Cap. 2 "Discursos ciegos"

Lo que debería ser una torpe pelea adolescente era una gran batalla a causa de los stands, la fuerza física de Okuyasu era mayor a la de Josuke, pero Crazy Diamond superaba a The Hand; esta era la segunda vez que peleaban desde que se conocieron como enemigos, y al llegarles aquel recuerdo se detuvieron en pleno forcejeo, soltándose sin decir ni una palabra, y Josuke salió por la puerta.
La mañana siguiente Koichi saludo a sus amigos llegando a la escuela, pero pronto noto que algo no andaba bien, el ambiente a su alrededor se encontraba algo pesado, ambos estaban muy callados sin dirigirse la mirada siquiera, y con una fría expresión que daba miedo.

• ¿M-Me perdí de algo?
• No.

Respondieron secamente al unísono, y ni eso basto para que se fijaran en el otro. Hirose sabía que, pasara lo que pasara entre ellos, no terminaría bien, y mucho menos con él en medio.

• ¿Koichi, porque no haces equipo conmigo para el trabajo de ciencias? -Lo tomo Josuke del brazo-
• No, él está muy ocupado conmigo en club de Kendo -Okuyasu lo tomo del brazo contrario tirándole hacia el otro extremo-
• Ehhh… Cre-Creo… Creo que Yukako me llama ¡Hasta luego!

El rubio se liberó del agarre y se esfumo corriendo, a lo que los otros dos se miraron y de inmediato giraron la cabeza hacia el lado contrario con un bufido ofendidos cruzándose de brazos.
Las cuatro campadas indicaron el inicio de clases. Esa jornada los dos estudiantes menos aplicados parecían concentrados en la lección, ninguno se salteo ninguna clase, y el día transcurrió de lo más tranquilo hasta las últimas campanadas.
El sol lentamente se ocultaba en el anaranjado cielo, y los tres alumnos emprendieron camino a sus respectivas casas, al igual que todos los días, solo que esta vez rodeados por un rotundo silencio.

• ¿Y… Cómo les fue hoy en clase?

Koichi intento romper aquel incómodo ambiente, pero termino resultando aún más molesto al no obtener respuesta alguna; soltó un suspiro deteniéndose en la esquina donde solía abrirse camino comúnmente y los saludo.

• No sé qué pase, pero será mejor que lo resuelvan… Nos vemos.

Ambos miraron al dueño de Echoes alejarse, sintiéndose mal al ver como esto lo afectaba a él también. Cruzaron miradas entre si y siguieron camino hasta la casa de apariencia abandonada ante la que se quedaron parados mirándola como si no le perteneciera a ninguno de ellos.

• Debería repararla…
• Podría ayudarte con Crazy Diamond.
• ¿Qué tal si pasamos esos catorce niveles?
• Greato

Una sonrisa volvió a iluminar el rostro de ambos, entraron a la casa y aquel videojuego volvió a captar su atención y entretenimiento hasta entradas horas de la noche.

• ¡Uf! Un nivel más y ya es nuestro -Josuke pauso el juego desplomándose en la cama-
• ¡Si! De seguro batiremos un record mundial o algo así -Se sentó a su lado notando el portafolios de su amigo donde se asomaban algunas cartas- ¿Sabes? Ya no me interesa atraer chicas.
• ¿Enserio? ¿Por qué?
• Me he dado cuenta que sino ya no podría pasar tanto tiempo contigo.

Josuke quedo atónito sin saber que responder ante aquellas palabras "¿Otra vez me está usando como conejillo de indias… O es sincero?", pero antes de que pudiera seguir pensándolo, Okuyasu continuo.

• Ayer no me respondiste porque no respondes las cartas.
• Ah… Cierto… Es que… -Pasea la mirada por el techo de manera distraída- Ya no me interesa pasar el rato con chicas bonitas, ellas no me comprenden, quiero a alguien con quien tenga gustos en común, en quien pueda confiar, me comprenda, nos divirtámonos juntos, y…
• ¿Y ames de verdad? -Okuyasu completo la oración-
• Si… Eso -Se endereza en la cama mirándolo con el ceño fruncido- ¡Le cuentas a alguien y te mato!

El más bajo rio tiernamente y le extendió el meñique en respuesta de que mantendría el secreto a salvo, gesto que le robo una sonrisa a Higashikata, y unieron meñiques completando la promesa. En ese instante algo en la mente del más alto se encendió, como cuando terminas de armar un rompecabezas y por fin ves aquella imagen completa; las palabras se le escaparon de los labios.

• Creo que ya encontré a esa persona…
• ¡Oe! ¡¿Enserio?! ¡¿Quién?!
• ¿Eh? Ah… Tendrás que adivinarlo.
• ¿Es la chica popular que te dio la carta ayer?
• No.
• ¿Es de la escuela?
• Si.
• ¡¿La conozco?!
• Dije que tienes que adivinar.
• ¡No es justo, dame una pista!

Las grabes campanadas del antiguo y gran reloj de péndulo de la casa sonaron retumbantes haciéndoles notar lo tarde que ya se había hecho.

• Oh rayos, no le avise a mi mamá que estoy aquí -Josuke se mordió el labio pensando en el regaño que le esperaba-
• ¿Por qué no la llamas y le dices que pasaras la noche aquí?
• ¡Greato!