Los personajes presentes a lo largo de la historia son propiedad de Ryan Murphy y de la cadena televisiva FOX, con los respectivos derechos de autor. O bien, personas que realmente existieron durante los hechos plasmados.

La trama y redacción de la misma son de mi autoría.


I

11 de Noviembre de 1938

Ámsterdam, Holanda

La risa de Santana invadió toda la habitación, haciendo que tres pares de ojos fueran a parar en ella. Dejó su lectura a un lado, para sujetar su estómago y hacer su carcajada más prolongada. Se recostó en la cama mientras lograba articular frases como "¡Esto debe ser una broma!"

-¿Se puede saber qué te pasa, Santana? – interrogó Rachel, una pequeña judía de cabellos castaños y nariz prominente, exponiendo la pregunta que todas tenían en mente.

Santana, una chica de rasgos latinos, largo cabello negro y cuerpo menudo, río entre dientes mientras se sentaba correctamente sobre la cama de la espaciosa habitación que compartían las cuatro.

Con una sonrisa divertida, abrió su libro en la página que estaba leyendo con anterioridad, se acercó a Margot, una chica de poco más de doce años, con grandes gafas circulares y la "mejor" amiga de Rachel. Le señaló un párrafo para que hiciera la lectura en voz alta.

-"Bilbo es un hobbit, una raza que se caracteriza por los siguientes rasgos: son o fueron gente menuda de la mitad de nuestra talla, y más pequeños que los enanos Barbados…"

-¡Rachel Polańsky! – la interrumpió con una risotada que volvió a invadir la habitación.

Anne, la hermana pequeña de Margot que acompañaba a las otras tres solo para tener algo de compañía, dejó escapar una pequeña risa, asegurándose que Rachel no la viera. El rostro de ésta se volvió completamente rojo de la furia, levantándose de su lugar a un lado de una confundida Margot.

-¡No le encuentro la gracia Santana! ¿Qué es eso? – le preguntó arrebatándole el libro de las manos - ¿El hobbit? ¿Qué clase de nombre es ese?

Santana se limitó a poner los ojos en blanco volviendo a apropiarse de su libro.

-Salió el año pasado, apenas lo tradujeron al Alemán, está teniendo una popularidad abrumadora, ciertamente no hubiera pensado que alguien se tomara el tiempo de investigar a tu raza. Pienso que mostrándote en las librerías podremos ganar unos cuantos florines por tu autógrafo – concluyó con un guiño de ojo exagerado.

-¡Suficiente Santana! ¡Nos vamos! – ordenó Rachel estrellando fuertemente un pie en el suelo.

-Ya era hora – respondió con un bufido cruzándose de brazos y tomando su mochila que descansaba en la cama –. Enana – se despidió de Anne revolviéndole el cabello –. Miope – le dejó caer a Margot antes de desaparecer por la ancha puerta de madera.

-Lamento el comportamiento de Santana, siempre ha sido así – intentaba excusarse Rachel con una sonrisa nerviosa mientras levantaba sus libros y se despedía de Margot con un cariñoso abrazo –, nos vemos mañana.

Y después de despedirse de la más pequeña de las Frank, que con una sonrisa divertida correspondía al gesto con un "hasta mañana, Rachel", mientras ésta se ocupaba de seguir los pasos de su hermanastra.

-¡Excelente Santana! Me has dejado mal parada frente a Margot – le reprendía mientras caminaban sobre una calle de Merwedeplein, el barrio donde vivía la familia Frank.

-Vamos, ha sido divertido, además, tenía que apresurar las cosas, no sé por qué Hiram nos quería ahí antes de lo esperado.

