13

A sus 36 años Katherine Beckett creyó que había experimento todo en este vida, todo. ¡Qué equivocada estaba! Y es que el dolor de las contracciones que comenzaron 2 horas pues de que rompiera fuente no eran nada comparado al dolor que sintió y que sentía justo en ese momento cuando vio como Alexis la miraba estática al pie de la escalera con Meredith a lado suyo sin saber que hacer o decir después del terrible pleito entre Robert y su marido donde salió a relucir el origen de su pequeña pelirroja dejando al descubierto el secreto que durante 14 años habían mantenido guardado.

Cuando sus ojos verdes se encontraron con los azules de su pequeña el mundo se le movió, el alma se le salió del cuerpo y su corazón se detuvo por una milésima de segundos. Confusión, decepción, enojo, ira y un sinfín de sentimientos se reflejaban en ellos haciendo que los ojos de la mujer se llenaran de lágrimas.

¡Alexis! — Grito cuando la vio subir las escaleras tirando la pequeña caja que tenía unos momentos antes en el piso— Rick — Lo miro, pero su marido parecía no reacción, su mirada iba y venía primero las escaleras, luego ella y por último el enorme charco de líquido que estaba debajo de ella — ¡Richard! — Volvió a llamarlo esta vez mas fuerte — Tienes que ir con ella —

¿Qué?..¿Qué? — Movió la cabeza un poco reaccionando, soltando por completo al chico Rubio de la camisa que permanecía parado boquiabierto—

Yo….yo…— Dijo tartamudeando viendo como Kate y Meredith estaban hechas un mar de lágrimas —

Tú…te largas de mi casa ¿escuchaste? — Grito el escritor cuando estuvo junto a su esposa — ¿Qué pasa cariño? ¿Qué es todo ese líquido? ¿Le paso algo al bebe? —

Ha roto fuente Rick — Comento Meredith acercándose hasta ellos, limpiando las lágrimas de sus mejillas—

¿Qué? — Pregunto sin aire — ¿Cómo? —

Mierda Rick, eso no importa… Alexis — susurro la detective mirando las escaleras con las lágrimas corriendo por sus mejillas — Mi niña Rick — Lo miro — Ve con ella —

Anda Rick— Pidió la pelirroja agarrando la mano de la castaña — Yo…me quedo con ella, ve con Alex, explícale las cosas — Rick la miro con agradecimiento, dedicándole una sonrisa para después besar la frente de su esposa —

Gracias…—Susurro Kate poniendo una mano en su vientre —

Meredith yo…— volvió a hablar Robert acercándose con cuidado, tanteando el terreno con su novia —

Creo que Richard fue muy claro ¿no? Te tienes que ir de aquí — Contesto sin mirarlo, poniendo toda su atención en la castaña —

Meredith por favor —

Vete — Volvió a decir — ¿Cómo pudiste Robert? ¿Por qué? — Pregunto mirándolo por un momento—

¡Dios! Perdóname Meredith, perdóname Kate — suplico acercándose más a ellas —

No te acerques — Hablo por fin la detective mirándole —Vete Robert, vete de una puta vez —

Ya escuchaste Robert, vete — Pidió de nueva cuenta la pelirroja ayudando a Kate que caminaba despacio hasta el sillón para sentarse agarrándole la mano fuertemente —

Gracias — Susurro la detective cuando estuvo acostada por completo en el sillón y Meredith se encontraba a lado de ella —

¿Por? — Susurro acomodándole la pequeña almohada en la cabeza —

Ayudarme — confeso entre sollozos —

Y ahora completamente sola en la enorme habitación blanca del hospital con tan solo una bata puesta la detective podía analizar muy bien la situación. ¿Dónde estaba Alexis? Era la pregunta que rondaba por su cabeza una y otra vez sin respuesta, la había visto tan solo unos segundos cuando estaba ingresando en la camilla al enorme edificio pero de ahí nada, ni siquiera unas palabras o un beso de despedida, nada.

