SENTIR
Setiembre
El día de hoy he terminado finamente con mis tareas. Estoy demasiado agotada, pero sé que tendré mejores resultados, tío abuelo. Muy pronto me convertiré en una linda dama ¡Se lo prometo! Solo espere por su hija adoptiva. Se sentirá muy orgulloso cuando pueda ver que ya puedo tocar el piano. Alguien aquí me enseñó a hacerlo, Digamos que tuve clases privadas… ¡Pero no se asuste! Esa persona es T.G. Él me enseñó a tocar el piano durante el verano, es algo que nunca voy a poder olvidar. Es un recuerdo que guardaré en el corazón.
T.G. A veces, cuando estoy sola, me sorprendo a mí misma murmurando su nombre. En ese momento mi corazón da un brinco.
Continuamos viéndonos todos los días al mediodía. A veces él trae dulces y galletas y comemos juntos sentados en la rama de uno de los árboles de la falsa colina. El tiempo se detiene cuando estamos así, juntos… Siento su mirada y sólo nos quedamos en silencio. Cuando suena la campana me encuentro a mí misma desilusionada. El tiempo es cruel. Pero ambos sabemos que podremos vernos al siguiente día. Yo sé que él siente lo mismo que yo, en el fondo lo sé. Mi pecho explotará.
¿Alguna vez me acostumbraré a esto, tío abuelo? Las reglas del colegio, de las que tanto me quejaba, no son nada ahora. Yo… Yo sólo quiero quedarme aquí junto a Terry.
Un suspiró profundo se escuchó en la habitación. Cerró su diario y lo guardó en el lugar de siempre. Mañana tenía clases desde temprano. No podía desvelarse más.
Todas las alumnas esperaban en clase a la hermana Margaret, Candy se sentía contenta, esta vez había llegado antes de lo previsto.
- Se acerca el domingo libre – Patty señaló emocionada.
- Sí, me gustaría salir con Archie ese día, pero no sé si él se encuentre dispuesto. – Annie comentó dudosa.
- Es cierto el domingo es el día de visitas y salidas…
Los ojos de Candy brillaron, lo primero que vino a su mente fue el rostro de Terry. Quizá podría salir con él, aunque ya no estuviese el señor Albert para poder visitarlo.
- ¡Hey, Candy! – Patty movía su mano frente a los ojos de Candy.
Ella abrió los ojos sobresaltada.
- Otra vez estás distraída… – Annie sonreía.
- Seguramente ya tienes planes para el domingo ¿Verdad? – Patty guiñó un ojo.
Candy se ruborizó tiernamente.
- Ahhh… No, aún no. ¡Pero sé que será divertido!
Y diciendo esto estiró sus brazos hacia Patty, abrazándola fuertemente.
En ese momento Elisa giró su rostro observándola. El ver a Candy sonreír hace que sienta su sangre hervir. Algo tenía que hacer, ella no podía permanecer más en el colegio.
Cómo puede engatusar de esa manera a las personas a su alrededor. Y sobre todo a Terry. Eso no lo voy a permitir.
Su rostro estaba lleno de furia. Ajena a todo eso, Candy continuaba sonriendo.
Corría lo más rápido que podía. Estaba segura que sólo quedaban pocos minutos antes de que vuelva sonar la campana. Había estado escondiéndose de Elisa y sus amigas. Patty y Annie no exageraban cuando le decían que ella la estaba observando. Esperaba poder encontrar a Terry en la colina, de lo contrario no lo vería en todo el día.
Estaba corriendo tan agitada cuando alguien salió de un árbol y se detuvo frente a ella intempestivamente.
- ¡Hey, mona!
- ¡Ahhh!- Candy gritó con el último sorbo de aire que tenía. El susto fue tanto que sus ojos se abrieron inmensamente y sólo atinó a llevarse las manos al pecho tratando de calmarse. Se había quedado sin aire.
Terrence, al ver el rostro pálido de Candy, comenzó a darle pequeñas palmadas en la espalda.
- Sé que te derrites al verme, pero no creo que sea para tanto, pecas. – dijo él burlonamente.
Candy sólo cerró sus ojos e intentó calmarse para recuperar el aire. De repente la alegría la llenaba completamente.
- Tú… No… -Decía entrecortadamente – No tienes… remedio.
- Escapabas de la hermana Grey seguramente.