Hiram Polańsky era un reconocido empresario judío de industrias textiles, sus empresas habían logrado abarcar gran parte de Holanda, Alemania, Polonia y una pequeña tienda en Costa Rica, aventurándose a colocarla en ese sitio por mera curiosidad. Sin embargo, en los últimos años y tras la nombración de Adolf Hitler como canciller en Alemania, la Gestapo cerró la gran mayoría de sus industrias, viéndose en la necesidad de negociar sus bienes con una empresa de pectina, Opekta, a cargo de Otto Frank (he ahí el acercamiento de su hija e hijastra con las hermanas Frank). Sin embargo, el 9 y 10 de Noviembre las tropas nazistas, organizados por Joseph Goebbels, quemaron más de 250 sinagogas, más de 7,000 comercios judíos fueron destrozados y saqueados, docenas de judíos fueron asesinados, al igual que cementerios, hospitales, escuelas y hogares judíos saqueados; este evento se recordaría años después como la "Noche de los Cristales Rotos". Claramente, sus industrias quedaron reducidas a escombros, quedando en sus manos solo unas pocas bodegas que pronto se vendrían igualmente abajo. No le quedaba en ese momento más que el miedo descomunal de que pronto les llegaría un aviso para que algún miembro de su familia se reportase para la deportación a un campo de trabajo, y todos sabían lo que eso significaba.

En cuanto escuchó la llegada de Santana seguida de una molesta Rachel, sabía era el momento de presentar la noticia a la que tuvo que resignarse.

-¿Papi? – se escuchó a lo lejos Rachel llamándolo.

-En el comedor, Rachel, por favor trae a Santana, Maribel y yo queremos darles una noticia.

En cuanto cruzaron el umbral, se encontraron con la cara de resignación de Maribel sentada en la enorme mesa que ocupaba el comedor y la mirada perdida de Hiram parado a su lado con un vaso de whiskey en la mano.

-Por favor, siéntense.

Rachel y Santana se miraron confundidas por la situación, pero se sentaron esperando una justificación ante la particular reunión familiar improvisada. Oyeron a Hiram dar un largo suspiro mientras les dedicaba una mirada con su semblante serio.

-Las noches de ayer y antier, las tropas nazistas bajo los mandatos del Canciller Hitler destruyeron todas las propiedades judías en gran parte de territorio Alemán. Nuestros comercios ahora mismo son cenizas, queda un par de negocios en Polonia y cinco bodegas aquí en Holanda –, explicó sacándose los lentes y masajeando el puente de la nariz mientras una asustada Rachel y una pensativa Santana lo observaban sin perder detalle de lo que decía - hoy a primera hora he hablado con contactos míos y se han ofrecido a rentarnos esas propiedades, exponiéndolas como suyas para que así no se reporten, y solamente pasarnos un porcentaje del dinero de las inversiones. Hemos decidido, Maribel y yo, vender igualmente la casa e irnos a Cracovia lo más rápido posible, tengo un amigo viejo de negocios allí, Oskar Schindler, el cual se las ha ingeniado para ser ahora miembro del Partido Nazi, quiere hacer ésta fábrica de artículos de cocina, con judíos como trabajadores, evitando que vayan a un Gueto que me parece tienen planificado hacer en Cracovia. Me ha dejado ayudarle en algunos aspectos, aprovecharemos la oportunidad.

Rachel había comenzado a temblar y lágrimas amenazaban por salir, mientras Santana mantenía los ojos abiertos sin poder creerse lo que escuchaba, ¡ese hijo de perra, enano y escuálido de Hitler!

-Rachel, cariño – habló una vez más Hiram captando la atención de todos nuevamente –, como he dicho, tenemos que pasar desapercibidos, eso cuenta también en los registros que tenga ahora mismo la Gestapo. Ya no somos más Polańsky, desde ahora nuestro apellido será Berry, así no causaremos más atención que la necesaria. He arreglado los papeles desde hace una semana. Maribel y Santana están totalmente fuera de peligro, claramente, Santana ni siquiera es judía – le dirigió una mirada a la nombrada asintiendo levemente con la cabeza –. Puedes librarte de esto, no sabemos cuándo acabará la guerra, y sabes que todo lo que pasará desde ahora será terrible y lo puedes evitar. Con parte del dinero puedo comprarte una pequeña casa, puedes continuar tus estudios y no correrás peligro alguno, Maribel y yo lo hemos hablado, solo tienes que acceder.