Suspiro con fuerza cuando una fuerte contracción la ataco haciéndola gritar y aferrarse fuertemente al borde de la cama.

—Buenas noches señora…— Un joven de alrededor 28 años alto, de cabello castaño y de tez alta tomo su expediente abriéndolo buscando su nombre —

—Kate, Kate Castle — susurro, respirando agitadamente, recuperándose del fuerte dolor —

—Muy bien Kate dígame, ¿ha roto aguas? — Pregunto comenzando las preguntas de rutina — ¿Podría decirme cada cuanto son sus contracciones? —

—Una cada cinco minutos — Contesto respirando por la boca sintiendo como otra contracción de avecinaba —

— ¿Y duran? — Volvió a preguntar anotando todo en el expediente —

—20 o 30 segundos — Dijo apretando los dientes fuertemente, aguantando el dolor —

—Perfecto — Cerro el expediente para después dirigirse al lavado y realizar el tan famosos "lavado de manos" — Le realizare el tacto ¿de acuerdo? — Dijo metiendo una mano en un guante de látex "esterilizado" para después colocarse el otro con rapidez — Bueno, abra un poco las piernas por favor — Pidió sentando en el borde de la cama — Respire profundo — La mujer hizo lo que el doctor le indico sintiendo como este introducía 2 dedos en su abertura —

La situación más incómoda de su vida pensó.

—Listo — Dijo quitándose los guantes que por obvias razones estaban manchados de sangre ya — Vamos por muy bien camino Kate…tiene por lo menos 4 de dilatación — La detective cerro los ojos lamentándose, al ser primeriza su trabajo seria excesivamente largo o al menos eso había leído en internet — Sera una noche laaaaarga —

—Ya lo creo — Susurro —

—Una cosa más señora Castle — Comento deteniéndose en la puerta de la habitación — Feliz cumpleaños, no hay mejor regalo que la llegada de un hijo— Y sin más salió del enorme cuarto blando dejándola completamente sola—

"A la paciente de la habitación numero 404 por favor de pasarle una solución Hartman para 8 horas" Le escucho gritar al doctor cuando salió de la habitación. Suspiro cerrando los ojos. Aquella sería una noche eterna, sin Rick, sin Alexis. El sonido de un carrito entrando a la habitación la hizo abrir los ojos de golpe encontrándose con una chica sonriente de alrededor 26 años.

—Buenas madrugadas Kate — Le saludo asentando el expediente de nueva cuenta — Mi nombre es Emma Carrillo y voy a ser tu enfermera durante el resto de la noche — Le sonrió de manera amable — Me encontraras por aquí deambulando checando a todos los pacientes que se encuentren por aquí — Suspiro — A ver vamos a ver — Comenzó a sacar de los cajones un montón de cosas que al parecer utilizaría con ella — Te voy a canalizar — Comento —

—Oh — Fue lo único que pudo decir sintiendo una contracción —

—Ayuda mucho respirar y sacar aire por la boca ¿sabes? — La detective asintió sonriéndole — ¿Es tu primer bebe? — Pregunto sacando un bote de torundas con alcohol, un bote de isodine solución, uno más de alcohol, una ligadura, un catéter enorme y un normogotero asentándolo todo en la mesa junto a la solución Hartman que tenía allí para después abrirlos sin tocarlos, para después hacer unos cintillas con la cinta que tenía ahí en la mesa —

—No — Contesto, respirando como ella le había dicho —

— ¿Nena o Nene? — Volvió a preguntar quitándose el reloj que llevaba para meterlo en su bolsillo para después abrir el normogotero conectándolo a la solución, colocándolo en tripie de la cama una vez finalizada su tarea se dirigió al lavabo —

—Niña —

—Oh, qué bonito ¿Cuántos años tiene? —

—14 —

— ¿Sabes que será este? — Acercándose a ella, tomando la ligadura — ¿Me prestas tu mano? —

—Se la entrego sin dudarlo, mirando todo lo que realizaba la chica — Niña — Murmuro, viendo como la enfermera amarraba la ligadura un poco más arriba de su muñeca —

