Lo siento por no actualizar! Me dejaron más reviews de las que esperé, y aún así no actualicé! Perdónenme, no fue mi intención. No planeo abandonar la historia, sólo que... lo que escribía nunca me parecía lo suficientemente bueno como apara que ustedes lo leyeran, y pues... mi inspiración estaba por los suelos. Perdón, perdón, perdón! Gomenasai!

Espero que disfruten la lectura, la verdad no sé cómo quedó el capi. Ojalá les guste

—¿Hermione? —preguntó Ron. Hermione alzó la mirada con algo de reticencia y preguntó con mala cara —sin saber por qué—: ¿Qué?

—Estoy muerto…

—***—

~Mientras, en el futuro…~

Una mujer pelirroja trató de calmarse a sí misma luego de haber pasado por un ataque de ansiedad mezclado con histeria.

—Ginny, por favor, cálmate. De seguro Ron ya debe estar en camino. Dijo que traería a Vicky con él hoy, y…

—Hermione, entiéndeme. Nadie sabe dónde diablos se metieron Harry y los problemáticos de mis hijos, y tampoco Teddy, pobre Vicky, ha de extrañarlo mucho y —fue zanjada por Hermione.

—Ginny, en lo que deberíamos preocuparnos es en averiguar dónde están Harry y los demás. Que Ron llegue tarde a la cena es algo poco común, pero posible, y con respecto a Vicky, ella seguramente debe estar quejándose de lo irresponsable que es Teddy junto con Roxanne, Georgina y Dominique.

—Tienes razón. Pero que se apure, porque tengo hambre.

Hermione sonrió. Ginny algunas veces podía ser voluble, pero seguía siendo positiva.

—Hice palitos de pescado —le advirtió.

—Pero claro. La comida muggle de microondas es tu especialidad —le dijo con una sonrisa.

—Y que lo digas —le respondió la castaña, maquinando en su mente una buena regañina para dedicársela a Ron cuando lo viera parado en el porche de su casa, pidiendo disculpas por haber llegado tarde.

—***—

~Mientras, en el pasado, al día siguiente…~

—James, no seas cochino —le reprendió la señora Weasley pegándole en la cabeza con una trapo de cocina.

Harry rodó los ojos al ver cómo su primogénito se zampaba de una un pedazo de arenque ahumado.

—Cuidado —le advirtió—, no vaya a ser que te atragantes —claro que lo dijo con un tono que denotaba más sarcasmo que otra cosa.

—Ffa-fá… —habló James con la boca llena— z-zi me zuera fa afragantaf, fa effaría muefto…

—¿Qué dijo? —le preguntó a Albus.

—Tu hijo mayor dijo, y cito: "Papá, si me fuera a atragantar, ya estaría muerto"

—Qué mal. Con lo que me gustaría que James se fuera al infierno… —se lamentó Lily, jugando con la avena de su plato y mirando con desgana a su alrededor. Bostezó.

—¡Oe! ¡Efa-ffa! –Chilló, apuntándola con un tenedor y una venita en la frente —¡Fo hableffz como fi no eftuviera aquí!

—¿Qué dijo? —le preguntó a Albus, sin dignarse a mirar a James, quien le lanzaba miradas envenenadas a la vez que trataba de proteger su desayuno de las manitos ligeras de Scorpius.

—Oye, enana, no hables como si no estuviera aquí —le respondió, luego de beber un sorbo de su avena.

—Ah…

Todos miraban con atención a los Potter y a Ron, Rose y Scorpius. Ron miraba al "hereje" con mala cara, y decía cosas por lo bajo como: secuestrador de hijas… Malfoy tenía que ser…

—Con que Ronnie es un paranoico sobreprotector… —murmuró Fred de forma escalofriante.

—Interesante… —concluyó George, con una mirada macabra. Ron sintió cómo un escalofrío recorría su espinazo al oírles decir aquello.

—Y al fin, ¿vas a matar al tipo o qué? —interrogó Albus, jugando con su cuchara.

—No. —respondió Harry, sin inmutarse ante las caras de los demás.

—Vamos, no seas tan amargado —Teddy le palmeó la espalda, y Harry, que estaba tomando café, tosió y le salieron unas cuantas lagrimitas.

—Se me fue por el camino viejo… —dijo con voz ahogada.

—¡Eres un monstruo! —le gritó Lily a Teddy.

—¿Qué? No me digas monstruo. No lo hice a propósito. Además, Harry tiene que aceptar que todos queremos ver a esos dos muertos y… —se excusó el metamorfomago, con el cabello de color azul ésta vez.

—Lo dudo. —dijo Harry.

—Es en serio –dijo Albus.

—Aún así no los mataré. Y si tan muertos los quieren, ¿por qué no los avientan de una ventana? A ver si les gusta chupar cárcel…

—¡Eso es injusto! —se quejó James, quien –de milagro-, esa vez, no tenía la boca llena.

Harry miró a su hijo, escéptico.

—¿Pagar cárcel por homicidio?

—¡No! ¡Mátalos tú! Para que se les quede el orgullo bien machacado —le explicó.

—¿Cómo se les va a herir el orgullo si ya van a estar muertos? Idiota —Lily le dio un capón a su hermano.

