Disclaimer: Naruto no me pertenece, todo es obra de Masashi Kishimoto.
Este fic hace parte de Amigos Secretos del Foro "La Aldea Oculta entre las Hojas"
Para: Inochan-uchiha
Trata sobre Ino y Sasori demostrando sus distintas formas de amarse mientras los Akatsukis se adaptan a una nueva realidad. Este fic se ubica en el mismo universo que "Mi camino Ninja" uno de mis fics y disponible en mi perfil sin embargo no es obligatorio leerlo para comprenderlo.
Capítulo 2: La aldea del Origen
A pesar de que había estado en muchos lugares ese no se le hacía conocido. Tenía muchos elementos parecidos a los de los lugares por los que había estado y sin embargo tenía claro que no era ninguno de ellos.
Observó el lugar, algo más llamó su atención, no era el único que estaba allí. No muy lejos de dónde estaba podía apreciar la silueta de varias personas que recordaba muertas. Su mirada se posó sobre sus manos, nuevamente eran de piel, algo que solo había pasado en dios ocasiones, antes de convertir su cuerpo en una marioneta y cuando fue revivido por el edo tensei, estaba seguro de que no se trataba de ninguna de esas opciones.
Llevo su mano a la cabeza, se sentía mareado, aquella sensación era diferente a la que tenía cuando estaba bajo el edo tensei. Decidió investigar la zona, tratar de descubrir el secreto que aquel lugar encerraba.
Ver a sus compañeros de Akatsuki allí fue una sorpresa. Todos, con excepción de Itachi, se encontraban en ese lugar. No sabía si también habían muerto pues él había sido el primero en hacerlo.
A pesar de que no tuvo la mejor de las relaciones con sus compañeros y que usualmente solo se reunían cuando debían discutir asuntos de vital importancia no podía negar que esa idea le molestaba.
—No esperaba verte aquí, Sasori—escuchó una voz femenina detrás de él que se le hacía conocida, volteó y descubrió que se trataba de Konan—es extraño, todos los que estamos aquí ya hemos muerto en una ocasión.
—Este lugar es extraño—agregó Sasori sin abandonar su inexpresividad acostumbrada.
—Podríamos cancelarlo del mismo modo que lo hicimos con el edo tensei.
—Nunca estuve bajo el edo tensei—respondió Konan sin abandonar su inexpresividad—pero dudo que esto se le parezca.
—Eso había pensado—comentó Sasori a la vez que miraba su brazo.
Lo "vivido" cundo estuvo bajo la influencia del edo tensei llegó a su mente. Como Kankuro lo había hecho reflexionar y comprender muchos de sus errores. Seguía considerando el arte como algo eterno pero ya no pensaba en este como algo sin alma.
¿Estaría dispuesto a dejar de ser una marioneta? Sí y no. Muchas de sus técnicas se basaban en el uso de marionetas y aunque pocas veces se usaba a sí mismo era algo que no olvidaría fácilmente.
Necesitaba de sus herramientas. Modificaría su brazo, por los viejos tiempos y un pequeño homenaje a su abuela que aunque colaboró la primera vez que murió fue quien le enseñó a hacer lo que más amaba, crear marionetas.
Los primeros días fueron un caos. Una muralla fue construida alrededor de ellos. No sabía si era para protegerlos o para evitar que escapara, algo que muchos intentaron pero a lo que rápidamente desistieron.
Ver al Colmillo Blanco de Konoha fue lo que más le afectó. Tiempo después de unirse a Akatsuki supo la verdad sobre la muerte de sus padres, quería venganza y lo que más deseaba era asesinarlo. Planeaba hacerlo pero al final no pudo. Él ya no era un niño y muchos menos impulsivo. La muerte de sus padres fue algo que lo marcó de por vida pero entendía sus motivos, en un mundo de shinobis a veces matar era la única forma de sobrevivir.
En especial dentro de ese lugar. El regresar del mundo de los muertos no era algo normal, ni siquiera dentro del mundo shinobi por lo general cuando se daba es que tenían intenciones ocultas.
