Hola! ^. ^ Ya volví! Me extrañaron?
Todos: ¿quieres que seamos sinceros?
No
Todos: está bien. Sí, te extrañamos.
Pero háganlo más creíble…
Todos: no queremo
Bueno…
Lily: ves? Hasta ellos te odian…
Y tú qué vienes a hacer aquí?
Lily: tú fuiste la que me puso en tus comentarios…
Cierto… bueno, como no tengo nada más que decir, les dejo el cap.
Ojalá les guste!
Al día siguiente de lo sucedido, todos se levantaron en Grimmauld Place dispuestos a comenzar un nuevo domingo. Claro, todos excepto James, Lily, Albus, Rose y Scorpius, quienes estaban durmiendo a pierna suelta.
James y Scorpius babeaban… ejem, dormían con las piernas y los brazos fuera de sus colchonetas, y con las mantas sólo cubriéndoles las partes nobles. Lily y Rose dormían pacíficamente algo alejadas de esos dos, quienes al parecer competían por ver quién absorbía primero las cortinas. Albus estaba en el sofá, con un brazo colgándole del pasamanos y un pie en el piso. Estaba a medio caer. De seguro cuando el chico se levantase iba a tener un dolor de espalda de los mil demonios, sino es que tenía tortícolis. Teddy mientras dormía abrazado al estómago de Rose, y su cabeza subía y bajaba al compás de la respiración de la chica. Lucía un poco cómico.
Harry no estaba. Pensaron dónde estaría, y justo en ese momento salía de la cocina con las gafas a medio poner y una taza de café en las manos. Sus párpados estaban algo caídos. Se notaba que aún tenía sueño.
—Hola, Harry querido —dijo la señora Weasley afectuosamente. Harry la miró, parpadeó, desvió su mirada hacia su taza de café y luego soltó un prolongado bostezo. Se pudieron vislumbrar dos lagrimitas que estaban en las comisuras de sus ojos por detrás de sus gafas.
—Hubiera jurado que era una pesadilla… —murmuró luego de un rato. Los gemelos le miraban, curiosos. Estaban barajando si existía la posibilidad de que hicieran a Harry probar alguna de sus pastillas vomitivas. Hermione le miró con algo de reproche por tomar café a tan tempranas horas de la mañana y Sirius se acordaba de James con algo de melancolía. Ron, mientras tanto, a duras penas se mantenía en pie. Harry miraba a su otro yo con algo de curiosidad. Ginny evitaba mirarlo a toda costa.
Y Harry se dio cuenta de eso. Se frotó los ojos detrás de las gafas para quitarse las lagrimitas que tenía por haber bostezado y para espabilarse un poco más. Sonrió de medio lado. Algo le decía que por lo menos iba a ser algo divertido estar allí. De repente, una idea un tanto macabra surcó su mente.
—Pues no lo es, ahijadito —dijo Sirius mientras apoyaba su brazo en su hombro. —Bienvenido al año 1996.
Harry lo miró y luego volvió a mirar su taza de café. Suspiró. Quiso cerrar los ojos para tratar de volverse ajeno al sentimiento de melancolía y añoranza que le causaba el ver a Sirius ahí, con él. Volvió a abrirlos cuando vio a la señora Weasley cargar con dos almohadas hacia la sala.
—¿Para qué las almohadas? —dudaba que fueran para acomodarle las cabezas a James y a Albus para que durmieran mejor.
—Para despertarlos —respondió, ante la pregunta de él.
—Eso no es necesario —dijo con desgana luego de beber un sorbo de su café. Hizo una mueca. Estaba muy suave para su gusto.
—¿Ah, no? —interrogó Hermione con curiosidad. Ginny alzó la mirada y, al ver que Harry le sonreía, la volvió a bajar, apenada. Harry miró todo eso un poco extrañado. Sirius enarcó una ceja y fue maquinando una nueva pulla para soltarle a su ahijado —el joven y mojigato, claro estaba—. Porque por lo que veía el adulto estaba lejos de necesitar y no captar una a la primera…
—No —nuevamente volvió a frotarse los ojos, y soltó un ligero bostezo. —Los domingos nunca hago nada, maldita sea… —musitó, mirando con desagrado su taza de café. No encontraba nada con lo cual desahogarse, por lo cual había adoptado a su bebida como vía para descargar el enojo y el estrés.
—¿Tú también? Por Merlín. Pero qué vago me saliste, querido. Ya veo de dónde lo heredaron esos tres. Y ni me imagino a Ron… — farfulló la señora Weasley. Harry volvió a dirigir su mirada hacia su taza de café y luego la miró a ella.
—Los domingos es nuestro día libre. Por lo menos debemos tomarnos un descansito de todos los malditos días de trabajo, señora Weasley…
—¡Cuidadito con las palabrotas! —le advirtió ésta. Harry volvió a beber un sorbo de su taza de café sin prestarle la mayor atención. Cuántas veces no le había dicho eso ella a él y a Ron.
