Holi :B he vuelto con un capítulo nuevo (?) sin más preámbulos (los divagues están abajo, como siempre)...

ANTES: Les pido que lean la nota al final (está antes de las respuestas) es importante :B

Ahora sí... Sin más preámbulos...

DISCLAIMER: El mismo que el capítulo anterior (?).


Llegó el dichoso sábado. Luka se sentía especialmente animada por ese concierto. Esperaba que sea especial, una oportunidad perfecta para que Miku la note y, quizás, empiece a verla con otros ojos. Faltaban un par de horas para que empiecen a tocar, por lo que estaban ultimando los detalles del sonido y los efectos lumínicos.

La mente de la pelirrosa se hallaba en un punto distante al lugar donde se encontraba, vagando por su pasado. Gracias a Gakupo, su mejor amigo, notó la peligrosa jugada que acababa de hacer. Es cierto, es una oportunidad para hacerse notar, pero también es una oportunidad para arruinarlo todo. La chica era muy conocida en ese bar, no solo por sus presentaciones, sino por sus andanzas y los negocios en los que participaba. Todos los fines de semana ella, hasta hace poco tiempo, iba de "caza" con sus amigos, como ellos le llamaban a sus diferentes conquistas. A veces, simplemente, iban a "firmar", aunque ella se dejó de "firmar" cuando consiguió un puesto estable en el banco. Suspiró, recordando la densa conversación que mantuvo con Gakupo el jueves.

¡En verdad eres idiota, mujer! —bramó el chico, entrando al departamento de ella.

Baja la voz que me duele la cabeza —pidió, sobándose la frente.

Pues te lo mereces, por idiota.

¿Se puede saber por qué estás tan enfadado?

¡Porque lo estás haciendo de nuevo, Luka, ya has pasado los límites! ¡Mil veces te dijimos que no caces a una compañera de colegio y menos aún de trabajo!

Así que es eso —razonó—… Espera —guardó silencio unos segundos— ¿¡Te refieres a Miku!?

¿¡Y a quién más invitaste el sábado!?

¡Pero no es para eso!

¿¡Entonces para qué!? ¡Vamos, dímelo!

¡Yo voy en serio con ella, no la quiero para eso nada más!

Pero no niegas que la quieres para eso —dijo, en un tono de malicia.

¡Ese no es el punto! —la mujer estaba roja, pero no sabía si era de la ira o la vergüenza.

Mira, si nos gritamos no llegaremos a nada.

Me daré un baño.

Y yo asaltaré tu cocina.

Bien.

En mutuo acuerdo, los chicos fueron, cada uno, a hacer lo que tanto anhelaban apenas pisaron ese departamento. En el momento que Gakupo escuchó el azote de la puerta del baño, suspiró, cansado. Su amiga podía llegar a ser muy idiota y más aún si de amor se trataba. Lo único que deseaba era que ella vuelva a ser feliz, al lado de una mujer hecha y derecha, que la valore y que, sobretodo, sea honesta. No quería verla llorar de vuelta ni que termine, esta vez, aún peor que la última. Él recordaba perfectamente la traición que sufrió de parte de su "amada", en ese entonces, novia, que resultó ser una oportunista mentirosa.

Olvidando el pasado unos minutos, se preparó un emparedado de pollo, sin molestarse en calentar la carne. Cuando se sentó, volvió a suspirar. Se revolvió el flequillo, pensando en cómo actuar a partir de ahora, no podía estar cuidando las espaldas de Luka durante toda su vida y tampoco podía esperar que, esta, sea feliz lo que le quede de vida, así que debía asumir la realidad de que, a esa mujer que, ya había sufrido bastante, aún le queda más dolores que afrontar y más sangre que derramar, incluso la suya y la de él. Deseaba ayudarla, como siempre había hecho, pero Luka ya era una mujer, en teoría, madura, aunque aún se comporte como una cría que, amando a una, se mete con todas en pos de olvidar los malos ratos. La mujer debía aprender por sí sola a manejar su vida, sin que ésta sea un caos.

Su línea de pensamientos fue cortada por la presencia de dicha pelirrosa, que tan solo llevaba una bata. Gakupo casi se atraganta con su comida al verla así, por lo que desvió la mirada, avergonzado, no debía mirar así a la mujer que considera su hermana. Aunque eso parecía una tarea imposible, siendo que, la Megurine, presume un cuerpo escultural que cualquier hombre, o mujer, desearía tocar. Por unos instantes, creyó que lo hacía a propósito, pero eso sería demasiado, incluso para ella, si toman en cuenta el lazo que los une y lo que los lleva a permanecer unidos.

Luka —la llamó, sin mirarla—, vístete.

