Waaa! ¡Perdonen por no actualizar rápido, pero mi inspiración se fue al caño apenas abrí word! Durante días me devané los sesos pensando qué carajo escribir, pero cuando tenía algo y abría word, en seguida se me iba la idea. Tuve que ir a casa de una amiga para inspirarme porque eran como las diez de la noche y pues se me vino a la mentew el fic, que lo tenía olvidado y pues, las ideas vinieron a mí como un relámpago (?). Este capi lo hice un tanto diferente a los demás pues porque yo no tiendo a ahondar en los sentimientos de los personajes y por petición de alguien traté de hacer este capi un tanto más transido con respecto a los otros. Claro que puede haber alguna que otra sandez, pero bueno, espero que les guste. Por cierto, ya estoy de vacaciones y espero poder actualizar más continuamente. Cuando no pienso en escribir ensayos ni nada de eso la imaginación fluye más. Waa! Ya vamos por los 100 reviews! Eso quiere decir que les agrada la historia! Eso me hace tan feliz...

Disclaimer: Ya sabemos que Harry Potter le pertence a Rowling, yo sólo tomo prestados sus personajes.


Despertó sintiendo cómo el corazón le latía a mil por hora. El no saber nada de sus hijos y su marido a lo largo de todo el día la tenía psicológicamente mal. Se quitó de encima la sábana y miró hacia el otro lado, que normalmente estaba ocupado por su esposo. Sin poder evitarlo, una pequeña y cristalina lágrima recorrió todo su blanquecino rostro hasta perderse entre los pliegues de su pijama. La preocupación no la dejaba dormir bien. Según su criterio, ya habían pasado más de dos días y Harry no había vuelto a casa, y si le hubieran asignado una misión, él le hubiera dicho. Era algo imposible de describir, pero el no saber cómo estaba su familia la traía loca. Sentía cómo poco a poco la angustia la carcomía por dentro. Otra pequeña lágrima volvió a bajar por su mejilla del color de la porcelana. Sin saber por qué, se acordó del día en que nació su primer hijo, la felicidad que la había embargado al ver cómo esa pequeña cosita que antes había estado dentro de ella respondía al llamado que ella le daba…

Racconto

Abrió sus ojos, hizo amago de alzar la cabeza, pero desistió al ver que le dolía un poco, así que la dejó caer sobre la almohada soltando un suspiro. Llevaba metida en esa infame habitación aproximadamente doce horas, ya que al parecer al bebé que estaba esperando se le habían ido las ganas de venir al mundo. Por un momento frunció el ceño al recordar que sólo lo habían dejado tenerle en sus brazos por un diminuto lapso de tiempo, aunque claro, ella en esos instantes no tenía las fuerzas requeridas para cargarlo. Haciendo acopio de todas sus fuerzas restantes, musitó con un hilo de voz:

—¿D-dónde está…? –extendió una mano hacia su marido, que tenía un bultico en brazos y al parecer le estaba cantando algo parecido a una nana.

—Aquí, no te preocupes. –la tranquilizó, levantándose y yendo hacia ella. Harry le dedicó una sonrisa mientras se acercaba a ella.

—Mi bebé… mi bebé… —exigió, con voz trémula. Haberlo visto una sola vez no le bastaba. Quería verlo de nuevo. Quería volver a cargarlo, acariciarlo, ver cómo esos ojitos risueños miraban todo a su alrededor, buscándola. –Ya estás con mamá, Jamie… —sollozó, acunándolo contra su pecho. El bebé se calmó en seguida al escuchar el rítmico latir del corazón de su madre. Ella cerró los ojos y sonrió, feliz de poder tener entre sus brazos a su hijo.

—Es hermoso… —comentó Harry, acariciando la pelusilla color azabache de la cabeza de su hijo, que próximamente pasaría a ser su cabello.

—¿Verdad que sí? —respondió, alzando la vista y dándole una mirada llena de sentimiento a su amado. Harry le sonrió.

—Hiciste un buen trabajo, Ginny. –la felicitó, dándole un beso en la frente. Ella cerró los ojos ante el contacto.

—Ambos lo hicimos… —le respondió, con una cálida sonrisa. En ese momento, se acordó de todo lo que habían pasado Harry y ella cuando estaba embarazada. Cómo su amado se levantaba así fuera a medianoche para saciar algún antojo que ella tuviera, cualquiera que fuera. Las sonrisas que le daba Harry de repente, cuando le decía que se veía hermosa con su vientre abultado, los besos que le daba de vez en cuando, todo. Y una lágrima cayó de su ojo. Ella no tendía a ser llorona, pero en ése momento, la dicha pudo con ella.

Fin Racconto

Una sonrisa surcó su rostro. Se secó las lágrimas, que habían comenzado a fluir con total libertad por toda su cara. Ella no debía permitirse llorar, no cuando nadie tenía idea de dónde estaban sus hijos. Su madre le enseñó a que mantuviera la calma. Debía ser fuerte, debía mantener la esperanza de que pronto los encontraría, de que pronto los volvería a tener en sus brazos, como cuando acababa el período escolar y ella los llenaba de besos, sin importarle si sus hijos le decían que los estaba avergonzando. Se estiró bajo las sábanas como un gato, y sopesó la posibilidad de quedarse en la cama durante toda la mañana. Cerró los ojos, dispuesta a echarse un sueñecito de una media hora, cuando escuchó sonar el timbre de la entrada de su casa. "Debe ser Hermione", pensó, con una sonrisa. Sólo a la castaña se le ocurría ir a tocar a la casa de otro a ésa hora, sabiendo perfectamente que ella tenía tendencias perezosas de vez en cuando.

El timbre volvió a sonar, acompañado de una voz femenina con un timbre enojado que decía: "¡Deja de ser tan dormilona y abre ya!". La pelirroja hizo una mueca al pisar la fría moqueta de su habitación. Se calzó con las pantuflas de oso que le había regalado su hija, y bajó las escaleras con parsimonia pasmosa. Se frotó un ojo con el dorso de la mano y soltó un bostezo. Cuando pasó cerca a la cocina, miró la puerta, pensando en coger un vaso de leche antes de ir a abrirle a su cuñada. Y así lo hizo, ignorando olímpicamente el otro grito de su amiga.

