LA TORRE DE TOKIO
Han pasado ya dos meses desde el incidente del parque y de mi fiebre exagerada. Aún ahora no logro recordar todo lo que pasó y Hikari no me ha dicho nada en absoluto. Sí, la he seguido viendo desde ese momento, no muy seguido y siempre en el mismo lugar: El dragón de Jasmín, esa cafetería donde nos gritamos y la besé. Takuya, como era de esperarse, me dió todo un sermón por fijarme en la hermana de Taichi, del grandísimo capitán de su equipo de fútbol, aunque al final me dijo que como quiera que fuese también le daba gusto que dejara entrar a alguien más en mi vida.
No es como si ya la haya dejado entrar por completo, en realidad todo fue como una especie de reinicio. Cuando pensé las cosas con más claridad decidí que no era bueno precipitarme, de todas maneras la idea de que ella pudiera ser igual de boba y mimada que otras no abandonaba mi cabeza, como esas ideas que más vale hacerse antes de terminar entregándolo todo y terminar arrepintiéndose. Ambos decidimos que no hablaríamos acerca de lo sucedido con anterioridad y entonces, fue como volver a iniciar. Mi amigo y su novia (sí, llegó hasta oídos de su novia lo que me pasa) dicen que no tiene caso hacer eso, que si ambos sentimos algo que deberíamos de dar el siguiente paso. Zoe insiste en que no hay que resistirse al destino. Como si creyera que de verdad existe.
Algo que sí debo admitir es que Hikari me ha dado sorpresas, más de lo que yo esperaba al menos. No me imaginaba que viviera sola con su hermano, eso ya habla de que si es un poco independiente. Además también es inteligente y logra seguirme las charlas sobre libros y alguna que otra cosa de lo que estudio. No lo niego, volví a cerrarme un poco con ella, aunque más que cerrarme, regresé a mi habitual frialdad, ella tenía que conocerme como siempre he sido, o al menos ese fue mi argumento para distanciarme un poco. De todas formas, con todo y eso, muchas veces logra sacarme una sonrisa. Descubrí otra faceta de ella en este tiempo, un punto más a su favor por cierto. Es una faceta en donde borra su sonrisa habitual y mira hacia ningún punto en particular, como si reflexionara, como si estuviera perdida. La primera vez que la vi hacerlo, no lo niego, me resultó fascinante y eso hizo que la siguiera mirando, hasta cierto punto me gustaría saber qué es lo que pasa por su cabeza en esos instantes. Dentro de nuestras charlas hay muchos silencios, algunos un poco incómodos y otros no tanto. A veces pienso que desde que dejó al rubio hay algo en ella que palideció, aunque tampoco me atrevo a preguntarle qué.
- ¡Ey! deja de soñar despierto Minamoto -me dice Takuya que hoy viene acompañado.
- Déjame en paz Kambara -le digo porque ya sé lo que viene, una de nuestras habituales discusiones acerca de lo que debo hacer.
- Es que, si te la pasas pensando en esa chica, es ilógico que no la invites a salir. -y lo dice como si yo fuera lento.
- Salimos seguido, genio -le digo sin pensármelo
- Esas no son salidas Kouji -me dice una dulce voz, es Zoe- ya deberían dejar la etapa de reconocimiento e ir a algún otro lado que no sea un café.
La verdad lo he estado pensando, sería curioso movernos de lugar, pero aún no sé a dónde ni cómo invitarla, ese es el verdadero problema.
Me falta menos de un mes para terminar el instituto, hace dos semanas apliqué el examen para entrar a la universidad de Tokio, estoy un tanto nerviosa por eso. Durante estos dos meses que han pasado desde que terminé con Takeru, las cosas han sido extrañas. Y no digo extrañas porque me hayan pasado fenómenos anormales ni nada por el estilo, extrañas porque la presencia de Takeru ya no está. Por mi cabeza no había pasado la idea de no hablar o no vernos tan seguido, de verdad, tanto es que nunca estuvo presente que ahora es inevitable seguir sintiendo una especie de vacío cada que lo veo, digo, aún vamos a la misma escuela.
También en estos dos meses he estado viendo a Kouji en la misma cafetería, a veces compartimos un pequeña caminata, pero nada más. Siendo sincera mi corazón sigue emocionándose. Después de lo del parque hablamos. No recuerda casi nada de lo que sucedió ese día. Cuando me lo dijo no supe si debería alegrarme o no, porque entonces no tengo ni idea de lo que significó ese beso, o si es que quizá yo sigo queriendo que tuviera significado. De cualquier forma tampoco le dije nada y ambos llegamos al acuerdo de iniciar todo, o casi todo.
