*suena el teléfono*

-Buenas noches ¿delivery de fics?

-Sí ¿en qué puedo servirle?

- ¡Pedí mi capítulo hace una semana!

- *tututututututututu*

:v

DISCLAIMER: Vocaloid no me pertenece... Y todo eso (?)


Al siguiente día de jornada escolar, Luka se ausentó. Miku miraba con preocupación el lugar vacío de la inglesa, sintiéndose sumamente culpable por su huida. No lograba disimular su malestar general, que todos sus compañeros comprendían, cualquiera se sentiría mal si tiene a la Kagamine por novia. Hasta sus compañeros del club de natación notaron su mal estado, pero prefirieron callar, por miedo a tocar sus fibras sensibles y hacerla sentir aún peor. En su casa, su madre estaba al tanto de la situación, recomendó a su hija que termine esa relación, después de todo, Rin no le agradaba para nada y menos aún al saber el daño que le hacía a su hija.

Gumi, a pesar de una dulce y despreocupada chica, sentía que odiaba a la rubia, la quería golpear tal como Meiko lo hizo. A la hora del almuerzo, pasó por el curso de Miku para almorzar con ella, no quería estar con sus amigos, que estarían con Rin. Apenas llegó al salón, tomó a Miku de la muñeca y la estiró fuera de ahí, dirigiéndose hacia la cancha de césped sintético. Se sentaron en las graderías y, luego de comer todos sus alimentos, Gumi empezó su análisis.

—Miku ¿Cómo te sientes?

—Mal, Gumi-chan, no sé qué hacer —agachó la cabeza

—Ya sabes lo que pienso —mostró una sonrisa triste.

—Lo sé, pero las cosas están mejorando ahora —defendió, sonrojada.

—Miku, no te ates a ella, de vuelta, solo porque tuvieron relaciones.

— ¡No lo digas tan ligeramente! —se exaltó, avergonzada.

—Lo siento —dijo, riendo—, pero debes buscar tu felicidad.

—Ella es mi felicidad.

—No, ella no te hace feliz y lo sabes.

— ¡La amo!

—Ayer me dijiste que Megurine-san te gusta, si en verdad amaras a Rin, eso no ocurriría.

—…

—Tú no la amas, quizás la quieres, pero no es amor. Además, ella te hace sufrir, no es así como tu novia debería hacerte sentir. Yo me siento muy feliz cuando estoy con Lily e incluso cuando no estoy con ella, quiero lo mismo para ti, una chica que te ame y te haga sonreír.

—Yo quiero que Rin sea esa chica —susurró, con la cabeza gacha.

—Pero no lo es —Gumi mostró una sonrisa triste—, debes pensarlo.

—Tengo la esperanza de que ella me ame, de vuelta.

—Miku…

—Gumi, compréndeme, ella es mi novia.

—No te sientas obligada a estar con ella, ponte a ti primero, piensa en tu verdadera felicidad.

—Está bien, prometo pensarlo —sonrió, agradecida.

Gumi sonrió de igual manera, satisfecha, esperando que llegue el momento en que su amiga tome una decisión favorable para la inglesa, esa mujer era su favorita y, ante sus ojos, sería la pareja perfecta para la hiperactiva peliaqua. Sabía que los sentimientos de su amiga eran más fuertes de lo que admitía, por lo que esperaba un resultado positivo para ambas. Cuando el timbre sonó, se levantaron con pereza, dirigiéndose a sus respectivos salones.

Miku ingresó a su curso, cruzando miradas con Rin. La pequeña la miró, apenada, recibiendo una mirada confusa como respuesta. En ese mismo instante, el docente ingresó, impidiendo a Miku averiguar a qué se debía tal mirada de parte de su seria chica, que parecía bastante ida durante las clases, a pesar de estar mirando al profesor atentamente durante su explicación

Lo que Miku no sabía era que su novia había soportado un largo sermón de parte de su grupo de amigos. Rin se hallaba metida en sus pensamientos, recordando todas y cada una de las palabras de SeeU y Lily, que la regañaron fervientemente por su actitud en cuanto a la situación con Luka.

Rin y su grupo de amigos, exceptuando a Gumi y Miku, se hallaba inmerso en el silencio, extrañando la presencia de cierta enana muy alegre y su divertida amiga. Lily y SeeU se sentían sumamente frustradas por la situación insostenible de la rubia y la pequeña de coletas. Ambas sabían que SeeU tenía razón al decir que se hacían daño y ya no debían estar juntas, pero, como ambas conocían perfectamente a Rin, sabían que eso le haría un gran daño ya que, a pesar de sus actitudes, quería a su chica. Aún recordaban cómo se había alegrado al momento que la chica se le declaró. Rin pensaba que nadie nunca sería de capaz de amarla, siendo éste, un tema muy triste y delicado para la rubia, cosa que cambió cuando Miku apareció en su vida y decidió entregarle ese amor que tanto anhelaba, que creía imposible para ella.

