Kagome se levantó con el sol naciente, lista para prepararse para su presentación. Aún le preocupaba cuál iba a ser su vestimenta, pero no queriendo despertar a las niñas que dormían plácidamente en la cama de Rin, hizo lo más importante, se metió al cuarto de baño y comenzó a asearse con mucha paciencia.
Esta vez usó unos perfumes de baño que tenían un aroma bastante agradable, como a menta y mezclado con su aroma natural a jazmines y rosas, hacían una fusión muy apreciable para los sentidos de cualquier youkai que se encontrara cerca.
(1)
Después de enjuagarse y secarse, salió del baño envuelta en una toalla y se dio con la sorpresa de que sus acompañantes ya estaban levantadas y listas para ayudarla.
"Ohayo Kagome sama", le dijeron las tres niñas al mismo tiempo.
"Ohayo niñas".
"Esta lista para que la ayudemos a arreglarse?", le preguntó muy entusiasmada Kappei.
"Hai", les respondió la tenshi.
Casi al instante una de las tres hermanas llegó con la parte interior de un Kimono y un obi rojo. "Esto será perfecto", le dijo Houko.
La tenshi observó cuidadosamente las piezas de ropa y se sonrojó un poco. "Niñas no creen que esto es algo muy ligero?", les preguntó un poco avergonzada.
"Nada de eso Kagome chan. Es algo simple, modesto y además provocativo. Se verá deslumbrante". Las demás solo asintieron con la cabeza, así que Kagome dio un suspiro de derrota y procedió a vestirse.
(2)
"Perfecto Kagome sama. No necesita nada más, su belleza natural puede más que mil toneladas de maquillaje", bromeó Kappei mientras observaba de pies a cabeza a la mujer que se encontraba frente suyo.
"Estoy segura que Sesshoumaru sama quedara completamente tonto cuando la vea bailar así".
"No puedo esperar a que la haga su mujer y tengamos muchos amiguitos para jugar", agregó su hermana haciendo que la tenshi se sonrojase de pies a cabeza.
"Oka san, te ves muy linda".
"Arigatou Rin, Arigatou niñas por ayudarme. No sé qué hubiera hecho sin ustedes", les dijo la joven haciéndoles una reverencia a las hijas del gobernante de las tierras del norte.
"No tiene nada que agradecer, solo hicimos lo que nos parece correcto. Además, así es como nuestra madre conquistó a nuestro padre. Con su belleza natural y un kimono revelador", le dijo Houko guiñándole un ojo.
Kagome solo respondió con una pequeña risita nerviosa temiendo que esa no fuese la vestimenta adecuada.
"Bueno basta de pláticas y llevemos a Kagome sama a donde se encuentran las demás mujeres que de seguro el baile ya debe estar por comenzar", sugirió Kouji. Con eso todas salieron del cuarto de la pequeña Rin rumbo al dojo.
(3)
Al llegar al dojo y abrir la puerta, Kagome quedó pasmada al ver las vestimentas y los maquillajes de algunas youkais. Unos eran demasiado exagerados, en lo que se refería al maquillaje y otros eran muy pobres y no ayudaban en mejorar la apariencia en prácticamente nada.
Pasando al tema de la ropa, la mayoría de las jóvenes usaba ropa tan apretada y tan llamativa, que parecía que en cualquier momento iban a descocerse, así fueren muy delgadas y esculturales. Pero hubo una que particularmente le llamó la tensión, esa era Satsuki, quien estaba tan escandalosamente vestida y maquillada que parecía una dama de compañía.
"Definitivamente no hay peligro para usted, es la más hermosa de todas. Le deseamos suerte".
"Hai, ahora tenemos que irnos al lado de nuestro padre. Nosotras también queremos presenciar el baile", dijeron las hermanas antes de salir disimuladamente por la puerta del dojo.
"Vaya, vaya, pero que tenemos aquí?. Si es la mosquita muerta".
