EL INICIO DE MIS MALES
Era la cuarta vez que mi teléfono sonaba en los últimos cinco minutos. Quién me estaba llamando era nada menos que el atolondrado que tenía por amigo, Takuya. Desde hace poco más de una semana que me ha estado insistiendo en que hoy vaya con él a su partido, al grado de que no pude negarme más, cuando se pone pesado Kambara puede lograr hacerme ceder. Takuya es el segundo al mando del equipo de la universidad a la que asisto, hoy juegan la final contra otra de las universidades. Mi amigo en toda esa semana no había parado de contarme las increíbles jugadas que había planeado junto a Taichi Yagami, el líder y capitán del equipo. La verdad es que no soy muy aficionado a ese deporte, en mi vida sólo he practicado kendo, pero después de lo insistente que fue, no pude negarme más a su petición. El teléfono de nuevo sonó y esta vez contesté
- Dime que no lo has olvidado y que me prepararás el desayuno. -se escuchó como se reía- Ya voy en camino.
Para lo único para lo que el atolondrado de Kambara es puntual, es para el futbol, para todo lo demás es un desastre. Le contesto que no me moleste y que lo estaré esperando, colgué. Me apresuro a alistarme (e incluso le preparo el desayuno a Takuya). Para cuando suena el timbre de mi casa, todo ya estaba listo.
Hoy mi hermano juega la final de futbol soccer contra la universidad de Nagoya, en la casa ya están Matt, Sora y Takeru, sólo falta que mi hermano termine con sus preparativos para irnos. No me emociona mucho la idea de ir a un partido, pero siempre he apoyado a mi hermano como él lo ha hecho conmigo y me lo pidió desde hace tiempo. Uno no se esperaría que para Tai nuestra presencia sea importante. Además voy con personas que conozco de hace mucho, su novia Sora y Matt, el hermano de mi novio. Sí, sigue siendo mi novio a pesar de todo. Digo que a pesar de todo porque por una tonta razón no he dejado de pensar en Kouji, claro, sé que ahora sólo es alguien que sólo puedo ver al evocarlo y que bien podría tratarse de una ilusión, pero no lo es, o bueno, su chaqueta me recuerda que no lo fue.
- ¡Ya está! podemos irnos -dijo mi hermano asomándose por la puerta de su cuarto.
Le reprocho que se tarda más que una niña cuando se trata de arreglar sus cosas, los demás ríen ante lo que digo y me dan la razón. Así entre pequeñas burlas haciendo referencia a lo despistado que era Tai, emprendimos camino al estadio olímpico de Tokio.
Mi hermano está demasiado entusiasmado, y la verdad es que su felicidad es justificada, la temporada pasada no habían calificado a la final y no recuerdo por qué; ahora no dejaba de hablar de su nuevo jugador estrella, un tal Takuya Kambara, con el que había estado entrenando arduamente y planeando las estrategias que utilizarían en este partido.
Mi hermano se despide de nosotros para irse a los vestidores, nosotros vamos a las gradas. El lugar a pesar de que aún falta más de media hora para que el partido comience, ya luce bastante lleno. Sora está muy entusiasmada y habla acerca de que espera que el equipo gane, Matt le hace segunda, sonrío ante la plática de los dos inseparables de Taichi, no digo nada porque no tengo nada que agregar, solo sonrío. Observo la cancha sin un motivo en particular, en el fondo, tengo un presentimiento sobre hoy, no es nada malo, pero tampoco siento que sea algo bueno.
- ¿Te pasa algo? -volteé para encontrarme con la mirada de Takeru
- No, no es nada -contesto
Supongo que mi respuesta no es muy convincente porque al parecer no quedó muy satisfecho con lo que dije. No quiero discutir, al menos no hoy, así que no digo más y me adentro de nuevo a tratar de descifrar que es esta extraña sensación que tengo.
