Título: MOMENTUM
Autora: Clusmykitty
Fandom: DCU, DC Cómics
Pareja: Superbat
Derechos: DC y sus hordas de demonios todo lo conquistan.
Advertencias: Pues vamos que ya todo está dicho con la pareja, y también que retomo ese crossover hecho entre Frank Miller y Todd McFarlane (Spawn Batman) como punto de partida para esta historia. Mi primer Superbat largo, os suplico gentileza.
Gracias por leerme.
8. Si vas por mí ahora, besaré por fin tu boca.
La fina arena contenida en las paredes cayó con un suave siseo sobre los bloques de concreto hechos pedazos que le rodeaban. Dolor. No mayor que su ira. El persistente aroma a flores vino de nuevo a su nariz, convirtiéndose ya en el gatillo que disparaba la adrenalina necesaria para volver a ponerse de pie, tomando un arma que recargó contando los cartuchos de la misma manera que Kal-El castigaba con sus puños el cuerpo del ángel hasta llevarle contra uno de los edificios, cayendo sobre ambos durante su intercambio de golpes que perdió Tiffany ante la velocidad de su rival. Aire ligero entró por sus pulmones, debiendo repetir sus inhalaciones con el fin de tener suficiente oxígeno en su cerebro para enfocarse en su objetivo, apoyando el mango de su fusil modificado sobre un hombro con rasgaduras por filosas garras metálicas. Un conteo lento, pausado.
Un disparo.
Superman se separó a tiempo antes de que la bala explotara, lanzando ondas de choque ultrasónico que sangraron los oídos de Tiffany, quien rugió sacudiendo su cabeza y buscando de nuevo su hacha perdida debajo de un puente caído. No esperó el segundo disparo, micro astillas que se encajaron en su piel al descubierto que vibraba por el toque de las ondas como señuelo. Balas inteligentes. Batman apuntó de nuevo, con una carga diferente. Ese ángel aguerrido les había envuelto en un campo de energía, transportándolos a una dimensión sombrilla, una imitación de Ciudad Gótica pero sin ser vivo alguno que saliera lastimado. Apuestas angelicales, les explicó Spawn. Si ella ganaba, el daño resultante sobre la fantasmal ciudad se replicaría en la verdadera, en caso contrario, ellos volverían a la Tierra. Tiffany estaba muy segura de su victoria. Ingenua.
El hacha platinada se ondeó al aire, brillando por la luz de la luna falsa sobre la cabeza de Simmons cuyas cadenas le atacaron. Volvió a disparar. Prevenida por el primer ataque, Tiffany se giró a toda velocidad, cortando en dos aquella carga, recibiendo un humo irritante que la envolvió. Nada que pudiera acaso perturbarla. Ésa no era la intención. Las garras del general del Infierno abrieron un portal, trayendo una enorme bandada de murciélagos, hambrientos murciélagos buscando su festín que un aroma les indicó. Alados depredadores provenientes del Averno mismo. Mortales encantos escondidos en los poderes de Spawn, quien se le unió bajo el techo semi destruido del edificio al cual el ángel lo había estampado.
-De acuerdo, ya hemos seguido tu plan. ¿Ahora qué?
Los murciélagos desaparecieron en cuestión de minutos. Tiffany estaba furiosa. El detective se volvió hacia Clark cuando descendió a su lado, esperando por la respuesta que Simmons le hiciera.
-Su confianza ha crecido pero sus tácticas ya son improvisadas.
-¿Eso quiere decir que…?
Batman les miró unos segundos. –La venganza es un plato que se come frío.
-Pues ya hasta se te congeló, Bats.
-Ha llegado el momento de pelear en serio –Kal-El entrecerró sus ojos.
-Ya puedes enojarte –concedió el murciélago.
Superman no necesitó que le dijeran dos veces, atacando con su rayo a una preparada Tiffany. Spawn se rascó una mejilla, observando el despiadado ataque del kriptoniano.
-¿Y qué haremos nosotros?
-Lo que habíamos planeado.
-Tienes muchísima confianza en la súper fuerza de tu súper novio.
