Título: MOMENTUM

Autora: Clusmykitty

Fandom: DCU, DC Cómics

Pareja: Superbat

Derechos: DC y sus hordas de demonios todo lo conquistan.

Advertencias: Pues vamos que ya todo está dicho con la pareja, y también que retomo ese crossover hecho entre Frank Miller y Todd McFarlane (Spawn Batman) como punto de partida para esta historia. Mi primer Superbat largo, os suplico gentileza.

Gracias por leerme.


3. Entre irse y quedarse duda el día.


Aceptar una derrota no estaba en el vocabulario de Batman, mucho menos cuando estaba enfrentando por segunda vez al engendro llamado Al Simmons, una vez más en uno de los abandonados callejones de Nueva York. Lo había agotado, al menos podía jactarse de eso, pero seguía poniéndose de pie una y otra vez a pesar de todas las tretas que ya habían caído sobre su persona, si es que era un ser humano. El murciélago se puso de pie lentamente, moviendo su espalda lo suficiente para reacomodar los huesos desviados por el último ataque de esas cadenas con consciencia propia que protegían a su dueño cuando éste se encontraba besando el suelo. Le había tomado desprevenido la primera vez, no la segunda. La capa roja -¿por qué siempre ese color?- estaba maltrecha, juraría que herida por la forma errática en que se movía, todavía tirando de los últimos batarangs hechos clavos que la sujetaban de forma casi graciosa contra una de las sucias paredes que les rodeaban.

-Eres un… -la criatura escupió sangre o eso pareció.

-¿Te rindes?

-Vete al Infierno.

El intercambio de golpes fue doloroso pero no grave, menos cuando estaba usando las protecciones debidas, copiadas de la aleación del metal para probarlas nada menos que en ese horror andante de los callejones neyorkinos. Resultado: su oponente había perdido al menos la mitad de su capacidad de ataque en un revés que lo dejó anonadado pero al mismo tiempo furioso. Perfecto. Una mente desequilibrada era fácil de vencer, sobre todo cuando tenía las estrategias de ataque de un adolescente. Indisciplinado, pasional, temerario. Pésima combinación. Al Simmons no cedió terreno a pesar de caer de rodillas ante él, vociferando maldiciones en contra de la memoria de su madre. Signo inequívoco de su próxima rendición. Ignorando el sentimiento de indignación proveniente de los insultos a la memoria de sus padres, el detective le castigó con sus puños metálicos hasta que al fin dejó de moverse, con las cadenas convulsionando todavía ante las descargas eléctricas de sus redes enredadas entre los eslabones.

-Sólo eres un vago con poderes que no tiene idea cómo usar.

-¿Ah, sí? ¿Eso es lo que crees? –carraspeó Al.

Una nube de gas verde les rodeó, irritante como pútrida. El ojiazul resistió el impulso de arquearse para vomitar, alejándose de inmediato de aquel humo proveniente de la nada, subiendo a toda prisa hacia el techo desde el cual divisó esa nube desaparecer lentamente, revelando un piso lleno de basura ausente de aquella figura. Había desaparecido. Se complació con el ligero sentimiento de victoria al haberle hecho huir, ahora tenía ventaja psicológica sobre él. Preparó un arma con descargas eléctricas en una mano y otra con una carga de humo paralizante en la otra. No se confiaba. Debía estar cerca pensando que estaba distraído mirando el suelo entre penumbras, probablemente moviéndose desde el techo de otro edificio para saltarle por la espalda si había estudiado correctamente sus tácticas.

-Tú sí que eres el pedazo de mierda más necio que he conocido.

Se giró veloz al escucharle detrás de él, demasiado cerca. Ni siquiera le había escuchado moverse. Sus dedos apretaron los gatillos más se detuvieron a tiempo cuando vio un par de manos alzarse en son de paz, libres de sus guantes rojos con púas en los nudillos. Tenía la piel horrorosamente quemada y esa descripción quedaba todavía lejana para su rostro cuando levantó la vista hacia el par de ojos completamente verdes brillantes. Simmons se alejó un par de pasos, todavía con las manos en alto, sin quitarle la vista de encima. La capa roja se retrajo igual que las cadenas, quedando mansamente tras su espalda. Batman solo bajó el arma con las municiones de gas, dejando su brazo perfectamente recto y estable apuntándole al pecho.

-Eres un criminal.

-Err… bueno, técnicamente lo soy ya que lo fui.

-Asesinaste esos dos hombres, y quien sabe a cuántos más.

