Sí, les pido perdón por la demora, pero aún no pasamos de Entomología y, como dije, ahí sí que hay bichos para tirar a la tiña. Sobre todo los Aedes...

Bueno, perdonen por la demora, y por fin pude actualizar este fic. Lo siento, pero que es últimamente me estoy jodiendo con la práctica. Soy una mujer teórica de letras, así que... la práctica me jode alguito.

Me han gustado mucho los reviews!

Bueno, quiero decirles que los sucesos son algo rápidos, ya que tengo pensados (pensados, más no escritos) los otros capitulos, y pues mi musa para éstos se fue (la muy zorra...)

Bueno, aquí les dejo el capítulo. Ojaá y les guste... (ojalá)

Una semana. Una semana había pasado, y aún nadie encontraba a los Potter, ni tampoco a Rose Weasley ni a Scorpius Malfoy.

Todos en Hogwarts habían sido obligados buscarlos a los cinco, pero nadie había encontrado ni rastro de ellos. Y, aunque no lo demostrara, Polly Kingsbridge estaba preocupada por ellos, sobre todo por James. Ella sabía que, aunque él la jodiera mucho, ella no podría estar más enamorada de él, pero ése no era el punto. El punto era que cuando lo volviera a ver le diría sus cuatro verdades en la cara.

Zane y Ralph habían dejado de discutir sobre si James tenían sexo o no, y Zane sí que se estaba tomando las cosas en serio.

Y los Weasley, Ginny y Harry no podrían estar más aterrados.

El estado de Harry era deplorable. Ginny hacía todo lo posible por calmarlo, pero no daba resultado. Incluso creía que podría estar sufriendo psicopatía… Pero ése no era el caso. Apenas ella viera a sus hijos, ellos sufrirían…

*** Mientras, en Grimmauld Place en 1996…***

-James, ¿me pasas la mayonesa?-preguntó Lily. Los cinco estaban comiendo ante la mirada atónita de todos. Aunque James y Lily habían vuelto menos periódicas sus peleas, siempre tenía que haber una en el día. Nunca faltaba una, y para todos parecía normal. Rose no hacía nada, siempre seguía haciendo lo que sea que estaba haciendo, Scorpius se dedicaba a mirar a Rose con adoración, Albus se iba a otro lado, y ésos dos seguían peleando, lo que no le parecía normal a nadie. No se puede pelear tanto en la vida. Ni siquiera Ron y Ginny peleaban tanto, lo que le valió a Harry comentarios sarcásticos sobre sus hijos, a los que él fruncía el seño y miraba mal a quien sea que lo hubiera soltado.

Mientras, Sirius no podría ser más explícito, pero a Harry no podría molestarle más ya que no captaba, y Ginny no podría sentir unas ganas más gigantescas que las que sentía por golpear a Sirius o lanzarle un hechizo de mocomurciélago. Como dije antes, le parecía cruel por parte de él… Y Sirius, mientras tanto, se estaba volviendo loco porque no pensaba que alguien pudiera ser tan mojigato e inocente como ellos dos, a lo que Remus le respondía: calma, Canuto, calma.

Mientras, a lo largo de la semana, Molly no podía ser más preocupona con esos cinco. Hasta con Scorpius era preocupona y lo obligaba a comer incluso cuando él estuviera lleno. Rose ni se inmutó, estaba acostumbrada a que su abuela tratase así a su novio.

Ginny, no podía evitar mirar a los hijos de Harry con cierta tristeza, ya que le partía el alma que él nunca la hubiera visto como alguien que no fuera la hermanita de su mejor amigo. Cada vez que miaraba a James hacer una estupidez, o a Lily contar un chiste, o a Albus mirarlos con una pequeña asomando en las comisuras de sus labios, no podía evitar pensar en Harry, y el parecido que sus hijos guaraban con él, pero aún no podía dejar de sentirse así. Triste. Y Harry había encontrado el amor: una jugadora de quidditch famosa, seguramente hermosa, ¿y ella? Probablemente acabaría con un puesto de turno en San Mungo. Esto a James y Albus les hacía gracia. ¿Cómo podía estar tan ciega como para no notar el parecido entre ella y Lily? Decidieron no decir nada. Aunque ella siguiera triste por un tiempo, algo les decía que ella se iba a enterar muy pronto…