Cuando agarró el pomo de la puerta, y abrió la misma, cuál no fue su sorpresa al encontrarse con no sólo Hermione, sino con Audrey, Angelina Johnson, Elizabeth Phelps, y Fleggg –a.k.a.: Fleur–. Abrió los ojos a causa de la sorpresa, y su cabello despeinado junto con su pose desgarbada y el vaso de leche en su mano le dio un aspecto cómico. Fleur se rio entre dientes al ver el aspecto "lamentable" de Ginny. Procuró ahorrarse la mirada asesina que le daría la pelirroja si hacía algún comentario sobre su cabello.

—Si te levantas así de tarde los días de semana, no me quiero ni imaginar los sábados o los domingos… —masculló Elizabeth, con los brazos en jarras. Audrey posó su mano en el hombro de la pelinegra y le dijo que eso no era razón para molestarse. Inmediatamente, le dirigió a Ginny una mirada de disculpas por pretender entrar en su casa tan temprano, dijo que no tenía la intención de molestarla, y ésta hizo un gesto con su mano haciéndole entender que no le importaba en lo más mínimo.

—¿Ya desayunaste? —preguntó Hermione, mentalmente preparada para decirle a su cuñada lo preocupada que estaba porque Ron ni se había dignado a aparecer ni antenoche ni ayer ni la noche pasada. Estuvo devanándose los sesos día y noche pensando en dónde podría estar metido. Después de todo, él no era de los que desaparecían así como así, además que ella sabía perfectamente que su marido le temía lo suficiente como para no irse durante largo tiempo sin avisarle primero.

—Me acabo de levantar —dijo la pelirroja, suprimiendo un bostezo que pujaba por salir de su boca, temiendo parecer maleducada.

—Genial. —dijo Audrey, tendiéndole una pequeña caja de plástico que estaba tibia. Ginny enarcó una ceja.

—Es un cgoissant —explicó Fleur ante la mirada de su cuñada. Y no, su acento no había cambiado nada con los años. —gelleno de queso bgie con jamón y…

—Sí, querida, ya sabemos. Está delicioso. —la calló Angelina con una pequeña arruga en la frente al escuchar hablar a la francesa, que por cierto a veces la sacaba de sus casillas.

—Hmp… —se quejó Fleur, haciendo un mohín. Ginny se apartó de la puerta y las dejó pasar. Inmediatamente todas las mujeres fueron dejando bufandas y abrigos por aquí y por allá como si fuera su propia casa.

—Y… ¿qué pasó? —inquirió la menor Weasley, yendo hacia la cocina para servirse en un plato lo traído por sus cuñadas. A veces prefería hacer las cosas a la manera muggle, sin saber realmente por qué.

—Mi quegida Vicky no volvió anoche a casa y estábamos planeando ir hoy veg vestidos de novia pogque, ustedes saben, su boda se acegca y quegemos teneglo todo pegfecto paga que… -habló, y habló, y habló, con ése retintín de petulancia en su voz que era soportado por nadie excepto por Bill Weasley. Y tal parecía que la única allí con el coraje de callar a la rubia era Angelina, que hizo un gesto con su mano cual directora de orquesta indicándole que hiciera silencio justo cuando Fleur iba a decir una nueva palabra. Se quedó con la boca abierta durante un segundo y luego la cerró con ceño. Angelina se sintió mal por haberla callado por un ínfimo lapso de tiempo.

Ínfimo.

—Amor mío, por favor te agradecería que cerraras esa boquita tuya que derrama miel para los oídos —dijo con una sonrisa forzada. Fleur apartó la mirada con arrogancia. Audrey, Hermione y Ginny –quien por cierto se había asomado desde la cocina–, le dijeron gracias gesticulando con la boca. La aludida les guiñó un ojo.

—Ehm, Ginny, ¿de casualidad Ron no ha venido por aquí? —inquirió Hermione con un hilo de voz, y en seguida el cuerpo empijamado de Ginny se vislumbró a través de la barra de la cocina. La pelirroja terminó de tragar un pedazo de pan, y le respondió a Hermione, mirándola de reojo:

—¿De casualidad no apareció ayer en todo el día?

—¿Y tú cómo sabes?

—Estoy en las mismas.

***_Mientras, en el pasado…_***

—Levántate… —ordenó Lily, dándole un puntapié a su hermano, quien ni se inmutó y siguió roncando.

Harry se acercó a su hijo, y dijo: —A la cuenta de tres: uno… —James murmuró algo ininteligible y se dio media vuelta, haciendo caso omiso de las palabras de su padre—… Dos… —susurró algo, y siguió durmiendo. Su padre rodó los ojos. Amaba a su hijo, pero su comportamiento a veces lo sacaba de sus casillas —…Tres. ¡Levi…! –no lo dejó terminar. Su primogénito abrió los ojos al instante y trató de levantarse, pero la sábana estaba tan enredada en sus piernas que se dio de bruces contra el suelo.

—¡No! ¡Ni se te ocurra! –gritó. Harry sonrió. Ayudó a James a levantarse y recogió su futón por él. Sólo por ésa vez. Después de todo, había sido su culpa que él se hubiera caído. Y no sabía por qué, ése día estaba de buen humor. ¿Sería porque ahora mismo tenía la oportunidad de ver a su Ginny, pero de catorce años? ¿O sería que las discusiones de Ron y Hermione le causaban gracia en algunas ocasiones? Bueno, después de todo él sólo era un espectador. Para eso estaba su yo del pasado: para ver que los dos no se mataran peleando. Sonrió socarronamente.

—Buenos días, se dice –dijo, con una sonrisa. James resopló y sus cabellos enmarañados se elevaron con el aire.

—Hola…

—El desayuno está servido –dijo Albus desde el comedor. James caminó con parsimonia, para sorpresa de su padre. Normalmente iba corriendo a desayunar.

James frunció el ceño. No le había gustado para nada el sueño que había tenido. Había recordado cuando él, Albus y Lily iban a la primaria muggle, y los bravucones de la escuela secundaria de al lado la habían cogido con su hermana, por haberla visto haciendo levitar su muñeca. Lily tenía seis años, y era propensa a cometer magia accidental.

Racconto

—¡Jamie! ¡Mira! –dijo a su hermano, quien estaba viendo con especial interés el futuro proyecto de ciencias de Albus, que hablaba con entusiasmo sobre la energía eólica. Para ser hijo de magos, le fascinaban las ciencias muggles.

Los dos voltearon a ver a la pelirroja menor, quien estaba haciendo levitar a una barbie con una sonrisa.