"Qué haces vestida así. No vez que es un baile y no la hora de dormir", trató de insultarla la kitsune sin éxito alguno puesto que la tenshi paso por su costado sin siquiera verla a los ojos y le respondió cabeza muy en alto.
"No arreglarme demasiado para un simple baile. Resultaría muy incómodo con todo el maquillaje y la ropa exagerada no crees?", le dijo, dejando a la kitsune furiosa y derrotada, una vez, más sin antes haber comenzado la guerra.
"Como veo que todas están listas, nos dirigiremos al jardín para comenzar con el baile".
Todas las muchachas presentes asintieron y se dirigieron detrás de la youkai con rumbo a los vastos campos que formaban parte del patio del taiyoukai del oeste.
(4)
Sesshoumaru se había levantado muy temprano. Estaba muy ansioso por que el dichoso baile comenzara rápido, no quería pasar ni un segundo más lejos de Kagome.
Terminando de arreglarse salió al patio y se dirigió a donde se encontraba el lago, lugar donde se iba a dar el gran acontecimiento.
Al llegar se dio con la sorpresa de que ya estaban presentes una muy buena cantidad de youkais, la mayoría hombres, las únicas mujeres eran las que por supuesto ya tenían pareja.
Como no tenía nada que hacer más que ponerse a esperar, decidió sentarse en una de las mesas que estaban ahí, provocando que a su lado comiencen a aproximarse los demás gobernantes de las otras casas.
"Ohayoo Sesshomaru sama", dijeron todos al mismo tiempo, recibiendo una reverencia de respuesta.
"A qué se debe su presencia aquí?. No me diga que por fin se decidió a obtener una mujer", le preguntó Ryuura muy confiado de que esa mujer por fin sería Satsuki y así él tendría el camino libre con la hermosa tenshi llamada Kagome.
Al ver el sentimiento en los ojos de Ryuura y oler su confianza, Sesshoumaru estaba luchando contra sí mismo para no callarlo de un golpe. Qué se creía?, que podía tener a su Kagome tan fácil?. "Hai Ryuura sama, me temo que esta vez usted está en lo cierto. Este Sesshoumaru ha decidido tomar una mujer como esposa".
"Y se puede saber quién es la afortunada?", preguntó Jyuura sabiendo la respuesta de antemano.
"Lo sabrán cuando termine el baile", fue lo único que le respondió, para luego dirigir su mirada a un lugar indefinido.
(5)
De pronto a la escena llegaron cuatro niñas muy sonrientes. "Outo san, Outo san" gritaba Kappei acercándose a su padre.
"Outo san, ya estamos aquí", dijo Houko abrazándose a la cintura del youkai de las sombras.
"Qué tal pasaron la noche?", les preguntó Jyuura. Había extrañado un poco todo su bullicio y sus travesuras.
"Muy bien, ayudamos a Kagome sama a elegir su vestuario y a hacer su baile".
"La música que Kagome sama eligió es la más bonita que he escuchado hasta ahora Outo san. Estoy segura que Kagome sama va a tener muchos hombres atrás de ella, esperando poder llevársela como mujer", dijo Kouji riéndose entre dientes, ya que, al decir su última oración pudo escuchar claramente dos gruñidos provenientes del taiyoukai del oeste y del taiyoukai del este respectivamente.
"Hijas mías, vayamos a sentarnos que esto va a comenzar en cualquier momento".
Las niñas saludaron a los youkais y procedieron a sentarse junto con su padre.
(6)
Estuvieron esperando unos quince minutos aproximadamente, hasta que llegaron las muchachas.
Los dos youkai buscaban desesperadamente con la mirada a Kagome, pero a pesar de que tenían unos sentidos muy desarrollados era imposible verla ya que estaba al final de la fila de todas las jóvenes que se iban a presentar.
La dama que se había encargado de organizar todo se paró al frente y comenzó a decir unas cuantas palabras antes de dar comienzo de la ceremonia. "En breves momentos daremos inicio al baile de cortejo". "Las debutantes elegirán el lugar donde deseen danzar. Bien puede ser aire, agua o pasto".
