Hola chicas…
Si, ya sé que merezco tomatazos, he estado muy fuera del Candy mundo y más de este fic tan hermoso que me encanta. Lo había dejado porque estaba enferma… así que no me daban tantas ganas de escribir… después llego la GF y me enfoque en ella junto con mi grupo: Legión Andrew. Después de eso gracias a Dios me llene de mucho trabajo y el estrés estaba a todo lo que da jajaja, pero bueno aquí estoy nuevamente.
Quiero dedicarles este capítulo a todas las chicas que me han dejado sus hermosos reviews y me han mandado mensajes preguntándome cuando escribiría. Muchas gracias por cada uno de ellos. No tengo intenciones de dejar la historia a medias y seguiré actualizando en cuanto me sea posible.
Espero que sea de su agrado, se aceptan cualquier crítica constructiva que quieran hacerme.
Fann gracias por ser mi editora.
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MARCADOS POR EL DESTINO
= CAPITULO 3=
Disclaimer: Los personajes de Candy Candy no me pertenecen, pertenecen a Kyoko Mizuki y Yumiko Igarashi. Este Fanfic es solo de entretenimiento y sin fines de lucro.
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¡ERES UNA ESTUPIDA!
El grito de furia de Elisa Leagan resonó como un eco en todo el salón de baile. Las parejas que estaban a su alrededor de repente dejaron de bailar y el Dj dejo a la mitad la estupenda mezcla de musica electrónica tronando en el equipo de sonido. Un par de chicas se llevaron las manos al pecho ya que el palpitar de sus corazones era incontrolable; el grito de Elisa las ensordeció por un instante y sus corazones latían desbocados por la adrenalina que comenzó a recorrer por sus cuerpos en anticipación a la escena que seguramente estaba por estallar.
A Patricia O´Bryan, quien había presenciado todo, se le cortó la respiración de golpe y se llevó las manos a la boca. ¡La pobre no podía creerlo! Sabía que en ese instante la tormenta apenas se había desatado.
-¡Oh, gracias Dios! – susurró Stear para sí mismo. Una enorme sonrisa se dibujó en su boca y respiro profundamente, sintiendo una gran satisfacción.
Su novia, quien aún estaba sin respiración, alcanzó a escuchar sus palabras y le volvió una mirada inquisidora; dándole un codazo para advertirle a Stear que se comportara.
-¡Auch, Patty! – Bufó llevándose la mano a su estómago - ¿Por qué me pegas? – preguntó con un toque de inocencia, ya sabiendo de antemano el porqué.
-Porque… porque… te escuche, deja de burlarte… esto no es gracioso – siseó la morena aun enojada con su novio.
-¡¿Qué no es gracioso?! Pero amor… ¡Esto es de película! Lástima que no pude grabar ese instante, pero créeme que siempre lo llevare grabado en mi memoria… ¡Jamás imagine ver a Elisa… así! Mira eso – dijo señalando con la mirada a Elisa y tratando de aguantar la risa. – Creme Patty, tengo que felicitar a Annie, esa chica sí que tiene agallas.
Patty vio a Elisa y tuvo que admitir que casi le gana la risa, concedió que esa escena era muy graciosa pero no podía decirlo abiertamente. Después de todo, ella era más sensata que Annie y tenía que hacer algo de inmediato.
-¡Stear, tenemos que irnos de aquí! – murmuró entre dientes jalando a su novio. La chica supo inmediatamente que tenía que ir a buscar a su amiga antes de que las sacaran a rastras, ya que un par de guardias de seguridad llegaron casi trotando al salón de baile.
A unos cuantos metros se encontraba aun Elisa Leagan. La desgraciada tenía la cara llena de pastel y su diminuto vestido empapado de vino. Junto a ella se encontraba Annie Britter; la causante de dicho revuelo. La morena tenía su triunfo marcado en su semblante. Inicialmente había prometido portarse bien pero eso fue antes de que la bruja de Elisa comenzara a molestarla, así que decidió terminar en una sola partida con el juego de palabras y coqueteos que la pellirroja tenía con Archie.
Las risas comenzaron a inundar el salón, y para desgracia de la agredida, la mayoría de los estudiantes se estaban burlaba de ella. Annie alzó los brazos en señal de triunfo y un aplauso ensordecedor la rodeó.