—¿Y entonces cómo los despiertas? —preguntó Ginny, armándose de coraje para formular la pregunta. Harry, a pesar de no estar en todos sus sentidos, le dedicó una sonrisa que la hizo sonrojar levemente. Harry tuvo que admitir que se veía adorable con el camisón con dibujos de conejitos, el ligero rubor cubriendo sus mejillas y sus cabellos color fuego cayendo a cada lado de su cara.
—A ver… —habló Harry luego de darle un sorbo a su taza de café. Se dirigió a la sala, y cuando llegó rodó los ojos al ver las poses en las que estaban sus hijos. —Levicorpus —dijo, y en seguida James, Scorpius, Lily, Albus, Rose y Teddy se alzaron en el aire como si estuvieran siendo colgados de un mástil por el tobillo. Fred y George silbaron, divertidos por la situación.
—¡Yo no me comí la tarta! —gritó James, somnoliento. Harry rodó los ojos.
—Hay que ver en lo que piensa éste…
—Gwen… -murmuró Albus, sin abrir los ojos y con la cabeza y los brazos colgándole como si fuera de trapo. Era obvio que seguía dormido. Y una prueba clara de ello fue el ronquido que soltó no muy después.
Lily, en cambio, tenía los ojos cerrados y trataba en vano de controlar sus brazos, pero el efecto de gravedad hacía que pareciesen dos mangueras colgadas de un gancho. Cuando habló, su voz soñaba lenta y pausada, como la de un moribundo:
—Buenos días…
Rose y Teddy estaban de brazos cruzados y ceñudos, mientras decían: No es gracioso. Los dos giraban en el aire como si fueran charcutería en un mercado público. Los gemelos y Sirius se echaron a reír al ver la cara de gruñona que tenía la chica.
Scorpius, no se tomaba la situación muy apecho que digamos.
—Ea, señor Potter, que ya se me hacía raro que no usara esto la última semana de vacaciones —el chico rubio parecía un infante en un parque de diversiones ya que giraba como si fuera un loco. Scorpius soltó unas risas, y Harry le dio una mirada fugaz al chico luego de sonreírle.
A Sirius le extrañó eso.
—¿Cómo es que puede ser hijo de Draco Malfoy? —se preguntó así mismo Ron por lo bajo. Harry, que lo escuchó, le respondió: "No tengo la más mínima idea". Estaban perplejos. ¿Quién diablos era la madre del hijo de Malfoy para que hubiera sacado ese carácter? Pero algo sabían, y era que lo preferían así a que fuera igual a su padre.
La señora Weasley tardó un rato en recuperarse de la sorpresa. ¿Cómo es que Harry despertaba así a sus hijos? Aunque debía admitir que era un medio muy efectivo, a excepción de Albus, quien seguía murmurando cosas sin sentido.
Vaya que los Potter tienen sueño de piedra, vaya que sí.
Mientras, Ginny y Hermione se tapaban la cara para evitar ver a James y a Scorpius en ropa interior.
Harry acomodó tres colchonetas una encima de otra, debajo de Lily, luego se dirigió hacia Albus y se posicionó debajo de él. Claro que apartó un poco el sofá, que tenía algo húmedo en donde antes Albus había puesto su cabeza. Luego, sin más preámbulos, deshizo el hechizo.
James cayó al suelo con un estruendo, para luego soltar una sarta de maldiciones porque se había enredado con las sábanas y se había torcido el cuello.
Mientras James batallaba escandalosamente contra las sábanas —pelea en la cual iban ganando las cobijas, por cierto—, Harry se había echado a Albus al hombro. El chico había caído justamente en los brazos de su padre.
Lily había caído encima de los tres futones amontonados. Se escuchó un puff, y se vio al cuerpo de Lily hundirse entre las colchonetas. Y Albus nada que se despertaba.
—Genial —murmuró Sirius. ¿Por qué los papás de James no lo despertaban así a él y a James? Admitía que podía llegar a ser un poco cruel, pero parecía muy divertido caer encima de un futón para luego hundirte en él.
Rose cayó encima de Teddy, quien había amortiguado el golpe para suerte de ella e infortunio de él.
—Demonios —murmuró desde donde estaba.
—Odio cuando haces eso —exclamó James con una venita en la frente. El chico aún no se zafaba de las cobijas, el pobre.
—Es la única forma de despertarte. Admítelo: duermes como marmota en etapa de hibernación. Y aún no entiendo cómo es que no se despierta con tanto jaleo —dijo Harry señalando a su segundo hijo. Albus tenía la cabeza apoyada en su hombro y sus piernas colgando por detrás de la espalda de su padre. Sus brazos caían en el pecho de él como si fueran de caucho. Daba la sensación de que a Harry no le pesaba nada su hijo.
