¡Hola, hola! En vista de que el primer capítulo trajo una aceptación en los lectores que se pasaron por aquí, he traído una segunda parte y si Dios quiere, próximamente, tendremos una tercera :D
Quisiera agradecer a todas las personas que se pasaron por aquí a leerse ésta creación mía y principalmente, a quienes se tomaron la delicadeza de dejarme un review x3 así quiero agradecer tambien a mi querida Beta, Kai Masamune por corregirme y brindarme su apoyo incondicional 0
Éste capítulo también se adapta a la actividad del foro Proyecto 1-8, "Las dos caras de la moneda", donde el tema a tratar es el reto propuesto por Hikari Caelum: "Cómo una misma situación, objeto, comida o persona... puede ser dulce para alguien y amarga para otro. El contraste de que dos personas vean de forma tan diferente una misma cosa."
Expuesto el tema, cabe mencionar que el contraste entre los distintos puntos de vista se centra en el concepto de la "libertad".
Con dicho tema aclarado, y sin otra cosa más que mencionar, les Pruebamea que tengan una buena lectura.
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Cuando el sol salía y llenaba los confines de la tierra, debían buscar alguna forma de refugiarse, pues lo que ocultaban en la gran ciudad era el deterioro natural que sufría la tierra y que quedaba censurada tras los muros. Mimi tomó la pequeña botella de agua de cactus que lograron conseguir antes de avanzar demasiado por el desértico terreno en busca de más personas; miró a su alrededor y conforme más apreciaba la casona arruinada y deshecha donde se refugiaban, menos gracia la hacía el permanecer en aquel lugar. Volvió a observar por la ventana cercana a ella y recordó las palabras de Yamato sobre lo peligroso que podría ser para ambos andar bajo los rayos del sol sin una protección certera, ya que la única forma que tenían para andar tranquilamente durante el día por la ciudad era porque ésta contaba con una protección adecuada y por ende, no era nada dañino el exponerse de día; sin embargo, ya no estaban en la ciudad y los privilegios como protecciones solares o suministros de agua o luz, se acabaron cuando pusieron un pie fuera de ésta. Cuando mordieron la mano que los "alimentaba".
- Debemos seguir avanzando. -la voz del Ishida la trajo de regreso a la realidad, volviéndose hacia él, hallándolo con una bolsa de tela que iba envolviendo los suministros hallados en aquel lugar. Sólo comida no perecedera es lo que pudieron surtirse y aunque no era demasiado, les servirá para unos días más; para entonces, debían hallarse ya en la ciudad en ruinas que veían en el horizonte.
Vio al hombre cabecear un poco a causa del cansancio, recordando que no había dormido en forma desde que dejaron atrás a la Ciudad, como que tampoco había estado comiendo bien porque prefería dejar que ella se alimente mejor. Observó la botella que tenía entre sus manos y apretó su cuerpo con cierta fuerza, entonces se puso en pie para ir hasta él y arrebatarle un frasco de arroz.
- ¿Qué haces?
- Salvandote. -respondió ella y tomó el cuchillo que hallaron en la alacena para abrir la lata. -no sé como esperas llegar a la ciudad si no has estado alimentándote ni durmiendo en forma.
- ¿De que estás...?
Pero antes de lograr articular palabra, Mimi le dirigió una mirada realmente molesta que lo hizo cerrar la boca. Finalmente le dio la espalda y comenzó a preparar un platillo improvisado, encendiendo una pequeña fogata con unas piedras que, Yamato le había enseñado a usar al llegar allí.
- Sé que estás ansioso por llegar y hallar a tu hermano, pero no puedes simplemente deteriorarte a ti mismo como lo has estado haciendo desde que llegamos.
- No me sermonees, sólo trato de hacer las cosas más fáciles. -habló acercándose a ella y sentándose enfrente.
- ¿Más fáciles para quién? ¿Para ti? -la enfermera levantó la voz y su mirada castaña se encontró con la azulina del hombre. Ella en verdad estaba molesta. -No sé cuál es tu idea de "bienestar" pero lo único que lograrás es matarte si sigues así... -la chica dejó de revolver la lata de arroz para centrarse en el interior de éste. -Dijiste que estábamos juntos en ésto.
- Lo estamos, Mimi.
- Pues entonces deja de querer alejarte de mí.-por primera vez, ella lo miró y él vio sufrimiento en sus ojos. Él bajó la mirada, tenía razón, sólo estaba pensando en él pero eso sólo conseguiría distanciarlos de una manera mucho más definitiva. -No quiero volver a quedarme sola... -Yamato la miró al oír su voz quebrada y entonces comprobó que las lágrimas estaban amenazando con desbordar sus ojos.
Ya no dijo nada, sólo tomó el cuchillo con que Mimi estuvo revolviendo el arroz y él continuó el trabajo. Cuando se sirbieron la comida, el sol aún estaba fuerte como para aventurarse a sus confines, entonces, Mimi le pidió que se acostara a descansar unas horas, recomponiendo las horas de sueño que le faltaban. Accedió finalmente y fue a recostarse en una esquina mientras la veía juntando las cosas. Le gustaba observarla, tenía mucha gracia en sus movimientos y era muy delicada en todo lo que hacía. Mimi lo miró entonces, quizá percatandose de que la estaba observando y fue cuando ella le dedicó una sonrisa, una que le recordaba que no estaba sólo.
- Ven aquí. -llamó él. -tú también debes descansar.
La muchacha se sonrojó ligeramente y asintió para así dejar las cosas como estaban e ir junto a él. Desde que llegaron a aquel lugar, tuvieron que dormir juntos pues, de la misma manera que los días eran sumamente calurosos y agotadores, las noches eran, en su mayoría, heladas y desoladas; de ésa manera, hallaban calor con el cuerpo del otro, pero no pasaba de allí.
Mimi se acostó a su lado, de tal forma que ambos rostros queden enfrentados y una ligera separación los aguardara. Yamato en cambio, tomó su mano y la acercó más a él, de ésa manera, ocultó su rostro en el espacio que hay entre su cuello y hombro, haciéndola ahogar un ligero suspiro, ya que el aliento del hombre acariciaba su piel, enviándole descargas por todo su cuerpo.
