Él

El amor puede presentarse en distintas formas durante nuestra vida…

Hay personas que nunca volverán…

Sin embargo, mientras estemos vivos, siempre habrá esperanza.

He aprendido que es el destino que hace imposible ver a alguien a pesar de que la persona esté todavía viva. Acumulando estos encuentros y separaciones continuamos viviendo. Y sin embargo, si estoy viva puedo mantener una esperanza. (1)

La persona que me enseñó esto… Él.


- ¡Terrence Grandchester!

La voz de la hermana Kreiss resuena fuertemente en el aula. Todos voltean a mirar a Terry. El muchacho estaba inclinado sobre su carpeta, parecía dormir. Al escuchar la voz de la hermana, abrió uno de sus ojos, cerciorándose de ser él a quien llamaban.

- ¿Cómo es posible que se quede dormido durante clase?

Terry bostezó sin cuidado alguno.

Un sermón sobre buenas costumbres fue lo siguiente que se oyó en el aula. Escuchando a la hermana, y sin replicar, Terrence miraba a través de la ventana.

¿Qué estarás haciendo?

En sus pensamientos, la imagen de una chiquilla rubia y sonriente se hacía más fuerte.

- Adivina, adivina. ¿Quién soy? – Desde atrás, las manos de Candy cubrían los ojos de Terry.

La voz cantarina de Candy y el sonido de su risa invadió la colina. Su voz era fácilmente reconocible para Terry.

- Déjame pensar… Por esa voz tan chillona puedo imaginar que es la hermana Grey. – dijo él simulando confusión.

- ¡Hey!

Candy fingía molestarse pero en realidad se encontraba divertida.

- Sin embargo, por ese grito extraño creo que eres un mono parlanchín que se ha escapado del zoológico.

La risa de él se escuchó inmediatamente, mientras ella no podía evitar rendirse ante la broma del muchacho.

- ¡Tonto!

- ¡Vamos, pecas! Sé que eres tú.

Candy retiró sus manos del rostro de Terry, sonriendo se sentó a su lado.

Él la observaba embelesado, mientras la escuchaba hablar de su día en el colegio, las tareas que no podía responder y lo difícil que era el aprender francés. Sus ojos verdes brillaban aún más cuando sonreía…

Ella se veía feliz…

- ¡Terrece! ¿Está escuchando?

La voz de la hermana Kreiss trajo a la realidad a Terry y nuevamente otro sermón se escuchó.


- ¿Te diste cuenta Stear? Es totalmente injusto. Si nosotros hubiésemos tenido esa actitud, es seguro que nos hubiesen enviado al cuarto de reflexión.

- Cálmate, Archie. Sabemos que Terrence tiene ciertas consideraciones, pero eso no nos debe importar.

- Pues a mí sí me importa.

- ¿Te importa que el trato sea injusto o la relación de él con Candy?

- ¿Qué dices, Stear? Candy no tiene ninguna relación con él.

- ¡Vamos! Tú sabes que ellos dos se traen algo. Lo sabemos desde la las vacaciones de verano, es más todo el colegio lo sabe.

- Candy sólo tiene una amistad con él.

- ¡Hemano! Creo que el que necesita lentes eres tú y no yo. Terry va a donde Candy va, lo mismo hace ella. Parece que tuviesen un imán.

- ¡Ya basta!

- No debería enojarte, además tú tienes a la tierna Annie. Estoy seguro que ella te hará olvidar todo esto, Archie.

Archie no quiso escuchar más, enfurecido se dirigió a buscar Grandchester, sabía que él desaparecía todos los días al mediodía. Tenía que aclarar unas cosas con él.


El invierno se acercaba más. El frío viento hacía revolotear a las hojas secas que caían sobre la hierba. Los árboles ya se encontraban completamente desnudos. El cielo nublado hacía parecer que llovería en cualquier momento. Candy y Terry continuaban encontrándosé en la colina, a pesar del clima. Sentados, uno junto al otro, ambos disfrutaban de su mutua compañía.

- El próximo domingo es libre ¿Tienes planes?