El viernes, a Ginny le había tocado fregar los platos ya que había sido Hermione la vez pasada. Lily, que había terminado de comer, se estaba dirigiendo a la cocina para entregarle el plato a su madre, cuando de repente, James le susurró:

-Insinúale algo…

-…Pero no seas muy explícita-finalizó Albus, yendo con James a la alcoba de los gemelos, los cuales desarrollaban ilegalmente un chicle que se dirigía a tus fosas nasales cuando tratabas de hacer una bomba con él, pero aún no lograban cómo hacer que los mini fueguitos artificiales aparecieran dentro.

-Hola-dijo Lily.

-Hola-le respondió Ginny con una sonrisa. Vaya. ¿Quién diría que detrás de la gritona, pesada y divertida de su madre, estaba esa chica amistosa, que apenas y elevaba el tono de la voz?

-Esto, vengo a dejarte los…-comenzó Lily.

-Sí, déjalos por ahí-respondió Ginny con una mueca. Odiaba lavar los platos. Lily soltó una risita, le dio un besito en la mejilla, y salió de allí. Ginny sonrió tímidamente, tocándose la mejilla.

***Al día siguiente***

-Lily, ¿me pasas la miel?-preguntó Scorpius, tendiendo su mano. Lily, sin dejar de comer, alargó el brazo hasta quitarle a Ron el tarro de miel que estaba por coger. Éste la miró y luego miró a Harry con una cara que decía claramente: Esto es el colmo.

-¿Qué?-inquirió Harry, antes de comenzar a masticar lentamente un panqueque.

-Nada, nada-murmuró Ron, fijándose en la forma de comer de los hijos de Harry. Éstos comían muy rápido, hasta Lily. Incluso Rose lo hacía. Scorpius comía algo más calmado, más no distaba de la velocidad de los demás. Todos los Weasley, (y el resto de las personas)a las horas de comer miraban con atención a los tres Potter y a Rose. Los tres se comportaban algo raro. Rose siempre comía muy pegada o a Lily o a Albus. James comía pegado a Lily, y ésta a Albus. Siempre era así. Hasta en el desayuno, algo que le resultaba muy curioso a todos.

Flash Back

Domingo, dulce domingo para todos en Grimmauld Place. Y, como el sarcasmo en mis palabras lo indica, quiere decir que ese día fue peor que otros días.

Cuando ya todos se hubieron levantado, a Molly Weasley se le ocurrió la "brillante idea" de despertarlos a todos. Incluso Rose estaba privada. Ella que incluso el día anterior se había levantado bien temprano. A ver, les contaré las posiciones de ése particular día:

Rose dormía en el sofá, de una forma muy extraña: su cabeza colgaba del espaldar del sofá como si fuese de trapo, mientras que su pierna derecha colgaba de uno de los pasamanos de una forma un tanto graciosa, y sus brazos también colgaban del espaldar. Parecía como si hubiese intentado escalar el sofá, pero se hubiese quedado dormida a mitad del proceso.

Scorpius dormía con los pies en el estómago de Albus mientras que con dos almohadas tapaba sus oídos. "El chico parece un sándwich", pensaron todos. A pesar de que allí sólo llevaran dos días, todos se habían acostumbrado a él. A su forma de hablar, que no recordaba para nada a la de Draco, a su forma de tratarlos a todos, su amabilidad y su carácter de chico con corazón de Gryffindor adicto al quidditch. Cuando le preguntaron por qué había quedado en Gryffindor, respondió: "Quería molestar a mi abuelo", lo que le valió la amistad inmediata de Sirius y los gemelos.

Albus dormía abrazado a Lily, que dormía abrazada a James, algo que nunca habían visto ellos. Normalmente, ella siempre aparecía despertada algo lejos de James, pero al parecer ése día fue diferente.

-A levantarse-gritó Molly antes de comenzar a sarles violentos almohadazos, como vio que Rose hizo el otro día.

