¡Hola a todos! Después de varias semanas he vuelto.

Lamento mucho la tardanza, pero, a veces suceden cosas en la vida que no tienes predestinadas, ¡lo siento de corazón!

Para ahorrarme un poco más de tiempo no responderé esta vez sus bellísimos reviews, pero me gustaría decirles que estoy encantadísima con todo lo que dejan; ¡de verdad muchas gracias! También les agradezco sus favoritos y alertas, ¡son un amor de personas! ¡Gracias!

Espero que de corazón les guste este capítulo. Yo lo he amado, en especial el Asanoya -cuuuuuuute-

Sin nada más que decir, posibles Ooc y ¡ah! aparecerá algo extraño en Iwaoi que espero que no les moleste (será la única vez)

Disfruten de este capítulo recién salido del horno :'D

Haikyuu es de Furudate Haruichi.


Viaje de Verano.

Noche veraniega: Festival local - Parte I


Solamente les tomó unos cuarenta minutos aproximadamente para seguir caminando por la playa y encontrar a ambos chicos de primer año. Tanto como Daichi y Suga se sonrieron mutuamente a la vez que corrían hacia la dirección en donde estaban los chicos. Éstos caminaban de frente a ellos pero cada uno iba ensimismado en su mundo. El setter de metro ochenta caminaba mirando hacia el horizonte, mientras que el pequeño de cabellera naranja caminaba mirando sus pies llenos de arena, con ambas manos sobre su pecho entrelazando y torciendo claramente nervioso los dedos de sus manos. No fue hasta que el capitán los llamó por sus nombres que se dieron cuenta que los de tercero los estaban buscando. Claro, se habían demorado mucho en volver.
Sugawara de inmediato captó una extraña atmosfera entre ellos por lo que suavemente codeó las costillas de su novio en pista de que algo extraño sucedía ahí, captando de inmediato el gesto del chico de cabello platino.

"¿No notas algo extraño?" le preguntó con la mirada.

"Sí, no sé muy bien pero hay algo extraño entre ellos" le respondió de vuelta el capitán con sus achocolatados ojos.

Miraron a ambos chicos de primer año, Daichi a Kageyama y Sugawara-san a Hinata respectivamente, para luego suspirar y decirles que lo mejor era volver ya que Takeda-sensei estaba muy nervioso ante la ausencia de ellos. Kageyama, pensativo y un poco más serio de lo normal les respondió que era una buena idea, mientras que Hinata se mantenía aún torciendo sus delgados dedos sobre su pecho en señal de nerviosismo, sin siquiera responder o levantar la vista desde sus pies.

Sugawara quiso hablar de inmediato con Hinata, pero ya con la experiencia vivida con Tsukishima y Yamaguchi, creyó que lo mejor ahora sería dejar a ese par solo al igual que el anterior nombrado, hasta que uno de los dos se le acercara para hablar y aclarar sus pensamientos, por lo que ahora se mantendría fuera de todo esto.

Debían avanzar solos.

Los cuatros se encaminaron hacia la cabaña mientras alrededor se divisaban como las personas cerraban sus sombrillas y guardaban sus cosas en pequeños bolsos, dispuestos a volver a su hogar o casa veraniega según era el caso de cada una. Sugawara quien había estado absorto en su mundo buscando a ambos chicos no se había dado cuenta ya que el sol estaba más abajo que antes, comenzando en tan solo algunos minutos el atardecer de ese día.

No demoraron mucho en llegar a la cabaña, por lo que una vez que Takeda-sensei vio a los chicos de primero no pudo evitar correr y abrazarlos mientras les hacía saber lo muy preocupado que lo tenían. Hinata aún inquieto trataba de calmarlo con su voz un poco más alta de lo normal, mientras que Kageyama solamente se mantenía mirando el cielo que había comenzado a tornarse más oscuro una vez llegados. Al entrar a la cabaña, toda atmosfera extraña que los rodeaba desapareció al presenciar un torneo de pulseadas entre el equipo, iniciada por el entrenador quien le había ganado ya a la mayoría de los chicos de segundo año. En ese momento era el turno de Tanaka para probar su fuerza física, por lo que Hinata de inmediato se emocionó y se unió a la competencia, olvidándose por completo sobre lo que había ocurrido horas atrás con el gran rey. Kageyama por su parte se dirigió al baño a tomar una buena ducha, ya que necesitaba quitarse esa sutil capa salada que se le había impregnado por tanto caminar por la playa, además de que necesitaba un tiempo a solas, con tranquilidad, para ordenar y meditar aún mejor lo que había ocurrido con Oikawa-san anteriormente.

Al igual que Tsukishima había tomado dos toallas, una para el cuerpo y otra para su cabello, además de ligeras ropas ya que si bien recordaba hoy en la noche sería el festival local por lo que irían a visitarlo un rato con el equipo.

Abrió la llave de la ducha y tomándose su tiempo, con calma, se sacó el traje de baño negro con líneas diagonales blancas que le había comprado su madre para esta ocasión, tirándolo en el cesto de ropa sucia junto con sus bóxers los cuales estaban un poco húmedos ante el baño que se había dado en el mar con los demás chicos. Se adentró a la tina y no pudo evitar suspirar de satisfacción al sentir el agua cayéndole de lleno en el cuerpo, en la espalda, en los hombros, relajándolo y tranquilizándolo de sobre manera mientras agarraba la botella de su champú y se untaba el contenido en su azulino cabello, comenzando el lavado diario que tenía desde pequeño.

Se refregó la nuca, detrás de las orejas, a los lados, en su flequillo mientras de fondo escuchaba la risa de todos los del equipo situados en la habitación principal de la cabaña acompañados de un eufórico Hinata que exclamaba "¡Es mi turno, es mi turno!" ante la competición de pulseadas que había iniciado el entrenador. Kageyama, ante esto, no pudo evitar suspirar y recordar lo que hace varias horas ya había comenzado a meditar, todo gracias a su senpai de la escuela media.

Flash back

– ¡Chibi-chan! Y… ¿¡Tobio-chan!?

– ¿¡Qu-Qué está haciendo aquí el gran rey, Kageyama!? – le gritó nervioso mientras le tomaba de un brazo y se escondía detrás de su gran cuerpo, aún apuntando al setter de Aoba Josai.

– ¡Qu–! ¡Cómo quieres que lo sepa, idiota!

– ¡No me llames idiota, idiota! – le devolvió el insulto.

– ¡Ha ha! Nunca pensé que me los encontraría en un lugar como este~ – los interrumpió el castaño a la vez que se levantaba de la sombrilla y se ponía frente a ellos.

– ¡Qu-Qué estás haciendo aquí! – le preguntó retadoramente el número diez mientras aún lo apuntaba con su dedo, ingeniando miles de ideas en su pequeña cabeza del porqué Oikawa-san estaría en un lugar como este.

