Kagome no poda estar más felíz y no poda haber sido más bendecida, definitivamente estaba en su destino el haber perdido su hechizo para ocultar su verdadero ser, si no como hubiera podido conocer más a fondo a su querido Sesshoumaru?. Quién se iba a imaginar que las cosas terminarían así verdad?, y al observarlos a todos una vez más una idea se le vino a la cabeza, si no se equivocaba todavía quedaba una foto en su cámara.

"Jaken", llamo al pequeño renacuajo quien prácticamente voló hacia su señora, "hai hai Kagome sama digame", le dijo con una reverencia haciendo reír a la tenshi, no estaba acostumbrada a semejante cosa, "por favor busca en mi mochila un pequeño aparato negro y cuando lo tengas parate al frente de la cama".

El taiyoukai levantó una ceja observando sospechosamente a la luz de sus ojos, "Kagome", le dijo en un tono de advertecia y la muchacha simplemente le sonrió mostrándole todos sus dientes, una sonrisa pícara propia de la niña que se encontraba jugando con sus cachorros a su lado.

"Ustedes acérquense", les dijo a los demás quienes se acomodaron alrededor como pudieron.

"Kagome que demonios te traes entre manos", preguntó Inuyasha, el había visto ese aparatito endemoniado muchas veces y si estaba en lo cierto pronto tendrían un retrato prácticamente hablado de todos ellos, "listo Kagome sama, ahora que?", sorprendentemente el gami había logrado posicionar la cámara correctamente, pero todos fueron interrumpidos por cinco youkai entrando a toda velocidad a la cámara real.

"Kagome sama Kagome sama esta viva", gritaban los gemelos guardias de la puerta mientras tres hermosas youkais corrían trepándose a la cama, abrazando a Rin, eran las hijas de Jyoura.

"Rin chan, Kagome chan, las extrañamos mucho", dijeron las tres a la vez, y Kagome que estaba dando instrucciones al gami silenciosamente esperó a que los gemelos se aproximaran con el permiso de su señor, quien no pudo evitar pensar en que jamás en su vida hubiera creído posible ver a tantas personas y youkai reunidas en su dormitorio.

"Oigan pueden voltear un segundo a ver a Jaken, parece que le pasa algo", en ese instante todos voltearon a ver al gami y en menos de dos segundos una extraña luz salió del aparato, dejando a su paso un extraño pergamino cuadrado, y Kagome en menos de un parpadeo dejó a sus pequeños bien seguros en la cama observando el papel.

"Salió muy bonita, aunque todos tienen expresiones graciosas", nadie más que Sesshoumaru e Inuyasha entendían lo que estaba diciendo, así que todos comenzaron a acercarse para observar el misterioso papel, pero la tenshi desplegó sus grandes alas, "si la quieren ver atrapenme", dijo sacándo la lengua, mientras salía a toda velocidad del dormitorio con un ejército detrás de ella.

Sesshoumaru ahora parcialmente solo en su dormitorio, no pudo evitar que una hermosa sonrisa apareciera en sus labios, sus dos pequeños hijos dormían tranquilos a su lado, su mujer estaba viva, además simplemente no podía creer lo que su tenshi logaba con las personas, tenía corriendo detrás de ella a su pequeña hija humana, a las tres pequeñas pero respetables hijas del youkai de las sombras, a dos de los más temidos y poderosos youkai de todo Japón, un monje budista, una exterminadora, a un muy poderoso hanyou que vale la pena decir era miembro del clan de los inus, a dos de sus mejores soldados, y ahora a él, el gran y letal youkai del oeste, el temido Sesshoumaru la perfección para matar, jamás había sido tan felíz en sus largos años de existencia.

.

Quinientos años en el futuro, aquel colosal palacio seguía en pie ahora remodelado como una inmensa mansión y en el gran comedor se encontraban almorzando el gran taiyoukai del oeste para el cual los años no habían pasado ya que seguía exactamente igual, la hermosa tenshi la cual estaba en las mismas condiciones de su esposo, su hijo mayor Inu-Taisho, quien haba resultado ser la viva imagen de su abuelo, sentado con su mujer, una hermosa neko youkai y su hija, a la que le puso Rin en memoria de su hermana humana.

En frente estaba su hermana Ai, quien resultó ser igual de bella que su madre, sentada junto con su esposo, un ookami youkai y su hijo al que le puso Miroku en memoria de aquel monje que se convirtió en uno de sus mejores tios.

"Oka san, después de tantos años no puedo dejar de ver ese cuadro, me causa tanta gracia", dijo la hija de la tenshi refiriéndose al gran cuadro que se encontraba frente a ellos.

Kagome sonrió observando aquel cuadro mientras se paraba con ayuda de su esposo, ya que nuevamente estaba esperando cachorros después de tanto tiempo, observando el taiyoukai y su mujer aquel hermoso retrato, mientras abrazaba a su mujer y le daba un beso en la frente, "verdad que si?", respondió Kagome, como olvidar ese día.

En la foto ella se encontraba sentada acurrucada en su taiyoukai como siempre con esa expresión ilegible en el rostro con la pequeña Rin abrazada a su lado izquierdo sonriendo esa gran sonrisa mostrando todos sus dientes, sus dos pequeños hijos en el regazo de su tenshi, mientras que parado a su lado cruzando los brazos y con una expresión testaruda se encontraba su hermano menor, y al lado de su tenshi la exterminadora arrodillada en la orilla de la cama con una expresión de estar diciéndole unas cuantas verdades al monje que se encontraba parado a su lado sonriendo de manera pervertida cogiendo con su mano derecha una marca roja de tamaño regular en su mejilla.

Tres pequeñas youkais repartidas en la cama, prácticamente posando para la foto, su padre parado al lado del monje con su inseparable báculo y arrodillado delante de él Kyoura increíblemente sacando la lengua, al gami que tomaba la foto, mientras que finalmente al otro lado se encontraban arrodillados los dos gemelos miembros de su ejército, sus mejores guardias abrazándose.

A decir verdad todos habían salido con sus expresiones características, "una hermosa pintura en realidad", murmuró el taiyoukai del oeste besando a su hermosa tenshi, y todo gracias a las alas de un ángel que se desplegaron para ir a toda velocidad a curar a su pequeña muoume hace ya tantos años.

Sus pensamientos fueron interrumpidos por el ligero grito de su tenshi, "Mi señor, …", el taiyoukai parecía estar alarmado, "se me rompió la fuente".

Sin pensarlo dos veces el inuyoukai cargó a su mujer corriendo a toda velocidad hacia uno de sus autos para llevarla al hospital con sus dos hijos detrás de él, pasando por el lado de un inuhanyou y dos taiyoukais que venían trayendo bandejas de comida.

"Aquí vamos de nuevo", murmuró Jyoura sonriendo mientras los tres iban a sus respectivos vehículos rumbo al hospital.

Fin