—Agresiva… —murmuró, sobándose la cabeza.

—¿Cómo dijiste?

—N-nada…

—Así me gusta —dijo Lily, centrándose en acabarse su desayuno.

—Y pensar que desde hace doce años soporto estas peleas… —murmuró Harry.

—Tranquilo —dijo Ron, luego de haber tragado un pedazo de jamón—. Las mías son peores. Hugo y Rose se pelean por ver quién juega primero con el maldito Xbox, se pelean por la tal televisión esa, se pelean por un tenedor, por un cuchillo, por ver quién es más inteligente y hace que mi coeficiente intelectual se vaya en picado…

Sirius se rió entre dientes, y los gemelos también, pero luego notaron algo muy curioso. ¿Quién era Hugo? Y parecía que la más interesada en saberlo era la señora Weasley.

—Ron, querido, ¿quién es Hugo?

Ron, que estaba mirando mal a Scorpius porque se había cogido para él la última torreja de pan de centeno que preparó su madre, respondió, sin prestar atención.

—Mi hijo menor. Es unos meses mayor que Lily. —Hermione casi se atraganta con la comida y Ron la miró raro, aunque sorprendido. ¿Tenía dos hijos? Pero si Rose daba todas las muestras de ser hija única… Los gemelos silbaron, y codearon a su hermano menor, soltándole sonrisas pícaras, y Ginny le lanzó una mirada mordaz. Por lo menos ya tendría algún tipo de argumentos para defender a Harry cuando se enterasen de lo mucho que se habían divertido.

En cuando a Hermione, ésta sentía cómo se la tragaba la tierra. El chico que le gustaba, además de tener una hija hermosa, inteligente, atenta para con los demás y cariñosa, tenía un hermano. Y tuvo esos dos hijos con una mujer que no era ella. Bueno, no es que ella pensara en tener hijos con Ron, pero por lo menos quería que él notara así fuera por segunda vez, que ella era —y es— una chica. Ginny miró a Hermione con compasión, pero de repente se acordó de algo que había dicho su hermano (el adulto): "Por ver quién es más inteligente y hace que mi coeficiente intelectual se vaya en picado…" Sonrió imperceptiblemente. Hermione era muy inteligente, y a veces ella creía que Hermione hacía sentir —sin querer— a las personas como algo desubicadas a causa de todo lo que leía. Pensó en la forma de hablar de Rose, en su forma de defender a Scorpius, en sus comentarios a veces parecidos a algunos de Ron, a su forma de comportarse en la mesa, en las palabras mordaces y viperinas que soltaba cuando se enojaba con alguien, en su amor por las reglas que no debían romperse, pero que a veces la sacaban de quicio… todas esas cosas, eran como una mezcla del comportamiento de Ron y Hermione. Así como James tenía sus momentos de lucidez y Lily sus momentos de comportarse como un ángel, Rose era igual. Una mezcla de su hermano y su mejor amiga. Más de su mejor amiga que de su hermano, porque Ron estaba imposiblemente capacitado para decirle a alguien estúpido de la manera más científica que pudieras encontrar, o decirle implícitamente que era un hijo de p**** —léase James, y sin querer ofender a su tía Ginny— al referirse a un inquisidor muggle que mató a cientos de personas, pero que tenía más conexiones neuronales en su cerebro de chorlito que las que tenía él. Francamente, pensó que eso sería la ira de Ron mezclada con la ira de Hermione y su inteligencia. Temible la chica, la verdad.

La señora Weasley, mientras tanto, se regocijaba en la dicha de tener cinco nietos. ¡Cinco! ¡Y ella que pensó que la adorable Rose era hija única! Esperaba que Ron los llevara a los almuerzos familiares de los domingos.

—Y… ¿cómo es Hugo? —inquirió Ginny, con una sonrisa. Su hermano la miró y, nadie supo por qué, le dirigió una mirada penetrante a Harry.

—¿Y tú qué me miras? –interrogó Harry, incómodo con la mirada que le lanzaba su cuñado/mejor amigo.

—¿Yo? Nada, nada… Bueno, Hugo… pues, no sé, se pelea con Rose por cosas realmente estúpidas y a veces lo hace sentir a uno como un completo imbécil por la forma en que habla y…

—Sólo cuando se enoja. Ahí sí que hace gala de toda su inteligencia —opinó Lily.

—Sí. La vez que le rompí por accidente la escoba que le dio papá para su cumpleaños, me dijo que la cantidad de sustancia gris que poseía mi cerebro no era la suficiente y que mi nivel de CI podía equivaler con mucha facilidad a la de un cobayo con síndrome de Down, y que…

—Sí, James, ya sabemos. Te dijo idiota de mil y una maneras posibles. Y la verdad es que eso no es nada comparado con lo que le soltó a ése Slytherin el año pasado. —dijo Albus, y luego soltó una risa.

—¿Qué le dijo? —inquirió Harry.

—Papá —llamó, James, y Harry hizo un gesto con la mano indicándole que hablara—. ¿Sabes algo?

—No lo sabré si no me lo dices…

—Hay un chico en Hogwarts al que le llamamos testículo místico —explicó James, con una sonrisa. Harry rodó los ojos y murmuró por lo bajo: esta juventud de hoy en día…

—¿Y por qué le dijo así? —preguntó Hermione.