"Esperamos que sea de su agrado y entre todas estas hermosas jóvenes encuentren a la indicada para ser su pareja".
(7)
Kagome estaba un poco nerviosa. A pesar de que las pequeñas ya le habían hablado sobre esto, ella aún no sabía en qué lugar iba a bailar. Sin embargo, hace algunos momentos había decidió que el agua sería el mejor lugar. Le parecía igual de manejable que los vientos cuando se disponía a volar.
'Es ahora o nunca, da lo mejor de ti', se dijo a si misma tratando de darse ánimos; ahora que se percataba, había mucha gente y el dueño de su corazón se encontraba en primera fila, junto al youkai llamado Ryuura que a decir verdad la ponía un poco nerviosa ya que a veces la miraba de manera extraña.
(8)
El baile comenzó con la banda de lobas tocando en la parte trasera del paraje.
Ninguna de las primeras debutantes parecía ser del agrado de los youkais más codiciados de toda la corte, para ellos eran muy exageradas en su maquillaje o en su vestimenta y definitivamente no tenían idea de cómo bailar adecuadamente.
La mayoría, después de bailar, se quedaba en la posición en la que habían acabado por unos cuantos minutos, esperando que se acercase algún youkai y la reclamase como su mujer. Pero si nada sucedía en ese lapso de tiempo, tenía que regresar a la parte de atrás y esperar al próximo año para dar de nuevo su mayor esfuerzo.
'Cuanto más tengo que soportar esta tortura. Llevo años viendo lo mismo y hasta ahora ni una sola mujer puede hacer algo bien, se preocupan más por seducir y conseguir un hombre que por la belleza del mismo baile', pensaba el taiyoukai del oeste resignado.
Se encontraba viendo a la vigésima muchacha y honestamente cada una era peor que la otra. Aún no se explicaba como con esto podían conseguir una pareja; acaso los hombres estaban tan desesperados?.
(9)
Ya había pasado como media hora y solo quedaban dos candidatas, una era Satsuki y otra era Kagome.
Confiando en su belleza y con desbordante vanidad, la kitsune Youkai salió antes que Kagome y procedió a bailar.
Sesshoumaru no quería ni observarla pero por respeto tenía que hacerlo. Cada vez empeoraba más, sus pasos eran consistentemente torpes y su vestimenta decididamente inmoral; sin saberlo compartía los mismos pensamientos con el resto de varones de la corte.
Al culminar, Satsuki se quedó ahí esperando, esperanzada en que Sesshoumaru vendría y la reclamaría como suya, pero nada sucedió y la cólera comenzó a carcomerla, provocando que se levantara llena de ira.
Kagome observó que Sesshoumaru ni siquiera se inmutó al ver bailar a la kitsune y eso le dio más ánimos para salir, así que dando un hondo respiro se paró de frente, justo en el centro del lago y esperó que toque la música.
(10)
Todos los hombres, hasta los que ya poseían una pareja, habían quedado sorprendidos con la presencia de la tenshi.
Su vestimenta era tan simple, pero a la vez tan sexy, la hacía ver como lo que era, un verdadero ángel y su rostro inspiraba una dulzura sin igual, ya que sin la necesidad del maquillaje que usaban las demás se veía naturalmente hermosa.
Sesshoumaru por su parte, estaba completamente hechizado por la mujer que observaban sus ambarinos ojos, no podía esperar más para verla bailar.
Satsuki por otro lado, estaba a un paso de fabricar humo. Había estado observando el comportamiento de Sesshoumaru y no entendía como era posible que una mustia de la clase de aquella mujer pudiese llamar tanto la atención. Pero en ese mismo instante se las haría pagar.
Con cautela se acercó a la tenshi y de un empujón la hizo caer al agua. No sabía el favor que acababa de hacerle.
Kagome se empapó completamente al caer al agua, haciendo que la ropa que llevaba se le pegue completamente al cuerpo y deje ver muy claramente sus atributos femeninos.