—Yo lo venero —dijo Teddy, que se había levantado y se sobaba la espalda con una mueca. —Y Harry, te recuerdo que ya no tengo seis años y que ya no tengo sueño de piedra. No era necesario que también me hicieras eso a mí…
—Tú duermes tanto o más que una marmota —le rebatió Harry, y Teddy se quedó callado. Su cabello se había tornado de un color gris un tanto lúgubre.
—No me vengas con esos tonitos. —le dijo su padrino. Teddy le dirigió una mirada un tanto enojada.
—Pero no es para que me despiertes así, ¿sabes?
—Pues antes te ponías a girar en el aire tal y como lo estaba haciendo Scorpius —señaló al chico, que trataba de calmar a una enojada Rose, quien se le había lanzado encima a James a ahorcarlo por quién sabe qué razón. Y James con sonidos estrangulados, quería decir que las sábanas le estaban haciendo calzón chino.
—Lo suyo no es calmar a una mujer —opinó Teddy. Harry asintió, sin dejar de ver la escena. Los demás, mientras tanto, veían a Harry y a Harry como si estuvieran locos. ¿Es que acaso ninguno de los dos pensaba salvar a James? ¿Ni si quiera el propio Harry, que estaba allí, viendo cómo mataban a su hijo, no pensaba hacer nada?
Y Albus nada que se despertaba. En cambio, comenzó a murmurar: "No… no me dejes, yo no me comí al pollo…".
—¿Pero y ahora éste de qué habla? —se preguntó Harry.
—Harry, padrino, no te ofendas pero… tus hijos son raros. —dijo Teddy resueltamente mientras le palmeaba la espalda a Albus en un signo de consuelo. Harry sonrió.
—Se agradece la franqueza, ahijado. Pero tú no distas de parecerte a ellos.
—¿Cómo así? ¿Me estás diciendo raro? —el color del cabello del muchacho había pasado a ser de un rosa chillón y él ni cuenta parecía darse.
—He visto pocos hombres con pelo rosado, la verdad —admitió Harry, mientras se dirigía al comedor.
Los gemelos, mientras, aprovecharon para burlarse de Teddy y su cabello color rosa.
—Cállense —gritó mientras los perseguía con un cucharón en alto —el cual le quitó a la señora Weasley, si quieren saber—.
Harry había sentado a Albus en la mesa. La cabeza del chico se mantuvo en el aire durante un momento, para luego estrellarse estrepitosamente contra la madera.
—¡Quítame al pollo! —chilló, y luego, obra de la fuerza con la que se alejó de la mesa, su silla cayó de espaldas y el chico se volvió a contra, pero esta vez contra el piso. Resultó bastante cómico, sobretodo porque la cara del chico cuando gritó que le quitaran a un tal pollo fue de puro espanto.
Sin poder evitarlo, todos estallaron en estruendosas carcajadas, sobretodo Sirius y los gemelos. Pero Ron y Hermione no se quedaban atrás. Y Harry tampoco.
Harry levantó a su hijo del suelo, y luego a la silla. Lo miró preocupado, como si tratara de verificar que no se había roto la cabeza o algo.
—Disculpa, Al, pero, ¿de qué pollo hablas?
—H-había un pollo —balbuceó, mirando alrededor con extrañeza. —Y nos estaba persiguiendo a mí y a Lily. Y de repente ella se montó encima del pollo y comenzó a perseguirme, fue espantoso. Y ella cabalgaba al pollo como si fuera un caballo y… y… entonces él se me tiró encima y comenzó a picotearme la cara… fue horrible —eso último lo susurró con espanto. Harry miró a su hijo, escéptico. Sin embargo, fue un susurro muy malo, porque todos lo escucharon, y se rieron aún más.
—De veras que tu imaginación es la más vívida que he conocido en mi vida. —dijo, por sobre las risas de todos, quienes se estaban desternillando en el suelo a causa de las carcajadas al escuchar la historia del chico.
—Genial. —dijo Lily con mala cara, que había entrado al comedor justo en el momento de la caída de su hermano. —Ahora soy una doma pollos. Hermano, creo que Rose o Vicky serían mejores para ese trabajo. O Dominique. Ella sí que puede cabalgar un pollo.
Ese comentario hizo que todos se rieran más, en especial James y Scorpius. Los gemelos y Sirius siguieron riendo, aún sin saber quiénes diablos eran Vicky o Dominique.
Rose, en cambio, miró a su prima favorita, indignada.
—¿Cómo? ¿Me estás diciendo que soy perfecta para el trabajo de granjera?
—Rose, tú no eres perfecta para el trabajo de granjera —dijo Albus en tono conciliador mientras se frotaba un ojo con el dorso de la mano. —Además, ese pollo era monstruoso. —Rose lo fulminó con la mirada.
