Buenas a todos. Sí, lamento la demora,he tenido problemas con la escuela más que nada. Espero que guste este capítulo que a mi gustó quedó mejor de lo que esperaba (O sea, que si es horrible, el plan es que haya sido peor xD). Pero bueno, ¿Disfruten?
2.- No el único solo
Ya era de madrugada y Lowell sin aún saberlo, seguía en el mundo de la mente de Gekko. Este se había desaparecido, diciendo que estaba cansado, por otro lado, pareciera que al chico se le recargaban las pilas.
Se encontraba caminando por el castillo donde vivió, o donde quizás iba a vivir, porque estaba intacto, y viendo por las habitaciones estas estaban irreconocibles para él, a diferencia de los pasillos que se le hacían más familiares. Llegó a un lugar que le parecía más familiar que la gran cocina, la enorme biblioteca. Emocionado, sacó un libro al azar, viendo que era un lenguaje que no entendía muy bien. Tenía una espada enterrada en el césped en la portada café de éste.
- Zant... - Murmuró después de leer mentalmente como sí apenas aprendiera a leer.
Abrió el libro y el lenguaje era el mismo, veía dibujos de un lobo que le parecía un poco familiar, desde que lo mostraban de niño hasta adulto, pero no sabía de dónde. Prefirió guardarlo y verlo en otra ocasión.
Miró varios libros más aunque sólo los dibujos, según entendía, contaban historias que ocurrieron en ese reino, o quizás sólo fantasías en ese reino, ya que varias veces salía el castillo en alguna parte. Siguió así hasta que vió uno que le parecía sumamente familiar, lo sacó notando que era sumamente parecido al que él tenía en su mochila, pero bajó la vista donde suponía que era el autor, intentó leerlo y lo logró.
- Jonathan K. Kant. -
Era el original. Alegre, lo guardó viendo el de al lado, el cual no tenía nombre. Lo sacó viendo que estaba en blanco la portada, la cual sólo tenía un bonito diseño. Lo abrió y tarde se dio cuenta que estaba totalmente calado por dentro, cuando sintió dos cosas caer de dentro. Vio a sus pies, dos pequeños cuadernillos, uno negro y otro lila, el primero decía LO'D en las letras que conocía y el otro Leah en esas raras de los demás libros. Sin esperar ni medio segundo, se agachó a verlos al mismo tiempo, descubriendo que estaban vacíos por completo, frustrado, los guardó donde estaban.
Se levantó para dejar el libro donde estaba, pero fue entonces cuando notó que la pared donde justamente se ubicaban este, estaba destrozada de forma rectangular, donde algo se veía apenas adentro. Sin miedo a encontrar aunque se una araña o algo, lo cual sería absurdo de sentir en ese lugar, como pudo, logró sacar el libro, dejando el blanco en una mesa cercana.
Notó que este nuevo tenía un lenguaje aún peor, donde ahora sí que casi no podía ni leer una palabra. Sólo entendía el diseño donde había algunas estrellas, soles, lunas, planetas. Como mirando el cielo, con una montaña antes, pero de noche y con un zoom enorme, como para ver un planeta con los ojos desnudos. Abrió el libro notando que realmente había muchos diseños diferentes.
Todo bien hasta que vio el dibujo de lo que entendía seria el tercer capítulo. El dibujo de un lobo de su edad, sólo en pantalones, descalzo y sobre sus hombros un tronco con dos grandes baldes llenos a cada extremo. Sin entender, reconoció de inmediato al lobo.
- ¿Gekko? -
De un momento a otro comenzó a buscar todos los lados donde había dibujos simples como ese, donde sólo lo mostraran, pero de pronto el libro comenzó a desprender los papeles como sí se formaran cenizas.
- ¿Qué, qué, qué? ¡No, no, no, no, no, no! - Exclamó cuando todo comenzó a desaparecer de la misma forma. - ¡Debes de estar bromeando! - Gritó al aire antes de quedarse sin suelo y caer de gran altura.
Se despertó de golpe al caer de cara al suelo.
- Al menos no caí de toda esa altura. - Murmuró sin despegar su cara del suelo. Hasta que se le cayó el celular en la nuca. - ¡Ah, por favor! - Gritó levantándose con los brazos. Bufó suspirando antes de mirar a la ventana, dejándole en claro lo temprano que era. - Maldición... - Se volvió a recostar de lado, cerrando los ojos. Luego de unos segundos los abrió de golpe, sentándose molesto. - ¡Por la...! ¡El golpe me quitó el sueño! - Gritó lanzando la almohada contra el muro, lo cual, a pesar de no ser pesado, hizo un fuerte ruido.
Rápidamente se levantó, salió con pasos callados, hasta la habitación matrimonial, abriendo lentamente los vio aún dormidos. Volvió a cerrar, con la otra mano en su pecho, soltando un gran suspiro. Ya tranquilo, aprovechó la tranquilidad para ir a prepararse algo a la cocina.
Peppy despertó al sentir un golpe, luego otro y finalmente lo gritos del lobato. Estaba a punto de volver a dormirse cuando escuchó otro grito de queja y un golpe en el muro. Iba a levantarse cuando sintió la puerta lentamente abrirse para volver a cerrarse. Pensándolo un momento, se levantó para hablar con el chico pero al salir y ver a la habitación del chico no lo encontró allí.
Un olor extraño se comenzó a sentir en el aire proveniente de la primera planta, así que para saciar su duda, y también asegurarse de que el chico no esté quemando la casa, bajo siguiendo el rastro hasta plantarse en el umbral de la cocina, viendo extrañado al chico que trataba de cocinar algo con cosas extrañas, siendo que nunca había tocado la cocina.
- No te vayas a quemar. - Dijo Peppy, aunque sabía lo irónico que sonaba aquello.
Lowell volteó a verlo tranquilamente antes de volver a ver lo que hacía.
- ¿Qué haces? - Preguntó mirando lo que el chico hacía, notando que ni siquiera había prendido la cocina, sino que estaba usando las manos.
- Carbón. - Dijo mostrando el par de tostadas quemadas. - De grande, mis hijos morirán de hambre o los intoxicaré con carbón. - Comentó mientras tomaba la caja de cereales junto a la leche de la nevera.
El mayor sólo rio negando.
- ¿Aún no cumples diez y ya piensas en tener hijos? - Preguntó con extrañeza fingida. - Dime, ¿quién será la madre? -
Lowell se detuvo en su andar a la mesa para preparar su gran desayuno, quedando mudo y colocándose cada vez más sonrojado.
- No lo sé. - Respondió con indiferencia fingida, volviendo a caminar. - El viento. - Se comenzó a preparar su cereal.
Por su parte, el conejo comenzó a prepararse un café.
- Es aún muy temprano. - Dijo haciéndole notar que no volvería dormir así.
-Tranquilo, igual planeaba hacer cosas desde temprano. - Se volteó esperando a que se termine. - Ahora mi duda es por qué no sigues durmiendo tú. -
- Tengo hambre. -
- Te comiste más de media pizza familiar sólo y aún tienes hambre. -
- Estoy en etapa de desarrollo. - Se excusó, cerrando los ojos.
- Si es así, no quiero saber cuánto comerás a tus trece... - Murmuró, sentándose mientras tomaba su café.
- Quién sabe... - Susurró antes de quedarse callado, mirando las hojuelas de cereal con las que jugaba como sí fuera una sopa de letras. - Señor Peppy, sea sincero conmigo. - Pidió después de pensar mucho lo que iba a preguntar.
El mayor respiró profundamente antes de botar todo en un gran suspiro.
- Ya me lo esperaba, pregunta lo que quieras. -
- ¿Por qué todos lo ocultaron? El General, usted... apuesto que el señor Beltino también. -
- Tengo curiosidad sí fue intuición, o porque somos los más viejos que conoces. -
- Intuición, porque también creo que algunos de la academia lo sabían, como el director, ya que a él le robé la foto de mi papá. - Confesó tranquilamente.
- Y lo dices sin remordimiento. - Reconoció, impresionado para después volver a suspirar tras tomar otro trago a su café. - ¿Recuerdas quiénes fueron los primeros doctores que te atendieron? - Preguntó serio.
El chico asintió.
- La doctora Risk y el doctor Bauer. -
El mayor negó.
- No solamente ellos. Cuando perdiste tu memoria, fueron llamados varios doctores no porque fuera tan grave o algo por el estilo, sino porque el simple hecho de operarte fue complicado. Te hicieron varias pruebas, para lo cual necesitaron bastante sedante. - Rió. - Sin que lo sepamos, investigaron hasta el punto de que pasó a oído de mayores quién y cómo era tu madre o el hecho de que tenías habilidades únicas. Generales de otros planetas, el gobierno corneriano y hasta otros alcaldes de las ciudades del planeta se reunieron. Todo porque pensaban que eras una amenaza, por eso querían... - Se calló.
- Sacarme, devolverme a Venom, matarme. Señor Peppy, soy un niño, pero igual conozco la maldad en la gente, sé lo que puede hacer un político de alto poder o un general. - Explicó tranquilo haciéndose un sándwich.
El mayor sonrió, al ver que realmente había crecido en casi un año.
- Como dices, eso querían. Pero por el lado bueno y malo todos se peleaban porque algunos aún te veían como un niño y otros para nada, quienes querían lo peor para ti. -
- Vaya, me siento como ex-asesino en serie escuchando en una corte un debate sobre mi ejecución. - Comentó alegre, comiendo.
- Se hizo un bullicio enorme, hasta que el general habló. - Notó por un segundo que Lowell cambio de posición, pareciendo más atento. - El juró bajo su rango que se haría responsable de todo aquello que tú puedas ocasionar sí es que realmente eras una amenaza. -
- ¿Y todo esto a que va con mi pregunta? - Preguntó extrañado.