-Annie Britter… eres… eres… una imbécil – aulló a la pellirroja - ¡Esto no se quedara así, ¿me entiendes?! ¡Mis guardias te sacaran a patadas de mi casa!
Archibald Cornwell dio dos pasos al frente y tomó a su novia de la cintura, fulminando con una mirada gélida a Elisa.
-¡Ni te atrevas, Elisa! ¡Annie no está sola! – Replico alzando su voz dos octavos más – y… esta no es tu casa… por si no lo recuerdas – afirmó dando dos pasos más, logrando que la pelirroja retrocediera.
-¡Eres un estúpido Archie, igual que tu noviecita! ¡Esta perra ha arruinado mi fiesta, y no te hagas ilusiones porque esto no se va a quedar así! Voy a demandar a mi escolta que la saquen de aquí, a rastras si es necesario. Ellos me obedecen explícitamente a mí por indicaciones de la tía abuela…
-Elisa… - gruñó el joven apretando los puños.
-Annie, Archie. Tenemos que salir de aquí, es lo mejor – dijo Patricia acercándose a ellos rápidamente, ya que habiendo presenciado la discusión, vio la tensión aumentando en ese lugar. La joven tomó a Annie y miró a Archie de reojo - ¡Vámonos de aquí! Ya conseguiste lo que querías, Annie. Ahora corre…
Las chicas comenzaron a correr entre risas, dejando parados por unos instantes a sus novios boquiabiertos quienes decidieron seguirlas después de solo parpadear anonadados por un par de segundos.
Los guardias de seguridad llegaron donde aún se encontraba Elisa.
-Señorita Leagan ¿Se encuentra bien? – preguntó uno de ellos, mordiéndose los labios al ver a la pelirroja llena de pastel. Él, en verdad se alegraba al verla así, era la escena más cómica que había presenciado en todos sus años de empleo. La pelirroja siempre los trataba mal y los humillaba en cualquier oportunidad, y por necesidad, tenía siglos de soportar todo.
-¡¿Qué si estoy bien?! ¡Esa es una pregunta muy estúpida, imbécil! Claro que no estoy bien, y quiero que saquen a esa zorra de mi casa.
-¡Si, señorita! – dijo con un total profesionalismo. A pesar de su diversión debía cumplir con su trabajo después de todo. El hombre volteó a ver a su compañero y asintió con la cabeza. En sus labios se dibujó una sonrisa ladeada y su compañero supo exactamente que tenía entre manos: les darían el tiempo necesario a las chicas para que salieran de la propiedad sin que fueran sacadas a la fuerza, ya que de todas maneras no podían tocar a los chicos Cornwell. Ambos guardias salieron corriendo fingiendo un rumbo fijo, dejando a Elisa frustrada y completamente iracunda.
La pelirroja, que aun escuchaba las risas de los asistentes, volvió su atención hacia ellos gritando.
-¿Qué están viendo, idiotas? – Gruñó rabiosa al público que la miraba de hito a hito. –Son todos unos imbéciles… -refunfuño para sus adentros y a paso apresurado salió del salón trastabillando en sus tacones de punta de aguja rumbo a su habitación.
Las parejas que se encontraban en la pista, siguieron bailando como si nada hubiera pasado ya que el DJ por órdenes de Neal continuó su perfecta mezcla de música electrónica.
En la barra principal y nada ajeno a todo el show que se había sucitado, se encontraba Terry Grandchester, por supuesto, acompañado de dos exuberantes universitarias. El ojiazul se reía para sus adentros de todo lo sucedido con Elisa, y agradecía haber estado en el lugar correcto para no perderse ni un solo detalle del espectáculo más divertido de toda la velada. De un solo trago tomó el resto de su bebida y se levantó de su asiento dispuesto a buscar a su rubio amigo. Sin duda alguna Albert debería saber todo lo que pasó en el salón de baile en su ausencia…
-¿Te vas, Terry? – preguntó Susana Marllow, una de las chicas que acompañaban al ojiazul.
Sonriendo como un gato a punto de tragarse un ratón, Terry le dedico un guiño a la rubia cargado de conocimiento.
-Solo por un momento… hermosa, pero prometo regresar, sabes que tenemos… algo pendiente.