-Hey, hey, ¿sabes lo que hicieron esos dos idiotas? ¡Quemaron a un indigente! Solo por diversión. ¿Y adivina qué? Llevaban haciéndolo un largo rato. Si hubieras llegado antes te hubiera encantado escuchar su relato entre lloriqueos. Trabajaban para una firma o fábrica que cuidaban y en sus ratos libres tenían pasión por la tortura de vagabundos dormidos.

Rusos. Fábrica. Dos palabras que atrajeron su atención.

-¿Al menos investigaste que realmente trabajaran donde decían?

-… ¿para qué?

Si era un ente proveniente del Infierno, definitivamente el Diablo estaba pasando a su etapa senil.

-Vas a llevarme a esa fábrica.

-¿Por qué rayos…? –Simmons casi brincó cuando las dos armas volvieron a apuntarle- Ya, ya, demonios, tienes problemas de confianza, ¿lo sabías?

-Un vago indisciplinado como tú no tiene derecho a hablarme de confianza.

-Sí, también me caes muy bien.

-La fábrica. Ahora.

-Al Simmons, mucho gusto en conocerte. Por otros rumbos me dicen Spawn.

-¿Por eso ese rostro?

Simmons rió negando divertido con un dedo. –Tienes una lengua mordaz. Pero lamento decirte que no eres el primero que me dice lo feo que estoy.

-La fábrica.

-¡Infiernos de Dante! ¿No puedes relajarte?

-Muévete.

Murmurando cosas sobre hombres vestidos de negro con mala actitud, Spawn hizo aparecer sus guantes y máscara, dando media vuelta para saltar a un techo más alto con el detective pisándole los talones, siempre alerta a cualquier movimiento traicionero de su parte. Llegaron cerca de un puerto lleno de vagabundos reunidos alrededor de botes donde se quemaba un fuego cálido para sus adoloridos cuerpos en una noche fría, el otoño comenzaba su cuenta regresiva hacia el invierno. Simmons le pidió al murciélago esperar en el techo mientras bajaba a charlar con sus amigos para averiguar sobre la fábrica de los rusos. La conocían por el trabajo que les proveían y del cual el vigilante de Ciudad Gótica ya tenía suficiente información pero nada a cerca de su ubicación. Esperó impaciente a que ese engendro se tomara su tiempo, riendo bromista con los vagabundos que le ofrecieron un trago de una bebida seguramente adulterada como ilegal antes de despedirse de ellos, volviendo hacia él.

-No está muy lejos de aquí, pero tenemos que ir con cuidado. Le pertenece a la mafia rusa, y no les gusta merodeadores aunque se trate de un tipo con paranoia esquizofrenia y un muerto devuelto del más bajo pozo del Infierno.

-Adelante.

-De nada, Batman, es un placer trabajar contigo.

Recorrieron ese borde costero en relativo silencio, llegando hasta una zona de buques encallados con el aroma del óxido perforando su olfato. No había señales de vida por ningún lado, todo estaba a oscuras como el mejor sitio para jugarle una broma de mal gusto a alguien. Spawn señaló hacia uno de los buques ya caído sobre un costado, moviéndose furtivamente por entre los espacios que dejaban el resto. Aquel tétrico cementerio de navíos parecía un lugar donde aquel deforme parecía estar a gusto, siguiéndole muy de cerca con los sentidos alertas, buscando trampas antes de que el vago indisciplinado los metiera en problemas con sus descuidos. Alcanzaron el buque caído, subiendo en el más sigiloso silencio sobre uno de los mástiles para observar alrededor. La visión nocturna del Caballero de la Noche hizo su labor.

-Una entrada, al final de la proa. Hay señales térmicas.

-Sí, ya lo vi. ¿Tienes pensado entrar?

-Entraremos.

-¿Entraremos…? Hombre, ya cumplí mi parte.

-Además de vago, indisciplinado, eres un cobarde.

-Juro por todas las heridas pútridas de mi rostro que un día me voy a vengar de ti. Lo acepto, tengo curiosidad, solo te pido que dejes de apuntarme con esas armas. Un momento, ¿por qué hay murciélagos siguiéndonos?

-Estás tardándote para moverte.

-Ya te escuché, mamá.