Lastimosamente, las cosas entre ellas salían bastante mal. A pesar de que Miku hacía su mejor esfuerzo, a Rin no le agradaban algunas actitudes de ella. Como la Hatsune era su primera pareja, pensaba que el amor solo necesitaba eso, amor. A la fuerza, comprendió que eso no era así, que el amor era una cosa extraña y compleja, para la que no se sentía debidamente preparada. Comprendió que, para amar, debes saber aceptar los errores de tu pareja, sus defectos, que no todo será perfecto por siempre y que, una vez pasado el enamoramiento, debía elegir si amar o no a su pareja. Como aún no sabía controlar sus emociones, eligió no amarla, contra su voluntad, pero era el camino que su rebelde corazón había escogido. Eso no quería decir que no sienta nada por ella. La Kagamine hacía un esfuerzo por amar a su novia, a pesar de ser una cargosa, cursi y bastante hiperactiva. Odiaba que sea así, pero sabía que su querida novia no cambiaría su forma de ser por caprichos suyos.

Rin, escúchanos —exigió SeeU, al ver que la aludida estaba muy distraída.

Sí, lo siento —dijo.

Rin, no puedes seguir siendo así con Miku ¡O sino la inglesa te la quitará! ¿Acaso quieres eso? —recriminó Lily.

Por favor, Miku ya está muy enganchada con ella —masculló con odio.

Eso es lo que tú crees, aún puedes recuperarla e impedir que se vaya de tu lado, solo si tú en verdad lo deseas y estás dispuesta a perder tu orgullo.

¡Jamás!

Rin, si sigues así tu relación acabará —aportó Len.

—…

Estás haciendo daño a Miku y lo sabes. Ella se siente devastada por tu forma tan cruel y fría de ser con ella. Sabes que ella es una chica muy cariñosa y tú andas por la vida rechazándola, siendo que ella es tu novia. No haces nada porque se sienta feliz contigo.

El sermón prosiguió, cosa que molestaba de sobremanera a la rubia. Agradeció enormemente el momento en que el timbre sonó, liberándola del regaño.

Rin pensaba en qué podía hacer en cuanto a su relación. Se debatía entre terminarla o continuar con eso. Sabía que la situación era insostenible para ambas, que se hacía daño a sí misma e inclusive a su pareja. No le interesaba que la inglesa pueda llegar a sentirse herida, para Rin, esa mujer se merecía todo el sufrimiento del mundo solo por haberse atrevido a acercarse a su novia.

En los últimos días, ambas intentaban llevarse mejor, pero terminaban chocando, sin llegar a comprenderse una a la otra. Los momentos que todo era pacífico, se veían rotos por la efusividad el cariño de la peliaqua, que incomodaba a la rubia, que tan acostumbrada estaba a vivir sin el cariño y el calor algún ser querido, de hecho, tanto ella como su gemelo tenían ese mismo comportamiento, acostumbrados a valerse de sí mismos, siendo totalmente independientes. Ella no sabía que esas actitudes eran las que alejaba a la Hatsune de ella, que tanto deseaba estar a su lado y brindarle todo ese cariño que le fue negado durante sus años de vida.

Cuando sonó el timbre de la salida, la pareja se quedó estática, ninguna de las dos se atrevía a dar paso alguno entre ellas. Finalmente, Miku decidió salir corriendo de ahí, sin dignarse a mirarla. Se dirigió a la piscina del complejo educativo, dispuesta a limpiar sus sentimientos con el agua fría del lugar, liberando la tensión a través de sus brazadas. Ella amaba el agua, la envidiaba, porque tenía una fuerza incontrolable y era totalmente libre, pudiendo viajar a través de los lugares más recónditos del mundo, arrasando con todo. La chica siempre quise ser como el agua, pero sabía que lo lograría, era demasiado sensible como para pretender llegar a ese nivel. En su corazón, sabía que amaría a alguien tan fuerte como el agua, con una mirada tan profunda como el océano, que sea libre como las corrientes de los ríos, sintiéndose libre de nadar por ellas, perdiéndose en su constitución.

Se adentró a la piscina de un clavado, quince minutos antes de empezar la clase. Empezó a nadar lentamente, dejándose lavar por la fluidez de las ondas acuáticas. De cierta manera, los ojos de Luka le recordaban al agua, con esa mirada profunda y ese color similar al cielo que refleja el océano.