-Te estaré esperando muy impaciente – dijo esta, devolviéndole el giño a la vez que deslizaba su lengua por su labio superior.
La acción de la rubia dejo a Terry completamente embelesado con la sensualidad descarada de la tal Susana. El inoportuno carraspeo de Luisa, la otra chica que se encontraba en el pequeño grupo, sacó a Terry de su trance. Susana se vanaglorio del efecto que su coqueteo había causado en el ojiazul. Ella tenía sus ojos puestos firmemente en Terry Grandchester desde hacía mucho tiempo, y esa noche finalmente alcanzaría su objetivo.
Con una sonrisa ladeada Terry salió del salón en busca de su amigo, aunque su instinto le decía que regresara con Susana para terminar con el juego de seducción que existía entre los dos.
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-¿Dónde está Candy? – preguntó Patty agitada, colocando sus manos en las rodillas para calmar un poco su cansancio y normalizar su respiración. Las piernas le temblaban, pero tenía que aceptarlo: todo era muy divertido.
-¡No tengo ni idea! – resopló Annie mientras llenaba sus pulmones de aire fresco. Ambas chicas apenas podía respirar, sus corazones latían al máximo y la adrenalina que sentían era algo excitante. No habían parado de correr tratando de escabullirse entre los invitados a la fiesta, con los guardias siguiéndolas a unos metros detrás de ellas. Los chicos Cornwell se desapartaron para ir directamente por el auto y estar listos para dar la huida definitiva.
-Creo… creo… que ha de estar en el jardín, ya sabes a ella no le gustan este tipo de fiestas
-Pues solo espero que este con un tío muy bueno – dijo entre risitas la morena – porque… porque… si está contemplando las flores le daré unos coscorrones por dejarnos solas.
-¡Annie! – Bufó Patty entre risas y bocanadas de aire.
-¡¿Qué?! Apoco no te gustaría que Candy estuviera con un chico guapísimo; unos de esos que bese delicioso y sobre todo que sea apasionado… - declaró entre suspiros profundos.
-¡Annie!… Psst… Annie… lamento interrumpirte… pero… pero…
-¿Pero que, Patty?
-Ellos dos… los… los… dos…
-¡Dios Santo! ¡Si Patty! Espero que los dos se estén besando apasionadamente y no perdiendo el tiempo en charlas – dijo dando saltitos de alegría, imaginándose a su amiga Candy pasándola de lo lindo.
-¡Tonta! ¡No me refiero a Candy! Los… guardias… se están acercando… ¿Qué hacemos Annie?
-¡Mierda! ¿Qué podemos hacer? – Susurró hablando consigo misma mientras daba vueltas alrededor de Patty - ¡Ya sé! ¡Hay que separarnos! Así los guardias también se van a separar. Tú vete con los chicos y yo busco a Candy.
-Pero… pero… Annie, no quiero dejarte sola – dijo una asustada Patricia.
-Patty… ¡no me pasara nada! Creo que puedo controlar esto… ¡Todo es muy divertido! – recalco la morena con una sonrisa de oreja a oreja para tratar de tranquilizar a su amiga.
-¡Tengo miedo, Annie!
-No seas tonta, el guardia no me puede hacer nada.
Patricia carraspeo un par de veces, tratando de no estallar en una nueva ronda de carcajadas.
-No lo decía por ti, lo digo por el guardia… ¡tengo miedo por él! Me temo que conociéndote como lo hago, no quiero ni saber que travesuras le harás al pobre…
-Ja, ja, ja ¡Tonta! ¡Anda! Vamos a separarnos y nos veremos en un rato. Dile a los chicos que tengan listo todo para dar huida.
-¡Vale!
-Ahora… ¡corre Patty!
Las chicas salieron cada quien por su lado y tal como supuso Annie, los guardias se separaron, así que comenzó a correr en dirección al jardín. Annie sabía que tenía que encontrar a Candy a como diera lugar ya que no se iba a ir sin su amiga. En realidad lo que más la preocupaba era que no deseaba que Elisa, por tal de ejecutar su venganza, la tomara en contra de su amiga. Candy era muy inocente a comparación de Elisa y la pelirroja sabia como lastimar a Candy: con el recuerdo de su difunta madre. Annie sacudió la cabeza para disipar esos pensamientos y concentrarse en encontrar a su pecosa amiga.