Santana pasó sus ojos sobre la sonrisa melancólica de su madre, el ceño fruncido de su padrastro y las lágrimas de su hermanastra la cual la adoraba sin medida, pero sabía que ella deseaba que accediera, que se librara de todos los problemas descomunales a los que se enfrentarían desde ese momento, de toda la persecución como si fueran animales por parte de la SS, del posible "campo de trabajo" que dictaba su sentencia a muerte.

Bajó la mirada y esbozó una sarcástica sonrisa.

-Si el gnomo de jardín – dijo señalando a su hermanastra – piensa que se librará de mí, está muy equivocado. Yo me quedo Hiram, somos una familia, algo extraña, pero una familia después de todo, y desde ahora la mierda que les caiga no me la sacudiré del hombro, sino que la recibiré con ustedes.

Ni a Maribel ni a Hiram les hizo gracia el comentario final, sin embargo con una sensación agridulce asintieron, Rachel se lanzó a sus brazos llorando. Su padrastro le dirigió una mirada cuestionadora, intentando transmitir duda en su respuesta, a lo que Santana alzó los hombros y le guiñó el ojo.

Al día siguiente, en una maleta empaquetaron recuerdos y frustraciones, pero también añoranzas y esperanza, aquella que pensaban les habían arrebatado hace tiempo.


30 de Enero de 1939

Cracovia, Polonia

Y ahí estaban nuevamente: no sabía con precisión si ella los buscaba o, en cambio, ellos la buscaban a ella, era algo particularmente extraño; simplemente eran dos haces celestes que la petrificaban, sin saber siquiera con exactitud qué eran, qué buscaban, ¿por qué ella? Le atraían como un diablo negro del mar a un inocente pez que se ha perdido en la superficie más recóndita del océano.

Santana sintió un peso en sus pies y se removió entre las sabanas algo aturdida todavía por su particular sueño. Abrió ligeramente el ojo derecho para toparse con una pensativa Rachel con la vista perdida en algún lugar de su habitación.

-¿Qué haces aquí, hobbit? Déjame dormir. – le gruñó para acto seguido volver a colarse entre las sabanas y cerrar sus ojos.

-He soñado con algo extraño, Santana. – atinó a decir antes de que la latina cediera nuevamente al sueño.

-Si no es erótico, siendo así, motivo de burla, no me interesa. – bufó molesta.

Rachel negó energéticamente con la cabeza, destapando a Santana a manera que ésta la volteara a ver.

-Es ámbar.

-¿De qué estás hablando? – preguntó resignándose frotando sus manos contra su rostro y sentándose en la cama, para alcanzar el té que le había llevado esa mañana Rachel.

-Sueño con el color ámbar, bueno, alrededor es como… esmeralda – le explicó completamente ida en sus pensamientos –, no sé qué signifique precisamente, no es la primera vez, y cada vez se hace más intenso y no sé si sucumbir al miedo o entregarme a ellos en un acto de desesperación y obsesión

Santana la observó con una ceja levantada por encima de su taza humeante que se desempeñaba en disfrutar. ¿Existían las coincidencias?

-Pienso que todo el cambio te ha afectado, Berry – mintió alzándose de hombros

Rachel dejó escapar un sonoro suspiro, no conseguiría que Santana la llegase a entender del todo. Está bien, llevaban conociéndose una cantidad considerable de años, once, si quería una cifra específica, y amaba a Santana con ese amor que solo una hermana puede sentir hacia la otra, esa conexión que, a pesar de no ser sanguínea, se complementaban a la perfección, tan diferentes, pero probablemente por eso es que jamás se cansaría de los comentarios sarcásticos o las bromas pesadas de Santana, por más que le molestasen.

-A todos nos ha afectado Santana – le respondió tocándose nerviosamente el cabello que caía por su hombro -. ¿Qué harás hoy?