Después de unos minutos, se sentó al borde, metiendo sus piernas en el agua. Paseaba la mirada por el recinto, mirando las graderías y los reflectores, perdida en sus pensamientos. El pitido del silbato la hizo salirse de su mundo de un susto y, luego de soltar todo el aire que contuvo sin notarlo, se adentró a la piscina, de vuelta, dispuesta a dar todo de sí durante el entrenamiento.

Al finalizar el mismo, se acercó a ella una chica de segundo curso, curiosa por el estado de su senpai, que siempre fue una chica muy alegre y, actualmente, estaba muy apagada, con un semblante algo melancólico y decepcionado en todo momento, como si la enorme carga que lleva no se desprende de ella en ningún momento.

—Hatsune-san —la llamó, siguiéndola a los vestidores— ¿cómo te encuentras?

—Bien ¿Y tú, Neru-chan? —sonrió.

—Bien —la miró unos segundos—, creo que estás mintiendo.

— ¿Eh?

—No estás bien —aseguró.

—Claro que sí ¿por qué no lo estaría? —dijo, ocultando sus tristes ojos tras sus párpados.

—No sé qué pasa, tampoco te pido que me lo digas, solo quiero que sepas que cuentas conmigo, si deseas hablar —sonrió.

—Gracias —susurró.

La pequeña chica le dedicó una sonrisa angelical, reconfortando a su senpai, que le devolvió el gesto. Ella sabía que tenía razón, sin embargo, no sabía qué hacer al respecto, debía tomar una rápida decisión, sintiéndose sumamente aturdida cada vez que pensaba en el par de chicas que habitaban su corazón en esos momentos.

Esa noche, la pequeña lloró, desesperada, sumida en la confusión. Gracias al terrible dolor de cabeza con el que se despertó, su madre la obligó a quedar en casa a descansar, ya que no había dormido nada la noche anterior por estar llorando y analizando su situación tanto con Rin como con Luka.

Mientras tanto, en el instituto, Luka llegó a su hora acostumbrada. Se dirigió al salón con el corazón latiéndole con fiereza. Sabía que Miku aún no se encontraba a esa hora, pero esperaba verla en, a más tardar, quince minutos. No estaba segura sobre qué hacer o cómo actuar luego de los acontecimientos del miércoles. La chica era reacia ante todo tipo de conversación a causa de su novia. Ella sabía perfectamente que Rin era la gran muralla que las separaba. Conocía el obstáculo, pero no sabía superarlo. No quería utilizar sus sucios métodos de seducción, que solo empleaba con las mujeres que pasaban por su cama por una noche. La pelirrosa que deseaba que Miku sea una más del montón, tenía que hacer todo especial, diferente, luchar justamente por alguien, no como lo había hecho en su pasado, rompiendo más de una relación amorosa.

Ingresando al salón, paseó la mirada, cruzándose con los ojos desafiantes de Rin. Bufó con molestia, ignorándola. Se dirigió a su asiento, saludando a sus amigos.

—Luka ¿cómo estás? —preguntó Meiko, maternal.

—He tenido momentos mejores —admitió, sentándose pesadamente.

— ¿Qué piensas hacer ahora? —preguntó Gakupo, desde su respectivo asiento.

—No pienso rendirme —dijo, determinada, mirando en dirección a Rin.

— ¡Esa es la actitud! —exclamó Piko, sumándose al grupo.

—Oh, Piko…

—De todas formas —empezó la castaña—, debes ser cuidadosa, no sabemos de lo que es capaz esa rubia.

—Ni de lo que Luka es capaz —mencionó Gakupo, mandando una indirecta a su amiga.

—Estoy segura que Luka es una rompecorazones —dijo Meiko, riendo.

De cierta forma, tenía razón, ella era una especialista en eso y lo lamentaba profundamente, pero no podía hacer nada para remediar su pasado. La mujer se quedó en silencio, mirando un punto lejano en el vacío, mientras sus amigos hablaban sobre quién sabe qué cosa.

El agudo ruido del timbre la sacó de sus pensamientos. Algo exaltada, miró hacia el asiento de Miku, que se encontraba vacío. Ella solía llegar tarde, así que decidió esperar.

A la segunda hora cátedra, asumió que la chica se ausentó, como regularmente hacía. Hay costumbres que nunca se pierden.

A la hora del almuerzo, al salir del curso, se cruzó con Rin, que le dedicaba una mirada cargada de odio. Luka sonrió, arrogante.

