California, Estados Unidos
3 de Julio de 1968
"¿Era amor o no era amor lo que sentía por Carol? Y que absurdo era que ella misma no lo supiese. Había oído hablar de chicas que se enamoraban unas de las otras y sabía qué tipo de gente eran y el aspecto que tenían. Ni Carol ni ella eran así. Pero sus sentimientos hacía Carol coincidían con todas las descripciones."
Los marrones ojos de Rachel se abrieron de par en par, mientras abría ligeramente la boca a causa del asombro.
Un ruido sordo la sacó de sus cavilaciones, habían abierto la puerta repentinamente en un rápido movimiento. Cerró asustada el libro y lo colocó por inercia en un cajón que se apresuró a cerrar, mientras sentía como la sangre se acumulaba posesivamente en su rostro.
-¡Be…! – Pero su frase se vio interrumpida al ver la acción de Rachel - ¿Qué es eso?
-¿El qué? – respondió la castaña haciéndose la desentendida mientras se palpaba el caliente rostro, intentando que pasara desapercibido su evidente sonrojo
Sin responder, su acompañante se acercó inmediatamente al mueble donde el libro había sido resguardado, intentando abrirlo, al instante Rachel le sujetó la muñeca, lo que provocó una mirada interrogatoria de la chica con rasgos latinos, entrecerró los ojos para después asomarse una sonrisa en sus labios. Forcejeó con Rachel un momento, sometiéndola a final de cuentas contra el mueble por la evidente diferencia de fuerza, llegando a sujetar con una mano las de la más chica, con dificultad abrió el cajón, y cuanto tuvo el libro en su poder soltó a Rachel de su amarre, apartándose inmediatamente del lugar y observando con curiosidad el título del libro.
-¿The Price of Salt? – Preguntó más para sí misma que para la muchacha de rasgos judíos – El precio de la sal… - tradujo al español
Aprovechando su concentración, Rachel le arrebató el libro de las manos antes de que pudiera descubrir algo más de su nueva adquisición.
Lo compró en una librería algo ambigua y vieja del centro de Sacrilegio, con antiguos libros amontonados en sus desgastados pisos de madera de pino. Después de un momento de estar curioseando, una chica alta de ojos azules se le acercó con una enorme sonrisa, y sin más, le recomendó el libro. Cuando Rachel le agradeció su "curiosa generosidad", la muchacha aplaudió levemente y volteó a ver a su acompañante.
"¡Se lo va a llevar, Quinn!" anunció a una chica rubia más baja que ella. La cual, al igual que la otra, llevaba una enorme gabardina de color caoba a conjunto con un gorro desgastado y unos enormes lentes oscuros.
"¡Te dije que no hicieras contacto, Brittany! ¡Vámonos!" le susurró enfadada, y sin dirigirle una mirada a Rachel, sujetó del brazo derecho a la rubia más alta y se apresuró a salir de la vieja librería.
A pesar de estar segura que jamás había visto a esa enigmática mujer antes, algo en sus ojos azules denotaba confianza y seguridad de hablarle sin mayor problema. La voz de su acompañante, en cambio, la dejó impactada, resultó tan familiar pero a la vez tan irreal que, sorprendentemente, su corazón dio un vuelco, fue de esas cosas que jamás te lograrías dar a explicar, porque no requieren explicaciones, solo deleites. Mantuvo su vista clavada en aquellas dos singulares mujeres hasta que se perdieron entre el torbellino de gente que recorría la transitada avenida en ese momento; sin darle un vistazo al libro, lo compró y salió de la librería más rápido de lo que había llegado.
En su vida hubiese comprado algo así; estaban ocurriendo grandes manifestaciones en todo el país por los derechos de los homosexuales, que, como buena judía, no creía en los mismos, y la gran mayoría de Estados Unidos tampoco. Todos los días se les abusaba, golpeaban, mataban; estaban en una situación parecida a la gente de raza negra. Y es que ¿quién creería en los derechos de alguien que se enamora de su mismo sexo? ¿Alguien que peca por pecar y no por liberarse de la opresión a la que es sometido socialmente, justificada hasta cierto punto? Traduciendo, merecía muerte, infierno, sufrimiento; eso le habían enseñado a Rachel y a Santana, y la ideología se tenía que quedar como tal.