- Justo cuando iba llegando a eso. Se llegó a un consenso, donde el general se haría responsable de ti en ese sentido. Él mismo dio la orden de los más cercanos que supiéramos cosas de ti, no dijéramos ni palabra de algo a menos que tú mismo sepas de ello, ya que por tu fuerte amnesia por un gran recuerdo puede que te de algo más fuerte que simple jaqueca, ya sabes cuánto te duele por simples recuerdos que no te decían mucho. - Recordó, angustiado pero a la vez aliviado de decir todo al fin.
- Así que fue porque me podía dar algo peor que la locura que ya tengo. -
- Hey, no te pases. -
- No, señor Peppy. Se pondrá mejor, le ayudaré al general, me raptaré a su nieto para crear un caos en la ciudad. - Rio malévolamente, antes de volver a la normalidad y tomar un poco de jugo.
- ¡Lowell! - Llamó en tono de regaño.
- Es broma, es broma. - Se apuró a decir alejándose un poco. - Igual Connor siempre me acompaña a hacer estupideces, pero sólo para jugar. -
- Eso es una forma de pedir permiso, me parece. - Comentó bebiendo más café.
- Sí lo quiere tomar así... - Dijo con la manos en la nuca, mirando a cualquier punto del techo.
Peppy soltó el milésimo suspiro de la mañana.
- No llegues tarde. - Fue lo único que dijo antes de seguir bebiendo.
- Haré el intento. -
En la tarde
- Por el amor de..., ¡Ponte algo encima!-
- Pero, tía Vivian, hace calor. -
- ¡Ahora mismo subes y te abrigas! -
- Bueno... - Así arrastrándose, se alejó de la puerta principal hacia las escaleras, mientras el mayor se reía, Lowell le mandó una mirada asesina.
Se colocó cualquier polerón y bajó rápidamente.
- ¿Así está mejor? - Preguntó estirando la sudadera desde la parte de la cintura, era una prenda donde en el pecho y abdomen surcaba una enorme sonrisa de afilados dientes.
- Mucho mejor, pero el diseño... -
- Daaahh... - Comenzó a devolverse.
- Vivian, déjalo. Sí quiere salir como payaso que salga a hacer el ridículo - Bromeó Peppy.
- ¿En serio? - Preguntó el chico asomándose y sin querer esperar respuesta, se fue caminando a la puerta. - Voy por una peluca. -
- Oye, espera. - Dijo Vivian, deteniéndolo en la entrada.
- Traigo gafas de sol por sí sale el malvado y cegador sol en la noche. - Dijo antes de cualquier cosa, sacando los dichosos lentes de su bolsillo.
- No te burles. - Le miró feo. - ¿Traes llaves? - El chico las sacó de su bolsillo. - ¿Celular? - Nuevamente lo mismo pero en otro bolsillo. - ¿Dinero extra para volver? -
- También traigo chocolate, una piedra. - Sacó ambas manos de los bolsillos, sin nada realmente. - Y un lanzallamas. - Se prendió una pequeña llama en la punta de sus dedos, cuando se dio cuenta de inmediato comenzó a sacudir su mano.
Ella sólo suspiró, negando.
- Está bien, te cuidas y no hagas eso que asustarás a las personas. - Dijo, refiriéndose.
- Tengo la intriga sí primero llamarán a la policía o me mojarán con una cubeta de agua. - Dijo él saliendo por la reja de la casa a la calle.
Al caminar ya media cuadra volteó a ver un momento antes de sacarse la sudadera y amarrárselo a la cintura.
- Grandioso, ahora siento como si fuera falda escocesa de guerra. - Bufó.
Se dirigió a la estación de metro, pero no hacía la casa de Connor aún, sino hacia otro lado mientras.
Ya tenía calculado cuanto demorará en llegar hasta su parada, así que mientras entró en su mente para no malgastar tanto el tiempo.
Al llegar vio a Gekko durmiendo (casi siempre era así) y de inmediato tocó su pecho junto al suyo. Todo el bosque de creo sólo que estaba en otro lado, donde exactamente Lowell quería. El chico volteó a un lado donde estaba el cuerpo de un joven adulto en armadura pero con el casco a un lado, durmiendo. Se acercó lentamente a un lado de este, cuando de un momento a otro movió rápidamente la espada que llevaba en la mano, con intención de decapitarlo, pero por suerte Lowell logró esquivarla hacia atrás, antes de patearla al aire. Esta poco a poco comenzó a desaparecer.
- Buen reflejo pero mala puntería. - Dijo el lobo albino, sentándose. - Tienes que lanzarla más lejos, no alto. Sí te quedabas allí te habría caído encima -
- Perdón, se me fue. - Se disculpó, rascándose la cabeza.
- Al fin vuelves. - Dijo levantándose.
- Sí perdón, es que hacia cosas estos días. - se volvió a disculpar, bajando la cabeza.
- Ya deja de disculparte e invoca tu escudo. -
- ¿Podemos hacer algo corto? Es que ahora mismo no puedo estar tanto tiempo aquí. - Explicó nervioso y más aún cuando Zarvan volteó a verlo con una mirada amenazante. - ¡Seguiré en la noche, seguiré en la noche! - Dijo cubriéndose la cabeza, asustado.
- Más te vale. - Apareció un báculo de madera en sus manos antes de lanzárselo a las manos, donde apenas lo tomó con firmeza. - Empezaremos otra etapa que después será simultánea. -
El chico miraba su báculo.
- Simultá... ¡Ah! - Al levantar la vista, rápidamente se cubrió con el bastón.
- Concentra tu energía en reforzar el bastón, porque no me contendré. - Dijo el albino, comenzando a atacar con su propio báculo de madera cada vez más fuerte.
Lowell, en un intento de acatar la orden de su viejísimo abuelo, trató de reforzarlo con energía pero no quemarlo, ya que al final se quedarían con carbón en las manos. Un ahora rojo comenzó a rodear todo el bastón, opacando cada vez más el impacto de ambos a casi imperceptibles. El chico, confiado comenzó a defender e intentar contraatacar.
Pero toda es confianza se evaporó cuando notó la extrema tranquilidad de otro, el cual en un ágil movimiento por debajo hacia arriba, no chocó simplemente, sino que destrozó por completo el palo con una colosal fuerza que hasta el equilibrio hizo perder al menor. Lentamente todo comenzó a destrozarse.
- A diferencia de la realidad, en tu mente puedes crear fácilmente un sinfín de cosas, pero dentro de ella la lógica no existe. -
Lowell abrió los ojos un segundo ante de que su cabeza y espalda choque contra todo el piso metálico del vagón.
- "¡Pero no importa en dónde esté, igual me golpeó la cabeza contra el suelo y siempre duele igual!" - Pensó sentándose. Vio por la ventana que había llegado a su estación, rápidamente se levantó junto al pitillo que informaba el cierre de puertas, saliendo a poco de ser rebanado por la mitad. El chico volteó a ver el tren irse antes de comenzar a reír.
- Y recordar que la primera vez que subí a eso me quedé pillado. - Murmuró al recordar como él mismo hace meses se subió y ambas puertas al cerrarse le agarraron las ropas, manteniéndolo inestable hasta que paró en la siguiente estación y por ser además más bajo, no se podía afirmar en nada.
Suspiró antes de encaminarse, saliendo de la estación. Llegó a uno de los mil centros que tenía esa gran metrópolis, pero este era el único que tenía el centro de investigación más desprestigiado. Al entrar, se acercó al recepcionista a un lado.
- Vengo a ver al señor Beltino Toad. - Dijo tranquilamente.
- ¿No eres muy joven para venir aquí? - Preguntó el mayor, viendo extrañado al niño.
Lowell parpadeó unos momentos, viéndolo serio.
- Eres nuevo, ¿no? -
- Podría ser. -
- Me llamo Lowell O'Donnell. -
El empleado suspiró antes de teclear. Cuando el resultado apareció, el chico se puso pálido del susto, rápidamente comenzó a buscar algo en los cajones y tan rápido como empezó se levantó dejando ese pase típico que se tienden en colgar en el cuello.
- Disculpa, no estaba enterado. - Se apuró en decir el chico.
El menor enarcó una ceja, parpadeando un momento, extrañado por el repentino cambio.
- Este... - Se estiró para tomarlo, aprovechando para ver un poco la pantalla que estaba a un lado. - ¿Gracias? - Se quedó mirando un segundo antes de seguir su camino. - Era mucha letra, quizás le espantó mi horrorosa foto. - Se dijo a sí mismo.
Camino por el edificio tranquilamente, bajando algunas plantas viendo en ventanales como algunos investigadores y científicos creaban cosas tanto robóticas como biológicas.
- Esto parece la parte básica del área 51... - Murmuró al detenerse en algo que parecía un pez gota, pero más feo y asqueroso. - Y a mí que me encantaba el pescado... -
Siguió su andar hasta llegar a una oficina, o laboratorio o lo que sea, era el único sin que se viera hacia adentro.
Tocó la puerta y al escuchar una autorización entró observando la gran habitación algo desordenada en planos, artefactos a medio terminar y cosas así. Al ver al viejo sapo viendo algo con unas gafas-lupa con mucha atención, comenzó a acercarse con más sigilo hasta colocarse a su lado. Lo veía tan concentrado que dudo en saber sí lo había notado entrar o no, así que en un intento de descubrirlo...
- Este... - No pudo en decir más cuando lo vio dar un corto pero fuerte respingo, haciendo saltar por los aires una pieza que por suerte el chico sostuvo. - Perdón... -
- Tranquilo. - Decía, cambiándose de gafas. - Creo que con tanto tiempo he perdido la práctica. - Volteó a verlo. - ¿Lowell? Vaya, en estos meses sí que te ha cambiado la voz y crecido unos centímetros. -
- ¿Usted cree? - Enarcó una ceja. - Yo aún me encuentro muy chillón.