A mi hermano le agrada la idea de que vayamos lento y la verdad, no me lo esperaba diferente de él. Mientras más conozco de Kouji me doy cuenta de que no me equivocaba al decir que era similar a Matt, pero al mismo tiempo es muy diferente. Aún no descubro por qué es tan cerrado al mundo; si algo he visto de él, es que a pesar de tener un aspecto frío y serio, tiene un gran corazón. Ahora sí, con seguridad, puedo decir que me estoy enamorando.
Otro día más aquí en la cafetería. Esta vez ella me cuenta acerca del examen para la universidad. Parece entusiasmada con la idea. Bebe un trago de su capuccino y alrededor de su boca queda un poco de espuma, río y le doy un sorbo al mío. Hicimos un trato un día, ella comenzaría a probar las bebidas más amargas y yo un poco más dulces a manera de conocer un poco de lo que nos gusta al otro, pero ninguno pasa del capuccino. Supongo que cada uno tiene sus razones para no querer avanzar y probar algo más desconocido.
Con ese pensamiento y de la nada decidí que quizá Takuya tenía razón y ya sea tiempo de cambiar de lugar, de probar algo más con Hikari.
- Hikari -la llamo, porque como ya es costumbre se encuentra leyendo.
- ¿Sí? -deja su libro y me mira
Aún no te he compensado por lo que hiciste por mí el día del parque.
Ahora si que me ha tomado muy por sorpresa. Siempre había imaginado como sería el día en que esto avanzara, pero, ¿así de la nada? Bueno, quizá me adelanto un poco así que mejor lo escucho.
- ¿Compensarme? -le digo- no tienes que compensarme nada, bueno, no es que haya gran cosa, además ¿sabes siquiera lo que hice? -lo miro de forma que mi cara diga algo así como "¿Qué tal si abusé de ti?"- Enserio, no tienes que hacerlo.
Me mira con cara de no saber si creer que hice algo bueno por él, o quizá sólo fue que tampoco esperaba esa respuesta. Con Kouji siempre es difícil saber qué piensa. No lo niego, me agradaría cambiar de aire, además, ambos sabemos que seguimos sintiendo algo el uno por el otro. Lo digo porque tengo esa certeza en el fondo de mí, aunque no pueda decir que sea del todo palpable. Niega con la cabeza y tiene una de esas sonrisas que no sé interpretar.
- Sería más sencillo si sólo dijeras que sí ¿sabes? -no puedo evitar sonreír ante sus palabras- ¿Este fin de semana tienes algo que hacer?
Sólo niego con la cabeza. Y entonces la cita queda arreglada. No supe qué más decir y supongo que él tampoco. En momentos como éste pareciera que entendemos mejor nuestros silencios que otra cosa. No me dijo a qué lugar iríamos y ambos nos quedamos con la idea de que sería por compensar lo que hice por él. Es raro que lo haya planteado así, más porque acordamos que nadie diría nada más de ese día. No lo sé, supongo que quizá comienza una nueva etapa para ambos.
Es el día, al fin iremos a otro lugar que no sea la cafetería. Después de pensarlo mucho, de no quererme ver demasiado cursi o demasiado seco, decidí que la llevaría a la Torre de Tokio. La verdad es que no puedo explicar por qué precisamente ahí. Sólo lo siento. Lo sé, es extraño que yo lo diga así, pero es que con ella hay algo que surge y que no puedo explicar. Así de simple. Aún sigo sin creer que sea destino.
La veo en el lugar que acordamos. La haré caminar un poco porque no quiero que sepa a dónde vamos en realidad, o no todavía. Nunca había planeado algo así como una sorpresa así que espero que funcione porque ni siquiera estoy seguro de que de verdad sea una sorpresa lo que tenga preparado. No pienso pedirle que sea mi novia con un ramo de flores ni nada de ese estilo, aún no me siento capaz de hacer algo como eso.
En realidad quién me aconsejó que sería lo mejor fue Zoe. Creo que comienzo a hallarle el lado positivo a la novia de Takuya. Hikari está callada y yo también, creo que nunca tendremos mucho que decir porque es como si hubiera algo que con solo estar cerca sabemos, sólo nos dedicamos a caminar y a darnos palabras sueltas. Hasta que ella decide hablar.
- No me dirás a donde vamos ¿cierto? -me dice con una mirada resignada.
