LA CAFETERÍA EN MEDIO DEL CAMINO

Hace una semana que veo la servilleta, la arrugo, la vuelvo a acomodar y la guardo en un pequeño cajón. Lo he estado pensando mucho y creo que lo mejor es olvidarme de ella, de la hermana pequeña del capitán del equipo de fútbol de mi universidad. Takuya insiste en que desde el día en que fue la final he estado distante del mundo, aunque no tiene idea de la razón, ni quiero que la tenga. Me convencí de que debo ser maduro y no encapricharme con una sola chica, a fin de cuentas, el mundo está lleno de ellas y hay muchas que no tienen novio.


- ¿Kari? -reacciono ante el toque de la mano de Satomi.

Creo que estoy pensándolo mucho, ya pasó una semana y sigo sin saber nada de Kouji, mi amiga dice que estoy demasiado preocupada y hay alguien más que la secunda en esa idea. Nadie, absolutamente nadie sabe acerca del peliazul. Mi hermano comenzó a sospechar algo aunque va por el camino equivocado, le pregunté acerca de Takuya esperando saber algo de Kouji, pero al parecer ambos están en diferentes facultades y sólo se ven cuando están en los entrenamientos, así, no tengo ni una pista para llegar a Kouji.

- Seguramente las cosas con Takeru no van bien ¿verdad? -esa es Yolei, de un tiempo para acá asegura que ya no debería seguir con Takaishi- Kari, ya las cosas entre ustedes no son como al inicio, o como nos contaste que eran. Deberías dejarlo de una vez por todas.

Ella tiene razón, las cosas con TK ya no son, ni volverán a ser iguales a antes, pero es que es tan difícil, pensé que él sería quien me hiciera ver que un sólo encuentro no puede hacer que alguien se enamore, que vale más el tiempo compartido que un encuentro fugaz. No dudo de su cariño hacia mí, de hecho pensé que ese cariño me haría sentar cabeza, pero yo, definitivamente hace tiempo que dejé de quererlo como antaño.

Les cuento a Satomi y a Yolei que no es completamente TK quien me tiene así, aunque admito que él se ha puesto un poco pesado cuando he querido hablar de lo que siento por él. En el fondo, siento que él presiente que el final de la relación está cerca, aunque me pregunto qué es lo que lo tiene tan aferrado a estar conmigo.

- ¿Quién es el chico nuevo entonces? -bien, Yolei es perspicaz

Creo que ya no tengo motivos para ocultarles al chico que ahora me tiene completamente sumida en otro mundo, les cuento todo, desde el primer encuentro, hasta lo que pasó hace una semana. Se sorprenden de que sea alguien de la universidad, eso me da un poco de risa. No sé por qué se sorprenden, de todas formas nos queda poco tiempo aquí en la preparatoria.


Espero al atolondrado de amigo para caminar juntos un rato. No tengo muchas ganas de llegar a casa así que me quedaré un rato en un café que queda a la mitad del camino. No es que alguien me espere ni nada parecido, sólo no tengo ganas de llegar.

Últimamente Takuya no deja de hablar de la chica con la que sale, su nombre es Zoe Orimoto y si no es eso, es el futbol. Las chicas, a fuerzas es un pilar fundamental para muchos, no para mí. La verdad es que aún no termino de entender cómo es que terminé haciéndolo mi mejor amigo, a estas alturas, ya poco importa el motivo ya que siempre que lo necesito él termina brindándome su apoyo, o su compañía.

Lo veo venir, por fortuna viene solo, bueno, supongo que lo hace porque sabe que no soy muy adepto a socializar, y ahora menos si es con chicas.

- Minamoto, ¡por dios!, últimamente te ves fatal -no lo dudo, me siento incómodo sabiendo que muchos más notan la diferencia de mi comportamiento.

- Es mi semblante de siempre Kambara -creo que ni siquiera sueno del todo convincente.