—Abre y cierra tu mano por favor — La detective hizo lo que le pidió la chica que analizaba detenidamente buscando la vena perfecta — Nena ¡eh! ¿Cómo le pondrás? —

—Blair —

—Hermoso nombre — Contesto poniéndose los aguantes, agarrando de nueva cuenta su mano para pasar una torunda alcoholada sobre ella limpiando, repitió el movimiento 3 veces más esta vez con un poco de isodine para finalizar con alcohol — No te muevas de acuerdo — Tomo el catéter destapándolo fijándose una vez más en la vena elegida para después introducirlo con cuidado, realizo unos movimientos rápidos conectando el normogotero previamente preparado a el catéter — ¡Listo! ¿Fue planeado? —

— ¿Perdona? —

—Tú bebe, este…. ¿tu planeado? —Volvió a preguntar fijando el catéter con las cintillas —

—No —

—Oh— susurro guardando todo en el cajón de nueva cuenta — ¡Pues felicidades Kate! Ya sabes que por aquí estaré para lo que necesites— Salí de la habitación con el carrito arrastrando, dejándola de nueva cuenta sola —

Al otro lado del enorme edificio sentando en una de esas sillas poco cómodas de la sala de espera se encontraba Richard Castle hecho un manojo de nervios. La cena, Robert gritando, Alexis llorando, Kate rompiendo aguas, se repetían una y otra vez en su mente y es todo pasó en un solo segundo, un segundo en el cual su vida cambio por completo. No podía más con la angustia, no sabía de Kate y Alexis parecía no querer hablar, ni siquiera le miraba estaba sentada justo enfrente de él con el "Sr. Pepels" abrazado y sus ojos azules rojos e hinchados debido a al llanto que parecía no querer cesar. ¿En qué momento de sus vidas se equivocaron tanto? Su corazón se estrujo al ver como su aun pequeña hija derramaba de vez en cuando lágrimas intentando por todos los medios ocultarlas, limpiándolas con rapidez incluso antes de que lograran brotar de sus enormes ojos. Hundió la cara entre sus manos resoplando furioso, quería gritar, quería pegarle a algo con fuerza, descargar toda su furia y no podía lo único que le quedaba era esperar paciente…

¡Alexis cariño por favor abre! — Golpeo la puerta varias veces — ¡Alexis por favor! —

Nada. Solo el sonido de la lluvia cayendo encontró como respuesta

Alexis ¡por favor! —La llamo de nueva cuenta — Ábreme cariño, hablemos —

Un fuerte trueno alumbro toda la casa iluminando por un segundo el rostro del escritor el cual se encontraba empapado por las lágrimas que brotaban de sus ojos azules.

Alexis ¡No te estoy jugando ábreme de una maldita vez la puerta! — Grito nervioso, tardo un segundo pero se dio cuenta de su error, los gritos solo empeorarían las cosas — Perdón, perdón, perdón — Suspiro cerrando los ojos — Cariño por favor, abre hablemos, podemos solucionar las cosas por favor — El grito desgarrador de Katherine hizo que el escritor volteara rápidamente en dirección a las escaleras nervioso. — ¿Kate? — Grito sin prestar mucha atención a como la puerta de la habitación de su hija se abría de golpe dejando ver a una Alexis con cara de pánico —

Las suaves manos de su hija acariciando su cabello lo hicieron regresar. Alexis se encontraba enfrente de él. Cuando sus miradas se encontraron el escritor comprendió que su hija no necesitaba palabras, lo único que necesitaba era un abrazo cosa que hizo, abrió los brazos de par en par recibiendo a su hija gustoso sintiendo como ella ocultaba su cara redonda en el hueco de cuello.