— ¿Enojada, enana? —provocó.

—No te temo, escandalosa.

—Mejor, hará todo más divertido —se cruzó de brazos, frunciendo el ceño.

—No creas que me quitarás a Miku.

—Ya lo veremos —suspiró—, que sea una competencia justa.

—No sé a qué te refieres, pero está bien, ya verás que eres una idiota y que Miku solo me quiere a mí. Te quitaré esa máscara de mujer perfecta que llevas.

—Estás diciendo incoherencias —defendió, ocultando la exaltación que sintió.

—Oh, querida, claro que no —canturreó—, nos vemos.

Luka miró el camino tomado por su competencia, ligeramente inquieta. La rubia parecía haber hablado con propiedad, como si conociera algo sobre ella. No quería dárselas de mujer perfecta, solo quería esconder sus demonios de los ojos curiosos y los dedos acusadores. Ella no deseaba engañar, solo protegerse, olvidar su pasado, desprenderse de él desesperadamente. Pero sabía que era tarea imposible. Sus acciones la condenaban y la encadenaban, como una penosa cadena perpetua que ella misma provocó. Sin notarlo, ella se esposó y lanzó la llave a algún punto desconocido. Suspiró, debía ser cuidadosa, no es que tema la amenaza de la menuda chica, simplemente, deseaba mantener todo al margen, cualquiera podía descubrir sus secretos.

Analizando la situación, la mujer concluyó que, por primera vez, debía luchar, sin pensar en su orgullo. A pesar de haber sido humillada por la rubia, sentía que la batalla apenas empezaba, una ardua batalla por el corazón de la chica de coletas, que tantos suspiros le ha robado. A cambio, ella le robaría el corazón, de sus propias manos o de las manos de Rin, no importaba, pero el amor de Miku le pertenecería. A cambio, le daría el suyo, como un dulce trueque donde ambas salen ganando.

En sus veinte años de vida, nunca había luchado justamente.


Viernes… Un día de liberación para todo ser humano que no deba trabajar al siguiente día. Es decir, para Luka, era solo un día más.

O al menos eso creía.

Ella seguía insistiendo en hablar con la Hatsune, no dejaría las cosas así, tan al aire, no se permitiría quedar como una cobarde. Ese día podía convertirse en uno bastante especial, ya sea de manera negativa o positiva para ella, poco importaba el resultado, ella solo quería comprender la situación con la chica que tanto le encantaba. Tener un panorama del terreno era clave para saber actuar sin riesgo alguno.

Ella se lanzaría, sin saber lo que le espera al fondo del precipicio.

Ingresando al salón, intercambió duras miradas con Rin. Pasándola de largo, se dirigió a sus amigos, que había notado esa reacción en ambas. Preocupado, Gakupo regañó a su amiga.

—Luka, te estás metiendo en terreno peligroso.

—Lo sé, Gakupo, ya hablamos de eso.

—Deja a la mujer hacer lo que quiera, hombre —defendió Meiko, resoplando.

—Está bien, pero que después no me venga llorando por una chica que no le da ni la hora —finalizó, cruzándose de brazos.

—Sabes que no es así.

—Sí, lo es.

—No.

—Sí.

—No.

— ¡Ya basta! —exclamó la castaña, llamando la atención de los presentes.

Piko intervino, desviando la conversación hacia las trivialidades cotidianas. Pocos minutos después, Kiyoteru hizo acto de presencia.

Luka miró al castaño detenidamente. Ese hombre sabía sobre ella más de lo que le gustaría. Así mismo, ella sabía más sobre él de lo que el mismo Hiyama cree. Si bien concordaron en cubrirse las espaldas al momento de hacer sus negocios sucios, cualquiera de los dos podía romper esa promesa. Lo que más temía la pelirrosa era que, a causa de las perversas intenciones del hombre para con ella, termine revelando información clasificada. La mujer confiaba en la inteligencia de Kiyoteru, sin embargo, esa misma confianza la hacía tenerle un miedo inexplicable, ese hombre era tan escurridizo e impredecible como una auténtica cobra, esperando el momento preciso para atacar.

Y ahora, el hombre conocía una debilidad más de Luka… Su amor por Miku. Él podía chantajearla si así lo deseara. Deseaba que la paz que reinaba entre ellos desde hace unos meses, siga en curso. Suspiró débilmente, cerrando los ojos, meditando, ausente.