- Aún no es de noche... -habló Mimi entrecortadamente, oyéndolo bufar sutilmente contra su piel y logrando que su propio sonrojo aunentara aún más.
- No sé tú, pero yo tengo frío. -y entonces fue ella quien rió por lo bajo. Estuvieron en silencio un momento hasta que él volvió a hablar. -No volverás a estar sola... Lo juro.
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Llegando a la ciudad, muchas expectativas afloraron en cada uno; siendo una de ellas hallar a sus seres queridos, sanos y salvos, incluso creando una sociedad productiva e independiente que haya substido por aquellos doce años de manera eficaz. Pero toda fantasía fue apagándose conforme la ciudad crecía sobre ellos, fijándose que el daño palpable en ésta era mucho mayor a lo que la lejanía llegó a mostrarles. La desolación era un hecho, así que lo primero que se les ocurrió fue evocar los nombres de conocidos, dar con su ubicación y mostrarse pacíficos; sin embargo, fueron respondidos por el simple y torturador silencio. Recorrieron un buen tiempo, deambulando como almas en pena en busca de respuestas, de una señal certera que su búsqueda no haya sido en vano. Cuando las dos horas se cumplieron, Mimi cayó de rodillas sobre el suelo, desanimada a continuar. Era verdad que descansaron lo suficiente y que al ser de noche, su exposición no iba a ser dañina; pero el no ver resultados era desesperante.
- Vamos, aún no acaba. -alentó Matt junto a ella, tendiendole una mano. -Sabiamos que encontrarlos no sería sencillo.
- Lo sé... -respondió y aceptó el ser ayudada por él, volviendo a retomar la marcha de sus pies por una media hora más en que la única solución aparente era el ingresar a los edificios ruinosos.
- Será mejor que sólo vaya yo. -anunció Yamato al ver el estado de los lugares y por más que Mimi no estuvo de acuerdo en separarse, no tuvo otra opción más que aceptar.
Sus rumbos fueron opuestos para ganar más terreno sin gastar demasiado tiempo, entonces él avanzó hacia el norte, dejandola a ella dirigirse hacia el sur. La oscuridad reinante era absoluta, pero pudieron hacerle frente con antorchas que les permitía ver lo suficiente. Con una botella de agua que contaban cada uno, se separaron bajo la condición de regresar pasado una hora al mismo punto, el cual marcaron con sabia de árboles.
Yamato avanzó lo suficiente y observó nada más que ruinas, pero algo llamó su atención, un edificio en particular cuyo vidrio roto tenia rastro de sangre. Se aproximó hasta él y tocó la superficie de ésta. La sorpresa se hizo grande al ver que el líquido rojizo estaba fresco, dándole la pista de que habían estado rondando personas por aquel lugar y no fue hace mucho. Pero su satisfacción no duró demasiado pues un grito desgarrador tomó posesión de las esquinas, ingresando como un frío indescriptible por su cuerpo al percatarse que aquella voz era de Mimi.
No hizo falta pensar demasiado para lanzarse hacia la dirección en la que provenía la voz, diciéndose que fue un completo idiota al sugerir separarse. A diferencia de él, Mimi no tenía conocimiento alguno sobre defensa personal o de como hacerle frente a una situación riesgosa, que era peor; y por más rápido que corriese, las peores ideas se le aglomeraron en la cabeza. Aproximándose hasta el punto más cercano al cual oyó su grito, vio el pedazo de madera que utilizaba como antorcha, ahora apagada. Levantó la mirada y observó a su alrededor, algún lugar que le dijera por donde había ido y viendo que el palo se hallaba próximo a una tienda deshecha, no pensó mucho para ingresar a él.
- ¡Mimi! -bramó con fuerza pero no sirvió de nada, ya que la quietud era un hecho tangible en aquel sitio. Volvió a gritar su nombre y entonces una puerta a la lejanía se abrió. Fruncio el ceño y no tuvo más opcion que ir hacia ella, aventurarse a lo desconocido por hallarla.
Al cruzar la puerta vio a la lejanía un ente luminoso que lo hizo ir hacia él y fue cuando la figura de Mimi se delineo delante suyo, aunque su alivio no conoció salida pues la enfermera era presa de un gigantesco cuchillo carnicero amenazando con cortarle el cuello, siendo empuñado por un hombre moreno, poseedor de un pañuelo cubriendo la parte inferior del rostro, dejando a la vista nada más que sus ojos oscuros.
- ¡Déjala ir, maldita sea!
- Mira nada más... -habló el desconocido que poseía el cuchillo. -¿No se parece a ti?
Viendo que sus palabras no eran dirigidas hacia él, volteó a ver a sus espaldas, pero poco pudo observar pues un gran golpe fue asentado contra su cabeza, prohibiéndole de mayor vista que la del suelo. Su cuerpo cayó como cual saco de papas con el grito de Mimi al verlo siendo herido de esa manera.
Yamato fue perdiendo el conocimiento pero antes pudo ver un par de pies enfrentándolo. No pudo subir demasiado la mirada, aunque la voz de aquella persona llegó a él.
- La apariencia es lo único que tenemos en común. -y eso fue lo último que llegó a capturar antes de desfallecer.
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Mimi trataba de zafarse del agarre que las sogas, en su muñeca, ejercían pero sin lograr más que enrojecer su piel. Pegó un gruñido impotente para luego dejar de luchar por un momento; aquel fue su itinerario durante todo el tiempo que duró su cautiverio y pudiendo suponer un número, diría que estuvieron allí como seis horas más o menos. Miró a su alrededor, estaba sola en un cuarto deteriorado, donde la humedad causó estragos y el tiempo no ayudó en nada. Exhaló un suspiro para bajar la mirada y pensar en todo lo que vivió, en su familia, en su trabajo, en sus amigos y en él, la razón por la que el espejismo de una libertad condicionada se haya roto para enseñarle lo que era en realidad su vida y la verdadera libertad. Con ojos cerrados, sonrió al recordarlo y sufría por desear su cercanía en esos momentos, de sentir su calor donde el frío era lo único que la envolvía en ese lugar.