La morena se le quedó viendo con una ceja alzada, con un ápice de incredibilidad en su rostro, ¿realmente preguntaba eso?

-¿Qué otra cosa, Berry? Pudrirme en esta cama o en el sillón de la sala como todos los días, o ir por algunos mandados que pedirán, porque soy a la única que dejan caminar sobre la acera, entrar en los puestos de comida o a la que los niños no le arrojan lodo. – respondió con una enorme sonrisa sarcástica mientras pestañeaba exageradamente

Rachel suspiró.

-Te acompañaré hoy, mi padre ha pedido que vayas por el pan – le respondió mirándola segura a los ojos y con el semblante completamente serio –. Te estaré esperando abajo.

Santana frunció el ceño, extrañada por lo que acababa de escuchar, si podía evitar la humillación, Rachel actuaba, evadiendo cualquier contacto con personas que no fueran judías. No le tomó la suficiente importancia, terminó su té y se apresuró a cambiase, meditando si usar la larga gabardina con el estampado de la Estrella de David con la palabra "Jude" en el brazo. Terminó por colocársela, probablemente le iría peor a Rachel si la vieran con una "católica normal", prefería la discriminación a que le hicieran daño a Rachel. Claramente, esto jamás se lo diría a la castaña.

-¿Nos vamos? – le preguntó una vez que llegó abajo, una pensativa Rachel, con un gran abrigo le asintió y la siguió a la salida.

Caminaron calladas por una enorme calle cuesta arriba, no tenían permitido pisar la acera, así que cada poco tenían que asegurarse que no vendría un coche detrás.

-Hay una panadería que todavía permite la entrada a judíos, está a dos calles – informó Santana mientras continuaba su trayecto cabizbaja.

Al llegar a la panadería, se disponía a abrir la pequeña puerta de cristal hasta que un anuncio la detuvo, "Se permiten perros. NO judíos". La cara de Santana era un poema, pasó de un tono pálido a uno rojo por la rabia, frunció fuertemente el ceño y agarró a Rachel del brazo para hacerla retroceder unos pasos.

-Ten, sostenme esto – le ordenó mientras se quitaba el abrigo y se quedaba en un suéter de lana –, dame el dinero. Estos hijos de perra…

-Santana… el lenguaje – le pidió tímidamente Rachel –, no entres ahí, probablemente te digan algo.

-Vamos Berry, no te preocupes, dime, ¿me veo como una judía? – le preguntó con una sonrisa mientras se señalaba el rostro de rasgos latinos.

Acto seguido, entró rápidamente a la panadería seguida de vista por los asustados ojos chocolate de Rachel. Una vez dentro, colocó rápida y bruscamente en una bandeja todo lo que le habían pedido, pasando a cobrar con un chico pelirrojo que no le había quitado la vista de encima desde que entró. Ella lo conocía, era un empleado de la familia, la había invitado a salir unas cuantas veces, pero Santana se limitaba a declinar con el semblante serio. En cuanto el chico comenzaba a contar las piezas de pan, la latina sabía era momento para exponer sus dudas.

-Veo que ha cambiado el reglamento, con lo de los judíos… - empezó con voz seria y gesto indiferente

El chico la observó con sus grandes ojos verdes impresionados que Santana le dirigiera la palabra. Ella se limitaba a pagarle para después irse, apenas mirándolo.

-¡Sí señorita! Usted sabrá que la situación se ha complicado, así que si bien son ordenes de la comisaría, nos alegramos mucho de éste cambio – se inclinó sobre el mostrador mientras le daba una mirada cómplice –, cuando llegan el local parece incluso que apesta.

Santana se contuvo para no arrojarse por encima del mostrador en ese momento, pero le dedicó una mirada fulminante con los labios apretados y los puños cerrados fuertemente.

-Mi familia, es judía, y créeme que no apestan – le respondió con frialdad y arrastrando las palabras producto de su enojo.