- No creo que la Tía Abuela venga a visitarme. –Candy bromeó- Stear y Archie saldrán con Patty y Annie, probablemente. Yo aún no sé qué haré. ¿Tú?

Él la miró pensativo.

- Iré a dar un paseo por Londres ¿Quieres venir?

- ¡Sí! – Candy respondió sonriendo ampliamente.

- No te pongas tan contenta – Terry dijo dándole un pequeño golpe en la cabeza.

- No es por ti – dijo mostrándole la lengua.

- No hagas eso.

Terry la miró serio.

- ¿Hice algo malo? – Ella buscó la mirada de él.

¿No te das cuenta, verdad?

A su memoria llegó la imagen de Candy agitada, con las mejillas sonrojadas luego del beso de días anteriores, en ese mismo lugar.

Ella se acercó más a él. Terry parecía hipnotizado.

- ¡Hey! ¿Qué sucede? – Candy movía sus manos frente a su rostro.

Terrence despertó de su ensueño.

- Es sólo que tus expresiones asustan a cualquiera

Candy agitó sus brazos enojada, mientras él comenzaba a reír.

- ¡Tú no cambias! ¿Siempre tienes que molestarme?

- Digamos que es mi deporte favorito.

- Ohhh claro, ¿Ahora me consideras un deporte?

- Uno muy rudo.

- Hasta hace unos días pensé que te agradaba.

Ella lo recordaba bien, él le había dicho que le gustaba.

- No he dicho lo contrario.

- Me acabas de llamar ruda.

- No te tomes tan en serio mis palabras, pecosa.

- Contigo nunca sé qué cosas son en serio y qué cosas no lo son. ¡Me alteras mucho, Terry!

Al decir esto, Candy abrió sus ojos fuertemente llevando sus manos a su boca, como si intentara regresar aquellas palabras que se habían escapado tan escandalosamente.

- Creo que debo irme, tengo una tarea muy importante - Candy quería desaparecer a toda prisa de ese lugar.

- ¡Hey! ¡Espera! – Terry sujetó su brazo fuertemente.

- Esta vez no podrás escaparte.

Estaban muy cerca el uno del otro.

- No intento hacerlo, en verdad tengo una tarea muy importante. Si mañana la Hermana Margarett me sanciona será…

- Estás nerviosa… – Él tocó la punta de su nariz con su dedo índice.

- No es cierto. – Movió su rostro de un lado a otro, desesperada.

Unos pasos fuertes se escuchaban alrededor. La voz que estalló después los alertó.

- ¡Candy!

Era el la voz de Archie. El chico se encontraba al lado de un árbol, mirándolos lleno de ira.

- Archie …

- Esto no tiene justificación. No deberías estar aquí.

Archibald ignoraba completamente a Terry.

- Creo que estás interpretando las cosas de otra manera, Archie, yo…

- Es mejor que regreses a clases, Candy. Te acompañaré.

El muchacho dio unos pasos para acercarse a ella. Inesperadamente la figura de Terry se interpuso en medio de ellos.

- Ella no te ha dicho que quiera irse.- La voz de Terry era fuerte. Su rostro estaba tenso.

- No estoy hablando contigo. Candy, vamos.

Archie trataba de contener su cólera hacia Terrence y apartar a Candy de él.

- ¡Te dije que ella no va a ninguna parte!

- ¡Apártate de ella!

- ¿Así? ¿Desde cuándo un elegante niño americano viene a darme órdenes? – Terry no perdía la oportunidad de burlarse de Archie.

El muchacho americano no soportó más y golpeó fuertemente a Terrence en el rostro.

- ¡Terry! - Movida por un impulso corrió a su lado. Terry estaba furioso y la apartó de sí.

En un instante otro golpe seco se escuchó en la colina. Archie cayó en el suelo, tocándose el rostro.

- Eso para que no vuelvas a meterte conmigo.

- ¡Qué sorpresa! ¡Pensé que llamarías a tu padre para que te defendiera!

Tan enojado y agitado como se encontraba Terry se lanzó a darle otro golpe a Archibald cuando los brazos de Candy lo sujetaron fuertemente de su pecho.

