Dudar

El verano se ha alejado casi por completo. Sin embargo yo sigo disfrutando de la falsa colina de Pony como si aún fuese primavera. T. G. y yo hemos estado viéndonos todos los días desde que regresamos de Escocia, a excepción de los días que estuvo castigado por la pelea con Neil; aún no sé el motivo por el que se enfadó tanto con él, pero en realidad el hermano de Eliza puede llegar a ser muy irritante.

Romeo y Julieta.

Candy había leído la historia de amor nuevamente durante la clase de literatura. Romeo y Julieta, separados por el infortunio y ligados por un amor inmenso. Si de algo estaba segura, era que Julieta había amado a Romeo hasta la muerte. Cuando volvió a leer el trágico destino de los protagonistas, sintió que el pecho se le encogía de la tristeza. Definitivamente el amor debería unir a las personas, no separarlas.

- El amor es un sentimiento muy hermoso – Había dicho Patty.

- ¡Muy hermoso! – Dijo Candy con seguridad.

- Los dices muy segura – Annie sonreía – Nosotros sabemos por qué, Candy.

Al escuchar esto el rostro de Candy se volvió tan rojo como una rosa.

- No tienes por qué preocuparte, Candy – Patty miraba tiernamente a Candy – Nosotras guardaremos tu secreto.

- Sólo tienes que ser más cuidadosa con Elisa, ya te lo dijimos una vez. – Annie se mostró preocupada.

Candy sólo encogió sus hombros. Elisa enamorada de Terry… No se le podía culpar de eso.

- ¡No exageren! – rio nerviosamente – Hasta ahora he sobrevivido a sus maldades, esperemos que mi suerte no cambie.

- En verdad no entiendo por qué te odia tanto.

- Eso tampoco lo entiendo yo, Patty.

Patty y Annie habían notado los celos que Elisa tenía. La relación de Candy y Terry era obvia para algunos, sobre todo cuando ambos habían pasado juntos casi todos los días durante las vacaciones de verano. Y aún más ahora; en todo el dormitorio de los chicos se escuchaba el comentario que se había regado como pólvora: Candice White Andrew era la novia de Terrence Grandchester y nadie debía meterse con ella. La golpiza que había recibido Neil por parte de Terry, no hizo más aumentar los comentarios.


Cerró la puerta de su habitación.

Quizá… Alguna vez Terry y yo podamos…

Candy abrió sus ojos ante tal pensamiento. Ella se imaginaba al lado de Terry, no había un camino distinto a ese. Sacudió su cabeza de un lado a otro y buscó su pijama. Al pararse frente al espejo, Candy observó su rostro atentamente.

¿Envidiar a la niña bonita con pecas y nariz chata?

Ella recordaba perfectamente. Terry lo dijo. Él la llamó bonita.

La rubia se acercó aún más a su espejo, su cabello suelto, ojos verdes y grandes, nariz pequeña y las pecas sobre ella, los labios… Candy se tocó los labios muy lentamente.

Terry la había besado por segunda vez, y en esta ocasión ella no lo había rechazado. Por el contrario se había quedado tan quieta, que la noción del tiempo desapareció por unos minutos.

Los minutos más cálidos a su lado.

Un suspiro se escapó de su pecho.

Sus manos tocaron sus mejillas, aún recordaba la caricia de Terry cuando habían estado en la falsa colina. Parpadeó dos veces, un estremecimiento recorrió su cuerpo, el cuerpo que Terry había sujetado con fuerza en el bosque cuando casi la había cargado, las manos que él sostenía cuando jugaban en el bosque. Candy miró su reflejo de pies a cabeza, extendió su mano y tocó la imagen de su rostro en el espejo. El rostro que él había sujetado tan tiernamente durante su segundo beso.

Ella cayó pesadamente sobre la cama mientras un nombre se escapó de su pecho en forma de un susurro.

Con ambas manos en el corazón, Candy pronunció ese nombre otra vez.

- Terry…


- Ohh. La tía abuela nos ha enviado chocolates esta vez. – Stear abría la caja emocionado.

Los dulces estaban prohibidos, pero ellos habían recibido obsequios desde América.

- Estoy seguro que le encantarán a Candy. - Archie miró hacia las habitaciones femeninas a través del balcón de la habitación de su hermano.

- Me parece que Annie estaría más encantada de recibirlos que la propia Candy.

Archie bajó su rostro. Las cosas habían cambiado desde las vacaciones de verano.

- Ella no regresará por chocolates, ni inventos.

- ¡Ese aristócrata tiene la culpa!

- No veo la razón para que lo culpes. Grandchester la cuida mejor que nosotros. Sólo basta con que veas a Neil.- El chico de lentes no pudo evitar soltar una carcajada.- Ni tú ni yo nos atrevimos a poner a ese cobarde en su lugar.