La inglesa lo miró con clara confusión, comprendiendo, segundos después, el motivo de su pedido. Sin poder reprimir la carcajada, se retiró a su habitación, donde se vistió con ropas cómodas. Eligió un pantalón gris y una remera blanca holgada, pensando en el bienestar de la salud mental de su acompañante.

El hombre suspiró cuando ella apareció bien cubierta, agradeciéndolo internamente. Una tenue sonrisa se asomó en sus labios cuando Luka se sentó en frente de él con un vaso de jugo en la mano. En ese momento, todo parecía pacífico.

Luka ¿por qué invitaste a Miku?

Porque quiero —cortó.

Esa no es una respuesta y lo sabes.

No quiero cazarla, quiero que me note, quiero que ella me mire correctamente.

¿Correctamente?

Si ella me mira correctamente, estoy segura que logrará sanarme.

—…

Gakupo, me he vuelto a enamorar.

Esa declaración lo sorprendió, por lo que no pudo evitar hacer un gesto sorpresa, relajándose al instante. Le mostró una gran sonrisa, que, lentamente, se transformó en una risa tenue. Luka lo miraba confusa, sin comprender la reacción de su amigo.

No puedo creerlo ¡Luka Megurine se ha enamorado, de vuelta!

No empieces —masculló.

¡La mujer que odiaba al amor!

Gakupo.

¡La mujer que conquista a todas, pero ninguna la conquista a ella! —rió.

¡Cállate, maldita sea!

El pelimorado rió ante la exasperación de la mujer, que solo lo miraba con el ceño fruncido. Cuando al fin logró tranquilizarse, se sumieron en un pacífico silencio. Ambos estaban muy metidos en sus pensamientos, tanto, que no notaban la hora pasar y, por momentos, olvidaban la existencia de todo aquello que los rodeaba, cada uno, yendo a lugares muy lejanos.

Ambos, remontándose al pasado.

Luka dejó salir un largo suspiro, para luego mirar al hombre que se encontraba sobre el escenario, discutiendo con un chico de lentes. Paseó la vista por el lugar, con un notable gesto de melancolía. Se preguntaba qué tantas fechorías y juegos sucios hizo, concretó y provocó en ese bar, al que tuvo el descaro de invitar a Miku.

De todas maneras, deseaba que ella aparezca.

Mientras tanto, una hiperactiva chica discutía con su novia, fervientemente, en su propia habitación.

— ¡Déjame ir, Rin! —exigió.

—Miku, vas a ese bar y esto se termina aquí.

— ¡No puedes hacerme eso!

— ¡Puedo, claro que puedo, por eso lo hago!

— ¿¡Por qué eres así!? —ella estaba al borde de las lágrimas.

—Es tu culpa por andar detrás de esa inglesa.

— ¡Yo no le ando detrás!

— ¡Pero bien que le das cuerda cuando ella te saluda siquiera!

— ¿Acaso quieres que sea maleducada?

—No, solo sé cortés y ya está ¿qué te cuesta ser menos sociable con ella?

— ¡Y ahora me pides que hable menos con ella! No lo haré.

—Miku, esta relación no tiene sentido.

— ¿Por qué? —la chica sintió miedo.

— ¡Te digo lo que me molesta pero insistes en seguir haciéndolo!

— ¡Por Dios, Rin, te pones celosa sin motivos!

— ¡No estoy celosa de esa mujer! —gritó, roja de la ira.

— ¿Qué otro motivo tendrías para comportarte así? ¡Hasta me ignoras!

— ¡Eres tú la que me ignora, yendo detrás de esa mujer!

—Rin, yo siempre estoy contigo, pendiente de ti —dijo, agachando la cabeza.

— ¿Sabes qué, Miku? Me cansé de esto, te diré lo que haremos —la aludida no levantaba la cabeza—. Si quieres seguir con esta relación, te quedarás aquí esta noche, conmigo. Si prefieres a esa inglesa, ve al bar y si quieres ve a comerte con esa escandalosa —finalizó duramente.

—Me quedaré —susurró, apretando los puños.

—Bien —la rubia se cruzó de brazos, victoriosa.

Miku se acostó en su cama, suspirando. Rin se sentó, observándola detenidamente. Suspiró y, resignada, se acercó a sus labios dándole un suave beso. La peliaqua se sorprendió ante el tacto que tanto anhelaba, correspondiendo al instante, tomándola de la nuca, profundizando el beso, empezando a sentirse excitada. Abrazó a su pequeña novia por la cintura y la acostó encima de ella.