– ¡Pues, nada más ni nada menos que teniendo una cita con Iwa-chan! – le respondió emocionado al de metro sesenta aún sin poder creer que su viaje con Iwa-chan era real y no algo producto de su imaginación.

– ¿Ci…ta? – preguntó confundido Hinata, hasta que se dio cuenta de lo que implicaba la palabra que había repetido automáticamente – ¡U-U-UNA CITA!

– ¿¡Oikawa-san e Iwaizumi-san están–!? – gritó sin poder creérselo el apodado anteriormente como "rey opresivo".

– ¡Yei! – festejó Oikawa mientras se daba cuenta del impacto que causaba en los chicos de Karasuno la simple palabra "cita" – Pero, hey, ¡vamos! No es como si ustedes no estuvieran en una – les informó mientras apuntaba burlonamente la mano de Hinata que aún tenía agarrado el brazo de Kageyama al haberse ocultado detrás de él.

Ambos chicos se miraron y de inmediato sus rostros se ruborizaron como hace minutos atrás lo habían hecho cuando se habían dado la mano, incapaces de actuar con normalidad frente al gran popular Oikawa Tooru.

– ¡N-No–! ¿¡Oikawa-san qué está di-diciendo!? – preguntó entrando en pánico Tobio.

– Ka-Kageyama y… y-yo… ci-cita… – Hinata murmuraba una vez ya soltado del brazo de Kageyama mientras miraba sus pequeñas manos y repetía lo mismo – ci-cita… y-yo y… cita…

– Oigan, ¿qué…. qué les sucede? – los miró extrañado el de piel nívea – no es algo del otro mundo, quiero decir, es normal que tengan citas.

– ¿¡No-Normal!? – le preguntó gritando Kageyama.

– ¡Pues claro Tobio! ¿No son novios? – preguntó inclinando levemente su cabeza hacia el lado derecho.

– ¡No-NOVIOS! – gritó automáticamente Hinata a la vez que su rostro se volvía un hermoso tomate maduro.

– ¡EH! ¡NOV–! – ni siquiera podía decir la palabra de lo avergonzado que se sentía con todo esto – ¡NO–! ¡NOVI–! – no, no podía.

– Ka-Kageyama…. Kageyama y yo… no-no-novios… – murmuró tímidamente mientras se atrevía a alzar su mirada miel y conectarla con la azul mar de Tobio.

– ¡Qu–! ¡Hinata qu-qué estás hablando–!

– ¡Pe-Pero Oikawa-san–!

– ¡Cállate!

– ¡Pe-Pero Oikawa-san dijo que–!

– ¡Tan solo cállate idiota!

– ¡He-Hey! ¡No me digas idiota, t-tú–!

Y así comenzó una nueva pelea con gritos incoherente entre los dos.

Fin flash back.

Con sus grandes manos, ocultando por completo su sonrojado rostro, recordó la escena exacta de cuando se habían topado con Oikawa-san. Su corazón saltaba incluso más fuerte que en el momento al estar ahora más calmado, por lo que podía repasar con más atención lo que había ocurrido. Si estaba bien, había entendido que Oikawa-san les había insinuado que eran novios, sí, novios, él y Hinata. Y ser novios infería en que ellos se gustaran, porque para que dos personas se convirtieran en pareja debían quererse mutuamente, gustarse. Eso lo tenía claro, no era tan despistado como para no saber eso. El dilema ahora aquí era el porqué Oikawa-san les había dicho eso.

Quitó sus manos de su rostro y agarró el jabón en barra que estaba sobre un pequeño soporte al lado del champú, comenzándolo a pasar por todo su cuerpo, continuando con su análisis.

Puede que Oikawa-san había pensado que eran novios al ver que Hinata le había agarrado el brazo con tanta familiaridad, sin vergüenza, por lo que esa era su principal opción. Pero si se lo pensaba bien, el toque de Hinata no era como lo suficiente para llegar a pensar que eran novios. Para él, había sido un toque de nervios por ver de repente a Oikawa-san, simplemente eso.

También estaba la opción de que al verlos sólo a los dos juntos, caminando por la playa, pensó que estaban en una cita como muchas parejas lo hacían. Además de que como siempre andan juntos, ya sea en la escuela o en el entrenamiento, era común pensar que ellos eran novios. Pero alto, el capitán de Aoba Josai no pensaba comúnmente. Podría atreverse a decir –o pensar en este caso– que el de ojos cafés suave como el chocolate dulce tenía una particular manera de pensar las cosas, de analizarlas, por lo que no creía mucho en la opción de que pensó que eran novios por verlos siempre juntos. Por lo que esa idea quedaba descartada; para que Oikawa-san les dijera eso, tiene que haber una razón mucho más profunda.

En ese momento, recordó de inmediato la conversación que había tenido con Daichi-san el día de ayer por la tarde. Le había dado sus sospechas de que posiblemente a Hinata le gustara Yachi-san ya que el de cabello ondulado le había dicho que la persona que le gustaba era desde hace muy poco tiempo, infiriendo entonces así que era Yachi-san ya que ella había entrado hace muy poco al equipo para ser la futura mánager. Pero la reacción del capitán al escuchar esto no fue algo que se le había pasado por la cabeza a Kageyama, ya que su reacción fue de decirle al setter oficial que Hinata gustaba de él, confundiendo aún más sus sospechas. Y no se iba a mentir a sí mismo, pero antes de pensar que a Hinata le gustara la chica rubia del equipo, pensó, sinceramente, en que podría ser él, y no lo pensaba egocéntricamente, si no que hace tiempo venía dándose cuenta que el pequeño bloqueador central estaba teniendo un comportamiento algo extraño hacía él. Varias veces en los entrenamientos se había topado con que lo miraba por un buen rato, además de que le daba la sensación de que lo seguía con la mirada por todo el gimnasio cuando debían precalentar trotando. Pero todas esas sospechas, esos posibles hechos de que le gustara al pequeño de camiseta número diez, se desvanecieron de inmediato cuando tuvieron esa conversación la noche anterior a este viaje, vía teléfono móvil, sobre si les gustaba alguien.

Lo que le había dicho Hinata causó en Kageyama que todas sus ideas sobre gustarle a él se quebraran, se desvanecieran como partículas de polvo, reemplazándolas con ideas de que al pequeño le gustaba la chica que Shimizu-senpai había presentado hace unas semanas.
Era más que obvio. Por eso mismo, en la mañana cuando se había sentado junto a Yachi-san debajo del quitasol, le preguntó sobre qué pensaba de Hinata. Quería saber si la chica también estaba interesada en Hinata, algo, una pequeña pista, pero sus nervios lo habían traicionado por completo y ante la respuesta de la chica de no saber a qué se refería su pregunta, abandonó por completo la situación.