Desde el principio los de Tokio fueron ganando terreno, creo que Takuya no mentía cuando me contó de sus magníficas estrategias. Tenía que admitirlo, el partido estaba siendo siendo bien planeado, eso y el entrenamiento. Las gradas están bastante llenas y aún sigue llegando gente. Nunca me han gustado los espacios tan llenos, y está bien que haya accedido a venir, pero tengo un límite; tanta euforia y tantos gritos me hacen sentir encerrado, por suerte sólo faltan unos minutos para el el medio tiempo, y para que pueda dar un respiro de toda esta gente.
El que asumo, es el capitán del equipo de Nagoya acaba de anotar un gol. El marcador va 3 a 1, los de Nagoya parecen estar cansados. Suena el silbatazo que marca el medio tiempo, me levanto de mi lugar, y bueno, ya no me importa si alguien más lo ocupa para cuando regrese. Aprovecharé para ir por algo frío para beber, este calor tampoco ayuda mucho a que me sienta alegre de estar en medio de una multitud.
Salir del estadio fue un alivio, no puedo creer que aún siga entrando gente, decido caminar un poco, cerca de aquí hay una pequeña cafetería que espero no esté abarrotada.
Para mi fortuna la pequeña cafetería está semivacía, supongo que hay muchos que no quieren perder el lugar que tienen, además de que para llegar aquí hay que caminar un pequeño tramo. No quiero ni imaginarme como estarán de abarrotadas las tiendas del estadio. Pido un té helado; espero que Takuya no se enoje por perderme parte del partido. Escojo una mesa vacía y me siento dándole la cara a la puerta de entrada, por alguna razón hoy me interesa ver quién entra y quién sale. A mi cabeza recurre una imagen fuera de lugar, la veo entrando, empapada de nuevo, con una sonrisa cálida en el rostro. Disfruto de la visión porque sé que es imposible que cese. Por momentos creo que estoy enloqueciendo, porque tener este tipo de visiones se está volviendo algo recurrente. Al principio intenté negármelo y suprimir lo que veía, me dije a mi mismo que no era posible que alguien hubiera movido tanto en mí por un solo encuentro, pero no dejaba de suceder. Le conté a Takuya sólo de las visiones de una chica, sin ser específico porque no podía soportar que fuera tan frecuente y él sólo dijo que quizá ya me hacía falta salir con alguna chica; le dí la razón y seguí su consejo. De cualquier manera parecía que no hallaría alguien que la reemplazara. Sí, dejé de verla tan frecuentemente, pero de vez en cuando mi mente me traicionaba y la traía de vuelta, justo como ahora. Miré hacia otro lado, sólo porque ya era tiempo de que la visión terminara. La campanita de la puerta al abrirse llamó de nuevo mi atención a la puerta, me sorprendí muchísimo porque la que estaba ahí era ella.
Sacudí la cabeza, al parecer hoy mi cabeza no estaba bien, volví a mirar hacia la puerta y ella seguía ahí, lo raro es que no era una visión normal, ella no estaba mojada y llevaba ropa diferente a como siempre la veo. Ahí descubrí que no se trataba de una ilusión, era ella, Hikari en carne y hueso, pero ¿Qué hacía ella ahí?
Por suerte había logrado venir a la cafetería sin la compañía de Takeru, el pretexto fue que mientras menos lugares dejábamos vacíos era mejor y yo logré salir del recinto. Lo bueno era que conocía esta cafetería gracias a mi hermano, que él fuese el capitán del equipo de la universidad de Tokio traía beneficios a la hora de que jugaba en el estadio Olímpico. Aquí siempre había menos gente y me volverían a dejar entrar de vuelta. Abrí la puerta y mi corazón dió un vuelco inesperado, definitivamente ese día tenía algo de raro, cerré los ojos para calmarme y dí unos pasos así, los abrí y sin prestar atención a nada me dirigí al mostrador, sólo serían bebidas para llevar así que no tendría que tardar. La señora amablemente me pide que espere en lo que prepara las bebidas. Mi corazón aún está acelerado, no entiendo por qué. Decido que para distraerme un poco le daría un vistazo al lugar, alomejor me encuentro con alguna escena que me permita divagar en otros pensamientos que no sean los míos. Tengo la sensación de estar siendo observada.