—¿Eh? Hugo no le dijo así, él sólo le cambió el nombre a testículo mágico —dijo Albus.

—Sí, y en clase de adivinación se la pasa jodiéndolo. Es genial… —suspiró Lily.

Racconto

Estaba un grupo de adolescentes en clase de adivinación, escuchando con atención las indicaciones de la profesora Trelawney, cuando…

—Revéeelame el futuuurooo… —dijo un chico castaño con unas cuantas pecas y ojos azules con tono tétrico, del prototipo de película de terror de bajo presupuesto. Al tiempo que lo decía, movía las manos psicodélicamente sobre la cabeza casi calva de un chico con cara de retrasado mental que sólo se tapaba los ojos con una mano en un gesto de tristeza. Toda la clase irrumpió en silenciosas carcajadas, y a la pelirroja que estaba al lado de él le dieron unos espasmos. El chico la miró raro.

—¿Y a ti qué te pasa? —le preguntó por lo bajo, cuidándose de que la atontada profesora de adivinación lo escuchara y le predijera su muerte.

—Esta es mi risa silenciosa —le respondió por lo bajo la chica pelirroja.

—¿Y por eso te tienes que mover como un cadáver?

—Los cadáveres no se mueven, idiota —dijo la chica con mala cara.

—Vamos, Lucy, deja a Hugo en paz —la tranquilizó Lily, deteniendo la mano de su prima, que por cierto se dirigía a la cara de Hugo.

—Está bien…

—¿Sabes? Te compraré uno de esos libros de control de ira, son buenísimos. A Lily le sirvieron un montón. Bueno, no tanto como quería, pero por lo menos ya no me tira la mochila por la ventana cada vez que le hago una bromita inofensiva. Y eso que me la tiraba con la varita adentro. Me sorprende que no esté destrozada —dijo Hugo, con una sonrisa.

Lily se cercioró de que la maestra de adivinación estuviese concentrada en decirle a una niña de Hufflepuff que no tenía "madera para el arte de la adivinación", cogió la bola de cristal que le habían dado a ella y a Lucy, y…

—Ya verás… ¡Idiota! —chilló en voz baja, al tiempo que le lanzaba la esfera a Hugo, quien se agachó y la evitó por los pelos, pero lamentablemente el objeto pasó por la ventana, el efecto de gravedad lo hizo caer, y pocos segundos después se escuchó un ¡ay! proveniente de abajo y el sonido del vidrio rompiéndose sobre el cráneo de alguien.

La profesora miró hacia atrás para ver qué había pasado, pero al ver que todos los estudiantes seguían en lo suyo, se encogió de hombros y siguió diciéndole amablemente a la niña de Hufflepuff que el arte de la adivinación era una danza con los espíritus del más allá, o algo así.

Fin Racconto

—¿Le tiraste la bola de cristal en la cabeza? —inquirió Harry. Su hija le sonrió angelicalmente y asintió con la cabeza. Él suspiró y prefirió no decir nada.

Ginny frunció el ceño. ¿Cómo es que no la regañaba? Pudo haberle partido la cabeza a su propio primo o algo así.

—Prefiero no saber por qué carajos le dicen testículo místico a ese chico… —se dijo a sí misma Victoire.

—Pobre —opinó Hermione.

—***—

—A media tarde…—

—¡No! ¡Monstruo! ¡Maldito! —gritó James, mientras Albus le pasaba un ruple de cartas que antes había estado en el centro del círculo.

—No entiendo. ¿Le está diciendo monstruo, o le está diciendo maldito? —preguntó Harry.

—Yo digo que le está diciendo monstruo maldito —dijo Scorpius.

—Este juego es una tontería —dijo Hermione.

—¿De qué hablas? ¡Es genial! —dijo Fred.

—No tiene sentido —explicó la castaña, disponiéndose a largarse de allí y hacer algo "más productivo".

—Bueno, vete. Abúrrete como una ostra. —dijo Ron, a quien no dejaban jugar con la excusa de que había mucha gente.

—Jugar esto es genial. ¿Cómo dijiste que se llamaba? —preguntó Harry.

—No hallamos un nombre lo suficientemente adecuado, pero por el momento le decimos manotazos. —dijo Scorpius, y antes de terminar de hablar, había puesto su mano en una pila de otras manos, algunas con dedos un tanto torcidos de forma macabra, y la mano de James había acabado encima de las otras.

—¡No!

—Trágatelas. —dijo Lily, tendiéndole una gran cantidad de cartas.

—¡Satanismo! ¡Engendro del demonio! —se negaba a aceptar las cartas. Lily frunció el ceño y se las volvió a tirar, pero ésa vez a la cara. James se las tiró a su vez, y el enojo de Lily se hizo visible porque sus fosas nasales se abrieron y cerraron de forma frenética.

—¿Ves cómo me mira? —inquirió James volteándose para ver a su padre, quien estaba tranquilamente siendo aplastado por Ron en una partida de ajedrez mágico.

—La nariz susurrante del desprecio total… —dijo Albus con tono tétrico y agitando los brazos como si fuera un fantasma. Scorpius se tapó la boca para ocultar sus carcajadas. Si Lily lo veía riéndose de ella, era hombre muerto.