Pero por más que se auto convenciera de que a Shouyou le gustaba Hitoka, estaba aquel hecho que había ocurrido cuando lo había ido a buscar luego de su desaparición, encontrándolo en una zona rocosa de la playa.
Esa situación, mirándose desde cualquier ángulo, había sido extraña. Había jurado que Hinata se encontraba llorando entre las rocas cuando lo había encontrado, ya que la mirada que había recibido de él ante su llamado, había sido muy triste, angustiosa y melancólica. Luego, cuando tomó la pequeña mano de Hinata, sintió por primera vez que estaba sosteniendo la cosa más frágil del mundo. Se sentía tan débil, pequeña, hasta llegaba a cubrirla por completo con la suya, que no quiso soltarla por ningún motivo. Y en ese momento, después de sacarlo de esa zona peligrosa, sucedió lo más extraño del mundo.
Ahora que estaba más calmado, no sabía por qué jodidamente le había agarrado el rostro con su mano libre en ese momento al no ver sus ojos caramelos. También no supo por qué era su culpa de que él estuviera ahí, y lo más confuso, no supo por qué Hinata se encontraba ahí, en ese lugar, pensando en él. De solo recordar aquella confesión su corazón saltaba al no entender nada, pero absolutamente nada del comportamiento de Hinata.

En estos mismos instantes, mientras se baña, vuelve a sentir sus mejillas coloradas como antes y su cuerpo tiembla como gelatina al haber recordado todas esas situaciones.
Ya no sabía muy bien qué pensar. No tenía ninguna idea de que quién sería la persona que le gusta a Hinata, y cabe decir que, al no tener ninguna idea, ninguna opción, lo ponía aún más nervioso saber quién podría ser.

Dejó en el soporte que había el jabón en barra una vez todo enjabonado, comenzando a enjuagarse el champú del cabello y el jabón del cuerpo.

– Mierda… – afirmó sus manos en los azulejos de la ducha y suspiró agotado – por qué es tan jodidamente complicado esto…


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El tiempo transcurre normal, pero para los chicos la noche llegó demasiado temprano de lo que tenían pensado. Entre juegos dentro de la cabaña, risas y bromas, llega la hora de la once por lo que se sirven algo más liviano de lo normal, ya que según sus planes irían al pequeño festival por lo que ahí comerían variedades de platillos.

Situados todos en la sala principal de la cabaña, se encontraban esperando a las chicas ya que se habían ido a su habitación a cambiarse para ir al festival, por lo que Takeda-sensei se plantó frente a todos ellos y comenzó a hablarles.

– Chicos, no quiero aguarles el viaje ni mucho menos lo emocionados que están, pero hoy es la última noche que estamos aquí.

– ¿¡Qué!? – gritó Nishinoya.

– Pues claro idiota –le respondió Ukai – ¿no te habías dado cuenta? Hoy es la segunda y última noche del viaje. Mañana nos volvemos a Miyagi.

– ¿Es… es enserio? – preguntó en shock Tanaka.

– Sí, el viaje solo sería de dos noches y tres días. Mañana es nuestro último día, pero, lo que yo les quería decir era que hoy se diviertan. ¡Diviértanse! ¡Disfruten el festival! Por alguna vez olviden todo lo relacionado al voleibol, a los entrenamientos, al campeonato. Disfruten y vivan esta noche como la última que tendrán en sus vidas. Por lo que he visto, se lo han pasado de maravilla en estos dos días; ¡síganlo haciendo! ¡Tan solo disfruten al máximo este festival! ¿Bien?

– ¡Sí! – gritaron todos al unísono luego de escuchar las palabras de sensei.

– Ni yo me había dado cuenta que hoy era nuestra última noche aquí – confesó el capitán un poco apenado y entristecido.

– No te preocupes, a mí también se me había olvidado – río el vice-capitán como él solo sabe hacerlo.

– ¡Noya-san! ¡Debemos visitar todos, pero TODOS los puestos de comida!

– ¡Exacto Ryu! ¡Comamos hasta reventar!

Ante el comentario de Nishinoya todos rieron, mientras que de la puerta de las habitaciones aparecían ambas chicas ya con sus trajes puestos.
Tanaka dejó de reír al notar lo que traían puesto ambas bellezas, sonrojándose y gritando a todo pulmón lo lindas que se veían.

– ¡KIYOKO-SAN ESTÁ TAN LINDA!

– ¿¡DONDE!? – gritó Nishinoya girándose hacia donde miraba su compañero de equipo.

Y en efecto, ambas chicas vestían unos lindos yukatas un poco ceñidos al cuerpo para resaltar sus curvilíneas figuras, junto con sus cabellos tomados en un alto tomate sujetado por ligas, viéndose demasiado lindas ante los ojos varoniles de los chicos, por lo que la más menor no pudo evitar avergonzarse ante los cumplidos que recibía de los chicos.

– ¡Yachi-san tu también te ves hermosa! – le comentó el líbero con ojos brillosos.

– Gr-gracias Nishinoya-senpai – le agradeció avergonzada.

– Es verdad, te ves encantadora – le afirmó el capitán del equipo.

– Gra-gracias – respondía avergonzada.

– Shimizu te ves adorable – le dijo sonriente Sugawara-san.

– Gracias – respondió sin más.

– ¡Yachi-san te ves muy linda! – le comentó emocionado Hinata.

– Gra-gracias Hinata-kun – respondió desviando sus ojos de él y sonrojándose en el momento.

Kageyama quien de inmediato había puesto sus ojos en Hinata en el momento en que las chicas habían salido de la habitación, observó como éste le decía lo linda que se veía y como ella le respondía avergonzada por el cumplido. No lo iba a negar, se veía linda la chica, pero eso no restaba el hecho de que se sintiera endemoniadamente molesto con Hinata en esos momentos.

"Siempre tuve razón, a Hinata le gusta Yachi-san" pensó de inmediato mientras observaba al pequeño de cabello extravagante. Y como si lo llamara con la mirada, con el pensamiento, de inmediato Hinata se dio vuelta y unió sus ojos con los profundos mar de Kageyama, divisando al instante la molestia de éstos, asustándose, preocupándose y girándose para mirarlo de frente.

– ¿Que…Qué pasa Kageyama? – preguntó nervioso ante la mirada que recibía de él.

– Nada – respondió a secas.

– ¿Se-Seguro? – le miró preocupante.

– Sí.

– Bien, ahora que estamos todos listos nos podemos ir – informó el entrenador.

– ¡Sí!