Aquellos sujetos la capturaron cuando se alejó de Yamato, derribándola en el suelo y apagando la luz de su antorcha, la apresaron y metieron en aquella casona donde uno de ellos, precisamente el que la tomó desprevenida, colocó sobre su cuello el filo de un cuchillo carnicero, dejando que toda movilidad en ella se anulara. No pasó mucho tiempo para que Matt viniese a buscarla, pero no era nada positivo pues sabía que ella era el cebo para capturarlos. La desesperación de caer por aquel acantilado cuando se fugaron de la gran ciudad no tenía comparación con lo que sintió al ver como el cuerpo de Matt caía al suelo tras haber recibido un tremendo golpe contra la cabeza de un chico larguirucho y, al igual que su opresor, llevaba un pañuelo ocultando su identidad, salvo la bravura de unos ojos celestes y el cabello rubio y cargado de una capa de polvo de escombros.
Luego de eso, la encerraron en aquella habitación, alejándola de Yamato y por más gritos que pegara, nadie le dio la mayor importancia. Oyó al rubio decir que llevaran al "traidor" a la sala principal para un interrogatorio, pero no entendía por qué se refería de esa manera al Ishida si era la primera vez que estaban pisando aquel sitio. Entonces, a su mente llegó la conversación que tuvo con él, cuando le había dicho que su hermano y mejor amigo habían sido desterrados de la ciudad.
No pudo inmiscuirse demasiado entre sus memorias, pues la puerta de la habitación se abrió mostrando la figura robusta del dueño del cuchillo de cocina; ésta vez, ya no había impedimento alguno que ocultara su identidad, fijándose que una cicatriz surcaba desde su labio inferior al mentón, pero lo resaltante no era sólo aquella marca permanente, sino la fuerza que expresaban sus ojos marrones, mirándola con detenimiento.
- ¡¿Dónde se llevaron a Yamato?! -bramó al verlo, volviendo a estironearse para intentar librarse de sus ataduras sin conseguir un resultado diferente.
Lo vio sonreír de costado y avanzó hacia ella sin dar motivos a detener su marcha, se acercó lo suficiente a observarla mejor.
- Es gracioso como quieres imponerte a pesar de que estás en desventaja, mujer. -habló con clara señal de mofa en su voz.
No dijo nada más porque él tenía razón, sólo bajó la mirada y rogó porque las lágrimas no se corrieran por su rostro. Lo último que deseaba era enseñarle debilidad.
- Si le hacen daño...
- ¿Tu qué? -preguntó de mala gana el hombre, levantando el mentón de la enfermera, encontrándose nuevamente con sus ojos oscuros. -¿Gritaras hasta quedarte sin voz?
- Pruebame. -retó ella, endureciendo la mirada. Él no dijo nada, sólo sostuvo sus ojos en ella.
La soltó entonces y la miró de arriba a abajo, estudiándola. Se sintió intimidada pero no lo demostró.
- No eres más que una charlatana. -sentenció y se giró para volver a dirigirse hacia la entrada. -Tu novio está siendo interrogado en éstos momentos, así que dependiendo de como responda-
- ¡Les diré todo lo que sé si lo dejan libre! -Lo interrumpió entonces, y por primera vez vio una expresión diferente en el hombre. Éste volvió a acercarse a ella con cautela, así que Mimi volvió a repetirlo. -Díganme qué están buscando y los ayudaré.
- ¿Qué te hace pensar que te diremos algo?
- Porque si su intención es entrar... Yo sé cómo y por dónde hacerlo.
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Su consciencia fue regresando tras el incesante golpe en el rostro, que cuando abrió los ojos se percató que el actor de su abuso físico era una gotera en el techo. Trató de reincorporarse pero sólo pudo cansarse en el intento, pues sus manos y pies yacían presos por sogas que impedían cualquier tipo de movimiento. Se movió un poco para alejarse de la gotera y entonces se percató de lo que lo envolvía: una habitación oscura y denigrante que se estaba cayendo a pedazos. La ruina era algo palpable en esos momentos, así que estaba tan concentrado en detalles superfluos que no se percató de la figura ubicada en la esquina a la cuál él daba la espalda, solo cuando oyó su voz, se percató de que no se hallaba sólo.
- ¿Por qué estás aquí?
Se precipitó tanto a mirar a sus espaldas cuando lo oyó que pudo sentir un tirón en el cuello debido al movimiento tan brusco que acabó haciendo. El dolor pasó a segundo plano cuando la identidad de su acompañante ya no era un anonimato. Con ojos abiertos, como platos a causa de la sorpresa, no podía aún acreditar lo que veía.
- T...Tk...
Lo vio sonreír de costado con un aire superior tan ajeno a la personalidad que tenía grabado de su hermano menor.
- Hace doce años que no me llamaban así. -su hermano se encontraba sentado sobre una butaca de madera de la cual se levantó para imponerse ante su mayor, pero sin recibir como respuesta algún indicio defensivo o de miedo. -Ahora soy Takeru, te pediré que me llames de esa manera.
- Como sea... -respondió Yamato. -¿Cómo es que mi hermano menor ahora es el líder de una pandilla de refugiados violentos? Tu odiabas la violencia pero lo primero que haces es atacar a aquella mujer y noquearme a mí.
- Para empezar -avanzó hacia él con los ojos fijos en los suyos, donde la cólera los teñía. -lo único que nos une, lastimosamente, es la sangre; pero no te confíes demasiado como para dirigirte a mí como mi hermano mayor; no después de haberme abandonado sólo por protegerte, cobarde.
- ¡No te abandoné! ¡Lo tuyo era un suicidio sin sentido! -sus palabras fueron interrumpidas con un feroz golpe propinado por el pie de Tk a la mandíbula de su rehén, dejándolo postrado contra el suelo; al reincorporarse, vio pequeñas gotas de sangre figurar en el suelo y entonces lo afirmó: aquel ya no era Tk.
- Trata de mentirme nuevamente y te haré tragar esa butaca. -amenazó y entonces supo que el recuerdo de su pequeño hermano menor, el tímido y amable niño del pasado era sólo eso, un recuerdo.
- ¿Por qué no me mataron? -inquirió tras un momento de silencio. Al oírlo, Tk volvió a retroceder unos pasos.
- Es una buena pregunta... Pero no necesitas saberlo; eres un traidor para todos los que conformamos la resistencia, lo más lógico es eliminarte, pero podemos sacarte utilidad.