Empezaron a besarse con pasión. Rin debía admitir que Miku logró excitarla instantáneamente, por lo que se dejó llevar. La pequeña rubia disfrutaba de las caricias que su novia le daba. Las manos de la chica estaban inquietas, recorriendo la figura de Rin con devoción. Cuando la chica posó ambas manos en las nalgas de la más pequeña, ésta suspiro de placer, reprimiendo sus gemidos. Miku empezó a masajearla, logrando sacar esos dulces sonidos de la boca de su novia.

Esa noche, ambas se entregaron.


El lunes llegó, dando inicio a otra semana escolar. A partir de ese día, quedaba un mes exacto de clases antes de las vacaciones de verano. Ese día, también, empezaban los exámenes, aunque nadie le daba la debida importancia.

Miku llegó a su salón y, de nuevo, sus compañeros estaban cantando. Esta vez, cantaban canciones animadas con una guitarra eléctrica acompañando sus voces. Ella sonrió, alegre. Se acercó, sintiéndose hechizada por la voz de Luka, que cantaba fervientemente, acompañada de sus dos amigos.

—Buen día —saludó una vez que terminaron de cantar.

— ¡Buen día! —la menor sonrió.

—No has ido el sábado —comentó, algo desilusionada.

—Sí, lo siento, no me dieron permiso, al final —admitió, apenada.

—Está bien, no hay problema.

Sintió la mirada acusadora de Rin sobre ella, así que, se despidió rápidamente y se dirigió a su lugar, saludando a su novia. Las cosas parecían empezar a tomar su rumbo, después de que ambas se hayan entregado mutuamente. Ella le sonrió, recibiendo una pequeña sonrisa en respuesta. Se sintió feliz de vuelta, recordando con fuego la noche que había compartido con su bella novia.

Cuando el docente ingresó, todos se vieron obligados a tomar sus respectivos asientos. Luka se sentó pesadamente, sin saber cómo sentirse sobre la ausencia de Miku el sábado pasado. De cierta forma lo agradecía, porque todas las personas con las que firmaba parecían haberse puesto de acuerdo para aparecer ese día, deseando concretar más negocios sucios, solicitando préstamos, beneficios del banco, a través de ella, y le insistían, como siempre hicieron, para que los ayude en el negocio del narcotráfico. Por su propio bienestar y seguridad, nunca se metió en esas cosas, aunque la tentación era muy grande. Por otro lado, se sentía mal, saber que ella, a pesar de haber aceptado su invitación, no se presentó al lugar. Miles de posibilidades se cruzaban por su cabeza rosa, una peor que la otra. No quería imaginar que la chica esté comprometida con alguien, tampoco quería pensar que estaba interesada en alguien más y que prefirió salir con esa persona antes que con ella. No tiene sentido hacer tales suposiciones, si no sabe nada sobre ella. Y por ese mismo motivo, las tiene de todas para hacer las mismas suposiciones que tanto le aterran.

La posibilidad del rechazo existía, incrustando la daga de la duda en su corazón, empezando a hacer daño. Luka siempre le sacaba lo negativo a todo, para ella, es imposible verle un lado bueno, como si todo, siempre, ocurriera para su desgracia. Sin embargo, no se dejaba llevar, en la mayoría de los casos, por sus pensamientos, haciendo siempre, lo contrario a lo que su mente dictaba. Era totalmente desgastante enfrentarse a sus miedos cada día de su vida, pero debía hacerlo y lo tiene bien en claro.

Los días pasaban, generando distintos sentimientos para las dos chicas que se encontraban tan cercanas pero tan distantes a la vez.

Desde que Miku y Rin se entregaron, después de meses de sequía, las cosas entre ellas habían mejorado, en cierta forma. La rubia empezó a bajar sus niveles de hostilidad, cosa que su novia notaba en cada mirada, llenándola de alegría. Rin estaba recuperando el terreno que había perdido en el corazón de la chica, pero tenía la tarea muy difícil, ya que las cartas seguían llegando, planeando por el salón, robándole sonrisas y suspiros a su novia. Ella no le quitaba un ojo encima a la inglesa, que no perdía ninguna oportunidad para intercambian tanto miradas como palabras con la Hatsune, que siempre respondía de lo más gustosa, provocando el enfado de Rin.

Se puede decir que, actualmente, su relación es como una montaña rusa. Cada día era diferente. Ya había pasado otra semana, donde se habían peleado, hiriéndose. Así como se habían reconciliado, intentando reparar el daño hecho, fallando en el intento. Ambas sabían que el desgaste que sufrían cada día de su relación era enorme. Mientras que Rin empezaba a frustrarse, Miku intentaba hacer todo bien, siempre, forzando situaciones, sin importarle que se esté hiriendo en el proceso.

Para ella, Rin lo valía todo.