Estaban en el patio trasero de la escuela primaria, que colindaba con el patio de una escuela secundaria. Estaban tan absortos viendo lo que estaba haciendo Lily, que no se dieron cuenta de que nos chicos de la escuela de al lado los estaban observando.

—Fenómenos… —habían dicho.

—Miren su cabello. Parecen alambres de púas… -murmuró el que parecía el líder, refiriéndose a la melena pelirroja que poseía Lily. Y no, no era que Lily fuese despeinada a la escuela, si no que corría tanto con sus amigas, que su cabello color fuego terminaba despeinado. Su séquito prorrumpió en carcajadas socarronas al escuchar el comentario. Sin los pequeños Potter darse cuenta, el grupillo infame de la secundaria trepó la verja y entró en el patio de la escuela primaria. Era la hora del recreo, y los únicos infantes que por allí había eran los Potter.

Lily dejó caer la muñeca al ver a los chicos de secundaria, que les sacaban varias cabezas a sus hermanos mayores, considerando ella a sus hermanos altos, debido a que ella era de baja estatura.

—Oh, ¿por qué paraste? Sigue –dijo el más alto de ellos, con una amabilidad francamente sospechosa. James alzó la vista hacia ellos, y un escalofrío recorrió su espalda. Albus había olvidado completamente el proyecto en el que había estado trabajando por semanas, lanzando miradas a sus hermanos y hacia los desconocidos. Frunció la boca e hizo una mueca que no le gustó para nada al líder, quien le lanzó una mirada intimidante. Como un verdadero Potter-Weasley, éste le devolvió la mirada, desafiante. A pesar de tener apenas ocho años, él no era ningún miedoso, y menos dejaría que un desconocido que venía a hablarle a su adorada hermana menor con ése tono de voz tan extrañamente sospechoso –que no le traía nada bueno-, lo mirara así.

James miró a su alrededor, en busca de alguien que viera a los otros chicos. Pero no había nadie. Estaban solos en el patio trasero, mientras que los demás niños estaban jugando en el patio de juegos, que quedaba del otro lado de la escuela primaria. Albus le había rogado que lo acompañase a ver el experimento a otro lado, ya que creía que si lo mostraba en el patio de juegos, algo podría caerle encima o algo. Y, como a ellos no les gustaba dejar sola a Lily, la habían llevado con ellos.

Lily, nerviosa hasta la médula, trató de hacerlo otra vez, pero simplemente no lo consiguió. Le flaquearon las rodillas al ver cómo miraban a su hermano Albus. Tragó saliva e intentó hacerlo una vez más, pero simplemente no pudo. Miró a su hermano mayor, nerviosa. Albus, apartando su mirada verde esmeralda de los chicos mayores, se dirigió hacia su hermana, y se ubicó delante de ella. James se volteó, y su voz infantil, con un tono tajante, resonó en el espacio:

—¿Qué quieren? –eso. Lo había dicho. Se había acordado de los consejos de su tío Ron para cuando algunos bravucones se quisieran meter con él. Claro que no esperaba que los bravucones fueran tan… altos y grandes.

—Oh, ¿pero qué tenemos aquí? Una pulga –dijo el líder, con una sonrisa socarrona.

—Oh, ¿pero qué tenemos aquí? Un idiota –respondió Albus por su hermano. James le dedicó una sonrisa. La sonrisa del líder y desconocido despareció como la pólvora y dio un paso adelante. James no se amedrentó, y Albus tampoco. Lily estaba temblando de miedo. Se aferró a la camisa pulcra e impecable de su hermano y murmuró: "tengo miedo, Al". Él le dijo que no se preocupara, que todo iba a estar bien. El de cabello azabache miró con amargura cómo uno de los chicos destruía el proyecto en el que tanto había estado trabajando. Los miró, apático. Uno de ellos soltó una risa al ver cómo las alas del pequeño ventilador del proyecto se partían como nueces. Le dieron ganas de llorar, y en consecuencia, sus ojos se oscurecieron, cosa que no fue tomada en cuenta por nadie sino sólo por Lily.

—¿Cómo dijiste? –inquirió el líder con tono brusco, y la mano en un puño. A él nadie le hablaba así, nadie.

—Escuchaste bien. —le respondió James, inexpresivo. A sus nueve años, él ya sabía perfectamente cómo había que tratar a los desconocidos. Sus padres se habían encargado de decirle que no hablara con extraños millares de veces. Y, a pesar de que esos extraños eran mucho más grandes e intimidantes que él, no haría una excepción. El rostro inexpresivo de los niños Potter desconcertó a los bravucones. Nadie se metía con ellos, ni siquiera en la secundaria. El líder miró con atención a Albus por un segundo.

—Te conozco –dijo, señalándolo. El de mirada esmeralda no se inmutó. –Tú eres el mocoso nerd que ya ha ganado dos veces seguidas los concursos de ciencias de la escuela primaria. Mi profesor de física no deja de hablar de ti. Es… irritante. –terminó, con tono macabro.

Albus esbozó una sonrisa hipócrita que enervó al líder, quien dio otro paso adelante. James se puso alerta. Había cejado en sus esfuerzos de buscar a alguien que estuviera por allí cerca que acudiera en su ayuda. Le envió una mirada significativa a Albus, quien lo captó al instante y le dijo a su hermana pequeña: —Lily, ¿por qué no nos esperas con tus amigas en el patio delantero? Ya volvemos. Llévate tu muñeca, también –una pequeña sonrisa hizo amago de apoderarse de sus labios, y Lily se calmó un poco. Su hermano era capaz de quitarle gran parte de los nervios en un abrir y cerrar de ojos. Comenzó a retroceder, sin dejar de mirar a James y a Albus. Cuando ya estuvo lo suficientemente lejos, comenzó a correr desesperadamente. El patio de juegos estaba del otro lado de la escuela primaria; le tomaría algo de tiempo llegar allí. Las lágrimas comenzaron a caer, algo inevitable en una pequeña de seis años que no estaba acostumbrada a esa clase de cosas y que además era asustadiza. Comenzó a pensar en que apenas viera a un profesor, le llamaría para que fuera donde sus hermanos.

Mientras, Albus caminó hasta llegar al lado de James, y con su aún aguda voz, preguntó: —¿Qué quieren? –la voz le tembló al ver cómo los chicos mayores se sonaban los nudillos y avanzaban hacia ellos a paso peligroso. Involuntariamente, le tomó la mano a James, quien la apretó con fuerza, preparado para pelear si era necesario, a sabiendas de que no tenían oportunidad contra los muchachos de secundaria.