La cara del pelirrojo fue de película, mientras se ponía completamente rojo de la vergüenza y movía la boca buscando las palabras dándole un aspecto de un pez fuera del agua.

-¡Claro señorita! – le respondió rápidamente con tono elevado –. Créame que soy un gran amigo de los judíos, y se me hace insano lo que les hacen y…

Antes de que pudiera completar la frase, el puño de Santana se estampó fuertemente contra su mejilla, tirándolo al suelo en donde se comenzaba a retorcer.

-Eso es por no defender tus ideales – le escupió las palabras con ira mientras tomaba su bolsa de pan y se dirigía a la salida.

Pasó hecha una furia a lado de Rachel, atinando solo a arrebatarle su abrigo de las manos mientras se dirigía cuesta abajo nuevamente, con la pequeña castaña detrás de ella acelerando el paso para intentar estar a su altura.

-¿Qué ocurrió Santana? ¿Te encuentras bien? – le preguntó con preocupación

-Lo estoy Rachel, pero viviendo en un mundo de hipócritas es complicado hacerse valer por uno mismo. Ya no sabes si quien te ofrece la mano realmente te está agarrando el pie.

Rachel la miró con curiosidad pero decidió no comentar nada para no aumentar la furia López, y solo la siguió hasta lograr perderse en la esquina que las conduciría nuevamente a su hogar.

Una vez dentro, Hiram las veía con una mueca que simulaba ser una sonrisa, las recibió a ambas con un abrazo mientras se ocupaba de las cosas que habían traído. Hiram había cambiado, se había vuelto más atento ahora que no iba a trabajar, más cariñoso y cercano que nunca, temía perderlas, y es que, probablemente, pasaría. Se estaban quedando sin opciones, el porcentaje de bienes que le habían prometido estaba comenzando a disminuir, habían tenido que comenzar a vender pequeños lujos que en el pasado se habían permitido sin problema alguno. Desde la joyería de Maribel, pasando a los vestidos finos que poseían Santana y Rachel. Libros, muebles, vestuario, calzado, nada se había quedado exento de la necesidad que comenzaban a adquirir con el paso del tiempo. A los judíos solo se les permitía tener una cantidad de dinero por familia, pero a la ahora Familia Berry le debían muchos favores gente del gobierno, por lo cual se podían permitir continuar con la economía que siempre habían gozado, por supuesto, ahora viéndose terriblemente ofuscada. Hiram las invitó a sentarse en la amplia sala.

-Bien, chicas, me temo que habrá que trasladarnos nuevamente. Cracovia se está convirtiendo en una ciudad de locos. Oskar ha estado muy ocupado, y ciertamente mi tarea con él ha terminado. Y si bien, Varsovia no está exenta de todo lo que pasa, tengo otra serie de contactos allí, si tenemos que vivir así, escapando, lo haremos, mientras ninguno de nosotros sea citado a un campo de trabajo.

No hubo reproches, ni exigencias, sorprendentemente Santana también se encontraba callada. Las tres tenían que comenzar a ser fuertes, aceptar una realidad la cual habían estado evitando por demasiado tiempo.

-Empaquen todo, nos vamos mañana a primera hora. Tengo que arreglar un asunto, vuelvo en una hora.

Y sin más, Hiram salió de la casa con el semblante aún pensativo. Santana tomó la mano de Rachel, dirigiéndola al sillón donde se encontraba una pensativa Maribel, se sentaron a su lado y cada una apoyó su cabeza en los hombros de la mayor.

-Estaremos bien, niñas – susurró mientras les acariciaba los brazos a cada una -, estaremos bien. – y se los repitió, para, al menos, creérselo ella también.


5 de Octubre de 1939

Varsovia, Polonia

-"Nuestra suerte está echada, nuestras fuerzas armadas no tienen nada qué hacer ante la potencia del armamento enemigo, que de entrada destruyó el sistema de transporte y nuestra modesta fuerza aérea. El avance germano continua, van por Cracovia. Que Dios nos bendiga."