Se retiró y fue en busca de sus marionetas. No tenía ninguna en ese lugar. Pensó en buscar a Konan, quizás no habían sido amigos mientras formaban parte de Akatsuki pero sabía que era la única en la que podía contar, muchos allí lo veían como un criminal y no dudarían en atacarlo. Ciertamente no se equivocaban, como Akatsuki tenía el poder para asesinar a quien se metiera en su camino aunque ciertamente en ese momento no tenía intenciones de hacerlo.
La encontró cerca de un pequeño lago, trabajando en su origami. Konan era una de las kunoichis que aplicaban técnicas artísticas a la hora de luchar por lo que se había ganado su respeto del mismo modo en que Deidara lo había hecho. No pudo evitar preguntarse qué opinaría ella de la duración del arte y que de haberla conocido en otras circunstancias probablemente hubiera sido una gran amiga.
—Busquemos un refugio—le dijo Konan—cada día aparecen más aldeanos.
—Te sigo— le dijo Sasori antes de seguirla—podría construir una cabaña, no será lo mismo que una marioneta pero no debe ser especialmente complicado.
En el camino notaron como varios de los aldeanos se agrupaban. Quizás eran pocos los que se encontraban en ese lugar pero los niveles de organización ya se estaban dando. Las primeras casas comenzaban a construirse y algunas personas buscaban construir sus propios negocios.
Konan no solo era la primera Akatsuki que encontraba en ese lugar, junto a él eran los únicos que quedaban, o al menos así era de momento. Ambos construyeron una amplia cabaña pues sospechaban que en los próximos días tendrían nuevos inquilinos. En su anterior vida no se habían esforzado realmente por formar lazos sin embargo en esta ocasión no tenían otra alternativa.
Pasaron dos días antes de que otro Akatsuki se uniera al grupo. Esta vez fue el turno de Deidara. Su llegada no pasó desapercibida para nadie, una explosión no era algo fácil de ignorar. Había cosas que nunca cambiaban y el carácter explosivo de Deidara era una de ellas.
Esta vez no explotó una colmena pero su acción ganó varias miradas reprobatorias. Sasori no pudo ignorarlo por lo que decidió llamarlo. Tres en el grupo era mejor que dos, la supervivencia era lo más importante.
—No esperaba verte aquí—le dijo Sasori.
—Ni yo, creí que estabas muerto—respondió Deidara incrédulo—y no pareces estar bajo la influencia del edo tensei.
—No sé si lo has notado pero todos los que estamos en esta aldea ya hemos muerto al menos una vez.
—Esto es extraño—comentó Deidara inusualmente serio.
—Lo sé, todos los días llegan nuevos inquilinos pero de momento de Akatsuki solo estamos tú, Konan y yo. Por allá está nuestro refugio.
—Solo ten cuidado de no explotar nada.
—Hablan como si explotara todo a mi paso.
—Deidara, la razón por la que nunca tuvimos un lugar fijo para las reuniones fue porque explotaste todos los lugares potenciales.
—He renacido como alguien nuevo, ahora soy más maduro. Cuando dejaste Akatsuki me convertí en el superior de mi compañero, una molesta paleta.
—No reconocía las habilidades de Nagato, no era un digno Akatsuki.
—Y muy irritante ¿puedes creer que me confundió con una mujer?
—No me lo creo—respondió Sasori sarcásticamente, algo que Deidara ignoró por completo o prefirió dejar pasar.
—Ni yo, ese Tobi era un completo tonto—respondió Deidara a la vez que se dirigía al edificio.
Sasori y Konan decidieron seguirlo. No era algo que diría en voz alta el pelirojo pero debía reconocer que su antiguo compañero de Akatsuki había madurado. Quizás el ser el superior de alguien inmaduro lo obligó a tomar nuevas responsabilidades. Eso era bueno.
El siguiente en llegar fue Kakuzu. El verlo allí era una sorpresa pero el que quisiera privatizar el lugar no. Puso un pequeño negocio, hacía de todo un poco siempre cuando pagaran bien por ello.
Quizás no tuvieron permitido matar y su organización ya se hubiera disuelto. Quizás no fueron los mejores amigos cuando vivían pero ahora era diferente, como Akatsuki deberían trabajar juntos.
Solo faltaban Itachi y Orochimaru para que Akatsuki estuviera completo. De los miembros no oficiales solo estaba Sasuke. Sasori sabía que de los habitantes en esa aldea solo él y Naruto conocían la verdad. Intentaron preguntarle pero no respondió, siempre decía que a él no le correspondía contar esa historia pero que no debían preocuparse pues nadie los controlaría.