Se irían simplemente caminando ya que el festival se situaba a lo largo del gran puente que unía a la localidad de ahí con los centros turísticos del mar.
Hinata quien caminaba un poco detrás de Kageyama, lo estuvo mirando durante todo el camino hasta el festival preguntándose internamente que era lo que había ocurrido para que éste lo mirara enojado y le hablara en un tono seco, por lo que sin poder ocultarlo mostró en su rostro una clara expresión de temor y nerviosismo al no encontrar un porqué del comportamiento de Kageyama.

Él sabía que con lo que les había dicho el gran rey en la playa se había originado un extraño ambiente entre ellos, pero no lo suficiente como para que Kageyama se dirigiera hacia él de mala gana. Además de que antes de toparse con Oikawa-san las cosas se habían puesto extrañas también, pero no de mala forma.

Entonces ¿qué era? ¿Por qué Kageyama lo había mirado mal? No lo entendía, y ninguna razón se le venía a la cabeza, por lo que continuó caminando cabizbajo detrás de Kageyama, preocupado y temeroso de por cuál sería la razón.

Pero una vez que llegaron al festival, su desánimo se esfumó levemente, correspondiéndose a contagiarse por la alegría del lugar.

– ¡Es el festival!

Puestos por aquí y por allá se situaban a lo largo del puente. Luces LED de muchos colores se apreciaban alrededor de los puestos de comida y juegos. Habían un sinnúmero de personas vestidas con yukatas y máscaras, y muchos niños corriendo de aquí por allá con pequeñas bolsas de colores en sus manos. De fondo se podía apreciar tambores sonando junto al dulce sonido de las flautas dulces, dándole aún más un ambiente festivalero al lugar.
Algunos chicos de la localidad que vestían con ropas casuales se quedaban mirando a las chicas de Karasuno, embobados, mientras que otros se hablaban entre sí sobre si sería buena idea invitarlas a dar una vuelta por el festival. El chico de cabeza rapada ante esto no dudó en ningún momento en gritarles y hacerles saber que las bellezas de Karasuno eran intocables, ahuyentando a la mayoría de chicos que querían hablar con ellas.

– ¡Bien! Nosotros los dejaremos libres desde aquí hasta la hora de cierre del festival. Personalmente quiero que se diviertan mucho y que disfruten todo lo que tenga el festival. Cualquier cosa pueden llamarme a mí o a Ukai-kun. ¿Queda claro?

– ¡Sí, sensei!

– Si no pueden contactarnos a nosotros pueden llamar a Sawamura o Sugawara – agregó el entrenador mientras se encaminaba por el festival junto con Takeda-sensei.

Los chicos no alcanzaron a responder algo, ya que ambos adultos "responsables" ya no se veían entre el gentío que había en el puente. El capitán solo suspiró ante lo que había dicho el entrenador y sonriéndoles a todos los chicos, los invitó a divertirse como nunca antes lo habían hecho.

Duraron exactamente un par de segundos todos juntos como equipo, hasta que el pequeño líbero agarró de un brazo al temeroso As de Karasuno y se lo llevó gritando en el camino que lo acompañara a buscar algún puesto con yukatas ya que quería vestir uno sí o sí. El grandulón al ser agarrado por el más bajo no tuvo tiempo de retractarse, por lo que solo le quedó seguirlo como siempre pasaba.
Pasaron unos pocos minutos y los chicos de segundo año se separaron junto a Tanaka-senpai y las chicas, separándose del capitán y Sugawara, por lo que ambos chicos de tercero se quedaron con las dos parejas de primer año, y que si bien estaban en un festival alegre, ambas tenían un ambiente alrededor suyo sombrío, por lo que Sugawara no pudo evitar hablar de eso con su novio.

– Hey Daichi, ¿qué haremos con ellos?

– ¿A qué te refieres? – dijo mientras apuntaba con una pistola de agua hacia un pequeño peluche para derribarlo y ganarlo en el local de juego que se habían detenido.

– Pues, tan solo míralos – el chico de hebras platinas se giró y miró a ambas parejas, observando como Hinata miraba afligido desde atrás a Kageyama y éste solo miraba hacia el horizonte sin detener sus ojos en algo particular. Koushi luego miró a Yamaguchi y Tsukishima, encontrándose al primer nombrado muy cabizbajo mirándose la punta de sus zapatillas mientras que el de anteojos miraba desinteresado un puesto de ramen situado a espaldas de Daichi, lejos, por lo que no pudo evitar preocuparse y volver a hablarle a su morocho – están muy desanimados.

– Yo creo que deberíamos dejarlos solos – le recomendó Sawamura mientras pedía otra ronda para botar y ganarse el pequeño peluche de conejo que había – creo que necesitan tiempo para estar a solas y hablar. Tanto entre Kageyama y Hinata, como Tsukishima y Yamaguchi, pasó algo. Necesitan conversarlo solos y aclarar todo.

– ¿Estás seguro? – le preguntó aún indeciso.

– Sí Suga, hay que dejarlos solos, y toma, un regalo – le dijo sonriente mientras le daba el pequeño conejo de esponjosa y blanca colita que había podido derribar.

– Gracias Dai – le había dicho inconsciente ese apodo, por lo que sus mejillas no demoraron nada en ruborizarse.

– De nada, y te lo dije, había que dejarlos solos – le dijo mientras que con sus ojos miraba por sobre el hombro de su novio, haciendo girar a Sugawara, encontrándose con que ninguna de las dos parejas se encontraban en donde hace solo segundos estaban.

No pudo evitar reír de sí mismo, por lo muy preocupado que estaba por los chicos, sosteniendo el pequeño regalo en su mano derecha mientras que con la otra tomaba la bronceada de Daichi y le decía que ya era hora de divertirse.


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.


Se sentía muy mal, de horrible manera. Todo le daba vueltas y el olor al pequeño local le llenaba por completo sus fosas nasales, embriagándolo más de lo que ya estaba.
Se sentía torpe y lento, muy lento. Desde hace minutos estaba hablándole a Ukai-kun sobre algo que ya ni siquiera recordaba; sólo hablaba. Sentía los latidos de su corazón más rápido de lo normal y sentía que debía moverse, hacer algo, no sabía bien qué, pero moverse.
El entrenador quien solo llevaba un par de sorbos del alcohol que estaba sirviendo el local, no pudo evitar reír y no despegar los ojos del sensei, ya que él con tan solo dos tragos de cerveza se había embriagado tanto como para que se le comenzara a enredar la lengua, observando lo gracioso pero a la vez tierno que se veía sensei.

Si bien el viaje lo habían organizado para darles un pequeño descanso a los chicos, ellos como entrenador del equipo y asesor del equipo respectivamente, también tenían que darse un pequeño gustito. Pero en los planes de Ukai no estaba el hecho de que sensei tendría tan poco aguanta al alcohol. Ni que se tratara de un chico de escuela media; pero sí, tenía muy poco aguante.

– ¿De qué sssee ri-rié Ukai-kunnmm…? – le preguntó con dificultad.

