I'M BACK AGAIN BITCHESSSSS! YEAH! Pues déjenme decir que he roto el hiatus por ahora. CONTINUARÉ EL FIC YAY! Mi salud está muy bien, gracias por preguntar, salí de todo peligro y he encontrado tiempo para escribir.

Sé que mi modo de escribir ha cambiado bastante (aunque no sé si para bien) y pues si quieren criticarme aquí me tienen.

Me he demorado muuucho esta vez porque estaba muy entretenida con mi libro (si alguna vez en un libro llamado Ardtiarna en las estanterías dentro de muchísimos años, esa soy yo) y me olvidé por completo de Harry Potter. Pero empecé a leer fics y pues... nació de nuevo el amor! Me siento muy triste, hay fics tan trágicos y malísimos (como el mío, aunque no es trágico), así que quise aportar mi granito de arena. De verdad gente, necesitan empezar a escribir cosas más alegres.

En fin... quiero dejar clara una cosa: yo no soy la Lily de este capítulo. Hice una mezcla de varios personajes de Harry Potter y luego le bajé un poquito la autoestima, pero no a niveles extremos (yo soy un caso aparte) porque me pareció una buena forma de unirla con su familia. Así que no piensen estupideces.

Qué más... Ah, sí... LES HICE 40 PÁGINAS DE WORD, CONTÉNTENSE CON ESO! Mentiras, apenas tenga tiempo volveré a escribir.

Sin más, disfruten y nos vemos más abajo. Hay unas cosas que explicar.

Dejen de prestarme atención y lean, vagos, LEAN!


Lily cerró fuertemente la puerta del ático, y el estrépito que formó al tropezar con las cajas amontonadas por toda la estancia debió haberse escuchado hasta en Hogwarts.

De pronto, tropezó con una caja más grande de lo normal y cayó al piso de madera. No se molestó en levantarse. Su cabello pelirrojo se llenó de polvo y el llanto amainó hasta que recordó lo que le hizo a sus hermanos y rompió en lágrimas otra vez.

—No, James, Al, perdónenme. —sollozó, como si ellos estuviesen allí para escucharla. —¡Perdónenme! —gritó, golpeando el piso con el puño.

Pero aunque quería el perdón de sus hermanos y los amaba, tenía rabia. Rabia contenida durante trece años de vida en los que jamás pudo compartir su sentir con alguien diferente a su adorada madre.

Trece años llenos de soledad, sin vida propia.

Trece años siendo simplemente la hija de Harry Potter.

—¿Por qué tuvo que ser así? ¿Por qué tuviste que matar a Voldemort? —gimió, revolcándose en el suelo.

En esos momentos, lo único que conseguía devolverle el ánimo era hacer pociones.

Pociones de todo tipo, desde filtros amorosos hasta amargos venenos.

Porque con las pociones ella mandaba. Ella era la reina que decidía qué echar o qué no, qué hacer o qué no, cómo mover la cuchara o no. Nadie podía decirle que lo que hacía estaba mal porque eran sus pociones y ella decidía cómo hacerlas.

Pero sus hermanos lo habían conseguido con sus reproches. Habían conseguido mancillar el arte que tanto amaba.

Ella era diferente de su abuela, Lily Evans, quien simplemente había nacido con talento para aquella asignatura y a la que nunca había prestado especial atención. Todos decían que Lily Evans fue siempre excelente en pociones, pero la pregunta clave era, ¿ella quería serlo o no?

En cambio, la virtud de Lily Luna residía en su arduo trabajo, en las horas y horas que permanecía en la Sala de Menesteres, practicando y practicando, sólo para poder ser buena —más bien, la mejor— en algo. Porque no quería ser una inútil.

Y al darse cuenta del vil acto contra sus hermanos, su arrepentimiento se vio opacado por una furia inconmensurable. Se levantó del suelo con una mueca y un nudo en la garganta, indispuesta a seguir perdiendo su dignidad de tal manera. Como una real Gryffindor, se arregló la chamuscada y raída falda y se irguió en toda su pequeña estatura mientras contemplaba el ático hecho un desastre.

Y decidió limpiarlo, no precisamente de la forma mágica.

Rodó cajas, amontonó basura, e incluso se tomó la libertad de empezar a botar cosas que sabía no servirían para nada en la posteridad.

Estaba sudorosa, llena de polvo y al parecer con algún tipo de alergia, pero no le importó.

No quería salir al mundo. No quería abrir los ojos ante su error en aquellos momentos porque, aún llena de rabia, sabía que lo que haría sería empeorar las cosas.

Nadie subió para molestarla.

Todos los que se jactaban de conocerla sabían que era mejor dejarla sola. Porque no se atrevían a hacer frente a su ira. Nadie, excepto su madre.

Lily se sentó sobre una caja llena de chivatoscopios de oro y se secó las lágrimas. Estornudó no una, sino tres veces y sonrió irónicamente, recordando una vieja costumbre muggle de la cual su tía Hermione aún no se deshacía.

Primer estornudo: Salud.

Segundo estornudo: Dinero.

Tercer estornudo: Amor.

Puede que hubiera estornudado tres veces, pero el amor no era precisamente algo destinado para ella. No con esa familia que se gastaba, por lo menos.

Nunca había tenido novio. Los pocos chicos que la habían invitado a pasar la tarde en Hogsmeade terminaban siempre haciéndole un interrogatorio sobre cómo era su padre y jamás se interesaban por lo que en realidad le sucediera a ella.

El único chico que le interesaba, y del que había estado enamorada desde el primer momento en que lo vio, no parecía saber que existía. De cuarto año, Slevin Kelevra, un Slytherin que, según él mismo, le habría encantado ir a Hufflepuff, de lo más amigable y primo materno de Scorpius Malfoy, no se percataba aún de que Lily Potter estaba profundamente enamorada de él. Quizás porque era buena disimulándolo, la verdad.

Miró en derredor suyo y a pesar de su malhumor se sintió orgullosa del trabajo realizado.

Las cajas con cosas valiosas estaban a la izquierda, la basura y los papeles viejos se encontraban a la derecha y los cuadros, fotos y pósters en el medio.

Un camino limpio de polvo conducía a la puerta del gran ático, de cuyo techo pendían telas de arañas y alguno que otro refugio para algún bicho.

Las vigas de la casa se encontraban en perfecto estado aún a pesar de su antigüedad.

Pero a Lily ya no le gustaba esa casa.

No le gustaba despertar todos los días con los ronquidos de su hermano, sobre el fétido piso, no le gustaban las cortinas oscuras ni la madera húmeda, tampoco las quejas de Kreacher o la oscuridad que había empezado a reinar en su vida.

Quería encerrarse sola en el aula de pociones (aquella mazmorra nueva sólo para los alumnos de séptimo, cuya locación se hallaba fuera de conocimiento de Albus Severus Potter) y preparar esos filtros amorosos que sabía tanto le llamaban la atención a sus compañeras de habitación.

Era experta en hacer filtros amorosos. Los vendía, incluso. Las chicas de todo Hogwarts, cada vez que se veían en un serio aprieto interpersonal, acudían a la hija de Harry Potter para salir del atolladero. A la hija de Harry Potter. Ni siquiera sabían el nombre de la jovencita que les vendía la mercancía.

A Lily todo le parecía absurdo. Los filtros de amor eran para las personas que no se querían y que no se creían merecedoras del amor de alguien más. Por esa razón, ella siempre había esperado y esperado que algún chico, sobretodo Slevin, se le acercara por voluntad propia, pero jamás había sucedido. Nunca, nadie, le había dicho "Qué linda estás hoy, Lily" y, si se lo habían dicho, luego habían demostrado perfectamente que todo fue una mentira. Muchas veces Lily pensó en darle Amortentia a Slevin Kelevra, pero siempre terminaba decidiéndose por no caer tan bajo: si el chico de sus sueños iba a mirarla, que lo hiciera por cuenta propia. Después de todo, las que se rebajaban a las Pociones de Amor no eran más que chicas oportunistas y perezosas. "No hay ninguna mujer fea en el mundo, sólo mujeres perezosas", recordó otro dicho muggle.

Se tumbó sobre la caja de chivatoscopios y cerró los ojos en un fatuo intento por dormir. Apretó los ojos, la boca, la nariz, pero no pudo dormirse. En vez de eso, empezó a estornudar fuertemente.

Unos suaves y pausados golpes a la puerta la sobresaltaron y ella vaciló al momento de abrir la puerta. En vez de eso, se pegó a la fría madera y constriñó la expresión para no volver a estornudar.

—Si son ustedes, idiotas, váyanse. Si eres tú, papá, no quiero hablar con nadie. Y si es cualquier otra persona, lárgate ya, porque no vas a disfrutar estando en mi compañía —su voz era ronca y entrecortada.

En vez de oír los pasos alejándose por las escaleras, Lily volvió a sentir los suaves toques en la puerta.

Nadie dijo nada. Lily se quedó callada.

Al fin, ella decidió abrir la puerta para así poder, al menos, gritarle en la cara a aquel que la estuviera jodiendo.

Cuál no fuera su sorpresa al encontrarse cara a cara con un hombre de nariz aguileña y largo cabello negro, lacio y grasiento, de tez cetrina y aspecto severo.

Arqueó una ceja y se apoyó en la puerta para infundirle miedo al desconocido.

—Lo siento, mucho, señor, pero honestamente dudo que pueda usted disfrutar de mi compañía en estos momentos… —le dijo, procurando ser cordial.

—Te pareces tanto a tu abuela… no quería creerlo, pero cuando te vi correr me acordé de ella. —susurró el hombre, y sus tristes ojos negros le transmitieron una pena a Lily que ésta sólo pudo interpretar como un sentimiento parecido al suyo.

—¿Conoció a mi abuela? —preguntó, abriendo la puerta para dejarlo pasar.

Él entro y su larga y oscura túnica ondeó, levantando polvo a su paso. Lily estornudó tres veces y él sacó de su abrigo un frasquito de cristal.

¿Por qué estoy ayudando a la hija de Potter? ¿Será quizás porque no es tan arrogante como él, porque se ve solitaria, o por mi propio egoísmo al ver a Lily en ella?, se preguntó Severus Snape.