- Pierdes el tiempo, yo no...
- Dije que si volvías a mentirme te lo haré pagar. Trabajabas para el departamento de inteligencia del Estado, es ridículo que trates de negar que no sabes cómo funciona el sistema de la ciudad.
- ¿Qué tratas de conseguir? ¿Qué buscas?
- ¿No es obvio? -sonrió de costado, mirándolo con autosuficiencia. -Libertad. Las personas viven bajo el yugo de una ciudad cínica y deben ser despertados.
- No te contradeciré, tienes razón; yo era uno de ellos... Y lo lamento. Fui un cobarde en su momento. -Takeru lo miraba en silencio, sin interrumpirlo y eso era suficiente. Yamato bajó la mirada, sin oponerse a nada, ni siquiera a la fuerza de las sogas, continuó hablando. -No hubo día que no halla lamentado el dejarte a un lado, pero no estoy seguro que estés comprendiendo el verdadero significado de la libertad.
Tk fruncio el ceño molesto.
- No esperaba que lo entendieras, porque has vivido lo suficiente en aquella ciudad que no reconoces lo negro de lo blanco. Salvaremos a las personas de ellas mismas y si eso significa destruir hasta el último ladrillo que compone la ciudad, pues lo haremos. Lo destruiremos hasta los cimientos.
Antes de que el Ishida pudiera decir algo, contraiar a las palabras de su hermano, la puerta sonó con unos golpes que lograron volcar la atención de ambos a ésta. Tras permitir el ingreso, la puerta fue abierta con la imagen de dos figuras, siendo una de ellas la de Mimi. Cuando ambos se reconocieron, la Tachikawa se soltó del agarre de su captor para dirigirse hasta Matt y abrazarse a su cuello, ocultando su rostro en el espacio que había entre su cuello y hombro, el mismo lugar donde a él le gustaba descansar la cabeza.
- ¡El trato sólo era verlo! -bramó su centinela ante la escena, pero fue silenciado por otro que venía detrás suyo. Al tener su atención, el rubio inquirió saber de qué iba todo eso.
- La chica conoce los atajos y entradas a la ciudad; dijo que se aliaría a nosotros bajo la condición de no hacerle nada a Matt. -respondió quién hizo callar al primero, parecía mucho mayor a éstos dos, quizá la misma edad de Matt.
Tk iba a decir algo, pero la voz de Mimi resono con fuerza, por primera vez levantando la mirada hacia él.
- Puedo serles de muchísima más ayuda de lo que ustedes creen; y de esa misma manera, lamentaran no hacerme caso.
- Ey... -Matt temió por la seguridad de su compañera al decir esas palabras sin rastro alguno de remordimiento o miedo a lo que podría suceder, pero fue cuando Tk se acercó hacia ellos y por más que Matt intentó, inútilmente, hacerle frente a su hermano, éste lo apartó sin problema alguno y así tomar por el brazo a la enfermera, levantándola del suelo.
- ¿De verdad estás amenazando en tu posición, mujer?
- Lo vino haciendo desde que la capturamos. -respondieron al mismo tiempo los dos hombres morenos.
- No es muy lista. -habló Matt desde el suelo, recibiendo protestas por parte de la mujer aunque no las prestó atención. -No le presten atención, es sólo...
- Vaya, Yamato rogando por la vida de alguien que no es él mismo. -la admiración vino por parte del mayor, y fue cuando el Ishida se percató realmente de su identidad, sorprendiéndose.
- Taichi...
- ¿No es adorable el reencuentro entre tu hermano y tu mejor amigo? -Preguntó Taichi con cinismo en su voz. -¿Los mismos a quienes has traicionado? Realmente me emociona saber que la moneda se dio la vuelta.
- Irónico... -respondió Matt cabizbajo. -Pero no miento al decirles que aquella mujer no les servirá de nada, sólo dice estupideces.
- ¡Ey! -volvió a reclamar la mencionada.
- De hecho, yo la creo. -habló Tai a Takeru. -Davis, muéstrales el mapa.
El de cabello carmesí y tez morena les enseñó un mapa que sacó de su bolsillo, desdoblándolo frente al rubio, quien aún sostenía a Mimi del brazo.
- Mira... -habló Taichi. -La mujer me mostró por donde escaparon de la ciudad, porque que yo recuerde, así como nadie entra, nadie sale, pero ellos están aquí... -señaló el punto de las alcantarillas en el mapa.
- Corroboré la información y es precisamente donde Izzy encontró un punto ciego sin confirmación. Ahora lo confirmamos. -Finalizó Davis.
Tk se mantuvo en silencio observando lo que le estaban diciendo, bajo la atenta mirada de Mimi; la chica se removió un poco y habló entonces.
- Así como aquel lugar es un punto ciego, hay otros dos más que están bajo ignorancia de las personas.
- ¿Cómo lo sabes? -inquirió Takeru.
- Porque era una enfermera del Hospital Central; hice muchas expediciones en búsqueda de hierbas medicinales que crecían en los alrededores, fuera de los muros. -Matt abrió los ojos sorprendido con ésta declaración y Mimi bajó la mirada apenada. -Nadie sabe de ésto, pero los médicos necesitaban hallar componentes naturales para crear los sueros y antídotos para los distintos tipos de enfermedades que nacían. Ahora sé que sólo nos utilizaron para conseguir aportes a sus experimentos. Muchas personas fueron asesinadas bajo la excusa de ser un avance en la medicina actual y futura, pero quiero cambiar eso... Quiero librar a la ciudad de sus pecados, lo mismo que ustedes desean.
El silencio se instauró entre ellos, todos observando a la mujer, que pasado un momento, ya no supo qué decir para ser creída. Entonces Tk la soltó, empujándola contra Yamato, cayendo de rodillas junto a él. Ambos cautivos miraron a sus opresores con ojos expectantes, curiosos por saber qué les depararía de ahora en adelante. Entonces habló Takeru.
- Les daremos quince minutos para que se despidan, luego Davis te llevará al frente con nosotros, mujer. -Tk comenzó a caminar hacia la salida junto con Tai, pero la voz de Mimi volvió a oírse.
- ¿Cumplirás tu promesa?