Después de esquivar a una docena de personas, Annie pudo ver a Candy saliendo del jardín. Su amiga se veía muy feliz y con un brillo especial en su rostro. Annie parpadeó un par de veces para aclarar su visión y por supuesto, no se trataba de ninguna alucinación: realmente Candy rebozaba de felicidad. La morena decidió acercarse a su amiga y vio como un chico tan apuesto como el mismísimo Dios Thor la tomaba de la mano y la pecosa lo recibió con gusto y con… con… ¿amor?
-¿Candy? ¡Oh por Dios! No estaba equivocada, Candy no perdió el tiempo y se ligó al mismísimo Thor... – susurró Annie sacudiendo su cabeza y decidiendo en ese instante interrumpir a su amiga ya que el guardia se acercaba aún más. Sus piernas tambaleaban de dolor y las zapatillas de tacón de aguja no le ayudaban del todo. Después de recorrer los pocos metros que la separaba de su amiga, los cuales a ella le parecieron kilómetros, llegó al lado de los rubios quienes se percataron de su presencia de inmediato.
-Annie ¿Qué pasa? – pregunto Candy, un tanto asustada por ver a su amiga tan agitada y perlada de sudor.
Annie tomó una gran bocanada de aire para reponerse de su maratónica huida. La chica siempre se caracterizó por ser un tanto rebelde pero sin dejar atrás su elegancia. Su madre siempre le recalcaba que una señorita de sociedad no tenía permitido perder el glamour; era preferible que sus pies reventaran de ampollas y dolor a estar toda desaliñada. Alisando su vestido con sus manos y esbozando su más deslumbrante sonrisa, le dio un repaso de pies a cabeza a Thor antes de responder a la pregunta de su amiga. Annie deleitó sus pupilas por un par de segundos… tenía que admitir que ese chico en verdad era guapísimo. ¡Por fin Candy había hecho una excelente elección!
-Galatea… tenemos un problema… - respondió cuando el aire le llego a los pulmones con normalidad.
Albert se sorprendió al escuchar que la chica la había llamado Galatea… sin duda era algo curioso. El joven volteo a ver el rostro de la rubia y quedó perplejo al notar los labios entreabiertos de su diosa. En ese momento sintió una necesidad casi sublime de volver a tocarlos, volver a saborear esos labios color de rosa… Ya no tenía duda alguna: esa chica le había robado el corazón. Sus pensamientos se vieron interrumpidos al sentir la mirada curiosa de la morena.
Annie olvido por completo lo que le iba a decir a su amiga y enseguida su mirada se fijó nuevamente en Thor
– Ahmm… hola guapo ¿Cómo es que no te había visto en la fiesta? Y mucho menos… en la universidad… - dijo, guiñándole un ojo y sonriendo tan fresca como una lechuga.
Albert le devolvió la sonrisa efervescente y amigable; estaba claro que esa chica era un completo torbellino. Sin embargo, también vio en ella sinceridad con un toque de inocencia. El rubio carraspeó un poco para poder presentarse ante la morena pero se vio interrumpido por la dulce voz de su Galatea.
-Annie… te presento a Albert. Albert, ella es mi amiga Annie Britter– Candy se sintió un tanto incomoda por hacer una presentación tan simple… pero recordó que no sabía ni siquiera el apellido de Albert… ¿Por qué había pasado algo así? Habían hablado de muchísimas cosas… ¿por qué no saber su apellido?
-Encantado de conocerte – Albert le tendió la mano y sonrió dejando ver su perfecta dentadura, acción que dejo boquiabierta a la morena – Albert An… - su presentación quedo flotando en el aire interrumpida un agudo grito.
-La tengo, está en la entrada del jardín… cambio – exclamo el guardia colocando su radio en el cinturón de su pantalón. El pobre hombre realmente no quería hacer lo que su "antipática jefa" le pedía, pero tenía que cumplir su trabajo sino quería ser despedido.
Annie sintió un escalofrió recorriendo su espalda y no era precisamente por el hecho de haber estrechado la mano de Thor ¡Joder! ¿Cómo se había olvidado del guardia que iba tras ella?