- Es normal, y ¿qué te trae por aquí? - Preguntó mientras volvía en lo que estaba.
- Pues... - Miro un momento hacia el otro lado. - No es para molestarlo, pero pensé que estaría Slippy, creo que ya sabe que mi casco tuvo que jubilar antes de lo debido, así que... - Se quedó callado.
- Entiendo, hace un momento salió, se sentía frustrado por no lograr una mejora en una de sus ideas, ya sabes que aunque estemos en la misma habitación cada anda en sus locas cosas. - El chico solamente sonrió. - En cuanto a tu casco, te cabeza ha crecido y además buscaba otras cosas que agregarle, eres como su ser de experimentación. -
- Grandioso, pero no venía por eso en este momento. - Caminó hacia la silla de Slippy, acercándose y sentándose al revés, recargándose hacia el frente con los brazos cruzados.
- ¿Entonces? - Se volteó, colocando aún más atención.
- ¿Me promete no decirle a nadie, ni al general? -
- Verás... - Lowell le puso ojos de cachorrito. - Está bien. - Dijo resignado.
- Genial. - Buscó algo en sus bolsillos. - Necesito que arregle estos. - Dijo mostrando las gafas de sol.
- ¿Éstas? - Las tomó extrañado, elevándolas para mirar. - ¿Aún te sigue dando vergüenza tus ojos? ¿Es eso? -
- No, para nada. - Sonrió un momento para ponerse serio. - Me imagino el incidente del androide en la academia. - Dio un suspiro. - Según él, alguien me buscaba, no se quien sea pero en este momento no puedo tenerlo a mis talones y en este momento mis ojos son lo que más me delatan. -
Dios, en ese caso debes de decirle al menos a Peppy. -
- No puedo, sí lo hago, se crearía un límite muy lejano entre él y yo, lo necesito lo suficientemente cerca para saber quién es. El señor Peppy o incluso el general lo alejaría tanto que lo voy a perder, pero el no a mí, es muy listo como para hacerlo. -
- ¿Por qué crees todo aquello? -
Lowell bajó la cabeza, causando un corto silencio.
- Porque desde un principio ese robot no me pensaba llevar. - Levantó la vista enojado. - Todo era parte de su juego. Me estaba analizando, quizás antes no lo noté así, pero después de pensar mucho en lo que ocurrió y los ojos de ese droide, no mostraba que intentará alguna vez atraparme, sino que me provocaba para que soltase todo, por eso es que tenía el programa de autodestrucción para cuando su sistema dejase de funcionar, sólo enviaría los datos y borraría todo rastro de él. Pero a pesar de todo, lo hizo todo tan llamativo como diciendo "Mira, aquí estoy, niño tonto. Y voy a ir por ti y por aquello que antes era de tu madre." - Dijo refiriéndose a Gekko. Soltó un pesado suspiro, tapándose los ojos. - O es así o simplemente quiero que sea el que mandó a asesinar a mis padres. -
- ¿Qué tiene que ver lo ocurrido con tus padres con esto? - Preguntó ya dándose cuenta que al menos sabía y no tenía que mantener tanto silencio en aquel tema.
- Porque no es normal que la mente maestra sea quien haga el trabajo sucio, porque un gran grupo armado entró en mi hogar con tanta facilidad y porque no puede ser que el asesino directo sea un zorro con gafas de sol idéntico al padre de Fox, el cual los mató con un tipo de arma sin carga de láser, sino de balas metálicas. - Dijo histérico, tirando un poco de su cabello blanco. - Tiene que ser un truco de algún modo... -
Beltino lo miró un momento con los brazos cruzados hasta que cerró los ojos y suspiró.
- Hablando así te pareces aún más a tu padre. - El chico lo miró. - Él tampoco hubiese creído para nada que James lo hubiese hecho, Lowell confiaba ciegamente en sus amigos. - Dijo volteándose para arreglar de una vez las susodichas gafas.
- ¿En serio? - Se acercó mucho, inclinándose para mirarlo. - No sabía que lo conocía, ¿desde cuándo? - Preguntó animado.
- Desde hace treinta años, pero somos amigos hace veintiséis. -
- ¿Y cómo era mi papá? -
- Al menos conmigo, muy hablador e imaginativo. -
- ¿Como en qué? -
- Nuevos artefactos y cosas por el estilo. Al final terminaba dándome mucho trabajo, ¿sabes que él me empujó a crear la Puerta Orbital porque a él se le ocurrió un lugar para que las naves puedan llegar mucho más rápido a los planetas a través de portales? Cuando comencé quería matarlo, pero después de terminar, sí que nos era útil. -
- Wow, ¿y qué más?
- Experimentos escolares donde le explotaban en la cara, la vez en que pusimos turbinas a su bicicleta terminó inconsciente después de salir volando al chocar con una cerca. -
- Ya veo de donde saqué lo loco. - Murmuró al imaginar aquello.
- Realmente, es la mezcla de una persona cuerda y a la vez no. Pero a pesar de todo, es un gran hombre. -
- Entonces sí era buena persona. - Susurró, sonriente.
- ¿Acaso lo dudabas? -
- A pesar de no saber cómo fue, yo me esperaba algo así, pero siempre existía la posibilidad, ¿no? -
- Alguien debería de estar muy celoso de él como para verlo como una mala persona. - Hizo una pausa antes de verlo. - ¿Tú como lo ves? -
Lowell se quedó pensando un momento, rememorando los únicos recuerdos que tiene de él.
- Como... Un gran padre y un muy valiente hombre. - Dijo sonriendo mirando hacia otro lado.
- ¿Por? -
- Porque siempre intentó de hacerme sonreí, como él en su último momento. -
Para Beltino escuchar eso fue como una fuerte patada en el estómago, pero lo disimuló enormemente.
- Vaya, hasta su tranquilidad al hablar heredaste. -
El chico rio.
- ¿Qué más aparte de la apariencia? -
- Lo preguntón y no conocedor del espacio personal - Dijo en referencia a todo el momento que estaba demasiado cerca.
- Usted también ha preguntado mucho en nada de tiempo. -
- Eso es por haber pasado muchos años con ese loco. - Se excusó, volviendo a lo suyo.
Al atardecer.
- Tienes suerte que traje mochila, Connor. - Dijo Lowell, acomodándola mejor en su hombro mientras tocaba el borde de sus gafas de sol.
- Me excuso que no pensé que habría tantas rebajas en videojuegos. - Dijo levantando los hombros, despreocupado.
- Claro... - Dijo sarcástico. - "Mi duda es si pensar en que es por hijo de doctor o que en tu vida pasada fuiste una joven hija de papá." - Pensó mirando a otro lado. - Espero que dejaras dinero para al menos tu pasaje. -
- Para tu información, tengo mi tarjeta justo aquí. - Dijo orgullo, mostrándole entre sus dedos.
- Al fin. - Suspiró.
- Sólo debo cargarla... - Murmuró mirándola.
El mayor se desequilibró, chocando su cabeza contra un muro. Se puso derecho de un momento a otro, con el ceño fruncido.
- ¡¿Y dónde planeas cargarla?! - Preguntó con rabia.
- No sé. - Se volteó a verlo. - ¿Me pagas mi pasaje con tu tarjeta? -
- ¡No! Tienes que aprender a resolver sólo tus problemas, no que los otros lo hagan por ti. - Se cruzó de brazos.
Connor comenzó a mirar donde estaban, todo ya estaba oscuro, así que las luces de neón de los anuncios resultaban ante todo.
- Yo reconozco esta parte de la ciudad, hay una tienda donde recargar al otro lado. - Dijo alegre, entrando a un callejón.
- ¡Connor! - El can lo ignoró. - Agh, grandioso. - Se sacó la mochila, escondiéndose entre la basura, en ese momento lo que menos le importaba era el olor que tomaría. Se acercó trotando hasta el castaño, el cual estaba tieso al ver a un grupo mucho más grande y armados.
- Miren nada más que tenemos aquí, dos niñitos fuera de sus... -
- Un segundo. - Interrumpió Lowell al matón el cual quedó para adentro al no esperarse aquello, el lobato volteó hacia su amigo, dándole un fuerte zape. - Idiota. -
- ¡Oye, controla tu fuerza! - Se quejó, cubriendo su nuca.
- No corras por las calles de noche y mucho menos meterte en un callejón. - Lo regañó.
- ¡Ya! -
- Oigan. - Dijo uno de los tres. - ¿Entienden que esto es un asalto? -
- Si. - Respondieron al unísono.
- O sea que le quitaremos todo lo que llevan. - Aclaró otro.
- Si. -
- Entonces será fácil. - Dijo un tercero. - O entregan todo por las buenas o será por las malas- Mostró su pistola.
- Ni fácil, ni difícil. - Dijo Connor, sacando valor de quién sabe dónde. - Mi amigo puede patearle el trasero... ¿a los tres? - Terminó extrañado al ver como Lowell entregaba su dinero a las manos del primero, tranquilamente. - Oye, ¿qué haces? -
- Tú te metes estúpidos, yo no voy a encargarme de ellos ni desde un principio y ni después. Ahora dale lo que tienes. - Dijo serio.
El castaño no comprendió mucho, así que triste tuvo que dar lo que tenía.
- Teléfonos. - Exigió el tercero.
Lowell sacó el suyo que era tan antiguo que se lo dejaron mientras el otro buscaba desesperado el suyo.
- ¡¿Dónde lo dejé?! - Exclamó tratando de recordar.
- No estamos para juegos. - Decía el mismo de antes.
- Se le quedó en la tienda. - Respondió Lowell.
- Mira que no me la creo. -
- Eso es problema tuyo. -
- En ese caso, dame los lentes de sol que estas usando de noche, niño tonto. -
- No, ya te dimos nuestro dinero, así que lárgate. - Dijo serio.