-¿Qué es ese libro, Berry? ¿Y por qué me lo ocultas? – le cuestionó con el ceño fruncido Santana, echando una vista a su alrededor, asegurándose que no hubiese nadie y acercando su rostro a Rachel mientras le decía en un susurro apenas perceptible - ¿Es el Marqués de Sade?
La judía se puso roja de la vergüenza e ira, mientras abría sus ojos ofendida. ¿Cómo se atrevía? Aunque, si había algo peor que el Marqués de Sade, eran los libros acerca de la homosexualidad. Jamás y se repitió, jamás en la vida vuelvo a tomar sugerencias de extraños.
-¿Qué dices Santana? ¡Claro que no! ¿Puedes dejar de hacer preguntas estúpidas y apurarte? Tenemos muchas opciones y hay que consultarlas todas.
Sin más, Rachel guardó el libro en un baúl antiguo que tenía y lo cerró con una llave que llevaba a modo de collar en el pecho ante la atenta mirada de Santana. Se colocó nuevamente su colguije y dedicándole una sonrisa a su interlocutora salió de la habitación.
Santana fue tras de ella, sin saber exactamente qué pensar ante la actitud de la castaña.
Más tarde ese día pasó entre centros comerciales, eligiendo los conjuntos adecuados. Entre la emoción de Rachel y el aburrimiento de Santana.
Mientras estaban en el centro comercial, la latina leía una revista de Rock n Roll atentamente mientras esperaba a la chica más pequeña fuera del probador. Pudo ver de reojo como alguien observaba prendas en los percheros a lado de ella.
-Esa es una selección interesante – escuchó una voz femenina
Volteo a ver y era una mujer rubia de cabello corto rebelde y anteojos oscuros. Pareciera que incluso quería pasar desapercibida, debido a su enorme gabardina y su anticuado sombrero que sostenía en su mano derecha. Pero desprendía una vibra rebelde que solo era digna de un adolescente reprimido en sus propios estereotipos.
-Woodstock será el concierto de la historia, puedo asegurarlo. – dijo una muy segura y retadora Santana
-Bueno, falta más de un año para ello, intentaré confiar en tu juicio – respondió de igual manera la mujer frente a ella
Pudo notar como unos ojos ámbar brillaban bajo sus gafas y una sonrisa superficial aparecía en su rostro. Antes de que Santana pudiera responder, la extraña mujer miró su reloj, frunciendo el ceño.
-Me tengo que marchar. Espero ese concierto cumpla tus expectativas, Santana.
Y sin más, se colocó nuevamente su sombrero y salió rápidamente del local de ropa dejando a una aturdida Santana, ¿cómo esa mujer podía saber su nombre?
Antes de que pudiera plantearse algo más, Rachel salió con un vestido pomposo de un rosa chillón a conjunto con unas zapatillas con brillantina. La morena se sorprendió, pero se abstuvo de comentar algo, pues seguía impactada de los conocimientos de esa muchacha.
-Antes de criticar ese horripilante pedazo de tela – Rachel parecía querer replicar pero Santana alzó su mano en señal de que guardara silencio -. Me acaba de pasar algo sumamente extraño.
La judía la miró con expectación pidiendo más información. Le comentó lo ocurrido con un gesto de molestia en su rostro.
-¿Rubia de cabello corto dices? – preguntó Rachel con el ceño fruncido
-¿Qué tiene que ver eso, hobbit? ¿No te das cuenta de lo que te estoy…?
-¿Qué color era su gabardina, Santana? – la interrumpió
-¿Para qué…?
-Contéstame – volvió a interrumpir ahora con tono de impaciencia
-Era color… café, no sé, ¿para qué quieres saber eso?