– Nada sensei – le respondió éste aún riéndose.

– Vamoss, ¿de qué te rrries…? – pronunció mientras trataba de acomodarse sus lentes.

– Takeda-sensei tiene cero aguante al alcohol – rió travieso mientras miraba lo encantador que se veía arreglando sus anteojos.

– Ukai-san… es malo – le reprendió con un tierno puchero en sus labios.

– No diga eso sensei.

– Hmm… – lo miró extrañamente aún con su puchero en los labios.

"Diablos, es tan lindo" pensó de inmediato al ver los brillosos ojos de sensei por sobre los anteojos.

– Ha ha – rió Takeda – Ukai se ve lindo cuando ríe~ – y confesó juguetonamente, mientras tomaba una nueva lata de cerveza.

– Vamos sensei, deténgase.

"O si no yo… podría hacer algo de lo que pueda arrepentirme después…"


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Luego de recorrer casi todo el puente, al fin habían encontrado un puesto en donde vendieran yukatas a buen precio. Nishinoya de inmediato se había adentrado a los probadores por lo que Azumane solo tuvo que esperar afuera mientras el chico se cambiaba dentro. Sin mentir, se probó alrededor de diez yukatas sin siquiera mostrárselos al As de Karasuno. El grandulón solo suspiró mientras veía como el vendedor trataba de ocultar en vano su impaciencia y molestia, por lo que trato de apurar un poco al pequeño de metro cincuenta y nueve.

– Vamos Yuu, apresúrate.

– ¡Ya voy! – respondió éste mientras se colocaba un nuevo yukata.

Asahi solamente se disculpó con la mirada con el vendedor quien solo le dijo que no se preocupara, que ya estaba acostumbrado a que pasara esto.

Esperaron por algunos minutos y por fin salió el chico del probador.

Vestía un yukata naranjo completo, con líneas diagonales de color blanco que se cruzaban entre sí formando grandes cuadros naranjos, mientras que el obi, esa correa para amarrar y apretar el yukata situada en la cintura, era de un color naranjo mucho más oscuro que el traje en sí, haciendo así que ambos colores hicieran juego con los castaños ojos del chico, además de ese flequillo más claro que tenía de su cabello normal, haciendo todo juego entre el líbero y el traje.

Asahi cuando lo vio se quedó sin palabras, incapaz de exclamar con su voz lo que su mente pasaba en esos momentos.

– Tan lindo…

O eso creyó.

– ¿Ah? – lo miró interrogante Noya.

– E-Eh… digo, te ves bien – le comentó mientras alzaba una mano y se rascaba la nuca en señal de nervios.

– ¡Por supuesto! ¡Este me llevaré! – le dijo girándose al vendedor para pagarlo.

Luego de salir de ese local continuaron caminando por el festival mirando los puestos, o eso era lo que hacia Nishinoya, ya que Asahi simplemente caminaba mirando al pequeño al lado suyo, hipnotizado, como si fuera la cosa más interesante del mundo. Noya quien estaba cegado por los puestos de comida y entretención no se fijó para nada en como el de cabello largo lo miraba, por lo que aprovechó esto Azumane y continuó mirándolo por varios minutos ya.

Se veía lindo, ósea, le acentuaba demasiado bien el yukata. Además de que se le ceñía al cuerpo, por lo que se veía delgado y frágil.
Si bien había tachado como "asco" o "rechazo" esa sensación que sentía hace varios días cuando miraba a Noya, ahora no podía negar que la sensación fuera más profunda, potente, fuerte, y que en realidad no se sentía para nada de asqueado por mirar a Nishinoya. Es más, se sentía inquieto, como si algo lo molestara. No sabía muy bien cómo expresarlo. El nudo en el estomago, el nerviosismo de su corazón, la humedad de sus manos, no sabía qué razón darles ya a estas sensaciones.

– Asahi-san, ¿pasa algo?

Pero tuvo que dejar a un lado en esos momentos sus inquietudes, sus dudas, ya que el pequeño a su lado le había llamado la atención.

– N-No, ¿por qué lo dices? – ¿Por qué había tartamudeado?

– Es que hace rato estás mirándome, y no sé, siento que tengo algo extraño… – le dijo murmurando y deteniendo su andar mientras desviaba sus castaños ojos del más alto.

Nishinoya Yuu, ¿comportándose tímido? ¿Estaba viendo bien? El mismo Nishinoya que conocía hace tiempo, el gritón, exaltado y con una personalidad única, ¿estaba actuando tímido?
Refregó confuso sus ojos con su antebrazo y volvió a mirarlo, viendo aún esa pose y actitud tímida.

– ¡Qué pasa! – le gritó avergonzado ya por tener por tanto tiempo la atención de Asahi.

– ¿Q-Que…? Digo, no, nada, es que… – ¿Es que qué exactamente? ¿Tenía algo que decirle acaso? – Yo pienso que… que…

– ¡Asahi-san!

– Que te verías mejor con el cabello hacia abajo.

– ¿Eh?

– ¡Sí–! ¡Eso quería decirte! – ¿por qué diablos se ponía tan nervioso? – ¡Si te agacharas el cabello–! – posó una de sus grandes y morenas manos sobre el suave cabello del chico y comenzó a despeinarlo – ¡Si te agacharas el cabello te verías mejo–!

Pero no pudo terminar de hablar, sus palabras se quedaron atoradas en lo profundo de su garganta. El aire se le cortó al instante y su cuerpo se quedó petrificado aún con su mano posada en el cabello de Nishinoya. Éste solo lo miraba hacia arriba producto de su pequeña estatura, viéndose más adorable aún ante los ojos del gran rematador de Karasuno, sintiendo de inmediato el calor de su cuerpo acumulándose en sus mejillas.

¿Qué era esto? ¿Qué era lo que estaba sintiendo?

En efecto, el pequeño chico se veía tres veces mejor con el cabello caído y el yukata puesto. Se veía adorable, pero demasiado adorable. Mirándolo desde una estatura similar a la de Asahi se podía apreciar con mayor intensidad esa ternura, esos ojos inocentes que brillaban por quien sabe cual razón, esas mejillas incluso más suaves y más sonrojadas que las de una chica, y esos labios, esos labios que se habían teñido de un rosado suave producto de una manzana confitada que se había comido minutos atrás. ¿Qué era esto? Pero enserio, ¿qué era exactamente lo que estaba sintiendo en esos momentos Asahi? ¿Por qué quería agacharse y… besarlo? ¿Qué eran estas ganas tremendas de abrazarlo?

¿Qué era exactamente este sentimiento cálido que le recorría por todo el cuerpo?

– Noya… – susurró su nombre mientras deslizaba su mano del cabello hacia una de sus mejillas, dejándola ahí – ¿a… a quién te declararás?