-Igualmente Albert, ha sido un placer conocerte – dijo apresurando sus palabras a borbotones, soltando la mano del rubio y volteando su rostro hacia la pecosa – Hora de irnos Galatea… o ese gorila que viene detrás de mí nos sacara a patadas de aquí...
-¿Eh? - Candy abrió los ojos como platos. ¿Qué demonios había hecho Annie esta vez para que el guardia la sacara a patadas?
-Vámonos, tenemos que correr – chilló Annie tomando a Candy de la mano.
Candy aturdida por el relajo, volteo su vista hacia Albert y con una sonrisa susurro una rápida disculpa.
-Tengo que irme… lo siento
-Descuida, no hay problema – Albert tomó su mejilla y beso tiernamente sus labios – No olvides nuestra promesa.
-Jamás lo olvidare… ahí estaré puntal.
Annie puso los ojos en blanco y regreso a jalar a Candy.
-Vamos parejita… luego se dan arrumacos… - dijo esta mientras tomaba la mano de Candy para comenzar a correr, dejando al Dios Thor muy atrás.
-¡Annie! – Bufó Candy a media carrera - ¿Qué es lo que hiciste para huir del guardia de Elisa?
-¡Eh! ¡Yooo! ¡Ayy Candy! Pero… pero… si yo solo le hice una pequeña broma –dijo la chica entre risitas ahogadas. Cada vez que recordaba la cara de Elisa, era capaz de orinarse de la risa.
-¿Pequeña broma? Y solo por eso el guardia quiere sacarte de la mansión a patadas… - refuto la rubia.
-Candy… no me regañes, luego te explico. Sigue corriendo, los chicos ya nos están esperando en el auto.
La rubia dio un gran suspiro y siguió corriendo, era por demás… Annie Britter jamás iba a cambiar.
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Terry Granchesterd caminaba por la entrada principal de la mansión. Había estado buscando a su amigo pero no lo encontraba por ningún lado. Su última opción era el jardín… aunque se preguntó a sí mismo, conociendo a su amigo, por qué diablos no había comenzado por ahí… Albert amaba ese tonto laberinto, debería haber buscado en ese lugar desde un principio.
Decidido a encontrar a su amigo, caminó a paso firme hacia el jardín trasero de la mansión tarareando la canción de su película favorita. Al dar media vuelta en la esquina de la mansión, escuchó un grito antes de ser derribado por completo en el suelo.
Con el trasero adolorido y un pequeño golpe en la cabeza, Terry abrió los ojos para ver que carajos había pasado. Al hacerlo, su visión fue una fantasía maravillosa: una hermosa rubia de ojos verdes y nariz pecosa estaba tumbada encima de él.
Candy se sonrojo por completo hasta la raíz del pelo… todo ese relajo estaba pasando demasiado rápido. Sin tiempo de detener su cuerpo en marcha y en plena fuga, la pobre había chocado de lleno con un apuesto chico, haciéndolos caer a ambos en el suelo. Su rubor aumento, si eso era posible, al notar que se encontraba encima de él en una posición nada decorosa.
-¡Joder! Creo que los ángeles se están cayendo del cielo… - susurró Terry. Una sonrisa un tanto lasciva se dibujó en su rostro al notar el rostro escarlata de la rubia.
-Dis… disculpa – dijo tartamudeando la rubia – ¿estás bien?
-Ahora… lo estoy, con semejante belleza entre mis brazos me siento como en el cielo… sin duda alguna es lo mejor que me ha pasado esta noche - Terry lo admitía: era un Don Juan. Sus piropos y sonrisas ladeadas jamás fallaban y en ese momento estaba haciendo uso de todo su arsenal.
Candy se sintió completamente incomoda; definitivamente ese chico era un coqueto. Con la agilidad de una gatita, la rubia se levantó y le tendió una mano al chico. Terry acepto la ayuda y se levantó sin soltar la mano de la chica. Sacando a relucir su mejor sonrisa, el joven depositó un beso en la mano de Candy.
-Es un honor que hayas caído en mis brazos, te puedo decir que no hay otro lugar en la que estés más segura.
Candy rodo sus ojos. No tenía muchos conocimientos acerca de los hombres, pero si de algo estaba segura era que ese tipo sí era arrogante.