- ¡Eres imposible! – Candy sólo agitó sus brazos y Terry sólo se cubrió el rostro con sus brazos.
- Espera, no te enfades. Estaba esperándote.
En verdad Terry la había estado esperando impacientemente.
Candy usó todo su esfuerzo para mirarlo seriamente. Cuando él ponía esa cara de niño bueno, no podía darle su merecido. Sólo suspiró, estaba muy agotada y se dejó caer sobre la hierba.
- Hoy me quedaré aquí, no creo llegar a la colina. Estoy cansada.
Terry se inclinó hasta la altura de Candy.
- Si nos quedamos aquí las monjas nos pueden descubrir.
- ¡Eso lo hubieses pensado antes de casi matarme del susto!
Sin decir nada le dio la espalda y se inclinó un poco más.
- Sube.
Candy miró su espalda por unos segundos.
- No, prefiero quedarme aquí.
- No sólo la hermana Grey puede descubrirte, probablemente Elisa también lo haga.
Candy lo miró sonrojada. En eso tenía razón y, la verdad, ella no estaba de humor para lidiar con Elisa. No sabía si era por el cansancio o por el susto que había recibido, pero su corazón comenzó a latir aún más fuerte. Sentía que sus mejillas comenzaban a arder. Sin decir nada apoyó sus manos en los hombros de Terry y descansó su cuerpo contra la espalda de él. En unos segundos él se puso de pie, sujetando las piernas de ella con sus brazos.
Cerró sus ojos, sentía que su corazón podría salir de su pecho en cualquier momento. La espalda de él era firme y cálida, podía sentir la presión de su pecho contra la espalda de él, así como el resto de su cuerpo. Candy se sintió confundida y movió su cabeza de un lado a otro.
- Nunca pensé cargar a un mono. – La voz de Terry despertó de Candy de sus pensamientos.
- Este mono de morderá si te sigues pasando de listo – ella le dio un golpe suave en su cabeza.
- ¡Ouch! – él se quejó exageradamente mientras se reía.- La próxima vez no te ayudaré y te dejaré a merced de tus captores.
- ¡Ahora verás! – Candy colocó ambos brazos alrededor del cuello de Terrence simulando asfixiarlo, pero sólo consiguió hacer reír aún más a Terry.- ¡Eres un grosero y atrevido!
Entre carcajadas ambos llegaron a la colina. Terry tumbado sobre la hierba fingía estar agotado por haberla cargado. Candy en respuesta hacía un puchero mientras le arrojaba hojas secas sobre el rostro.
- ¡Si sigues así terminaré enterrándote en medio de estas hojas secas!
- Ohh… ¡Por Dios! ¿Qué tenemos aquí? ¿Una pequeña maleante?
- En eso me convertiré si sigo junto a ti.
- ¡Uff! Creo que debí darme cuenta antes, esas pecas delatan tu peligrosidad.
Candy arrugó su frente y le tiró una buena cantidad de hojas en el rostro mientras le sacaba la lengua.
- ¡Qué dama tan delicada! - Dijo Terry mientras se despejaba del montón de hojas que tenía sobre el rostro.
Ella hizo un mohín de disgusto y cruzó sus brazos sobre su pecho.
Él sólo reía a carcajadas.
- Después de todo… Ya es otoño y aún no logro eso. – Candy se encontraba un poco frustrada.
Terry dejó de reír y miró a Candy. En verdad le preocupaba.
- Es por tu tutor, ¿verdad?
- Así es, el tío abuelo espera eso de mí y yo no quiero defraudarlo. Pero esto de ser una dama no se me da fácilmente.
- Jajajaja. Tú eres una Tarzan natural.
- ¡Qué descortés!- Candy fingió enojarse, pero la alegría la traicionaba.
- Pero deberías ver como arrugas la frente y tu nariz. Pareces un mono de verdad.
Otro manojo de hojas le cayó en la cara nuevamente.
- No entiendo como a Annie y a Patty se les hace tan fácil. Yo puedo esforzarme, pero la verdad es que todas esas normas sociales son tan…
- Tontas y aburridas.
- Así es… Debemos cuidar hasta el más mínimo detalle. Creo que soy muy despistada para eso. ¡No quiero ni pensar en lo que dirá el tío abuelo cuando me vea!
- ¿Te importa mucho lo piense de ti?
- Siento que se lo debo, por todo lo que ha hecho por mí.