Rachel abrió los ojos y pasó su lengua por sus labios ahora secos. Decidió al momento no comentar nada, sabía su amiga armaría un alboroto quizá innecesario, pensó que era simple coincidencia, ¿cuántas mujeres rubias no había en Sacramento, de todas maneras? Así que optó por dejarlo pasar y que no fuera más que una anécdota curiosa, pues lo más seguro era que no pasara de eso.
-Simple curiosidad; no sé Santana, quizá lo intuyó, no hay muchas personas latinas aquí, de todas maneras, probablemente es una amiga en común de alguien que conozcamos.
Santana estuvo a punto de replicar, pero Rachel le dedicó una mirada mordaz y prefirió quedarse con sus pensamientos y no preocuparse de más como estuvo a punto de hacer.
Después de un par de horas, llegaron a la casa de la judía, decidieron quedarse a dormir ahí, para que al día siguiente se dedicaran únicamente a prepararse.
Cenaron entre risas y programas de TV donde se buscaba pareja que se habían vuelto muy famosos últimamente. Los padres de Rachel no iban a poder estar durante la celebración del 4 de Julio pues decidieron tomar unas vacaciones a Sudamérica.
-A veces… pienso que mi papá es gay. – dijo repentinamente Rachel, haciendo que Santana se atragantara con su comida
-¿Qué dices? – Intentó articular la latina aun tosiendo - ¿Qué te hace pensar eso?
-Sabes que la relación de mis padres no va del todo viento en popa. Mamá se pasa el día entre la casa y su trabajo en el coro de la Universidad, y papá… bueno, él cuando no trabaja se pasa el día completo con su amigo, Leroy, hay veces que no llega a dormir, y cuando pasa eso no hacen más que gritarse toda la mañana. Con ello justificaron sus vacaciones.
La latina la miró intentando descifrar el enigma que en ese momento era su rostro, gestos entre lo melancólico y el rencor. Era una situación especial.
-Bueno, Rachel, no te puedo decir realmente mucho. Solo que no creo debas hacer ese tipo de conclusiones tan fuertes contra tu padre, Hiram se volvería loco si supiera que utilizaste su nombre y "gay" en una misma oración. ¿Quién no se molestaría? – preguntó en tono de obviedad
-No lo sé, Santana… hay muchos puntos, ¿está bien?
Después de eso, las envolvió un silencio ambientado solo por el deprimente Réquiem de Mozart, vale, era una jodida obra de arte, pero ¿en qué siglo vivía Rachel? Después de ese disco, seguro venía una canción de El Mago de Oz. Podría jurarlo.
Ahí estaba, justo la obra que había predicho, de la voz de Judy Garland comenzó Over the Rainbow. Y fue su límite. Se paró de su asiento y caminó hacia el tocadiscos, quitando el disco en reproducción que Rachel acababa de poner.
-¿Qué estás haciendo? – chilló Rachel
-Cállate Berry, no planeo pasar mi noche entre tu música de la era pasada…
-¡1939! – protestó Rachel
-¿Tengo cara de qué me importe? ¡No! ¡Ahora coloca tu trasero en este sillón que pondré el canal de rock, y cállate!
A regañadientes y con los brazos cruzados Rachel se sentó lejos de Santana, cruzando sus piernas e ignorándola.
-¡Perfecto! ¡Jefferson Airplane! – gritó emocionada Santana mientras se paraba y comenzaba a mover sus caderas al ritmo de Somebody to love – ¡Vamos hobbit! – sin perder un segundo, Santana sostuvo ambas manos de Rachel y la invitó a unírsele – don't you want somebody to love, don't you need somebody to love, wouldn't you love somebody to love, you better find somebody to loveeeeee! ¡Canta Berry! – ordenó entre risas
La castaña que ya bailaba sin ningún tipo de pudor decidió que era tiempo de dejar los estereotipos y unirse a aquella música que le encantaba en secreto.