Un chasquido de arma cargándose hizo respingar a Simmons, levantando sus manos en son de paz al tiempo que tomaba impulso para saltar al edificio semi destruido para unirse a la pelea en el aire entre el ángel y Clark. Mientras tanto, Batman caminó sin prisas por debajo de ellos, sacando de su cinturón cargas nuevas, balas translúcidas con un líquido rojizo. Tiffany era todo menos una ingenua, un ángel de cientos de miles de años que había estudiado previamente a sus enemigos, sus debilidades y fortalezas tiempo atrás cuando éstos ni siquiera la conocían. Por eso los había jalado a esa dimensión sombrilla. Apartados de todo recurso que se pudiera utilizar contra ella, como la ayuda de Alfred quien solamente había alcanzado a darle las armas que ahora estaba utilizando como una nueva capa, la que usaba para volar pero que no lo había hecho todavía. Igual que un depredador que espera escondido hasta que su presa ha bajado por completo la guardia, él se tomó su tiempo para su ataque.
De la misma que el general del Infierno, el ángel tenía poder de regeneración, sin contar esos listones que podían multiplicarse hasta cubrirle por completo en un escudo impenetrable cuando el poder de Superman le apabulló, intimidándola lo suficiente para hacerla retroceder. Fue el turno de Spawn quien le hizo probar sus propias garras, mismas que cortaron los listones, enterrando sus garras en la armadura que iba perdiendo partes como el filo de su hacha ante el encuentro con las pesadas cadenas. Kal-El disparó de nuevo, esta vez encontrando el pecho de Tiffany cuya piel se quemó con un rugido del ángel ante la blasfemia de tocarla de esa manera. Su mano libre se envolvió de energía brillante dispuesta a lanzarla contra él, más solamente volvió a gritar con rabia por un disparo proveniente del suelo que atravesó su mano. Esta no se regeneró.
Bruce sonrió.
La pelea encrudeció, Tiffany podía haber increíblemente perdido una mano pero no restaba ferocidad a sus movimientos. Se separó de sus dos atacantes, dándose tiempo a reordenar sus pensamientos con el dolor punzando su brazo izquierdo que dejó escapar gotas de sangre en el suelo. Su mirada se posó en el detective causante de su herida. Listones salieron disparados hacia éste pero solo encontraron escombros. Un murciélago volaba en lo alto con una luna falsa a sus espaldas. Formando un triángulo, los tres se lanzaron sobre el ángel, concentrando sus ataques en las heridas de Tiffany, la cual respondió haciendo lo mismo con velocidad, no siempre certeza pero si mucha furia en sus movimientos, usando incluso su muñón sangrante que estampó contra el rostro de Spawn, la mandíbula de Superman y el pecho de Batman, enviando al suelo a los tres al mismo tiempo con una patada circular.
Cayó al suelo, jadeando pesadamente, limpiándose sangre de su boca que miró con un bufido, su mano derecha que sostenía su hacha la sacudió con un vaivén, murmurando un conjuro que liberó un mango más largo, más grueso y reestableció el filo de sus dobles hojas. Alas platinadas brotaron de su espalda, sacudiéndose con un fuerte aleteo que despejó su alrededor de toda basura, escombro y construcción, dejando una arena de duelo lista para ella. Se plantó firme en sus dos pies, inclinándose ligeramente sobre un costado con su lanza hacha en lo alto como sus alas que vibraron ansiosas por el siguiente encuentro. Tiffany sonrió, relamiéndose sus heridos labios. Era la segunda mejor cazadora de Spawns en el Cielo, aquellos tres no iban a menguar la gloria de su reputación por más tretas que tuvieran, menos cuando dos de ellos eran mortales.
Su primer objetivo fue Simmons, el primero en levantarse, corrió hacia él con grandes zancadas y su lanza en horizontal que encontró su abdomen, empalándolo unos segundos en el aire, girándose para quitarlo de su vista al arrojarlo al suelo. Kal-El llegó a su costado pero su codo rompió el puño que estaba por tocarle el rostro, usando el mango de la lanza con que taclearlo y enviarlo de vuelta al suelo, enterrando la mitad de una de las filosas hojas en su espalda, arrancándola de tajo con un rápido giro de su muñeca, enviando el arma directo al murciélago, quien por nada la evadió de cortarle la cabeza, torciendo su cuerpo por el impulso del hacha que rasgó su hombro, tirando de él por un báculo pesado chocando contra su plexo solar, robando precioso oxígeno. La espada hasta ahora reposando en su cadera fue sacada de la vaina dorada. Superman le saltó encima, Tiffany usó su brazo mutilado como escudo, usando la fuerza de choque como impulso para tumbarlo, la espada bailando en el aire cortó su costado cuando besaba el suelo.