Él los miró un momento en silencio, estudiando la expresión de Mimi. Frunció el ceño y luego preguntó.
- ¿Cómo te llamas?
Confundida, pensó en su respuesta un segundo para responder.
- Mimi Tachikawa.
Una mirada compartida entre Tk y Taichi alarmó a los presos, pero sólo una orden resonó en la sala hacia Davis.
- Vigílalos.
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- No te pedí que lo hicieras... -la dura voz de Matt caló con fuerza en ella cuando Takeru se marchó. Davis se encogió de hombros para salir también, dándoles la privacidad que necesitaban.
- Ellos te...
- Pues no te concierne. -sentenció molesto haciéndola retroceder un paso por la sorpresa que le provocó. -Te utilizarán para luego dejarte como si nada. ¡No tenías por qué hacerlo! Maldita sea...
Mimi guardó silencio al bajar la mirada, preguntándose si estaba haciendo lo correcto, pero a ella llegó el recuerdo del Doctor Kido y del enorme sacrificio realizado para salvarlos. Cerró los ojos y apretó con fuerza la mandíbula, cerrando los puños de igual manera.
- Pues no sólo se trata de ti. -lo miró a los ojos con determinación. -Dejé atrás a muchas personas que necesitan ser salvadas y no pienso dejarlo así. Odiame si quieres, pero estoy con tu hermano en ésto. Necesitamos liberar a la ciudad.
- ¿Y si te están engañando?
Mimi suspiró y se encogió de hombros.
- Peor es no hacer nada. -entonces le dio la espalda y fue hasta la puerta para golpearla.
Davis la abrió y sin mirar atrás, Mimi salió de la habitación sumiéndola en un total y rotundo silencio, hasta la gotera del techo se había detenido. Yamato se dejó caer en el suelo y cerró los ojos.
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- ...Ésta salida se encuentra con el suministro de agua de la ciudad,- iba explicando Mimi conforme fue señalando en el mapa que Davis les proveyo. -Mientras que en la otra, están los cuarteles de seguridad. En mi opinión, la vía más segura es por donde Yamato y yo salimos: las alcantarillas.
Todos se mantenían callados al oír a la enfermera, pero cuando finalizó, las miradas se volcaron como agua hacia Tai. El moreno miraba detenidamente a la mujer y al notarlo, ella bajó la mirada apenada; el hombre poseía unos ojos penetrantes que la hacían vacilar, pero no había comparación con la fuerza que evocaba el Ishida con sus orbes azules.
- Necesitamos entrar, y sabemos como hacerlo; sin embargo -la voz potente de Tai resonaba con fuerza por toda la habitación, llegando a cada persona metida dentro de aquella habitación, tan desastrosa como todas las que llegó a observar desde que llegó a aquel lugar. -no tenemos claro qué haremos una vez dentro y la mujer nos ha dado una buena orientación. -ante la afirmación de los miembros, Taichi sacó una daga de su cinturón y lo lanzó directamente hacia la mesa donde descansaba el mapa, precisamente en la salida que daba al suministro de agua. Mimi retrocedió un paso, asustada por la acción del hombre, pero nadie se percató al estar vociferando en afirmaciones con la decisión del líder.
- ¿Qué planean hacer? -quiso saber Mimi, siendo respondida por una sonrisa por parte de Tai en compañía de Tk.
- ¿No es obvio? Cortaremos su suministro de agua y energía. -habló Tai. -Los debilitaremos desde adentro para destruirlos, como una enfermedad; de ésa manera, los libraremos de ellos mismos.
Mimi tragó saliva con dificultad ante la idea que tenían en mente. Se removió un poco y por más que se dijera que debía guardar silencio, que su vida aún corría peligro igual que la de Yamato, no podía dejar de pensar en los sentenciados a cuarentena, quienes en cualquier momento podrían ser asesinados bajo experimentación que ellos desconocían.
- ¿Algo más que quieras aportar, mujer? -abrió los ojos cuando la voz de Takeru sonó en toda la habitación, consiguiendo que toda la atención fuese puesta sobre ella.
- Yo... -tragó saliva nuevamente, haciéndose cada vez más difícil el lograrlo. Apretó con fuerza sus dedos y suspiró. -Considero que se están enfocando mal cuando buscan a un enemigo. El verdadero problema es el Estado, no la ciudad entera. -No vio cambio alguno en la expresión de los presentes, así que continuó hablando. -Yo he visto el sufrimiento de las personas cuando sus familiares acaban sentenciados a cuarentena y creo que estarían dispuestos a hacer algo, si supieran la verdad... "La verdad los hará libres".
Las miradas se centraron entonces en el líder, quien se mantenía observando a Mimi. Dejó su reposo para descruzarse los brazos y avanzar hacia la mesa central, posando sus manos sobre ésta.
- Todos, fuera. Debo hablar con ella a solas. -no necesitaron otra invitación más que su potente voz para que todos, incluyendo a Tk, salieran del cuarto. Cuando estuvieron solos los dos, Tai le hizo un ademán para que se sentara en alguna silla, pero ella negó con la cabeza; no le insistió más. -Espero que seas consciente de tu posición en éste lugar. Por más que estés aquí, sigues siendo una prisionera.
- Lo sé, pero... ¡Pero ustedes quieren condenar a personas inocentes!
- ¡¿Inocentes?! -Avanzó hacia ella, rodeando a la mesa que los separaba. Mimi retrocedió, pero la pared la detuvo en su intento. -¡¿Llamas inocentes a quienes nos sentenciaron a vivir en el exilio?! ¡¿A quienes vieron morir a nuestras familias sin hacer nada por impedirlo?!
- ¡Ellos no son conscientes de lo que está pasando! -gritó a su vez, haciéndolo retroceder ahora a Taichi. Viéndolo, dejó de exasperarse para mirarlo con súplica. -No hagas lo mismo que hacen ellos... Si quieres liberar a la ciudad, primero libera el odio que les oprime.
- No seas idiota... Me pides que sea un cobarde. -iba a darle la espalda, pero Mimi lo tomó del brazo para impedírselo. La miró y el hombre bajó su guardia.
- Hay muchas maneras de demostrar valentía, pero lo que ustedes planean hacer, no les demostrará otra cosa más que debilidad.