Había caído sentada, con las piernas flexionadas y ahora estaba apoyada en las palmas de sus manos, recostada un poco hacia atrás, posición que la hacía ver como un sueño hecho realidad para todos los varones ahí presentes.
(11)
Sesshoumaru estaba a punto de ir y deshacerse de la molesta kitsune, pero al observar el estado en el que había quedado la tenshi, por poco y no se cae, literalmente, de espaldas. Podía sentir como el deseo que había tratado de esconder tan celosamente comenzaba hacerse notorio y su temperatura corporal subía sin que pudiera hacer nada al respecto.
'Este Sesshoumaru debe controlarse…'. Pero fue sacado de sus pensamientos por el olor del deseo de los demás youkais en la zona que llegó a su sensitiva nariz.
Inconscientemente emitió un gruñido desde lo más hondo de su garganta, haciendo que todos inhalen una gran cantidad de aire por la sorpresa al recibir semejante sonido tan amenazador de parte del taiyoukai.
'Me encargaré de ellos después', pensó exasperado. No le parecía aceptable que más de la mitad de los youkai ahí presentes se encontraran con pensamientos lujuriosos acerca de la que pronto sería su mujer.
(12)
Kagome estaba un poco sorprendida con lo que acababa de suceder, pero eso no iba a impedir que continuara con lo que tenía planeado.
Se levantó suavemente y delicadamente puso su mano en el pecho de la kitsune.
"Gomen nasai Satsuki sama, pero no deseo tener problemas con usted. Le rogaría que me hiciera el favor de alejarse de mi camino".
Diciendo aquello descargó una cantidad ínfima de energía, provocando que la kitsune caiga inconsciente al agua y las demás muchachas comiencen a reírse silenciosamente.
Observando el inconveniente la organizadora del evento fue personalmente y sacó del agua a la kitsune, dándole una sonrisa a la tenshi quien por segunda vez se puso en la primera posición que tenía para bailar.
La música comenzó. Era un ritmo un poco fuera de lo común, pero muy incitante y delicada. Sus caderas se movían al compás de la música y los pasos que marcaba iban todos en armonía con la melodía. A medida que los segundos pasaban parecía hacerse una con la música, a tal punto que sus ojos se cerraron y se movía inconscientemente al son de los instrumentos.
Sesshoumaru en este punto se encontraba más que desesperado. Recordaba que alguna vez su padre le había dicho que a veces en estos bailes de cortejo la mujer podía ser tan, como decirlo, deseable bailando que al elegirla podrían terminar teniendo cachorros más rápido de lo planeado.
Pero nunca pensó que fuera para tanto. Lo único que pasaba por su mente era reclamarla como suya, decirle cuanto la amaba y llevarla a sus habitaciones privadas.
La música culminó y con eso el acto de la tenshi y para su sorpresa todos los presentes se levantaron de sus lugares y la aplaudieron. Como le dijeron se quedó ahí en esa posición esperando a que alguien viniera, guardando la esperanza en su corazón de que esa persona fuera su Sesshoumaru.
Grande fue la sorpresa cuando al levantar el rostro sus hermoso ojos pudieron observar a dos youkais muy guapos observándose directo a los ojos y si las miradas pudiesen matar, hace ya mucho tiempo que los dos yacerían sin vida en el suelo.
"Esto se va a poner feo", fue lo único que pronuncio Houko antes de que el gran problema se desatara.
(13)
Kagome, aún en el agua, miraba a los dos youkais cambiar drásticamente. La pregunta era, que haría ella para detenerlos.
Sesshoumaru salió del sitio en el que estaba igualando casi a la velocidad de la luz. Después de ver a su hermosa Kagome bailar no le quedaba otra duda, estaba decidido, iba a ser su compañera durante toda la eternidad que les esperaba juntos.
Pero cuando estaba a punto de levantarla para informarle a todo el mundo de su decisión, el aura de otro Youkai se mezcló con el aire a su alrededor y al instante pudo sentir la presencia de Ryuura. Con un gruñido que salió desde lo más hondo de su garganta le dijo: "Qué es lo que quieres aquí?".