—Para tu alergia. —contempló la raída ropa de la chica e ignoró la pregunta de ella. Se sentó muy estiradamente sobre una caja, con la clara intención de hablar con ella. —Pude notar, niña, que eres excepcionalmente buena fabricando pociones.

—Disculpe, señor, ¿puedo preguntarle quién es? —dijo Lily, sentándose a su vez sobre una caja y bebiendo la asquerosa poción que le había dado. Repentinamente, sus vías nasales se despejaron y su garganta dejó de arder.

—Severus Snape. —y el susodicho no tenía la más puta idea de qué hacía allí hablando con la hija de Potter.

El Trío Dorado observaba impactado lo que se sucedía a su alrededor.

Harry, en especial, estaba atento a todo lo que dijeran sus hijos. Era evidente la culpa que sentían, al haber tratado de tal manera a su hermana durante tantos años, ignorando el dolor que sentía. Por lo que pudo adivinar, su familia estaba desgarrada.

Ron, por otro lado, observaba con algo de incomodidad los llantos de su hija, quien estaba siendo consolada por una muy sorprendida Hermione: en el momento en que Lily había estallado, la pelirroja había salido corriendo a brazos de la castaña sin pensarlo un segundo, buscando cobijo entre sus brazos. Hugo también se había lanzado contra su madre, pero de una manera más disimulada. Ron solo los observaba, extrañado, y atribuyendo la cercanía de sus hijos a Hermione como un producto de su amistad. La palabra le revolvió el estómago.

Porque sí, había notado algo tarde que Hermione era una chica, pero lo había hecho, al fin y al cabo. Sin embargo, esta no parecía tenerle más aprecio del que una hermana sintiera por su hermano. Y eso le llenaba de bilis la garganta. Aunque, también, se daba la ridícula situación en la cual él se negaba a dejar de lado su orgullo como para declarársele. Estaba totalmente convencido de que Hermione le daría las más buenas calabazas.

Dumbledore estaba intentando tener una charla decente con el segundo hijo de Harry, quien no parecía prestarle la mayor atención al estar sumido en la preocupación por su hermanita. ¡Diablos! ¿Qué habían hecho? ¡Él y James la habían cagado por completo! Y lo que les diría su padre cuando despertara…

—Oh, ¿así que ha destruido ocho veces el aula de Pociones? Interesante, Al, interesante… —comentó Dumbledore con una sonrisa enigmática. Al en cualquier otro momento se habría enorgullecido de su hazaña, pero no ahora. Estaba demasiado deprimido.

—Sí, profesor, pero en mi defensa quiero alegar que no ha sido culpa mía… —Sí, la había cagado.

—Metimos la pata, Al. —dijo James, acercándose a su hermano e interrumpiendo su amago de conversación.

—Puedo darme cuenta del motivo de su depresión, jóvenes. —dijo Dumbledore de pronto, haciendo que James pegara un respingo: no estaba acostumbrado a que un hombre desconocido lo sorprendiera así como así. Y eso que era el hijo de Harry Potter.

—¿Ah, sí? ¿Y qué hacemos para quitárnosla de encima? —inquirió, mosqueado. Detestaba ver a su hermanita llorar. Era como si le lanzaran un cruciatus.

—El amor es la magia y el remedio más poderoso que hay, James. Quizás, vuestra forma de demostrarlo no es la correcta o, simplemente, ella no se siente amada. Quizás ambas. —dijo de manera críptica, y Al y James se miraron, pensando que el anciano había perdido la cabeza.

¡Ellos adoraban a su hermana! Le hacían bromas, alejaban a los posibles pretendientes de ella, la sacaban de sus casillas (sobretodo James), le decían que no se metiera en asuntos ajenos para que no saliera mal parada… no le prestaban mucha atención…

Sí, la habían metido bien profunda.

Ambos hermanos se miraron con desesperación. ¡Lily jamás los perdonaría! O peor, ¡su padre jamás los perdonaría! Y es que si alguien hacía enojar de algún modo a la princesita de Harry James Potter…

—Vamos chicos, estoy seguro de que lo arreglarán todo. —dijo Sirius, en un intento por subirles el ánimo a sus "nietos".

Él también tenía el ánimo alicaído, pero por otras razones. Dumbledore lo había llevado aparte y, para su sorpresa, se metió junto a él en un pensadero. El director no era propicio a desear cambios en el futuro, pero estaba seguro de que la vida inocente de Sirius debía ser salvada. Así que, ante la mirada atónita del animago, lo obligó a ver el recuerdo donde el director se había escabullido intencionalmente dentro de la mente de Harry al notar que el joven parecía desesperado por decirle algo en plena reunión de la Orden. Así que se había sacado el recuerdo, y había llevado a Sirius en él. Estaba sinceramente cansado de que el pobre muchacho, al que tenía en gran estima, hubiera sufrido ya tantas vejaciones. El último de los Black había observado con el corazón haciéndosele pedazos cómo su rima Bellatrix le lanzaba un hechizo aturdidor y lo aventaba dentro del velo de la muerte. No había sido algo muy bonito de ver.

Sin embargo, ya podía estar seguro de que iba a conocer a sus nietos sí o sí. "Me alejo de ese velo como que me llamo Sirius Black", se dijo. No iba a permitir que su ahijado viviera sin su cariño más años.

Habían pasado dos horas desde que Lily había estallado. La Señora Weasley decidió que dejaría los ánimos calmarse antes de revivir a su hijo y yerno. Los dos yacían sobre el sofá, aparentemente inertes, con sus cuerpos laxos. Fred y George estaban monumentalmente callados y de momento no tenían ganas de hacer bromas. La tristeza en el lugar era palpable.

Ginny tenía ganas de salir corriendo a ver a su hija, pero sabía que no sería lo más prudente. Todavía no la conocía muy bien y estaba segura de que la niña preferiría estar con su madre de verdad a estar con una adolescente de su misma edad. No obstante, se había prometido fervientemente que apenas ella saliera haría todo lo posible por hacerla feliz. Sería una excelente madre. De momento, no le interesaba que Harry (el de su tiempo) se interesara en ella (porque el del futuro parecía estar francamente interesado), ya tenía suficiente con vigilar a sus hijos desde lejos y asegurarse de que no hicieran ninguna estupidez. Y ahora, debía añadirle la tristeza de su única hija.

Harry era bastante corto de entendederas en los temas personales. No tenía ni puta idea de qué hacer. No sabía si debía ir con su hija, o si debía regañar a sus hijos. Se sentía enojado, sí, pero no sabía exactamente con quién. ¿Tal vez con él mismo, por ser mal padre, o con sus hijos, por dejar que descuidaran así a su princesa? No lo sabía. Por otra parte, tanto él como Ron se habían reunido para cuchichear y preguntarse el uno al otro con quién se debían haber casado. A Harry la idea de compartir el resto de su vida con Cho Chang de momento no le desagradaba, pero tampoco la esperaba con muchas ansias. Por otra parte, a Ron no se le ocurría nadie. Ni siquiera Hermione. Porque estaba absolutamente convencido de que ella en el futuro estaría viviendo de lo más campante con Viktor Krum y una docena de críos expertos en Quidditch.

Nah, eran unos imbéciles en esas cosas.

Remus y Tonks se acercaron a un cabizbajo Teddy, que estaba siendo consolado por su prometida Victoire.

El muchacho tenía el cabello negro como la noche y se culpaba continuamente de no haber tratado a su hermana de crianza como se lo merecía.

—Vamos cariño, ella nunca dijo nada. Siempre se la veía tan alegre… —dijo Victoire, acariciándole el cabello. Si sus demás primos se enteraran de cómo se sentía Lily, no habrían dudado en abrir la puerta del ático a patadas y llenarla de besos para que se sintiera feliz.

Más de dos docenas de Weasleys, tres Malfoys, cuatro Longbottom, cinco Kelevra, tres Finnigan, tres Zabini, seis Nott, tres Thomas… todos la querían, sin incluir a los Potter. Y a Sirius, que de paso ya se había metido en la categoría de "familia de Lily". Absolutamente todos. Incluido el despistado de Slevin Kelevra, quien pensaba que era demasiado insignificante como para que alguien como la brillante Lily se fijase en él.

—Lo sé, Tory, pero la verdad es que no soporto verla triste. —su cabello se hizo aún más negro.

—Hijo, ¿estás bien? —preguntó Remus y, cuando Teddy alzó la mirada, al licántropo casi le da un paro. Por Merlín, no podía ser, ¡no podía ser!

Tonks lo miró con curiosidad evidente.

—Teddy, ¿por qué tus colmillos están así? —su interés era obvio. El chico ya les había explicado que no había heredado el pequeño problema peludo de su padre, pero al parecer había omitido cierta información.

El pelinegro (de momento) frotó con su lengua sus afilados y largos colmillos, sin darle mayor importancia.

—Ah, no es nada. Normalmente se ponen así cuando estoy experimentando una emoción muy fuerte, de tristeza, estrés, amor o cosas así. No es para nada malo. Puedo controlarlo a voluntad, pero normalmente los dejo del tamaño regular. Como me gusta la carne particularmente cruda, solo los cambio cuando voy a comer. Aunque a Tory le encantan. —añadió, mirándola con una sonrisa triste. La aludida se sonrojó.

—Me hacen cosquillas —murmuró, como toda excusa. Tonks le sonrió a su nuera. Se notaba a leguas que era una chica muy agradable.

—Teddy, sé que no estaremos contigo en un futuro…—comenzó la pelirosa, tanteando el terreno. Tenía que aprovechar que el ambiente estaba triste para hablar de ello. Remus le asintió, y luego continuó él.

—El profesor nos comunicó lo que pasaría en… —tosió—… La Guerra. La verdad, nos arrepentimos mucho. Normalmente él no es de esos que gusten de interferir con el destino, pero aparentemente decidió que no tenías por qué sufrir tanto. Nos explicó y… —el hombre cayó de rodillas frente a su hijo. Tonks le agarró el hombro para aún poder mantenerse en pie. La idea de morir y dejar solo a su hijo los devastaba. —Haremos todo lo posible para cambiar lo que sucedió. Te amamos, y dejarte solo fue una irresponsabilidad de nuestra parte…

—No fue vuestra culpa. —atajó Teddy a su padre, y su cabello negro llameó a rojo. Por un momento, las puntas de su largo cabello, atado en una simple coleta, parecieron alzarse como llamas. Sin duda, algo heredado de su tía Ginny. —Ustedes no tenían idea. Además, lo hicieron para sacrificarse y darme un futuro mejor. Harry siempre me dijo que ustedes dos murieron con una sonrisa en el rostro, como verdaderos héroes.—miró severamente a sus padres. Lo que menos necesitaba era más tristeza. —Así que no me vengan con estas estupideces. Los extrañé, es cierto, pero Harry siempre ha sido un buen padre y aunque aún me niegue a llamarlo papá

Tonks le lanzó un silencius, tan o más exasperada que su hijo.