El ángel sonrió al escuchar el rugido de Spawn, con su capa roja extendiéndose amenazadoramente sobre su persona al saltar metros arriba de su cabeza. Sus listones entendieron el mensaje, formando agujas de último minuto que atravesaron la capa al caer sobre ella, rasgándola igual que ella lo hizo con su espalda y cuello usando su espada, cortando una pierna cuyo pedazo salió volando lejos de ellos. Kal-El le abrazó por la espalda, encogiendo sus alas. Tiffany le miró por encima del hombro unos segundos antes de negar lentamente. Las plumas de las alas endurecieron, enterrándose cual espinas contra el desprevenido cuerpo del kriptoniano a quien empujó y azotó contra el suelo, enterrando su espada en su abdomen. Ella aulló en victoria, sacando su espada con un arco de sangre de su víctima danzando en el aire. Sus ojos se posaron en Batman, quien ya le esperaba.
-Ambos somos estrategas, ambos pensamos en planes. Pero tú no eres nada frente a mí.
-Pruébalo.
El arte de la guerra es el arte del engaño. Un adversario puede tener la ventaja en armas y recursos, pero no significaban nada si su mente no estaba preparada. Tiffany se lanzó contra él, ondeando su lanza que silbó al viento, misma que evadió con un giro sobre sus talones, echándose hacia atrás, permitiendo tener el giro necesario para su puño cubierto con un guantelete metálico que se estrelló contra las costillas del ángel, escuchando como se fracturaban. Iba a reponerse, no sangraría peligrosamente, más se trataba del golpe real, uno psicológico. Bruce rodó en el suelo, impidiendo que le atraparan los listones, usando su capa como muro ante la mirada de aquel ser. La adrenalina corría por cada fibra de sus músculos, huesos rotos y músculos adoloridos desaparecieron de su mente. Un objetivo claro. La espalda del ángel.
Plumas cual dagas de diamante encontraron todo lo largo de su cuerpo al chocar contra ellas, pero su guantelete ya estaba en la parte alta de su nacimiento, el propio empuje del ataque hizo que su brazo tirara del ala al ser jalado por las plumas. Tiffany gritó de dolor, cambiando la posición de su espada al torcerse hacia él. Bruce se soltó, dejando que el propio peso de su cuerpo lo liberara de las plumas, cayendo pesadamente al suelo, justo cuando la espada buscó un cuello que cortarle, encontrando en su lugar el grueso y firme hueso de un ala que terminó partida en dos. Utilizar al enemigo para vencer al enemigo. Dos precisos batarangs terminaron de hacer el trabajo. Ahora el ángel tenía un ala rota que arrastraba en el suelo. Un listón atrapó su mano recubierta por el guantelete, estrujándolo hasta hacerlo añicos. El daño estaba hecho, no importaba. Ella ya había perdido claridad en sus ataques, como lo demostró la posición de su cuerpo. Desbalance, guardia baja. Tiró del listón que le atrapó, haciéndole tropezar hacia él.
Tiffany levantó su lanza dispuesta a clavarla a lo largo de su cuerpo, pero el arma terminó partida en dos con un crujido seco gracias al puño certero de Kal-El, cuyos ojos se encontraron con los de ella, quemándolos al verse desprevenida. Sin importar la fractura que significó para su hombro, el murciélago tiró con todas sus fuerzas del listón al que no dejó escapar, desequilibrando el siguiente movimiento del ángel. Rechinando sus dientes por el ardor al contacto directo de aquel material, dio un segundo tirón, llamando la atención de esa protección angelical. Cadenas tiraron del ala rota, arrancándola de tajo de la espalda cuyos músculos se abrieron como una flor desplegando sus pétalos en color carmesí oscuro por el borbotón de sangre que le siguió. El ángel aulló de dolor, ciega y sin un ala. Hizo un giro con su lanza, buscando quitarse de encima al kriptoniano como al general del Infierno. Desesperación.
Una lluvia de puñetazos de acero le hicieron caer de rodillas, los listones quisieron defenderle pero fueron apresados por las manos de Superman, amordazándola con ellos. Spawn enterró sus garras en la herida abierta, quemándole con fuego del Infierno. Tiffany gritó y rugió, con sus últimas fuerzas y un ala que no sabía atacar por el dolor que ya cegaba la mente del ángel. Batman soltó el listón, mirando su mano igualmente fracturada, pero no más que los huesos de aquella cazadora celestial cuando Kal-El la estrujó sin compasión, casi a punto de partirla en dos. Simmons se plantó frente a ella, mostrando una diminuta esfera de energía verduzca al tiempo que tiraba de su cinturón, buscando aquella joya que activaba esas aperturas dimensionales.