— ¿Va a estar bien verdad? — Pregunto en susurro, aferrando a su cuello —

—Sí, cariño…mamá va a estar — Alexis respiro aliviada sintiendo como un parte de ella podía estar tranquila—

—Qui….ero….quiero verla — El escritor se separó rápidamente de ella, analizándola —

—Oh cielo, dentro de poco la podremos ver —

— ¿De verdad? — Intentando por todos los medios no ponerse a llorar. —

—Sí calabaza — La sentó en su regazo abrazándola, estrechándola contra él—

Las horas que pasaban en ese enorme edificio eran eternas o eso parecía, no sabían si eran los nervios o la desesperación. 8 vasos de café ya vacíos se encontraban en la mesita que estaba en medio de la sala de espera justo enfrente del escritor que mantenía en brazos a su hija completamente dormida con su peluche abrazado. Suspiro acariciando de arriba abajo con el dedo índice la perfecta y puntiaguda nariz de Alexis haciendo que se removiera incomoda suspirando audiblemente, una sonrisa en el rostro del escritor se hizo presente. Alexis seguía teniendo esa misma carita de cuando era pequeña, sus ojiitos, la nariz y sus labios finos y formados la hacían ver realmente hermosa.

Tres horas más tarde la detective de homicidios Katherine Beckett se retorcía de dolor en la pequeña camada incomoda del hospital soportando contracción tras contracción y es que aquellos dolores no se podía comparar con los cólicos menstruales como muchas veces las mujeres lo comparaban. Eso era otro mundo. Subían de intensidad con cada hora, con cada minuto, con cada segundo.

Se maldijo mentalmente por no haber tomado el dichoso curso "Como prepararse para el parto" al que tanto le insistió su marido asistir recordando las palabras exactas que dijo "¿Que tan fuertes pueden ser Rick? ¿Más fuertes que los cólicos menstruales? ¡No me jodas! ¡No es nada!" ¡Que equivocada estaba!

Pero la realidad era otro el dolor que la atacaba mortal, era un dolor agudo que podía sentirse desde la espalda baja hacia el útero haciéndola retorcerse, sintiendo como sí algo se le estuviese rompiendo por dentro. ¡¿Por qué mierda no pusieron eso en la página que frecuentaba?! ¡¿Por qué?!

Según recordaba tras su larga e intensa búsqueda en internet sobre el trabajo de parto durante una contracción, su musculo uterino se tensaba y luego de relajaba, de esta forma se creaba una presión en la parte superior de su útero empujando al bebe hacia el canal cervical no sabía que cojones se significaba eso pero lo que si sabía era que el dolor la estaba matando lentamente y dolorosamente.

—Katherine — Entro el mismo doctor que la atendió unos horas antes — ¿Cómo vas? ¿Están subiendo de intensidad? — La detective asintió completamente sudada respondiendo a sus preguntas — ¿Te voy a realizar de nueva cuenta el tacto de acuerdo? — Poniéndose los guantes de látex el doctor se acercó a ella con una sonrisa — Abre un poco las piernas —

Y aquí vamos de nuevo pensó…

— ¿Y…? — Pregunto —

—6 — Saco ambos dedos de su interior quitándose el guante a los pocos segundos —

— ¡¿SEIS?! — Grito alarmada —

—Bueno Katherine es que al ser primigesta tu trabajo de parto es mucho más extenso, más largo tu cervix uterino va dilatando de apoco — Contesto como si nada haciendo nuevas anotaciones en el expediente — Tranquila es natural ¿de acuerdo? —

— ¿Cuándo podre ver a mi esposo? — Pregunto sentando un poco en la cama cuando la contracción pasó —

— ¿Aun no lo has visto? — Asentó el expediente de nueva cuenta en la mesita, metiendo la pluma en el bolsillo de su bata— Pues yo creo que ya es tiempo de dejarlo pasar ¿Te parece? — Katherine le sonrió asintiendo, viendo como el joven doctor apagaba la luz dejando todo a oscuras— Descansa un poco, los necesitas —

Una hora más tarde Richard Castle entraba a la habitación con una Alexis completamente dormida en brazos.

Su mirada divago por la oscura habitación buscando ese sillón tan cómodo del que la enfermera le hablo muy bien, tardo un poco pero al final lo encontró dejando a Alexis ahí dormida. Con pasos silenciosos se acercó hasta su mujer asustándola cuando sus labios tocaron su frente sudada.