Ryuura sólo se limitó a verlo con ojos desafiantes. Sabía que no había otra manera de salir de ahí con la hermosa Kagome que no fuese peleando con el inuyoukai y si eso era lo que quería eso iba a tener.
"Vengo a reclamar a la que será mi mujer y tú?", le respondió muy suelto de huesos, provocando a su adversario para terminar con aquel molesto problema de una vez por todas.
(14)
A partir de ese instante Sesshoumaru comenzó a ver todo de color rojo. Sus ojos habían cambiado drásticamente y sus gruñidos se podían escuchar por todo su vasto jardín, haciendo que todos los presentes, incluyendo a los gobernantes de los dos puntos cardinales restantes, dieran unos pasos hacia atrás y se refugiasen en el castillo observando todo desde los gigantes ventanales del palacio.
"Como te atreves, no permitiré que le pongas un dedo encima a mi mujer", dijo el inuyoukai mientras alrededor suyo se comenzaban a formar ráfagas de viento que daban aviso a una pronta transformación.
Ryuura hizo caso omiso y se agachó al nivel de la tenshi. Levantándola con mucho cuidado le dio un pequeño beso en los labios que la dejó completamente sorprendida. "Ryuura sama no vuelva a hacer eso por favor".
Pero el dragón volvió a hacer caso omiso y la levantó en sus brazos preparándose para irse junto a su nueva mujer, a quien por cierto no había reclamado, aún.
"Iie Ryuura sama bájeme, yo no quiero ir con usted", le pidió suavemente la tenshi, mientras forcejeaba sin aplicar mucha fuerza. Él la miró con unos ojos color carmesí que podían igualar a los de Sesshoumaru cuando se comenzaba a transformar. Ya no había gentileza en ellos, sólo una lujuria que parecía no tener fin.
Al darse cuenta de esto, la tenshi comenzó a desesperarse. No sabía si sus habilidades serían suficientes contra un youkai de ese nivel y los poderes de purificación que poseía como sacerdotisa se habían ido junto con su cuerpo humano.
"Bájeme Ryuura sama" comenzó a gritar y patalear sin lograr nada.
(15)
Sesshoumaru estaba más que enfurecido. Nadie podía atreverse a tocar lo que le pertenecía y mucho menos si era algo tan importante para él. De un empujón alejó al dragón de la joven, cogiéndola en sus brazos y dejándola suavemente en el pasto.
"Quiero que vayas dentro de la casa, yo tengo que arreglar esto con Ryuura". "Pero déjame hacerte saber que a partir de este momento eres la princesa de las tierras del oeste", le dijo mientras acariciaba suavemente su mejilla y se alejaba de ella con un rostro que comenzaba a cambiar y a deformarse dando pasó al de un perro con una apariencia feroz y muchos metros de alto.
La tenshi estaba en un estado de total congelamiento. Su corazón latía a mil por hora, nunca había estado tan feliz en toda su vida y la manera en que cogió su rostro, jamás lo había hecho antes.
Cualquiera que mirase su hermoso rostro en ese momento podría pensar que era una pequeña niña ilusionada mirando el cielo con unos ojos brillantes, pero un gruñido completamente estruendoso la hizo salir de su transe, despertándola para ver con horror lo que se llevaba a cabo frente a sus ojos.
Ryuura se sentía completamente humillado. Desde donde se encontraba en el piso pudo oír lo que le decía el inuyoukai a la tenshi y no se iba a dar por vencido, si era necesario mataría al perro infernal para quedarse con la hermosa mujer.
Pero al levantarse se dio con la verdadera e imponente forma del gobernante de las tierras del oeste y poniéndose completamente de pie, él también comenzó a cambiar drásticamente, convirtiéndose en un dragón de tamaño colosal que igualaba al del inu blanco que ahora estaba frente a él.
Soltando dos rugidos casi al mismo tiempo, la pelea por la tenshi comenzó.