Todos escuchaban temblando el dictamen final del reportero por la radio, Rachel le envió una mirada preocupante a su padre, el cual, al igual que Santana se mantenía con la vista perdida al frente.

Y antes de que pudiera decir nada, un fuerte golpe se dejó escuchar proveniente de la entrada principal. Hiram les envió una mirada tranquilizante a las tres mujeres que en ese momento eran un manojo de nervios. Y se dirigió a la entrada con paso decidido.

-¿Hiram Berry? – escucharon decir en un acento alemán rebuscado.

-Sí, soy yo.

Santana se paró en ese momento y asomándose ligeramente, observó a un soldado entrando por la puerta de la enorme casa que Hiram había logrado adquirir.

-Esta casa le pertenece desde hoy a la Schutzstaffel. Sabemos su influencia con el gobierno, Berry, irán al Gueto, pero el espacio donde estarán será únicamente de ustedes, debe sentirse afortunado, la mayoría tienen que compartir con otras cuatro familias – dijo con molestia en su voz –, tienen una hora.

Sin más, salió apresurado por la puerta para seguir con su expulsión de judíos al gueto. Hiram regresó, los dientes rechinando y lágrimas amenazando salir.

-Tú dijiste que no iríamos a un gueto – le reprochó Santana con la voz cortada mientras lo empujaba fuertemente - ¿¡Qué es esta mierda!? ¡HIRAM! ¿¡QUÉ ES ÉSTA MIERDA!? – alcanzó a gritar antes de ceder al llanto y que su padre adoptivo la abrazara protectoramente para que no cayera al piso.

Empacaron lo necesario, habían sido listos, vendiendo todas sus pertenencias de valor para solo guardar el dinero que en ese momento cargarían con ellos.

Una vez fuera, observaron una gran cantidad de gente caminando con toda su vida encerrada en maletas. Se unieron rápidamente a ellos. Rachel parecía un fantasma en medio de una densa niebla, se encontraba sin dar rastros de expresión alguna en su rostro, no había dicho una palabra desde que el soldado entró por la puerta, empacando en silencio y asintiendo a las órdenes de Hiram sin rechistar. Y así se mantuvo hasta que una enorme bola de lodo estrelló contra su mejilla, haciendo que girara su rostro ahora empapado.

-¡Adiós judíos!¡Adiós judíos! – coreaban varios infantes desde las aceras mientras les aventaban enormes bolas de lodo.

Varios rieron cuando Rachel fue víctima de una, comenzando a señalarla con el dedo y sosteniéndose el estómago por el ataque de risa que tenían. Santana, no pudiendo controlarse se les quiso echar encima, antes de que Rachel la sujetara de la cintura.

-¡Pequeños hijos de puta! ¡Les voy a enseñar como solucionábamos esto en mi barrio! ¡Yo tengo orgullo y les patearé el trasero en cuanto salga! ¡No se metan con mi hermana! – gritaba en un perfecto español mientras trataba de librarse del agarre de Rachel

Los niños se le quedaron viendo con los ojos queriendo escaparse de sus cuencas, comenzando a llorar y yéndose rápidamente de ahí. Santana tuvo suerte, los soldados ignoraron la situación al saber quién era, ya que quizá la hubieran descontado de un disparo en la nuca, lo cual, afortunadamente, no fue el caso.

El Gueto de Varsovia era un infierno en la tierra, las callejuelas repletas de sufrimiento humano, entre los gritos desesperados de la gente tirada en la calle, hasta los niños peleando por un pedazo de hueso con un perro vagabundo; los edificios se erguían cuales bestias de cemento varios metros encima de su cabeza, todos estrechos y nauseabundos; las ratas pasaban por encima de sus pies y en más de una ocasión alguien intentó quitarle sus pequeñas maletas que llevaba consigo celosamente.