- No veo que tengas mucha opción. - Dijo apuntándole con un arma tipo blaster.
Lowell miró tranquilamente el arma, para sólo colocar sus manos adentros de sus bolsillos.
- Si así lo quieres. - De un momento a otro apuntó a Connor, el cual sólo atinó a protegerse, apretó el gatillo, sorprendiendo a todos cuando el cañón explotó. - ¿Pero qué demonios? -
- Como te dije. - Lowell tomó el arma con tranquilidad, sacándole el cartucho, guardándolo y lanzando el arma hacia arriba, cayendo en el tejado de uno de los edificios. - Lárgate de una vez. -
- Maldito mocoso. - Farfulló antes de soltar un golpe que fácilmente Lowell esquivó inclinándose, mientras se hincaba un poco, cargó el brazo saliendo una luz antes de propinarle un golpe que lo mandó a la otra calle, cayendo en las cajas de basura del otro callejón.
Los otros dos asaltantes quedaron pálidos en su lugar. Connor salió de la impresión, acercándose.
- ¿Ven? Eso es lo que sucede cuando hace enojar... - Lowell le tapó la boca con una mano.
- Mejor váyanse. - Sugirió dándose la vuelta, llevando a su amigo a rastras consigo.
- Oye, ¿qué te ocurre? Pudiste haberlo hecho antes y no nos habrían robado. Puede que tenga dinero, pero igual mi papá me exige las boletas para que no use dinero para estupideces. -
El lobato se detuvo a verlo.
- La cuestión es qué rayos te ocurre a ti. En primera, si compras estupideces porque estos juegos que compraste- Dijo sacando la mochila de entre las cosas. - sí son estupideces, porque a la semana ya los olvidas. Segundo, no hagas estas cosas pensando que te puedo proteger, soy tu amigo, a pesar de lo irritante que eres, pero no significa que sea un fenómeno el cual mostrar como la novedad del día. Mis poderes me causan problemas a mi, y más contra quienes los uso, espero que el tipo este siga vivo o con las piernas móviles. - Murmuró comenzando a caminar.
- Perdón, sólo que me asusté. - Se disculpó realmente apenado. - ¿A dónde vas? -
- A la susodicha tienda, hay un mapa de las estaciones, yo te pago el pasaje. -
- ¡Gracias! -
Cinco minutos después.
- Grandioso, ni siquiera está abierta como para abonar a tu tarjeta. - Dijo el lupino viendo el mapa por un momento.
- Así que hicimos todo eso sin sentido. - Comentó Bauer, golpeándose contra el muro.
- Más o menos. - Dijo, tomándole foto al mapa con el teléfono de Connor.
- ¿Y eso dónde estaba? -
- Lo tenía en mi mochila, realmente se te había quedado en la tienda, niño tonto. - Suspiró. - Por suerte la estación no está tan lejos. -
Quince minutos después.
- Esto debe de ser una broma. - Dijeron al unísono.
- Lo siento chicos, pero hay fallas en la estación, la terminan de reparar mañana. - Dijo un viejo señor gato con un gran bigote y nunca habría los ojos.
- Disculpe, ¿sabe cuáles buses tomar para llegar a la zona norte? -
- Claro que sí. - Mientras el señor hablaba tranquilamente, Connor estando a su lado comenzó a verlo de varios ángulos, sacudir su mano frente al hombrecillo pero nada, así que como si tuviera permiso, comenzó a hacer morisquetas y sin nada en respuesta, como si fuera un guardia de la reina Isabel.
- Son muchos. - Dijo Lowell, que fue el único que le prestó atención. Tomó a su amigo de las ropas, jaloneándolo hacia sí. - Muchas gracias. - Se devolvió.
- Oye, ¿A dónde vas? La parada es hacia el otro lado. -
- A diferencia de ti, yo sí escuché al señor, son demasiados buses que tomar y no tengo abonada para llevarnos ni a la mitad del camino. -
- Entonces, ¿por qué nos devolvemos al punto de partida de toda esta travesía? - Preguntó cuándo se dio cuenta que se devolvían donde los asaltaron.
- Porque yo oí algo que tú no. -
Minutos después.
- ¿Entiendes que nunca entraremos aquí? - Dijo Connor mirando el letrero de neón, donde dejaba en claro que era un bar, mientras a su lado el chico se peinaba con las manos su cabello hacia atrás.
- Déjamelo a mí. -
El castaño quedó un momento en silencio.
- No sé si reírme de lo estúpido que sonó eso después de arreglarte o el estúpido peinado de escobilla que te hiciste. -
- ¡Oye! Sé que parezco una escobilla pero no insultes al peinado. -
- Bueno, lo lamento peinado de escobilla. -
- Oh, ya cállate. - Dijo fastidiado, acercándose a la entrada.
- Pensándolo bien, en cierto sentido te queda. - Rio por ya irritar al lobato.
- ¡Que ya! - Entró.
- ¡Oye, espérame! -
Dentro, ambos se quedaron viendo un poco (muy) intimidados por el único guardia que había.
- Eehh... - A Lowell se le secó la garganta sin poder seguir y su compañero puesto atrás de él mucho no hacía.
- O está tomando o fumando. - Dijo pareciendo que les dejaba entrar.
- Eehh... - Volvió a decir el chico.
- ¡Ya muévete! - Exclamó Connor, empujándolo con todas sus fuerzas.
Estando más adentro, ambos inconscientemente comenzó a mirar a la gente.
- Lowell, ¿por qué hacemos esto? -
- No sé. - Mintió deteniéndose. - "¿Quién será? -
- Entonces, ¿cuál es el plan? - Preguntó mirando a unas personas jugando pool.
- Ese es el plan. -
- ¿Apostar? - Lowell asintió sonriente. - Debes de estar loco. -
- En parte sí. - Dijo acercándose. Connor entrecerró los ojos caminando a su lado
- ¿Siquiera has jugado alguna vez? -
- Creo.
- ¡¿Cómo que creo?! - Gritó en un susurro. - Eso no da mucha seguridad. -
- Pero recuerda que siempre que digo creo es porque siento que antes de perder la memoria lo hice. -
- Aun así no asegura que hayas sido siquiera promedio. -
- Buen punto. - Dijo despreocupado mirando como jugaban. - "Gekko." -
- Sí, sí. ¿Sabes? A veces no te haría mal llamarme para saludar o algo. -
- "Está bien, amor, ¿cómo estás?" - Bromeó.
- ¡Ah, cállate, Lowell! - Bufó, molesto.
El lobato gris sonrió tranquilamente antes de ser sacudido.
- Oye, niño, si vas a mirar pagas. - Dijo un tipo al lado suyo.
- Oh, ¿en serio? - Preguntó con sarcasmo al chico volteándolo a ver.
- Ya déjalo. - Dijo una joven, esperando su turno. - Este niño no se ve tan tonto para que lo engañes con eso. -
- Tsk. - Fue lo único que expresó el hombre.
- Quiero jugar. - Dijo de pronto Lowell.
- ¡¿Qué?! - Se le soltó a Connor, haciendo que volteen hace él, así rápidamente escondiéndose tras su amigo.
- Aquí se apuesta, niño. - Informó el adulto.
El lobato levantó un poco la pantorrilla, sacando unos billetes de su bota.
- Tengo dinero. - Dijo, tapando la boca de su amigo con la mano, sabiendo que diría fuertemente algo que llamaría mucho la atención.
- Bien. - Dijo la joven, dándole una seña al otro jugador, el cual le entregó el palo al chico pasando al lado de ella.
- Aprovecha de apostar más, así vas a endeudar a ese viejo lobo. -
- ¿Eso no sería abusar? -
- Quizás, pero el viejo ese tiene una fortuna familiar, ni le va a doler. -
- Está bien. -
- Tengo solo cuarenta créditos. - Dijo Lowell, volviendo rápidamente a tapar la boca de su amigo, importándole un bledo lo que fuera a decir.
- Yo apuesto setenta. -
- ¿Por qué tanto? -
- Porque si pierdes me vas a deber más. -
- Ah, bueno. - Dijo, rascándose la sien, mientras apretaba algo a un costado de sus gafas. Razonó lo que dijo. - "Realmente debo de parecerme a él. " -
La chica partió, derribando el triángulo de bolas, cambiando de turno al de Lowell.
El chico cerró los ojos un momento.
Flashback
- Wolf, ven. - Dijo un lobo casi negro.
El joven lobo fue pero el pequeño Lowell se enojó, inflando las mejillas.
- Yo también quiero. - Se quejó.
Wolf acercó un banquillo.
- Siéntate. -
En niño alegre subió como pudo a la silla. Viendo como el mayor le enseñaba a su tío, el cual intentaba calcular al igual que su sobrino. El pequeño, harto de su mal ángulo, se subió a la mesa, parándose en el borde.
- ¡Lowell, bájate! - Lo regañó su tío, preocupado obviamente que se caiga.
- ¡No quiero! - Dijo terco, alejándose un poco.
- Déjalo, no le va a pasar nada. - Dijo el lobo negro.
- Bien. - Apuntó, y golpeó a una bola, la cual se desvió más de la cuenta y justo donde iba a golpear, el niño sacó el pie, rebotando en el borde. El niño caminó más sobre la mesa mientras Wolf se corría, el niño se inclinó cuando su tío apuntó y cuando golpeó, caminó tan rápido entre medio que logró pasar sin intervenir el camino de la bola y alcanzando a ver.
- Otra perspectiva... - Murmuró Wolf, apoyándose con el palo, como si fuera un bastón. - ¡Eso es! - Tomó al lobo oscuro de las ropas, arrastrándolo mientras se alejaba rápido.
El pequeño quedó mira do como se alejaban, feliz tomando el palo que dejó su tío, jugando.
Fin Flashback
Lowell abrió los ojos, se elevó un poco mirando las posiciones antes de posicionarse.