Cuando ya los cinco se sostenían más o menos en pie, se deslizaron lentamente hacia el comedor. Para sorpresa de todos, Lily se había puesto una playera de Harry y un pantalón de Albus.

Harry se preguntó: "¿Por qué tiene puesta mi playera?"

Todos habían dormido en calzoncillos, incluyendo a Albus. Y parecía no importarles que tres féminas los miraran. Es más, ni siquiera parecían vivos. Más bien lucían como ánimas errantes deslizándose por las secas hojas de un jardín. Sin abrir los ojos, se sentaron en las sillas del comedor en el orden en que lo habían hecho desde que llegaron Rose y Scorpius: Rose pegada a Lily, James pegado a Lily, y Lily pegada a Albus. Y Scorpius estaba demasiado cerca como para gusto de Ron.

De pronto, las cabezas de James, Albus y Scorpius se desplomaron sobre los platos de avena. Incluso James etsaba tratando de volver a roncar. Lily y Rose apartaron sus platos de avena, y apoyaron sus cabezas en la dura y fría mesa.

-¿Qué les pasa?-inquirió Molly, molesta.

-Es domingo-balbuceó Rose. Su cara ni siquiera se veía porque la rojiza nube de pelo que poseía tapaba todos sus rasgos faciales. Luego, se escuchó un bostezo a través de la melena pelirroja.

-Y los domingos nunca hacemos un culo-secundó Lily, cuyo cabello parecía el de un duende salvaje de las montañas.

-¿Cómo se hace un culo?-le murmuró George a Fred.

-No tengo idea-le respondió éste en un susurro.

-¿Y cuando tienen partido de quidditch?-inquirió Molly, sin quitar el gesto de molestia de su cara.

-¿Acaso hoy hay partido?-Lily levantó la cabeza y la miró con los ojos entrecerrados, de los que sólo se veía una rendija marrón clara adentro. Luego, miró con molestia extrema la bombilla que estaba encima de la mesa. Por arte de magia, la bombilla explotó, dejando a todos un tanto anonadados.

-En serio, los domingos nunca hacemos nada a menos que haya partido-comentó Rose, con los ojos entrecerrados.-Como yo no juego, no me importa mucho, pero ellos sí, y tengo que…-bostezó, y siguió bostezando durante un buen rato. Pareciese como si hubiera estado implorando salir de su boca-…ir. Siempre nos levantamos como a las seis de la tarde…

De pronto, James, Scorpius y Albus levantaron las cabezas de sus platos de avena, murmuraron gracias con una voz trémula que no parecía nada la de un chico, se volvieron hacia Lily y Rose y volvieron a hundir sus cabezas en sus platos del desayuno. Todo eso sin abrir los ojos, Incluso hasta parecía que habían tomado aire para volver a sepultar sus cabezas en la avena. Molly estaba que no podía de la rabia.

-No hay de qué-murmuró Lily antes de acercar su plato de avena y enterrar su cara en él. De repente, Rose lanzó un bostezo que sorprendió a todos allí, excepto a los otro cuatro, que parecían avestruces con sus caras sepultadas en la avena.

-Qué sueño…

-Pus no me importa, se van a comer su desayuno.-les dijo Molly con reproche, y luego se le ocurrió añadir algo que no fue nada bueno:-Quizás si se lo comen puedan volver a dormir por un ratito…-de pronto, a los cinco pareciese como si les hubieran hecho un Enervate, porque los que parecían avestruces sacaron sus caras de la avena, se las limpiaron y comenzaron a devorar avena a dos manos (N/A: en realidad no usaron las manos, eso es una expresión usada aquí –no sé si en otros países- para indicar que estaban comiendo mucho y muy rápido). James, sin abrir del todo sus ojos, tanteó en la mesa para encontrar algo que tomar, porque al parecer se había atorado y, sin encontrar qué tomar, cogió el vaso de café que Arthur Weasley había dejado en la mesa. Se lo tomó en menos de un santiamén, ante la mirada atónita de todos y la de fastidio del Weasley mayor. Ipso facto, la escupió, y el contenido fue a parar a la cara de Hermione, que se retiró de allí, molesta.