-When the garden flowers, Baby, are dead yes. And your mind is so full of red – cantó luciendo su espectacular voz y sin vergüenza ante su amiga
Santana la miró sorprendida, le había pedido cantar con fin de molestarla, jamás hubiera pensado que esa chica tan radicalmente conservadora conociera al menos una canción actual, sin importarle decidió unírsele en el coro.
-Don't you want somebody to love, don't you need somebody to love, wouldn't you love somebody to love, you better find somebody to love! – cantaron al unísono felizmente
Y así, entre The Animals y The Zombies, Rachel cayó dormida en la última parte de She's not there. Con una sonrisa se acurrucó en el sillón donde hacía momentos había estado saltado y desabrochando los primeros botones de su blusa.
Santana continuaba riendo cuando notó a una castaña plácidamente dormida en el sillón de la sala principal, con una llave colgando de su pecho. A la latina se le iluminaron los ojos de la curiosidad, con sumo cuidado se fue acercando a la más pequeña, y quitándole con delicadeza el collar, tratando de rozarla lo menos posible.
Una vez que consiguió su objetivo, tapó a Rachel con una frazada que se encontraba en el armario de bajo de las escaleras, apagó la televisión y fue corriendo escaleras arriba.
Perdió el tiempo de cuanto había estado leyendo, la historia la atrapó desde el primer instante, con su dramatismo y amor plasmado en tinta con una pasión abrumadora.
"Therese la cogió y se la llevó, y en su nerviosismo, mientras ponía la toalla en las manos extendidas de Carol, sus ojos bajaron sin querer desde la cara de Carol a sus pechos desnudos y más abajo. Vio la rápida sorpresa en la mirada de Carol mientras se volvía. Therese cerró los ojos con fuerza y se acercó despacio a la cama, pero a través de sus párpados seguía viendo la imagen del cuerpo desnudo de Carol."
A Santana la invadió un ligero sonrojo continuo de un pasar ruidoso de su propia saliva.
-Vaya, vaya Berry… no te conocía ese lado – susurró con una sonrisa invadiéndole los labios
Los primeros rayos de sol se colaron por la ventana de la castaña, haciendo que Santana entrecerrara los ojos con molestia. No se había percatado del tiempo que estuvo leyendo, pero cayó en la cuenta que, para su vergüenza, ese incorrecto libro la había poseído por horas innecesarias.
Sacó del mueble de Rachel papel y pluma, escribiendo "GAYBERRY" en toda la extensión de la hoja, colocando ésta en el libro, y devolviéndolo al baúl.
-Quizá eso de la homosexualidad es de familia… - dialogaba consigo misma mientras bajaba las escaleras recordando la conversación del día anterior con Rachel
Cuando llegó abajo encontró que la judía se había caído del sillón y dormía en una posición incómoda en la alfombra de la sala. Se acercó a ella y le colocó con delicadeza nuevamente el collar. Sintiéndose algo mal por haber curioseado entre sus cosas (sorprendentemente) decidió preparar el desayuno para ambas.
Una vez terminado se acercó a Rachel y le dio ligeras patadas en el dorso, ésta se retorció un momento en el suelo mientras murmuraba inentendiblemente. Santana la observaba al tiempo que metía un pedazo de tocino en su boca y prendía la televisión. Estaba agotada. Le costaría mucho cubrir las ojeras que se le habían formado por la falta de sueño esa noche.
-¿Qué ha pasado? – murmuró dificultosamente Rachel – Dios, me duele todo mi cuerpo…
Entre quejidos se puso de pie, agradeciendo a Santana por cuidarla (irónicamente) y hacerle el desayuno. Preparándose para el difícil día que tendrían que enfrentar.