—¿No era del rechazo? —preguntó Rose.

—¿Acaso lo está rechazando? Yo diría que más bien lo está despreciando… —dijo Scorpius. Ginny soltó una sonrisita.

—¿Cómo te mira, hijo? —preguntó Harry a su vez sin mirar a James en lo absoluto. Ginny rodó los ojos. ¿Cómo era que no le interesaba lo que decía James? Bueno, era algo infantil lo que estaba diciendo, pero por lo menos merecía ser escuchado.

—¡Así!

—¿Así cómo?

—¿Qué no la ves?

—Sí la veo.

—No, no la ves.

—James, deja a mi padrino en paz. No te presta atención porque es una idiotez lo que estás diciendo.

—Claro que no. ¡¿Por qué demonios todo el mundo me dice idiota? Ella lanza llamitas por los ojos… —protestó.

—Claro que no.

—Claro que sí. Tus ojos son tan fríos como un iceberg…

—¿No que lanzaba llamitas por los ojos? —preguntó Rose.

—Hay que ver las excusas que da para no coger las malditas cartas… —suspiró Albus.

—Por lo menos yo no le tengo miedo a una piedra… —refunfuñó James. Lily dejó de "lanzar llamitas por los ojos" y le dio una mirada de advertencia.

—¿Quién le tiene miedo a una piedra? —preguntó Sirius, detrás de Rose, quien dio un salto en su sitio. Le salió una venita en su frente.

—¡¿Y de dónde carajos sales tú?

—No me grites, mocosa.

—¡Yo te grito cuando se me dé la gana!

—Eso no lo aprendió de mí —dijo Ron—. Que conste. —Hermione, sin saber realmente por qué, lo miró mal.

—Los gritos no te los heredó a ti. Pero la malcriadez… —dijo Harry.

—Cállate.

—¿Qué juegan? —preguntó Sirius, haciendo caso omiso a la cara de furia de Rose.

—La verdad es que no lo tenemos muy claro. –dijo Albus. Ginny asintió con una sonrisa. Era muy buena en ése juego. Era la que primero ponía la mano. Claro que luego se le venían encima las demás y le quedaban doliendo sus pobres deditos, pero por lo menos fue la primera en quedarse sin cartas.

—¿Y quién le tenía miedo a una piedra? —interrogó Fred, curioso.

—Lily —dijo James, con malicia. Todos la miraron con cara rara.

—¿Qué?

—¿Cómo así que le tenías miedo a una piedra? ¿Estás loca o qué? —preguntó Ron.

—Es que… no sé. Simplemente me daba miedo y ya…

—La llamaba La Co. —dijo James con sorna.

—No entiendo —dijo George.

—Sí, que la es el artículo y Co es el nombre —explicó James. Sirius irrumpió en carcajadas y Ron soltó una risita. Harry se preguntó qué diablos había pasado para que su hija tuviera fobia a una piedra.

—Cállate. —siseó Lily.

—Y soltaba lagrimitas cuando yo se la acercaba.

—James, cállate… —volvió a sisear.

—Y también…

—¡Que te calles! —gritó Lily, furibunda, y se le lanzó encima a su hermano mayor a jalarle los pelos.

—Esos son los resultados de decir algo estúpido referente a tu hermana menor —dijo Teddy

—Juego de manos, juego de marranos… —dijo Harry sin mirar en realidad cómo Lily torturaba a James.

—¿Ves? Te dijo marrano ¡Marrano! —chilló Lily, halando a James de los cabellos.

—A este paso se va a quedar calvo. –opinó Albus.

—Qué bien. Así no tendré que comprar tanto gel para el cabello… —dijo Harry.

—Es muy contumaz. —terció Rose.

—Yo diría que es más bien obstinado, ya que no es contumaz porque no está cometiendo un error, y… —dijo Hermione, pero fue callada por Lily.

—¿Qué no está cometiendo un error? ¡¿Qué no está cometiendo un error? ¡Claro que sí! ¡Está viviendo! ¡Eso es un error! —dijo mientras lo zarandeaba violentamente.

—Lily, no ofendas a tu hermano… —dijo Harry. Ginny frunció el ceño. ¿No pensaba separarlos ni nada?

—P-a-páaaa… —exclamó James en un grito ahogado—. A… Ay-yuuuda…

—¿Hmm? —Harry volteó, y cuando lo hizo, Lily estaba en su puesto simulando que nada había pasado—. Lily, discúlpate con James. —dijo como si fuera lo más normal del mundo. Lily se cruzó de brazos y frunció los labios—. Ahora.

—Perdón… ¡idiota!

—Lily, discúlpate bien.

—¡Pero es que dijo lo de la Co!

—James, discúlpate tú también.

—¿Yo por qué? ¡Ella fue la que quiso asesinarme!

—Porque tú dijiste algo personal de ella.

—Perdón… ¡enana!

—¡Ya verás tú, perra! —chilló Lily, sacando su varita de quién sabe dónde y preparada para lanzarle un hechizo mocomurciélago a su hermano.

—¡Lily! —regañó su padre.

—Él empezó. —dijo, señalando a James, aún sin bajar su varita.