Muchos de los aldeanos se negaban a atenderlos. A pesar de formar parte del grupo al que se le fue otorgada una nueva oportunidad la reputación que tenían como criminal no desaparecía.
Ese día irían de pesca. Necesitaban de provisiones y las tiendas estaban algo bajas de mercancía. Quizás eso era lo único reprochable del lugar, el contacto con otras aldeas era nulo, en el exterior aún desconocían su existencia. De todos ellos Konan era la más emocionada pues era su comida favorita.
— ¿Por qué me ven así? —preguntó Kisame incrédulo al notar las miradas de sus compañeros posadas sobre él. Había llegado poco después de Kakuzu.
—Eres un pez, sería raro si los comieras.
—No soy un pez… soy un tiburón y los tiburones comemos peces, también nos comemos entre nosotros.
—Si quieres hacer amigos no creo que sea buena idea decir eso.
— ¿Quién dice que quiero amigos?
—Mejor vámonos de pesca—agregó Konan tratando de calmar la situación.
El grupo inmediatamente se puso en marcha. Todos iban con su propio equipo de pesca el cual Kakuzu había conseguido. El lugar de dónde lo sacó era un completo misterio y ciertamente ninguno tenía el menor interés por saberlo.
El río no se encontraba lejos, en el centro de la Aldea del Origen. Era un río largo y profundo, habían visto a varias personas pescando pero Hidan se encargo de alejarlos. Nadie era capaz de decirle que no a su guadaña.
Por primera y quizás única vez los Akatsukis agradecieron las manifestaciones artísticas de Deidara. Unas cuantas explosiones y decenas de peces volaban hasta llegar a la cesta que Sasori había improvisado.
— ¿Saben que me dedico a hacer marionetas y que no soy carpintero? —había dicho Sasori cuando Nagato le encomendó esa tarea.
—Es lo mismo. Además Konan no podría hacerlo, una canasta de papel se rompería fácilmente con el agua.
Tobi, Obito, ciertamente nadie estaba seguro de cómo llamarlo. Seguía usando la máscara que usaba cuando estaba en Akatsuki y se comportaba como Tobi solía hacerlo, de hecho le gustaba que lo llamaran de ese modo. Parecía como si nada hubiera cambiado pero no podía ser más diferente.
Kisame usó varios de sus jutsus de agua para aumentar la pesca y los demás… ellos se dedicaron a absorber los rayos solares y a vigilar el trabajo de los dos.
—Ustedes se encargaran de la comida—les dijo Kisame a la vez que mojaba a los que estaban más cerca, es decir a Tobi y a Sasori—espero que sepan cocinar.
Nuevamente Kisame fue el centro de todas las miradas. Si sabían cocinar, tal vez no eran profesionales pero podían sobrevivir solos.
—Tobi no sabe cocinar.
—Es cierto—agregó Deidara—una vez lo intentó y fue horrible.
—Te toca cuidar del pescado—le dijo Nagato a Tobi antes de retirarse, siendo seguido por el resto de los Akatsuki
Sasori consideraba que era una mala idea, sin embargo no lo hizo. Tenían asuntos pendientes por resolver. El negocio de kakuzu prosperaba y él los había hecho formar parte. Poco a poco lograban readaptarse a la extraña sociedad de esa peculiar aldea.
Y tenía razón. Al principio Tobi hizo un gran trabajo vigilando pero luego se distrajo. Vio a Rin pasar por allí y no tardó en seguir a su antigua compañera de equipo. Retiró la máscara de su rostro y volvió a ser el Obito que ella conoció.
Aquello era extraño pero a Sasori no le importaba. Estando en Akatsuki se había acostumbrado a las excentricidades de sus compañeros. Tampoco se quejó, Deidara lo había hecho por todos esos y también se encargó de castigarlo. Tardó en encontrarlo porque se le hizo difícil reconocerlo sin máscara pero no dudó en mandarlo a volar frente a Rin.
— ¿Qué? —dijo a modo de excusa—no dudo en que ella lo hubiera mandado a volar… aunque de otra forma.
Quizás nada en ese lugar era normal pero Sasori no se quejaba. Después de tantos años finalmente se sentía parte de algo importante.