Dentro del castillo todos los presentes murmuraban cosas como: "Jamás pensé que Sesshoumaru llegara a tanto por una mujer". "Uno no saldrá vivo". "Que suerte tiene la tenshi", y tan preocupados estaban en sus murmullos y chismes que ninguno se percató de la presencia de la diminuta sombra que dejó cuatro sobres sobre la mesa de cristal que formaba el extenso comedor del salón, para luego desaparecer igual de sutil como entró.
(16)
La batalla comenzó y ninguno de los taiyoukai se daba tregua. Ya llevaban más de media hora en eso y la tenshi no sabía qué hacer, había un instinto dentro de ella que la estaba forzando a parar la batalla.
Sin previo aviso desplegó sus hermosas alas y se puso en medio de los dos colosos. "BASTA" gritó con todas sus fuerzas acercándose al gran inu blanco que ahora estaba frente a ella, acariciando su hocico suavemente.
"Ya basta Sesshoumaru, yo solo te quiero a ti", le dijo muy bajito solo para que el escuche, provocando que se calme y baje la guardia.
Ryuura no podía soportar más, siendo un dragón y con el perfecto oído que tenía, escuchó perfectamente lo que la tenshi le dijo al inuyoukai, así que sin pensarlo dos veces lanzó una bola de fuego que salió de su boca a toda velocidad directo a la pareja.
Kagome percibió la fuerza del ataque proveniente de Ryuura y dentro de ella algo se activó. Le dio la espalda a su amado Sesshoumaru y gritó con todas sus fuerzas.
Una fuerte luz blanca completamente cegadora que salía de sus manos y ojos inundó todo el bosque, incluyendo a los que se encontraban dentro del castillo, privándolos del sentido visual durante unos minutos.
(17)
Después de unos instantes, el taiyoukai abrió sus inmensos ojos y observó en el piso el cuerpo del gobernante de las tierras del este en su forma humanoide completamente carbonizado. 'Kagome hizo esto?. Qué clase de poder esconde?', se preguntó por un momento, poniendo sus dudas a un lado cuando vio el cuerpo de su valiosa tenshi inerte en el piso.
Rápidamente regresó a su forma habitual y la levantó en brazos, al mirarla de cerca pudo notar algunas contusiones afortunadamente débiles. "Debe haber sido por la caída", murmuró y la llevó dentro ante la mirada expectante de todos los youkais.
Al encontrarse al centro de todos se paró orgulloso con su futura compañera en brazos y procedió a informarles su decisión. "La tenshi Kagome será mi mujer y por lo tanto no permitiré que nadie le ponga un dedo encima. Cualquiera que se atreva a tocarla deberá pasar sobre mi primero". Diciendo eso se retiró lentamente hacia su dormitorio.
Todos se quedaron con la boca abierta. A pesar de que ya se imaginaban que algo así pasaría debido a la pelea que se acababa de llevar a cabo, era mucho más impactante oír de los labios del príncipe del oeste que por fin iba a tomar una mujer.
Sin más que decir todos retomaron las festividades; además ese era el penúltimo día y como era tradición, esa noche todas las parejas consumarían su unión, así que los adultos se estaban preparando para una noche muy ruidosa y las parejas jóvenes simplemente se encontraban cada vez más melosas.
(18)
Mientras todo esto sucedía, en el lugar más recóndito de las tierras del sur se encontraba el hanyou más peligroso de todos los que habían existido hasta ahora. En su sombrío palacio planeaba el movimiento final contra aquellos que se oponían a él. Ya lo tenía todo muy bien preparado para deshacerse de cada uno de ellos lenta y dolorosamente.
Pero muy a su pesar, la fastidiosa miko que viajaba junto al inuhanyou había resultado ser una tenshi, una de los de aquella desagradable raza que, según él, se había encargado de exterminar hacía ya mucho tiempo.
Como era posible que esa criatura se le hubiese podido escapar. Ya se encargaría de ella, lo único que le preocupaba ahora, era su unión con el taiyoukai del oeste.