—Al, por favor, corre. –dijo en un susurro. Su hermano le dijo que no, que no lo iba a dejar solo. Él volvió a insistir, pero su hermano era terco cuando se lo proponía. Se preguntó dónde estaría la magia accidental cuando más se la necesitaba. En ese momento se sentía incapaz de hacer nada. Estaba congelado, literalmente. Por un momento pensó qué habría pasado si él y Albus ya supieran usar la magia. Qué hubiera pasado si lo único mágico que supieran hacer no fuera sólo jugar al quidditch, hacer estallar bombas fétidas y ayudar a sus tíos con las pruebas de los nuevos productos para Sortilegios Weasley.

—Ahora no eres tan valiente, ¿verdad, niñato? –inquirió el malo, tomándolo por el cuello de la camisa, y soltando su agarre y el de Albus, quien estaba en el piso, gimiendo de dolor gracias al golpe que había recibido en las costillas. Sus ojos refulgieron de ira. Su hermano, su hermano menor, el que tanto había estado cuidando desde que éste tuvo edad para entrar a la escuela, había sido golpeado. Por su culpa. Porque no pudo hacer nada cuando uno de los chicos le clavó la punta del zapato en el estómago otra vez, y el azabache menor soltó un quejido y se retorció en el piso del dolor. Albus, aunque estaba tirado y magullado en el piso, miró con ira a los otros muchachos.

James vio cómo el puño de su oponente se dirigió a su cara con una velocidad que para alguien de su edad era impresionante, y al instante sintió la sangre barbotar de su labio partido. Haciendo un esfuerzo, se levantó del suelo, y su silueta infantil y menuda se tambaleó como si fuera un muñeco de trapo.

—T-tú… -masculló furibundo, al ver cómo Albus era el centro de burlas y patadas de los demás chicos. El único en el mundo que se podía burlar de Albus era él. El único.

—¿Qué? ¡¿Me golpearás? –y eso intentó. Los reflejos del mayor eran mucho mejores que los suyos, pertenecientes a un niño de nueve años. El otro chico debía por lo menos llevarle unos cuatro años. El malo soltó una carcajada al ver al pobre James tambalearse de nuevo, y le dio un puntapié que lo mandó al suelo. En su fuero interno, James se imaginó a él mismo levantándose como por arte de magia, dándole una paliza al malo y luego tratando de lucir modesto ante los comentarios de salvación de su hermano. Sonrió con melancolía. Eso no pasaría ni en sus más locos sueños. Sabiendo que no podría hacer nada mejor que eso, reunió valor, y abrió la boca:

—S-si tu propósito es… —inspiró aire para tratar de olvidar el dolor en su pecho, lo cual no ayudó mucho— … si t-tú me golpeas para… subirte el… el ego… entonces quiere decir que… que tú… eres débil. –suspiró pesadamente y se llevó una mano al labio. La sangre no paraba de salir. Al malo ése comentario no le gustó, por lo que se acercó a él con furia en los ojos y comenzó a patearlo, pero paró al ver que la pequeña pelirroja había vuelto, pero ésa vez acompañada de una profesora, que comenzó a gritarles y a correr hacia ellos, con el puño en alto.

—¿Cómo se atreven? ¡Ustedes, delincuentes! –chilló, acunando a un inconsciente Albus contra ella, y enviando miradas preocupadas a James, quien respiraba con dificultad.

Los desconocidos maleantes treparon la verja y desaparecieron del otro lado del patio.

—¡Mis amores! –exclamó, corriendo hacia James, cuyo labio seguía sangrando. –Esos muchachos… haré que los expulsen… —murmuró.

—N-no… no lo haga. Ellos volverán a hacerlo si usted hace algo… —musitó James. Obviamente, la profesora le hizo caso omiso. Le dijo a una sollozante Lily que fuera a buscar a otro profesor para que la ayudara a llevar a los Potter a la enfermería.

—¡Jamie! –chilló Lily, haciendo ademán de ir corriendo hacia él.

—Lily, querida, harías más por Jamie llamando a otro profesor. –le dijo la profesora con toda la dulzura que pudo.

—Lily… Al… —murmuró James antes de caer inconsciente.

Fin Racconto

—James, ¿te encuentras bien, hijo? –preguntó Harry, preocupado al ver que su hijo no probaba bocado. Todos lo miraban raro. Generalmente era tanto o más glotón que Ron. Lily estaba concentrada en terminarse su avena, y Albus estaba escuchando música en su Mp5. Todos veían con curiosidad aquél aparatito que tenía en sus oídos y que hacía que el hijo de Harry moviera la cabeza a un ritmo desconocido para ellos. Hermione sabía que existían los Mp3 (N/A: Los primeros mp3 fueron lanzados en 1993), y que eran usados mucho por los muggles, incluso sus padres quisieron comprarle uno, sin embargo ella se negó diciéndoles que le podría causar sordera. Pero en conclusión, ella desconocía aquel tipo de reproductor.

Mientras, Scorpius miraba anhelante a Albus a la espera de que le prestara los audífonos para él no quedar sumido en el silencio que cayó sobre el comedor apenas Harry formuló la pregunta.

—Sí… —dijo como toda respuesta, masticando lentamente un trozo de arenque ahumado.

Ginny lo miró de reojo, y Hermione evaluó las posibles causas de su aparente depresión. Aunque claro, no lo tomó muy en serio ya que él parecía "deprimirse" por todo —entiéndase cuando Lily lo pisaba—. Teddy, que antes estaba escuchando atentamente a una entusiasmada Victoire hablar sobre su futura boda, le dijo a James:

—Jamie, si estás enojado por algo, sólo dilo. —él también sabía que James se "deprimía" por todo, así que lo dijo más por cortesía que por otra cosa. Pero nunca se imaginó la respuesta que le daría su "hermano jurado".

James levantó la cabeza de su plato y dijo con una mala cara que sorprendió a todos: —te dije que no me dijeras así. Y no estoy enojado con nadie.

—Yo nunca dije que estuvieras enojado con alguien. —objetó Teddy con una sonrisa, mas ésta se esfumó al ver la cara que le puso James. Frunció el ceño. Él sólo lo había visto así de malhumorado… una sola vez.

—Cállate. –escupió, tratando –fallidamente- de no sonar tan grosero. El ahijado de su padre no era el causante de sus problemas.