Luka empezaba a desesperarse. Sentía que su corazón dolía cada vez que veía a Miku y no podía abrazarla, decirle lo hermosa que se veía, lo loca que estaba por ella. Suspiró pesadamente, ese día le enviaría un poema y, a la hora del almuerzo, se declararía. Sí, ella tomó su decisión y que sea lo que deba ser. Solo le quedaba esperar el mejor resultado. A pesar de riesgo que corría, de lo difíciles que las cosas puedan llegar a ser.

Partiéndose la cabeza, logró recordar un poema de Safo de Lesbos. Arrancó una hoja y, con la letra más elegante posible, terminó las estrofas, que le parecían correctas, precisas, fue como plasmar su alma en el papel. Con cuidado, hizo un bello avión de papel y, bajo la atenta mirada de sus compañeros, lanzó al avión.

Con el corazón latiéndole a mil por hora, observó el trayecto irregular del avión. Cuando parecía que se dirigía al asiento de su objetivo, tomó otro rumbo, tan solo unos grados aumentó su ángulo de caída, pasando a la altura de la cabeza de su destino y… Cayendo en el pupitre de al lado, que era, justamente, el de Rin.

Luka quiso arrancarse los pelos, de todas las personas del salón, justo ella lo tomó, de todos los asientos del salón, justo a ese se dirigió el maldito origami. Desesperada, escribió "Dáselo a Miku por favor". Miró a la rubia, expectante, pero la enana aún no se dignaba a voltear. Rin sabía perfectamente que fue ella, aunque, esta vez, le salió bastante mal. Miró a Miku, que la miraba atentamente desde hace unos segundos, luego, miró el origami. Ambas voltearon, descubriendo a Luka con el cuaderno en la mano, que tenía escrita precisamente esa frase.

Dejó salir un jadeo de la sorpresa. Gakupo miró la escena, con algo de miedo. En un impulso, Luka lanzó el cuaderno por la cabeza de su amigo, que chilló de dolor, generando una risa colectiva y llamando la atención de los que no estaban al tanto.

— ¡Maldita! —bramó el hombre.

— ¿Qué está pasando? —volteó, la profesora de Literatura.

La pelirrosa se sentía desfallecer, mirando a Miku con los ojos desmesuradamente abiertos, viéndose descubierta. Miku la miraba de igual manera, negándose a aceptar lo que acaba de descubrir en un descuido de su admiradora.

—Pasa que al fin han descubierto a Luka —comentó Piko, algunos rieron.

—Es decir, a la forastera le gusta Miku —canturreó una chica.

— ¡Cállate! —bramó la mujer, roja de la vergüenza.

—Así es—en ese momento, Rin se levanta—. Ella ha lanzado esta nota a Miku, profesora.

Todos miraron con sorpresa la forma tan cruel en la que Rin estaba actuando, entregándole esa nota a la profesora, que miró el avión con suma curiosidad. La pobre chica inglesa tuvo unas ganas inmensas de llorar, gritar y zapatear. Apenada, agachó la cabeza, maldiciendo su suerte. Miku seguía mirándola, atónica. La profesora abrió el papel y sonrió ante el escrito, identificando el poema.

—Así que —comenzó, con la voz suave— Safo de Lesbos ¿Eh?

—Sí —dijo la poeta, con la voz temblando.

—Bien —la profesora carraspeó—, si me permite —Luka ni se inmutó—, empiezo.

Tomó aire y, entonando la voz adecuada para recitar poesía, empezó.

"Si, muertos los jardines, te asomaras
por los agrietamientos en el muro,
recobraría su color más puro
cada devastación que contemplaras.

Y si al pie de los álamos hallaras
mirlos y alondras que desmán oscuro
cortó las alas, por gentil conjuro
de tu tacto y tu voz las renovaras.

Mira que soy mujer atribulada,
vida marchita y alma desalada,
aspirando al prodigio de tu abrazo.

Ven sobre mí, mujer, blando oleaje
suave alborada, brisa en el ramaje,
y adormézcame el sol en tu regazo".

Todos se sintieron tocados por los versos escritos en el papel. La profesora volvió a formar un avión de papel y se lo entregó a Miku, con una tenue sonrisa.

—Es un amor muy bello ¿no te parece? —comentó, recibiendo un asentimiento como respuesta de parte de la sonrojada chica.

La chica de coletas guardó el avión en su mochila, sin deshacer su forma. Y, como si nada hubiese ocurrido, siguió copiando los ejercicios que la profesora escribió en la pizarra. La misma, parpadeó un par de veces, esperando ver una escena romántica entre las dos chicas, pero ésta nunca llegó. Observó a Luka, que tenía el rostro escondido entre sus manos, con la cabeza agachada. La miró con pena e, imitando la actitud de Miku, continuó con la clase, como si nada hubiese ocurrido.