- ¡Por favor, Terry! ¡Detente!

Los ojos llenos de ira de Terry se encontraron con la mirada suplicante y llorosa de Candy.

- Ya no sigan, por favor…

Terry pareció volver en sí. Sus puños se aflojaron y le dio la espalda. Ella sólo suspiró y corrió hacia su primo ayudándolo a incorporarse. Archie miraba fijamente a Terry lleno de coraje.

Candy volteó a verlo una vez más. Terrence estaba furioso. Quiso decir algo, pero se detuvo. Probablemente no era el mejor momento para hablar con él.

- Vamos, Archie.

Ambos primos desaparecieron entre los árboles del bosque.


- Debiste dejar que le diera su merecido. Es un arrogante.

- ¿Pero qué estás diciendo, Archie?

Candy había tenido que sacar a rastras a su primo, de ninguna manera podría haberlo dejado allí. De seguro ambos se hubiesen matado a golpes.

- Tú no tienes por qué reunirte con ese aristócrata engreído. ¿Desde cuándo te ves con él?

- Él no es ningún engreído. Tú empezaste provocándolo.

- No me has respondido. ¿Desde cuándo lo vez, Candy?

Ella bajó la mirada.

- Nosotros pasamos algún tiempo… Juntos. Pero eso no tiene nada de malo. No llevamos bien…

- Sí, eso fue lo que vi. No puedes verlo de esa manera. ¿Buscas que te expulsen?

Candy se estremeció al escuchar esa palabra.

- Si las monjas descubren que te ves a escondidas con él irás a parar al cuarto de meditación y podrías ser expulsada. A él no le ocurrirá nada puesto que, como siempre, se esconde tras el poder de su padre.

Expulsada y separada de Terry, esa idea llenaba su pecho de una angustia terrible.

- Eso no pasará, Archie. Terry nunca permitiría una cosa así.

Archibald la miró sorprendido. La seguridad con la que se refería a él era única. Candy confiaba absolutamente en Grandchester.

- Candy, tú…

- Por favor, no vuelvas a pelear así con Terry. Él es una buena persona, es sólo que no se relaciona con los demás de una forma común.

- No lo justifiques.

- Sólo estoy diciendo la verdad.

- ¿Por qué, Candy?...

- Archie…

El muchacho suspiró. Era inútil decir algo. La respuesta de Candy estaba claramente definida.

- Si algo te llega a pasar…

- No te preocupes. Todo estará bien.

Más que para tranquilizar a Archie, Candy se repitió esto a sí misma mientras su mirada se perdía en la nada.


Terry cerró la puerta de su habitación con tanta fuerza que el sonido se escuchó por todo el pasillo.

- ¡Ese idiota!

Apretó tanto sus puños que sus dedos se pusieron tan blancos como un papel.

El menor de los Crownwell lo había enfurecido en sobremanera, no sólo por referirse al poder de su padre, lo que en verdad lo enfadaba era que pensara que Candy tenía que hacer lo que él quería.

¡Por favor, Terry! ¡Detente!

La voz de Candy volvió a resonar en su mente. Su mirada llena de tristeza y miedo lo dejaron sin fuerzas. Si no hubiese sido por ella, Archibal Crownwell estaría en el hospital.

¿Estás aún con él, Candy? Te fuiste sin decir una palabra…

Le costaba aceptarlo, pero sentía su pecho llenarse de rabia. ¿Por qué le pasa eso con ella? La respuesta era simple...

Candy... Si cierro los ojos puedo ver tu sonrisa y tus brillantes ojos verdes. Tu expresión al sacar la lengua cuando cometes un error, la forma en la que arrugas tu frente cuando te enojas si te molesto demasiado. Tus pecas esparcidas por tu pequeña nariz y mejillas, tu cabello rubio, como un hada.

Candy, atolondrada, traviesa, gritona, alegre, vivaz… Terry piensa que es increíblemente imperfecta…

Y eso la hace perfecta para él.

Abrumado por sus pensamientos, Terry se deja caer pesadamente sobre su cama.