- "Gekko, ahora." - Dijo parpadeando, así al abrir su ojos los puso más abiertos, viendo todo con mucha más atención. - "Esto es tomar una mejor perspectiva sin moverse. " - Pensó viendo más calculada su vista, con calor y todo. Golpeó su la primera bola entrando y dándole oportunidad para golpear la segunda seguida.
- Mi turno. - Dijo ella cuando el chico golpeó sin poder llegar a la bola, aunque también se la dejó difícil a ella, pero igual pudo remontar, pasándolo de inmediato.
- Te va a dar una paliza. - Susurró Connor.
- Es muy buena, pero tengo mis trucos. - Dijo sonriendo hacia el objetivo de ella. La chica lanzó pero extrañamente se equivocó no por un pequeño error, sino por uno grande.
- Concéntrate mujer. - Dijo el hombre mayor.
- ¿Qué hiciste? - Susurró Connor, pensando que hizo trampa con sus poderes.
- Yo nada, no soy un tramposo, sólo un pequeño juego psicológico. - Dijo antes de posicionarse, iba a golpear hasta que vio que había otra bola alineada en su camino. - Si le pego la que necesito, ¿vale si entra a la vez otra? - Preguntó pareciendo más niño pequeño de lo que es.
- Si es que puedes meter ambas a la vez, pues creo. - Dijo la chica sonriendo.
- Genial. - Se posicionó, abriendo nuevamente mucho los ojos. Apretó con fuerza el mango y golpeó con pantalla potencia la pelota que si entraron, pero la blanca salió disparada fuera de la mesa, reventando el vaso de alguien en la barra.
- Ups, no calculé tan bien. - Dijo tranquilo, cuando los otros tres quedaron quietos con los ojos realmente abiertos, hasta al mayor se le cayó su vaso con trago, reventando en el suelo.
- ¡¿Cómo eso de "ups"?! - Gritó Connor, tomándolo del cuello de su chaqueta, zarandeándolo con fuerza. - ¡Si sigues así nos van a matar! -
- Perdón, me pasé un poquito. - Fijos penas, sintiendo su cerebro rebotar dentro de su cráneo.
- ¿Un poquito? ¡¿Un poquito?! ¡Debes de estar bromeando! -
- Ya deja de gritar y sacudirme. -
- ¡Lo haré cuando...! -
- Hey, ¿esto es tuyo? - Preguntó un enorme hombre, con la bola en la mano. Connor soltó un chillido de ratón, volteándolo a su amigo y escondiéndose rápidamente en su espalda. El lobato miró extrañado por aquella absurda reacción antes de volver a ver al hombre asistiendo. - Buena puntería. - Felicitó, entregándosela aprovechando de revolverle el cabello.
- ¿Ves que tengo suerte? - Volteó a ver a su amigo cuando el hombre se fue, notando que este estaba semi-desmayado en su hombro. - ¿Connor? - Lo empujó un poco, cayéndose al suelo. El chico lo miró un momento. - Qué se le va a hacer. - Dejó la bola en la mesa. - Te toca. -
Siguieron jugando, Lowell con sus fallos de meter la bola blanca donde no debía por no calcular bien su fuerza, así perdiendo puntos. Pero todo el tiempo sonriendo.
El chico iba a golpear la última bola, la cual no debía fallar porque así le iba a ganar aunque sea la chica por un punto, pero tenía un ángulo muerto, su bola cerca del agujero y la otra en las mismas pero en el otro lado del mismo agujero.
- O te arriesgas y gano, o me la dejas e igual gano. - Dijo ella.
- Creo que me parece más agradable arriesgarme que rendirme. - Dijo antes de golpear con fuerza hacia el otro lado de la mesa, devolviéndose con algo de efecto, golpeando a la última sin que la blanca entre. - Si, se ve mucho más agradable. - Dijo volteando a la chica, mientras colocaba su mano derecha dentro de su bolsillo, tocando el cargador del arma que se había guardado.
- Ten, ganaste. - Dijo ella, entregándole lo que le debía. El chico lo recibió con su mano diestra.
- Gracias, dijo guardándolo en el bolsillo de su chaqueta rápidamente, para poner la mano en la mesa. - No me gusta que me ataquen por la espalda. - Atrajo la bola sin que lo noten, llevándola a su espalda para lanzarla hacia arriba, golpeando fuertemente la cara del joven.
Tomó a su amigo de sus ropas y se lo llevó rápidamente a la barra, siendo seguidos por el joven con la cara roja. Lowell hizo a sí mismo y su amigo, evadir a un enorme hombre que se levantaba con su vaso, así chocando el otro chico, mojándolo y enfureciéndolo.
- Sigamos. - Dijo Lowell, encaminándose al balcón, subiendo las escaleras, sin notar que era sector fumadores.
- ¿Cómo lograste recoger la bola? Tú controlas el calor y eso es frío. - Preguntó Connor, él si lo notó porque estaba más acostumbrado a ver cosas raras por su amigo.
- Saqué un poco de energía del cargador del arma, y mientras recibía el dinero, envié esa energía cerca de la bola, después fue sólo atraer, sólo espero que no se haya quemado tanto. -
- Genial, has avanzado mucho. -
- Sólo con objetos pequeños, imagínate cuando pueda levantar una caza, o mejor, detenerla. Sería muy útil en batalla. - Dijo saliendo.
- Realmente. -
Ambos ni dijeron más, ni siquiera siguieron caminando al ver quien se apoyaba contra la baranda frente a la puerta.
- ¿Qué haces aquí? - Preguntó Scott, con un cigarro entre los dientes.
- Me encantaría decir: Lo mismo pregunto, pero es más que evidente. - Dijo acercándose un poco. - Sólo vine por dinero para irme y algo de aire fresco, pero más que fresco está más contaminado con desecho de cigarro. -
- ¿Mucho para ti, niño santo? - Dijo acercándose de forma provocativa a empezar una pelea.
- Claro que no, estoy muy acostumbrado a esto. - Dijo imitándolo.
- Lowell... - Susurró su amigo.
- Mira nada más, el principito conoce cosas de grande. - Se burló siguiendo la acción.
- Más de lo que te imaginas. - Dijo acercándose aún más, notándose un pequeño brillo rojo dentro de sus gafas.
- Lowell. - Lo llamó Connor cuando vio que el adulto que acompañaba a Scott sólo los miraba sonriendo.
- Entonces muéstrame. -
- Con gusto, dijo arremangándose las mangas de su chaqueta.
- ¡Lowell, basta! - Exclamó el castaño.
El lobato se detuvo un segundo, sacudiendo la cabeza antes de retroceder un paso.
- Cierto, esto no tiene caso. - Se volteó para irse, Connor lo siguió.
A Scott comenzó a hervirle la cabeza de la rabia, se dirigió rápidamente al par.
El lobo oscuro se encontraba en el borde del balcón del bar con la mirada pérdida en la ciudad. Tomó su vaso, bebiendo otro sorbo de su trago.
- Has bebido mucho por hoy, deberías parar. - Dijo un cocodrilo a su lado.
- Ya no tengo nada que perder, además tú conduces. - Dijo despreocupado antes de beber, pero su acompañante le quitó el vaso, dándolo vuelta para vaciar tu contenido. El lobo se quedó con la mano vacía pero en la misma posición. - Tanto que esperé eso hace año pero ¡no ahora! - Dijo, mirándole feo.
- Deberías cuidarte más, uno de estos días te podría llegar algo bueno y tendrás una cara de muerto que haría llorar a un bebé. -
- Bueno, ese sería mi problema. - Sacó una cajetilla de cigarrillos. Se el reptil negó suspirando. El lupino lo encendió. - Además, ni hoy ni mañana, en un mes y tampoco en un año me va a pasar nada bueno como para dejar estas cosas. -
- Ya lo veremos. - Dijo quitándole el cigarrillo y apagándolo contra el concreto de la barandilla.
- ¡Ah, por favor! ¡Pareciera que fueras mi esposa! -
- No sería un gusto, pero es lo mejor para ti. - Bromeó tirándole la colilla en la cara.
El lobo sólo sonrió suspirando, mirando hacia otro lado, pero lentamente se pudo serio al escuchar algo.
- Oye, ¿cuándo planeas volver a... ? -
El lupino apretó el ceño, rascándose el oído.
- ¿Te sucede algo? -
- ¿Qué? No, es sólo... - Dio un fuerte respingo.
- ¿Qué te dije? -
- ¡Te dicen que no! - Se quejó como un niño, mirando hacia el frente, apoyando su cabeza contra su palma.
- ¡O'Donnell! - Escucharon que gritó un niño tras el lobo, ambos hombres se miraron extrañados antes de que el aludido volteara, no tuvo tiempo de mirar quién lo llamó cuando vio un pequeño cuerpo cayendo hacia él, el lobo rápidamente lo sostuvo para que no cayera al suelo.
El chico de inmediato se levantó acercándose peligrosamente al coyote-zorro.
- Cobarde tenías que ser, McKclein, como para atacarme de nuevo por la espalda. No te saco los dientes de un golpe porque no quiero mandarte al hospital. - Dijo Lowell, mirando de reojo al acompañante del chico, un lobo alto totalmente blanco y con ojos grises, le cual le resultaba realmente familiar e intimidante en presencia. Y extrañamente también lo miraba a él.
- Que bien. - Dijo Scott, subiéndose las mangas. - Porque a mí me encantaría hacerlo. -
- Nos vamos. - Dijo el lobo blanco, tomando al chico por detrás de las ropas, arrastrándolo hacia la salida.
- ¿Qué? ¡Espera, no...! -
- Que bien que se fue. - Suspiró Connor, volteando a ver a los adultos que los miraban extrañados, en especial al lobo con el cual quedó con los ojos como platos mientras golpeaba el brazo de su amigo para que volteara.