—Vaya Harry, tu hijo sí que es… imaginativo. —dijo Ron luego de secarse las lagrimitas que se le habían escapado. Harry, Harry y Albus lo miraron mal.
—Ya déjense de cuentos tontos y siéntense a desayunar. —ordenó la señora Weasley, tratando de no recordar lo que había dicho su nieto. No quería reírse en sus narices.
El resto del desayuno se basó prácticamente en burlas hacia Albus, quien se sonrojaba por momentos, pero luego de un rato dejó de hacerlo e hizo caso omiso a los comentarios por parte de sus familiares.
—***—
A media tarde, todos estaban en la sala observando un partido de ajedrez mágico (N/A: disculpen, no me acuerdo si se llama así o de otra forma…) entre Ron y Rose. La chica iba perdiendo.
—Ve sacando el dinero —advirtió James a Sirius, quien se cruzó de brazos y miró a James con pose orgullosa.
—Ron es uno de los mejores jugadores de ajedrez mágico que he visto. Rose no podrá ganarle. Además, va perdiendo.
Albus soltó una sonrisa ladina y Lily una taimada. Otra vez, dinero fácil. Incluso Harry había apostado.
De un momento a otro, Rose comenzó a hacer jugadas que dejaron con la boca abierta a muchos de los presentes.
—Jaque Mate —exclamó al cabo de cinco minutos. Sirius quedó patidifuso y los gemelos parecían dos pasmarotes. Ron había perdido… y vaya que había perdido.
El pelirrojo tenía la quijada desencajada al ver cómo su rey era vilmente destruido por la reina de su hija, que no supo cómo se había posicionado detrás de su pieza más importante, la cual se vio obligado a mover durante un turno.
—Págame —exigieron James y Harry a la vez que extendían sus manos hacia Sirius, quien los miró mal. Ahí sí que parecían padre e hijo.
—Hicieron trampas —se quejó, dándoles la espalda.
—Accio —murmuró Harry, y unas cuantas monedas salieron del bolsillo de Sirius para posarse en su mano. —Ahora, ¿cuánto fue lo que apostó? —preguntó a James, quien se acercó a su padre para contar las monedas que les debía Sirius.
—¿Y te haces llamar mi ahijado? —inquirió, con una venita resaltando en su sien.
—Sí, ¿por qué?
Lily se dedicó a recoger el dinero que le debían y Albus fue a felicitar a Rose por haberle ganado a su padre… otra vez. Scorpius, mientras tanto, zarandeaba a Sirius para que le pagase de una buena vez —hay que ver lo tacaño que nos salió éste con las apuestas—. Fred y George, como cumplidos que son, pagaron lo que debían, haciendo notas mentales sobre apostarle a Rose en el futuro.
—¿Cómo hiciste eso? —inquirió Ron ceñudo, mirando a Rose fijamente.
—Me enseñaste a jugar ajedrez mágico desde muy pequeña. —fue lo único que dijo.
—***—
Más tarde, Ginny se dirigía hacia la habitación que compartían ella y Hermione para cambiar las mantas con las que se cubrían en la noche ya que ésas ya llevaban mucho tiempo puestas. De repente, sintió cómo alguien tomaba su mano. Alzó la mirada y se encontró con Harry, quien la miraba con atención.
—¿H-harry?
—Hola —le dijo, dedicándole una sonrisa.
—¿Q-qué haces?
—Sólo quería saludarte —explicó, a lo que ella se sonrojó. —Y... pedirte perdón... —dijo, para luego irse de allí.
Ginny estaba perpleja. ¿Por qué le pedía perdón? ¿Había hecho algo malo? No que ella recordara...
—***—
—Vamos, enana, es tu turno —dijo James esperando "pacientemente" a que su hermana menor se dignase a jugar. Mas sin embargo, Lily Luna Potter estaba más que indispuesta para seguir jugando.
Cuando vio a su madre salir de la cocina, pensó en llamarla para que viera el juego de naipes explosivos, pero desistió al verla confundida a más no poder y con las piernas temblándole como si fueran de gelatina.
Mientras, James no notaba eso porque estaba muy ocupado viendo cómo los gemelos trataban de zamparle una de sus pastillas vomitivas a su hermano. George lo agarraba por la espalda y Fred trataba de abrirle la boca. Harry ni se inmutaba, ya que estaba leyendo un libro, pero de vez en cuando lanzaba una que otra mirada de preocupación a su hijo, sopesando la idea de ayudarlo o dejarlo ser conejillo de Indias.
—¡James! —gritó Lily por sobre el jaleo que causaban sus tíos y su hermano, los ronquidos de Teddy y los gritos de Sirius que le decía a Albus que se quedara quieto mientras que agarraba sus brazos. Sí, el muy traidor se había confabulado contra Albus, que no abría la boca ni un ápice, y de vez en cuando lanzaba miradas suplicantes a su padre.