Por su lado, Hiyama sabía perfectamente lo que la mujer pensaba y temía. Grande fue su sorpresa cuando terminaron siendo compañeros, no podía evitar sentirse complacido con tan beneficiosa situación, aunque ahora mismo tenía un impedimento: Miku Hatsune. Si bien el interés que tiene en la pelirrosa es meramente sexual, esa chica entorpecía sus planes. No tenía nada en contra de ella ni pensaba en hacer nada, a la que debía atacar era a Luka y lo sabía. No se quedaría de brazos cruzados viendo cómo la chica que desea lo ignora. Conocer varios de sus secretos y la vida que esconde bajo su máscara era el as perfecto, esperando el mejor momento para sacarlo y obtener lo que desea.

La alegre voz de Miku llamó la atención de Luka, que abrió los ojos, disimulando el estruendo que causó en su interior. La linda chica no se dignó en saludarla, fue directamente con su pareja, entablando una conversación que, desde su lugar, se veía bastante unilateral. De todas formas, la pequeña de coletas se veía inexplicablemente feliz en presencia de la amargada de rubios cabellos, que se veía tan indiferente como siempre.

Rin no se veía para nada contenta con la actitud que su novia decidió tomar, como si nada estuviese ocurriendo. El día anterior se ausentó como si nada, sin explicación alguna, para luego aparecer como si todo entre ellas fuera lo mismo de siempre. Pero la Kagamine sabía perfectamente que algo se había roto después de la intervención de la inglesa, que tanto desastre les estaba armando. Miku siempre actuaba así, tratando de esconder todos los problemas bajo su linda y estúpida sonrisa. La rubia era una chica muy realista, tanto, que llegaba a ser pesimista, viendo, siempre, cómo los seres humanos demostraban la crueldad abundante en sus corazones con cada simple gesto que se realice.

El timbre cortó con todo tipo de conversación, obligando a los alumnos a volver a sus lugares, desganados.

Como era de esperarse, las horas pasaron con su lentitud acostumbrada, con las manecillas moviéndose a su propio ritmo, tan flojo como los alumnos que no hacían el mínimo esfuerzo de tomar un bolígrafo. A nadie parecía interesarle la prueba de biología que estaba a un par de minutos de empezar.

A la hora del almuerzo, el tema de conversación era la dichosa prueba, la cual, Luka esperaba reprobar por no haber dedicado un minuto a la lectura de los temas. Poniendo a su escaso tiempo como excusa, no estudió nada, importándole poco los resultados de las pruebas, sabía que nadie la felicitaría si sacaba notas excelentes, así mismo, sabía que nadie le reprocharía su rendimiento, así que, no se esforzaba.

Caminando por el patio con sus amigos, divisó a Miku a lo lejos, que estaba con su grupo de amigos. Extrañamente, la chica estaba callada, comiendo su almuerzo lentamente. Se sintió ligeramente culpable, pero le restó importancia a tan desagradable sensación.

En el grupo de amigos, la tensión entre Miku y Rin era palpable. La enana se encontraba molesta sin motivos aparentes, haciendo que el estado anímico de su pareja esté por los pisos. SeeU estaba especialmente preocupada por el rumbo de las cosas, no quería que su amiga se quede sola de nuevo, a pesar de su frívolo actuar, Rin era una chica más sentimental de lo que todos creían, pero siempre fue una cobarde, temerosa de ser herida, sin saber que, ese mismo temor, le hacía daño. En cuanto a Miku, sabía perfectamente que no estaría sola, la Megurine correría con ella apenas esté habilitada, pensamiento que la molestaba bastante, pero no podía hacer nada.

Miku viajaba en el tiempo, dentro de su cabeza, retrocediendo al día que decidió amar a Rin, recordando los motivos que la llevaron a estar con ella.

Era una tarde cualquiera de un frío invierno, específicamente, el invierno del año pasado. Miku amaba la nieve, por lo que se divertía bastante jugando con ella cada vez que caía del cielo. Esa tarde, entusiasmada por la presencia del fenómeno natural, decidió ir a dar una vuelta en el parque luego de clases. No le interesaba ir sola, Gumi no accedió a acompañarla, alegando a las bajas temperaturas y sus grandes deseos de darse un baño caliente y acurrucarse bajo sus sábanas.

Miku iba caminando por los senderos del enorme parque del sur, mirando a sus alrededores con un brillo especial en sus ojos, admirando las plantaciones cubiertas de la blanca nieve. Se cruzaba con algunas personas, pero no las miraba, no le interesaba la actividad de los seres humanos a esas horas. Siguiendo su camino, se adentró aún más entre los arbustos, paseando entre las bancas, que se hallaban vacías.