- Creí que ya lo habías intuido -le digo sabiendo que no lo ha hecho, aunque creí que era demasiado obvio- Sólo espera un poco más.
Me sonríe aunque no es como suele hacerlo, es más bien como una sonrisa de resignación, a veces parece más pequeña de lo que es con ese tipo de gestos. Comemos un helado mientras se hace un poco más tarde.
No hablamos mucho durante el camino y no es que me lo esperara, es solo que lugares como éste me traen recuerdos. Siento nostalgia al saber con quien ya había recorrido estos lugares.
Cuando recién llegué a Tokio, se me hacía una ciudad inmensa, aún más que Hikarigaoka que fue donde crecí. Nunca me dijo a dónde iríamos y es que, había muchas cosas que quizá fueran la opción para visitar. Lo supe hasta que nos hallábamos debajo de la torre de Tokio, sí, de ese grandísimo edificio del cual había vivido enamorada en mi infancia y ahora también. Sonreí al llegar y no porque fuera la primera vez que visitaba aquel lugar, sino más bien porque era un lugar que solo podía darme buenos momentos.
Fuimos hasta el mirador más alto. Era como sentirse en una cajita de cristal y para nuestra fortuna estaba vacía. Estaba atardeciendo y supuse que la idea de caminar cerca de aquí no fue al azar. Ambos nos acercamos a uno de los múltiples cristales del mirador, ambos mirando a lo lejos y sin decir una sola palabra, bueno, al menos hasta que yo no pude evitar pensar en voz alta.
- ¿Qué es lo que te gusta de esta enorme ciudad? -solté
No volteó a verme ni nada. Sólo contestó manteniendo la vista fija en algún punto del horizonte.
- La idea de que aquí soy libre -me dijo tranquilamente- de sentirte diminuto entre todos esos gigantes que nos rodean y saber que puedo pasar desapercibido para el mundo.
Esa era una de las cosas que teníamos en común y hasta este momento lo sabía. Al final de cuentas él también escapaba, pero su escape era muy diferente al mío. A pesar de que no se parecía en nada a la última vez que había estado aquí, no me cabía la menor duda de que lo que estaba pasando era especial. Los rayos de sol desapareciendo, el hecho de que fuéramos los únicos en la sala, nuestras miradas perdidas en el horizonte, se sentía especial.
Seguía mirando la puesta de sol y de la nada, las palabras quisieron salir de mi boca.
- ¿Sabes? Siempre había pensado que mi vida podía ser de color rosa. Sí, había pensado que el mundo si podía ser como un cuento de hadas, al menos hasta hace poco. De pronto te das cuenta de que todo es tan diferente, de que los príncipes azules puede que ni siquiera sean príncipes, de que los castillos pueden tornarse en edificios que te cubren y te hacen sentir diminuta… -noto que ahora me mira, pero no puedo parar- Ahora pienso en las cosas como si fueran colores. Los colores siempre nos regalan toda una gama de sensaciones y sentimientos. -lo volteo a ver- Cuando pienso en tí, pienso en el azul, pero no pienso en el azul del cielo en un día despejado, más bien, pienso en el azul del océano a esta hora.
- ¿Tan oscuro me ves? -me pregunta y sonríe como solo él sabe hacerlo.
Le devolví la sonrisa, porque sabía que no estaba esperando una respuesta concisa. Volví a mirar hacia el ocaso y continué con mi discurso.
- Apenas descubrí que no todo tiene que ser como un día soleado. La noche y los colores oscuros a veces logran más que un día lleno de luz -siento cómo es que no ha dejado de mirarme- La oscuridad siempre logra mejores contrastes y a veces, nos ayuda a diferenciar y a apreciar cosas que no veíamos cuando todo era luminoso...
De pronto había guardado silencio y no despegó la mirada del atardecer, como si de verdad se pusiera a analizar todas las tonalidades que envolvían a la ciudad en este instante. Siento claramente que todo lo que ha dicho es verdad. Por primera vez me sentí completamente en paz y tranquilidad con ella, era como si una unión se hubiera hecho sin ni siquiera darnos cuenta. Volví la mirada al ocaso, que estaba a punto de terminar cuando habló de nuevo.
- Siempre me he preguntado por qué no dices nada, por qué pareces como la noche, tan misterioso y con tantas cosas ocultas.
Ya me esperaba esa pregunta, todos en algún momento me lo preguntan y usualmente evado el tema, pero esta vez, el momento me decía que sí, que ya era tiempo de abrirme con ella, de demostrarle quien soy en realidad.