Pasaron toda la mañana y tarde entre vestidos y maquillaje, peinados y perfumes. Ese día se llevaría a cabo una cena con los mayores generales del Ejercito de los Estados Unidos, como celebración al 4 de Julio y por supuesto, para debatir el tema igualmente de la Guerra de Vietnam que en ese momento se llevaba a cabo,
El padre de Santana era un General de renombre en el Ejército. Se podría decir que por lo mismo, su vida había sido placentera, aunque muy tradicionalista y bajo una educación militar estricta hasta el cansancio. No había quejas de su parte, en su mundo no existían tales comportamientos, y es que, concluyó que ese estilo de vida era únicamente de ella, que estaba sola con sus responsabilidades que eran demasiado grandes para una niña de cinco años. Eso pensaba, hasta que, cuando su padre subió de rango a Teniente General y se hizo una fiesta en su casa, conoció a una pequeña niña de enormes ojos chocolate y nariz prominente que la observaba con complicidad. Fue en ese momento que supo, aunque no cerrará la boca y hablara de Broadway como su mayor pasión; había encontrado a su mejor amiga, complemento y hermana adoptiva.
Rachel era entusiasta, soñadora y talentosa hasta la sien; Santana era sarcástica, burlesca y tenaz. Una combinación interesante y suficientemente diferente como para que Santana siempre quisiera arrancarle la cabeza a la judía.
Su vida actual no era algo que podría considerarse interesante bajo algún concepto extraordinario. Su educación era de las mejores en el país en una escuela de renombre en Sacrilegio, pertenecía al equipo de las porristas y tenía un novio tan idiota que podía modificarlo a su conveniencia, Noah era algo distraído pero le servía para guardar su nivel ante la sociedad, al igual que en cuanto terminaran el Colegio se uniría al Ejercito, que era en ese momento lo único que importaba realmente (al menos a su padre)
La vida de Rachel no era muy diferente, a pesar de siempre vivir de sus sueños, yendo a sus clases particulares de canto y teatro que eran lo más importante de una "perfecta" vida, con un novio todavía más estúpido que el de Santana, el cual no sabía qué haría con su burlesca existencia y muy difícilmente recordaba la relación que llevaba con Rachel. Capitán mediocre del equipo de americano, intento de cantante y modelo para los Cabbage Page Kids (a descripción de Santana)
-Finn me pidió matrimonio – dijo seriamente Rachel observándose en el espejo mientras jugaba con su pulsera de esmeraldas
Santana la volteó a ver con ojos anonadados, abriendo y cerrando la boca ligeramente mientras fruncía el ceño.
-Y lo vas a rechazar… ¿no es así? – preguntó con tono obvio
-No lo sé…
En cuanto Santana estuvo a punto de responder, el timbre sorprendió a ambas y la latina volteó a ver con severidad a Rachel.
-Seguro son ellos, esto no ha acabado aquí – le advirtió con su dedo índice señalándola acusadoramente
Y en efecto, eran Noah y Finn. El trayecto en automóvil fue innecesariamente incomodo, con todos conscientes de la situación pero nadie lo suficientemente valiente (o imbécil) de mencionar algo.
La reunión fue en una hacienda perdida a las afueras de Sacramento, en medio del bosque, entraron entre un pequeño camino de tierra, Rachel actuaba ofendida, Santana simplemente algo curiosa. Para ser una reunión de tan alto rango, supondría habría vigilancia hasta por debajo del suelo, pero realmente pasó a ser un ambiente de lo más natural e inclusive cómodo. Supuso que para no levantar sospechas de lo que se realizaba dentro.
Aquella particular residencia con rededores de verdes y kilométricos patios, con una enorme piscina en la parte trasera, fue encanto de Santana, y a pesar de las críticas a lo desolado del lugar y "¿A quién se le ocurría hacer semejante mansión en medio de un desolado bosque?" de Rachel, la latina supo que también había quedado impresionada.
La cena fue extremadamente formal, con hombres de elegantes trajes militares, con un revuelto de insignias en el lado derecho de su saco. Santana acordó encontrarse con sus padres ahí, y se cumplió, los seis se sentaron en una mesa circular, donde cenaron y escucharon las palabras dedicadas a la Independencia de los Estados Unidos del General del Ejército atentamente.