Volteé y mi corazón dió un vuelco más grande aún, en una mesa no muy lejos alguien sí me veía, y ese alguien es aquél a quien no me canso de evocar, es Kouji.
No me lo podía creer, está aquí, en carne y hueso, a unos cuantos pasos de mí. Al parecer no se había dado cuenta de mi presencia, hasta ahora que acaba de voltear hacia donde estoy sentado. Sus ojos muestran su gran sorpresa y yo estoy igual, no sé como, de todos los lugares, me la encuentro aquí.
Decido que no tiene caso ser tímido ni reservado, menos cuando ya tiene una primera impresión de mí y le hago un saludo con la mano, me alegro un poco al ver que ella se acerca a donde estoy. De nuevo me reprimo un tanto por actuar como tonto.
- Hola -su voz suena como temerosa, creo que incluso yo estoy un tanto nervioso.
La invito a que tome asiento ya que mi cabeza no encuentra por donde darle inicio a una plática.
- Es extraño encontrarte aquí -me dice con voz cantarina ¿Es mi imaginación o su voz tiene un tinte de nostalgia?
- Sí -admito que tiene razón- ¿Aficionada al soccer?
Sonríe ante mi pregunta, como si creyera que mi visión de ella es distorsionada. Al parecer la tensión entre ambos va disminuyendo. Me responde divertida que está aquí porque alguien le consiguió entradas, y no me creo que alguien como ella guste de ese deporte. Antes que pueda agregar algo ella me pregunta algo similar a lo que yo le pregunté.
- ¿En realidad te gusta el futbol? -astuta, porque más que pregunta parece un comentario sarcástico.
Le cuento que uno de mis amigos juega en el equipo y que lo hacía más por petición de él. No le pregunta nada más porque la señora de la cafetería llega al mostrador y la llama porque su orden estaba lista, se levanta, me sonríe y va por ella sin decirme nada. Lo pienso y la sensación que deja al alejarse no me gusta, me doy cuenta que justo ahora, voy a actuar más por impulso que por otra cosa. Tarde. Me levanto de mi silla y la alcanzo justo cuando termina de pagar. Me mira extrañada, es extraño que en su mirada pueda ver tanto de ella.
- ¿Esta vez sí me dirás si te volveré a ver? -mi voz parece preocupada, ella se sonroja.
Toma la pluma del mostrador, una servilleta y empieza a escribir algo. Cuando terminó me entregó el papel y ví que allí estaba anotado su teléfono.
- Tengo que regresar al partido -ya no me miraba- espero verte después…
Igual que la vez primera en que la ví, no dijo más y salió aprisa de la cafetería. Vi el reloj y me dí cuenta que quizá el partido ya habría dado inicio. Aún no iría, esperaría a terminar mi bebida. No podía dejar de mirar la servilleta, la idea de ya no verla sólo en visiones me causaba una revoltura de pensamientos, definitivamente lo mejor era esperar hasta que recuperara la razón. Cuando se trataba de Hikari, mi cabeza dejaba de funcionar.
Camino de regreso al estadio, es increíble lo que acaba de pasar. Ya no tendré que buscarlo más, o al menos eso espero. Evoco su mirada al preguntarme si me volvería a ver. Reacciono al oír gritos, el segundo tiempo de seguro ya había comenzado. Al llegar a mi lugar, el único que preguntó por mi tardanza fue Takeru. Sólo argumenté que había gente. Seguí viendo el partido con una sonrisa en mi cara, a pesar de haber actuado como boba me sentía inmensamente feliz.