-Salúdame a Malebolgia.
-¡NOOOOO!
Tiffany desapareció en una neblina verde.
De inmediato aquella imitación de Ciudad Gótica comenzó a fracturarse, los tres cayeron a un precipicio luminoso cual agujero que los engulló. Brazos heridos pero aún fuertes buscaron de inmediato a Bruce, atento a la apertura dimensional que les dejó ver un paisaje por demás conocido. Una ciudad nocturna con helicópteros policíacos haciendo rondines sobre los centinelas destruidos, terminando de quemarse, sirenas de bomberos y patrullas cuyos altavoces daban órdenes a los muy asustados ciudadanos. La amenaza ya había terminado. Descendieron sobre un rascacielos, en medio de las penumbras, observando las columnas de humo en diferentes partes, señales de auxilio que paramédicos debían atender. Un caos menguando como la noche que ya se mutaba de su oscuro tinte hacia uno más rojizo, anunciando el amanecer.
-Ganamos –Simmos fue el primero en hablar.
-Ganamos –sonrió Clark.
Bajó su mirada al detective quien observaba serio todo aquel panorama, con una expresión cansada más llena de satisfacción. El brazo que sujetaba su cintura le dio un suave tirón, sonriendo ampliamente al encontrarse con su mirada dura pero brillante.
-Ganamos –asintió Bruce.
El zumbido apenas perceptible de un avión acercándose les hizo mirar hacia el cielo, descubriendo la discreta batinave planeando elegantemente hasta quedar a su nivel, abriendo su compuerta lateral, con un saludo de bocina de parte de Alfred, el cual les invitaba a ir a la mansión para sorpresa de su amo cuya queja tuvo oídos sordos. Antes de que Clark pudiera reclamar, se le escapó de las manos el murciélago, viéndole subir al transporte, igual que Simmons quien le hizo una mímica para darle a entender que no iba a dejar que manejara la nave para que no se preocupara. No hubo necesidad de tal cosa porque el mayordomo maniobraba a control remoto aquella sigilosa nave, ya entrenado en el estado de salud de su señor Wayne después de una batalla de tal calibre. Así dejaron que la ciudad se ocupara de sí misma en tanto volaban en silencio hacia la mansión.
-Eres un gran hijo de puta –comentó Al durante el vuelo- Sabías que podía encontrarte si buscaba el rastro de mi poder que había dejado en ti. Ya esperabas que Tiffany te jugara una mala pasada, ¿cierto?
-Lo hiciste bien.
-Me gusta que hayas confiado tanto en mí.
-Era parte del plan, no de confianza.
Spawn rió, mirándole. -¿Cuándo carajos supiste cómo vencer a un ángel?
-La información que robé de sus oficinas, había un archivo oculto –Bruce se giró apenas- Tiffany no es el único ángel al que te has enfrentado.
-Ah, hombre, yo puedo explicar, todo ha sido…
-No me interesa.
-Pero ya somos amigos de batalla. Hemos compartido heridas y besos al suelo.
-Al parecer eres el primer Spawn que está poniendo en jaque al Cielo.
-¿Qué tal? ¿Sigues creyendo que soy un vago, indisciplinado y cobarde?
-Hocicón y perezoso, además.
-¡Hey!
-¿Qué hará ese tal Malebolgia con Tiffany?
-Bebé, lo mismo que haría una manada de leonas hambrientas con un lechón gordito.
-¿Cómo me has dicho?
-Allá van los reclamos, tan bien que íbamos… wo, wo, ¿ésa es tu casa?
Rodearon la mansión, entrando por la cueva que ganó un silbido de parte de Al, atento a lo que veía con una curiosidad típica de un niño. Alfred les observó al llegar y salir de la nave, saludando con una pequeña reverencia a Clark, sonriendo al verle ir de inmediato con un malherido Bruce al que el mayordomo atendió cuando al fin se dejó hacer. Los otros tenían sus ropas maltrechas y se les notaba cansados pero ya no tenían heridas abiertas ni golpes. Esperaron uno con impaciencia y el otro con curiosidad a que Alfred terminara, recibiendo de nuevo su sonrisa en un rostro aliviado de verles vivos.
-Bienvenidos a la mansión Wayne. Señor Simmons, me temo que la exquisita educación de mi amo ha perdido su valía, me presento ante usted. Soy Alfred Pennyworth, mayordomo de la familia Wayne.