Tai la observó con notoria sorpresa, pero bajó la mirada al suelo. Aquello llamó la atención de Mimi y más cuando Tai se alejó de ella para ir a sentarse en una de las sillas.
- Tu padre me había dicho esas mismas palabras...
- ¿M...Mi...? -la enfermera se acercó hasta él ante su mención, recordándose que su padre también fue un exiliado y que precisamente por él había decidido dejar lo que conocía por explorar lo desconocido. -¿Conoces a...? ¡¿Dónde está?!
Taichi la miraba a los ojos y cuando él se acercó a ella para dirigir su mano al rostro de la enfermera, limpiándolo, supo que estaba llorando. Se alejó del líder para secarse las lágrimas y tratar de contener su llanto.
- ¿Dónde...?
- Murió antes de levantar éste campamento. -Mimi se volteó a verlo con ojos rojos del llanto; descubrir que tu padre, alejado de ti por más de doce años, había fallecido sin poder llorar su marcha, la hizo sentirse al borde del abismo. Sus piernas le fallaron y caería al suelo de no ser porque Tai la sostuvo antes de tocar tierra.
- ¿C...Cómo murió? -preguntó una vez, Tai la hizo sentarse en la silla que anteriormente le pertenecía. El líder bajó la mirada y se puso de pie para alejarse de ella. -Por favor... Dímelo.
-... -la miró por sobre el hombro y respondió. -Se sacrificó por salvarme la vida. Y es por eso que debo vengarlo.
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Sus ojos se fueron acostumbrando a la oscuridad de la habitación, como su cuerpo al dolor de las sogas aprisionándolo. Recordó su estadía forzada en el Hospital Central y rememoró la primera vez que vio a Mimi; sentada, leyendo un libro de tapa marrón, con su cabellera recogida en un moño que la hacía lucir más recia de lo que era. Sonrió inevitablemente ante su memoria. En esos momentos, o mejor dicho, desde que se separaron, Matt deseaba tenerla cerca, le preocupaba su bienestar al igual que ella la suya. Ella sólo pensó en protegerlo y él la despreció, se sentía un idiota, pero no quería que su inocencia fuese maltratada ante el odio que corrompió tanto a su hermano como a su mejor amigo.
Sus pensamientos fueron interrumpidos ante unos golpes en la puerta, unos golpes con un compás discontinuo. Frunció el ceño al tratar de entenderlo y fue cuando reconoció a la clave Morse en él. Volvieron a golpear y prestó atención para comprender qué buscaba decirle: "Dos Bandos. Golpe ciudad. Crepúsculo. Mujer Guía. Mala Información."
- ¿Qué demonios...? ¿Quién eres?
Silencio fue su respuesta, hasta que los golpes regresaron.
"Dos Bandos". Pero el silencio regresó y Yamato tenía más preguntas que respuestas. Golpeó su frente contra la dureza de la pared, intentando darle comprensión a esas palabras. Las fue repitiendo en su cabeza en el mismo orden, donde "dos bandos" parecía ser la clave. ¿Dos bandos? ¿Dónde...? y el susurro de una idea apareció. Aquí. En la propia resistencia existenten dos bandos...
Su sorpresa fue acallada ante pisadas aproximándose hacia él; expectante, no despegó la vista de la puerta de madera rajada, dejando que algunas sirvieran como filtro a la luz exterior. Oyó sollozos y entonces determinó que no se trataba sólo de una persona. Mimi pensó y al abrise la puerta, la metieron dentro, cayendo de rodillas al suelo. Él no esperó a que el centinela se marchara para acercarse a ella a ver cómo estaba, agradecido porque las sogas dejaron de aprisionarle sus tobillos. Al verla, la desesperación lo embargó, pues traía su rostro húmedo por las lágrimas y la mirada gacha. Furibundo, alzó la vista hacia el guardia y su sorpresa pudo más que sus emociones al ver a un hombre alto, cabello azabache y lentes, observándolos. Su mirada silenciosa le recordó al Doctor Kido y entonces su mente hizo contacto con el último deseo del médico: "Encuentren a mi hermano, Joe Kido..."
- Joe... -susurró Matt, como temiendo estar equivocado, pero la prueba irrefutable era la semejanza hallada en el hombre.
- Mi hermano los ayudó a escapar... -habló el hombre, igual de bajo que Yamato. -Debió tener fe en ustedes.
- Él confió en que podíamos encontrarte... -susurró Mimi, volviéndose hacia Kido. Éste sonrió débilmente para luego bajar la mirada.
- No... Él confió en que podían ayudarnos a encontrarnos. -sin otra cosa más qué decir, llevó su mano hasta el pomo de la puerta para cerrarla; sin embargo, Matt notó algo curioso en él: su mano estaba vendada. El sonido de la llave impidiendo cualquier intento de escape lo trajo a la realidad.
- Dos bandos... -susurró, llamando la atención de Mimi.
- ¿D...De qué hablas?
Él la miró a los ojos, pero su mente sólo podía ver aquel vidrio roto con rastros de sangre que halló en las afueras de la ciudad, antes de caer prisioneros por parte de su hermano. Yamato volvió en sí cuando Mimi agitó su mano delante de sus ojos, él parpadeó un momento y luego sonrió.
- ¿Te encuentras bien? -preguntó a lo que Mimi asintió. -¿Qué sucedió? ¿Que pidieron que hagas?
- Enseñarles los accesos y los ramales de atajos... Pero tenías razón, -dijo bajando la mirada. -ellos sólo buscan venganza.
- Lo sé; yo también lo busqué mucho tiempo. No los culpo, porque pienso como ellos. Sin embargo...
- Es un suicidio. -dijo Mimi, interrumpiéndolo. Él asintió. -Traté de explicarles que lo importante era rescatar a los cautivos, pero no ven otra cosa que no sea destrucción.
Matt no podía sacarse de la cabeza los golpes dados como mensaje, lo que significaba y por más que él los entendía, por haber sido partícipe de la Guardia, no entendía qué podría significar las otras palabras. Matt se puso de pie y bajo la atenta mirada de Mimi, se acercó a una de las rendijas de la puerta a percatarse que nadie más se hallara fuera. Volvió a mirar a Mimi, regresó a ella para acortar distancias y por más que la chica se alejó de él con una notoria sorpresa, él susurró en su oído.