El equipo de mi hermano terminó ganando, Sora, Matt, TK y yo decidimos alcanzarlo en los vestidores, el que hubieran ganado ameritaba una celebración. Salió rodeado de sus compañeros de equipo, al vernos, corrió hacia nosotros y no pudo esperar para abrazarme, incluso me dió unas vueltas en el aire de la alegría que sentía. A veces mi hermano puede resultar tan efusivo y tan infantil, pero comparto su alegría. Otro chico muy similar a él se acercó y le dió un pequeño golpe en el hombro.
- ¡Buen trabajo capitán!
Dijeron más cosas entre ellos y luego se dirigió a nosotros. Presentó a Sora, a Matt y cuando iba a llegar a mí una voz muy familiar llamó la atención de Takuya, y la de todos los que estábamos ahí en realidad.
- ¿Irás a festejar Kambara? si no, date prisa que muero de hambre.
El que había dicho eso era Kouji, y vaya coincidencia, al parecer era amigo del subcapitán del equipo de mi hermano. Takuya le dijo a Kouji que se acercara y le presentó a mi hermano, entonces sucedió otra cosa que no me esperaba el día de hoy.
Me sorprendió ver a Hikari a lado de Takuya, lo que no me esperaba fue lo que sucedió al acercarme a ellos. Takuya me presentó al famoso Taichi Yagami y éste después de la presentación introdujo a la castaña que me había encontrado minutos atrás en la cafetería.
- El es Takeru -dijo Taichi señalando a un rubio- y ella es Hikari, su novia y mi hermana.
Así que ese era el motivo por el que Hikari estaba en ese partido, y además con todo y alguna razón me siento como una especie de tipo ridículo que cayó en las manos de una mujer egoísta. Cuando el rubio la rodeó con el brazo sentí una cólera enorme. ¿Qué le pasaba a la castaña? me había dado su teléfono y aún estaba con su noviecito. Después de ese pensamiento me enoje conmigo mismo. No tenía por qué sentir nada por ella, además, ella no sabía, ni siquiera tenía idea de lo que yo sentía cuando ella estaba presente. ¿Qué me estaba pasando con este enojo repentino?
- Chicos, él es el pesado de mi amigo, Kouji.
La mención de mi nombre por Takuya me hizo reaccionar, la verdad no quiero permanecer aquí por más tiempo, saludé de una manera cortés pero cortante y luego le dije a Takuya que no quería seguir más tiempo ahí. Me dí la media vuelta y me marché. Sí, ese soy yo, el tipo frío al que no le interesa nada más que su amigo y yo mismo.
¿Qué era esa actitud? Su frialdad me dió miedo, ¿dónde estaba el chico amable que había conocido? Su mirada fue totalmente indiferente cuando me vió, parecía molesto con todo. Cuando se dió la media vuelta para marcharse, un impulso de detenerlo me invadió, pero el brazo de Takeru me impidió seguir ese impulso. Ciertamente cuando él había aparecido me había olvidado por completo de mi novio.
Finalmente Takuya se despidió. El ánimo de todos parecía haberse quedado en una clase de standby. No sólo era yo, los demás ahí habían sentido demasiada hostilidad por parte del peliazul.
- Vaya amigo que se carga Kambara.
Puse atención ante la mención de Kouji que hizo mi hermano, y fue curioso, al parecer mi hermano ya lo había visto antes. Y yo, buscándolo en sueños y visiones. Decidimos irnos a casa. Yo siento una especie de vacío en el estómago. De pronto identifiqué el extraño presentimiento que había tenido en todo este día: mis males acababan de iniciar, porque había vuelto a ver a ese chico que había dado por perdido, al chico por el que pensé, podría cambiar a Takeru, y resulta tan diferente al primer encuentro que tuvimos.
Vaya que me tardé muchísimo en actualizar esta historia. El título no sé a que vino, sólo pasó por mi cabeza y decidí no cambiarlo. Espero que el sentido sea entendible, la verdad es todo un reto el alternar los pensamientos de ambos y bueno, también escribir en primera persona. Espero sea de su agrado.
