Aquel día hacía un calor terrible. Y era completamente contradictorio para Artemis Mellark para quien todo era frío por dentro.

Fría la forma en la que su esposa había reaccionado al asunto.

Fría la forma en la que el Capitolio le quitaba a su hijo por segunda vez.

Fría la forma en la que su hijo le afirmó que no volvería. No esta vez.

Artemis se encontraba muy cerca de la zona dónde se encontraban los vencedores masculinos y no dejaba de ver la cabellera rubia de hijo, que resplandecía por el sol y resaltaba al lado de Haymitch Abernathy.

Effie Trinket saca el único papel de la urna de cristal donde se encuentran los nombres de las mujeres.

-Katniss Everdeen- dice con tristeza.

Katniss sube al escenario de una forma bastante patética y es que el acto en sí es bastante ridículo.

El corazón de Artemis late a mil por hora cuando la escolta se dirige a la urna donde se encuentran los nombres de los dos vencedores masculinos del Distrito 12.

"Puede salir Peeta y quizás Haymitch se ofrezca voluntario..." piensa. Deseándolo con todo su corazón: "que sea mi hijo, que sea Peeta..."; resulta irónico, porque jamás se imaginó deseando que alguno de sus hijos saliera elegido para los Juegos del Hambre.

-Haymitch Abernathy- dice finalmente Effie Trinket.

-Soy voluntario como tributo- dice la voz de su hijo.

Una lágrima escurridiza se escapa del ojo derecho de Artemis mientras se la limpia ve como su hijo menor sube al escenario y se sitúa al lado de su prometida. Se puede apreciar la mirada decidida en los ojos de Peeta.

"Voy a hacer lo que creo correcto" le había dicho Peeta, el día que el Presidente Snow anunció el Vasallaje. "Tú sabes que ella necesita regresar aquí mucho más que yo y Haymitch no le será muy útil en la arena, no como podría serlo yo".

Su pequeño Peeta, el mismo que necesitaba su ayuda para amarrar sus zapatos, el mismo al que le llevaba la mochila a los 5 años porque esta le pesaba mucho, el mismo al que debía ayudar en las noches a dormir, porque creía que habían monstruos bajo su cama, ese mismo niño, se había convertido en un hombre de diecisiete años que estaba dando su vida para proteger al amor de su vida.

Artemis siempre le había dicho a Peeta que debía ser un hombre consciente de sí mismo, que debía hacerse responsable de los asuntos que le correspondieran, de sus problemas y no delegárselos a los demás.

Y mientras Peeta es empujado por los agentes de la paz, sus miradas se cruzan y precisamente en el momento en el que ve los labios de su pequeño formar la palabra "papá", sabe que sus enseñanzas le han cobrado la cuenta. .