—No me importa. No vas a lanzarle un hechizo mocomurciélago.

—¿Y puedo…?

—No, tampoco vas a lanzarle pirañas a la cara.

—¿Ni tampoco…?

—Tampoco lo vas a poner como Drag Queen, y tampoco le tirarás un tenedor a la cabeza.

—Pero…

—Pero nada.

—Pero…

—Nada. No vuelvas a decirle perra a tu hermano, ya tenemos suficiente con que le digas idiota, no le cambies el sexo, por favor.

—Pero es que un día Fred le preguntó que si era mujer, y él dijo que sí, y luego dijo que no, ¡y luego dijo que no sabía!

Sirius y los gemelos se estaban desternillando de la risa al escuchar dialogar a Harry y Lily. ¿Cuál sería el hechizo de las pirañas? ¿Y por qué diablos James respondió que sí a la pregunta?

—James… —dijo Harry, mirando a James como si tuviera un control remoto metido por el culo—¿Dudas de tu sexualidad? —parecía preocupado.

—¡¿Qué? Claro que no. Es que no entendí la pregunta.

—Déjame ver si entiendo. Te preguntan si eres mujer, ¿y no entiendes la pregunta? —inquirió Scorpius.

—¿Ves por qué te digo que es idiota? —dijo Lily, señalando a James como si tuviera epilepsia.

Harry suspiró. —"¿Por qué mi familia es tan disfuncional?"—se preguntó.

—¡No me digas idiota, enana! —gritó James con una venita en la frente.

—¡No me digas enana, idiota! —le respondió Lily, acercándose a él, tomándolo por el cuello de su camisa y bajándolo a su altura para poder gritarle más cómodamente.

—Necesito que baje una maldita deidad del cielo y los calle… —musitó Harry.

—Sabes que eso no va a pasar —dijo Ron con una sonrisa.

—Tengo derecho a soñar, ¿de acuerdo?

—Sólo te decía la verdad.

—Ja, ja. Eres tan gracioso que me dan ganas de sacarme un riñón. —dijo con cara de aburrimiento total mezclada con una pizca de ironía. Y lo dijo mientras se apretaba el estómago como si estuviera estreñido y no hubiera un baño por los alrededores.

—¡Cállense y sigan con el maldito juego sin nombre! —gritó Victoire con una venita en la frente—. ¡Y tú, perra, si no te callas y dejas de decir estupideces, seré yo misma quien te lance pirañas rabiosas a la cara, ¿me oíste? —dijo, dirigiéndose hacia James y Lily y tomando a James por el cuello de la camisa.

—¿Por qué insisten en decirle perra a mi hijo…? Pero bueno, al menos hizo que él y Lily dejaran de gritarse —añadió Harry al ver cómo James se desplomaba sobre el suelo, con el rostro lívido. Las mujeres Weasley sí que sabían cómo hacer que un hombre se quisiera tirar por un precipicio -en todos los sentidos de la oración-. Por un momento se preguntó si Hermione no sería parienta lejana de alguna Weasley o Prewett. Después de todo, en su familia tuvo que haber habido algún mago.

Sirius, Fred, George, Harry y Ron miraron a Teddy con compasión. Ésa mujer era una completa histérica.

—¿Qué? —preguntó el aludido, incómodo ante las miradas que le lanzaban.

—No me imagino cómo tratará a sus hijos cuando se porten mal… —susurró Sirius. Harry y Ron asintieron en concordancia.

—A ver, ¿por cuál íbamos? —preguntó Victoire como si nada hubiera pasado.

—Por as —dijo Albus, algo alejado de Victoire por si las dudas.

—Bien. Dos —dijo, poniendo un cuatro de corazones sobre la pila de cartas.

—Tres —le siguió Harry, y puso un tres de tréboles sobre la pila. Inmediatamente, todos pusieron sus manos encima de la pobre mano del pelinegro —Harry había puesto la mano torcida, para empeorar las cosas—, quien se mordió la lengua para no gritar porque Ginny le había enterrado una uña en la palma de la mano. Cuando todos quitaron las manos y Scorpius se hubo comido las cartas por poner la mano de último, Harry miró con horror cómo bailaba graciosamente el pellejito que se le había levantado en toda la mitad de la palma de la mano. Miró a Ginny como si fuera un monstruo y luego su mano.

—P-perdón. No fue mi intención… —se excusó, nerviosa.

—T-tranquila.

—Sigue, Scor —dijo Albus.

—As.

—Dos.

—Tres.

—Cuatro. —y nada que salía el número que concordara con la carta que salía de la baraja de cada uno. Así siguieron como dos minutos más, hasta que Teddy dijo jota, y salió una jota. Todos habían puesto la mano, excepto Scorpius, quien se había quedado como en shock.

—A veces pienso que eres de efecto retardado, ¿sabías? —dijo Albus a modo de broma.

—Cállate, imbécil. —le espetó mientras recibía las cartas que le tendía Lily.

—Aw, es un sensible —dijo Albus con tono socarrón a Scorpius, mientras que le pellizcaba una mejilla justo como lo hacen las abuelitas irritantes.

—Déjame —dijo, con mala cara. Él y Albus parecían dos niñitos pequeños al comportarse así.