– ¿No es obvio? – le dijo sin despegar por ningún segundo sus castaños ojos con los de Asahi-san, exclamando su respuesta.


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Llevaban ya varios minutos caminando sin siquiera detenerse en algún puesto en concreto, por lo que se podía decir que ellos realmente no habían disfrutado nada del festival local. El más bajo de los dos seguía al otro desde atrás, temeroso, aún pensando en las posibles razones del porqué se estaba comportando con él tan indiferente y apático. La única opción que tenía asegurada hace ya un rato era el hecho de que debió molestarle lo que Oikawa les había dicho en la playa horas atrás. Eso de que si eran novios o algo así. Era la única opción de la que se había auto convencido que era la razón de la molestia de Kageyama, sino, ¿cuál sería entonces?

Continuó siguiéndolo desde atrás, a una distancia prudente, hasta que éste se detuvo en seco provocando que el más pequeño chocara con su grande espalda de frente, disculpándose tímidamente.

– Lo-Lo siento–

– Creo que ya es hora de volver.

– ¿Eh? – exclamó confundido – ¿A… a que te refieres Kageyama?

– Que ya es hora de volver, estoy aburrido. – sin más, se dio vuelta y pasando por al lado de Hinata se dispuso a volver a la cabaña.

– ¡N-No–! ¡Espera! – de inmediato, lo agarró de un brazo con ambas manos y cerrando sus ojos temeroso, se quedó ahí deteniendo a Kageyama.

– Suéltame – con un movimiento brusco logro zafarse de Hinata y continuó su andar.

– ¡Kageyama! – éste corrió hacia él y con ambas manos lo tomó de su polerón gris, deteniéndolo una vez más.

– ¿Qué quieres? – suspirando, detuvo su andar y le habló de mala gana.

– E-Eh… yo…

– Si no quieres nada, ¿puedes soltarme?

– ¡No! ¡Quiero… quiero hablar contigo!

– ¿De qué quieres hablar?

– So-Sobre…

– Si pudieras hablar más rápido, te lo agradecería.

– ¿¡Estás molesto!?

– ¿Por qué preguntas? – Hinata de inmediato sintió como los hombros de Kageyama se tensaban. Si, estaba molesto.

– ¡Porque lo estás! – dio unos pasos para quedar frente a él y lo miró desde su altura – ¡Y quiero saber por qué!

– ¿De qué te serviría? – le preguntó tajante – ¿harás algo?

– ¿Acaso hice algo? ¿Te molestó algo que hice?

– Hey, no me ignores y respóndeme.

– ¿¡O acaso fue lo que Oikawa-san dijo en la playa!?

– ¿Ah? ¿De qué estás hablando? – le preguntó molesto.

– ¡Eso que dijo que nosotros éramos novios! – gritó con su rostro sonrojado – ¿Tanto te molestó?

– N-No… no es eso… – le respondió desviando sus ojos de él y suavizando solo un poco su expresión.

– ¿¡Entonces que es!?

– …

– ¡Kageyama!

– ¡Quieres callarte!

– ¡No! – se acercó un poco a él pero éste retomó su andar hacia la cabaña, molestando un poco a Hinata – ¡Kageyama!

– ¡Cállate y sígueme! – le dijo mientras se daba media vuelta para decirle aquello.

En completo silencio Hinata siguió a Kageyama y se dio cuenta de que iba hacia un lugar un poco más apartado del festival situado cerca de la entrada del puente. Había uno que otro árbol y aunque fuera de noche, el lugar estaba iluminado lo suficiente gracias a las luces que salían del festival. Vio como Kageyama se detenía y se daba vuelta para quedar frente a él, comenzando así a hablar.

– ¿Y? ¿Qué quieres saber?

– ¿¡Qué te sucede!? ¿Por qué estas enojado? – le preguntó con la clara expresión de preocupación en su rostro.

Kageyama solo se lo quedó mirando por un buen rato, con una extraña mirada en sus ojos, como si estuviera peleando consigo mismo por quien sabe qué, hasta que suspiró y lo volvió a observar con una dura mirada.

– Ah… quien sabe por qué lo estoy.

– ¡Deja de darle vueltas y dime el porqué! – estaba comenzando a desesperarse.

– De todas formas, ¿por qué te interesa saberlo? – le preguntó sin entender.

– ¡Porque tú–!

– ¿Yo, qué?

Mierda, casi se le escapaba la razón de porqué le interesaba saber el origen de su molestia.

– ¿Yo qué, Hinata? – le pregunto serio, comenzando a dar pasos en dirección del pequeño.

– ¡T-Tú…! ¡Estás actuando extraño! ¡Y me preocupa!

– ¿Te preocupa? – le preguntó molesto y detuvo sus pasos. – ¿¡Te preocupa!?

– ¡Tan solo dime qué te pasa!

Estaba perdiendo la paciencia ya, no podía negarlo, pero tampoco quería hacerle esa pregunta que hace horas, no, que hace días había querido hacérsela. No quería preguntarle entre gritos y molestias que si acaso a él–

– ¿¡T-TegustaYachi-sancierto!?

No lo pudo reprimir más. Se sentía molesto, fastidiado y confuso. Hinata hacía cosas que a él le causaban demasiada confusión. Y estaba comenzando a molestarle toda esa confusión. Necesitaba aclarar aunque sea un poco las cosas. Exactamente, saber a quién carajos le gustaba Hinata.

– ¡N-NO! – le respondió de inmediato.

– ¡Já! ¡Ya sabía que era verda–! ¡AH! – lo apuntó de inmediato con su dedo índice – ¡¿Me… me estás diciendo que no te gusta Yachi-san!?

– ¡No!

– ¿¡Ah!?

– ¡No m-me gusta Yachi-san!

– ¡Acabas de tartamudear! – lo acusó.

– ¡Pues claro! ¡Haces preguntas extrañas de la nada! – le gritó avergonzado con las manos hechas puño a cada lado de su cuerpo y con su carita sonrojada.

– ¡Y-Yo–! ¡E-Es tu culpa joder! – lo volvió acusar.

– ¡Mi culpa! ¿¡Qué dices!? ¡El único que está actuando extraño eres tú!

– ¡Argh maldición! ¡Ya cállate!

Ahora sí que se sentía confundido. ¿Qué no le gustaba Yachi-san? ¡¿No le gustaba!? ¡Entonces quien jodidamente le gustaba al idiota! ¡QUIÉN!

"Espera Tobio… no… no será acaso la persona que le gusta…"

– Oi – le volvió a llamar.

– ¿Qué quieres? – le miró enojado. ¿Y ahora porqué estaba enojado?

– Sí… sí no te gusta Yachi-san… ¿quién te gusta?

– ¡T-TÚ!

– ¡¿Q-Q-QU-QUÉ!?


.

.