- Recibí un mensaje y quiero que me ayudes a descifrarlo. -Mimi asintió a sus palabras, entonces se lo fue diciendo despacio y con voz baja para tratar de mantenerlo en secreto. La mujer lo fue escuchando en silencio, abriendo los ojos con sorpresa al finalizar. -¿Qué crees que significa?
- ¿Golpe ciudad y crepúsculo? -Inquirió sorprendida para luego decir. -Tai dará un golpe a la ciudad cuando sea el crepúsculo... Es cierto, estaban preparando una estrategia para entrar pero no creí que lo fuesen a ejecutar tan pronto.
- Esperaron doce años para ésto, creo que ya tuvieron suficiente. -pensó el hombre. -Sus otras palabras fueron "Mujer Guía. Mala Información." Se que está hablando de ti, eres lo único que los ha impulsado a decidirse atacar tan pronto, pero...
- ¿Por qué "mala información"? Si lo que dije es cierto, no pudo haber ningún error. Los del Estado no saben que dimos contacto con la resistencia, ellos no pueden... Dios. -exclamó al darse cuenta de su gran error. -El Estado estaba al tanto de todo dentro de la ciudad, ellos habrían logrado impedir que salgamos de la ciudad si no fuese por el Doctor Kido.
- No me sorprendería saber que estén esperando el golpe de la resistencia. -bajó la mirada ante sus palabras, pues eso era precisamente lo que estaba a punto de suceder. -Maldición...
- Debemos avisarles, Yamato.
Él no dijo nada, sólo se levantó del suelo para ir hacia la puerta y comenzar a golpearla con su propio cuerpo, llamando a que le prestasen atención. Mimi lo imitó y no pasó mucho tiempo para que sus gritos fuesen escuchados, sin embargo, ya no era Joe quien acudió a ellos, sino Tai junto a Tk.
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Conforme avanzaban hacia el punto que hallaron en el mapa de Davis, gracias a unas viejas aeronaves que el equipo de tecnología del grupo de la resistencia, el polvo se levantaba a su paso casi envolviéndoles los ojos. Taichi miraba al frente ubicado detrás del que comandaba su aeronave, observando como el muro de la ciudad, a la que alguna vez perteneció en el pasado, iba engrandeciéndose a cada segundo. Frunció el ceño cuando recordó las palabras de Matt y Mimi, la advertencia que cantaron y de la posible trampa que los aguardaba al frente. Cerró los ojos y apretó los puños con fuerza.
Sintió una mano sobre el hombro que lo hizo abrir los ojos y mirar a su lado para hallar a Takeru, observándolo con preocupación. Bajó la mirada y entonces lo escuchó hablar.
- Tampoco puedes sacarte su advertencia de la cabeza, ¿no es verdad?
- ¿Tú podrías? –Carraspeó con molestia, revolviéndose los cabellos como cuando lo hacía de niño. –Quisiera creerle, pero… Pero hay demasiado en juego, Takeru.
- Lo sé. Tomar la ciudad no puede esperar más. –Tai asintió, provocándole una sonrisa en el rubio.
- Y no sólo es por eso; debo saldar mi cuenta con Keisuke Tachikawa. Yo no estaría vivo si no fuese por él…-Miró a Takeru. –Y no hubiésemos sido exiliados si no fuese por el Estado.
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- Maldita sea… -Volvió a susurrar Yamato con impotencia tras toser sangre. Se removió en el suelo para quedar bocarriba, mientras su respiración se normalizaba.
- No puedo creer que, aún después de escucharnos, se hayan marchado. –hablaba Mimi al tiempo en que limpiaba el rostro de Matt con sus manos, aún atadas.
- ¿No puedes creer eso? Yo no puedo creer que me diesen una paliza por haberles advertido… Ese idiota de Tai… Mi hermano, otro idiota. Demonios…
- Quieren liberar a la ciudad, pero sólo fundirán más violencia. –Bajó la mirada al recordar a Tai, hablándole sobre la muerte de su padre. –Quiere vengar las muertes de todas las víctimas del Estado, pero no conseguirán nada.
Un silencio se instauró entre ambos y fue cuando el sonido de pisadas aproximándose a su celda, les llegó. Compartieron una mirada unánime, preparándose para lo peor, dispuestos a resistir lo que haga falta, conociendo la crudeza que forjó a la resistencia. Y cuando la llave hizo acto de presencia en la cerradura, abriendo la puerta finalmente, vieron la silueta de tres personas contorneadas por la luz del exterior. Uno de ellos avanzó y se dieron cuenta que era Joe Kido.
- Deben de estar cansados de estar en éste lugar, ¿no es así? –Preguntó con una sonrisa en los labios, que hizo fruncir el ceño a Yamato. -Debemos ponernos en marcha.
- ¿De qué estás hablando? –Preguntó Matt, reincorporándose a regañadientes a causa del dolor que sentía.
- Debemos ir a salvar a los precipitados de nuestros compañeros. –Habló una segunda voz, una mujer, ingresando al cuarto. Los dos cautivos la miraron con ojos curiosos o eso fue hasta que ella comenzó a dar golpes en el suelo con los pies, en clave morse, reiterando el mismo mensaje que Yamato oyó antes.
La mujer era pelirroja con el cabello corto y vestía con un abrigo oscuro que le impedía ver en totalidad su cuerpo; la más pequeña vestía igual a ella, notaron su presencia recién cuando ésta se adelantó a sus mayores para acercarse a los cautivos e ir cortando las sogas que los aprisionaban; tenía el cabello largo y violeta, así como unas grandes gafas redondas.
- ¿Fuiste tú quien me dio el mensaje? –Inquirió el rubio, recibiendo un asentimiento de cabeza por parte de la pelirroja. –Entonces, ustedes son el segundo bando de la propia resistencia.
- Preferimos llamarnos "pacifistas". –habló la más joven de lentes.
- Y sí, somos el segundo bando. Mi nombre es Sora y ésta de aquí es Miyako Inoue.
- Yolei, de cariño. –finalizó con una sonrisa la niña.
- Debemos movilizarnos. –Apresuró Sora, pero Matt tenía más dudas que certezas, siendo esa la razón por la que no se movió.