Momentos después, todos los generales, incluyendo el padre de Santana, se excusaron yendo a un lugar más tranquilo para poder hablar. La madre de Santana intentaba entablar conversación con las dos adolescentes, preguntándoles cómo había sido su experiencia comprando el vestido adecuado, seleccionando maquillaje y peinado. Era una mujer atenta, de cerca de cincuenta años pero su físico no lo representaba, una copia de Santana físicamente, ya que la mujer a comparación de su hija era un néctar en su personalidad. Adoraba a Rachel, pero sentía lastima por su relación, al igual que la de su hija con ese chico al que tenía manipulado, mas guardaba silencio para no desatar la ira de su esposo ante su perfecto yerno, el cual se lo había ganado cuando le contó sus planes de ingresar al Ejercito.
Poco tiempo después una banda sinfónica comenzó a tocar, al momento de haber despejado la pista de baile. Noah le pidió bailar, y a regañadientes Santana aceptó.
-Hoy te ves muy sexy – intentó halagarla
-No me interesa qué pienses de mí, Puck – le respondió malhumorada
-¡Hey! ¿Qué te pasa? ¿Qué sucede? – preguntó confuso
-No importa, ¿vale? Necesito aire.
Y sin más, Santana salió al enorme patio trasero de aquella residencia. Se sentó en uno de los bancos laterales a la piscina, mientras suspiraba quedamente y observaba el movimiento del agua iluminada por focos azules.
Sintió como alguien se sentaba a su lado, y repetía su acción, mirando continuamente el cielo estrellado.
-Lo amo, creo aceptaré – susurró Rachel más para ella misma que para Santana
Ésta la volteó a ver como si le hubiera salido una tercera cabeza, Rachel se encontraba con los ojos cerrados, la mirada hacia arriba, podía contemplar su rostro al por mayor debido a como llevaba sujeto su largo cabello castaño.
-Han pasado trece años… y es la primera vez que no te identifico. –le confesó con su ahora semblante serio
En un movimiento rápido la castaña volteó a ver a su acompañante, que se encontraba con la mirada perdida en un punto específico entre los árboles que se alzaban varios metros delante de ellas.
-No comprendo.
-A mis cinco años conocí a una molesta niña judía que no paraba de hablar de Broadway y de Judy Garland o Julie Andrews, interpretando canciones de Mary Poppins que se me hacían extremadamente pomposas e insoportables. Tenías un sueño desde ese momento, o antes, sueño que pensé dejarías desmoronar cuando me diste esa noticia ésta mañana, y que acabaste por destruir por lo que me dijiste hace unos momentos.
Volteo a ver a Rachel que ahora tenía una expresión terriblemente melancólica y dejaba escapar un par de lágrimas.
-El amor no frena, al contrario, relatan que es como flotar en un río cristalino construido a base de esperanza y sueños que tú mismo has construido, y que llega un momento en que dejas que una persona se adentre en él. Los lazos, en cambio, te sujetan a una estaca con vacías esperanzas y nula opción de alcanzar algo que no estuviera ya frente a tus narices. Si bien no es en todos los casos, una vez que le des a Finn el sí acepto, que tu nombre cambie del de una estrella nata a uno tan ridículo y ordinario como Rachel Hudson, te clavaras a una estaca inmóvil en Sacrilegio, y Broadway solo será un sueño de tus anhelos pasados.
Santana volteó a ver a aquella que consideraba su hermana con una actitud seria en el rostro, indescifrable. Rachel sujetaba su cabeza y apoyaba sus codos en sus rodillas, procesando las palabras de la chica más alta.
En ese momento, escucharon un maullido cercano, Santana frunció el ceño y volteo hacia atrás, de dónde provenía el ruido. Mientras la chica judía limpiaba sus lágrimas y hacía lo mismo. El maullido volvió a hacer presencia.
Algo que podían asumir, era el encanto hacia los animales que desde muy chicas habían tenido, era una pequeña característica que casi no sacaban a relucir pero existía en ellas. Aquellos pequeños quejidos comenzaron a hacerse más continuos.