"Ya basta de pensar, mejor comencemos", se dijo, recordando que había mandado al pequeño Hakudoshi a entregar las cartas a la casa del gobernante del oeste. Seguramente mañana mismo tendría cientos de ejércitos esperando aniquilarlo y ahí es donde probaría su obra maestra.
"Kanna", llamó en una voz muy baja a su más fiel creación. La única que parecía nunca haberlo traicionado, siempre era eficiente y silenciosa, justo como a él le gustaba; sólo por esas razones le haría un estupendo regalo.
"Hai Naraku sama" dijo el pequeño ser albino, cuyos ojos parecían reflejar el profundo abismo de la misma nada.
"He decidido hacerte un regalo".
Así la declaración hubiera sorprendido a la niña, nunca en su existencia lo hubiese podido expresar ya que carecía de emociones, así que sólo se limitó a responder a su creador: "Cualquier cosa que me dé será bienvenida Naraku sama".
Naraku cogió el jarrón donde reposaba el corazón de la Youkai y lo introdujo en ella, para después cubrirla de un miasma color violeta y comenzar a recitar unos cánticos muy extraños. Unas horas después de haber terminado su trabajo, frente a él estaba parada su carta del triunfo.
Acercando un espejo hacia la niña, la hizo observar su reflejo. Por primera vez en su vida Kanna dio una exhalación de sorpresa, se sentía complacida.
"Arigatou Naraku sama" le dijo con una maléfica sonrisa que sólo podía competir con la de su creador, con la de su padre.
"Ahora harás exactamente lo que yo te diga, empezando por probar tu espada y tus nuevas habilidades", le respondió el hanyou con los ojos brillantes y llenos de odio mientras seguía planeando la segunda parte de su plan.
"Hai Naraku sama".
(19)
Sesshoumaru caminaba lentamente por los corredores de su amplio palacio con la tenshi en brazos, contemplando su hermoso rostro y su hermoso cuerpo.
Dándose un gruñido de reprimenda a si mismo se dijo: "Iie, este Sesshoumaru debe calmarse. Ya habrá tiempo para eso, ahora debo asegurarme de que este bien". Sin embargo, cuando estaba a punto de llegar a su dormitorio, fue detenido por una pequeña niña que comenzó a llorar desesperada.
"Qué sucede Rin", preguntó con una voz muy calmada.
"Qué le pasa a Oka san. Por qué está dormida, a dónde se la está llevando?". "Se va a poner bien?, por qué su ropa esta mojada?". Comenzó de nuevo con el bombardeo de preguntas mientras el taiyoukai intentaba no dar una pequeña sonrisa ante la curiosidad de la niña.
Decidiendo que de vez en cuando tenía que darle su gusto le respondió todas sus preguntas.
"Okaa san está bien y está descansando. Ahora la estoy llevando a nuestro dormitorio, si reposa lo necesario estoy seguro que se podrá muy bien". "Sus ropas están mojadas porque calló accidentalmente en el lago. Ahora debo ir a cambiar a Kagome y acostarla, está muy cansada".
Cambiando su tono a uno serio le dijo: "Y no estés yendo de aquí para allá que vuelves a Jaken loco".
Con lo que le había dicho su nuevo outo san Rin estaba muy feliz. Así que en ese momento sería capaz hasta de soportar al gami ese. "Hai outo san. Rin chan se portará muy bien, Rin chan lo promete".
Diciendo eso la muchachita salió de ahí saltando de un lado a otro, cantando cosas in entendibles para el taiyoukai.
(20)
Sesshoumaru entró a su cuarto y recostó a Kagome en la cama, luego se dirigió hacia su armario y saco uno de sus ahoris, este en particular tenía una luna creciente en la parte de la espalda y era color azul, de una seda muy suave, así que con la ropa en la mano se acercó a la muchacha y subió a la cama.
Sacándole delicadamente la ropa la observó con esas extrañas prendas de la última vez y le resultaba un poco irritante ya que esas contrapartes no le permitían tener una vista perfecta de los atributos de su mujer, aunque no podía negar que se veía muy bien en ellas.