– Iwa-chan ~ no camines tan rápido que me cuesta caminar con el yukata – le informó a su novio quien iba vestido con ropas casuales a diferencia del castaño de ojos achocolatados.

– Nadie te obligó para que te colocaras eso – le dijo mientras miraba los puestos de entretención. Quería probar su suerte.

– Pero~ ¡Quiero verme muy lindo para ti! ¡Por eso lo estoy usando! – le confesó – pero tú, ni siquiera me has dicho un cumplido… – dijo haciendo un puchero.

– No sirve de nada que te diga algo, tú mismo sabes que te ves bien.

– ¡Es verdad, ha ha! – río mientras mostraba su lengua en un gesto juguetón.

– ¿Y? ¿Qué quieres hacer? – le preguntó girándose solo para mirarlo.

– ¡Quiero que nos tomemos de las manos y caminemos como una pareja! – le hizo saber lo que quería, enganchándose de uno de sus fuertes brazos mientras lo apegaba a su dorso.

– No gracias – éste se zafó de su agarre y continuó caminando.

– ¡Iwa-chan, siempre eres tan malo conmigo!

– Pues te lo mereces.

– ¿¡Qué quieres de–!?

– ¿Hajime?

Pero una voz interrumpió a Oikawa por lo que éste no pudo seguir hablando y haciendo sus clásicos berrinches frente a su novio.
El nombrado giro su vista hacia el lado izquierdo, encontrándose nada más y nada menos que con su ex novia de hace ya seis meses.

– ¡Oh, Hajime eres tú!

La chica se le acercó de inmediato y lo saludó con un fuerte abrazo, ignorando por completo la presencia de Oikawa Tooru quien estaba situado al otro lado de Iwaizumi. Pero una vez separa del fuerte cuerpo del morocho se dio cuenta del setter de Aoba Josai, tapándose con una de sus manos su sonrisa burlona que había aparecido en el instante en que vio a Oikawa.

– Vaya… si es Oikawa-san – le habló con un tono burlón, sarcástico – tiempo sin vernos.

– Sí… – le respondió molesto y con una sonrisa fingida en su rostro – hace tiempo no veía a una perra.

– Hey Oikawa, cálmate – le ordenó su novio.

– Tranquilo Hajime – lo tomó de un brazo y lo apegó a sus grandes pechos – Oikawa-san no me da miedo.

– ¡Maldita! ¡Aléjate de Iwa-chan!

– ¿Sabes Hajime? Lo he estado pensando y… te extraño – ignoró por completo al castaño y se acercó aún más al morocho – ¿por qué no lo intentamos de nuevo?

– ¡Idiota!

Pero en ese momento, sin dejarle tiempo a Iwaizumi para responder algo, Oikawa gritó y salió corriendo de ahí hacía cualquier lugar inespecífico. Abandonó de inmediato sus sandalias y corrió lo más rápido que podía, huyendo, de ese vil monstruo que había aparecido.

La verdad era que Iwaizumi había tenido una novia antes. Bueno, no es como si él no hubiera tenido una –o unas cuantas–, pero eso no iba al caso ahora. El problema aquí era que él nunca, en los tres meses de relación que tuvo Iwa-chan con esa chica, nunca le agradó la chica. Siempre que la miraba sentía un tremendo odio hacía ella. Y para rematar, ella le hablaba con tal tono sarcástico, que lo sacaba de quicio siempre cuando la veía. Era como si ella le refregara en la cara que Iwaizumi era de ella y no de él. ¡La odiaba! De verdad que la odiaba. Además de que por culpa de ella, por hacerse la víctima, siempre tuvo problemas serios con Iwaizumi.

De verdad que la odiaba con todo su ser, y ahora va y se aparece en su viaje, en su cita.

Maldita.

E Iwa-chan también tenía la culpa, en vez de recriminarle algo a ella va y el primero en ser regañado es él, su novio.

– ¡Estúpido, Iwa-chan estúpido!

Disminuyó sus pasos lentamente y girando su cabeza para ver hacia atrás, vio simplemente el festival situado en el gran puente, nada más.

Ni siquiera lo había seguido. Iwa-chan, idiota.


.

.


– ¿Y? ¿Qué querías decirme?

Oh Dios, era ahora o nunca. Debía decírselo, antes de que su amistad terminara mal, debía decírselo. Porque él ya se había convencido de que la amistad con Tsukki no daba para más. Sugawara-san tenía razón, si eran amigos de la infancia, debían cuidarse mutuamente. Él felizmente lo hacía, pero Tsukki no demostraba nada; ni siquiera mostraba culpabilidad o arrepentimiento por no cuidarlo como era debido –independiente de si era con intenciones de amistad o algo más–.

Pero debía hacerlo, debía hacerle saber sus sentimientos, porque si la amistad terminaba, por lo menos le gustaría que el chico alto de ojos amarillentos como la arena del mar supiera sobre sus sentimientos más profundos. Sentimientos que habían sido oprimidos por alrededor de cinco años, sí, demasiado tiempo.

Por eso mismo, se motivó y se contagió con el ambiente del festival, por las palabras de Takeda-sensei y se decidió a decirle sus sentimientos esta misma noche.
Sabía que se estaba arriesgando. Lo más posible era que gracias a sus sentimientos la amistad entre ellos terminaría, pero aún así, si no le decía sobre lo que sentía por él, la amistad iba a terminar de alguna otra forma a futuro.

Ya le había quedado todo claro con las acciones que había tenido hacia él. Y claro, no se había dejado engañar con lo que había pasado la noche anterior. Él sabía que la caricia de Tsukki en su cabello y el hecho de amanecer abrazado por uno de los brazos del mismo no eran más que acciones de costumbre. Desde pequeños, cuando dormían juntos y Tadashi tenía algún mal sueño, Tsukishima siempre lo calmaba con caricias en su cabello y con algunas palabras tranquilizadoras. Por eso, lo que había pasado la noche anterior no había sido nada nuevo para Tadashi. También estaba acostumbrado ya a esas pequeñas caricias, a esas pequeñas situaciones que le daban un toque de felicidad a su amor no correspondido.

Pero ya era momento de hacerle saber la verdad, tenía que aclararle sus sentimientos. Aunque eso implicara el ser odiado o no, debía hacerlo.

Ya no quería oprimir nada más.

– ¿Dirás algo? – volvió a llamarle la atención, y como no, si ya hace media hora que se habían alejado del festival para poder hablar con más tranquilidad.

– S-Sí… – respondió algo inseguro, cuando en realidad estaba muy seguro de lo que le diría a su amigo rubio.

– Estoy esperando.

– Sí… ¿sabes? Y-yo… últimamente me he dado cuenta que nosotros… como decirlo… ya no somos como antes.

– Explícate – pidió Tsukishima.