Igual que las sombras que eran, ambos se escurrieron por la entrada. Antes de que el vigilante de Ciudad Gótica pudiera siquiera mover un dedo, Spawn desactivó todas las alarmas con un solo movimiento de su mano, de donde brotó una neblina parecida a la que había usado en el callejón. Batman entrecerró sus ojos pero no dijo nada, caminando despacio sobre la pared llena de moho y musgo en dirección a una trampilla en el suelo, oculta entre pedazos oxidados hechos ovillos, mismos que igualmente desaparecieron como si fuesen polvo en un nuevo movimiento de Al, quien le guiñó un ojo antes de abrir de golpe la trampilla, dejándose caer dentro del túnel en perfectas condiciones pero en completa oscuridad. Le siguió usando su visión nocturna, calculando los metros de largo que tenía aquel conducto que terminó en un suelo de metal casi blanco. Nadie les había detenido. Sospechoso. Miró alrededor, notando la estructura como la única puerta de acceso, pequeña pero blindada con un tablero que pedía una tarjeta lectora.

-Esta es una salida de emergencia. No es la entrada principal –comentó en susurros.

-Sí, y algo me dice que nuestra suerte se acabará en cuanto violemos la seguridad de esa puerta.

-Amateur.

Sacando su decodificador, el murciélago se acercó al tablero, conectando los cables necesarios antes de activar el dispositivo que brilló tenuemente en aquella oscuridad, lanzando un discreto pitido cuando la puerta se abrió sin activar alarma alguna. Simmons se cruzó de hombros al verle, ladeando su rostro con un dedo tamborileando uno de sus bíceps.

-¿Y yo soy el criminal?

-Camina.

Seguían descendiendo bajo tierra, en niveles que iban ampliándose conforme bajaban por las gruesas como amplias escaleras de metal negro. Todo estaba en un relativo silencio, solo se escuchaba el sonido de aire acondicionado ventilando los corredores vacíos, iluminados por lámparas fluorescentes. Por fin alcanzaron lo que parecía ser el acceso principal, un hueco circular cuya periferia continuaban esas escaleras negras. Simmons giró su rostro a todas partes, como esperando un ataque en cualquier instante que nunca llegó, tamborileando sus garras sobre la valla en la que se recargó.

-¿No es extraño que esté vacía?

-Dijiste que no estaban contratando en estos momentos, seguramente porque dos de sus guardias desaparecieron sin dejar rastro.

-Ah, entendí, yo tuve la culpa.

-El virus que inserté ha desactivado las alarmas y mecanismos de seguridad.

-¿Un virus informático en esa cosita que cargas? Wow.

-Voy a cerrarte el hocico con un balazo si vuelves a hablarme así.

-Qué dramático. En fin… espera, ¿ésas de allá son celdas?

Ambos se inclinaron para ver un par de niveles abajo lo que parecían ser celdas similares a las usadas en las prisiones de alta seguridad. Bajaron hasta ellas, dándose cuenta que estaban vacías, pero no tenían mucho de estarlo, había objetos de uso personal abandonados entre sus tres paredes reforzadas, junto con diminutos pero perceptibles rastros de sangre. Spawn levantó un reloj de plástico bastante acabado que acarició entre sus manos, conteniendo un gruñido que fue captado por los oídos del murciélago, haciendo que se volviera a él, observando su gesto.

-¿Conocías a quien le perteneció eso?

-Un amigo… de los callejones…

-Vino a trabajar.

-Creíamos que se había marchado a casa como dijo lo haría con el dinero. Realmente lo creí…

-Eso te pasa por ser tan crédulo, no haber investigado algo tan…

-¡Tú cállate! ¿Qué sabes sobre perder a alguien que estimas?

Batman se quedó callado unos segundos, dándole la espalda después. –Lo sé.

-No entiendo, no entiendo. Solamente él había desaparecido… todos los demás ya habían trabajado sin terminar así. ¿Por qué él?

-Excelente pregunta.

-Josh… oh, Josh…

El detective le dejó a solas para que aliviara su pena, examinando el resto del nivel, bajando al siguiente cuando detectó una sala de experimentos de alta tecnología. Abriendo las puertas de vidrio grueso al desactivar su tablero, vio las mesas metálicas vacías pero con los rasguños propios del uso continuo. Aroma a desinfectante, antisépticos. Recordó la cabeza parlante dentro del robot centinela de la bodega. ¿Acaso ahí estaban experimentando con eso? Las mesas quirúrgicas tenían todos los instrumentales, monitores y había una viga llena de cables enredados pero que lucían como conductos para fines no muy humanos. Alacenas con candados, pizarrones borrados de mala gana donde se podía leer horas con notas sobre procedimientos médicos. Una última línea no había sido alcanzada por el borrador.

PhD. Pesaj, intervención neurológica. Extracción de material nervioso. 0100 horas.

Neurocirujano experto, tecnicismos militares. Batman tomó una fotografía, mirando alrededor en busca de las tabletas que siempre se manejaban en las salas de operaciones, esperando encontrar una nota o el rastro de escritura sobre los pacientes a los que ese médico había tocado. Escuchó los pasos apresurados de Simmons llegar hasta él con un bulto en manos y los ojos completamente abiertos.