Los integrantes del curso murmuraban cosas entre ellos, desilusionados. Todos esperaban una dramática declaración, algunas lágrimas y, finalmente, un beso apasionado, como en una telenovela mexicana. No notaban que el alma de Luka se quebraba cada segundo que pasaba. Gakupo miraba a su amiga, preocupado, pero sabía que en ese momento no podía hacer nada para ayudarla.

Las horas pasaban lentamente para ambas chicas. Por un lado, Miku se hallaba totalmente confusa y angustiada. Luka terminó siendo esa admiradora tan romántica, declarándose en cada nota enviada. Ahí, ella logró comprender la amabilidad de la inglesa, sus ganas de hablarle, el querer almorzar juntas. Todo cobraba sentido para ella en esos momentos, pero solo quedó un panorama sombrío, ya tenía un compromiso y no haría nada estúpido.

Por otro lado, la mujer tenía un revoltijo de emociones indescifrables en su corazón. Entre la rabia, la impotencia, la vergüenza y la decepción, no sabía cuál de ellas gritaba más fuerte. Ella solo deseaba llorar y desaparecer. Deseaba también, desesperadamente, que Miku voltee, corra a sus brazos y le diga que todo estará bien. Llevaba una constante agonía, con la daga de la duda penetrando su corazón. Ahora, esta daga se había convertido en la del rechazo, traspasándolo totalmente, abriendo viejas heridas y, trayendo consigo, desagradables sensaciones. La forma cruel en que Rin había pisoteado sus sentimientos la forma en que la mujer que había amado la engañó y se burló de ella, el silencio de Rin le recordó la indiferencia con la que su padre la trataba y la forma en que sus amigos se callaban ante las injusticias que padecía en su pueblo. El predicho rechazo de Miku le recordaba lo sola que en verdad se encontraba, lejos de su tierra, de su campo, de su pueblo. Lejos de la tierra en la que sus padres derramaron su sangre, sin la compañía y el apoyo de su hermano, el pequeño trozo de familia que le quedaba. Lentamente, caía en cuenta de lo idiota que había sido, sintiendo el estrés y la presión concentrarse en su espalda. Tantas sensaciones le trajeron el dolor al lado derecho de su cuerpo. Sentía que su pierna se quedaba tiesa y sus costillas empezaban a doler, como si alguien estuviese dándole fuertes golpes con una vara de hierro.

Decidió cortar su línea de pensamientos, suspirando. Miró al frente, notando que se había retrasado bastante, la profesora, ya hasta estaba explicando los contenidos. Se revolvió los cabellos y empezó a copiar los ejercicios, sin escuchar lo que decía la docente.

A la hora del almuerzo, sintió a sus hombros tensarse. Notó que Miku se levantó rápidamente, por lo que se alarmó, deseaba aclarar las cosas con ella.

— ¡Miku, espera! —rogó, pero la chica no se detuvo.

La linda chica salió del salón a paso apresurado, con su par de amigas siguiéndole los pasos. No quería afrontarla, darle la cara, escuchar sus palabras. No sabría manejar la situación en esos momentos en que su corazón estaba muy vulnerable y confundido. Se debatía internamente sobre quién se encontraba habitando en él en esos momentos, quién pisaba más fuerte. Tenía a dos chicas luchando por tomar su corazón, aunque una de ellas corría el enorme riesgo de perder la batalla, a pesar de que, supuestamente, es la dueña de su corazón. Después de su descubrimiento, ya no estaba muy segura de eso.

Mientras que su mente aún no lo aceptaba, creyéndolo imposible, su corazón latía con fuerza, emocionado, deseoso de salir de ella para encontrarse con el corazón de Luka, intercambiando sentimientos, sabiéndose correspondido. Pero Miku deseaba que sea el corazón de Rin el que salga a su encuentro, ya que, la enana, es su amada novia, a pesar de todos los malos ratos que estaban pasando. Después de todo, las parejas siempre tienen sus épocas tormentosas ¿No?

Llegaron junto a sus amigos y, Miku, sin lograr ocultar lo angustiada que se sentía, se mantuvo en silencio durante todo el almuerzo. Rin hablaba con Kaito, muy animada, pero Miku ignoraba eso, ignoraba a todos, cayendo en cuenta del daño que se hacía a ella misma y que le hacía a Luka estando lejos de ella, rechazando sus sentimientos a causa de su novia.

Después del almuerzo y durante las horas de clases que quedaban, Miku se vio obligada a fingir que no le interesaba para nada el estado de Luka, hiriendo el corazón de la mujer y el de ella misma. Se debía tragar las ganas de abrazarla y reconfortarla, pero no podía hacer eso, no después de haberse entregado a su novia, fortaleciendo su lazo.