—No me interesa. Sé que Harry ha hecho un excelente trabajo, pero sin duda tu sufrimiento no es necesario. Perdiste tu inocencia antes de tenerla, no conociste el mayor amor de todos. Y, si hay algo que podamos hacer para evitarlo, lo haremos. —su cabello estaba de un rosa intenso.

Teddy los miró con una sonrisa nostálgica. Allí estaba, frente a él, lo que más amaba en el mundo, después de Victoire: sus padres. Y tenía la oportunidad de tenerlos en un futuro. Sonrió de nuevo. Victoire le apretó la mano para darle todo su apoyo.

Le hizo un gesto a su madre para que le quitara el hechizo de encima, y ella accedió con una sonrisa. De pronto, se volvió hacia Victoire.

—Y entonces, ¿qué planes tienen para la boda? —preguntó, y se alejó con ella para cuchichear entre mujeres sobre si serían mejores vestidos verdes o azul pálidos. Después de todo, tenían que combinar con el cabello pelirrojo de las mujeres Weasley.

—Me siento muy orgulloso de ti, hijo. —dijo Remus. Se sentó a su lado. Ahora que sabía que Teddy no tenía ningún problema que le hiciera la vida imposible, se mostraba mucho más alegre y afable. —Y también de tu prometida. Aunque al parecer no se esmeró mucho en el simulacro… —Teddy soltó una risita nerviosa.

—Supongo que será su vena Ravenclaw. La verdad es que, normalmente, no está acostumbrada a que la apunten de lleno. En los simulacros de Hogwarts siempre formábamos escuadrones para proteger a los expertos en hechizos de sanación… así que ella siempre estaba en la retaguardia, recibiendo estudiantes con el cráneo a medio derretir y esas cosas. Es una excelente sanadora. —sonrió con orgullo, quizás con demasiado.

Remus sonrió ligeramente, pero ciertas palabras llamaron su atención.

—¿Simulacros en Hogwarts? —preguntó, interesado.

—Oh, sí. Harry y Ron son los profesores de séptimo año y aplican un simulacro… eh… —se interrumpió. —Será mejor que les preguntes a ellos. Me gradué y ni así estoy enterado de cómo funciona ese sistema. Creo que ni siquiera ellos mismos lo entienden. —se encogió de hombros y sus colmillos volvieron a su tamaño inicial, para alivio de Remus.

Severus Snape había incurrido en un gran error al pensar que Lily Luna era idéntica a su abuela. De hecho, la chica era más parecida a Ginevra Weasley que a cualquier otra persona. El parecido era escalofriante. Pensó con cierta sorna que Potter debía ser un idiota para no darse cuenta de con quién se había casado porque era obvio que si lo supiera, no estaría en buenas condiciones con su amigo Weasley. Era como sumar dos más dos.

Apreció, no obstante, que la muchacha era excelente en su área. Aunque era frío con ella, ambos habían logrado entablar una conversación medianamente civilizada y ella le había explicado el porqué de su talento.

—No soy buena para nada más que Pociones, excepto quizás Herbología… el tío Neville siempre me elogia por mis buenas calificaciones, pero yo no le hago caso porque como casi es de la familia pienso que lo hace para subirme el ánimo. No soy buena en nada más. Quizás un poco en Runas… pero la verdad es que a duras penas y sé hacer un buen Expelliarmus. Mis hermanos aprendieron a hacer el Encantamiento Patronus en su segundo año, y yo apenas y logro sacar de varita un humo plateado… —Snape arqueó disimuladamente una ceja ante la información, aunque no le sorprendió mucho. Si algo tenía que admitir en contra de su voluntad, es que Potter era bueno con los Patronus, y la DCAO en general.

Siguió escuchando la perorata de Lily. Por alguna razón, la niña le inspiraba cierto cariño filial que aún no lograba comprender.

—Además, sé que mis primas no quieren estar conmigo porque me quieran, sino porque les gusta la atención que despierto… cómo me gustaría poder ser alguien normal. Tal vez así mi vida sería más fácil. —No mencionó nada sobre Slevin. Era demasiado vergonzoso como para contarlo.

—¿A unas Weasley, te refieres? —apuntó, a modo de pregunta. No le caían bien los Weasley, pero si algo sabía era que acogían a todo el mundo con los brazos abiertos.

Ella no se sorprendió ante la rápida deducción del hombre. De hecho, pensaba que a esas alturas todo el mundo sabía quién era su madre. Todos, claro, excepto su padre, su tío Ron y sus demás tíos. Eran demasiado despistados.

—¡No, qué va! —dijo Lily, haciendo un gesto con su mano. —Todas nosotras somos muy unidas a pesar de la diferencia de edad. Me refiero a mis primas nacidas muggle, las sobrinas-nietas de mi abuela Lily y las nietas de mi Tía Petunia.

Snape arqueó la otra ceja. Aquello le dio qué pensar. Era bien sabido que Lily había sido una nacida muggle, pero nada quitaba el hecho de que en su familia hubiera existido una larguísima línea de squibs y esta incluyera a la infernal hermana de su amada pelirroja, Petunia.

Permaneció callado durante mucho tiempo, escuchando a la joven hablar y hablar, mientras ella lloraba a mares por ratos y luego apretaba sus puños en claros signos de enojo. Intervino un par de veces para hacerle saber que la escuchaba.

—Estuve a punto de ir a Slytherin, como mi hermano Albus, pero supongo que al final la valentía de nuestra decisión frente al Sombrero terminó por enviarnos a Gryffindor. Aunque he ido a la oficina de la profesora Minnie un par de veces para charlar con él, para preguntarle si de verdad fue una correcta decisión, y siempre termina diciéndome que acabé siendo demasiado Gryffindor como para ir a Slytherin. No me hubiera molestado mucho, la verdad… —añadió en un susurro. —Aunque a la hora del Quidditch es un poco diferente. Todos nos volvemos desagradables los unos con los otros. ¡Si viera ahora a los Hufflepuff!

Soltó una risita y, aunque Snape no cambió su expresión pétrea, supo por un fugaz brillo en sus ojos que lo había divertido, muy, muy en el fondo.

Luego, lo miró más detenidamente y soltó un suspiro interno. Admiraba demasiado a ese hombre, y sabía que su hermano Albus jamás se atrevería a hablar con él porque no le gustaba inmiscuirse en los asuntos ajenos. Era demasiado calmado.

—Usted es Severus Snape, ¿no? —el profesor asintió ligeramente. —Sabrá entonces que mi hermano se llama igual que usted. —Snape oscureció la mirada. ¿Por qué ese imbécil de Potter le habría puesto su nombre a un hijo suyo? Lily, al parecer, entendió su tácita confusión.

—Mi padre sólo me confió esta historia a mí, cuando tenía once años. Estaba muy triste porque creía que jamás iba a encontrar el amor verdadero, ¿sabe? Y entonces papá empezó a hablar de Severus Snape, el hombre más valiente que alguna vez había conocido, y al que más admiraba. —Snape se tensó. Estaba ávido de información (aunque no diera mayores muestras de ello), pero apenas Lily mencionó la palabra amor se puso más rígido que un palo de escoba.

—Me contó que, en su lecho de muerte, usted le confió a mi padre su historia. Él nunca supo por qué, y tampoco intentó buscarle explicación en aquel momento. Me habló de mi abuela Lily, quien cuando pequeña realizaba mucha magia accidental, y que por ello se volvió muy amiga de usted. Cuando entraron a Hogwarts, siguieron siendo amigos hasta el día en que usted la llamó sangre sucia —Snape se tensó aún más. Estaba completamente seguro de que le iba a dar un soponcio. ¿POR QUÉ demonios le había confiado todo eso a Potter? ¿Por qué? —No se preocupe, no se lo reprocho. Si yo también me viera sometida a las travesuras de mi abuelo me amargaría con todo el mundo. Entonces, me habló del momento en que usted se unió a las filas de Voldemort para cuidar de ella: aunque mi abuela estuviese con alguien más, usted seguía amándola. Imploró al Señor Tenebroso por su vida y, de hecho, él la iba a dejar viva de no ser porque ella estaba dispuesta a sacrificarse. Aun así, su amor por ella rebasó tanto los límites, que usted estuvo protegiendo a mi padre desde que lo conoció, solo por respeto y amor a su recuerdo. —las lágrimas desbordaban de la cara de Lily y Snape estaba que reventaba. ¿Qué diablos hacía Potter sabiendo su historia? ¿Se burlaba de él? El muy arrogante…

—Le dije a mi papá que esa era la historia de amor más hermosa que había oído en mi vida, y él estuvo de acuerdo. Me dijo que aunque no me parecía a mi abuela, algún día encontraría alguien tan bueno como mi abuelo, o como usted. A pesar de eso, creo que la idea de que me enamore de alguien no le sienta muy bien que digamos… —rio vacíamente.

—¿Por qué Potter lo sabe? —preguntó Severus, en un hilo de voz. Aún no podía creerlo. Su peor enemigo (después de Potter Número Uno y Black) conocía su peor y más guardado secreto.

Ella le tocó una mano con timidez para indicarle que no había nada de malo en ello.

—Él me dijo que usted quería que lo supiera, cuando estaba muriendo por el veneno de una serpiente. Usted, no él. Creo que aún se arrepiente de no haber podido salvarlo. Y no, nunca ha sacado mal provecho de lo que usted le confió. Mire, ¡si hasta le puso su nombre al que me atrevería decir es su hijo favorito! La única que lo sabe soy yo. La excusa que le dio a Al es que usted es el hombre más valiente que ha conocido, que es un héroe, y que con eso debería bastarle. —sonrió al recordar a su hermano, más pequeño, preguntando a su papá una y otra vez por qué le había puesto un nombre tan feo. —Creo que piensa que fue mejor decírmelo a mí, porque soy una mujer, la verdad no lo sé. Lo que sí sé es que esa historia pasará de generación en generación entre las mujeres Potter y usted se convertirá en leyenda. —agregó, con una amplia sonrisa.