- No creo que lo decepciones.
- ¡Eso espero!
- Serás una dama tarzán.
Candy en lugar de enfadarse, estalló en carcajadas.
- ¿Cómo que una dama tarzán?
- Podrás usar un vestido elegante, tocar el piano, comer con cierta elegancia, pero nunca dejarás de ser tarzán pecosa, la chica traviesa y distraída que trepa árboles como mono y salta de un lado a otro.
No sabía si reír o sentirse ofendida. Infló sus mejillas sonrosadas y le mostró la lengua. Terry apretó con sus manos sus mejillas.
- Eso tampoco hace una dama. Señorita.
- ¡Al diablo con ser una dama! - Ella colocó sus manos sobre las de él, que aún no dejaban sus mejillas.
- ¡Qué vocabulario! – él reía sin soltarla.
- Ya deja de molestarme o en verdad verás mi lado salvaje y…
- Eso no importa…– La interrumpió – Tampoco lo atolondrada que seas ni cuántos instrumentos puedas tocar o árboles puedas trepar, si hablas francés o no.
El corazón de Terry comenzó a latir fuertemente, no supo en qué momento comenzó a hablar.
Ella podría desmayarse.
- A mí me gusta Tarzán Pecosa.
Era un murmullo suave. La voz profunda de Terry llegaba a oídos de Candy quemando su pecho. Sus manos, aún sobre las de Terry, ardían.
A mí me gusta Tarzán Pecosa. Esas palabras no desaparecerían jamás de su memoria.
Terry parecía nervioso.
Ella pestañeó dos veces mientras Terry la miraba directamente, la mirada de él bajó a sus labios entreabiertos.
Él va a…
Cerró sus ojos dejándose llevar por los labios húmedos de él.
Dulce…
Terry continuó besando a Candy hasta que ambos se quedaron sin aire.
¿Qué nos pasa?
De pronto, Terry dejó sus labios lentamente. Ambos se miraron confundidos.
El pecho de Terry estaba agitado, su respiración era entrecortada. A ella le pasaba lo mismo, el aire faltaba, pero su pecho se sentía lleno.
Candy llevó las manos a sus labios agitada.
Él la miró ansioso, expectante.
Aún nerviosa y con las mejillas sonrosadas, Candy se perdió en los ojos azul verde de Terry. Él la miró con anhelante.
Hay cosas que se transmiten mejor con una mirada que con palabras.
Te quiero… Terry. Y tú… Tú también a mí.
En ese momento Terry acarició el cabello de Candy. Sus dedos jugueteaban entre los risos rubios de ella.
Aún, a pesar de que no lo digas… Tus ojos, Candy, puedo leer en ellos lo que tanto quiero oír de tus labios.
- Candy…
Terry quiso decir algo más, pero se detuvo.
Te amo…
Él solo podía pensar en eso.
Ella parpadeó un par de veces mientras sus manos estrujaban su vestido. Sentía que podía explotar por todo lo que sentía. En cualquier momento su corazón podría detenerse.
Y la campana sonó fuertemente.
El sonido estremeció el pecho de ambos.
Como si fuese lanzada a la realidad de un solo golpe, Candy gritó alborotada agitando sus brazos.
- ¡Llegaremos tarde para el almuerzo!- Esa frase fue dicha casi con desesperación. Sentía que se sofocaba.
No mentía, si llegaban tarde, era un hecho que les esperaba una sanción.
Terry únicamente sonrió de lado, conociendo las verdaderas intenciones de Candy. Él soltó su cabello y se hizo a un lado.
- Nos vemos luego – Candy sonrió corriendo en dirección al pabellón de las chicas.
- ¡Candy!
La voz de Terry la hizo detenerse y mirarlo extrañada.
- Tu cabello. – Ella miró hacia ambos lados. – Está desordenado.
Terry se alejó sonriendo.
En ese momento, el rostro de Candy podría haberse comparado a la manzana más roja.
No sé lo que está pasando conmigo.
El pecho me duele, siento que voy a llorar… Pero no puedo.
Su voz viene a mi mente
"A mí me gusta Tarzán Pecosa."
Mi corazón late fuertemente. Me sofoca. Mis piernas tiemblan.
Me siento agitada.