-¿¡Berry!? – gritó un soldado que se abría paso entre la multitud con golpes de su porra a diestra y siniestra

-¡Aquí! – respondió Hiram alzando una mano

-Vengan, acá está su lugar.

Era un pequeño cuarto de catorce metros cuadrados, un cachivache que intentaba hacerse pasar por una estufa, tres enormes y sucias camas distribuidas en lo amplio del cuarto, una mesa de madera podrida con dos sillas rotas de las patas, una cubeta en una esquina (queriendo suponer cuál era su función) y una ventana rota por la cual entraban cucarachas proclamando su lugar. Una enorme rata pasó entre Santana y Rachel en cuanto entraron, chillando.

-Hogar, dulce hogar – comentó sarcásticamente Santana dejando caer sus maletas en el suelo mugriento.


23 de Abril de 1943

Gueto de Varsovia, Polonia

-¡Llevamos casi cuatro años encerrados en este infierno y no lo terminas de aceptar! ¡BASTA DE LLORIQUEAR BERRY, CARAJO! – le gritaba Santana en el oído, mientras ésta se los tapaba con ambas manos alrededor de las orejas.

-¡Santana! ¡Basta! – le ordenaba un irritado y ya desgastado Hiram

-¡Déjame en paz, Santana! – el grito de Rachel inundó toda la habitación, antes de que ésta misma se abalanzara sobre su hermanastra entre insultos y lloriqueos

Ambas rodaban por toda la mugrienta habitación, mientras se propinaban rodillazos y golpes en todas partes del cuerpo, Rachel cansaba de la actitud de la latina, Santana cansada de los lloriqueos diarios de la judía que juraba morirían al día siguiente por el levantamiento que se había estado llevando durante esos días.

-¡Niñas! ¡Basta! – una alterada Maribel se posicionaba frente a ellas - ¡Hiram! ¡Haz algo!

Como pudo, el mencionado se puso de pie, mareado y con claro aliento a alcohol. Se posicionó frente a las dos chicas que seguían en su disputa, y antes de poder hacer algo se escuchó un fuerte ruido bajo ellos, seguido de gritos, ladridos de perros eufóricos y balazos dados como si estuviesen interpretando una pieza musical. El soldado siendo Chopin, las metralletas un piano de cola, los gritos eufóricos las Nocturnas…

-Dios mío… - atinó a decir una aterrada Santana que ahora ayudaba a Rachel a pararse

-Yo se los dije, hasta aquí, nuestra vida se ha anclado… - contestó una alterada Rachel – el estúpido levantamiento que tanto apoyabas, ¡por ello es esto! ¡Nos matarán por tu culpa y la de todos esos estúpidos! – le gritaba a Santana mientras la señalaba acusadoramente

El 18 de enero las autoridades alemanas del gueto intentaron deportar a la población judía restante, pero las organizaciones judías clandestinas Żydowska Organizacja Bojowa (ŻOB) y Żydowski Związek Wojskowy (ŻZW) expulsaron a los opresores y tomaron posesión del Gueto.

Ahora, cuatro días después, la lucha parecía haber acabado, o eso habían pensado.

-¡Rachel! ¡Escúchame! – Le pidió un más despierto Hiram – este año he actuado deliberadamente, he intentado librarme de todo esto refugiándome en el alcohol, acabando con todos nuestros suministros – los gritos se escuchaban cada vez más cerca -, no morirás. Ni Santana, ni tú, en cuánto estén frente a la puerta, Maribel y yo los interceptaremos, y ustedes corran – miró a ambas con lágrimas en los ojos -, solo corran y no miren atrás, vayan a los límites del gueto, están escapando por allí, con algo de suerte podrán lograrlo.

Santana se aferraba a su madre mientras negaba con la cabeza y Rachel seguía sumida en sus pensamientos, cuando sintió los débiles brazos de Hiram rodearla, para después acercarse a Maribel y Santana y hacer lo propio con ellas. Este acto las hizo despertar a ambas, cuando se escucharon ruidos fuertes provenientes de fuera del cuarto.