—James Sirius Potter, vuelves a hablarle así a Teddy y te juro que…

—¿Me juras que qué? ¡¿Qué? –inquirió, levantándose bruscamente de la mesa y saliendo del comedor a paso enérgico.

Harry, Harry, la señora Weasley, Sirius, Teddy y los demás hicieron amago de ir tras él, pero Albus se levantó de la mesa antes que ellos y fue tras él, seguido por Lily, quien les dijo que por favor los dejaran solos con James un rato. Scorpius se quedó quieto, lanzándole miradas interrogantes a Rose, que no sabía qué decirle exactamente.

—¿Qué le pasa? –preguntó Sirius. Harry estaba interesado en ver lo que su yo del futuro diría. En todo el tiempo que llevaban James, Albus y Lily en Grimmauld Place, el primero nunca se había comportado así.

—Debe estar enojado. –dijo Harry.

—¿Pero acaso él no se enoja todo el tiempo con Lily? –preguntó Hermione.

—Sus rabietas con Lily son una cosa, su enojo con otras personas es distinto. Por lo que puedo ver, se debió acordar de ése día, ¿no es así? –preguntó, mirando a Teddy de reojo, quien se puso serio al instante.

—Procuré encargarme de hacerlos pagar por lo que hicieron… —masculló, cabizbajo.

—Te prohibí que te acercaras a ellos –dijo Harry con tono severo. Todos los miraban extrañados a los dos.

—Teddy, no me digas que… —murmuró Rose. El metamorfomago asintió y Rose y Victoire se levantaron en seguida para ir a donde estaban James, Al y Lily.

Ron musitó algo y fue tras ellas. Harry soltó un suspiro.

—No veo por qué buscan desobedecer a lo que dijo Lily.

—¿Y tú por qué no vas a ver cómo está él? –preguntó Ginny con una minúscula arruga en la frente.

—Justamente porque Lily me dijo que no me acercara. Y si ella me dice que James necesita estar sólo con ellos, entonces he de hacerle caso. El actual estado de ánimo de Jamie no es para tomárselo a la ligera. —explicó, olvidando "como por casualidad" que a su hijo mayor no le gustaba que lo llamaran así. Pero claro, él como su padre sabía perfectamente que mentía. A su hijo sólo no le gustaba que los extraños tomasen confiancitas en seguida con él y comenzaran a llamarlo por el apodo con el cual había sido bautizado por su madre.

—¿Cómo así? –preguntó Fred. George hizo un gesto a Harry para que éste continuara hablando. Cuando éste iba a abrir la boca, Lily bajó corriendo las escaleras y le rogó a Harry que fuera a donde estaba James. Éste subió en seguida.

Todos estaban anonadados. ¿Qué le habría pasado a James que Lily se estaba comportando así? Todos sabían que cuando el primero se "deprimía" o se "enojaba", Lily lo ignoraba olímpicamente o le volvía a dar un pisotón. ¿Sería que esa vez James sí que estaba enojado?

Harry subió las escaleras a la velocidad digna de un Auror de primera clase. Cuando llegó a la que una vez había sido la habitación de Sirius y que próximamente sería la de su primogénito, encontró a James tirado en el piso mascullando cosas ininteligibles y a una Rose preocupada tratando de calmarlo. Albus no era la excepción. Estaba tumbado al lado de James, palmeándole la espalda. Rose miró con extrema sorpresa el cómo su primo favorito rodeaba con sus brazos a su hermano mayor, como protegiéndolo.

—Demonios –murmuró Victoire, con miedo de acercarse a su primo al no saber qué decirle. Ella sólo lo había visto así una sola vez a lo largo de toda su vida. Para ella James era el típico primo molesto, hiperactivo y gritón que cada familia poseía. Pero en ése momento… en ése momento él lucía como un chico cuyos ojos destilaban odio y sus lágrimas ira. Porque él no lloraba de la pena; él lloraba de la ira, de la impotencia.

Harry corrió hacia su hijo y lo abrazó. Puede que éste tuviera dieciséis años, pero al parecer nunca olvidaría aquel día en que los chicos muggles de secundaria se ganaron a un némesis nuevo: su hijo mayor, pero enojado. Puede que para otra persona no significara nada, pero para James y Albus eso aún no había quedado en la historia. Podía decirse que esa herida seguía un tanto fresca. Sólo tenía que existir algo que de repente hiciera que se abriera y quedase en carne viva.

—James, ya cálmate. Ellos no están aquí, no te pongas así. Ya ellos debieron haberlo olvidado. Ya debes olvidarlo, ya pasó. –calló cuando escuchó vio cómo la espalda de James subía y bajaba arrítmicamente. Acarició su espalda haciéndole saber que él estaba allí, con él, como había estado ése día con él, consolándolo y diciéndole que no era su culpa que hubieran herido a Albus. Porque eso era lo que más traía de los cabellos a James: el no haber podido evitar la golpiza que le dieron a su hermano. Puede que Albus y James pelearan por todo, que Albus le dijera idiota al igual que Lily, que muchas veces se burlara de él, pero aún así se querían, y eso Harry y Ginny lo sabían bien. Estaban seguros de que James nunca se perdonaría que a su hermano unos muggles idiotas lo hubieran cogido a patadas. Porque eso fue lo que hicieron, lo cogieron a patadas hasta dejarlo inconsciente.

—No pude hacer nada… —murmuró, con ira y las manos tan apretadas que sus nudillos estaban blancos como la cal.—No pude hacer nada… —volvió a murmurar.

—James, mírame. –pidió Albus. Su hermano pareció no haberlo escuchado. –Que me mires, te digo –exclamó, haciendo que James alzara la cabeza y permitiendo a todos observar su rostro anegado en lágrimas.

—¡¿Qué?

—¿Me ves herido?

—¿Qué?

—¡Sólo responde!

—No… —dijo el castaño con la mirada baja.

—Escúchame bien y con atención. Si vuelves decir que fue tu culpa te cruzaré la cara de una bofetada, ¿me oíste?