Al día siguiente, Luka se levantó con el peor de los ánimos. Mientras se preparaba para ir al colegio, sentía el peso de la soledad sobre sus hombros, que parecían querer romperse. Mantuvo apagadas la gran mayoría de las luces de su departamento, encendiendo solo las necesarias para vestirse y tomar su desayuno, en total silencio, ni siquiera puso música. Lentamente, se retiró de su departamento, cargando un bolso con su uniforme de trabajo y una mochila con los útiles escolares. Llegó al estacionamiento y, con pereza, guardó sus cosas para dirigirse al lugar donde vería a la bella Miku.

Luka se había enamorado y lo sabía. Estaba siendo herida, de vuelta, y lo sabía. Pero no le interesaba, ella lucharía por el amor de la pequeña, la dueña de sus pensamientos, la luz de todos sus días. Agradecía enormemente el haberla conocido. Sabía que las cosas no serían fáciles, por lo que trataba de darse fuerzas de alguna manera, buscando desesperadamente la valentía que necesitaba para volver a lanzarse al vacío, esperando alcanzar a Miku, o ser sostenida por ella.

Conducía tranquilamente por las calles de Tokio, cruzando la ciudad. Odiaba el tránsito de ese lugar y la sobrepoblación que padecía. En esos momentos, extrañaba su pueblo y su usual tranquilidad, con sus apenas 4mil habitantes. Suspiró audiblemente, observando la bandera de Inglaterra que colgaba de su retrovisor. Acarició el colgante, añorando su patria.

Llegó al complejo escolar, ingresando en él hasta su salón. Su corazón debatía entre los deseos de ver a su querida y la negación a cruzar miradas con ella, sabiendo que ella la evitaba, viviendo el rechazo, más aún, sintiéndola.

Ingresó y vio a Miku sentada en su lugar. Eso le pareció ligeramente curioso, la peliaqua siempre llega después de ella. Al lado de ella, se encontraba Rin, hablando con la otra enana rubia. Luka se quedó mirando a la chica, deseando que le regale una mirada. Pero no lo hizo. Suspiró, resignada, y se dirigió a su lugar, saludando a sus amigos, que la miraron preocupados.

—Deberías pedirle para hablar, forastera —dijo Piko, observando la espalda de Miku.

—Lo intenté ayer.

—Ve a pedírselo ahora —dijo Meiko, los chicos asintieron.

Inspiró profundamente y, temblando, insegura, nerviosa, se acercó a Miku. Se paró detrás de ella, pensando en qué palabras utilizar. Se decidió por las más simples, pedirle unos minutos para hablar no debía ser tan difícil, era una simple frase para saber si ella la odiaba, era homofóbica o simplemente no la correspondía porque no.

—Miku —la llamó, con la voz temblorosa.

— ¿Sí? —la aludida volteó, sin mirarla a los ojos.

— ¿Podemos hablar un momento? —la inglesa mantenía los puños apretados.

—…

—Miku, por favor.

—No lo sé —susurró.

—Solo quiero aclarar las cosas, no soporto que estemos así.

—No hay nada de aclarar —se escuchó la voz de Rin.

—No estoy hablando contigo —respondió, dura.

—No me interesa, deja a Miku en paz, ella no quiere hablar contigo.

—Si Miku quiere que me retire, que lo diga ella, a ti no te escucharé, idiota.

—Miku, cariño, dile a esta mujer que deje de interferir entre nosotras —dijo Rin, con malicia, acariciando la espalda de la aludida.

— ¿Nosotras? —preguntó la pelirrosa, temiendo lo peor.

—Así es, buscona, deja en paz a MI novia —dijo, resaltando el posesivo.

— ¿Qué? —tartamudeó, los alumnos estaban sorprendidos, murmurando.

— ¿No me crees?

Rin sonrió, perversa, y tomando el rostro de Miku, le plantó un profundo beso en los labios. La mujer abrió los ojos desmesuradamente, atónica, sin poder creer lo que veía en esos mismos momentos. Se sintió profundamente herida, humillada y rechazada. Una gran expresión de dolor se asomó en su rostro, formando un fuerte nudo en su garganta. Agachó la cabeza y, sin poder soportarlo más, salió corriendo.

La Kagamine miró el camino tomado por la inglesa, sonriendo satisfecha, triunfante. Miró a su novia y acarició su rostro. Ésta, no le devolvió la mirada, ni el beso, ni la caricia. Estaba tan atónica como la Megurine, sin poder creer lo que su novia acababa de hacer. Más rabia le daba saber que acababa de hacerle un enorme daño al corazón de la chica que le gustaba. Quiso darle una tremenda bofetada en esos momentos, pero se contuvo, no quería armar un gran escándalo a tan tempranas horas de la mañana.