—¿Qué? ¿Acaso no ves que están torturando a Al? ¡Esto es oro! —le respondió, sin mirar realmente a su hermana. Harry alzó la mirada de su libro al oír decir aquello a su primogénito.
—Hijo, te pido que no celebres la violencia intrafamiliar.
—Pero míralo. ¡A poco y no es genial! —le dijo, apuntando hacia los gemelos. Scorpius y Rose habían desaparecido mágicamente, algo que no pasaba inadvertido para Ron, quien se encontraba en un estado de mírame y no me toques. Harry volteó a ver a su hijo, que en ese momento se encontraba totalmente indefenso. Y por un momento pensó en arrojar por los aires a los gemelos y a Sirius con tal de que lo dejaran en paz. Pero volvió a mirar a su hijo, y vio que éste le lanzaba miradas suplicantes que tendrían algún significado, pero no supieron identificar cuál era. Y no parecía que le estuviese pidiendo ayuda.
Lily rodó los ojos. A veces su hermano James podía ser tan infantil… Y una clara prueba de ello eran los saltitos que pegaba mientras veía que la pastilla estaba cada vez más cerca de la boca de Albus. Lily explotó. Se levantó, le dio un pisotón y luego un coscorrón a James que lo dejaron retorciéndose en el piso del dolor. Harry miró a su hija con desaprobación.
—Lily, no tienes que hacer eso para que te preste atención —habló Harry. Lily ni lo escuchó.
—Idiota, ¿sabes qué diablos le pasa a mamá? No parece la misma de siempre —James la miró confundido. Luego, su hermana apresó su cara entre sus dedos de una forma muy cruel y lo obligó a girar la cabeza, donde Ginny pelaba unas papas junto a Hermione. Ésta estaba despotricando contra el carácter celoso de Ron y de vez en cuando, cuando trataba de quitarle un ojo a una papa, lo hacía con demasiada fuerza y éste salía volando.
—Te digo que esa no es una forma de cuidar a una hija. De seguro la pobre está mortificada y… —Y Ginny sólo la escuchaba, sin decir palabra.
—Hermione, pareces la mamá de los pollitos comportándote así. —dijo Harry, un poco apartado de Hermione por si las dudas a ésta se le ocurría tirarle el pela papas a la cara.
—¿Y tú qué te vienes a meter en esta conversación? —le replicó ella, enojada.
—¿Llamas a eso una conversación? Ginny a duras penas y te mira. —dijo mirando a Ginny, a lo que ésta se sonrojó, sonrojo que no pasó desapercibido para Hermione, James, Lily y Harry (quien había alzado la mirada de su libro para echarle una que otra mirada furtiva).
—Lily, ¿qué le pasó a mamá…? —interrogó James mientras que señalaba a su madre como si ésta tuviera tifoidea o algo peor. —Normalmente cuando mi tía Hermione se pone a hablar mal de mi tío Ron por alguna estúpida razón, ella la apoya.
—¿Qué no es obvio? —dijo Lily como toda respuesta mientras que dirigía una mirada fugaz a su padre, quien estaba tan ensimismado en su libro que nadie se atrevía a meterse con él. Excepto Sirius, claro está.
—¡Eh, ahijadito! Ven y ayuda a la humanidad y haz que tu adorado hijo se tome esta píldora de la salvación. —Harry alzó la mirada y miró a Sirius con escepticismo.
—¿Por qué no la pruebas tú entonces? —la mirada traviesa de Sirius se convirtió en una de completo pavor.
—Pues… porque tú sabes que yo… o sea, es que yo… tú sabes…
—Te apuesto diez galeones a que eres totalmente incapaz de tomarte una de esas "píldoras de salvación" —le retó, con una sonrisa ladina.
—¿Ah, sí?
—Sí.
—¿Ah… sí?
—Sí.
—Pues ya verás. —dijo mientras se encaminaba hacia donde los gemelos, le arrebataba a Fred la pastilla y se la metía en la boca de una. Inmediatamente después, no se supo nada de Sirius Black sino hasta la hora de la cena. Y aunque fue ayudado por la señora Weasley a que se le pasara el mal trago, el tipo se veía pálido y un tanto… demacrado.
—Ese… —dijo Fred.
—…No era el plan —le terminó George. Albus salió del alcance de sus futuros tíos, y se desplomó justo a los pies de su padre, quien dejó el libro a un lado y fue a buscarle un vaso de agua.
Cuando volvió, le tendió el vaso de agua, y preguntó:
—Al, ¿estás bien?
—¿Cómo crees? Trataron de asesinarme.
—No seas tan dramático. A la próxima te vengas —Harry le guiñó el ojo.
—¿En serio? —inquirió Albus.
—Claro. —y luego de esa afirmación, Albus lanzó una mirada macabra a los gemelos, quienes no supieron cómo interpretarla. Lily soltó una carcajada y luego miró con compasión a Fred y George.