– No… no sabría decirlo con exactitud, pero… se nota que tú ya… ya te aburriste de nuestra amistad.

– …

– No estoy enojado o algo así, es solo que, siento que nuestra amistad no da para más. Algún día se romperá y–

– Puedes dejar los rodeos y hablar claro – pidió algo impaciente.

– S-Sí, lo siento… ¡L-Lo que quiero decir es–!

– ¡Apresúrate mamá, los fuegos artificiales están a punto de estallar!

– ¡Ya voy hijo! – se escuchó de fondo.

– Y, ¿qué quieres decir?

– ¡Y-Yo–! ¡A mí–! ¡Tsu-Tsukki! ¡Yo… yo!

– …

– ¡Me… me gus–!

Pero no se escuchó nada más en ese lugar, salvo el fuerte sonido que producían los fuegos artificiales al explotar en el alto cielo nocturno veraniego. Al instante, ambos chicos de primer año, compañeros de salón incluso, fueron iluminados por los diversos colores que se mostraban en lo alto del cielo oscuro. Luces azules, rojas, doradas e incluso plateadas, todos esos colores junto a otros más se podían apreciar en el negro cielo de aquella noche. La música proveniente del festival daba la sensación de sonar aún más fuerte, y risas junto a gritos alegres se podían escuchar desde el gran y largo puente.
Todo era risas y felicidad, emoción y aplausos, salvo en el lugar de ellos.

Tsukishima simplemente se había quedado mirando al de mejillas pecosas durante todo el rato, mientras que éste se mantenía con la cabeza agachada, arrugando con ambas manos su corto pantalón hasta las rodillas que se había colocado, junto a sus labios firmes y tan apretados que no demoraron enrojecer producto de la fuerza que estaba ejerciendo.

El más alto observó como el cuerpo del pecoso comenzaba a temblar levemente, mientras aún al fondo se podían escuchar y presenciar los fuegos artificiales a lo alto, en el cielo.

Dejó de apretar sus manos, sus labios, y se relajó por completo. Se sentía horrible. Todas sus fuerzas se habían esfumado por completo. Sentía que no podría aguantar más las ganas de llorar, de gritar de frustración, desesperación, rabia. Se sentía muy pequeño ante la gran altura de su amigo –o ex amigo–, además de que las fuertes explosiones lo hacían también sentirse pequeño.

Todo había sido un total desastre. Ni siquiera para pronunciar sus verdaderos sentimientos tenía suerte. El destino o fuera lo que existiese pareciera que le tuvieran odio, manía. No por algo en el momento justo –pero justo– los fuegos artificiales explotaron cuando él le decía sus verdaderos sentimientos a su mejor amigo. Había acumulado todo su valor para decírselo, todo, pero se había ido directo al desagüe. Esta era su única oportunidad para decírselo; había sido el único momento en su vida en que se había sentido tan seguro como para hacerle saber sus sentimientos a Tsukishima, el único. Pero todo fue un fracaso; nada le salía como él quería.

Poco a poco, los fuegos artificiales dejaron de iluminar el oscuro cielo hasta quedar por completo teñido de su color original. La música, la alegría, la emoción seguían haciéndose escuchar en el festival, mientras que en el lugar de ellos se escuchaba silenciosamente algunos grillos cantar.

Ambos chicos seguían posicionados en el mismo lugar; no se habían movido para nada, hasta que el más alto suspiró y divisó la hora en su teléfono móvil.

– Es tarde, regresemos mejor.

– Sí…

Escuchó lentamente los pasos de Tsukishima acercándose hacía él, pero éste aún mantenía la cabeza agachada sin fuerzas de hacer siquiera algún movimiento. Aún así, no pudo evitar sentirse nervioso al escuchar los pausados pasos de su amigo dirigiéndose hacía él, y más aún, cuando sintió cierta mano familiar posarse en su sedoso cabello, revolviéndole, acariciándole sutilmente como él siempre lo había hecho durante años.
Todas ganas de llorar se disiparon de inmediato con tan solo ese suave toque, por lo que levantando lentamente su cabeza y vista para mirar al de anteojos, se atrevió a erguir el cuerpo y mirar directo a los ojos al más rubio, sosteniéndose las miradas por largos tres segundos.

– Regresemos Yamaguchi.

– ¡Sí, Tsukki!

De alguna forma, se sintió aliviado con lo que había pasado recién. Había podido decirle sus sentimientos, sí, pero gracias a los fuegos artificiales, el dueño de su corazón no había escuchado para nada lo que le había dicho. Y ahí estaba, ese toque, esa caricia tan costumbre de ellos, que no pudo evitar sentirse feliz y aliviado por recibir tal trato. Por lo que, dándose media vuelta, se encaminó por la dirección correcta para volver a la cabaña.

Envuelto y cegado por el sentimiento que le había brindado esa pequeña caricia, Tadashi no se dio ni cuenta que al darse vuelta Tsukishima se lo había quedado mirando, pensando, en qué debería hacer ahora.

Sus sospechas habían sido aclaradas, por lo que lo único que le quedaba decidir era sobre qué haría.

¿Seguiría protegiéndolo, o no?


Próximamente / Noche veraniega: Festival local - Parte II

– Perdón sensei, pero... no pude aguantarme más...

– ¡Iwa-chan eres un idiota! – le gritó con las lágrimas escurriendo por sus mejillas.

– Perdóname... yo... yo no querí–

– ¡Tú eres un idiota!

– Hey, suéltalo.

– Tsu-Tsukki...


¡Hasta aquí llega el capítulo de esta semana!

¿Qué les pareció? ¡Sinceramente! Todas sus opiniones y comentarios los espero en el rincón de los reviews :3

Yo también quiero opinar –ohsí– Kageyama no era taaaaaaan despistado como creí. ¡Iwa-chan tuvo una novia! –OHMYCAT– ¡Oikawa diciéndole perra a una chica!, Asahi-san está comenzando a dudar sobre su asco de embarazo Dx. Yuu-senpai, me lo imagino tan tierno con ese yukata -w- , Papi-Dai es tan tierno x3, ¡un conejito de colita espongoja y blanca! Sinceramente cuando pienso en Daisuga, para mi esta relación es solo lovelovelove y sonrojos. Y lo último, ¡TSUKISHIMA! ¿qué haras ahora? ¿protegerlo? ¿de qué carajos protegerlo Dx? ¡No entiendo!

Espero que les haya gustado mucho el capítulo de hoy, además de que me salió muy largo. Ha sido el más largo del todo fic, pero, vamos,¡les prometí capítulos largos!

Trataré de no demorarme mucho en actualizar el siguiente capítulo, solo pedirles paciencia y amor(? -w-

¡Muchos abrazos, besos y saludos para todos ustedes! ¡Cuídense mucho!

Atte: ChiisanaOjou.