-Terry Grandchester para servirle mi bella dama – dijo inclinando su cabeza haciendo una elegante reverencia.
La ojiverde se rio para sus adentros. En definitiva: ese chico era el caballero más arrogante que había conocido, nada que ver con Albert… su Albert.
-Candice White…
-Candice… que hermoso nombre…
-¡Ehm! Gracias… ¿Me podrías devolver mi mano? – dijo Candy enarcando una ceja con una sonrisa. Está en verdad era una escena de lo más pintoresca.
-Oh, claro que si hermosa, con la condición de que me des tu número de teléfono.
Candy iba a decir algo cuando fue interrumpida por Annie. La morena estaba parada a unos cuantos paso y, por la pinta de su rostro, había presenciado la escena más cursi en toda su vida. ¿Qué le pasaba a ese tipo, pensó Annie? Tal vez el golpe le afecto la cabeza… aunque debía de reconocerlo que era muy guapo… pero no tanto como Thor.
-Candy…
La ojiverde agradeció a su amiga por la interrupción con un suspiro de alivio ya Annie por lo regular siempre era inoportuna pero en esta ocasión estaba preparada a dar gracias al cielo por ello. Candy logro soltarse de la mano de Terry y con una sonrisa se despidió.
-Lo siento… tengo que irme – dijo y comenzó a correr dejando a un Terry aturdido.
-Pero… pero… ¿Cuál es su prisa? –Bufo el ojiazul, cuando vio de reojo a un guardia que venía corriendo. ¡Pero claro! ¡Qué estúpido había sido! La chica morena fue quien había llenado de pastel a Elisa Leagan. ¡Esa era la razón por la que esas hermosas chicas corrían como almas escapando al diablo! Bueno, era hora de actuar y ayudar un poco a esa cautivadora chica de ojos verdes. Terry comenzó a caminar en dirección del guardia y cuando estaba cerca de él le metió el pie haciéndolo caer de bruces en plena carrera.
El guardia de seguridad volteo a ver a Terry y lo fulmino con la mirada.
-Vaya amigo, ese sí que fue una gran caída. Debes de tener mucho cuidado – dijo el joven entre risas.
El guardia no contesto, limitándose a dedicarle una sonrisa fingida. El hombre se levantó de inmediato, visualizo a los lejos como las chiquillas se habían subido a un auto. Bueno, al menos ya estaban fuera de la mansión, así que su ridícula jefa no podría reprenderlo.
Terry no dio importancia al guardia, continuo su camino y siguió tarareando su canción, pero en su pensamiento solo tenía unos hermosos ojos verdes y una nariz llena de pecas… sin duda tenía que ver nuevamente a Candy White.
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Sentado en el suave césped, Albert con un suspiro, recordó la suavidad de los besos de su amada Galatea, y el hechizo de sus ojos verdes marcando su corazón. Él era de las personas que no creían en el amor a primera vista pero si creía en las almas gemelas, y sin duda alguna la había encontrado. Después de muchas decepciones, de descubrir que muchas solo se interesaban en su posición y dinero, era realmente una sorpresa encontrar a una chica como Galatea. Una mujer como ella era lo que realmente seria el aliciente para todos sus viajes pendientes: saber que ella lo estaría esperando haría que todos sus sacrificios valieran la pena. ¿Cómo la cortejaría? ¿Cenas en restaurantes exclusivos? ¿Joyas? No... Ella era diferente. Para cortejar a Galatea tendría que echar a la calle todas sus ideas preconcebidas de lo que era un romance. Con ella comenzaría desde cero. Sus pensamientos fueron interrumpidos de repente por unos pasos y la voz ronca de su amigo.
-¡Por fin te encuentro! ¡Joder Albert! Tú sí que sabes esconderte... si supieras de lo que te has perdido hermano… - Terry dijo emocionado y, sin darle oportunidad al rubio de decir alguna palabra, siguió con su remembranza – Todo fue tan rápido, y cuando vi… Elisa estaba llena de pastel y chorreando vino. Las chicas corrieron y yo salí a buscarte y de repente ¡PUM! Un ángel cayó en mis brazos… ¡Que mujer hermano! ¡Qué mujer!