—Rick — Susurro, tomando su cara entre sus manos besando sus labios — ¿Alexis? — Pregunto buscando por todos lados a la niña —

—Shh…sh… — Cogió su mano llevándola hasta sus labios depositando un beso — Está durmiendo, allí — Señalo el sillón, la luz de la luna se filtraba por las persianas iluminando un poco el rostro de la pelirroja — Tranquila ¿Cómo vas cariño? ¿Duele? —

—Como no tienes idea Rick — Confeso apoyando la frente en el pecho del escritor — Pero no, no quiero hablar de eso ¿Cómo esta Alexis? ¿Hablaste con ella? ¿Meredith? ¿Dónde está ella? — Sus ojos comenzaron a llenarse de lágrimas —

—Hey, hey no llores cariño, no llores — Pidió acunando su rostro entre sus manos — ¡Por favor! —

—No puedo evitarlo Rick, es que tu no lo viste, tu no…— El nudo de su garganta no le permitió decir más — Sus ojos, su mirada me dijeron tanto con ese cruce de mi miradas Rick, tengo que hablar con ella, lo necesito, necesito explicarle, necesito decirle cuanto la quiero, necesito, necesito tantas cosas Rick —

El llanto de quien hacía unas horas creía que era su madre le rompió el corazón. Alexis Castle permanecía en completo silencio con los ojos cerrados pegada al suave y cómodo sillón escuchando atentamente todo lo que su Kate decía escuchándola llorar, escuchando como le decía a su padre que necesitaba hablar con ella, que necesitaba decirle cuanto la quería.

¿Cómo podía quererla tanto sabiendo que no llevaba su sangre? Se pegunto de nueva cuanta ¿Cómo?

¡Gracias por acompañarme Mer! — Abrió de manera lenta la puerta encendiendo la luz — Perdona el desorden — Grito desde su closet sacando unas cajas — Es que desde que llegamos no he pisado mi cuarto — Río con inocencia — ¡Aquí esta! — Exclamo saliendo del closet con una caja de tamaño mediano envuelto con un moño rojo arriba — ¡Es el cumpleaños de mama! — Le conto recogiendo la ropa tirada que había en la esquina — De hecho faltan 3 minutos para que sea oficial —

Cierto son las 11:57 PM — Le contesto la mujer checando su reloj — Esta muy bonito tu cuarto Alex — Comento recorriendo el espacio, mirando detenidamente cada detalle que había en el —

Mama me ayudo, es más ese dibujo — Señalo la pared con una pintura de paisaje en el — Lo hizo ella ¿no es genial? — Meredith asintió sonriendo —

{¡NO TIENES NI PUTA IDEA DE LO PASO! ¡NO SABES NADA ROBERT! ¡NADA! ¡NO SABES LA HISTORIA NO SABES NADA!} Escucho como su padre levantaba la voz.

¿Qué pasa? — Le pregunto a la mujer que salió de la habitación asustada — ¿Mer? —

Creo que están peleando peque — Contesto prestando atención —

¿Papa y Robert? — Salió de la habitación parándose a lado de ella — Ven vamos a ver — Cerro su habitación rápidamente cogiendo de la mano a Meredith arrastrándola hasta las escaleras, bajando de 2 en 2 los escalones aun tomadas de la mano, cuidando de no botar la cajita que llevaba—

{…A TU NOVIA. ¡A TU QUERIDA MEREDITH NO SE LE QUITO LA OPORTUNIDAD DE NADA! ESCUCHALO BIEN NADA ¡ELLA LA DEJO!, ¡LA DEJO! ¡COMO SI ALEXIS FUESE UN OBJETO QUE SE PUEDE DESECHAR! ¡COMO SI NO VALIERA NI UN CENTAVO! MEREDITH RENUNCIO A ALEXIS. MEREDITH RENUNCIO ALEXIS, RENUNCIO A SU HIJA.}

Su respiración se tuvo, miro a Meredith por unos segundos que permanecía inmóvil, con los ojos bien abiertos viendo como Richard y Robert se agarraban fuertemente de sus respectivas camisas muy cerca uno del otro y después Katherine…su madre o quien creía que lo era. Soltó la mano de la pelirroja de manera rápida y brusca logrando que la mirara con ojos cristalinos, miro a su madre y supo que todo lo dicho era verdad.