—Sí, sí, ajá, está sensible, continúen —dijo Ron.

—Dejen el vicio —dijo Harry con una sonrisa, justo detrás de Ginny, quien dio un respingo que se vio de lo más cómico. Miró a Harry como si fuera un no muerto y se dedicó a no escuchar ni una palabra de lo que éste decía.

—¿Cuál vicio? —preguntó James como si nada.

—James, en las vacaciones de verano, tú, Lily, Al, Lucy, Hugo, Vicky, Roxanne, Georgina, Molly, Louis, Dominique…

—Sí, ya entendimos: todo el mundo. Continúa. —pidió Albus.

—Ya, cálmate. Todos se la pasaron jugando éste juego al cual no le veo nada de divertido.

—¡Eso es porque eres amargado! —dijo Fred, señalándolo como si fuera un enfermo—. ¡Mira! —alzó la mano de Harry y la movió frenéticamente frente a su cara para que viera cómo bailaba el pellejito.

—¿Qué tiene un pellejo de divertido?

—¡Que se lo hizo ella! Le clavó la uña en un acto mortífero —señaló a Ginny, y terminó la oración con un tono un tanto tétrico.

—¿Es en serio? —preguntó, mirando a la pelirroja. Ésta se sobresaltó.

—¿Qué pasó conmigo? —preguntó, desconcertada, producto de no saber de qué diablos estaban hablando.

—¡Que le abriste la mano! —dijo George, ahora cogiendo la mano de Harry y poniéndosela casi encima de la cara. Harry suspiró. Era sólo un pellejo en la palma de su mano. Ni que fuera el Apocalipsis.

—¡Viejo exagerado! —sí, Ginny estaba indignada.

—Sólo córtate las uñas y ya. No hay problema. —dijo Harry con mala cara, mientras le arrebataba sus manos a George con brusquedad. Ginny se sonrojó, pero no dijo nada.

—¿Ves? Tienes uñas de arpía. —dijo Ron a modo de broma. Ginny rodó los ojos. No era por ofender a su madre, pero había dado a luz a unos completos imbéciles.

—Idiota —musitó. Y Harry la oyó perfectamente.

—Vamos, no le digas así. Él sólo hizo un comentario hacia tus uñas. —le guiñó un ojo, y la pellirroja se sonrojó hasta las raíces. A Ginny eso no le gustó para nada. ¿Por qué rayos tenía que sonrojarse? ¿Quién era él para hacer que la sangre subiera hasta sus mejillas? ¡Nadie! ¡No era nadie! Por un momento, recordó que era su esposo en el futuro, pero eso no le hizo cambiar de parecer. De seguro se veía patética cuando se sonrojaba. Pero Harry pensaba todo lo contrario. Es más, lo disfrutaba. Ahora podría fijarse con claridad en cómo se sonrojaba Ginny cuando él le hablaba, ya que antes él estaba pensando en otras cosas como para haberse dado cuenta. Y Harry, bueno, Harry observó con curiosidad el rostro sonrojado de Ginny cuando su otro yo le guiñó un ojo. Se preguntó por qué se había sonrojado, y al no encontrar respuesta, se encogió de hombros y lo olvidó (N/A: Idiota… -sin ofender-).

—Pero me hace sentir como un monstruo… —murmuró, sin mirarlo si quiera. Harry sonrió.

—Entonces…

—¿Entonces qué?

—Has como si Ron hubiera dicho algo estúpido referente a tu cabello, o a Hermione, y verás que se te olvidará tu sensación monstruosa. —le dedicó una sonrisa. En cambio, Ginny como que se tomó muy apecho lo que le dijo Harry, porque sacó de quien sabe dónde un cuaderno, se lo tiró a Ron a la cabeza y le gritó:

—¡Idiota!

—¿Pero y yo qué hice? —se quejó, desconcertado, al no saber por qué carajo su hermana le había tirado un cuaderno.

—Creo que ya sé de dónde heredó Lily su puntería… —susurró Teddy.

—No, yo más bien creo que mamá lo heredó de Lily. —le respondió James, mirando a su madre como si estuviera loca.

—De tal palo tal astilla. —dijo Scorpius como si nada, y luego se puso a silbar como si estuviera montando bicicleta bajo un cálido sol.

—¡Idiotas! — y esa fue Lily, señores y señoritas. Pero no les tiró nada, no señor. Los cogió de los cabellos —a Scorpius y a James— como si fuera una bárbara y los obligó a ir cayendo lentamente mientras soltaban gemidos de dolor.

—¡Mi cabello! —gimió Scorpius.

—¡Cállate! —rugió Lily, halando más fuerte. Todos miraban la escena, asombrados. El comportamiento de Lily era, sin duda, algo extraño. Habían veces que ni le importaba lo que decían James y Scorpius o cualquier persona sobre ella, pero habían veces en las que sería capaz de aventarlos a todos por una ventana al mismo tiempo.

—No me quiero ni imaginar quién es la madre de esos tres… —le dijo Ron a Harry, quien asintió, preguntándose con quién demonios se había casado él para que su hija fuera tan… agresiva.

—***Minutos antes de ir a cenar…***—

—Muero… —dijo Albus. Harry enarcó una ceja y preguntó más por costumbre que por otra cosa:

—¿Y eso por qué?