Snape estaba seguro de haber añadido demasiado polvo de cuerno de bicornio en la poción para los nervios que se había tomado esa mañana. Estaba alucinando. Porque todo lo que la niña decía era verdad, y él estaba seguro de que ella no era en absoluto una legeremente como para haberse enterado así de sus más profundos sentimientos.

Pero ella no parecía burlarse, ni juzgarlo. De hecho, lo miraba con profunda admiración. Como si lo venerara. Su cerebro estaba tan confundido que no sabía qué sentimiento experimentar.

—Sabe, creo que usted nunca volvió a casarse porque estaba tan embebido del recuerdo de mi abuela que nunca se tomó el trabajo de conocer otras mujeres. Estoy segura de que, si se empeña, encontrará al verdadero amor de su vida. —enseguida se dio cuenta de lo que había hecho y se corrigió rápidamente. —Pero no por eso deje de proteger a mi padre, sin usted él estaría muerto y yo no habría nacido. Ni yo ni mis hermanos… —agregó.

Snape esbozó una mueca que pretendía ser una sonrisa. Para qué negarlo, la chica no era de su preciso desagrado. Y además, era increíble lo fácil que se había ganado su confianza.

—O tal vez, piense esto: puede vivir un poco más para que así pueda darme clases de Pociones, será muy bueno tenerlo en la escuela… —continuó hablando, obviando la tristeza en los corazones de ambos. La una, porque no sabía qué hacer para disculparse; y el otro, porque no podía dejar ir el recuerdo de su único amor.

Snape ni siquiera se molestó en preguntar: él no iba a tentar el destino. Si tenía que morir, lo haría. La muerte había dejado de asustarle hacía años.

Decidió entonces que le dejaría al menos algo a la niña. Algo que, según él, estaba destruido. Pero hacer unas muchas anotaciones no le tomaría nada de tiempo.

—Te dejaré un libro de Pociones un día de estos, antes de que tú y tu familia partan. —ella hizo una objeción, indicándole que no se preocupara. —Eres muy ingeniosa con las Pociones, pero supongo que mis anotaciones no te harán ningún daño. Hay algunos hechizos que yo mismo he inventado, y no creo que no puedas aprenderlos. Eres nieta de tu abuela y de ese imbécil de Potter, después de todo. —añadió, con otra mueca. Para él era muy difícil sonreír, pero sabía reconocer un buen cerebro cuando lo tenía delante.

Lily se echó a reír. Aún no podía creer que alguien odiara tanto a una persona pero amara tanto a otra.

—Está bien, profesor. —de paso, invocó con su varita su propio libro con anotaciones y se lo mostró. Compartieron escuetas opiniones por parte de él y entusiasmados comentarios por parte de ella, hasta que ella, en medio de la lectura de una nueva forma de preparar la poción multijugos, le preguntó algo a su nuevo amigo.

—Profesor, ¿cómo cree que deba disculparme con mis hermanos?


—¿Qué hicieron qué? ¿Qué ella hizo qué? —gritó Harry, asustando a todo Grimmauld Place. Incluso el retrato de Walburga estaba callado para poder escuchar con más claridad.

Sus dos hijos varones se encogieron en sus asientos, mientras agachaban la mirada. Era verdad que le tenían pánico a su madre, con sus gritos y mal temperamento, pero si había a alguien a quien temieran de verdad ese era su padre, quien aguantaba su ira durante días, meses, semanas… y luego explotaba como un colacuerno húngaro. Y era el que daba los peores castigos cuando se enojaba, lo que no sucedía muy a menudo. Definitivamente la mezcla de Harry y Ginny Potter era altamente explosiva.

—Papá, no culpes a Lily, nosotros…—empezó James, consternado.

—¡Pues claro que no la culpo a ella, James Sirius Potter! —exclamó Harry. La Señora Weasley y Ginny lo miraban ceñudas, al menos esperaban que les dieran la oportunidad a ellas de regañarlos también. Sirius se alegró al oír de nuevo el segundo nombre de su "nieto". —¿Por qué fueron tan descuidados? ¿Y por qué diablos no me dijeron nada? ¿Es que acaso querían que lo adivinara? ¡Apenas veo a vuestra hermana una hora al día cuando estoy en Hogwarts! Y tú, Albus Severus, siempre creí que eras el más cercano a Lily. ¿Cómo pudiste permitir que algo como esto pasara? —apuntó a su otro hijo y de sus ojos verdes parecieron brotar chispas.

Todos estaban escuchando el regaño en silencio, incluidos Sirius y los gemelos, quienes habían tomado nota mental de no hacer enojar a Harry nunca.

Por otro lado, Harry se miraba a sí mismo más que sorprendido. ¿Él era capaz de gritar así? Miró a sus mejores amigos y éstos no se veían para nada impresionados.

—¿Y esa cara por qué? Incluso tengo miedo de mí mismo. —susurró. Ron y Hermione soltaron sendas risitas.

—Harry, cuando te enojas eres igual o peor que él. —rio Hermione.

—Sí, colega, pareciera como si echaras fuego por la boca. —terció Ron. Ron y Hugo, que estaban a su lado, se taparon la boca para no reírse y llamar la atención de Harry, quien en ese momento parecía ser capaz de regañar a cualquiera que lo interrumpiera.

Harry se enfurruñó con sus amigos y prestó más atención a la mirada de terror de sus hijos. Tenía que mejorar su mal genio.

—Y además, ¡la dejaron experimentar con ella misma! ¿Cómo se les ocurre? ¡Podría haber muerto!

—Pero papá, no teníamos idea… —se defendió James.

—¡Cállate, James Sirius! —al parecer Harry tenía una manía de llamar a sus hijos por sus dos nombres cuando estaba enojado. —No me importa nada de lo que digan. Miren que tratar así a su hermana, no consolarla y no estar con ella cuando más los necesitaba en la escuela… —refunfuñó algo entre dientes y luego les dirigió la mirada más tenebrosa que pudo formar. —¡Cincuenta puntos menos para Gryffindor! —gritó, colérico.

Ni Albus ni James replicaron. Tan sólo se encogieron en sus asientos, ante la atónita mirada de los presentes. ¿Acaso Harry era profesor? Scorpius iba a increpar a su futuro tío político, cuando la mano de Rose se cerró en torno a su boca como garras de acero. Ella negó frenéticamente con la cabeza.

"¡Nos bajará más puntos si se lo discutes!", gritó con la mirada. Él captó el mensaje y se estremeció.

Teddy estaba en su salsa. Él era un Hufflepuff, ya graduado, y la verdad no le interesaba qué tantos puntos podía bajarle Harry a Gryffindor. Además, le encantaba ver cómo regañaban a sus hermanos de cuna.

—¡Ustedes dos están…! —empezó a decir Harry, señalando a sus hijos con gesto acusador mientras los aludidos se despedían en silencio de sus vidas. Y todavía no olvidaban que su padre les había dado un mes de castigo. No querían ni imaginar lo que se les venía encima, sin incluir a su madre.

—Perdonados, papá. —canturreó Lily desde el vano de las escaleras. Su nariz estaba roja por la alergia y sus ojos hinchados, prueba de que había llorado, pero por lo demás se notaba muy feliz.

—¿Qué? —gritó todo el mundo, en especial las víctimas.

Harry le frunció el ceño.

—Y tú, señorita, no te salvas… —empezó a apuntarla a ella también, pero Lily continuó fresca como una lechuga.

—Yo tengo la culpa de todo, papá, lo sé. No soy muy comunicativa en estos asuntos con mis hermanos, así que ellos no podían tener ni idea. No es culpa de ellos. Además, era muy arisca como para contárselo a ellos. Y estaba segura que despedazarían a la mitad de Hogwarts si se los decía, de todas maneras. Por otro lado, lo de las Pociones me lo atribuyo todo a mí, aunque tú no tienes muchas excusas para regañarme, ¿no? Tú te has jugado más el pellejo en un año de tu vida que yo en toda la mía. Además, siempre he sabido lo que hago, y Roxie y Leena siempre han estado allí para mí, sin contar a Frank… todos me han ayudado siempre, y les he dado indicaciones de qué hacer en caso de que algo salga mal. Y no puedes culparme, después de todo. Soy una inútil para todo, ni siquiera sé hacer un Patronus decente y estos dos ya lo hicieron en Segundo. Mi Expelliarmus es patético, y ni se diga de mi hechizo mocomurciélago. ¿Ya ves? Soy una inútil. —dijo con evidente tristeza y envidia, lo que le partió el corazón a todo el mundo.

Harry corrió a abrazarla y Harry sintió su estómago revolverse al oír a su hija hablando tan despectivamente de sí misma. Ginny quería estrujar a su hija en un abrazo de oso, pero al parecer su futuro marido le había ganado la pieza.

La Señora Weasley sollozaba sobre un pañuelo, aferrada a sus hijos gemelos, quienes pensaban seriamente en incluir a la pequeña pelirroja en sus planes para hacer bromas. Definitivamente necesitaba que alguien le subiera el ánimo.

Harry consoló a su hija y se alejó de ella cuando sus dos varones se acercaron a la pequeña pelirroja.

De pronto, James la tomó del cuello y empezó a restregarle los nudillos contra la cabeza. Las lágrimas desbordaban de sus ojos.

—¡Enana! ¡¿Pero cómo puedes ser tan tonta?! Nadie lanza mejores pirañas rabiosas que tú. De hecho, nadie lanza pirañas maniáticas además de ti. —Lily rio encantada. James no le estaba haciendo daño, tan sólo gustaba de revolverle el cabello. —Además, siempre nos das ayuda con estas mierdas de los exámenes. Eres una experta en teoría. ¿Por qué nunca me dijiste que estabas tan enojada por no hacer un Patronus? ¡Al y yo te habríamos enseñado enseguida! Todo es cuestión de práctica, y la verdad es que cuando te enfrascas en un tema es muy difícil sacarte de allí… ¡si le prestaras más atención a McGonagall!

—¡Sí le presto atención! —chilló Lily, riendo con su hermano.

La escena era tan tierna que Hermione rompió a llorar junto con Rose. Las dos se abrazaron y Hugo rodó los ojos; parecían sacadas de una película.