- Perdí a mi madre -le digo sin mirarla- Mi padre desde pequeño dijo que murió, pero, hay una parte de mí que aún puede sentirla, que sin poder explicarlo, sabe que ella aún está viva. Eso me hace sentir coraje hacia mi padre, pero no puedo justificarlo. Jamás pude decirle madre a la persona que mi padre eligió para volver a hacer su vida, y no porque ella fuera una mala persona, es sólo que no puedo. Las pérdidas me asustan, es por eso, que lo mejor para mí es no acercarme demasiado, así no pierdo a nadie.
Vaya, se siente bien decirlo. Además ella no da ni una muestra de no entender lo que digo, al contrario, es como si lo hubiera entendido todo. No me mira tampoco con compasión, ni nada, cosa que me alegra y me deja más tranquilo. Nunca he querido la compasión de nadie.
- ¿Ves? esos son los contrastes de los que hablaba -me dice de repente y apoya una mano sobre mi hombro.
- Creo que me hacía falta que alguien, encendiera la primera luz. -le digo yo
Ahora también la veo, directo a los ojos de color rubí que tiene. Me sonríe tan cálido como la primera vez que la ví y ahí está de nuevo, esta sensación de no querer que se vaya. Se acerca y yo también lo hago, nos acercamos hasta que nuestros rostros quedan tan pegados que siento claramente su respiración tocando mi cara, cálida, como siempre ha sido ella.
- Me gustas -le digo de repente.
Y sin dudarlo, ni ella ni yo, unimos nuestros labios en un beso tierno y tibio lleno de múltiples colores producto de los últimos destellos de sol.
Este es el momento que estaba esperando, que ansiaba y que (no negaré) alguna vez llegué a soñar, sus labios y los míos se unieron en armonía.
Sin duda alguna la torre de Tokio siempre me dará buenos momentos. Sonreí como tonta cuando el beso terminó, podía sentir claramente como mis mejillas estaban encendidas y mi corazón acelerado.
- También me gustas -le dije sin soltarlo y con el poco aliento que tenía.
Me abrazó fuerte y entonces entendí que ninguno de los dos se alejaría tan fácilmente. Así entonces la noche nos había cubierto y lo que para muchos pudo haber sido un atardecer cualquiera, para mí fue muy significativo. Al bajar de la torre, bajamos tomados de la mano y así caminamos todavía un rato más, hablando de su padre, de los edificios, de lo bonito de la noche.
Y así, fue como le permití el paso a Hikari. Sé que no es necesario para ninguno de los dos decir nada más, al menos no por este momento. Sé que ella entendió el mensaje implícito cuando la tomé de la mano. La chica que conocí en un día lluvioso, a la que besé después de gritarnos al fin estaba conmigo.
El camino de regreso a casa fue muy muy tranquilo. Todo el tiempo bastaba cerrar los ojos para recordar ese beso, que a pesar de que no había sido el primero fue el más significativo, el más dulce. Ambos lo hicimos totalmente conscientes.
Al llegar a casa, fue Tai quién me recibió, con esa sonrisa burlona de que sabe que algo grueso pasó. Mi hermano parece un sabueso en cuanto al tema de descubrir lo que siento se trata. Mencionó a Takeru en la plática, ya que él también me había llevado a la torre de Tokio cuando nos hicimos novios, pero la verdad es que nada podía hacer que mi sonrisa se invirtiera, por mucho que lo de Takeru fuera significativo.
No estoy enojada con Tai y le sigo sonriendo para que lo note. Me pregunta finalmente qué fue lo que pasó.
- Sólo vimos el atardecer -le vuelvo a decir- no hubo más detalles que ese.
- ¿Enserio? y entonces, ¿qué hizo que la señorita dulzura se decidiera por él?
- Él me dió algo muy bello Tai -se queda con cara de no entender- me abrió las puertas a su corazón…
Suspiro y es entonces cuando caigo en la cuenta. Así nada más, sin palabras, sólo con esa mirada y esa mano fue que me dijo que era bienvenida. No había más que pensar, ambos, estábamos juntos a partir de ese instante.
Y así es como termina esta historia!
Ya tenía planeado como seguirla (incluso ya tenía escritos dos capítulos más), pero después de darle una leída decidí que lo mejor era dejarla hasta aquí, continuar hubiera sido muy lioso y no sé, siento que hubiese resultado tedioso. Espero de verdad que la hayan disfrutado!
Y muchas gracias a aleprettycat por tus reviews y por marcar esta historia como favorita!
