eventos paranormales comiencen a tomar lugar, como ahora mismo. — Reika señaló con uno de sus dedos hacia el ventanal gigante del segundo piso. — Ahora mismo, un nuevo pozo está renaciendo. Una vez que eso sucede, la tierra es inestable, peligrosa al simple contacto, y lo que es peor… — Hizo una pausa en la que se cruzó de brazos, agachando la mirada. — No podremos salir de aquí hasta que el proceso termine.

— ¿Qué proceso? ¿De qué hablas? — Cuestionó Ranma, con un ligero tono de impaciencia en su voz. —

— El Proceso de Renacimiento. — Concluyó. — Seis pozos deberán volver a la tierra para que podamos salir de aquí. —

Con aquel comentario feliz, las luces comenzaron a titilar nuevamente, sumiendo a todos en una oscuridad temporal. ¿Cuántos malditos días tendrían que esperar antes de salir de allí?


— ¡Ahora lo entiendo todo! — Espetó Ukyo; quien ahora yacía sentada en uno de los gigantescos muebles del sitio. El resto de los estudiantes se habían marchado a sus respectivas habitaciones, y solo unos pocos seguían por los alrededores. — El pozo que está al lado de la cabaña… ¡Es uno de los tantos pozos de Jusenkyo!

— Pero se ha secado. — Continuó Ryouga. La noticia debió impactarlo tanto como a Ranma, pues su rostro demostraba ansiedad y alegría, como si aún no pudiese creerlo. — Quizás ha renacido en otro sitio, en algún lugar más profundo en las montañas. —

— No estarás pensando en ir. — Dijo ella, cruzándose de brazos.

— ¿Y por qué no? Es lo que he estado deseando desde que Jusenkyo desapareció. ¡La oportunidad de volver a ser un hombre completo! ¿No es así, Ranm…? — Para cuando alzó su vista, enmudeció.

Ranma observaba a Akane fijamente en sus brazos. Sus mejillas habán recuperado su color habitual, pero seguía sin abrir sus ojos, y su respiración seguía siendo irregular. La noticia que había recibido habría bastado para elevar todos sus ánimos y salir en busca del pozo del Hombre Ahogado, pero no cuando ella estaba en ese estado. No cuando no podía hacer nada por ayudarla. Sus brazos sujetaban delicadamente su cuerpo; negándose a dejarla nuevamente sola, desprotegida. — ¡Ranma! — El moreno alzó su vista hacia Ryouga, e inmediatamente frunció el entrecejo.

— Deja de fastidiar, Ryouga, no es el momento. —

— ¿Qué no es el momento? — Cuestionó con un tono de voz incrédulo, mientras buscaba apoyo en Ukyo. — ¿Qué no es esto lo que querías? ¿Qué Jusenkyo apareciera nuevamente? —

— ¿¡No estarás pretendiendo que vaya a buscar los pozos con ella así!? — Espetó, apretando sus dientes. — ¡Vete tú solo! Quizás así te pierdas para siempre de una vez por todas. —

Ryouga apretó sus puños, pero pronto controló su frustración. Al parecer, a él tampoco le hacía nada de gracia verla en ese estado. — Bueno. ¿Y qué es lo que le ha pasado, de todas formas? —

— No lo sé, quizás quieras preguntarle a tu novia. — La aludida dio un respingo, y Ranma fijó su vista en ella.

— Ran-chan; esto no es… —

— ¿Por qué demonios enviaste a Akane a un sitio así? ¡Tú mejor que nadie conocías los supuestos peligros de este lugar! —

— ¡Cálmate! ¡No he hecho esto a propósito! — Y se colocó de pie, avanzando unos cuantos pasos hasta llegar enfrente de la mesa, donde estaba sentado el moreno. — ¿No te has puesto a pensar que todo esto pudo haber sido idea de la mismísima Akane? —

— Wow, hey, ustedes dos. Bajen la voz. — Ryouga murmuró aquello como un secreto; pero Ukyo apenas le hizo caso. —

— ¡No, él necesita entenderlo! ¿Sabes por qué Akane ha ido a ese sitio sola? ¿Sábes por qué rayos había estado buscando ese sitio? ¡Todo eso lo ha hecho por ti! — Ranma continuaba ceñudo, pero no pudo evitar alzar una ceja. —

— ¿Por mi? ¿Qué estás tratando de decir? — Pero antes de que Ukyo pudiese continuar, Akane poco a poco se irguió sobre sus brazos. La camisa de Ranma le quedaba un tanto grande, por lo que ligeros atisbos de su cuerpo se hicieron visibles. Él apenas pareció notarlo, pero sus brazos se enroscaron posesivamente sobre su cuerpo.

— No necesitas explicarle nada, Ukyo-chan… Yo… Yo se lo diré. — El corazón de Ranma dio un vuelco sobre su pecho. Por alguna razón, el moreno no encontraba palabras que responder. — ¿Pueden dejarnos a solas? Por favor. —

— ¿De verdad, Akane-chan? ¿Te encuentras bien? Has estado desmayada por… —

— Por favor, Ukyo, Ryouga-kun. — Insistió la peli-azul ante un enmudecido Ranma, y ella en ningún momento apartó la vista de él. — Hay muchas cosas que Ranma necesita saber, y lo necesita saber de mi. Así que, por favor… —

Para cuando ambos se fueron, el sonido del viento volvió a golpear fuertemente los ventanales. Por varios segundos, ambos permanecieron viéndose el uno al otro, pero esta vez no había ningún atisbo de nervios. Ya no existían las molestias, no existían las dudas. Para Ranma no había nada más valioso que el hecho de que ella siguiera allí, con vida, y con el mismo semblante inocente que tanto amaba: Era la misma Akane que había conocido hace tanto tiempo, y la misma que había amado desde el inicio.

— Ranma, yo quería de… — Pero antes de que ella pudiera culminar aquella frase, el moreno sujetó con suavidad su mejilla y se acercó a sus labios sin previo aviso, besándola con dulzura y anhelo.

Por primera vez en años, Ranma parecía finalmente sentirse a gusto con ese tipo de situaciones. No le importaba si estaban dentro de una montaña maldita; nada de eso importaba si ella estaba a su alcance para protegerla. El moreno saboreaba sus labios sin siquiera detenerse, llegando a embriagarse con la dulzura de estos.

Sea lo que sea que ella tuviera que decirle, podría esperar un poco más.