—Necesito mi Mp5… —la cabeza del menor azabache cayó suavemente sobre la mesita de la sala.

—¿Y…?

—¡Por favor, haz algo, tráelo de vuelta, no sé, mátame!

—¿Y cómo quieres que lo traiga de vuelta si nunca ha estado aquí?

—Aggg… —se haló los cabellos en un gesto lleno de desesperación— ¡Tú y tu sentido literal! ¡Mátame entonces!

—¿Por qué? La señora Weasley está poniendo unas canciones muy buenas y cursis, tal vez te gusten —dijo su padre con una sonrisa socarrona, sabiendo perfectamente que su hijo odiaba toda la música mágica.

—¡No! ¡Eso es un insulto a la música! ¡Lastima mis tímpanos! No, espera, no los lastima… ¡Los hiere, los corta en trocitos! Hace que sangren mucosa… —lo último lo dijo con un gesto desesperado.

—Técnicamente no pueden sangrar mucosa. Será más bien que hace que te sangre el tejido mucoso…

—¡No me importa! ¡Sólo dame mi Mp5!

—Me hablas como si fuera un monstruo decomisa Mp5…

—¡¿Y qué? —Harry miró fijamente a su hijo, y éste enseguida abandonó su expresión desesperada y psicópata para decir tímidamente:— Perdón…

—Es que no sé si se pueda…

—¡Sólo inténtalo!

—Está bien… —sacó su varita, pero antes decidió preguntarle: —Pero si en Hogwarts no puedes llevar aparatos así, ¿cómo es que "sobrevives"?

—¡Es que allá tengo que estudiar y hacer tareas y leer mucho, y además me la paso jugando quidditch! Eso hace que me olvide de mi Mp5, pero… como aquí no hay un culo qué hacer, entonces me aburro, y pues…

—Ok…

—¡No me mires como si estuviera loco!

—No creo que estés loco, hijo. Sólo que… pues… tu modo de pensar, es… complicado…

—¡Claro que no!

—Cálmate. No te lo tomes tan apecho. Era una broma.

—Pues no me gustó. No me gusta que se metan con mi modo de pensar. —dijo, cruzándose de brazos. Comenzó a golpear el suelo con la punta de su zapato, en un claro signo de molestia en impaciencia.

—Está bien. Ahora, ¿cómo carajo le hago para traer ese Mp5…? —musitó Harry. Se le ocurrió una idea, ridícula pero una idea al fin y al cabo. Y justo, justo, justo, justo, cuando iba a abrir la boca para decir accio, algo cayó en los brazos de Albus. ¿Y qué diablos era? Su Mp5, señores y señoritas, nada más ni nada menos. A Albus se le iluminó el rostro. Miró el aparatejo con adoración y luego a su padre.

—¡Gracias! ¡Mi vida, mi amor, mi música…!—exclamó, acariciando el Mp5 como si fuera un gatito— Que te vaya bonito. —dijo el menor azabache, volteándose y con los audífonos ya enganchados.

—Está bien… —no se lo creía. ¿Cómo diablos eso había aparecido de la nada? Ni idea.

—¡A comer! —se escuchó el grito de la señora Weasley desde el comedor.

—Vamos. —dijo Harry con una sonrisa. Albus guardó su aparatejo dañino en el bolsillo de su camisa e hizo como si nada hubiera pasado. Más tarde, cuando sólo estuviera con Scorpius y Rose, bailaría…

—***—

—En la noche, en la sala, cuando ya todos estaban dormidos…—

Lily se volteó, no podía dormir. Alcanzó a escuchar un sonido similar a un cuchicheo, y entrevió en la oscuridad del lugar que sus hermanos estaban en un rincón, hablando sobre quién sabe qué cosa.

—¿Qué hacen? —preguntó en voz baja, lo cual había tomado por sorpresa a los dos azabaches. El respingo que dieron fue inevitable.

—¡Lily! ¡¿Qué te crees que haces que vienes y casi nos asesinas? —chilló James, llevándose una mano al corazón.

—No seas tan melodramático. —dijo Albus.

—¿Por qué no están dormidos? —preguntó la pelirroja.

—No podemos dormir. —dijo James.

—¿Y eso?

—Simplemente…

—Simplemente, ¿qué?

—Olvídalo. —Lily miró mal a James—. Por favor.

—Dime.

—Lily, lo que pasa es que… —comenzó Albus—. Es que… bueno… tenemos un mal presentimiento. Sólo eso.

—De seguro ya se pasará —dijo la pelirroja, evitando decir que ella tampoco había podido pegar ojo en toda la noche.

—Como la ira de Dominique el día ése… —dijo Albus con tono socarrón.

—¿Ah? ¿Lo del maletín? —preguntó James.

—Eso fue un suicidio. —dijo Albus.

—Sí…

Flash Back

—Y entonces los ogros y los duendes… —dijo el profesor Binns con su típica voz monótona, mientras que uno que otro estudiante caía privado ante el aburrimiento. Y una chica de cabello rubio rojizo no era la excepción. Las caras malvadas de tres chicos no se hicieron esperar. Se agacharon los tres y por medio de un accio atrajeron el maletín de la chica.