Su corazón palpitaba desbocado en su pecho, sus ojos comenzaron a aguarse y su respiración se agito ¿Cómo pudieron? Fue lo primero que pensó. Decepción, enojo, rabia, ira, tristeza una mezcla de todos esos la inundo haciendo soltar las lágrimas que intentaba guardar. Necesitaba irse de ir, no podía verlo.

Boto la caja con fuerza para después subir las escaleras con rapidez ignorando por completo a Kate que la llamaba desesperada. Se metió a la habitación cerrando la puerta con fuerza para después echarle seguro.

Se tiro en la cama agarrando una de las enormes almohadas abrazándola con fuerza. ¿Por qué le mintieron? ¿Por qué lo hicieron? Se preguntó de nueva cuenta. Llorando amargamente.

Como si fuese película su mente recordó cada uno de los momentos vividos a lado de Kate, la primera vez que la llevo al parque, la primera vez que le enseño a manejar al bicicleta, la primera vez que se cayó un diente, la forma en que besada su frente justo antes de dormir. La miles de veces que se acurruco junto a ella abrazándola porque simplemente la quería cerca. Esas veces en las que Kate la llevo al cine, cumpliéndole sus caprichos, no había nada en este mundo que Kate no le hubiese dado, ni nada en este mundo que ella le negara.

¿Cómo podía quererla tanto sabiendo que no era su hija? ¿Cómo pudo sacrificar tantos años de su vida cuidándola? ¿Cómo?

¿Cómo iba a poder odiarla por mentirle sabiendo que dio todo por ella? ¿Cómo?

¡Alexis cariño por favor abre! — Golpeo la puerta varias veces — ¡Alexis por favor! —

Nada. Solo el sonido de la lluvia cayendo encontró como respuesta

Alexis ¡por favor! —La llamo de nueva cuenta — Ábreme cariño, hablemos —

Escucho que su padre la llamaba desesperado pero necesitaba estar sola, necesitaba pensar, analizar todo, todo.

Un fuerte trueno alumbro toda la casa iluminando por un segundo el rostro del escritor el cual se encontraba empapado por las lágrimas que brotaban de sus ojos azules.

Alexis ¡No te estoy jugando ábreme de una maldita vez la puerta! — Grito nervioso, tardo un segundo pero se dio cuenta de su error, los gritos solo empeorarían las cosas — Perdón, perdón, perdón — Suspiro cerrando los ojos — Cariño por favor, abre hablemos, podemos solucionar las cosas por favor —

¿Cómo podría odiarla? No podía, esa era la respuesta JAMAS podría odiar a Katherine Beckett, JAMAS podría rechazarla, porque a pesar de todo ella era su madre, la única que tiene y la única que necesitaba.

El grito desgarrador de Katherine la hizo levantarse de golpe preocupada, corriendo hasta la puerta. Quito el seguro con urgencia para después abrir encontrando con su padre preocupado.

Ahora en medio de toda esa oscuridad la familia Castle se encontraba en completo silencio, un silencio que decía más que mil palabras. Ahora Rick se encontraba sentado en el borde de la cama con Kate abrazada apoyándola cada vez que una contracción la atacaba. Alexis Castle Beckett los admiraba en completo silencio, sintiendo unas terribles ganas de llorar.

— ¡AHHHHH! — Grito Kate apretando fuertemente la mano del escritor, logrando que la pelirroja se acercara corriendo hasta ella.—

Mamá — susurro la chica haciendo que Kate la mirara con ojos brillosos, ignorando por completo el fuerte dolor que sentía