Ni Scorpius, ni Albus, ni Lily parecieron percatarse de eso, ya que estaban demasiado concentrados terminándose la avena que apenas y vieron lo que hizo James.

-Terminé-dijo Rose antes de dirigirse hacia el sofá como una bala, y quedarse dormida en menos de lo que canta un gallo.

-Yo también-le siguieron los demás.

Todos estaban anonadados, mientras miraban a una colérica Molly Weasley que estaba a punto de lanzarles un hechizo a todos ellos.

-Molly, cariño, cálmate…-le susurró su marido.

-¡No me voy a calmar, Arthur, no me voy a calmar!-rugió antes de dirigirse con paso firme hacia sus nietos y el Malfoy.

Fin Flash Back

-¿Qué onda con tus hijos, Harry?-le preguntó Fred a Harry en un murmullo. Esa ya era como la séptima vez que se lo repetía, y ya se estaba hartando.

-No sé, Fred, no sé-le respondió con algo de histeria. Fred se apartó en seguida, mirando a George con una sonrisa ladina. Alargó su mano, e hizo un gesto mendigante con ésta. George, a regañadientes, sacó dos galeones del bolsillo de su chaqueta.

-Te dije que iba a ganar-le dijo Fred, mirando a Harry.

-No pensé que se pusiera así-objetó George.

-Ya lo conoces. Cuando lo agobias sí que parece el padre de Lily.

-Y que lo digas…-Harry, mientras tanto, los miró mal.

-James, querido, ¿no vas a comerte las papas?-preguntó Molly.

-No, gracias-murmuró.

-Ah, bueno, por lo menos ya comiste lo esencial para tu buen desarrollo-le dijo feliz antes de retirarse de allí con el plato de James, feliz. Cuando volvió, Ginny le dijo:

-Por Dios, mamá, lo tratas como si fuera tu nieto-Molly se abstuvo de responderle a Ginny.

-Ginny querida, guarda silencio y cómete tus verduras-le sijo Molly con tono amenzante. Los Potter habían visto eso. Su abuela estaba obligando a su madre a comer. Wow. Y ella que siempre les decía eso a ellos… ahora comprendían una parte del contexto: yo también fui adolescente, pero sólo una ínfima parte. Aún se les dificultaba ver a sus padres como adolescentes, aunque los tuvieran en frente de sus narices. Es más, a veces pensaban que se trataba de un juego macabro de sus mentes. Pero Rose los devolvía a la cruda realidad: estaban atrapados en otro año. Y, aunque les gustara, también lo detestaban.

Extrañaban las cartas de sus padres, incluso James extrañaba los vociferadores de su madre a pesar de que sólo hubiera pasado una semana. Scorpius extrañaba responder con sorna y sarcasmo las cartas de odio que le mandaba su abuelo, que se encolerizaba cada vez más al recibir las respuestas. El viejo creía que el chico aún guardaba carácter Slyhterin, pero lo que no sabía, era que el linaje Slytherin de los Malfoy había acabado con Scorpius, lo que el rubio menor sabía, y de lo cual estaba orgulloso. Había jurado que a partir de él, todos los Malfoy serían Gryffindors. No había nada mejor que romper una tradición, ¿verdad?
Lily extrañaba a sus amigas y Rose extrañaba las cartas que les mandaban sus padres. Ya fueran quejas, regaños, palabras bonitas o lo que fuera. Tres veces a la semana su madre se tomaba la tarea de escribirle una carta.

Al pensar en eso, los chicos se deprimieron un poco, pero el sentimiento pasó cuando James y Albus quedaron con las caras enterradas entre el pie (N/A: o pay, como quieran decirle. Aunque se escribe pie.) de limón que había hecho la señora Weasley la noche anterior.

-¿Y ahora qué, Scorpius?-gritó James, colérico. Como Scorpius había sido el único (además de su padre) que había metido su cara en la comida, había pensado que era él.

-Los mataré-dijo Ted Remus Lupin con tono sombrío, y una mirada psicópata.

Mátenme. A que decepcioné a varios con este capítulo, a que sí. Bueno, si no lo hice, háganmelo saber, pinchando el link azulito que los y las espera ansiosos y ansiosas, denominado Review this chapter.