- Si no te conociera Kouji, te creería -ahora su semblante es más serio- Pero, para tu mala fortuna te conozco y sé que algo pasa. Estás perdiendo el toque -¡bah! pensé que iba en serio, ahora siento que sólo está jugando conmigo, como siempre, ¿de qué toque habla?- Antes sabías mantener la cabeza fría, pensabas en las cosas de manera racional, si dejarte tocar por las emociones. Es extraño verte perder la cabeza.

Takuya tiene razón, mi cabeza no está funcionando como antes, estoy perdiendo esa capacidad de raciocinio. Quizá sea momento de preocuparme y dejar de evadir el tema. Silencio, creo que me ensimismo, pero es hora de contarle la verdad al atolondrado de mi mejor amigo. Le digo que todo es culpa de una chica.

- ¡¿Tú?! ¿perdiendo la cabeza por una chica? No me lo creo.

- Claro, tu cabeza de chorlito no te permite mucho ¿no?

¿Tan difícil es creerme? No quiero respuesta, pero él siempre tiene que exacerbar todo. Se disculpa conmigo, al menos ya sabe que no estoy bromeando. Me pregunta acerca de lo que sé de ella. Nada, no sé absolutamente nada de ella, sólo que se llama Hikari. Me llama torpe porque aún no le he hablado, o como él dice: al menos ya debería saber que hacer con esa servilleta.


Voy camino a una cafetería cerca de la universidad, voy un poco retrasada porque es la primera vez que voy ahí. El que quiere hablar conmigo es Yamato, me sorprende, usualmente cuando Matt quiere hablar conmigo es porque Tai no ha encontrado la manera de decirme las cosas, bueno mejor dicho, como disculparse conmigo. A mi hermano le hace falta un poco de, toque paternal, por llamarlo de una manera. Entro a la cafetería, el espacio es pequeño pero es bastante acogedor, como para quedarte un buen rato. ¿De que quiere hablar Matt conmigo? me asusto ante la idea de que sea algo como para pensar en un lugar que pueda darnos asilo por horas y horas.

Suena mi teléfono, es un mensaje de Matt, me dice que todos sus planes se volcaron y que no podrá verme hoy. Creo que algunas manías de Taichi se le están pegando. Matt no es de las personas a las que les surgen planes de última hora.

Al menos ya que vine aquí probaré algo, como ya había dicho, el lugar es bastante acogedor y no quiero perderme la oportunidad. Ordeno un mocca, no soy muy adepta a los tragos amargos. Saco uno de mis libros y me pongo a leer. "Romeo y Julieta" sí, es algo demasiado común, pero es mi libro favorito. La tragedia de dos amantes que se corresponden, pero que por cuestiones de familia no pueden consolidar; supongo que el mundo nunca es justo y que a veces pareciera más que nos pone una serie de pruebas para saber lo que estamos dispuestos a sacrificar por lo que queremos.

Bajo mi libro y miro hacia las demás mesas, alguien viene hacia donde estoy con un libro entre sus manos y cubriendo su rostro, su presencia se me hace familiar de algún modo. Por el libro que trae no se ha dado cuenta de que estoy sentada en la mesa. No es que no me guste socializar pero hoy particularmente no tengo ganas de tontear con un chico, creo que lo mejor es portarme un poco hostil y pedirle que se vaya de mi mesa.

- Disculpa, pero esta mesa ya está ocupada -no emite sonido alguno, quizá sólo se estuvo haciendo el interesante desde que vino hacia aquí.

Bajó el libro y me dirigió una mirada de sorpresa. Una mirada azul e intensa. Creo que me acabo de arrepentir de intentar correrlo de la mesa.


¿Hay alguien en mi mesa? No es que la mesa tenga mi nombre escrito ni nada, pero usualmente no está ocupada. La voz se me hace un tanto familiar. Bajo mi libro para ver quien ocupa mi lugar y marcharme, porque me lo pidió de una manera no muy amigable. ¡Vaya! es la hermana de Yagami, la misma por la que Takuya acaba de burlarse de mi indecisión. Me niego a creer que sea el destino, me niego, rotundamente.