Meiko se quedó tanto estática como incrédula ante lo que veía. Primero, su amiga siendo humillada y herida por una enana idiota. Segundo, la enana idiota riendo de los sentimientos genuinos de su amiga, demostrando, lo perra que puede llegar a ser. Con suma rabia y, sin siquiera tratar de contenerse, corrió hasta Rin, lanzándose encima de ella, al tiempo que le asestaba un puño directo al rostro.

— ¡Maldita perra! —bramó, una vez que la lanzó al piso.

Meiko empezó a golpear el rostro de la rubia, haciendo gala de su fuerza. La enana no podía defenderse, totalmente abrumada por la brutalidad en que era golpeada por la chica de cabellos cortos. Intentó zafarse, pero su agresora solo aplicó más fuerza a sus golpes.

— ¡Sakine-san, detente! —rogó Miku, sin saber qué hacer.

— ¡Esta perra se merece ser molida a golpes! ¡Por estúpida!

— ¡Meiko, detente! —Gakupo, Kiyoteru y Piko se acercaron.

Los tres chicos sostuvieron a la colérica castaña mientras que SeeU y Haku ayudaron a Rin a ponerse de pie. La enana tenía el rostro ensangrentado, estaba jadeante, mareada. Miku la miró con miedo, sin estar segura de qué hacer, cómo actuar. Se acercó a ella y quiso abrazarla. Rin la empujó con fuerza, tirándola al piso.

— ¡Todo esto es tu culpa! —le gritó con odio, la chica sintió miedo.

—Lo siento —susurró, dejando salir varias lágrimas.

— ¡Te odio! —le gritó.

Miku se sorprendió, sintiéndose sumamente herida por las palabras de su novia. Agachó la cabeza, llorando. A Rin no le interesó el estado de su novia, por lo que emprendió camino a la enfermería, importándole un comino el resto del mundo. Llegando ahí, la enfermera la miró preocupada. Ella hizo caso omiso a su preocupación, explicándole lo que pasó sin darle muchos detalles.

Luka se encontraba en la azotea del edificio, mirando el cielo, con lágrimas corriendo por su rostro. Se sentía la mujer más desdichada del mundo. Vio cómo las posibilidades de ser correspondida por Miku se esfumaban frente a sus ojos gracias a esa relación secreta que mantenía con la persona más amargada e insoportable que pudo conocer en su vida. Ella no comprendía cómo alguien tan alegre y agradable como la dulce chica de coletas podía estar con una chica que odiaba al mundo que ella amaba. Simplemente no comprendía cómo podía besar sus labios, tomar su mano, rodearla con sus brazos, tal como ella deseaba ser rodeada en ese preciso instante por los finos y femeninos brazos de la dueña de todos sus pensamientos. La inglesa dejaba escapar varios sollozos, sintiéndose, de vuelta, tan sola como se sintió el día anterior, como se sintió cuando acababa de llegar al país nipón. Se sentía cada vez más insignificante, más ignorada. La distancia que la separa de la chica era cada vez más grande, siendo así, imposible de alcanzar. Luka sentía que perdía la fuerza necesaria para seguir manteniéndose en pie. Ya no quería sonreír, ni siquiera quería intentar seguir manteniendo su estatus social. No, no le interesaba nada más que ser vista por Miku, que le entregue su amor, dándole toda la felicidad y el cariño que necesita.

Ella no comprendía cómo pudo enamorarse tan rápidamente de ella, que ni siquiera estaba consciente de sus sentimientos. Eso, simplemente, no tenía sentido, era tan incoherente e insensato, que habrá sido estúpida para pensar que sería posible que esa chica corresponda a sus sentimientos, porque no lo hace y nunca lo hará. Ella quería luchar una batalla que perdió inclusive antes de comenzar. Se metió en terreno minado, siendo destrozada y vilmente expulsada por quien parecía dominar a la Hatsune. Le dio asco la forma en que ella se dirigió a su propia novia. La falta de tacto, de cariño, de palabras bonitas en su tratar diario le revolvía el estómago, siendo que, ella, moría por darle a ella todo el amor del mundo, todo el cariño que su corazón podría llegar a generar, entregándose a ella completamente. De vuelta, no sabía qué hacer. La mujer sabía muy bien que ella no era feliz al lado de tan amargada persona. Sabía también que podía hacer algo, arrebatarle a Rin lo que ella proclama como suyo, aunque en verdad, no es así. Era algo muy arriesgado y sería muy doloroso, por lo que no lograba tomar una decisión concreta.

Después de pensar unos minutos, decidió retirarse del colegio. No le importó la posible amonestación que tendría por fugarse, así que se dirigió a su vehículo para emprender camino a las calles de la ciudad capital. Envió un mensaje a Gakupo, pidiéndole que guarde su bolso, lo pasaría a recoger de su casa, por la noche.