Albus empezó a hacerle cosquillas a su hermana en las costillas.

—¡Lily! ¿Por qué nunca nos dijiste nada? ¡Te habríamos ayudado! Por cierto, tu Oppugno es muy bueno, ¡es mejor que el de la tía Hermione, y eso que ella lanza pájaros rabiosos al tío Ron todos los días! —se escuchó el lejano "¡Oye!" de Ron. Aparentemente, el comentario lo había indignado bastante. —Además, tienes muchos amigos y familiares que te queremos. ¡No podría contarlos a todos nunca! Incluso el estirado papá de Scorpius se preocupa por ti, ¿no viste lo bien que te trató las Navidades pasadas? Por otro lado… —comenzó a hacerle más cosquillas y los tres rieron. —¡deberías dejar los libros de lado e intentar practicar los hechizos tú sola! Sí, le prendiste fuego a un montón de cosas en tu primer año, pero eso cambia. ¡Si no, mira al tío Seamus! Y si tanto te desesperaba no saber hacer un Patronus, ¡me hubieras dicho! Tras que soy mejor que James en DCAO… —dejó caer lo último con clara mala intención.

James empezó a darle coscorrones a Albus también.

—¡Yo soy el mejor en DCAO, tonto! —Lily se dispuso a hacerle cosquillas a su hermano mayor.

La señora Weasley estaba abrazada a Ginny mientras esta miraba a sus tres hijos con orgullo. No podía decir que las heridas estuviesen curadas ya, pero por lo menos las habían desinfectado.

Sirius miraba de un lado a otro, sorprendido. Hacía un minuto Harry estaba gritando desaforadamente a sus hijos y ahora veía con una gran sonrisa cómo estos se agredían divertidos entre sí.

—Ya verás Lily, harás el mejor Patronus de todos… —dijo James, Lily rio.

—Y tus hechizos aturdidores te harán la mejor de tu curso. Le patearás el trasero a todos…

—¡Oye! —dijo Hugo.

—Es verdad, Hugo, Lily os pateará el trasero a ti, a Dominique, a Roxie, a…

—Creo que ya entendió, James. —dijo Lily con una sonrisa.

Él empezó a enmarañarle el cabello otra vez. Él y Albus la levantaron en volandas y le empezaron a dar vueltas por toda la habitación, como cuando eran unos niños.

—¡Bájenme! —chillaba, divertida.

Ron se acercó a su cuñado y le palmeó el hombro. Todo estaba volviendo a la aparente normalidad.

—Ya que tú no lo harás, yo sí. Cincuenta puntos para Gryffindor. —dijo, con desgana. —Por Merlín, colega, si te enojas con ellos no tiene por qué sufrirlo toda nuestra Casa… —lo riñó, malhumorado. —Tienes que ponerle más ganas a la educación de Lily, es obvio que la necesita. —se detuvo ante la mirada furibunda de su amigo y se alejó un poco de él. —No porque no la hayas educado bien, sino porque al parecer no te ha prestado mucha atención… —Harry bajó su varita y suspiró.

—Hoy mismo le empiezo a enseñar el Expelliarmus. —dijo, derrotado. Sus hijos eran tan volubles como un pedazo suelto de papel, y tan locos como unas cabras, pero aun así los amaba.

Decir que todos en Grimmauld Place estaban de buenas era un eufemismo. Los profesores se quedaron un par de horas para una merienda rápida hecha por Molly, y para charlar asuntos importantes de la Orden, mientras la tercera generación hacía quién sabe qué cosas.

El Trío Dorado se había integrado un poco más con los visitantes del futuro después de la pública muestra de afecto de los hermanos Potter. Si eso no podía acaramelar a nadie, ¿entonces qué lo haría?

Rose y Hermione hablaban tan entretenidas hablando sobre Una Historia de la Magia que nadie se atrevía a meterse en su conversación. Rose estaba encantada de poder compartir con su madre en su época adolescente, mientras que Hermione, quien no podía evitar amar a Rose por el simple hecho de que fuese hija de Ronald, seguía alimentando la plantita del desamor en su corazón. Sentía cada vez más envidia de la esposa de Ron las veces que Rose la mencionaba como una mujer de lo más guapa e inteligente, una heroína y Premio Anual.

Ginny estaba jugando a los naipes explosivos con sus hermanos y con Scorpius, preguntándose de tanto en tanto adónde se habrían ido sus hijos mayores, ya que desde hacía un buen rato habían desaparecido junto con Hugo.

Harry estaba practicando el Patronus con Lily en la sala de estar, en vista de que la joven no necesitó más que un par de indicaciones acerca de cómo esgrimir su varita para lograr desarmar lo que fuese que tuviera delante.

Llevaban más de una hora intentándolo, pero la chica no daba con un recuerdo especialmente pletórico de felicidad como para emplearlo en su hechizo.

—¡No sé, papá! —se quejó. Sirius los observaba a ambos en silencio, convenciéndose a sí mismo de que viviría para ver crecer a sus nietos y que a todos los llenaría de regalos y sería "El abuelo Sirius". La sola idea lo hacía sonreír como un completo idiota (comentario cortesía de Ron y los gemelos).

—Princesa, sólo tienes que pensar… —dijo Harry por doceava vez. Su hija no era muy paciente.

—¡Ya sé! ¿Qué recuerdos usas tú, papá? ¡Dame un ejemplo! —ante las palabras de Lily, Harry pegó oreja. Quería saber todo lo posible en cuanto a su futuro.

—Eh, pues… no lo sé… —se notaba a leguas que estaba incómodo. —Supongo que el día de mi boda, o cuando nacieron tú y tus hermanos, o cuando Teddy me llamó papá por primera vez… —el último mencionado se sonrojó y se encogió en su sillón, para felicidad de Remus y Tonks, quienes seguían preguntándole (para ser sinceros, interrogándolo) acerca de su vida en Hogwarts. —Cosas felices, ya sabes.

—Ah, entonces que Lily piense en la vez que mi primo Slevin le pidió una tutoría en Pociones. —exclamó Scorpius y Lily se puso tan roja como un tomate. Sus orejas ardían.

¡Pesche! —gritó Lily, y diez pirañas empezaron a nadar frenéticamente sobre ella. Scorpius se puso pálido. — ¡Oppugno! —lo apuntó, y todas se lanzaron sobre Scorpius, quien empezó a correr como un loco para librarse de ellas, para deleite de ambos Ron.

—¡Weasley, ayúdame! —gritó a su novia, quien ni lo miró.

—Te lo mereces, Malfoy, sabes que no le gusta que mencionen a Slevin así… —dijo ella con desdén, y continuó hablando con su madre.

Sirius y los gemelos estaban rodando de la risa por el suelo.

—Harry, ¡tu hija es genial! —gritaron.

El otro los miró con una sonrisa ladina. No tenían que decírselo para que lo supiera.

Los profesores observaron con cierta aprehensión cómo las pirañas perseguían a Scorpius, pero estuvieron de acuerdo en que era un muy buen hechizo.

Molly la miró con ligera desaprobación, pero no dijo nada: le estaba preparando una sabrosa tarta de melaza, para subirle los ánimos.

En ese momento, James, Albus y Hugo entraron a la casa cargando con sus varitas un muy pesado televisor, que a simple vista no les pertenecía.

Harry dejó de mirar a su hija y se cruzó de brazos mientras arqueaba una ceja, en un claro gesto interrogante.

Los tres chicos dejaron caer el televisor y los dos hermanos Potter se empezaron a rascar la nuca con nerviosismo. James se adelantó, ya que Hugo estaba tan intimidado por la mirada de su padre que había decidido mantenerse callado.

—Verás, papá… los vecinos nos prestaron este televisor… —empezó. Albus vio clara su entrada. A pesar de ser buen bromista, su hermano no tenía tino para mentir.

—Lo cogimos prestado. Incluso les dejamos una nota —mentira— de que lo devolveríamos más tarde. Lo que sucede es que Hugo aquí presente —Ron entrecerró sus ojos y el castaño se ocultó detrás de Albus. —captó una brecha de datos con su celular y logramos conectarnos al Wi-Fi de la casa… —Rose, Lily, Tory y Teddy chillaron emocionados. ¡Había Wi-Fi! —Y hoy es el Miami UltraMusic Festival, ya sabes… —se rascó la nuca y James y Hugo asintieron emocionados. —Como no estamos en Hogwarts quisimos aprovechar para verlo, ya sabes… transmisión en vivo. Además, sabes que estas cosas siempre le suben el ánimo a Lily. —añadió, para darle más verosimilitud a su historia.

Ambos padres los miraron con sospecha. Incluso Molly olió el gato encerrado, aunque no tenía idea de qué estaban hablando.

—¿Y cómo se supone que van a ver el concierto con ese televisor? —preguntó Ron, mirando a su hijo como si lo fuera a descuartizar. Que estuvieran en el pasado no quería decir que le hubiera dado derecho a robar en casas ajenas… ¡si Hermione se enterara! ¡Sería su fin!

Hugo saltó a la acción.

—Verás, papá, Albus y yo desmantelaremos los controles del televisor e instalaremos un sistema HDMI para poder conectarlo a mi celular… —a Ron no le interesaba saber ya eso. Su hijo abría la boca y era como si estuviera hablando en un idioma diferente.

—Sí, sí… —agitó una mano. —¿Qué dices, Harry? —preguntó, mirando a su amigo. El pelinegro tenía ambas manos en la cintura y los analizaba con la típica mirada del "Jefe de Aurores". James y Albus cruzaron los dedos a sus espaldas. Su padre le lanzó una rápida mirada a su hija, que lo contemplaba emocionada, y dio un suspiro justo en el momento en el cual Molly y Ginny ya se disponían a regañarlos a fondo.

—Tendremos que hacerle un Muffliato a la sala y de paso un Silencius… —incluso Scorpius se sumó a la algarabía y empezó a revolotear alrededor de Hugo para ayudarle con el sistema. Si su abuelo Lucius lo viera le daría otro infarto. —Pero ustedes se hacen responsables de los daños que causen.

Los chicos no le prestaron atención. Teddy empezó a hacer los encantamientos junto con Tory mientras Rose intentaba captar una señal más fuerte. La convivencia al poder, sí señores.