- Discúlpame, no te había visto, ahora mismo me marcho -me mira incrédula, supongo que no esperaba encontrarme aquí.

Me levanto y tomo el libro que acababa de dejar sobre la mesa, mejor para mí si ahora puedo estar solo, esa era mi idea original. Además, tenía que pensar las cosas con la cabeza fría y si ella aparece, esa idea se va al traste, con ella cerca no pienso.

- No, espera, puedes sentarte. Si quieres -miro el lugar, una parte (muy grande) de mí no quiere irse- No esperaba encontrarte de nuevo.

Yo tampoco esperaba encontrarla, no ahora al menos. Su mirada es temerosa y hace que sienta que ella es frágil, sin duda, esta mirada es diferente a las que me había dedicado con anterioridad. Recuerdo el día del partido, esa fue la primera vez que me veía sin tanta calidez. Ciertamente ese día había erigido mi pequeño muro al verla con el rubio, al menos eso me mantendría cuerdo y a ella un poco más alejada que al principio.

Acepto su petición de quedarme, quizá lo mejor es entablar una charla con ella para descubrir quién es realmente, tal vez, sea una chica como cualquiera. Creo que mi cabeza empieza a pensar con lógica.


De nuevo esa mirada inexpresiva, indiferente. Se quedó sentado frente a mí. Pareciera que este es su lugar habitual. Ahora me siento como una intrusa y me pregunto ¿Habrá sido mi imaginación creer que había una especie de conexión entre nosotros? Tal parece que lo único que hice en todo este tiempo fue alimentar una primera impresión errónea.

- Mocca y un americano -la mesera puso dos tazas sobre la mesa.

- ¿Mocca? -al preguntarme me mira mientras abre un sobre de crema- ¿Con chantilly y chispitas de chocolate?

Su voz suena a sarcasmo. Ahora se me hace tan difícil descifrarlo; la verdad es todo lo que puedo decirle. Este quizá, sea el momento de conocernos.

- Sí, lo mío no son las bebidas amargas, prefiero algo más dulce, más acogedor.

No, no es mi imaginación, su comportamiento frío surgió apenas después del partido, después de ver a Takeru. Yo sé que en el fondo no puede ser tan frío. Lo mejor es continuar.

- ¿Vienes aquí frecuentemente? -le pregunto.

- De hecho, usualmente escojo esta mesa, es raro que alguien la utilice. Supongo que para tí es la primera vez ¿no? -asiento con la cabeza a su pregunta, sonríe ligeramente- ¿Que te hizo escoger esta mesa?

No creo en las supersticiones, de verdad, sólo es mera curiosidad saber por qué precisamente esta mesa. Ver que tan parecidos somos; incluso el hecho de escoger un lugar para sentarnos dice algo de quienes somos y quiero ver que logro saber con eso.

- Si te soy sincera la vista me gusta, a veces pensar en mis problemas me desespera, ver a la gente desde un lugar como este es una especie de salida fácil, puedo pensar en muchas otras vidas diferentes a la mía misma.

El comienzo no es como lo había imaginado. Sus respuestas son demasiado dulces, demasiado amorosas y demasiado contrarias a las mías. Ella escapa antes de enfrentar lo que siente, viene a este lugar porque escapa de sí misma, y yo que constantemente lucho por encontrarme. Eso es lo único que puedo pensar después de escuchar su respuesta. Comienzo a sentir que somos totalmente opuestos.


Creo que me explayé con la explicación. Se quedó como meditando mi respuesta, no sé si eso sea o no una buena señal.

Él parece un tipo serio, me recuerda un poco a Yamato, él siempre había dicho que era muy melosa y que quizá era por eso mismo que congeniaba tan bien con TK, ahora ya no. Decido que mejor continuo con la charla, no quiero que esto se termine aquí.