- ¿Qué está sucediendo? ¿Por qué nos están liberando?
Sora miró a Joe y éste se marchó junto con Yolei, dejando a Sora con los dos prisioneros.
- Hace una hora que perdimos contacto con el comunicador de Tai. Creemos que ya habrán ingresado a la ciudad y que nuestras suposiciones iniciales eran correctas: los tienen presos y debemos ir a rescatarlos. –Tanto Yamato como Mimi se encogieron de hombros al oír lo que ya era sabido, sabían que eso acabaría ocurriendo. –Nosotros no luchamos por regresar a la ciudad ni vengarnos de ella, como Tai y los demás piensan. –Continuó hablando Sora. –Lo único que nos interesa es ser libres, pero ahora nuestros amigos están cautivos y no nos sentaremos a esperar algo peor. Si tienen a Tai y Tk, es probable que terminen dando con el resto de nosotros y no permitiremos que nos dañen más de lo que ya lo han hecho.
- Lo entiendo. ¿Cómo planean ir hacia la ciudad?
- Tenemos una aeronave esperando a las fueras de ésta pocilga, así que marchémonos. –Sora inició sus pasos y una vez lejos, Matt miró a Mimi.
- No quiero que vayas. –Antes de que Mimi explote de la ira, continuó hablando. -No quiero que te hagan daño, comprende.
Mimi lo miró a los ojos y al hallar preocupación en ellos, dejó que todo el enojo se esfumara. Bajó los hombros y dejó escapar un suspiro, mirándolo con una sonrisa en los labios.
- Y tú comprende que no soy una niña a la que debes proteger. S…Soy consciente que iremos a un lugar peligroso, un lugar donde posiblemente nos estén esperando para dañarnos, pero… Prometo ser fuerte. –Sonrió al decirlo y eso inquietó mucho más a Matt.
- Mimi… -Yamato cerró los ojos y se separó de ella finalmente para comenzar a caminar. Mimi bajó la mirada y caminó hacia él. -¿Crees que podemos confiar en ellos? –Preguntó antes de que pudiesen avanzar mucho.
- Creo que nos han dado suficientes motivos. –Él asintió a sus palabras y salieron de allí, siguiendo los pasos de sus liberadores.
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La aeronave iba a todo lo que podía pero él sentía como si no avanzaran ni un metro; estaba ansioso y eso era notorio en todo su ser. Mimi lo miraba de soslayo pero prefería no entrometerse más, siendo que la última vez Matt la alejó completamente. Prefirió centrarse en la pantalla oscura que enfocaba el objetivo que tenían: la resistencia.
- Muy bien, ahora es cuando, Superior. -habló Sora sin mirar a nadie más que el comando.
El Kido asintió ante la orden; caminó entonces hacia la parte posterior a la nave junto con Matt, ambos cargando con dos armas de fuego, y así una de las puertas del móvil aéreo se deslizó para darles paso. Ambos hombres salieron al exterior con sumo cuidado de no tropezar ni caer de la nave, situándose sobre la superficie del transporte y apuntando los cañones hacia el frente que les aguardaba.
- ¡A la cuenta de tres, Matt! -vociferó Joe sin apartar la vista del puntero. Y cuando los números fueron avanzando hasta llegar al tres, ambos jalaron el gatillo que acabó por detonar sus municiones hasta estrellarse contra el suelo a unos cincuenta metros de ellos, logrando levantar una cortina de humo que los camuflara hasta llegar al muro. -¡Abajo! -volvió a gritar el de lentes y así fue como ambos se postraron contra el móvil, sosteníendose de lo que podían para que el camuflaje les envolviese también.
Sora aumentó la velocidad acercándose cada vez más a los muros, tomando la ventaja del camuflaje para aproximarse al muro sin llamar la atención con el móvil aéreo. Cuando cruzaron por fin el área más peligrosa para ser descubiertos, comenzaron a relajarse, aunque la verdadera preocupación yacía en la entrada, el supuesto punto ciego al que Tai, Tk y los demás se dirigían cuando perdieron contacto con éstos.
Aterrizaron y fueron descendiendo de la aeronave, aproximándose al muro para introducir la información irreal que les permitiese ingresar al interior. Yolei tomó su decodificador y lo conectó a una pantalla que utilizaban los guardias para entrar y salir; la muchacha era toda una genio en cuanto a hackear cuentas, accesos o identidades, era tan temible como su maestro, Izzy lo era, pero ya no contaban con él y se notaba en los ojos de la peliviolácea que de algo personal se trataba cuando iba cargando los códigos necesarios para ingresar. Los segundos iban sonando dentro de todos los presentes, observando con ansias locas porque todo resultase como lo tenían planeado. Un último click y los ojos de Yolei se pasearon por todos los presentes como anunciando lo que estaba por acontecer; un asentimiento unánime y entonces dio la orden para que las puertas se abrieran, dejando a la vista de todos el interior de la ciudad, aunque con un panorama completamente distinto al que podría cualquiera imaginar.
- Pero qué demonios...
Yamato se volvió hacia sus espaldas para corroborar que habían dejado atrás la ciudad en deterioro, porque el panorama que yacía frente a ellos resultaba ser el mismo, salvo una edificación más moderna aunque éso no interesaba cuando la destrucción se leía en sus cerramientos.
La penumbra revestía todo lo que podía, enseñándoles que la energía eléctrica no circulaba por ningún lugar y donde la población era abundante y próspera, sólo quedaba el susurro del pasado, pues por las calles no se observaba nada más que escombros y materiales derrumbados, sin la presencia, aparente de alguna persona.
- ¿Crees que Tai lo logró? -preguntó Joe a Sora, leyéndose su completa confusión ante lo que veían.
- No... -antes de que la pelirroja pudiese responder, Matt se adelantó a hablar, llamando su atención. -Esto no pudo haberlo hecho un puñado de personas; -volvió su mirada a sus compañeros. -esto lo provocó el Estado.
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¡Chan chan chaaaan! *suena música de suspenso*
¿Qué tal les pareció? ¿Quieren saber qué sucede después? Pos, trataré de no tardarme con la continuación :D así mismo, los invito a que me dejen un comentario con sus críticas, sugerencias y pedidos! Nos leeremos prontamente :3