A lo lejos, vio una cabellera rubia que le era familiar. Empezó a acercarse, atraída por los cabellos de la chica a la que no lograba ver el rostro. A pocos metros de ella, notó que, efectivamente, era su querida amiga Rin Kagamine. El corazón le dio un vuelco, poniéndola nerviosa sin motivos. Temblando, se acercó a ella, que tenía el rostro escondido entre sus manos. Pudo notar que la chica se hallaba llorando, sola, esa fría tarde de invierno. Sintió su corazón doler al distinguir suaves sollozos escapar de los labios de la rubia.

¿Rin?

La aludida elevó el rostro abruptamente, sorprendida por la presencia de su peliaqua amiga. Se sintió desfallecer, viéndose descubierta. Apretó los labios, tratando de tragarse las enormes ganas que tenía que lanzarse a sus brazos.

¿Qué quieres? —respondió con dificultad.

Quiero sentarme contigo ¿puedo?

Has lo que quieras.

Sonriendo, Miku se sentó al lado de su amiga, dándole una cálida mirada.

¿Me puedes decir qué te ocurre?

No es de tu incumbencia.

Sí, lo es, eres mi amiga y lo que ocurra contigo me importa.

¿Por qué? —preguntó, con el corazón latiéndole fuertemente.

Porque tú me importas.

Idiota —masculló, sonrojándose.

Te ves linda cuando te sonrojas —canturreó, alegre, sonrojándose también.

Cállate —cortó, mirando el piso.

¿Por qué estás aquí, sola, dónde está Len?

Mi padre llegó borracho a casa y lo golpeó. Ahora, él y mi madre están en el hospital.

—…

He huido de casa, soy una cobarde —dijo, agachando la cabeza.

No eres una cobarde.

Sí lo soy —insistió, empezando a llorar.

Miku solo atinó a abrazarla, siendo correspondida. La rubia chica escondió su rostro en el cuello de su amiga, llorando en sus brazos, sintiéndose segura.

No lo entiendo ¿qué le hemos hecho? ¡Se supone que un padre debe amar a sus hijos y protegerlos!

Quizás a él no le enseñaron eso.

Lo odio tanto —susurró.

No lo odies, perdónalo, no sabe lo que hace.

Rin solo empezó a llorar más fuerte, descargando toda la ira y la impotencia que sentía en esos momentos. Minutos después, logró tranquilizarse.

Lo siento, soy una idiota —dijo apenas estuvo compuesta.

No te preocupes —Miku le mostró una tenue sonrisa.

Mi padre siempre hace eso, a veces, no llega a casa, pero mi madre no sabe cómo dejarlo, a pesar de que nosotros no deseamos vivir ahí, con él.

Deberían escapar, antes que sea tarde.

Len siempre pelea con él, defendiendo a mi madre, a veces, me defiende a mí —agachó la cabeza.

Len es un chico muy fuerte.

Sí, pero no quiero perderlo, ni yo ni madre deseamos eso.

—…

¿Crees que deberíamos huir sin más?

Sí.

Rin le sonrió, agradecida. Decidieron levantarse e ir de ahí. Miku la invitó a tomar un café, cosa que la Kagamine aceptó, gustosa. Se puede decir que esa fue su primera cita.

Desde esa tarde, Miku decidió proteger a la pequeña.

Miku levantó la vista, mirando a Rin, que estaba tan seria como siempre, tan fría como la nieve de ese día. Ella amaba la nieve, pero el frío de su chica la estaba hiriendo, enfriando su corazón, mandando sus sentimientos por el caño.

El timbre sonó, acabando con la alegría de los alumnos y exaltando a cierta chica peliaqua, que se sentía bastante insegura.

—Rin —llamó a su chica.

— ¿Qué quieres? —respondió, indiferente.

— ¿Mañana podemos hablar?

—…

—Si quieres puedes ir a casa o nos encontramos en el parque.

—Al parque.

—Está bien ¿te parece que sea a las tres de la tarde?

—Sí.

Miku solo asintió, finalizando la conversación. SeeU disimuló no haber escuchado, pero lo hizo. Un extraño e inquietante presentimiento la invadió, pero no sabía si terminaría siendo a favor de su mejor amiga o de la chica de coletas. Se sintió inexplicablemente nerviosa, sin saber que era esa, precisamente, la manera en que la pareja se encontraba.

Rin sintió un extraño temor sobre esa supuesta conversación que Miku deseaba tener con ella. Miles de posibilidades se cruzaban por su cabeza y ninguna era buena para ella. Viendo desde una perspectiva realista, era obvio que la chica discutiría sobre el camino de su relación, pero ella no se sentía preparada para eso. No sabría afrontarlo, no quería seguir con eso, más no quería terminarlo. Eran emociones contradictorias y absurdas, que se mezclaban en su corazón y nublaban sus pensamientos. Con cada paso que daba, se acercaba al fin de la carretera.