- ¿Te gustan los sabores amargos? -pregunto por qué él inició preguntándome por el café.

- Es lo más cercano a la realidad, es lo más natural, y sí, me gustan las cosas honestas y reales.

Definitivamente me recuerda a Yamato, su seriedad y todo eso. Quizá no es momento, pero comienzo a recordar cuándo fue que Matt dejó de ser "el mejor amigo de mi hermano" para pasar a ser mi amigo. Ciertamente había algo similar con la situación de hoy. Siempre me toman por niña mimada, y no lo soy, al menos no del todo. Todo por los benditos discursos paternales que Tai no podía darme, así terminé siendo su amiga también.

- Y, ¿qué te trajo a este café? -me pregunta

Supongo que me perdí en mis pensamientos un poco, le contesto que iba a reunirme con el amigo de mi hermano. Por alguna razón no quiero volver a tocar el tema de TK con él. Me mira un tanto incrédulo, bueno, no lo evitaré y le diré la verdad.

- Mi hermano lo manda cuando él no sabe que decirme -doy un sorbo al café- al parecer éstos últimos días no soy yo.


¿Lo hace como alusión al partido? No, más bien es como si intentara llamar mi atención. Aunque su mirada parece por completo sincera. Bueno, quizá no haya sido una semana muy buena para nadie y yo todo me lo tomo personal.

Lo que seguimos platicando no tiene mucho de interesante, me cuenta, o mejor dicho, nos contamos lo esencial. Estudia el último año de la preparatoria y ha pensado en aplicar para diseño gráfico en la universidad de Tokio. Sólo tiene un hermano, al cual ya conozco, el famoso Taichi Yagami. En general es como cualquier chica, ama las películas en las que se derrama miel y los príncipes azules existen y tiene una mejor amiga a la que le cuenta todo. Por cierto se me olvidó agregar que al parecer su capacidad de sincerarse es increíble, bueno, no tanto, esto es más bien superficial.

Descubro poco a poco, que no difiere mucho a otras chicas con las que he salido últimamente. Hablan y de pronto, todo lo que quieren es que tú sepas todo de ellas y termines colmándolas de cumplidos y cosas por el estilo. Supongo que el momento de terminar con esto está llegando. Comenzaré con las cosas de las que no hablan las chicas, de esas con las que se aburren y creen que uno es el loco y no, no hablo del fútbol.


- ¿Tu tipo de lectura es?- Este chico, me da la sensación de ser probada, la única que ha hablado soy yo.

Le doy la vuelta a la portada de mi libro, hace una cara extraña al ver el título, supongo que todos piensan que soy demasiado cursi. Me pregunta si lo leo por lo romántico. Le digo que sí, pero que además la narrativa es bella, me dice que lo supone pero que él se la encuentra en el idioma original. Río, es justo lo que hago, la leo en inglés. Hablamos sobre libros un poco y luego, acabo de darme cuenta que se está haciendo tarde y no puedo irme sin saber nada de él.

- ¿Esto fue un interrogatorio? ¿Una especie de prueba? -me mira, supongo que se sorprende.

Recordé que Yamato me había dicho que él tenía la impresión de que era una boba mimada, que a él en realidad le molestaba eso de una chica. Me explicó su idea de compartir y de que disfrutaba la compañía de personas sinceras y con Kouji, creo que es algo muy similar. Me contó un poco sobre él, estudia ingeniería aeronáutica y al parecer es una especie de lobo solitario.

La charla me gusta y apenas comienza a ponerse interesante, pero, tengo que irme. Le digo que me dió gusto encontrarlo y me despido. Lo que haré será algo arriesgado, pero que no puedo evitar. Me acerco para darle un beso en la mejilla, pero no lo hago, me desvio y llego hasta la orilla de sus labios. Le digo que a veces un poco de dulce no hace daño y me voy.


Me he divertido continuando esta historia, más porque por más que intento no sé como es que un chico piensa. Espero les guste.