Me ha besado una vez más. Yo sólo me sentí adormecida, en una especie de burbuja dulce. El aire… Nunca había sido tan consciente de respirar hasta que él dejó de besarme. Siento que quiero verlo a cada momento, tenerlo cerca… Podría dejar que juegue con mi cabello todo el tiempo que quiera…T. G.
¿Esto es correcto? Temo que, aunque no lo fuese, yo seguiría junto a él.
Quiero gritar que te quiero… Quizá esa sea la respuesta.
Me gustas… Mucho , mucho, mucho…
Candy cerró con fuerza su diario. Y lo guardó en uno de los cajones de su escritorio. Se acostó un momento en su cama abrazando a su almohada… De momento recordó la sensación de su cuerpo sobre la espalda de Terry… Esa tarde ella había dejado que él la lleve en su espalda por la colina. Los brazos de él habían rozado suavemente sus piernas.
Cerró sus ojos intentando olvidar. Las sensaciones no se iban.
- ¡Me desespera!...
Gritó y tiró la almohada al piso.
Stear y Archie regresaban a sus habitaciones. No había casi nadie en los pasillos puesto que ya era casi hora de dormir. En ese momento la figura de Terrence apareció dirigiéndose a su habitación la cual era continua a la de los hermanos. Archie lo miró irritado, desde que Candy andaba con el noble Grandchester ya no los visitaba, ni pasaba el tiempo con ellos, por el contrario se había alejado. Sus encuentros se resumían en breves saludos cuando se encontraban por casualidad. Archie no pudo contener su ira.
- ¡Grandchester!
Terrence giró sorprendido.
- Uhh… ¿Se puede saber qué necesita el elegante americano?- respondió en tono de burla.
- Candy…
Inmediatamente Terry lo miró serio.
- ¿Qué sucede con ella?
- ¡No confío en ti para cuidar de Candy!
- ¿Y se puede saber quién pidió tu opinión?
Terry contestaba sarcásticamente.
- ¿Crees que por ser noble puedes hacer lo quieras? ¡No con ella! ¿Me entiendes?
- ¿A qué te refieres? ¡Dímelo de frente!- Las palabras dichas por Archie lo enfadaron.
- ¡Si algo le llega a pasar tú serás el único responsable!
- Archie, ya basta… - Stear intentaba calmarlo, las cosas podrían ponerse peores.
Terry miró seriamente a Archibald. El americano no tenía por qué preocuparse por Candy.
- Lo que hagamos Candy y yo no es tu asunto. Y si quieres pelear de verdad, avísame.
Diciendo esto entró a su habitación tirando la puerta fuertemente. Archie lo miró irritado.
Ya en su cuarto, Terry observó hacia la oscuridad del bosque. Seguramente Candy ya estaba en su habitación.
Sin pensarlo se tumbó sobre la cama cerrando sus ojos.
En sus pensamientos estaba ella. Su sonrisa, sus expresiones cuando estaba enojada, avergonzada o alegre. Candy feliz con una sonrisa brillante, sus pecas sobre su nariz , su cabello largo y rizado y saltando de rama en rama llena de alegría.
Él quería a Candy… Y sabía que ella sentía lo mismo. Ambos querían estar juntos.
Aún podía sentir la calidez y suavidad de sus labios. No podía resistirse, solamente quería estar a su lado. El rostro ruborizado de Candy, agitada por el beso no podía salir de su mente. Sólo podía mirarla embelesado.
El deseo por permanecer a su lado el mayor tiempo posible era tan fuerte que presionaba su pecho.
¡Si algo le llega a pasar tú serás el único responsable!
Esas palabras resonaron en su mente.
- Mientras yo esté a tu lado, jamás podrán hacerte daño, Candy. Yo te protegeré…
Dijo para sí mismo.
El viento helado de otoño entró por la puerta de cristal del balcón agitando las cortinas y golpeando fuertemente. Terry sintió que el frío había llegado hasta su pecho. Extrañamente se sintió inquieto.
Continuará...
Hola, chicas!
Muchas gracias por leer. Espero que este capítulo sea de su agrado.
Estoy pensando en escribir más escenas en las que Candy y Terry se encuentren juntos, o quizá un capítulo completo desde el punto de vista de Terry. Si están de acuerdo con la idea no se olviden de comentar y dejar sus opiniones, así puedo continuar con más capítulos. ¡En serio me animan a seguir con esta pequeña historia!
Con mucho cariño.
Lyla
Pd. Muchas gracias por sus lindos comentarios!