Y no quería llegar a ese lugar.

Apenas llegó a su asiento, se desplomó en su lugar, suspirando, sintiendo el peso de sus acciones caer pesadamente sobre sus hombros.


Sábado, un día para las salidas y la diversión, nada podía opacarlo.

O al menos en teoría.

Una chica peliaqua se levantó pesadamente de su cama, odiando ese día como nunca había odiado a alguno. Se dio una ducha de agua fría, despejando las malas sensaciones que su cuerpo guardaba desde el día anterior y que persistieron durante la noche gracias a una ardua discusión que mantuvo con Rin, el sermón de su madre y los mensajes que Luka decidió enviarle.

Ese día, además, Rin y Miku se citaron en el parque para charlar. La Hatsune estaba decidida a terminar su relación con la rubia, no podía soportar eso mucho tiempo más y sabía que ambas se estaban haciendo mucho daño. La inseguridad que sentía en esos momentos la haría delirar. No se sentía preparada para el romance ni mantener una relación estable y segura con otra persona, menos con alguien como Luka, que era su actual pretendiente. Sentía que la inglesa era demasiado para ella, siendo capaz de pasarla por encima fácilmente. Además, existía el miedo de que termine comportándose como Rin, siendo, después de un tiempo, igual de grosera y desagradable como su pronto ex novia.

Suspiró pesadamente, deseando que todo termine de una vez, que ambas la dejen en paz y pueda seguir una alegre pacífica vida, lejos del par de féminas que confunden su corazón y se disputan la pertenencia del mismo, sin notar que, ambas, lo estaban hiriendo.

Por otro lado, Rin se hallaba sola en su casa, mirando la televisión, pero sin prestarle atención a la película que era transmitida en esos momentos. Tenía la mente muy ocupada en la situación penosa que debería vivir en pocas horas, sabiendo que su relación terminaría, quizás, de la peor manera posible.

Le dolía, sí, le dolía demasiado todo lo que había ocurrido con Miku. Tanto ella como su novia habían cometido numerosos errores. Su orgullo era grande, lo que, muchas veces, le impedía expresarse correctamente, deseando alejar a la peliaqua solo porque tenía una gran facilidad de leerla y hacerla sentir esas malditas mariposas en el estómago. Si bien ella había decidido superar esa etapa, le era imposible, ahora que cierta chica inglesa estaba pretendiendo a su novia, quien, campantemente, le respondía.

Suspiró, de vuelta, tragándose las lágrimas, deseando que esa mujer desaparezca de sus vidas en esos mismos momentos. Pero sabía que eso no ocurriría. Sabía también, muy a pesar suyo, que su novia estaba totalmente enganchada con la mujerzuela, que por más perra que sea, tenía toda la atención de Miku. Y ella estaba dispuesta a darle todo el cariño que todos sabían que la chica necesitaba. Rin nunca se entregaba completamente como su novia lo hacía, todo por miedo a salir lastimada. ¡Cómo deseaba saber que ese miedo tonto sería, precisamente, el que la haga terminar tan herida!

Porque Rin siempre había sido una cobarde, que rehúye de todo compromiso, de los sentimientos más fuertes, de todo riesgo. Corre y se esconde, con pavor, de todo lo nuevo, de todo lo que no conoce. Y el amor que Miku proponía era algo que ella nunca vio en su vida. Ella se escondía detrás de su fachada de chica amargada y autoritaria, aunque, en verdad, podía ser una niña dulce y amable. A ella le gustaba tener todo bajo control, en orden, no le gustaban las sorpresas. Ella prefería que todo sea predecible, premeditado, porque las sorpresas, normalmente, traen consigo sensaciones nuevas, cosas que no conoce y eso la atemoriza. No desea salir jamás de su zona de confort, viendo al mundo exterior con horror, siendo que, apenas puso un pie en el campo del amor, fue cruelmente herida. Sin embargo, ella sabía perfectamente que se quedó tiesa en su lugar por ese mismo temor irracional a lo desconocido.

Ese miedo, ese inexplicable miedo, lo arrastra desde siempre. Era un miedo que su padre infundió en ella, siempre ignorándola, tanto a ella como a su gemelo y a su madre, demostrando, así, que el amor es una estupidez inventada por los humanos. Por la forma en que él jugaba con sus vidas y la suya propia, teniendo siempre a todos bajo sus pies, Rin terminó teniendo una filosofía similar, más aún al notar que, al hombre, le iba bien en todas sus fechorías.