—Hmp… —musitó James. No le gustaba que le dijeran qué hacer, mucho menos que fuera su hermano el que le hablara así y lo amenazara. Bueno, Albus lo hacía frecuentemente. Lo amenazaba con tirarlo de una ventana, con decirle a su abuela –a su abuela, no a su madre, lo que era en extremo peligroso- que había hecho alguna travesura-estupidez, con divulgar públicamente por todo Hogwarts sus momentos más vergonzosos como cuando estaban de vacaciones y Hugo y Fred lo metieron en la ducha mientras estaba dormido y éste se despertó gritando que le dieran el pastel a su tía. Pero ése tono de voz… ése tono de voz era completamente diferente a como le había hablado alguna vez en su vida. Él sabía que su hermano menor era más maduro que él, pero no sabía hasta qué punto.

—Yo ya no estoy herido, y quiero que te quede bien en claro esto: Me hubieras o no protegido, me hubieran terminado golpeando tarde o temprano. Mejor era que me golpearan más tarde que temprano, pero aún así… —se calló al ver las miradas que le lanzaba su familia. –Quiero que sepas que no fue tu culpa.

—Sí lo fue…

—¡Que no! –chilló Lily. —¡No fue tu culpa! ¡Fue mía, por Dios, fue mía! —exclamó, tratando de hacer que su hermano dejara de sentirse culpable.

—Lily, no fue tu culpa ni mucho menos, así que por favor, no te trates así –le dijo Rose abrazándola.

—Fue culpa de ellos por mirones –dijo Ron. James alzó la mirada y enarcó una ceja. —¡Claro, sobrino! ¡Los muggles siempre han sido chismosos! ¿No ves a la tía Pulula de Harry?

—Petunia, Ron, se llama Petunia. –le dijo Harry.

—Como sea. ¡Ella es una chismosa de primera! ¡Y la otra tía de Harry, la que se volvió globo! Eso le pasó por bocona.

—Ron, sería mejor que te callaras… —advirtió Harry.

—Espérate que no he terminado. A lo que quiero llegar, es que tú ves que los muggles como ésos son unos totales idiotas que no soportan a los chicos como tú que les hacen frente.

James se había callado. Alzó la mirada y sus lágrimas habían cesado, aunque seguía hipando periódicamente.

—Gracias… —dijo, un tanto sonrojado por la vergüenza. Lily lo había visto llorar y ahora no pararía de molestarlo durante un mes. Cuál no fue su sorpresa después al notar que ella ni tocaba el tema.

—¿Para qué está la familia? –dijo Ron con una sonrisa. Le tendió una mano a su sobrino para que éste se levantara del piso y luego le abrazó, palmeándole la espalda.

—Si tan sólo se me hubiera ocurrido decir eso… —musitó Lily.

—No tenía la más puta idea de que la tía de papá se convirtió en globo, ¿tú sí? —le susurró Albus a Rose.

—Si no sabes tú yo menos —le respondió ésta.

—Papá, ¿cómo es eso de que tu tía se volvió globo? –preguntó James a su padre cuando iban bajando las escaleras.

—Ron, ¿había necesidad de tocar ése tema? –preguntó mirando a su mejor amigo.

—¡No me digas que no sirvió! –protestó el pelirrojo mayor.

—No estoy diciendo eso, sólo pregunto si en realidad tenías que decir eso…

—Papá, ¿cómo es eso de que tu tía se volvió globo? –preguntó Albus. Se sintió satisfecho al saber que James daba muestras por fin de haberlo superado. Estuvo culpándose de eso durante mucho tiempo.

—Harry la convirtió en un globo humano en un arranque de ira –dijo Ron con una sonrisa. Victoire soltó un silbido y Rose una risita. Las dos nunca se hubieran esperado eso del azabache mayor. Él que parecía tan tranquilo que no mataba ni una sola mosca…

—Y luego dicen que mamá es la bomba de la casa… —murmuró James. Rose y Victoire rieron ante el comentario, aliviadas de saber que al parecer James había vuelto a la normalidad. Él procuraba no dejar que otros lo vieran flaquear psicológicamente.

Cuando pusieron un pie en el comedor, la señora Weasley se apresuró a abrazar a James, lo que desconcertó a Harry. Al parecer también trataba a James como su propio hijo. (N/A: demonios, Potter, date cuenta que es hijo de Ginny también…)

—¿Qué te pasó, querido? ¿Estás bien? ¿Te duele algo?

—No, estoy bien, gracias –respondió James con una sonrisa.

Sirius frunció el ceño al ver la cara de desconcierto de su ahijado. Empezó a maquinar la pulla más explícita que pudiera habérsele ocurrido en toda su vida, procurando que Ginny estuviera incluida también, sin importarle si Lunático lo tachaba de imprudente. Total, ya había estado en la cárcel, no podría pasar nada peor que eso.

—Qué mojigato me saliste, Harry… —murmuró por lo bajo.

—¿Dijiste algo, Sirius?

—No, nada… jeje… —dijo, procurando no ser descubierto. ¡Haría que su ahijado con mentalidad de monja se diera cuenta de una vez por todas que se divirtió mucho con la hermana de su mejor amigo! Bueno, tenía que admitir que eso sonó raro, pero como que se llamaba Sirius Black, haría que Harry Potter se enterara de que tenía una mujer llamada Ginevra Weasley, ¿o Potter? ¿Cómo debería decirle? ¿Weasley o Potter…?

***_Más tarde…_***

—Y entonces hizo ¡bum! –gritó Albus haciendo gestos exagerados con las manos. Lily soltó un respingo.

—No hay necesidad de ser tan emotivo, Al…

—¡Pero déjalo hablar, enana! –gritó James. —¿Qué no ves que nos está contando lo que se puede hacer con tres litros de nitroglicerina?

—¡No me digas enana, tú! –exclamó Lily, mirándolo amenazadoramente.

—¡Cállate!

—¡Si no se callan ustedes dos, juro que les tiro pirañas rabiosas a sus caras! –gritó Albus.

—¡Oye! ¡El hechizo de las pirañas es mío! –protestó Lily.

—Nosotros te dijimos que existían las pirañas, enana –dijo James con sorna.

—Cállate –siseó Lily.

—Al parecer ya volvieron a ser como eran antes. –dijo Sirius a Remus con una sonrisa, luego de haberle contado lo que por lo menos él sabía al respecto. Los dos estaban viendo el círculo alrededor de Albus, quien se supone estaba contando una "anécdota".

—¿Y entonces qué hiciste con la nitro que te sobró? –preguntó Scorpius, interesado. Los explosivos muggles podían resultar muy efectivos. Por un momento se imaginó a su abuelo huyendo de la explosión con cara de desesperado, y sonrió macabramente. Rose, al ver la cara que puso su novio, rodó los ojos. De seguro debe estar pensando en hacerle alguna maldad a alguien, pensó para sí misma.