—Yo que ustedes me cuidaría de no volverme a meter con él —les susurró James al oído, mientras les palmeaba la espalda. Ellos tampoco supieron cómo interpretar esas palabras. Decidieron que no le darían importancia. Lo que menos causaba el chico en una persona era miedo.
—***—
—¡A cenar! —gritó la señora Weasley desde la cocina, quien luego salió, acompañada por Ginny, con un codillo horneado humeante que lució espléndido a los ojos de Teddy. Y eso se supo porque su cabello se volvió de color amarillo brillante y sus ojos refulgieron con… hambre. Sí, hambre y felicidad.
—¡Carne! —gritó. Albus, Lily y James se rieron al ver su reacción, y el resto de las personas lo miraron raro.
—Por Merlín, Teddy. Suena como si Vicky te matara de hambre o algo peor… —dijo Harry.
Teddy fulminó a su padrino con la mirada. —El don de ella no es cocinar, ¿sabes?
—Sí, ya me lo has dicho varias veces. Vas a mi casa a robarnos comida cuando a ella se le da por experimentar.
—Tu trabajo es velar por mi salud y mi bienestar. —se excusó Teddy, luego de tragar un enorme pedazo de carne.
—Claro. —Teddy le dijo: "¿ves?" —cuando eras un niño y cuando ella te echaba de casa porque la habías hecho enojar.
—Bah. Mujeres. Son tan complejas como un maldito reloj… —y cuando dijo eso todas las mujeres allí presentes lo miraron mal. Sobre todo Hermione y Ginny.
Harry no había vuelto a decir palabra alguna. De vez en cuando miraba a Sirius y soltaba un suspiro, y a veces verificaba que James no se pusiera a pelear con Lily. Lucía un tanto cabizbajo.
—¿Papá? ¿Estás bien? —preguntó Lily.
Harry, sin embargo, hizo un gesto con la mano, restándole importancia. Se dedicó a comer con una lentitud pasmosa su cena. Nside quiso preguntarle qué diablos le pasaba.
—Está bien. No respondas. Sólo me estaba preocupando por ti. No vaya a ser que estuvieras sufriendo una combustión espontánea y… —dijo Lily.
—Aún no me explico de dónde sacaste ese dramatismo tan propio de ti. Aunque ahora que lo pienso, lo tuyo es más bien tragedia. —le dijo Rose. Lily la fulminó con la mirada.
—Cállate.
—Harry, tu otro yo sí que es raro… —murmuró Ron a su amigo. Harry, como se había vuelto su costumbre, lo miró mal.
—¿Y a mí qué?
La cena transcurrió entre conversaciones de lo más raras por parte de James y los gemelos, que de vez en cuando se reunían a murmurar cosas sin sentido sobre pastillas para saltarse las clases y sangrados extremos, o cosas así. Ron y Scorpius volvieron a competir para ver quién se atragantaba primero, mientras que Hermione los miraba a los dos con desaprobación, diciendo cosas como: Algún día van a morir asfixiados ustedes dos. Rose miraba a Scorpius con mala cara, y Sirius había apostado con Lily, Ginny y Albus a que ganaba Ron.
Y todo transcurrió como una velada feliz, hasta que las cabezas de Teddy y Scorpius, que estaban comiendo codo con codo, por cierto, quedaron sepultadas en la comida.
Y, se preguntarán: ¿Quién diablos sería ésta vez?
Pues…
—***—
—¡Tú! ¡Hereje! ¡¿Cómo te atreves a secuestrar a mi hija? —estaba gritando un hombre pelirrojo a voz en cuello, y cada vez que Scorpius trataba de alzar la cabeza, éste volvía a hundírsela entre la comida.
—Ron, ¿por qué le dices hereje? Ambos son anglicanos. El contexto para usar la palabra no es el correcto… —había comenzado a decir Harry.
—¡Harry! ¿Eres tú? Eres hombre muerto. ¿Puedes creer que un muggle me haya multado? ¡Me multó, hermano, me multó! ¿Puedes creerlo? —¿cómo el hombre pelirrojo se había olvidado completamente de Scorpius y de Rose? No tenían la más mínima idea.
—¡Papá! —chilló Rose —¿Qué haces aquí? ¿Y cómo así que te multaron?
—Un momento, ¿ése es Ronnie? —preguntaron los gemelos a la vez. Hermione estaba boquiabierta, y el propio Ron no se quedaba atrás.
Hermione no podía evitar que una punzada le atravesara el pecho como si fuera un cuchillo. Alguien más se había casado con Ron, y no era ella.
Un hombre pelirrojo, alto y bien parecido estaba allí, quejándose de que un muggle lo había multado y gritándole hereje al novio de su hija. Eso no se veía todos los días.
