Cap. 3 "La ultima papa"

La luna se encontraba en el punto más alto del estrellado cielo cuando los chicos se rehusaban a irse a dormir. Comían las condimentadas papas a la sartén que acababa de preparar el dueño de casa mientras hablaban de banalidades acostados en la cama, Josuke manoteaba el tazón que contenía las papas llevándose una a la boca tras cada oración, en tanto Okuyasu las tomaba de a puñados comiéndoselas todas juntas.

• ¿Y viste el capítulo donde hace una canción sobre la pizza?
• Sí, es genial

Josuke río recordando el capítulo del manga del que hablaban, cuando tomo una papa poniéndola entre sus labios a modo de cigarrillo, tontería la cual Okuyasu de inmediato quiso imitar, pero se encontró con un pequeño problema.

• ¡Oe! ¡Esa era la última papa!

El poseedor de la reclamada papa frunció los labios a modo de broma, como si le sacara la lengua, pero el menor de los Nijimura no se iba a quedar de brazos cruzados, él las había preparado y por lo tanto tenía derecho a ella, o al menos eso es lo que él pensaba.
En un movimiento que no estaba calculado ni en lo más mínimo por el más alto, Okuyasu se lanzó sobre él tomando el otro extremo de la papa entre sus labios, quedando separados por tan solo centímetros de distancia. Higashikata sintió que el corazón se le iba a salir del pecho, su amigo se encontraba demasiado cerca sobre él acorralando en la cama.

• ¿Te la quito por las buenas o por las malas?

Le pregunto Okuyasu con su mejor cara de matón, sin separarse ni un milímetro apretando la papa entre sus dientes, logrando que la cara de Josuke se torne tan roja como la salsa de tomate sobre la pálida pasta italiana, pero el más alto no pensaba rendirse, no era propio de él.

• Grrr… ¡Mia!

El chico de estrambótico peinado cerró fuertemente los ojos y comió lo que quedaba de papa hasta sentir los labios de su amigo contra los suyos, de inmediato separándose para finalmente tragarse la papa con dificultad.

• ¡J-Ja! ¡L-La ultima papa es mía!

Grito victorioso Josuke señalándose el pecho con el pulgar sin poder ocultar su nerviosismo. Okuyasu se quedó unos segundos petrificado y luego se sentó en dicha cama devolviendo su espacio personal.

• Josuke… No me diste ninguna pista sobre quién es esa persona.

Este volvió a sentirse acorralado, pero esta vez no física sino emocionalmente; suspiro pesadamente y admitió para sus adentro que no podría ocultárselo por mucho tiempo a su mejor amigo, no precisamente a él.

• Es alguien que… No debería gustarme…
• ¡¿No me digas que es la novia de Koichi?!
• ¡No! ¡Esa mujer está loca! Además, es muy fea.

Grito entre indignado y ofendido de que su amigo lo imaginara con ella; se sentó derecho frente a su amigo, se acomodó su amado peinado de manera nerviosa, y se pegó un par de veces en las mejillas tomando coraje.

• Okuyasu -Lo miró fijo a los ojos muy serio- ¿Prometes que siempre serás mi amigo?
• ¿Pero porqué me preguntas esto ahora? Estábamos hablando sobre…
• Okuyasu, respóndeme -Lo tomó de los hombros indicándole que iba enserio-
• Por su puesto… -Algo preocupado sin entender lo que sucedía-
• ¿Pase lo que pase?
• Pase lo que pase…
• ¿Confías en mí?
• Claro… Pero, Josuke…
• Cierra los ojos.

Okuyasu vaciló algo tenso, pero finalmente demostrándole su confianza hizo caso; sin duda su expresión era sumamente tierna con las cejas en alto y una media mueca en los labios que indicaban su poca paciencia para el suspenso. Josuke se odio a sí mismo, recordó todo lo que habían vivido juntos desde que se conocieron, como pronto se volvieron mejores amigos, y el miedo inmenso que había sentido cuando creyó perderlo; en ese instante en su mente rogó una y otra vez a todos los dioses no estar cometiendo un grave error por el bien de esa amistad.
Una suave presión en los labios, pero no como cuando hace unos momentos a causa de la pelea por la papa, sino más suave, más duradero, e incluso cargado de algo que no podría describir muy bien. Esta fue la sensación que llevó al menor de los Nijimura a abrir los ojos encontrándose con su amigo depositándole un pequeño beso en los labios; pero no duró mucho más ya que Higashikata de inmediato se separó desviando la mirada, sin atreverse a volver a verlo a la cara.

• Josuke…
• Y-Ya es tarde, mejor vamos a dormir -Se acurruco en la cama tapándose con las sábanas por completo- Hasta mañana.

El dueño de la casa se quedó estático con una expresión entre asombro, horror, y vergüenza en su rostro, tras unos segundos de shock salió corriendo de la habitación, dejando a Josuke solo en la suya, dirigiéndose al que antes era el cuarto de Keicho, su hermano mayor.
Aquel cuarto se encontraba intacto tal cual el mayor de los Nijimura lo había dejado antes de morir, a Okuyasu le gustaba ir allí cotidianamente para no extrañarlo tanto y recordar su infancia juntos. Se acostó y apagó la luz, pero no había forma de conciliar el sueño, su mente aún se encontraba enmarañada minutos atrás en lo que acababa de ocurrir.