Albert arqueo la ceja tratando de entender a su amigo. El rubio sonrió al ver a su amigo tan extasiado.
-Terry… ¡Basta! No entiendo ni una sola palabra de lo que me dices. ¿De qué pastel hablas? ¿Cuáles chicas? ¿Un ángel? – Pregunto con curiosidad - ¿Has estado bebiendo de más, no es así?
Terry estalló en carcajadas. Tenía que admitir la verdad: estaba muy emocionado por todo lo que había pasado hace unos minutos. El chico respiró profundamente y carraspeó un par de veces, logrando recomponer su postura.
-Lo siento hermano. Lo que pasa es que estoy emocionado. He conocido a la chica de mis sueños, y creo que quedó impactada conmigo… - dijo con deje de orgullo – es bellísima y se llama Candice White. Hermano, creo que me enamore – confesó el chico perdiéndose en el recuerdo de la rubia. Una carcajada lo hizo volver a la realidad y una mueca de disgusto se dibujó en su rostro al ver como su amigo se reía de él.
-Terry… disculpa que te lo diga pero tú te enamoras cada fin de semana de diferentes chicas – recalco el rubio hasta con lágrimas de risa en sus ojos - ¡Oh, vamos Terry! Tú y yo sabemos que en cuanto encuentres a otra chica de piernas largas cambiaras de opinión.
El chico hizo un mohín de disgusto ya que sin duda su amigo lo conocía muy bien… sin embargo, él podría cambiar por una chica como Candice White ¿o no?
-Tal vez te pueda dar una sorpresa hermano, nadie sabe, ¿no crees? – dijo guiñándole un ojo.
Albert sonrió y movió la cabeza en forma negativa. ¿Quién podría ganarle al terco de Grandchester? Inmediatamente se levantó del césped y dio unos golpecitos a la espalda de su amigo.
-Claro Terry, como tú digas. Pero que conste, ¿eh? Eso es algo que tengo que ver con mis propis ojos – musito el rubio divertido – Ahora cuéntame todo eso del pastel, supongo que debe ser algo interesante para que hayas venido a buscarme y no estar cazando universitarias como es tu costumbre.
-Tengo una mejor idea, ¿qué tal si te lo cuento todo mañana cuando estemos en el avión? Es que resulta que hay una chica que me espera… tu sabes…
-¿La chica que acabas de conocer? – pregunto sorprendido… vaya esa chica sí que era de valores flexibles…
-Bueno fuera hermano… no tuvo tiempo ni de darme su número telefónico. Ella salió corriendo dejándome parado como un monigote…
-Ja, ja, ja, ya me cayó bien esa chica – declaro el rubio guiñándole.
-No te burles Albert… yo sé que volveré a ver a Candy.
-¿Candy? Lindo nombre.
-Sí, así escuche que la llamaba su amiga… es lo único que se de ella… - recalco el chico bueno, la chica que me espera en el salón es Susana Marllow.
-¿Susana? – Albert no lo pudo evitar y rodo los ojos – Terry, ten cuidado con esa chica, presiento que no es de fiar…
-Vamos, tranquilo Albert que yo sé exactamente cómo manejarla. Ahora que dices, ¿te quedas un rato más? – pregunto con un toque de insistencia, recordando como el juego entre Susana y él se había vuelto más atrevido.
-No… estoy algo cansado y mañana hay que madrugar… diviértete.
-¡Oh, hermano! Claro que me divertiré… no como otros que prefieren estar aburridos pintando una mujer sin rostro – dijo entre carcajadas y corrió para que el rubio no pudiera darle unos golpes.
Albert se quedó parado pensando en lo que acababa de decir Terry: una mujer sin rostro… el retrato de Galatea…. Pero ahora su Galatea por fin tenía un rostro… ¡Sí! ¡Un rostro hermoso con una nariz salpicada de pecas!
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-¡Joder Candy! ¿Estás loca? – se escuchó el chillido de Annie retumbar por toda la habitación del departamento de las chicas.
Una vez que habían llegado de la fiesta, las hermosas jovencitas se habían enfundado en sus pijamas y sin previo aviso se fueron contra Candy haciéndole todo tipo de preguntas sobre el rubio. Por supuesto, Annie era la más insistente, ya que había presenciado un tierno beso de despedida entre ellos.