—¿Ése soy yo? ¿Qué diablos…? —Ron no se lo creía. ¡Ése de ahí era él! Y lo había multado un muggle… Bueno, eso sí lo podía creer.
—Oiga, señor Weasley, tampoco es para que me diga hereje… —habló Scorpius, limpiándose la cara.
—¡Hereje! ¡Secuestraste a mi hija! ¿Cómo te atreves? —otra vez había centrado su atención en Scorpius, y había comenzado a señalarlo acusadoramente con un dedo.
—Tío Ron, Scorpius no secuestró a nadie… —dijo Albus, rodando los ojos.
—¡Al! ¿Estás también aquí? Qué bueno. Ya me comenzaba a extrañar que no aparecieras. Tú no eres tan irresponsable como tus hermanos… Aunque cuando tu madre te vea a ti y a tus hermanos, corran por sus vidas. O por lo menos es lo que tuve que hacer yo cuando le dije que Harry había desaparecido también…
—Harry, ¿tu esposa es un monstruo o qué? –inquirió Sirius, mirando a Harry con compasión. Ginny lo miró mal. Algo que no pasó desapercibido para Hermione.
—Es susceptible, eso es todo —dijo Harry, mirando a Ginny con atención, a lo cual ésta se sonrojó.
—¿Y tú quién diablos eres? —preguntó Ron a Sirius, a lo cual éste fue a reunirse en su "rincón de las lamentaciones", mientras que murmuraba "¿Pero por qué esa reacción?"
—¿Qué le pasa? —le preguntó a Harry. A lo cual éste le respondió: —Como que es un tanto sensible…
—Tío Ron, ¿ves a Rose y lo primero que dices es que te multó un muggle? —dijo una persona desconocida, que no había hablado en todo el rato, pero que miraba a Teddy con los ojos en rendijas. —A veces creo que tienes el tacto en el culo, la verdad.
—Vamos, Vicky, pero si eso fue injusto, y no pude hacerle un confundus porque se fue enseguida y me dejó con ese estúpido papelito en la mano. El muy grosero…
—¿Vicky? —preguntó Fred, mientras miraba a Victoire Weasley con los ojos abiertos. —¿Tú eres la tal Vicky? ¿La domadora de pollos?
Victoire frunció el ceño —¿Domadora de pollos? ¿Y tú quién eres?
—Fred Weasley —dijo, a lo que ella frunció aún más el ceño.
—¿Qué diablos…? —Victoire no le creyó, sino hasta que Rose y Lily dijeron las palabras mágicas.
—Fue culpa de James —canturrearon.
—¿Por qué no me extraña? —preguntó Victoire mientras que le daba un capón a su primo.
—¿Pero por qué todos me pegan? —y fue a reunirse con Sirius el muy pobre.
George y Ron tenían los ojos abiertos. Esa chica era hermosa.
—James, ¿cómo le hiciste para hacer que Fred y George parecieran más jóvenes? —preguntó Ron.
—Robó mi giratiempo, papá —dijo Rose, mientras que fulminaba a James con la mirada.
—Ya sabía yo que era una mala idea que tuvieras esa cosita… —murmuró su padre por lo bajo. —Estás en serios problemas, jovencito. —le dijo Ron a su sobrino. —Y tú, hereje, no te quedas atrás. Tu madre está tomada de los cabellos. La tienes vuelta loca. Y yo ya te daré tu merecido por secuestrar a mi princesa…
—Ron, déjalo. Él no secuestró a nadie. Los dos aparecieron así como así. ¿Y cómo así que te multó un muggle? ¿Es que acaso te volaste un semáforo o qué?—preguntó Harry.
—¿Qué es un semáforo? —le preguntó Ron a Harry.
—Sí, me multó. ¿Puedes creerlo? Yo iba ahí todo normal y entonces viene otro tipo a toda mierda y se vuela la escuadra y casi me choca, y el maldito policía muggle me multa a mí. ¿Qué les pasa a esos tipos? ¿Me odian o qué?
—¿Qué es una escuadra? —volvió a preguntar. Harry le explicó que eran las esquinas donde se debían hacer pares cuando no se tenía la vía. Ron le dijo que le había hablado en chino.
—Olvídalo, ¿sí? —pidió Rose a su padre con voz suplicante. —Eso no es tan importante.
—¿Olvidarlo? Si tu madre se entera de que me multaron me mata. —le dijo Ron.
—Parece que no soy el único con una esposa monstruo… —le susurró Harry a Ron. Ginny frunció el ceño.
—Se ve que lo tuyo no es conducir… —murmuró Albus a su tío.
—Ah, por cierto, Al, Hugo me dijo que ya te consiguió el cd de Led Ziquilín, Zepequín, una cosa así…
—Genial —murmuró Albus.
Mientras, Teddy estaba siendo cruelmente asediado por una muy enojada Victoire.