- ¿Qué? - Dijo harto, notando hacia donde miraba recordando algo. Se volteó. - Ah, muchas gracias... - Se quedó callado, viendo un momento al lobo oscuro. - ...por sostenerme... -
Todos quedaron en silencio mientras ambos lobos se miraban, uno más tranquilo y otro con los ojos abiertos como platos, pero por suerte las gafas lo cubrían.
-Wow, es extraño verte en versión pequeña, Rich. - Dijo el cocodrilo agachándose a la altura del lobato. Lowell sintió un escalofrío al ver al reptil, en especial cuando le revolvió su cabello, poniéndolo normal.
- "Rich..." - Pensó, volteando a ver al lobo, el cual era la vieja imagen de su tío con otros colores.
- Hmm. - Expresó el lobo mayor, sin cambiar la expresión sería de su rostro, su amigo notó esto.
- Niños, ¿tienen hambre? ¿Qué tal si entran mientras y les invitamos a comer? - Dijo más para que salieran un momento.
- ¡Nos encantaría! - Exclamó, empujando rápidamente a su amigo para sacarlo de allí.
- ¡¿Qué?! - Exclamó extrañado antes de entrar. - ¿Estás loco? Ni los conocemos. -
- Eso qué me importa, ese lobo es igual a ti, no tengo miedo porque de un golpe puedes hacerles lo que quieras, pero piensa en ti mismo ahora. -
- ¿Connor Bauer pensando primero en alguien que no es él? - Preguntó mirándolo con una ceja arqueada.
- Aprovéchame, que no duró mucho. -
- Me preguntó quién será... - Pensó Lowell en voz alta, recordando el parentesco que encontró con su tío, sólo el pelaje oscuro y los ojos gris oscuro lo diferenciaba aparte, claro, del parche y los rasgos de edad. - "Aun así, siento que lo he visto en otro lado." - pensó.
- Sea quien sea, puede decirte más de tu familia, ¿no? -
- Al fin usas la cabeza sin un fin egocéntrico. -
- Oh, ya no me fastidies, que yo también tengo mi límite. -
El lobato rio.
- Está bien, está bien. - Dijo riéndose, hasta que se escuchó un golpe en seco. Ambos se miraron antes de voltear hacia afuera.
- Oye, ¿qué te sucede? ¿Para qué los invitaste? Y más encima, que los dos paguemos. Eso no es invitar de tu parte. - Preguntó el lobo oscuro, cruzándose de brazos.
El reptil se levantó.
- ¿Qué me sucede a mí? La duda es qué te ocurre a ti, Richard. Miras a ese niño como un desconocido. -
- Pero si no lo conozco, ¿cómo quieres que le mire entonces? -
- Te conozco, mientes. - Dijo sonriendo, igual cruzándose de brazos. - Quizás no lo conoces pero tienes una idea y yo igual, ambos sabemos lo casi imposible que es encontrar a un O'Donnell con el rostro bicolor, ese es un rasgo de tu árbol familiar, y tu familia no es muy grande que digamos. -
- ¿Qué te hace pensar que es un O'Donnell siquiera? -
- ¿Acaso me vas a decir que ese niño coyote te llamaba a ti? - Dijo mirándole feo, en especial cuando lo vio mirar de nuevo a la izquierda.
- Aunque lo sea... - No pudo continuar por un combo en toda su mejilla izquierda, girándole el rostro.
- Odio cuando me mientes tan descaradamente, pero odio más cuando te mientes a ti mismo. - Su amigo no volteó a verlo. - Eres un maldito cadáver deambulante en este bar que no ve la luz ni en su casa, por lo menos esfuérzate en hacer las cosas bien esta vez. -
Richard se limpió con su el costado de su guante, antes de sonreír.
- Eso dolió. -
- Sé que siempre un buen golpe te hace pensar mejor las cosas. -
- ¿Cómo no? Si mi cerebro da más botes en mi cabeza que pelota saltarina. -
- Pues, hacer algo de ejercicio no te haría mal. - Bromeó golpeándole el abdomen. - Ya no tienes nada. -
- Que pereza, es más agradable estar tirado en mi sillón. -
- Y así fue como este viejo se aceptó sin darse cuenta. - Dijo burlesco, como si terminará de contar una historia.
- Como me vuelvas a llamar viejo... -
- Ya deja de estupideces y entremos. - Le interrumpió de inmediato, para escapar a una zona segura.
Cuando ambos entraron, el lobo siendo jalado por el otro, ambos niños se les quedaron mirando.
- A él le gusta que lo use como saco de box. - Explicó el reptil.
Ambos parpadearon, aunque a Lowell no se le notó, pero Connor elevó los hombros.
- Meh, gustos son gustos. - Se alejó el castaño.
Los adultos se dirigieron hacia una zona para comer en ese mismo piso. Lowell estaba a un lado de quien sería su pariente.
- Éste lugar es muy grande para ser un bar. - Pensó en voz alta.
- Eso es porque este lugar se pensó para los viejos que le gusta los juegos, beber... - Explicaba Richard.
- Ahogar las penas, escapar de la señora. - Interrumpió el reptil, tomando al lobo por el cuello con el brazo. - Como este viejo y yo. - Dijo golpeando el hombro de su compañero.
El mayor lo comenzó a empujar para alejarse.
- Que no soy viejo. -
- Como digas. - Se fue riendo a hablar con alguien.
- ¿Se escapa de su mujer? - Preguntó Connor.
- Ese idiota. - Dijo apuntando con el pulgar. - Hay que ser muy idiota para alejarse de quien ama o casarse con quien no. -
Lowell se le quedó mirando un momento, pensando bien en lo que dijo.
Richard soltó un suspiro tras un par de segundos de silencio, volteándole a ver a los niños con los brazos cruzados sobre su pecho.
- Que lo recuerde, este lugar es para mayores de edad, ¿cómo es que llegaron aquí? -
- Este... - Dijeron al unísono antes de quedarse mudos. Se miraron y de inmediato Connor se colocó atrás de su amigo.
- ¡A él lo confundieron pensando que lo buscaba! - Dijo alzando la voz.
- No te pego sólo porque es cierto. - Murmuró el lobato.
El viejo lobo negó sonriendo, mientras sentaba en una mesa junto a los niños.
- Ya, sólo era una broma. -
- Igual lo voy a golpear otro día. -
- ¡Hey! –
El mayor solo rio, mientras se acercaba el caimán junto a un joven que sería el mesero.
- ¿Y qué van a elegir? – preguntó el reptil, mientras literalmente se dejaba caer en la silla.
- Con tal que sea comestible, él se lo comerá. - Dijo Connor.
- Entonces el especial de la casa bastará. -
- ¿Algo para beber? -
- Yo un trago suave. - Dijo el reptil, apuntando al lobo. - Tú nada de alcohol. -
- Ya sé, sólo un refresco. -
- Yo igual. - Dijo Connor, volteando a ver a su amigo que estaba distraído viendo hacia el techo. - ¿Lowell? - Preguntó, sacudiéndolo un poco, Richard volteó a ver al escuchar el nombre.
- Intler. - Murmuró sin moverse.
Todos le quedaron mirando.
- ¿Qué es eso? - Preguntó su amigo.
- Una gama de refrescos parecidos a las bebidas pero sin alcohol ni nada dañino, lo toman más la gente que no le gusta mucho beber o emborracharse pero disfruta esas juntas bien y despiertos. -
- ¿Como las bebidas energéticas? -
- Algo así. -
- Veré si hay. - Dijo el mesero retirándose.
- ¿De dónde lo conoces? - Preguntó el reptil.
- Plática de adultos. - Mintió sin titubear.
- Vaya... - Sonrió el lobo oscuro.
Cuando todo llegó, el teléfono del reptil sonó, se alejó un momento mientras los niños comían algo rápido, en especial el lobato.
Al volver, tomó toda su bebida de un trago, dejando unos billetes.
- Bueno, fue un placer. Yo me largo. -
- ¡¿Qué?! - Exclamó Richard no porque se iba, sino porque lo dejó sólo junto a los dos niños.
- Mi esposa llama, viejo. Ve con cuidado. - Dijo alejándose.
- ¡Espera! - Lo ignoró. - ¡Henry! - Se fue. El lupino bufó antes de dejarse caer en el asiento.
- Mejor que vaya a pasar tiempo con su mujer, ¿no? - Dijo Lowell antes de volver a comer.
- Realmente. - Los miró. - ¿Qué edad tienen? -
- ¿Cuánto cree? - Preguntó el castaño.
- Nueve. -
Lowell rio.
- Te ganó. -
- Déjame. - Connor miró al mayor. - ¿Y usted? -
- ¿Cuánto creen que tengo? - Sonrió con orgullo.
- Sesenta y siete. - Respondió de inmediato Connor, Richard lo quería matar con la mirada.
- Yo visualmente lo encuentro menor de lo que debería tener. - Dijo, terminando de comer.
- Pero si ya ves que lo llaman viejo por algo. -
- Tu abuelo tiene más de cincuenta y cinco años y ya le dicen viejo. -
- Es porque se amarga mucho. -
- Quizás sea de familia, porque eres igualito cuando se enoja. -
- ¡Oye! - Exclamó antes de seguir peor con la discusión.
- Alguien sálveme. - Murmuró Richard.
El trío estaba ya fuera del bar, con la panza llegaba y corazón contento, bueno, al menos Lowell.
- Y bien, ¿cuál es su plan para volver? - Preguntó el mayor.
- Encontrar un taxi. - Dijo Connor, pero Lowell le golpeó el hombro.
- La forma de llegar al metro alto, porque es mucho más barato que un taxi hacia el norte. - Dijo volteando donde su amigo, mientras le miraban feo.
- Hay un subterráneo cerca. - Informó.