Molly miró a su hijo y yerno indignada.

—¿Pero cómo dejan que se salgan con la suya? ¡Ese aparato muggle no les pertenece! —Ron y Harry se encogieron en su sitio. Los gritos de Molly eran aterradores.

—Igual lo devolverán dentro de unas cinco horas. —Ron trató de apaciguar a su madre.

Los del presente estaban que no podían con la incredulidad. ¡Cómo eran de indulgentes con sus hijos! A Ginny la idea no le gustaba, pero solo al ver la cara de felicidad de Lily había decidido dejarlo pasar.

Harry y Ron se sentaron a la mesa para disfrutar una cerveza de mantequilla mientras miraban a sus hijos.

El Trío Dorado los observó atentamente.

Del televisor nada más quedaban la pantalla y los parlantes, pues Hugo había reformado por completo los controles. Scorpius estaba buscando la transmisión con franca emoción.

—¿Tienes alguna idea de lo que dijeron? —preguntaron Ron y Harry a Hermione. Esta por primera vez no tenía respuesta. Era obvio que se referían a música muggle, pero honestamente no sabía qué decir. Si bien seguía cabreada por lo que Hugo había hecho (y también seguía pensando que no tenía derecho para estarlo, porque no era su madre), no podía evitar sentirse orgullosa al verlo desplegar todas sus dotes de ingeniero. Y eso que era un mago.

—No lo sé. —terminó por decir ella. Ron la sorprendió hablándole y ella se sonrojó furiosamente. Ron ni cuenta se dio.

—Es uno de los tantos festivales de música muggle que les encantan. Incluso a mi padre le fascinan, pero creo que es por el hecho de ser muggle que por la música en sí.

Harry se echó a reír.

—Es verdad. El Señor Weasley aún no se acostumbra a la música muggle…

—Imagínense a un montón (pero un montón, vamos) de pelirrojos, pelinegros, unos cuantos rubios y muchos (también, muchos) amigos de la familia reunidos en la Madriguera reunidos en torno a un enorme proyector, disfrutando de un concierto muggle de tres días. Es tan bárbaro que hasta los gnomos huyen del jardín. —explicó Ron con una sonrisa.

Sirius y los gemelos los escucharon con atención. "Genial", dijeron entre los tres. Definitivamente tenían que presenciar la experiencia. Al parecer Harry lo intuyó, porque señaló la silenciosa sala con una cabeceada y les dijo que podían ir con ellos si querían. "Un poco de alegría no está tan mal en estos días tan amargados", explicó.

Apenas Canuto y los gemelos entraron en la sala se sumieron en otro mundo lleno de magia muggle, fuegos artificiales en la pantalla y beats que hacían temblar el suelo. Se quedaron allí, mirando el televisor embobados.

Los que no podían escuchar la música, los veían bailar como si estuvieran locos, pero los adultos no les prestaron demasiada importancia. El Señor Weasley ya se había fugado a la sala y estaba sentado justo frente a la pantalla, mirando todo como un niño pequeño.

Ni Harry ni Ron parecieron percatarse de que el suelo se sacudía bajo sus pies y que del techo se desprendía un ligero polvillo. La Señora Weasley lo arregló con impaciencia mientras le servía a los adultos una generosa porción de tarta de manzana. La de melaza estaba reservada para la cena.

—Aquí tienes, Harry querido. —le tendió grandes trozos a ambos Harry y luego a Ron, Ron y Hermione. Iba a ir hacia la sala para decirle a los demás que la merienda estaba lista, pero al momento de cruzar la barrera se volvió hacia ellos con una expresión de pánico, mientras se llevaba la mano al pecho.

—¡Por las barbas de Merlín, qué escándalo! —chilló. Estuvo a punto de persignarse.

Ambos Harry se comieron su ración de tarta con una gran sonrisa en el rostro, mientras Hermione los miraba a los dos con una ceja arqueada.

—Dios, Harry, con todo lo que te da de comer la Señora Weasley y aun así sigues tan flaco… —comentó. Ginny y los demás rieron divertidos. A Molly no le hizo mucha gracia, no le gustaba ver a Harry (ni a Harry) tan flaco.

—Créeme, esto es lo más gordo que he estado en mi vida. —dijo el pelinegro mayor con una risita. Molly ahogó un gemido. —Al parecer, soy incapaz de aumentar más allá de 76 kilos. En el trabajo se vuelven locos de envidia. Ellos tienen que tomar un montón de Pociones para no engordar, mientras yo sigo tan fresco como una lechuga… —siguió atacando su tarta. La Señora Weasley lo miró horrorizada. ¡Ese muchacho necesitaba algo más de peso! Y eso que le llevaba más de treinta centímetros de altura.

—¿Cuánto mides? —preguntó Harry, interesado. Francamente la idea de seguir siendo un enano el resto de su vida no le interesaba en lo más mínimo. Y su yo adulto, bueno… tenía que admitirlo… no estaba nada mal.

—Un metro ochenta y dos. —dijo como toda respuesta. Harry esbozó una mueca de satisfacción y Ron otra de sorpresa. Hermione sonrió imperceptiblemente, a sabiendas que a su amigo no le gustaba su estatura, y la Señora Weasley tomó nota de empezar a hacer nuevos jerséis para Harry.

—Caray, hermano. ¡Estás más alto que yo! —dijo Ron, palmeándole la espalda. Harry casi escupe la tarta por el golpe.

El adulto soltó una risita, y los jóvenes lo miraron extrañados.

—Mi mísero metro ochenta y dos apenas supera el uno con noventa y cinco de Ron, aquí presente. —el aludido levantó la cabeza de su tarta y los miró a todos con el ceño fruncido.

Hermione casi se atraganta. Ron… era alto. A falta de más palabras para describirlo.

—¿Qué ocurre conmigo?

—Oh, nada, sólo que eres uno de los Aurores más altos de la fuerza. —dijo Harry con sorna.

—En el fondo sigues envidiando mi altura. —contestó su amigo con una sonrisita.

Los dos se echaron a reír.

—Sabes que eso no me interesa.

—¿Cuándo crecí tanto? —preguntó Harry, aún incrédulo. Su contraparte le restó importancia con una mano.

—Los Potter somos hombres de crecimiento lento… pero cuando cumplas los veinte te vas a dar un buen estirón. Aunque creo que James tiene muchos genes de su madre, porque apenas va a tener los diecisiete y ya casi es de mi altura. Ni hablar de su hermano.


Los miembros de la Orden los observaban a todos mientras comían pastel.

—Supongo, Kingsley, que no tuve oportunidad de felicitarte por tu futuro nombramiento como Ministro. —comentó Dumbledore.

Snape había huido de Grimmauld Place hacía horas sencillamente por el hecho de que no soportaba a Black.

Kingsley le dio las gracias con su típica voz calmada.

—Oh, Albus, ¿qué haremos? El curso empieza dentro de tres semanas y no tenemos idea de qué hacer con ellos. —se lamentó McGonagall.

—Hay que rastrear de algún modo al bastardo. —dijo Moody, y todos entendieron por bastardo "giratiempo". —Eso les pasa, por eso siempre digo ¡ALERTA PERMANENTE!

Su grito no los sorprendió en lo más mínimo.

—Según escuché, los muchachos captaron una brecha de información desde el futuro. —añadió Remus. —Quizás si investigamos más de cerca podamos dar con el giratiempo.

—De momento no creo que nos dejen inmiscuirnos en sus asuntos. —dijo Hestia Jones con el ceño fruncido al ver cómo Sirius saltaba junto a Teddy, quien tenía sobre sus hombros a Victoire.

—Yo digo que pongamos esta casa bajo cuarentena. —añadió Dedalus Diggle. Todos lo miraron como si estuviera loco. —¿Qué? Era sólo una idea.

—El bastardo puede aparecerse en cualquier momento. Hay que estar en… —McGonagall calló a Ojoloco con un simple movimiento de su muñeca. Si escuchaba un grito más probablemente sufriría una apoplejía.

—Lo sabemos, Alastor. El problema es cómo lo atraparemos. El giratiempo tiene, como es obvio, el tiempo de su lado. Si lo capturamos, puede desaparecer simplemente.

—Supongo que no nos quedará más que esperar. Estoy seguro de que en alguna parte del Departamento de Misterios hay hechizos temporales que puedan combatirlo. —terció Dumbledore, dando una mordida a su pastel. —Muchísimas gracias, Molly. Como siempre, está delicioso.

Ella se sonrojó, pero luego frunció el ceño.

—Me alegro que lo diga, profesor, pero a ver si logra convencer de ello a mi marido, ¡no quiere salir de esa sala! Mis nietos son una pésima influencia para él. —sollozó.

—Y estoy seguro de que la ascendencia muggle de la señorita Granger no ayuda en absoluto. Aunque déjeme decirle que me siento muy orgulloso de todos sus nietos. Su hija Ginny y Harry no podrían haber criado hijos mejores. Sin dejar de lado, claro, al señor Ronald y su amiga Hermione.

McGonagall se atragantó con su té y Kingsley le hizo un hechizo para despejarle las vías respiratorias. Los demás se sorprendieron ante la deducción del director.

—¿Potter… y Ginny? —preguntó McGonagall. Al parecer aún creía que Harry seguía encaprichado con Cho Chang. Y sí, todo Hogwarts lo sabía.

—Oh, Minerva, no me digas que no te diste cuenta. —rio Dumbledore. Tonks dejó escapar una estruendosa carcajada y Remus sonrió entre dientes.

—Teddy me contó que Harry y Ginny son sus padrinos. —dijo Remus. Los demás sonrieron con tristeza, no querían ni pensar en las muertes de esos dos.

—¿Y sabes cómo sucedió? —preguntó Molly con curiosidad. Tenía que saber a como diera lugar como había sucedido.

Tonks se aclaró la garganta para hablar. Al parecer encontraba el tema muy interesante, al igual que todos los de la Orden. Es que Harry era tan despistado…

—Al parecer sucedió en su sexto año. —Molly gritó: estaba cerca.

—¿De qué hablan? —preguntó Sirius, tomando una rebanada de pastel y sentándose junto a su mejor amigo.

—De cómo Harry y Ginny se hicieron novios. —respondió Remus con toda la tranquilidad del mundo. A Molly no le gustó la presencia de Sirius, seguramente con esa información haría imposible la vida de su hija.