- Es lo único bueno que ha hecho.

- Eso y hacer sonreír a Candy.

Las sonrisas de Candy ya no eran las mismas. Una chispa traviesa y de felicidad la iluminaban. Ilusión y amor. Eso era. Archie recordó las expresiones de Candy, todas distintas cuando veía a Terrence. Su atención era sólo para él y para nadie más si estaba presente. Ella nunca se había comportado de esa manera con ellos.

- Quizá sea lo mejor.

- ¡Anímate! ¡Annie se derretirá por estos chocolates!

El muchacho sólo atinó a darle un certero empujón a su hermano.


Candy caminaba en dirección a la colina, estaba por perderse entre los árboles cuando la sombra de una persona apareció frente a ella.

- ¡Elisa!

- Así que aquí estabas – Elisa la miraba llena de cólera – Quiero hablar contigo.

- No sé a qué viene esto, pero te escucho.

- Conmigo no te hagas la inocente, huérfana. Sigues siendo la misma salvaje que andaba atrás de Anthony todo el tiempo.

- No tienes por qué mencionarlo – Candy se ofuscó. Odiaba que Elisa utilizara el recuerdo de alguien tan querido para ella con el único fin de molestarla.

- ¡Claro que sí! ¿Siempre aspiras a más, verdad? Ahora quieres a Terrence Grandchester, ¡Nada menos que el hijo de un noble!

La rubia no podía creer que Elisa pudiese decir tantas maldades juntas.

- ¡Tú no sabes aún de lo que soy capaz si intentas entrometerte, Candy! ¿Crees que Terrence pueda fijarse en ti? ¿Realmente crees que te pueda tomar en serio? Un noble como él jamás se fijaría en alguien como tú. Probablemente sólo se divierta un momento contigo y luego se aburra. Trepadoras como tú encontrará en todos lados.

Esas palabras llenas de cizaña por parte de Elisa llegaron al corazón de Candy, ella se armó de valor, no iba a permitir que Elisa malograra su día.

- Puedes hacer lo que te plazca Elisa, a mí no me importa. Todo lo que puedas decir sobre mí no me afecta. Supongo que las huérfanas como yo tenemos una especie de escudo "anti señoritas de buena cuna"

Dicho esto se dio la vuelta e ignoró los gritos de Elisa. Ese día Candy regresó a su habitación y no salió durante el resto del día.


Llevaba más media hora esperando. Nunca ella se había tardado tanto. La colina no era la misma sin las carcajadas de Candy, ni su voz cantarina.

¿Dónde estás?

Debía ir a al comedor o de lo contrario se quedaría sin almorzar y las hermanas sospecharían. Terry cogió un paquete dorado que había traído para Candy, él había recibido obsequios de su madre desde América, uno de ellos para la rubia.

Pequeña Tarzán, te extraño… A ti y a tus pecas.

Terry dejó la colina. Tras de sí el viento de otoño se sentía más frío.


Anny y Patty se reunieron como todos los días en la habitación de Candy. Esta vez, como ninguna otra, Candy se había demorado en contestar.

- Tú no estás bien, Candy. – La voz de Patty sonó tan segura que hizo tambalear a la rubia.

- Es sólo que me duele el estómago un poco, pero ya pasará.

- Si es así deberíamos ir a la enfermería, quizás la hermana Mary tenga una medicina para eso.- Annie tocó la frente de su amiga.- Me parece que no tienes fiebre.

- No es para tanto – ella agitó sus brazos intentando calmar la situación.

- Quizá no sea algo físico. Dicen que nuestro cuerpo enferma cuando nuestro corazón no se siente bien. – Patty miró a Candy tiernamente - ¿Ha ocurrido algo últimamente?

- El día de hoy vi a Elisa dirigirse al bosque a donde tú siempre vas en la hora del almuerzo. ¿Tiene algo que ver?

El silencio fue la única respuesta.

- Lo que te haya dicho Elisa no debe tener importancia para ti, Candy. – Patty la miró directamente – Ella sólo puede decir cosas malas, y muchas mentiras.

- Esta vez, no fue así - murmuró.

- ¿Qué te dijo? – Annie estaba en verdad preocupada.

- Me dijo que nadie me podría querer por ser una huérfana.

Candy ocultó los detalles de lo que le había dicho en realidad Elisa. Tenía miedo de repetirlos.

- Qué cruel…

- ¡Por Dios, Candy! ¿Y nosotras? – Patty dijo severamente – ¿Es decir que yo no te aprecio de verdad por tus orígenes?

- No es así… - Bajó la mirada.

A la muchacha de lentes le tomó unos minutos de silencio para darse cuenta de lo que ocurría.