-¡MIRA ESTA COSA!

La dejó sobre una de las mesas quirúrgicas, sin quitarle la vista de encima con el rostro desencajado. Era una cabeza humana que estaba adherida a un soporte robótico semi transparente que dejaba ver su médula espinal.

-La encontré en una de las salas que están por allá. Mierda. Mierda. Mierda.

-Respira, Simmons.

Aquella cabeza no estaba viva como la que encontrara dentro del robot. Su palidez hablaba de al menos un par de días de muerto. Los nervios de su médula estaban contraídos, posiblemente había sido un intento fallido de combinar una vez más un cerebro humano dentro de un cuerpo robótico. Le tomó fotografías antes de examinarle de cerca, buscando indicios que le llevaran con los autores de tal crimen. Ese rostro tenía rasgos latinos. Se valían de indocumentados y vagabundos, los más desesperados por dinero. Gruñó al darse cuenta de la cercanía de Spawn quien también examinada esa monstruosidad con la curiosidad de un niño.

-¿Había más como él? –le preguntó, alejándose.

-No, solamente estaba éste. Hey, Batman, ¿escuchaste eso?

Sí que lo había hecho. Un siseo. Conocido. Preparó sus armas saliendo de ahí a toda prisa, buscando un punto ciego en aquel nivel donde esconderse, haciendo un gesto a Simmons para que le siguiera, cosa que para su fortuna sucedió. El siseo se aproximó. Luego otro. Otro más. Tres robots centinelas fueron escalando los niveles, pasándoles de largo hasta llegar al más alto por donde habían entrado, examinando alrededor. Las cadenas de Spawn se movieron inquietas, expectantes como una cobra que está por atacar, igual a la orilla de su capa que se afiló. Estos robots fueron diferentes, estaban mejor armados y por lo menos eran el doble de tamaño que aquel en la bodega. Modelos mejorados. El cuerpo del murciélago se tensó, cada músculo listo para moverse al comando de su mente, preparado para el ataque que vendría una vez que los centinelas descendieran a donde ellos. Su única salida de aquel lugar estaba por la puerta de emergencia y para llegar a ella tenían que vencer a los robots o al menos burlarles el suficiente tiempo para salir vivos.

-¿Plan? –preguntó Simmons apenas si con un hilo de voz.

-Confundirlos. Esquivarlos. Salir por la puerta de emergencia.

-¿Y si no funciona?

-Pelear.

-Sabía que ibas a decir eso.

Callaron cuando el silbido de los cañones anunciaron tres disparos coordinados, haciendo estremecer todo el complejo al disparar contra el pasillo de salida que fue bloqueado por los escombros caídos por los disparos. Intercambiaron una mirada con el mismo pensamiento, tendrían que salir por otra parte. El detective hizo una inferencia apurada. Si estaban cerca del mar y los niveles tenían numeración de forma ascendente eso quería decir que la entrada principal debía encontrarse en la parte media o en lo más bajo, una entrada bajo el mar. Demasiado lejos con tres robots mejorados como sus armas. Las cadenas de Spawn se lanzaron contra los centinelas cuando aparecieron de súbito, al haberles ubicado con sus ojos de lectura térmica. Batman disparó un par de balas expansivas, tirando de Simmons para alejarse antes de que el estallido les alcanzara, resbalando por el suelo hacia el siguiente nivel. Uno de los robots perdió un brazo, los otros dos detuvieron su carrera por el pasillo, descargando su artillería contra ellos.

La capa roja fungió de escudo, al expandirse sobre ambos. El murciélago apretó su mandíbula, nada satisfecho, preparando más cargas explosivas. Tenían que seguir bajando, era la única opción. Disparó a sus pies, abriendo un boquete y luego otro más rápido que los reflejos de los robots. Al caer en el cuarto nivel más bajo, tuvieron que retraerse contra las paredes metálicas ante los disparos láser de un par de centinelas que iban subiendo con la velocidad de un artrópodo escalando un árbol. De nuevo se miraron, reconociendo lo desquiciado que era ahora su plan. No iban a salir vivos de ésa, no al menos con los recursos que poseían. La mirada de Batman recorrió aprisa ese nivel en busca de opciones. Improvisar. Resistir. Siempre existía una salida, una manera que todavía no había considerado. Los centinelas de la parte superior bajaron con el silbido de sus cañones preparándose en cuanto los tuvieran en la mira, el primero en ubicarles terminó con el cuerpo partido en dos por las cadenas de Spawn, revelando su interior. Una cabeza cercenada que gimió de dolor.