—¡Volé el aula de pociones! –gritó, alzando las manos al cielo en un gesto de felicidad. Todo el círculo de espectadores irrumpió en aplausos ante ése magnífico relato. —¡La nitro sale más efectiva que la bombarda máxima! —exclamó, pensando en la explosión tan mísera que producía el hechizo antes mencionado comparado con la dinamita muggle.

Harry, que por cierto estaba tomando una taza de té, lo miró de reojo y dijo con voz parca:

—Pregúntenle cuánto tiempo estuvo castigado. Durante semanas estuvo rogando que lo enviáramos al cielo en vez de estar bajo "nuestro yugo maléfico". —dio un sorbo a su té y añadió:—Por cierto, si vuelves a volar, o destruir, o inundar el aula de pociones, olvídate del próximo mundial de quidditch.

—¡¿Qué? —inquirió Albus con una venita en su frente. ¡Pero si él sólo le hacía un favor al mundo al destruir el aula de pociones! ¡Nadie quería ni al profesor ni a la maldita clase! A la única a la que le gusta intacta era a Lily, que siempre había sido un as en ese arte tóxico y letal, pero a él y a James que se lo envolvieran, ellos sólo servían para los encantamientos y las transformaciones.

—Como escuchaste.

—¡¿Pero por qué?

—Porque sí.

—¡¿Y tú si me puedes responder así a mí y yo no a ti? —Su padre pareció meditarlo durante un segundo, y luego dijo con una sonrisa:

—Sí.

—¡¿Cómo? —inquirió, levantándose y gesticulando con los brazos de manera exagerada. ¿Por qué su padre se metía con el quidditch? ¿Por qué? ¿Acaso él no lo amaba también? ¿Acaso él no había entrado al equipo en primer año? ¿Acaso no le había enseñado a él todo lo que sabía de quidditch?

—Fue idea de tu madre. Teníamos que hacer algo para que dejaras intacta el aula de Pociones de una vez por todas —se excusó Harry.

—¡Eso no va al caso!

—Al, supéralo. Sólo ten en cuenta ésa advertencia durante los siguientes años escolares y ya —le dijo Rose con tono calmo.

Scorpius la miró como si estuviera loca: —¿Estás loca, mujer? ¡Es del mundial de quidditch de lo que están hablando!

—¿Y? —inquirió como si nada.

—Es quidditch. Quidditch. ¡El mejor deporte de éste mundo!

—Ya vienes tú a defender los tontos ideales del quidditch… —le reprochó Rose. Todos miraban su conversación como si estuvieran en un partido de tenis. Harry y Ron miraron durante un segundo la sonrisa socarrona de Harry, que éste trataba de esconder tras su taza de té. Ron sólo había rodado los ojos al escuchar los gritos de su sobrino.

—¡No es eso! ¡¿Es que acaso una mujer como tú no lo entiende?

—¡¿Cómo así que una mujer como yo no lo entiende? ¡¿A qué vino ése comentario tan machista? ¿Y cómo así que una mujer como yo? —preguntó Rose con la mano en un puño, presta a golpear a Scorpius con él si era necesario.

El rubio se alarmó al ver la mano de su adorada novia, y trató de calmarla en seguida, olvidando con una facilidad sorprendente el tema del quidditch.

—Rose, amor, no es necesario que me pegues un puño… —dijo en tono conciliador, dispuesto a taparse la cara si es que a su novia se le daba por golpearlo de todas formas.

—¡Tú! ¡¿Cómo crees que te voy a pegar un puño? ¿Me crees agresiva o qué? —no. Rose no había relajado la mano para nada. Es más, sus nudillos se habían vuelto más blancos si podía decirse, y mientras hablaba agitaba su mano peligrosamente. Scorpius seguía con los ojos el movimiento del puño de Rose, sin prestar verdadera atención a lo que ésta le decía en realidad. Su novia no es que tuviera la fuerza de un pollo precisamente.

—Rose, amor mío, por favor, no me golpees… —suplicó, y Rose se exasperó más si era posible. No le gustaba que su novio la tratara como si fuera un monstruo o algo peor.

—¡Pero yo no soy tan…! —fue cortada por un efusivo hola proveniente de una persona desconocida.

Una voz femenina. Una voz femenina perteneciente a una mujer de cabello rosado chillón que estaba parada bajo el umbral de la puerta que separaba la cocina del comedor.

Los miraba con curiosidad. Sus ojos negros como el carbón observaban todo a su alrededor, mientras que la sonrisa había desaparecido de su cara al ver a ésa cantidad alarmante de extraños.

Teddy parecía estar en otro mundo. Se quedó mirándola durante un breve lapso de tiempo, su cabello se volvió blanco como si fuese un albino, y se le desencajó la quijada. Tonks lo miró con atención. Ése joven… no sabía claramente por qué, pero por alguna —extraña— razón, ése joven le recordaba a… a… Remus. Sí, a Remus Lupin, el hombre con el que —por alguna extraña razón— había empezado a andar más de lo normal, a hablar más de lo usual, y con el que últimamente le daban ganas de pasar el resto de sus días.

—¿Los conozco? —preguntó la pelirrosa más por cortesía que por otra cosa. Le incomodaba el cómo le miraban esos extraños, y sobre todo el hecho de que así una mosca se hubiera clavado a chuparles la sangre de los ojos, no hubieran dejado de mirarla.

—¿Tonks? —preguntó Harry, atónito y sin poder creerse lo que veía.

—¿Harry? —volvió a preguntar. Por alguna extraña razón, Harry se le hacía un poco más mayor. "Debe ser que no lo he visto durante un tiempo…", pensó para sus adentros.

—Hola —dijo una voz masculina sus espaldas. La metamorfomaga se volvió, y se encontró justamente con… Harry Potter. —Ah, hola, Harry… —dijo con una sonrisa, que cambió drásticamente al notar que habían dos Harrys en ésa habitación. —Un momento… ¡¿tú no eres Harry? ¡¿Quién eres tú? —inquirió, mirando con recelo a Harry.

—Soy Harry —le respondió, con una sonrisa. A pesar de que le pareciera malo divertirse a costa de los demás, eso le estaba gustando.

—No, tú no eres Harry —le dijo ella, decidida a no creerle ni un pelo de lo que decía. Todos los miraban, pendientes de lo que hacía cada uno. Y, queriendo confundir más a la mujer, saltaron a la acción James, Albus y Lily.