—Oh, yo quiero escuchar.

—Pues entonces dejen de interrumpir. —dijo Tonks, molesta. —Harry estaba castigado por Snape en su sexto año y no pudo jugar la final de la Copa de Quidditch…—Sirius estaba empezando a despotricar contra Severus y Molly tuvo que sentarlo con una de sus miradas especiales para que se callara. —Entonces Ginny tomó su lugar como buscadora. La otra buscadora era Cho Chang, de Ravenclaw, la ex-novia de Harry… —Sirius empezó a hablar otra vez y Remus lo amenazó con su varita para que se estuviera quieto. —Cuando llegó a la Sala Común no tenía idea de quién había ganado, pero allí todos estaban celebrando, así que ya se imaginarán… —nueva amenaza hacia Sirius. —Entonces Ginny corrió hacia él y lo abrazó, y para sorpresa de todos, él la besó en plena Sala Común, frente a todo Gryffindor. Al parecer a Ron casi le da una embolia.

Todos rieron. Al parecer el legado de James Potter no estaba completamente perdido. No obstante, temían por el muchacho… y es que tener seis cuñados varones no era nada bonito.

—Wow. ¡Me gusta! —espetó Sirius.

—Canuto, por favor, no vayas a hacer una locura… —pidió Remus, pero ya era demasiado tarde.


A la hora de la cena toda la familia estaba reunida en el comedor, disfrutando del guiso que la Señora Weasley había preparado.

El concierto había terminado hacía media hora, y Lily y Rose aún estaban suspirando como idiotas. "Fue tan bello…" "Lloré con la última canción" "Ese hombre es muy sexy", cosas de ese estilo, que hacían enojar a todos los hombres presentes.

Arthur aún no se lo creía. ¡Tanta definición, tanto movimiento y tanto sonido! Los muggles eran fascinantes.

—¿Qué tal estuvo? —preguntó Harry a sus hijos. A regañadientes, estos habían devuelto el televisor a los del número once.

—Fue impresionante. Los efectos estaban muy buenos…

—Las canciones eran nuevas…

—La transmisión fue genial…

Y así se sucedieron los comentarios, hasta que agotaron el tema de conversación.

Y Sirius saltó a la acción.

—Dime, Harry, ¿cuál es tu lugar favorito en el mundo? —preguntó a su ahijado mayor. Harry lo pilló al vuelo y esbozó una sonrisa torcida que hizo que el corazón de Ginny diera un vuelco.

Cualquiera habría esperado que respondiera "Hogwarts" o "La Madriguera", incluso "La casa de mis tíos", pero no se esperaron lo que dijo.

—Esa, mi querido Sirius, me temo que es información no apta para menores de edad. —los adultos se sonrojaron al instante y Ron empezó a ahogarse con su comida. Hugo, sin entender nada, le apuntó con un Anapneo y el Weasley se empezó a poner del color de una granada.

Harry lo ignoró y Sirius quiso saltar de la alegría. Su ahijado no estaba del todo perdido, ¡no aún!

—Y dime, Harry, ¿cuál es tu pasatiempo favorito? —La sonrisa de Harry se hizo más amplia y Ginny tuvo la corazonada de que todo aquello tenía que ver con ella.

Ron y Hermione miraron hacia todos lados, buscando respuestas, pero nadie se dignó a responderles. Los gemelos estaban felicitando a Harry por lo buen hombre en que se había convertido. Si tan sólo supieran de quién estaba hablando…

Harry dirigió una fugaz mirada a Ginny y ésta no necesitó más que eso para cerciorarse de que las preguntas la incluían.

—Tampoco es apto para menores de edad. —Las orejas de Ron estaban tan rojas como su cabello y James y Albus tenían en la cara una expresión de asco.

—¡Papá!

—Harry, ¿y te haces llamar mi padrino? Qué mal ejemplo me das. —rio Teddy, aunque su pelo estaba tan rojo como el de su madre. ¡Por los pantalones de Merlín!

Molly había tenido que ir corriendo a la cocina para abanicarse en privado. ¡Ni siquiera ella y Arthur, que tenían siete hijos, eran así de atrevidos!

—¡Bravo, Harry ! Sé que aunque no hemos pasado mucho tiempo juntos, te he dado un buen ejemplo. —el animago se limpió unas lagrimitas falsas de su cara.

—¡Haaarrry! —el grito de Ron se escuchó en toda la casa y, por los pelos, Harry pudo esquivar el puño que éste dirigió a su cara.

—Sabes, Ron, creo que ya habíamos superado esta etapa de violencia en nuestras vidas… —explicó Harry, levantándose de la mesa para esquivar los furiosos golpes de su cuñado. Los menores no entendían nada. Ni James ni Albus se sorprendieron: cada vez que su padre hacía ese tipo de comentarios su tío Ron reaccionaba de maneras similares.

Scorpius estaba rodando de la risa en el suelo, y Rose se estaba tapando la boca para no reírse. Ni Lily ni Hugo comprendieron a qué vino todo eso.

—¡Maldito pervertido! ¿Cómo te atreves? —otro golpe en falso. —¡Mira que tratarla tan mal! ¡Ella no pudo haberse casado con alguien peor que tú! —la cólera hacía que Ron dijera estupideces.

Harry también se enojó. Y de Ginny no hacía falta decir nada.

—¡Ronald! —gritó, furibunda. ¡Su hermano no tenía idea de qué era lo mejor para ella, cuando ni siquiera podía declarársele a Hermione!

—¿Ah, sí? ¡Pues yo la veo muy feliz conmigo! —esa vez el que lanzó el golpe fue Harry. Y, como era de esperarse, impactó de lleno en la mejilla de su cuñado. Ron voló por los aires y el Trío de Oro se miró asombrado.

—Excelente derechazo, amigo. Aunque aun no comprendo por qué me golpeaste. —Hermione quiso llevarse una mano a la frente. ¿Acaso Ron no se había dado cuenta de que Ron estaba hablando de su hermanita Ginny?

—Bien hecho, Harry. Se estaba volviendo pesado. —lo felicitó Ginny, sin darse mucha cuenta de lo que había hecho. Él sonrió divertido. A veces esa pelirroja salía con comentarios muy graciosos.

Ron se levantó del suelo con una mueca y se encontró con que los gemelos le estaban tomando una foto a su cara magullada "para la posteridad". Les gruñó con rabia.

—Lo siento, colega. —dijo levantándose del suelo con un ágil movimiento. Harry le dio la mano y se volvieron a sentar como si nada hubiese pasado.

—¿Qué acaba de pasar? —preguntó Harry a su hijo mayor. Respondió Lily.

—Ah, este es nuestro pan de cada día. Cada vez que tío Ron se enoja porque te casaste con s… —Albus y Scorpius le taparon la boca y negaron frenéticamente con la cabeza. Querían que él se enterara por sí solo.

—Simplemente, no vuelvas a decir esas cosas frente a mí, ¿vale? Se me revuelve el estómago. —dijo Ron, apenado por su comportamiento frente a la adolescente Hermione.

Ella lo miró con el ceño fruncido y él supo que se hallaba en serios problemas.

—Hablemos de otra cosa, ¿quieren? —preguntó Molly, volviendo de la cocina al escuchar el estruendo. No se impresionó al ver a su hijo con el ojo hinchado: seguramente le había buscado el gato de tres patas a Harry.

—¡Está bien! —dijo Sirius. Todos gritaron "¡No, Sirius!", pero, de nuevo, ya era demasiado tarde. —Dime Lily, ¿quién es Slevin Kelevra?

Esa vez fue el turno de Harry de destrozar el tenedor, lo convirtió en astillas y su cuello ardió. Cómo odiaba a Slevin…

La cara de Lily enrojeció con un furioso rubor Made In Weasley. Teddy y Tory rieron como locos. Adoraban a Lily, pero era igual de lenta que su padre.

Ron soltó una risita. —Anda Harry, ¿no estás contento con tu futuro yerno? —ni siquiera se calló ante las miraditas matadoras que le dirigieron todos los Potter.

—Yo… yo… —balbuceó Lily.

—Slevin Kelevra es mi primo materno, es el hijo mayor de mi tía Daphne, de soltera Greengrass. —Todos soltaron exclamaciones de sorpresa. ¿Draco Malfoy se había casado con la agradable Astoria? Imposible. —Y él y Lily se aman, pero ninguno se atreve a dar el primer paso.

—¡Ellos no se aman! —le espetó Harry, rojo como un tomate. No soportaba la idea de que alguien se llevara a su princesa de su lado.

Scorpius lo ignoró. —La cosa es, que a mi tío Edmund le encantan las películas muggles (raro para un sangre pura, ¿no?) y le puso ese nombre a su primer hijo gracias a la película "Lucky Number Slevin". Dio la casualidad de que su apellido coincidía con el del protagonista.

—¿Qué tienen ustedes dos que siempre terminan enamorados de Slytherins? —preguntó James, fingiendo molestia. La verdad es que le gustaba jugar bromas con eso.

—¡Cállate! —gritaron sus hermanos.

—Oh, vamos, es verdad, a ti, Al, te gusta la pelirroja Gwendolyn, y a Lily le gusta Slevin. ¡Y los dos son Slytherin! Sin mencionar que el novio de Dominique también lo es… ¿Qué le ven a esa gente? —estaba siendo melodramático.

—¡A mí no me gusta Gwendolyn! —gritó Albus, apuntando a su hermano con la varita.

—Ya era hora de que alguien lo amenazara… —oyó decir a Lily.

—Oye Al, ¿te gusta una pelirroja? ¿Eso quiere decir que eres una excepción de la maldición Potter? —preguntó Sirius, visiblemente interesado.

—¿Qué quieres decir con eso? —preguntó Molly enfadada, dándole con un trapo de cocina en la nuca.

—Sólo los primogénitos Potter se enamoran de pelirrojas. No había sabido de que los otros hijos también lo hicieran.

—Eso es absurdo, Sirius. —dijo Harry, riendo. La mirada seria que su padrino le dio calló todo tipo de risas. —¿No es verdad… o sí? —No podía ser. La chica que le gustaba era oriental, no pelirroja. Debía haber una gran equivocación.

La gente del futuro no dijo nada, aunque Teddy y los Potter se largaron a reír como locos. No le explicaron el por qué.