- ¡Oh! – Si se trata de eso… Elisa no puede conocer el corazón de las personas que te rodeamos. Si estamos junto a ti es porque te queremos tal y como eres, Candy.

Las palabras de Patty llenaron de tranquilidad el corazón de Candy.

- Pero si aún te quedan dudas, puedes preguntar ¿No crees? – Un guiño apareció en su rostro.

- Patty, no entiendo a lo que te refieres… - Annie aún no comprendía.

- Déjame explicarte mientras vamos a nuestras habitaciones, es necesario que nuestra amiga descanse.

Era verdad. En el mundo habían personas que lo querían por ser quien era y no por de dónde ella venía. Terry nunca se alejó de ella, incluso cuando supo que era huérfana. Le gustaba escuchar sus historias acerca del Hogar de Pony, incluso le habló de ir a visitarlo algún día. Con los recuerdos de esas pláticas con Terry, el corazón de Candy se tranquilizó. Mientras la sonrisa volvía a su rostro su estómago le recordaba que no había comido nada desde el desayuno.

- ¡Ay, no! ¡Otra vez sin comer! – Haciendo un puchero apagó la luz de su habitación y durmió deseando que amaneciera ya.


Era día de misa. Todos los alumnos, vestidos apropiadamente, se dirigían a la iglesia del colegio. Resguardados por las monjas, ninguno se atrevía a transgredir las reglas.

Terry se había despertado temprano con el único propósito de ver a Candy. Llevaban un par de días sin verse y no sabía nada de ella.

Entre los grupos, Terry se quedó al lado de una de las columnas del gran edificio. El grupo de chicas llegaba. Entre tantos rostros, él distinguió los risos rubios de Candy. La miró detalladamente, caminaba un poco atolondrada al lado de sus amigas. Quiso acercarse pero una de las hermanas se encontraba cerca de ellas y no quiso meterla en problemas. Terrence deseaba con el corazón que Candy voltease a verlo. Contrario a eso la rubia saludó a sus primos, les sonreía llena de felicidad y agitando sus manos.

- ¡Candy! – Una de las hermanas la llamó.

Conociendo la razón, la rubia sólo atinó a disculparse y a encoger los hombros mientras reía nerviosa. Fue en ese momento cuando giró en dirección a Terrence, sus miradas se cruzaron. Un estremecimiento recorrió el cuerpo de ella.

¿Crees que Terrence pueda fijarse en ti? ¿Realmente crees que te pueda tomar en serio?

Las venenosas palabras de Elisa resonaron en su mente.

Un noble como él jamás se fijaría en alguien como tú. Probablemente sólo se divierta un momento contigo y luego se aburra

Candy no resistió más y bajó la mirada. Presurosa se dirigió a misa sin mirar atrás.

Terry, miró su figura desaparecer entre los alumnos. Su corazón latía fuerte. Se sintió pesado sin explicación.

No nos vemos en días y ella me esquiva.

Él sólo había pensado en ella en estos días.

Esperaba ver tu sonrisa…

- Mierda.

Fue lo único que dijo y se dirigió al bosque.


El sermón de la mañana había sido demasiado largo. Tanto que ella pensó que era ya mediodía y que podría almorzar. Eran las 9 de la mañana y las clases recién empezarían. Esperando a sus amigas, Candy se quedó a un lado de la iglesia mientras los alumnos caminaban a sus aulas.

- No grites… - murmuró una voz que ella conocía bien.

El dueño de esa voz dijo esto mientras le tapaba la boca y la sujetaba por la cintura, sosteniéndola hasta los arbustos tras la iglesia. Ella pataleó, pero él le ganaba en fuerza y tamaño. Resignada, sólo atinó a hacer señas para que la dejara hablar.

- ¡¿Qué se supone que haces?!

- Si sigues gritando las monjas no tardarán en darse cuenta de que estamos aquí. – Él la miró serio.

- Eso si no vieron cómo me trajiste hasta este lugar.- ella bajó su voz.

- No te preocupes, me aseguré que no nos vieran.

Candy resopló y se sentó en el jardín. Terry hizo lo mismo a un lado de ella.

- ¿Parece que hemos cambiado de lugar, no crees?

- Me gusta más el primero. – Ella sonrió.

- Estuve esperándote estos días… - Terry dijo dudoso, la miró fijamente, buscando la respuesta en su rostro.

Al escuchar esto, el corazón de ella comenzó a golpetear fuertemente en su pecho

- Digamos que… No tuve ganas de ir. - Candy arrancaba la hierba que crecía en el suelo mientras decía esto, sus ojos sólo miraban la tierra.

Terry abrió los ojos, su cuerpo se estremeció.