-¿No olvidarán cuánto las amamos? Solo corran. – dijo Hiram con voz segura, antes de guiñarles un ojo y levantarse junto a su esposa.

Gritos, pánico, las piernas reaccionando por mera inercia y las manos aferradas una a la otra. Santana sintió como Rachel tropezaba, al voltear notó como un enorme perro la estaba sosteniendo de la pierna con su enorme mandíbula, alcanzó a propinarle una patada, teniendo que arrastrar después de esto a Rachel con su pierna sangrando a borbotones. Fuera del edificio la situación era peor. Entre la oscuridad solo se alcanzaban a apreciar detonaciones y disparos. Pusieron marcha a lo que sabían era el límite del gueto, y exactamente como había dicho Hiram, gente estaba escapando por debajo de los grandes muros de piedra.

Antes de poder acercarse de más, Santana sintió como unos fuertes brazos la rodeaban y alzaban del suelo. Intentaba soltarse del agarre, pero sus fuerzas eran mínimas; cojeando, Rachel intentó interceptar al soldado que sostenía con firmeza a Santana, pero otro de ellos la empujó violentamente, para después redirigirla a la misma dirección en la que llevaban a la morena.

-¡Suéltame, hijo de puta! – gritaba Santana en español mientras lanzaba patadas hacia su interceptor

De nada le sirvió, a ambas junto con otras dos docenas de personas las arribaron en un camión, partiendo inmediatamente del gueto que había sido su pequeño infierno personal esos años. Lo que no sabían, era que aquel lugar era solo el Génesis del Infierno de Dante que se aproximaba.

Rachel no había dejado de llorar en todo el camino, desde su intercepción en el camión, el recorrido en el mismo y ahora su abordaje en un kilométrico tren. Santana le había vendado con parte de su desgastada falda la herida producto de la mordida de aquel pastor alemán. No sabía a ciencia cierta dónde se encontraban, pero antes de entrar, y gracias a sus conocimientos en alemán que tanto le había negado a Hiram, pudo escuchar a los soldados discutir, para al final decidir que los llevarían a un lugar llamado "Bergen-Belsen". Para nombrecito, realmente le había hecho sentir un extraño escalofrío a Santana, sin saber qué lo había producido.

El viaje fue innecesariamente largo, considerando sobretodo el hecho de tener que ir parados, soportando cambios de temperatura descomunales. A la mayoría de los judíos del Gueto de Varsovia los llevaban a Campos de Exterminio como Majdanek o Treblinka, ubicados en Polonia. Sin embargo, Bergen-Belsen se encontraba en el estado de Baja Sajonia, en Alemania. Hicieron tres paradas en el camino, en dos de ellas les echaron agua por encima de los vagones, para así beber lo que pudieran, y en la última lanzándoles pan quemado.

Aquí había dos cuestiones enormes: Habían corrido con un golpe de suerte descomunal, el campo de Bergen-Belsen era solo de concentración, más no de exterminio, como Majdanek o Treblinka; estaban "salvadas" si podría decírsele de una forma. Pero, la otra y más importante, ¿por qué? Santana no podía sacárselo de la cabeza, pero ¡vivirían!, claro, si soportaban el viaje suicida en ese nauseabundo tren. Si la fuerza de voluntad era más fuerte que el destino.

Llegaron, entre desesperación y alucinaciones, hambre y desconcierto, entre locura y muerte. Habían muerto muchos en el camino, y la mayoría de los demás estaban en un estado deplorable. Santana se había mantenido fuerte, Rachel estaba perturbada, más no loca como la mayoría. Entre gritos y ladridos de perros, bajaron del tren, junto a lo que parecían miles de personas, y los intentos de orden por parte de los guardias siendo inútiles.

En ese momento, como si algo la llamara a gritos sordos, como si todo desapareciera y no dejara rastro a la miseria; volteó y allí estaba, a unos metros de ella, el celeste de sus sueños había hecho acto de presencia.