—Los van a matar… —dijo un chico que hacía caso omiso a las risas de sus compañeros.

—Eres un amargado, Ralph. —dijo un chico pelirrojo.

—No soy amargado. Sólo obedezco a mi instinto de supervivencia, algo que ustedes no poseen.

—Ja, ja. —dijo Zane.

James se dispuso a abrir el maletín para sacarle los libros, pero Fred, el chico pelirrojo, lo detuvo.

—Conozco un hechizo para sacar los libros sin tener que mover un dedo. Mira y aprende. —hizo una floritura con la varita y dijo diffindo por lo bajo, y en seguida en el maletín apareció un roto del tamaño de China.

—¡¿Qué hiciste? —chilló James.

—¿Qué pasó? —Fred no sabía qué carajo le había pasado al maletín.

—¡El diffindo es para cortar cosas, imbécil! —dijo Zane.

—Mierda.

—Se los dije… —dijo Ralph como si nada.

—Cállate.

—¿Cómo era el hechizo para arreglar cosas? —preguntó James, desesperado.

—¡Fred! —chilló Zane.

—¡¿Qué? —como que es de efecto retardado este muchacho…

—¡Eres un idiota!

—¿Nada más querías decirme eso?

—Sí… ¡idiota!

—Supéralo, abuela.

—¿Y si no se me da la puta gana de hacerlo?

—Pues entonces métete un dedo por el culo y… —dijo Fred, pero fue callado por James, que lucía desesperado. Sin pensarlo, movió la varita y el maletín quedó medio arreglado. Al pobre objeto parecía como si lo hubiera remendado una papa.

—Cállense. Ahora, hay que voltearle el maletín. —dijo, mientras sacaba los libros del bolso. Sus amigos lo ayudaron en la tarea, teniendo los libros mientras que él se encargaba de voltear la mochila de Dominique. Luego, cuando la mochila estuvo totalmente volteada, con los bolsillos externos metidos adentro y con los libros metidos a la fuerza en el bolso, cerraron el maletín y suspiraron de alivio.

—Qué elegancia —comentó Fred con una sonrisilla. Zane y James le dieron un zape en la cabeza cada uno.

Se levantaron e hicieron como que nada había pasado. Siguieron con la clase, de vez en cuando soltando risitas francamente estúpidas al respecto.

—Bien, se acabó la clase… —comenzó el monótono profesor Binns— Lárguense.

—¡Mi maletín! —chilló Dominique, ya despierta y con los ojos desorbitados.

—¿Qué pasa, señorita Weasley? —inquirió el profesor con tono hastiado, a punto de atravesar una pared.

—¡Mire! ¡Esto es una atrocidad! —dijo, alzando su bolso y mostrándoselo como si fuera caca de camello.

—Eso no me incumbe a mí, señorita Weasley. —dijo el profesor Binns, atravesando la pared para no tener que ver nada con lo que claramente iba a pasar dentro de un rato.

Instintivamente, Dominique se volvió hacia Zane, Fred y James, quienes se asemejarían a una piedra, si no estuvieran temblando. Ralph se acercó a Dominique, y le murmuró con malicia:

—Fueron ellos.

—¡Ustedes! —chilló, abalanzándose contra ellos para "destruirlos", pero Zane fue más rápido y, en un acto de desesperación, le arrebató el maletín y se apresuró a aventarlo por la ventana más cercana. Dominique soltó un grito ahogado, mirando a Zane con expresión desquiciada.

—¡Te mataré!

—¡Corran! —gritó Zane, cogiendo sus cosas y saliendo en tropel junto con James y Fred por la puerta.

Fin FlashBack

—Qué divertido… —dijo James.

—Y que lo digas… …—dijo Albus, sintiendo un peso muerto sobre sus piernas. Bajó la mirada, y se encontró a su hermana menor durmiendo apaciblemente encima de él.

—¿Lily? —preguntó, zarandeándola.

—¿Qué pasó? —preguntó James.

—Se durmió. —James miró a su hermana, disimulando una sonrisa que casi se le escapaba por las comisuras de los labios. Y, en un acto que nadie hubiese esperado, cogió a Lily en brazos como una princesa y la llevó hasta su futón. La chica murmuró algo ininteligible, y se dio la vuelta. Albus se acercó y le murmuró buenas noches.

—Así es como te deberías comportar siempre… Lily —murmuró el castaño, yéndose a dormir. Albus sonrió en su fuero interno ante el comportamiento de su hermano. A pesar de que él y Lily siempre pelearan, al parecer eso lo único que hacía era unirlos más.


¿Se aceurdan que les dije que Fred está vivito y coleando en este fic? Pues bueno, imagínense quién es Georgina...

¿Y? ¿Qué tal el capi? Malísimo, me temo... Traté de hacerlo gracioso, pero veo que cumplí mis propias expectativas...

Déjenme muchos reviews, ¡me inspiran! ¡Aunque ustedes no lo crean! Y perdonen por no haber metido a Tonks aquí, es que no spe mucho de su carácter. ¿Alguien podría comentarme acerca de su comportamiento para meterla en el proximo capi? Es que no quiero cometer OoC...

Dejen reviews, por favor, se los agradecería muxxo...

Hinayo