- Está en mantenimiento. -
- Lo descubrimos después de que nos asaltaron. - Lowell lo volvió a golpear pero más fuerte. - ¡Ya, me callo! -
- Hay una parada de buses cerca, allí nos acercará a la estación. - Dijo antes de caminar. Los niños lo siguiendo desde atrás.
- ¿Sabes? - Susurró Connor, acercándose a tu amigo. - Tu mirada asesina es muy parecida a la suya. -
- Gracias por el halago. - Dijo sarcástico.
- Yo sólo decía. - Se cruzó de brazos. - ¿Ya sabes quién de tu familia es? -
- Tengo una idea, además se parece mucho a alguien muy cercano. - Dijo mirando la lata de Intler que aún ni abría.
- ¿No me piensas decir? -
- No realmente. - Sonrió sacándole la lengua.
Esperaron un momento al bus correcto que los llevó a la estación cercana. Mientras subían por el elevador, ambos O'Donnell miraban por su lado las ventanas que mostraban como las luces se hacían cada vez más pequeñas, en cambio Connor se alejó de inmediato.
- No me digas que te dan miedo las alturas. - Dijo Lowell soltando una risita mientras lo volteara a ver.
- No da muy buena espina subir en una caja metálica con vidrios a gran altura. - Dijo de mirar a algo que no le recordará donde estaba.
- Verdad que nunca has subido a uno. Dijo dándose la vuelta, apoyándose contra la pared. - Los vagones son iguales, sólo que también el techo es de vidrio. -
- Entonces mátame, porque no creo estar tranquilo en esa cosa. -
Después dentro del vagón, Connor se hallaba en su asiento durmiendo, tanto que ya se estaba apoyando en el hombro de su amigo que miraba por la ventana. Lowell lo empujó de su hombro tratando de según en él, volver a sus pensamientos.
Los vagones eran a tragaluz, en el día se iluminaba mucho pero en la noche apenas de veía con las luces de neón que se reflejaban en los grandes ventanales en los rascacielos de oficinas desocupadas a esas horas.
El lobato suspiró antes de mirar hacia al frente, viendo a su familiar en las mismas condiciones: perdido en la nocturna ciudad.
Lo vio sonreír, una sonrisa nostálgica. Llevó la mano a sus gafas un momento para después levantarse, justo cuando Connor volvía a apoyarse en él, sólo que ahora pasó de largo dándose de lleno contra el asiento.
El chico se dejó caer a un lado del mayor, suspirando cansado. Richard, quien estaba en el mundo de los recuerdos volvió a tierra firme al sentir al menor sentarse a su lado, volteó para verlo sin alejar su mejilla de sus nudillos. Vio que sacaba una lata de su mochila.
- Si pensabas tomarla ahora mejor lo hubieses hecho otro día. - Comentó el mayor. - Las bebidas se disfrutan más frías. -
Lowell la abrió y bebió un poco.
- Aún se conserva fría. - Murmuró antes de volver a beber, cerrando los ojos.
Flashback
Se escuchaba el choque de metal, madera, pisotones. Una mezcla de sonidos fuertes que representaban un gran festejo.
Lowell tomó el vaso de metal que estaba en la mesa y bebió.
- Lowell, no vas a dormir. - Dijo una joven loba sentada frente él.
- Tío dijo que podía tomar cuanto quisiera, tía. - Dijo el pequeño con voz algo más aguda.
La chica se rascó la cabeza.
- Siempre al revés, él te mal cría. -
- Yo sólo aprovecho. - Dijo volviendo a beber.
Ella suspiró. De entre una gran cantidad de personas, salió un joven lobo apenas.
- Casi muero allá dentro. - Soltó, apoyándose en sus rodillas.
- ¡Tío! - Exclamó el pequeño, alzando los brazos. Wolf se acercó sonriendo.
- Hola, pequeño ¿Cómo estás? - Preguntó, desordenándole el cabello.
- ¡Bien! Pero ya no tengo. - Dijo mostrando su vaso vacío.
- No hay problema. - Colocó una lata con una pajilla encima. El niño, preparado para tomarla casi salto pero de un segundo salió de su vista, chocando contra la mesa.
- Así va a trasnochar. - Dijo ella, acercando la lata a si misma.
Lowell alzó el rostro haciendo puchero, aunque estaba rojo por el golpe. El chico se sentó al daño de ella.
- Déjalo, mañana hará el doble de tareas. - El niño negó y Wolf lo fulminó con la mirada. - Sígueme la corriente. -
- No, porque yo termino perdiendo. - Se cruzó de brazos, sacándole la lengua.
La chica rio.
- Déjalo beber, Dalia. Esta es la última. -
La joven loba se le quedó al igual que él, sin pestañar.
- ¡No hagan pelea de miradas, tío siempre pierde! - Gritó el niño haciendo puchero. Ambos jóvenes rieron ante tal declaración.
- Está bien. - Dijo ella, abriendo la lata. - Pero mañana aprendes a hacer tu cama y ordenar tu cuarto. -
- ¡Sí! - Gritó feliz, colocando la pajilla para beber de bebida favorita.
- Ahora, tú vienes conmigo. - Dijo Wolf, tomándola de la mano para llevarla donde el resto de la gente.
- Nos vamos a matar allí. -
- Entonces muramos juntos. -
- ¡Nada de besos! - Gritó Lowell desde la mesa.
- ¡Yo soy el adulto aquí! -
- ¡Y yo el niño, no debería de saber esas cosas! -
- ¡Oh, cállate! -
El niño sólo rio al verlos desaparecer.
Fin Flashback
Lowell despertó de golpe, escupiendo para luego toser.
- ¿Quién se duerme bebiendo algo sin alcohol? - Preguntó Richard.
- Quizás quien tiene un agradable recuerdo de un feliz hogar. - Contestó el chico, limpiándose.
- Es probable. - Colocó sus manos tras la nuca. - Es genial tener buenos recuerdos de una bebida que sólo venden en los bares. -
El chico pensó serio un momento antes de voltearlo a ver muy sonriente.
- Quizás vivía bajo la mesa de uno. -
El lobo lo miró y le puso toda la mano en la cara.
- No seas tonto. -
- Eso es inevitable para mí. -
- Ten tus juegos. - Dijo Lowell cuando Connor iba a tocar la puerta.
- Uh... Gracias. - Dijo con sueño, rascándose un ojo mientras tocaba. - Cuídate. -
- Y tú lárgate a dormir. - Dijo volteándole para irse, despidiéndose con la mano.
- Adiós. -
Lowell salió de la propiedad, acercándose al mayor.
- Puede irse si quiere, mi casa no queda lejos, pero la de usted debe de estarlo. Mejor vuelva o llegará más tarde. -
El mayor sonrió tenuemente.
- Tranquilo, no creo que me haga problema por eso. - Comenzó a caminar.
Lowell suspiró apretando su pecho antes de soltar una gran sonrisa. Corrió para acercarse, colocó sus manos tras su nuca.
- En ese caso, es un alivio. -
Richard lo volteó a ver un momento para igual sonreír, aunque no una gran sonrisa como la del chico.
- Eres muy confiado para ir así de tranquilo. -
- La vida me ha enseñado a no ser un viejo gruñón y es mejor vivir la vida con la paz propia. -
- Eres aún un niño como para saber lo que te enseña realmente la vida. - Volteó a verlo con ojos enojados y una vena palpitante. - ¡¿A quién llamas viejo?! -
- Pues a usted no, y tiene un pequeño problema con esa palabra. -
- Déjame. - Bufó.
- No. - Le sacó la lengua.
El mayor miró su reloj, viendo que ya era de madrugada.
- Es realmente muy tarde, me imagino que te van a regañar en casa. -
- No creo, tía Vivian se preocuparía más que nada. - Richard se detuvo. - Y señor Peppy no mucho. - Se dio cuenta de algo. - ¿Hmm? - Volteó hacia el mayor, notando que estaba con la cabeza gacha y las manos en los bolsillos. - ¿Qué sucede? - El hombre comenzó a caminar.
- Nada. - Dijo apagado pasando a su lado. - Vamos. -
- Perdón. - Soltó Lowell al acercarse.
- No te disculpes por cosas que ni sabes y tampoco son tu culpa. - Regañó revolviéndole el cabello. Ambos sonrieron para seguir un tranquilo camino hasta su destino.
- ¿A dónde va? - Preguntó Lowell al ver que pensaba cruzar la calle.
- Imagino que te regañarán más si llegas con un extraño que sólo. - Volteándolo a mirar.
- Para mí no es un extraño. -
- Pues debería, apenas y sabes mi nombre. -
- Con menos de eso me basta para conocer a alguien. -
- Sí que eres único. - Se acercó y le revolvió el cabello.
- ¿Por qué a todos le da con tocar mi cabeza? -
- Porque eres bajito. -
- ¡¿A quién llama pulga mal desarrollada?! - Exclamó agitando los brazos.
- Y dices que yo tengo un problema. - Lo miró arqueando una ceja.
- Hice una imitación suya. - Le sacó la lengua.
Richard entrecerró los ojos, golpeándole la frente con su dedo. Lowell se cubrió, haciendo puchero.
- Nos vemos. - Dijo cruzando.
- Cuídese. -
- Y tú duérmete. -
- ¡Hey! - Exclamó al darse cuenta. Entró por la reja para tocar la puerta, la cual en menos de dos segundos se abrió.
Richard se había colocado en la acera de enfrente a mirar. Vio como una coneja salía de inmediato a abrazarlo y regañarlo, también a un conejo que sólo se reía de como el niño ignoraba todo con una gran sonrisa mientras se rascaba la nuca. Pensaba en marcharse cuando comenzaron a entrar pero en último momento vio al niño despidiéndose de él con la mano sacudiéndose en alto. Con una sonrisa algo forzada le correspondió de igual forma, aunque dudaba que lo viera bien por la oscura calle.