—¿Cómo te atreves, Ted Remus Lupin, a dejarme en vela pensando en si estabas bien, en si te habían matado o algo peor? Estuve muy preocupada por ti, ¿me entiendes? Muy preocupada. Y tú aquí comiendo como si nada. ¿Qué diablos pasa contigo? ¡Y eres mi prometido!
—Teddy sí que tiene buen gusto… —dijo Sirius, el cual ya se había repuesto. James, mientras, todavía seguía murmurando cosas extrañas sobre la violencia intrafamiliar y que nadie lo quería.
—Y que lo digas… -le dijeron los gemelos.
—Vicky, él no tuvo la culpa… —dijo Lily con voz suave mientras que apartaba a su furiosa prima del asustado Teddy, el cual tenía el cabello blanco como la cal. —¡La tuvo él! —chilló, mientras que apuntaba a James con el dedo.
Victoire se volvió hacia James, quien alzó la mirada, asustado. Tuvo la sensación de ver que detrás de su prima Victoire habían rayos y centellas y una tormenta que le daba un aspecto aterrador.
—¡Tú! ¡¿Es que acaso no te cansas de causar problemas? —chilló mientras que se le aventaba a su primo para ahorcarlo, el cual estaba espantado.
—¡F-ue… u-un… acc… acc…idente…! —gritaba, mientras que trataba de zafarse del agarre de su prima, quien por cierto, tenía las uñas largas.
—Vicky, te pido que no mates a mi hijo… —dijo Harry.
—¡Pero él hace unas cosas…! ¡Él…! ¡¿Es que acaso no te da ira? —inquirió mientras lo zarandeaba violentamente. James ya había comenzado a tornarse de un color azulado, que se estaba haciendo común de verle…
—Claro que sí. Pero no lo mates, querida. Su madre lo hará. Además, ya está castigado. Y ésta vez es en serio —dijo mirando amenazadoramente a James, quien poco a poco iba perdiendo la conciencia.
—¿Seguro? —preguntó Victoire, aún sin soltar el cuello de James.
—Sí. Por favor, suéltalo. De seguro lo hizo inconscientemente, como todas las veces que hace alguna estupidez. —dijo mientras se le acercaba a Victoire y la ayudaba a levantarse.
Victoire lo abrazó y dijo —Gracias. Y no quise intentar matar a tu hijo, perdóname.
—Todos en algún momento de nuestras vidas queremos matarlo, no te preocupes —la consoló. —Y Teddy no tuvo la culpa, no te preocupes. Fue un accidente, aunque James tuvo la culpa de que pasara…
—Gracias. Teddy, amor, perdóname. No quise hacerlo. ¿Me perdonas? —preguntó mientras que le hablaba a Teddy con una voz extremadamente dulce.
—S-sí, claro…
Ginny, Harry, Hermione, Ron, los gemelos, la señora Weasley y Sirius estaban sorprendidos.
Lo que tenían ante ellos era una familia totalmente disfuncional. Y la chica llamada Vicky, aunque hermosa, era temible.
—Y tú, hereje, más te vale que no le hayas hecho nada a mi Rose, porque o si no…
—Ron, ya déjalo. No le ha hecho nada. —dijo Harry.
—Más te vale, hereje…
—¡¿Pero por qué me dice hereje? ¡Soy anglicano! ¡Igual que usted!
—¿Y a mí qué que seas anglicano? ¡Eres un hereje!
—¡No soy hereje! —dijo Scorpius mientras que se tomaba los cabellos con desesperación.
—Ron, ¿por qué diablos tratas así al novio de tu hija? ¿Eres idiota? Ella lo quiere y no tienes derecho a tratarlo así —le riño Hermione a Ron.
—¿Pero yo acaso soy el que le está diciendo hereje? ¡Es él! —se excusó.
—¡Es lo mismo!
—¿Hermione? —preguntó Ron.
Y? Cómo quedó?
Albus: repésimo
Cállate, Potter. Recuerda a Harrigan…
Albus: chantajista, tengo derecho a la libre expresión, a la manifestación cultural, a la…
Sí, sí, ya cállate. Ahora di lo que yo quería que dijeras
Albus: no! Dilo tú
No quiero
Albus: por qué?
Me da pena…
Albus: lo que faltaba… Bueno, Hinayo quiere mandarles a decir que le dejen muchos reviews, y que si le dejan menos de tres, no actualiza y…
Pero tampoco seas tan insensible! Dilo con cuidado, que si no me dejan de leer…
Todos: es verdad
Se agradece la sinceridad… Pero sí! Dejen muchos reviews, please! Me sirven de inspiración! O algo así… pero, espero que les haya gustado el cap. A mi parecer no estuvo muy cómico (en realidad, no lo estuvo para nada…), pero espero que les haya sacado algunas risas… (en realidad no…) Y… comenten, sí, eso… y… no sé…
Dejen reviews?
Albus: pero dilo con carácter!