—¡Hola! —dijeron al unísono, y con sonrisas resplandecientes que hasta derretirían al mismo sol.

—Me llamo James Potter. —dijo James señalándose con una sonrisa socarrona.

—Yo Albus Potter.

—Y yo Lily Potter. —los tres hablaron en una secuencia perfecta, como si lo hubieran planificado todo. Su padre rodó los ojos.

—Son mis hijos, no te preocupes —le guiñó un ojo como si eso fuera de lo más normal, y volvió a "concentrarse" en su taza de té.

—¡¿C-cómo? —frunció el ceño, y luego, a sabiendas de lo que lo que era capaz su tío, exclamó: —¡Esto no es divertido, Sirius!

—¿Cómo que no? Veo que les caes bien a los hijos de Harry —dijo el animago con total despreocupación, asomándose desde el comedor con una y esbozando sonrisitas sarcásticas.

—¿Eh?

—Se niega a creernos —dijo Albus, haciendo un gesto con la mano y restándole importancia.

—Sí, ¿qué se le va a hacer? —dijo James, volviéndose a sentar y dedicándose a entretenerse al ver la mirada estática que le daba Teddy a su madre, o a su futura madre, como quieran decirle.

Tonks no se lo creía. Paseó su mirada por la sala, llena de rostros desconocidos para ella. Observó a una niña pelirroja que estaba sentada al lado de un chico rubio que extrañamente se le hacía conocido a Draco Malfoy, observó a un hombre pelirrojo que seguramente vendría a salirle con el puto cuentico de que era el verdadero Ron, observó a los tres chicos que se habían hecho llamar los hijos de Harry, observó a una mujer pelirroja que en su opinión era mucho más guapa que ella, observó al Ron que ella conocía, a Hermione, que la miraba con una sonrisa y una mirada un tanto preocupada, y luego lo observó a él. Al joven que extrañamente le recordaba a Remus Lupin. Su cabello ya no era blanco, era castaño, del mismo color que el de él. Abrió la boca para preguntar algo, pero por alguna extraña razón, tenía un nudo en la garganta que le impedía hablar.


¡Yupi! ¡Ya apareció Tonks, como todos querían! El próximo capi trataré de dedicárselo a ella, a Teddy y a Remus, ya que los tres me caen muy bien (?) Ahora, que estoy presta a responder la cantidad de reviews que me dejaron, quiero decir que éste capi está dedicado a todas aquellas personas que se molestaron en comentar, lo cual me hace feliz. Sé que dije que actualizaría mínimo con tres reviews, ¡pero todos sabemos que soy un asco de actualizadora! ¡Perdón! Pero hay que admitir que el capítulo estuvo largo. ¡25 páginas de word! El capítulo más largo que he escrito en toda la historia. Creo que debo decir que lo he pensado, y pues he decidido plantearme que no quiero que el fic tenga 45 capítulos como mínimo, así que procuraré hacere capis más largos pero en menor cantidad, lo que me llevará más tiempo, claro, pero tampoco quiero agobiar a la gente con: "¡¿45 capítulos? Qué mamera".

toggimon-green: ¡no quiero que sufras un colapso! No actualicé pronto, pero procuré hacer el fic de tu agrado y de los demás. Sé que te mueres de curiosidad por saber más sobre que ajá, que qué va a pasar, así que no te preocupes. Sé que no apareció nadie del futuro aquí, pero todo a su tiempo.

cris: no, Lily no está loca, no sufre de psicopatía y no tiene enajenación mental ni nada por el estilo. Sólo es... un tanto agresiva. Después de todo, tener un hermano como el que tiene que a veces se comporta de una forma y otra de otra, y si a eso le mezclamos el carácter Weasley...

Thita: muchas gracias. Me place que te haya gustado ¡Pero claro que Ginny y Hermione del futuro van a venir! ¡¿Qué te crees que los voy a dejar con la intriga de cómo asesinan lentamente a James? No mentiras, pero sí, ya las veremos como en el proximo capi, o el siguiente de ése.

fanieCullen: me sorprende que no hayas dejado el fic con este asco de actualizadors que soy. Muchas gracias por siempre dejarme reviews, que por cierto siempre son halagadores

laina.1993: Ja! La reacción de Ron será épica, eso te lo aseguro. Trato de hacer la historia chistosa para que no sea agobiante. Tranquila, el idiota de Harry pronto sufrirá... Mwuajajaja! (?)

Lil-Gil: trataré de continuarlo rápido, pero no prometo nada. Muchas gracias por leerme. Creo que a mucha gente no le gusta mi historia por lo incoherente.

ANKA: Gracias, y me agrade que te haya gustado tanto que hasta lo hayas leído desde el bb de tu mamá. Aww, gracias por decirme que soy una excelente escritora! eso me hace feliz! OwO

sayurisan: Sayurisan! Sigues el fic! Me encantaaa! Y me encantan tus comentarioss! Perdona por no haber puesto algo sobre Hermione y Ron, pero es que le tengo pavor al OoC porque nunca en mi vida he leído fics así todos profundos sobre el R/H, y tampoco he escrito sobre ellos! A la próxima tratré de escribir algo decente sin atentar contra los personajes!

EvaCullenWiliams: traté de actuaizar rápido, y esto fue lo que salió. Espero que te haya gustado así como el resto del fic.

Vaneg97: ya lo seguí, espero que haya sido de tu agrado.

cary0605: Te dio risa! Genial! Me gusta que sigas el fic, eso me halaga! trataré de no tardar tanto, pero aggg... mi inspiración es un asco. Va y viene cuando se le da la puta gana.

ginnypotterwe: ya se enterará, no te preocupes. Es más, ya tengo planeada esa parte.

: Aww, si, ello son unos totales disfuncionales, pero se quieren a su manera. Y si, a Hermione le faltaba sufrir un pokito .

Sam: ya las traeré, no te preocupes. Y los asesinarán pura y cruelmente, mwuajajaja... (?)

dany16: siempre me dejas un review! cada vez que actualizo! Me haces feliz con tus comentarios! lamento no haber puesto a nadie del futuro aquí, pero bueno, en el proximo capi lo haré.

ana12-09: la seguiré escribiendo. Me rehuso a dejar el fic. Con lo que ha tomado llegar hasta acá. Puede que tarde actualizando, pero ten por seguro que no abandonaré la historia

Ja~ne!