Lo que más le asustaba de sí misma era que ese miedo que infundía en Miku y en los demás, esa figura autoritaria y el aura pesada que la caracterizan… Le gustaban. Rin era, para pesar de los demás, la viva copia de su padre, que, actualmente, se mostraba muy orgulloso de su hija, que tan fuerte se mostraba.

Lo que no sabía era que, de fuerte no tenía nada. Lo único que hacía era manipular las situaciones a su beneficio y, si no lo lograba, huía, despavorida, porque no conocer al mundo era peligro de muerte para su corazón, que tan propenso a lastimarse era. Sabía perfectamente que eso estaba mal, era una manera cruel de condenarse a sí misma.

Pero no trataba de solucionarlo.

Pesadas lágrimas empezaron a rodar por sus mejillas, cayendo rápidamente. Maldiciendo internamente, corrió a su habitación, donde se encerró a llorar.


*vuelve a sonar el teléfono*

-Buenas noches ¿delivery de fics?

-Sí ¿en qué puedo servirle?

-Quiero quejarme porque mi pedido ha llegado muy atrasado.

-Cosas del fútbol.

- ¿Qué? Oiga ¡Hablo en serio, el servicio es pésimo!

-Así es la vida *tutututututututututu*

:v

Bueeeeno, no me atrasé tanto, creo (?) en fin, tengo el cerebro algo seco así que no sé qué decir en la sección de divagues... A excepción que venden pan de melón en una panadería coreana y es el pan más celestialmente delicioso que probé en toda mi vida.

¡EL RINCÓN DE LAS RESPUESTAS!

TENSHINOKIRA: Holi :B JAJAJAJAJAJA la Meiko salvaje fue demasiado proooo xDDDDD me encantó escribir esa parte e,e bueno, Rin puede llegar a ser muy bitch cuando lo desea e,e y Miku... Bueno, ella es el juguete acá (?) xDDD. No mencionaste al LukaxLily :( esa pareja también medio me gusta (?) pero creo que soy la única en la faz de la tierra :'v. Ya veré qué pareja hago, capaz le doy más protagonismo al LilyxGumi y ya xD aunque con el Negitoro de acá, por el desastre que estoy armando, tengo para rato .-. En el original de este fic, la que hace el papel de Luka, es griega luego y su nacionalidad sí tiene que ver con la parte del romanticismo y la poesía lírica de la antigua Grecia, por eso no quité el poema de Safo de Lesbos xDDD. Bueno, gracias por tus palabras T-T espero que este capítulo te haya gustado c: ¡Saludos!

Lupis Suigintou: ¡Tranqui! Creo que las odiarás más con el paso de los capítulos, te lo adelanto xDDDD así que lees bajo tu propio riesgo (?) Espero que este capítulo te haya gustado y odies menos a Rin :3 no es tan mala (?) ¡Saludos!

Dianis Mar: Aquí está tu otro cap, creo que fuiste vos la que llamó al delivery (?) ¡Muchas gracias por comentar! Espero que este cap te sea genial también :3 ¡Saludos!

Tengo hambre...

Como iba diciendo...

RedScars: Rin es muy perra y eso lo hace muy divertido, te lo aseguro xDDD pero tiene sus motivos, solo necesita comprensión (?)... Sí, los haré sufrir porque soy, creo que, soy una maldita sádica loca xDDDD pero trataré de no hacer tanto escándalo, ya habrá Negitoro y todo eso, ten paciencia (?) ya será bonito y estará lleno de amor, pero no puedes ver un arcoiris sin un poco de lluvia (?) bueno, tormenta, pero es lo mismo xD ¡Espero que este cap te guste, saludos!

Vixo: Bueno, no le tengas pena entonces xDDD, estoy intentando darle una justificación para su actitud, además de tener lo bitch en la sangre, claro e,e. Pensamos igual, amo que el personaje esté traumado y tenga sus miles de demonios :B y los tres personajes principales de este fic lo están, aunque aún no se nota tanto e,e,e,e,e ¡Muchas gracias por tus palabras! Espero que este cap te sea interesante también (?) ¡Saludos!

En serio... Tengo hambre pero no quiero preparar nada y tampoco quiero comer todo mi pan de melón celestial :c.

En fin ¡Muchas gracias a todos por leer, seguir, y todo eso! Ya saben, cualquier sugerencia, pedido, queja, tomatazo o quieren hacer una denuncia ¡Dejen un review!

Las líneas del delivery están habilitadas y serán debidamente respondidos (?)

¡Nos leemos!