Cuando la puerta se cerró dejó soltar un pesado suspiro antes de sentarse en la acera. Sacó su cajetilla junto a su celular. Mientras escribía un mensaje, trataba con la otra mano encender el cigarro. Se recostó un momento antes de guardarse móvil y comenzar a consumir su cigarrillo con tranquilidad.
Disimulando muy bien, notó que el chico lo miraba desde una ventana un tiempo corto para después apagarse todas las luces de la casa.
Al pasar los minutos, un taxi se detuvo justo al lado suyo. Con pereza se levantó para entrar en los asientos traseros. El vehículo arrancó, creando una leve vibración en todo el auto, la cual Richard aprovechó dejando su cabeza contra la ventana para cerrar un momento los ojos.
Tan rápido como entró, se dirigió al "cuarto de estudio" o así le dijo Peppy cuando el niño iba a ir a la escuela, la cual consistía de un sofá, una gran estantería con libros y una computadora en el escritorio. Casi lanzando la mochila al sofá, se sentó en la silla, sacando un cable de un cajón y desconectando la punta de una patilla de sus gafas para conectarla a la computadora.
- Lowell, ¿no tienes hambre? - Preguntó Vivian, asomándose por la puerta.
- Algo, en seguida voy. - Dijo apenas mirando. La mujer se fue y Lowell se relajó, presionó algo y una descarga comenzó. - Mejor llevar las cosas lentamente. - Pensó en voz alta, sacándose la chaqueta por arriba, aunque tenía cierre. - Si se parece tanto a mi tío pero con los tonos de mi papá tendría que ser un familiar directo, pero se ve muy joven pero le dicen viejo, no entiendo. - Sintió un pequeño ruido. Aprovechando que estaba de cabeza miró el suelo, encontrando un pequeño papel doblado. Se agachó para abrirlo. Al leer un momento notó que era un teléfono y dirección. - "¿De quién?" - Pensó un momento antes de correr escaleras arriba hacia su cuarto. Sin prender la luz, fue hacia un cajón sacando un medallón, intento abrirlo pero no lo lograba.
- ¡Lowell! - Llamaron desde abajo.
- ¡Un segundo! - De inmediato guardó el artefacto en su bolsillo para bajar rápido hacia la cocina y sentarse a comer de una manera voraz.
- Debiste pasar hambre. - Comentó la mujer sentada frente al niño, al ver como éste comía.
- No le favorece mucho el hecho de tener un apetito aún más grande. - Agregó Peppy, tomando un té contra la cocina. Sería absurdo tomar café antes de dormir.
- Comí un poco antes. - Dijo Lowell apenas con tanta comida.
- No hables con la boca llena. - Regañó Vivian levantándose.
- Perdón. -
- ¿Qué te dije? - Dijo dándole un pequeño golpe en la cabeza.
- ¡Uhm! - Se quejó tragando.
- Buenas noches. - Dijo ella dándole un beso a Lowell en la cabeza.
- Que descanse. -
Le dio un beso a Peppy.
- Te espero en el cuarto. - Dijo antes de irse. Peppy se quedó mirando hacia la puerta, cuando volteó a Lowell quien lo miraba con los ojos entrecerrados. El conejo se sonrojó furiosamente.
- ¡No es para eso! - Exclamó avergonzado.
- Yo no dije nada. - Se burló bebiendo un pico de soda.
Peppy se puso más rojo, bebiendo rápido.
- Duerme temprano. - Dijo rápidamente para salir.
El chico sólo rio antes de terminar.
Se fue al cuarto de estudio y al ver la descarga, apagó la computadora y desconectó las gafas para dirigirse a la ventana, corriendo la cortina para ver hacia afuera. Vio a Richard tirado fumando en la acera. Por la luz que desprendía, notaba su rostro triste.
Sin comprender, cerró las persianas, apagando la luz al salir. Subió las escaleras y al entrar en su cuarto apenas se molestó en cerrar la puerta. Con pereza se colocaba el pijama. Se sentó en la cama, entre las sabanas, se colocó las gafas, entendió la linterna que traía ella y tomó el medallón. Haciendo memoria, se mordió el pulgar con fuerza logrando con sus colmillos sacar algo de sangre. Pasó su dedo sobre ello, abriéndose de inmediato. Presionó algo en una de las patas de las gafas, colocando en un lente le foto que había tomado de Richard cuando este miraba por la ventana del vagón. Miró una foto dentro del medallón, viendo dónde exactamente en un recuerdo pasado su padre le indicó.
Con rabia y pena, se quitó las gafas para cubrirse los ojos, dejando caer lo demás de la cama. Se cubría con una mano mientras la otra lo sostenía. Las lágrimas comenzaron a correr por sus mejillas mientras temblaba. Apretaba los dientes con fuerza y no aguantó, se dio vuelta, cubriéndose por completo. Abrazó la almohada con fuerza, enterrando su frente allí.
- Perdón... - Susurraba con la voz cortada. - No quería... Lo lamento... -
Un vehículo se estacionó frente a una gran casa. El conductor volteó hacia los asientos traseros.
- ¡Hey, anciano! - Exclamó, al lobo le comenzó a palpitar una vena en la cabeza. - Ya llegamos. -
- No le gritó nomas porque aún no me cobra... - Se quejó entre dientes, abriendo apenas los ojos.
Salió del vehículo y le pagó al hombre, el cual contento se largó. Richard soltó un pesado suspiro antes voltear a su casa. Colocó su mano en la reja que separaba la propiedad de la acera.
- Hogar dulce hogar... - Murmuró abriendo la cerca.
El césped se encontraba largo y por el clima, gran parte seco. En la gran casa ninguna luz se lograba ver encendida. Frente a la puerta, con una tranquilidad buscó sus llaves abrió la puerta, rechinó un poco. Entró y cerró tras de sí.
- ¡Llegué! - Exclamó con todo el aire que pudo inspirar. Se quitó el saco y los guantes y los lanzó al suelo. Pasó sus manos por el rostro, suspirando con pesadez, de camino peinándose un poco. - No vas a creer a quien me encontré en el bar hoy. - Decía caminado hacia la cocina para preparase algo. - A un pequeño niño llamado Lowell O'Donnell, ¿curioso, no? - Tomó la taza de té y dio un sorbo, mostrando una cara de asco al tiempo que sacaba la lengua. - Asqueroso, perfecto. - Caminó fuera de la cocina hacia la sala, sentándose en un viejo sofá, bebiendo otro sorbo para poner la misma cara de desagrado. Tomó un cuadro de la mesa de centro. - Es un chico muy agradable, sonríe mucho y piensa mucho. De seguro te encantará conocerlo, conociéndote te aguantarías muchísimo para no correr a abrazarlo. - Dio otro sorbo. - Así no voy a terminar nunca. - Tomó bien la taza y bebió todo al seco para poner una cara aún peor que las anteriores. - Lo vale para no tener resaca... - Susurró apenas. Dejó el cuadro en la mesa antes de comenzar a sacarse el suéter. Volvió suspirar por enésima vez en la noche. Miró hacia un cuadro en la pared un momento antes de voltear bruscamente hacia delante. - Lowell... - Bajo la cabeza, cubriéndose los ojos con las manos apretó los dientes con demasiada fuerza. - Lowell... Lowell... murió, Helen... nuestro hijo falleció... - Las lágrimas lo traicionaron, corriendo por sus mejillas. - ¡Maldita sea, Lowell! ¡No pude ni disculparme siquiera! - Exclamó con rabia, pero no por eso, sino consigo mismo, se sentía una basura total. - Lo voy a cuidar, voy a cuidar a Lowell por no haberlo he yo contigo. Cuidaré de tu hijo, mi nieto va a vivir una vida. - Se juró limpiándose el rostro. Apagó las luces y se recostó en el sofá, tomando la almohada y la sabana sobre él. Miró hacia la foto de su mujer. No dejó de mirarla aunque le pesaban los párpados, después de un par de parpadeos su cuerpo cedió y comenzó a dormirse.
- Helen... - Murmuró antes de caer en una sumida oscuridad.
Y, hasta aquí. Según el contador de palabras es largo pero traté de quitar un poco la descripción para que se quite lo pesado. Para el nuevo oc que si se va mantener, el cual es Richard, tengo un dibujo de hace años de él (lo cual prácticamente es igual a Wolf xD) no sé si lo pueda mostrar ya que la hoja no cabe en mi escaner x0x pero bueno.
Muchas gracias a los reviews de Viry Villa 3 , FireFox9765 y foxbellikostar and krystal O. Sinceramente me ayuda mucho ese apoyo de su parte. Un Sin fin de gracias a todos.
Me dio con dejar bonus para este capítulo, es corto pero creo que se da algo a entender. Esta idea de dejarlo al final y que sea algo aparte es un tipo "tributo" a una autora que hacía esto y fue la que más me inspiró para esta historia con la suya. Así que aquí va.
Les dese buenas noches (ahora es de noche).
Ray Out
Bonus
Por un oscuro callejón caminaba un hombre bien vestido, camisa, pantalón y saco. Se dirigía hacia al fondo, donde se encontraba unas cajas de basura. Entre ellas se encontraba un joven tirado quejándose un poco al moverse.
- Cuando vea a ese maldito, juro que le daré la paliza de su vida. - Bufó sobándose la cabeza. El mayor se paró frente a él. - ¿Qué tanto mira? -
- ¿Quién te hizo esto? - Preguntó de pronto.
- ¿Y a usted qué le importa? -
- Creo que no me expliqué bien. - Dijo con tranquilidad, agachándose a su altura. - No necesito que me digas, sólo debo ver algo. -
- ¿A qué se refie...? - Se detuvo al ver una luz roja apareciendo y a la vez aumentando de tamaño. Los ojos del chico se abrieron lo más que pudieron, intentó alejarse aunque de pasó caía la basura a su alrededor. - ¡Basta! -