—Ahora que recuerdo, Harry, ¿querrías explicarme cómo funciona el sistema de los simulacros? —preguntó Remus, para salvar de esa a su sobrino.

Él se lo agradeció profundamente. Ginny estaba tan feliz que empezó a recoger los platos sin objetar palabra.

—Ah, sí… —se desordenó el cabello. No tenía idea de qué decir. —Ron y yo somos los profesores de Defensa en Séptimo, y como tal normalmente les hacemos exámenes para evaluar su progreso. Los exámenes incluyen a los alumnos de cuarto para arriba. Todos tienen que organizarse como si fueran un escuadrón o como si estuvieran en plena guerra, ya sabes, por algo se llaman simulacros.

—Los estudiantes de Primero a Tercero que quieran ver tendrán que cuidarse de los hechizos perdidos practicando hechizos protectores, mientras que los demás podrán irse a sus dormitorios. Los días de simulacro no hay clase en toda la escuela. —Ron sonrió divertido. —Es una batalla campal entre estudiantes.

—Ya, ¿y qué días son? —preguntó el Señor Weasley, orgulloso de su hijo.

Ron y Harry se miraron y rieron escandalosamente.

—Ni siquiera nosotros mismos sabemos. Simplemente sucede. Un día cualquiera uno de los dos se levanta de mal genio y le dice al otro "Hey, hagamos el simulacro hoy", y lo hacemos. McGonagall detesta que no le podamos dar fechas exactas, pero es que si fijamos una fecha, todos estarán preparados para ese día. Lo mejor es pillarlos desprevenidos.

—Te odio —dijeron todos los visitantes del futuro, incluyendo los que aún no habían hecho el examen.

—Igualmente tendrán que presentarlo. Recuerdo que una vez una estudiante de Hufflepuff transformó a Ron en un… —Ron le había tapado la boca a su amigo.

—En un gato. —dijo James. Todos rompieron a reír, y el pelirrojo fulminó con la mirada a su sobrino. —Papá no quería devolverlo a la normalidad.

—Si hubiera sido un Terrier no me habría molestado tanto. —refunfuñó Ron. Ginny se echó a reír como una loca, junto a los gemelos, y Hermione pensó que se veía adorable.

—¿Y cómo es la dinámica? —Remus estaba peligrosamente interesado.

—Tampoco lo sabemos. —dijo Ron, un poco recuperado de su horrible vergüenza. —Hay veces en las que son estudiantes contra estudiantes, donde tienen que robarle la bandera al otro equipo, otras donde tienen que capturarnos a Harry y a mí, otras donde hacen equipo con algunos profesores, y otras donde simplemente el equipo que quede en pie gana. En esos exámenes la gente no puede andarse con estupideces "Yo soy Gryffindor pero tú Slytherin".

Estaban francamente impresionados.

—¡Hablen del festival! —dijo Tory. Todos la miraron con una sonrisa.

—¿Cuál festival, querida? —preguntó Molly. Después de todo, Tory era su primera nieta.

—El festival del 3 de Mayo. Es el día de mi cumpleaños, y el día que acabó la Guerra. —muchos bajaron la mirada, nostálgicos y tristes al pensar en la cantidad de vidas que el conflicto se había llevado. —Por eso me llamo Victoire, porque nací tres años después de la Guerra, y mi nombre significa Victoria en francés. En fin, hablen, hablen.

James sonrió levemente a su prima.

—Ese día es festivo en toda la comunidad mágica. En Hogwarts hacen una cena especial de noche, y de día todos tienen permitido ir a Hogsmeade o recibir familiares en la escuela. Es un día muy bonito. —explicó.

—Y a Tory le encanta, porque entonces tiene más cosas que hacer el día de su cumpleaños. —añadió Teddy. Su novia le dio un golpecito cariñoso.

—A todos nos fascina. Podemos hacer fiesta sin discriminación alguna. —A Sirius le encantó la respuesta de Albus.

—¿Están acostumbrados a hacer fiestas? —preguntó Molly horrorizada. Todas las miradas se dirigieron hacia Harry y Ron. Ellos se encogieron de hombros.

—Si sacamos buenas notas. —dijo Lily. —Guardamos todas las cosas de valor, nuestros padres impermeabilizan las paredes y los muebles y hechizan el alcohol para que los menores de edad no puedan tomarlo. Mientras, ellos aprovechan y se van de paseo con el tío Ron y la tía Hermione y Al y Hugo se encargan de la música.

—Es muy divertido. El papá de Scor, no sé cómo, un día terminó allí metido junto con su esposa. Parecía estar en el infierno mismo, rodeado de tantos adolescentes escuchando música muggle. —terció Al.

Hermione, Ron y Harry se miraron. Al parecer, eran padres muy permisivos. A Ginny la idea no le molestaba, ya que se calmó al oír "papá y mamá hechizan el alcohol". Sin embargo, Molly era otro cantar.

—¡Pero cómo…!

—Mamá, no puedes decir nada. Te encanta que tus nietos hagan fiestas en tu casa. —le dijo Ron, y ella se calló. ¿Pero cómo era eso posible? A ella no le gustaba esa clase de libertinaje.

Fred y George estaban felicitando nuevamente a Harry y Ron.

—Serán unos padres excelentes, estamos seguros.

Sirius pensó que definitivamente tenía que vivir para ver eso.


Era temprano todavía. No pasarían de las nueve.

Harry, James y Albus estaban intentando enseñarle todavía el Patronus a Lily.

Llevaban media hora en la faena, cuando de pronto una sólida bruma plateada brotó de la varita de Lily y se materializó frente a ellos en la forma de una gran osa resplandeciente, sin duda de tamaño muy diferente al de la propia Lily. Grimmauld Place quedó en absoluto silencio hasta que todos corrieron a felicitar a Lily mientras la osa corría de aquí para allá, elevándose en el aire hasta desvanecerse.

—Te felicito, hija. —le dijo Harry, abrazándola.

Lily no había tenido que rebuscar en su memoria: el recuerdo perfecto estaba allí, ¡era ese mismo día! Saltó junto a Rose, emocionada. El Patronus de su prima era una ardilla, muy bonita por cierto, y el de Scorpius un Halcón. Nadie quiso decirles nada, aunque todos sabían que los halcones cazaban ardillas. Algo muy curioso, la verdad.

—¡Bien, Lily! —gritaron sus hermanos, yendo hacia ella.

Harry estaba verdaderamente impresionado, y muy orgulloso.

—¡Estoy tan feliz! —dijo Ginny, acercándose a su hija y dándole un gran abrazo.

—Muchas gracias, mamá. —susurró a su oído. Ginny la estrujó aún más fuerte. La sola palabra hacía que su corazón se llenara de un amor que hasta el momento no sabía podía sentir.

—¿Cuál es tu Patronus, Albus? —preguntó Sirius aproximándose.

—Una Cobra Real, cosa que no me extraña, considerando que mi canción favorita se llama "Cobra". —respondió él encogiéndose de hombros. Sirius lo miró de arriba abajo: su nieto era una serpiente, pero una muy Gryffindor. Le revolvió el cabello como un loco.

—¿Y el tuyo, Hugo? —preguntó Hermione, un poco alicaída. Ella aún no podía hacer un Patronus.

—Un Lémur de las nieves. Y no te preocupes, tu Patronus es muy bueno. Aunque el tío Harry siempre dice que el hechizo se te resiste. —Hermione fulminó con la mirada a su amigo y éste se escondió detrás de un muy divertido Ron, tomando nota de jamás demeritar a Hermione en NADA.

—Wow, pero qué variados estamos. El mío es un lobo y el de Victoire una veela. Pero una veela en su fase desquiciada. Es aterrador. —Victoire le dio tal puñetazo a Teddy que él salió volando a través de la sala.

Molly rio junto con sus demás nietas, Teddy se lo había buscado.

—¿Qué les parece si van preparando sus futones para…? —empezó a decir, pero calló abruptamente.

Un grito desgarrador cortó el aire, como cuchillos afilados.

—¡RONALD WEASLEY!

Ron se puso pálido como la cera.


Ta chaaaaaannn! :3 :3 Quién creen que sea? Yo no tengo idea. Olvídene de esa mierda de que lo voy a acortar, escribiré todo lo que me dé la gana.

Los Patronus los hice basándome un poco en ciertas personalidades. La osa se me ocurrió porque adoro a Aimèe Peltier de Dark Hunters y pues porque me encantan los osos. La Cobra Real porque bueno, todos sabemos que Al es un Slytherin de pura cepa, y porque una de mis canciones favoritas sí se llama Cobra. De Hardwell, escúchenla, si quieren hacerse a la idea de lo bueno que estaba el concierto del capi.

Lo de la música lo puse porque tras que la electrónica es bastante bailable en Europa (aquí bailamos salsita) es muy entretenida y crazy. Ese sí es un gusto mío. Lo de las fiestas lo añadí porque aunque me parece que Ginny sea estricta no creo que sea del tipo amargado, además, el cuarteto necesitaba darse sus paseítos a solas. ¿Qué más? Ah sí, no olviden escuchar el I AM HARDWELL GETAWAY. No tienen idea de la inspiración que me dio para seguir escribiendo.

El Patronus de Rose y Scor lo explicaré más adelante...

Ah sí. Slevin Kelevra. Me robé por completo el nombre del personaje Lucky Number Slevin, porque amo esa película, pero el personaje que me inventé no se parece en nada al de la peli. Simplemente se me hace que Kelevra suena como un excelente apellido sangre pura, a ustedes no?

Para los que no entendieron la primera pregunta de Sirius (dudo que no hayan entendido, es demasiado obvio), el lugar favorito de Harry es la ... de Ginny. Para más información por favor lean los fics de Huesos Potter, una excelente escritora.

MUCHAS GRACIAS POR SU APOYOOOO! Nos leemos en otro capi, no tengo planeada una fecha (me voy a graduar ahoritaaa!) pero sí continuaré la historia.

Siguiente pregunta:

QUIEREN QUE ALGO EN ESPECIAL SUCEDA EN EL PROX CAPI? estoy abierta a sugerencias.

La última pregunta:

les dio risa? francamente solo escribo para hacerlos reír a ustedes.

Respóndanme en muchos reviews, si no me mandan muchos me deprimo y no me dan ganas de escribir (es la verdad).

MATTA~NEEE HINAYO.