-Al Simmons, gusto en conocerle, viejo.
-Aunque mi cabello ha desaparecido por las preocupaciones que me provoca el amo Bruce, le aseguro que no soy un anciano.
-Me cae bien este tipo.
-Cuida tu lengua, Simmons –gruñó Bruce ya con un cabestrillo y vendajes en su cuerpo.
-Clark, gracias por cumplir con tu palabra.
-Un trato es un trato, Alfred –sonrió aquél.
-¿Qué trato? –quiso saber el millonario.
-Les he preparado una cena para celebrar, junto con una copa de buen vino. No todos los días arriesgan sus vidas enfrentando seres de niveles superiores en batallas dignas de las mejores epopeyas griegas.
-¿Eso que quiere decir? –parpadeó Al.
-Una vez más, gracias Alfred –dijo Kent, riendo ante la expresión de Bruce.
-Enseguida vuelvo, descansen caballeros.
-Ah, nadie me había dicho caballero antes –suspiró dramático Simmons, sentándose en el suelo en lugar de la silla que le ofreció Superman.
-Alfred solamente está siendo educado –gruñó Wayne.
-Oye, ya veo por qué siempre nos siguen murciélagos. Tienes como que toda la población mundial de esas cosas aquí dentro. ¿Cómo lavan el suelo?
-Simmons…
-Alfred nos invitó, no puedes ser grosero conmigo, Señorito Wayne.
-Clark, estrella su cabeza por mí.
-Tranquilo –éste se inclinó para besar sus cabellos, riendo al verle intentar alejarse- Al se siente alegre de ser parte de nuestro equipo.
-No somos un equipo.
-Bueno, ustedes dos son amantes y la verdad ahí no quiero meterme, no es que no me parezcan atractivos los tríos pero si fuesen damitas igual cambiaría de idea. Prefiero a las nenas, sin ánimo de ofender.
-Estoy reconsiderando la invitación.
-También te quiero, Bruce.
-Un general del Infierno podría ser un aliado ventajoso –intentó Clark- Y si incluso el Cielo tiene problemas con él, mejor tenerlo de amigo que de enemigo.
-Por eso te adoro, Súper, ya compré mi camiseta con tu letra.
-Ni siquiera tienes dinero –Bruce entrecerró sus ojos- ¿Sigues robando?
-¿Nunca se cansa de estar haciéndole al Sherlock Holmes? –preguntó Simmons a Kent.
-Créeme que he intentado ponerle pausa.
-Ustedes dos…
-Lamento el retraso, de último momento decidí que esta noche valía la pena el mejor vino de la cava Wayne, con su permiso amo. No quiero despedirme de este mundo sin haber participado en una celebración tan particular con invitados tan singulares.
-Hablas muy bonito, Alfred. Aunque entiendo la mitad.
-Gracias, Señor Simmons.
-Dime Al. Y ya sé que doy miedo, pero es que no leí bien el contrato infernal.
-Hace mucho tiempo que me hice a la idea que la compañía del amo Bruce jamás sería normal.
-No sé si sentirme halagado o insultado.
-En tu caso, lo último –bromeó Bruce, negando apenas. Esos dos iban a darle dolor de cabeza.
-Por favor, es hora de celebrar –sonrió Alfred.
-Y comer eso que trajiste, Alfred, ya decía yo que las sobras de los callejones no eran todo en esta vida.
Clark rió ante la reacción del mayordomo, con una mano buscando la de Bruce, entrelazando apenas sus dedos que luego acarició discreto, recibiendo una copa llena de champán. Por esa noche, el mundo volvía a estar en calma. Ahora contaban con la ayuda de un ser de lo más folklórico, no era tan malo después de todo. Un guardián por ciudad, tres para el mundo. Como los Tres Mosqueteros, pensó con diversión, chocando su copa con la de su murciélago malhumorado que había despertado al monstruo del sarcasmo en Simmons y Alfred. Un rival invencible que ni todas las astucias de Bruce iban a poder vencer, pero que estuvo encantado de apoyar entre bocados de aquella exquisita cena, la cual siempre recordaría por una sonrisa particular, obsequiada en un momento de distracción de los otros dos seguida por un beso. No necesitó explicaciones para entender. Asintió apenas con una felicidad que saltó a sus ojos y que aparecería siempre que viera esa sonrisa, única para él.
Tal como había dicho Alfred. Eran diferentes y singulares.
Así era su relación.
Y eso era perfecto.