Al desvestirla completamente no pudo evitar lamerse los labios, como deseaba hacerla suya en ese momento, pero tenía que esperar, para que el rito se complete correctamente la tenshi tenía que estar en sus cinco sentidos, así que la vistió cuidadosamente y la metió debajo de las cobijas de la gran cama. Aún era temprano ya que el sol seguía brillante, pero por nada del mundo dejaría el lado de su hermosa Kagome.
Se sacó la armadura y los zapatos y se metió a la cama sentándose mientras acomodaba en su regazo el frágil y perfecto cuerpo de la tenshi y la envolvía con su cola para darle calor, "descansa koi".
Los dos durmieron por casi cuatro horas y para cuando la tenshi despertó el sol ya se estaba ocultando, al abrir los ojos sintió uno fuertes y bien formados brazos abrazándola y una cosa suave y peluda alrededor de ella. Jamás se había sentido tan bien, no quería levantarse, pero de pronto el pánico se apodero de ella, lo último que recordaba haber visto es esa bola de fuego gigante dirigida hacia Sesshoumaru y de pronto todo se volvió oscuro.
Sin percatarse de quien era el que la sostenía comenzó a llorar desconsoladamente y luego cubrió su rostro con sus manos diciendo muy bajito: "Kami no permitas que le pase nada a Sesshoumaru".
El taiyoukai había despertado unos segundos después de su amada escuchando su desconsolado llanto, no sabía porque pero cuando la escuchaba llorar sentía que algo le pasaba por dentro y necesitaba calmarla ya que a él también le dolía que ella este así.
"Que sucede koishi, porque lloras que te pasa", dijo con un tono muy suave mientras acariciaba la espalda de la tenshi; al escuchar la voz de la persona que más amaba en el mundo, y al saber que no le pasaba nada, Kagome dio un brinco y saltó en el regazo del taiyoukai tirándose encima de él y abrazándolo con todas sus fuerzas, "Sesshoumaru, estas bien, pensé que ya no te vería más, estaba tan preocupada de que algo te fuera a pasar".
Al escuchar eso el inuyoukai se sintió la persona, o bueno en este caso demonio más afortunado en todo el mundo, no sólo la tenshi lo quería si no que se preocupaba por él. "No me pasó nada Kagome, estoy bien, pero ahora debo explicarte algunas cosas", dijo mientras la levantaba y la volvía a acomodar en su regazo.
"Hai, de qué se trata" dijo la muchacha muy curiosa, cualquier cosa ella estaba dispuesta a hacerlo por su Sesshoumaru. El taiyoukai entrelazó sus estilizadas manos con las de la muchacha y apoyó su cabeza en el hombro de la tenshi hablándole delicadamente al oído. "Kagome, este Sesshoumaru te ha elegido como su mujer, y por tal motivo debemos completar un ritual", la tenshi se encontraba muy feliz al escucharlo decir esas palabras.
"Entiendo cariño, estoy dispuesta a hacer lo que sea", le dijo con una sonrisa muy sincera mientras besaba una de sus manos. Al sentir el roce de los labios de la tenshi con su piel sentía como la calentura se dispersaba por su cuerpo, pero decidió mantener la calma, además con paciencia se consiguen las mejores cosas le dijo una vez su padre.
"Lo que debemos hacer mi koi es pertenecernos el uno al otro, y así yo te marcaré como mi mujer y ya que tú no eres una Youkai te ayudaré a hacerlo. De esa manera estaremos juntos por siempre mi Kagome y nadie nos podrá separar nunca. Estas dispuesta a hacerlo?", le dijo mientras acariciaba con su rostro la parte de su cuello donde pondría su marca.
Kagome estaba derritiéndose con las caricias de su pareja, su madre le habló de esto una vez, que seguramente el día en que ella le pertenecería a algún hombre llegaría, pero nunca pensó que fuera con el inalcanzable Sesshoumaru y no le avergonzaba aceptar que estaba muy entusiasmada con la idea. "Si mi amor, soy toda tuya" le respondió mientras se volteaba para observarlo fijamente a los ojos.