Rachel decidió pararse e ir a buscar al dueño de aquellos reclamos, tras de ella fue Santana, más para hacerle compañía, pues no le daba mucha confianza el oscuro bosque que las rodeaba.
Cuando estuvieron lo suficientemente cerca, pudieron visualizar un enorme gato grisáceo con una red entre las patas que le impedía caminar. La judía se acercó rápidamente y lo cargó para comenzar a desenredar el revoltijo que había ahí.
-Hola amiguito, ¿cómo te has hecho esto? No te preocupes, que ya te libero de todo este enredo – habló Rachel con el animal en brazos mientras lo acariciaba
Se escuchó el sonido de una vara rompiéndose cerca de ellas, seguido de hojas desplazándose. Santana frunció el ceño e intentó inútilmente ver entre la oscuridad del bosque, la única luz cercana era la de los enormes ventanales de la residencia, la cual no le servía en absoluto.
-Rachel, vámonos – ordenó de inmediato
-En un momento acabo – respondió nerviosa, también había escuchado el ruido y le estaba entrado miedo
En esta ocasión entre la oscuridad salió un ruido del roce contra los troncos de los árboles, seguido de lo que juraría eran un par de pasos contra el pasto crecido de esa parte del bosque.
-¡Rachel! – exigió
Pero antes de que pudiera voltearse, sintió un delgado pero fuerte brazo aferrándose a su cintura, seguido de una mano tapando sus labios. El suelo bajo sus pies desapareció, y ahora la sujetaban de lado. Pataleó exagerada y continuas veces, mientras intentaba gesticular gritos que morían en su garganta y salían débilmente. Con sus brazos codeó a quien la sujetaba, mientras golpeaba a diestra y siniestra cada vez que sentía la presencia cerca de ella.
Su raptor cayó de rodillas ante los continuos golpes, intentando sujetar sus brazos, pero continuando con su mano en la misma posición.
-¡Quinn! ¡Apúrate con ella! ¡Me está dando mucha batalla! Tenemos que regresar por Tubbi – oyó susurrar a la que parecía era su secuestradora
Curioso, pensó, que no solo una sino dos mujeres estuvieran detrás de aquello, pero no había tiempo de cuestionamientos, se comenzó a retorcer más entre los brazos de aquella mujer.
Sintió como alguien llegó corriendo a su lado, no pudiendo distinguir todavía absolutamente nada por la oscuridad que las rodeaba; al momento que la primera mujer quitó la mano de sus labios, Santana alcanzó a gritar.
-¡Suéltenme, malditas perras! – alcanzó a articular en español lo más alto que se permitió
De inmediato colocaron el pañuelo entre sus labios, ajustándolo solo ligeramente.
-¡Ten cuidado Brittany! ¡Ha gritado muy fuerte!
-Te dije que hablaba español, ¿a que no es súper sensual? – contestó la otra inocentemente y con una risita ignorando a su compañera mientras intentaba someter a Santana nuevamente
Al escuchar estas palabras la latina comenzó a removerse fuertemente, cuando la otra chica la cargó sobre su hombro derecho le alcanzó a proporcionar un rodillazo en la ingle, haciendo que cayera de rodillas a causa del dolor.
La otra que ya se había alejado volvió rápidamente sobre sus pasos, esta vez portando una gaza mojada.
-¡Dijiste que no lo haríamos! – le reclamó fuertemente
-¡Tuve que hacerlo también con Rachel! – Santana se alarmó al escuchar el nombre de su amiga en labios de aquella timadora – No les pasará nada Brittany, te lo juro.
Sin más, notó como se le acercaba en un rápido movimiento y le colocaba casi delicadamente aquel pedazo de tela blanco sobre su nariz, mientras la otra la sujetaba firmemente a manera de no hacerle daño.
En cuestión de segundos las sombras desaparecieron, para darle paso a la total oscuridad.