- ¡Por Dios, Candy! ¡Ya saca la cabeza del convento nena! ¿Quieres decir que ni siquiera tienes su correo electrónico, su número de teléfono? Y… ¿Cómo estarán en comunicación? ¿Señales de humo? – refuto la morena un tanto molesta por lo que relataba la rubia.
-Ay Annie, déjala en paz… a mí me parece muy romántico todo – suspiro Patty, y le giño un ojo a su amiga. –No le hagas caso a Annie, Candy. Todo lo que nos cuentas parece la escena más romántica de una película de amor.
Candy se sonrojo de pie a cabeza por las palabras de Patty, ya que ella había sentido lo mismo desde que estuvo en los brazos de Albert.
-¿Es enserio Patty? – carraspeo Annie poniendo sus ojos en blanco - ¡Ni siquiera sabe su apellido! ¿Sabes cuantos Albert´s hay en Inglaterra? – dijo con sarcasmo y vio como Candy se incomodaba por sus palabras… lo cual la detuvo de continuar su ataque de quejas. Candy se veía feliz cuando estaba contándoles toda su historia con el rubio desconocido.
- Candy… cariño… disculpa mis palabras… pero nena, besaste al mismísimo Thor y solo tienes su nombre y una cita en dos meses. Mira cariño, vivimos en el siglo XXI… hasta mi nana se comunica conmigo por celular, y me dices que quieren dejarlo al destino…
-Así es Annie… Albert y yo quedamos en eso… si el destino nos permitió conocernos, entonces el destino nos volverá a unir. De hecho… él no sabe mi nombre… creo que tiene mucho menos información que yo…
Patricia se llevó ambas manos al pecho y sus ojos se le llenaron de lágrimas.
-Candy… tienes todo mi apoyo cariño, como te lo dije, todo esto me parece de novela. Y me alegra saber que te has enamorado… - Dijo mientras le daba un gran abrazo.
Annie vio a sus amigas abrazándose y no tuvo más remedio que suspirar… lo reconocía, todo era como un cuento de hadas… así que se levantó de la cama y corrió a unirse al abrazo de sus amigas.
-Disculpa todo lo que dije Candy, y admito que todo es tan romántico como dice Patty: cuenta conmigo.
Candy abrazo aún más a sus amigas y comenzó a llorar de alegría. No solo había encontrado a su alma gemela esa noche… sino que la amistad entre ellas era aún más sólida que antes.
-No llores Candy, me harás llorar a mí también – sollozo Patricia.
-¿Llorar? – musito Annie – Oh, no. Nada de llorar, mejor hay que brindar – dijo levantándose de la cama y corrió por tres copas de champange.
La chica sirvió las copas, dejando la botella en el buro de la cama y sin derramar una sola gota alzo su copa.
-Brindemos por el amor… que seamos felices, y sobre todo que siempre seamos amigas.
-Salud – dijeron en unísono Candy y Patty.
-Y también brindemos, porque en dos meses ¡nuestra amiga Candy por fin perderá su virginidad!, Salud – exclamo Annie Britter.
-¡Annie! – bufaron en unísono las chicas y le aventaron las almohadas de la cama.
La morena corrió esquivando los golpes e inmediatamente las chicas se lanzaron contra su amiga derribándola en la cama y comenzando una guerra de cosquillas.
Después de tanta festividad y una vez que las chicas se habían dormido, una hermosa rubia seguía suspirando y recordando cada segundo que paso con su amado.
Le era imposible dormir, y hasta se llegó a pellizcar el brazo para saber si todo no había sido nada más que un sueño. Pero no, todo había pasado y su corazón brincaba de felicidad.
-Albert… tan solo dos meses… yo te esperaría toda mi vida si fuese necesario, porque sé que eres mi destino… - dicho eso, la rubia se dejó llevar por la suavidad de su almohada de plumas y cerró los ojos para caer en los brazos pacientes de Morfeo.
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CONTINUARA…
Un agradecimiento muy especial a la persona que me ha ayudado en mis recaídas, ha llorado conmigo, ha sentido mi dolor en una conexión especial, muchas gracias por estar conmigo cada vez que lo necesito… y como te lo dije, Dios te mando a mi cuando más necesitaba, te amo amiga... M.P.