-… ¡¿q-qué…?!

-¡Abajo!

Los otros dos robots dispararon, destruyendo al primero delante de ellos y que les estorbaba ya en su objetivo, haciéndolo caer hasta la parte más baja. Se arrastraron lo más aprisa posible, terminando acorralados en una esquina del nivel ante la llegada de los otros dos centinelas. Un incendio subió, provocado por la explosión del robot caído. Bruce casi respingó cuando una mano de Simmons sujetó su muñeca con fuerza, rodeándose de aquella neblina verde.

-Lo siento.

Antes de que pudiera preguntarle, las cadenas volvieron a atacar, reconociendo que destruir el interior de los robots era el único medio para vencerles. Dos centinelas terminaron con sus cabezas humanas hechas trizas antes de que los dos intrusos desaparecieran junto con las cadenas, dejando a los otros dos robots restantes perecer en la explosión que cobró magnitud, haciendo estallar todo el complejo. Para muchos sería como un ligero temblor inexplicable pero nada fuera de lo común, que pasarían de largo. El cementerio de buques antiguos se cimbró antes de quedarse en completa calma, con apenas una discreta columna de humo escapando de uno de ellos pero que el viento dispersó casi enseguida.

Batman se arqueó sin poder evitarlo, vomitando nada más que saliva. La teletransportación no era nada amigable la primera vez, le decía Simmons desde su trono de escombros, basura y cajones de metal oxidado. Luego las náuseas desaparecían conforme uno terminaba acostumbrándose. Spawn miraba su mano de la que fue desvaneciéndose ese poder obsequio de su amo infernal, con una expresión de incredulidad en su deforme rostro, mismo que giró hacia el Caballero de la Noche, dejando caer su mandíbula. No podía evitarlo, cuando tocaba a alguien con su poder, también era capaz de leer sus pensamientos en ese breve pero revelador período de tiempo.

-¿Eres Bruce Wayne? ¿Bruce Wayne el millonario?

Un batarang quiso estrellarse contra su cara pero las protectoras cadenas se lo impidieron. Rió con ganas sentándose mejor en su trono, parpadeando con una sonrisa que iba creciendo al tiempo que el detective se giraba, limpiándose los labios con el dorso de su mano.

-Tiene sentido. ¿Quién más puede tener tanta pasta para un traje y chucherías como las tuyas?

-Eres hombre muerto.

-Vaya, al fin te das cuenta –rió Al, notando su quietud- ¿Qué? ¿No lo sabías? Bueno, si uno regresa del Infierno, no lo hace precisamente "vivo". Además, no es que vaya a contarle a alguien de tu identidad secreta, tranquilízate. ¿Acaso me ves caminando alegremente hacia el Daily Planet saludando con una mano antes de decirles que sé quién es Batman?

-¿Dónde estamos?

-En mi callejón, mis terrenos. Lugar seguro. Me disculparás si no te dejé en tu gigantesca mansión pero no he ido a ese sitio, no puedo teletransportarme a donde no conozco. Y de nuevo, no fue nada.

-Todavía eres un vago.

-Debes tener una gran cantidad de amigos con ese carisma que te cargas. Toma –le tendió una botella de whisky que el otro miró como si le ofreciera carne podrida- No está adulterado, es de buena marca, no preguntes cómo la obtuve, es para que te quites el mal sabor de boca.

-Seguir viéndote lo provoca.

-¡Ja! Anda, un trago.

El detective se lo pensó unos minutos que Simmons resistió con el brazo estirado y la botella en mano. Al fin se acercó a tomarla para beber un trago, sintiendo como un calorcillo recorría su cuerpo ayudando a enfocarse mejor, devolviendo la botella a su dueño.

-¿Lo ves? No trato de embriagarte, jamás me atrevería a hacer enojar a tu novio.

-¿Qué cosa dijiste?

-Pues el súper modelo de Metrópolis me visitó, luego de nuestro primer encuentro. Me estrelló en varios edificios antes de amenazarme con reducirme a cenizas malolientes si me atrevía a hacerte daño. Me dolió. Lo de la estrellada, tardé como mediodía en regenerarme.

-¿Superman… hizo eso?

-Una sesión de control de furia no les caería mal a los dos.

-Estás mintiendo.

-No, pero si no me crees… bueno, está allá arriba para que le preguntes.

Bruce se giró hacia donde apuntó la mano de Al, notando en el cielo teñido ya de colores rojizos de un próximo amanecer, la figura imponente cuya capa roja se agitó como si reflejara el estado de ánimo del súper héroe.

-Kal-El…