- ¡Si no querías verme sólo tenías que decirlo!– Él se sorprendió a sí mismo diciendo esto. Pero quería saber lo que ocurría.

¿Qué no quería verte? ¡Ella adoraba verlo, no podía dejar que él piense eso!

- ¡Yo sí quería verte! – Ella lo miró desesperada.

Esas palabras salieron de su corazón y llegaron como el murmullo del viento a los oídos de Terry. Su corazón volvió a latir.

- Elisa… - Los ojos de Candy se pusieron rojos - Elisa dijo que tú no…

Ella dudó.

- Que tú te aburrirías y que dejarías de verme.

- ¿Y tú le creíste? – La mirada de él se tornó seria.

Terry la miraba fijamente.

- Un poco… - Ella sonrío nerviosa intentando suavizar la actitud seria de él.

- Mona tonta. – Terry golpeó suavemente la frente de Candy. – ¿Desde cuándo una mocosa creída como Elisa me conoce lo suficientemente bien como para que tú creas las idioteces que dice?

- Eso lo dices porque no la escuchaste - Candy hizo un puchero. – A veces las grandes verdades se esconden entre las mentiras.

Terry se dejó caer de espaldas sobre la hierba fresca. Uno de sus brazos cubrió su rostro de la mirada de Candy.

- Mentiras son mentiras. Puedes creer lo que gustes, pequeña Hermana Grey, sólo una cosa – Terry hizo una pausa – No te alejes así…

El susurro suave de Terry, esa última frase, dejó muda a Candy. Podía sentir claramente lo que él quería decir; No te alejes así de mi…

El corazón de ella latía fuertemente mientras lo observaba. Con sólo esa frase ella entendió completamente el corazón de Terrence.

Esas palabras salieron de la boca él y ella tocó su pecho intentando calmar a su alocado corazón.

- No quiero separarme de ti. – Dijo sin pensar.

Llena de felicidad, Candy se inclinó hasta llegar al rostro de Terrence.

- Yo quiero estar junto a ti, Terry - Con las mejillas sonrosadas y el cabello rizado cayendo sobre sus hombros, Candy le regaló a Terry la más brillante de sus sonrisas.

Él la miró, la seguridad en esos ojos verdes se quedaría grabada para siempre en su corazón. Rápidamente se sentó tomando a Candy consigo. Rodeándola con sus brazos, Terry, colocó un tierno beso en su frente y ella cerró los ojos.

- Esto es para ti – Candy abrió los ojos al sentir un golpe en la cabeza. Era una caja dorada con un bello moño rosa.

- Ohhh – sorprendida leyó la tarjeta – Para la Señorita Candice White Andrew. E. B.- Sonrió nuevamente. – Es de Eleanor.

Entusiasmada abrió el paquete encontrándose con una caja de chocolates y una nota.

Querida Candy.

Agradezco infinitamente lo que has hecho por Terry y por mí. Te envío mis chocolates favoritos, espero te gusten tanto como a mí. Al conocerte sólo una cosa pude pensar: Eres la niña más dulce y alegre que he conocido. Estoy segura que muy pronto serás una adorable dama. Espero que Terry también sea un caballero.

Si alguna vez deciden venir a America, los espero con los brazos abiertos.

Con mucho cariño para la dulce y pequeña Candy.

Eleanor Baker

Sonriendo al ver la carta, Candy cerró sus ojos. Era una de las cartas más bonitas que alguien le había enviado. ¡Y aún más! En esa carta, una dama tan distinguida como Eleanor Baker, había escrito las palabras más cariñosas para ella. Apretó el papel contra su pecho.

- Nunca olvidaré esto. Soy muy feliz. – Dijo para sí misma. Sin embargo, Terry la escuchó.

Ella lo abrazó fuertemente, tanto como lo había hecho con la carta.

Candy disfrutó de ese momento de felicidad. Definitivamente nadie podía conocer el corazón de los demás, ni sus pensamientos; pero justo en ese momento, al tener la carta de Eleanor en sus manos y sentir el abrazo de Terry, ella sentía que podría estar segura de los sentimientos que ambos le transmitían.

Continuará...


Muchas gracias por leer. Espero que este capítulo les guste. Recuerden que este es un fanfic inspirado en la época del Colegio San Pablo y está inspirado en lo escrito por Misuki en el CC Final Story. Me gustaría saber si les gustó leerlo tanto como a mi escribirlo. Espero que sientan un poco de las emociones que trato de plasmar aquí. Cualquier duda o crítica... Déjenmelo saber en sus reviews, sí?

Gracias!

Lyla

PD. Gracias infinitas a quienes se tomaron el tiempo de comentar esta historia, no saben lo feliz que me sentí al leer que les gustó. Eso me animó a continuarla. Esperaro leer qué les pareció este segundo capítulo.