Gakupo recibió el mensaje y, con preocupación, le envió una respuesta. Tomó el bolso, poniéndolo al lado del suyo, para no olvidarlo. Miró a Meiko, que se había quedado con las ganas de matar a la Kagamine. Suspiró resignado, pensando en qué camino tomarían ahora las cosas. Todo parecía muy difícil y sabía que para su amiga, sería peor. Observó que Meiko ayudaba a Miku, esperando que tenga algún tipo de plan para juntarla con su amiga. Ambas chicas se quedaron hablando seriamente hasta que el docente ingresó. Minutos después, llamaron a la castaña para una entrevista. Todos sabían que eso ocurriría, así que nadie se mostró sorprendido.

Casi al término de la clase de Química, las dos amonestadas entraron por la puerta con auras asesinas a su alrededor. Rin tenía algunos vendajes en el rostro. Se sentó al lado de su chica sin dignarse a mirarla, deseando que ella no le dirija la palabra. Para alegría suya, ella no lo hizo en ese momento ni en lo que quedó de jornada escolar. Ese día, la peliaqua no almorzó con ella ni con sus amigos, yendo a desahogar sus penas en la azotea del colegio.


JEJEJEJEJEJEJEJEJEJEJE (?) XD

NOTA IMPORTANTE: Tenshinokira me preguntó si habrá otra pareja yuri. En principio no pero me parece una buena idea. Hay mención del GumixLily, si bien tendrán más protagonismo más adelante, no pensaba mostrarlas tanto como pareja. Tengo planes de hacer un KaitoxMeiko, pero no es yuri así que no cuenta (?) estas son las ideas vagas que tengo:

*RinxSeeU

*RinxMiki

*MeikoxMiki (?)

*HakuxNeru (Neru aún no aparece, pero ya lo hará xd)

*Varias (digan cuáles :B)

Bien, eso es todo...

Comprenderé perfectamente si me gano el odio de alguien por alguna de estas cosas (?), pero ES TAN DIVERTIDO XD, créanme, será peor... Espero, no puedo continuar los cap por mis estudios D: pero ya veré para encontrar algún hueco y avanzar más :v

Gracias a Chikane-san (todo es su culpa(?)), decidí adelantar un poco el pasado de Luka, de hecho, me parecía que el fic avanzaba lento así que lo junté todo acá y ya se empiezan a ver las sombras de Luka :B

¡EL RINCÓN DE LAS RESPUESTAS!

TENSHINOKIRA: ¡Hola! Creo que ahora también vas a querer golpearme (?) o quizás no, quizás sí, depende xD. Yo también tengo un más grande y estoy ensayando con este, como para tantear el terreno :v. Y sí, lo disfruto en general, verlas sufrir es tan placentero (?). Bueno, prefiero el LukaxRin ya que en el MikuxRin no se entiende quién es la neko xDD. Si Rin será perra o no lo dejo a tu criterio, creo que ya tendrás una idea con este cap xd. Bueno, el romanticismo de Luka no se relaciona con su nacionalidad xD eso tiene otro motivo que será revelado más adelante. En principio no habrá otra pareja, pero es una buena idea e,e. Listo, respondida xD ¡Espero que te haya gustado el cap!

Dianis Mar: Gracias T-T de hecho, no quiero dejar sola a Rin xD así que te agradecería que me digas cuál pareja prefieres para ella porque en un principio se queda sola xD pero ahora me da pena (?) en fin ¡Muchas gracias por tu review y espero que te guste el cap!

Himemiya: Gracias por tus palabras T-T Bueno, creo que ahora odiarás más a Rin :v pobre, genero odio contra ella. De hecho, es el modelo de novia celosa y posesiva que quiero proyectar sin motivo aparente (?) ¡Espero que te siga gustando (?) XD y gracias por comentar!

Megurine Chikane: Siento que me odiarás y me buscarás con una pistola para matarme :B ¡El drama es genial! Y sí, esto se retorcerá, de hecho, ya lo está haciendo e,e. Y después se pone peor, tengo una lluvia de ideas impresionantes y es demasiado genial (?) xD bueno, ahora ya viste una parte, después verás el resto (?) ¡Saludos y espero que te guste el cap!

Vixo: Bueno, ahora no sé quién te dará pena xD ¡Pero todo sea por el negitoro aunque ahora mismo parezca imposible! Justo por pena, no quiero dejarle sola a Rin xD no es mala, solo... Ya lo sabrás más adelante (?) en fin ¡Gracias por comentar y espero que te guste el cap!

¡Muchas gracias a todos por leer, seguir y los favoritos! Espero que les haya gustado el capítulo :3