Pero no puedo permitir que sigamos de esta manera, Tarzán pecosa.

Unos golpes se escuchan en la puerta.

El muchacho los ignora completamente, definitivamente no se encuentra de humor para ser molestado. Sin embargo la puerta se abre de manera intempestiva.

- Duque…

Es lo único que puede pronunciar. El Duque de Grandchester, su padre, estaba parado en frente a él.


Candy se quedó parada en la rama del árbol observando el balcón frente a ella. La puerta estaba abierta y las cortinas se movían violentamente a causa del viento. Las luces apagadas le daban un ambiente tétrico a la habitación.

¿Estará en su habitación?

Ella sentía la necesidad de verlo, de darle una explicación. Hacía ya dos días que no sabía nada de él y la angustia se apoderaba de su pecho.

Como si algo faltara.

No puedo… Yo necesito saber cómo estás, Terry.

La muchacha tomó impulso y saltó.

Un fuerte y helado viento cruzó por el balcón golpeando las puertas. Candy se estremeció y abrazándose a sí misma dio unos pasos hacia el interior.

- ¿Terry?

No hubo respuesta. Quiso encender la luz, pero se dio cuenta que eso podría alarmar a las hermanas.

- Ter…

Lo siguiente que se escuchó fue el ruido de un golpe. Era Candy que había tropezado con algo cayendo al piso.

- ¿Pero qué…?

Los ojos de ella se abrieron de par en par, no era un objeto con lo que había tropezado, eran las piernas de Terry, largas y extendidas sobre la alfombra de la habitación. El muchacho parecía dormir apoyando su espalda en la cama. Candy lo movía desesperadamente tratando de despertarlo, llamó su nombre varias veces, pero él no respondía.

Ella acercó su rostro al pecho de él esperando escuchar el latido de su corazón.

- ¡BUH!

Terry gritó tratando de asustar a Candy, había fingido estar inconsciente. De la impresión la muchacha sólo pudo gritar y caer sobre las piernas de él.

- ¿Se puede saber a qué estás jugando? ¡Pensé que estabas muerto! ¡Eres un tonto!

Candy estaba tan alterada que no se percató del momento en el que Terry, divertido y sonriente, la sujetó por la cintura.

Las carcajadas de él se escucharon por toda la habitación.

- Verás, pecas… Soy un gran actor.

- Eres un idiota.

- Me parece que esta noche estás más alterada que de costumbre.

Él seguía riendo.

- No es posible que te comportes así, estaba a punto de llamar a todo el colegio… ¿Eh? Qué demonios te pasa, suéltame. - Candy recién se percató de que él tenía sus manos en su cintura.

- ¡Qué carácter!

- ¡Hueles a alcohol!

- ¿Quieres ir a gritarlo en frente de las monjas? Te puedo llevar a la oficina de la Hermana Grey si gustas…

- Estuviste embriagándote en las calles, Terry. ¡Estás borracho!

- ¿Te parece? ¿Quieres un beso para comprobarlo? – Él acercó su rostro al de ella.

Candy lo miró escandalizada ¿Cómo podía comportarse de esa manera? Ella estaba preocupada y él sólo se divertía tomando en las calles poniendo en riesgo su propia vida.

- ¡Idiota! – dijo empujándolo.

- Sí que estás de mal humor.

- ¿Cómo puedes estar tan relajado? Has estado emborrachándote en las calles. ¿Te das cuenta de lo que pudo pasarte?

- Eso es asunto mío – La mirada de Terry cambió. Una sombra oscura invadió sus ojos.

- ¡Esta vez Albert no está para ayudarte!

- Si viniste aquí para sermonearme pierdes tu tiempo. ¡No es necesario que estés aquí!

La frialdad en sus ojos había regresado. Parecía la vez que ella había entrado a su habitación por error. Esa mirada que era capaz de transmitir odio y a la vez tristeza… Candy sintió un nudo en la garganta, percibía la rabia apoderarse de ella mientras sus ojos se llenaban de lágrimas. Con una voz débil, intentó hablar.

- ¿Por qué haces esto?

Los ojos de Terry la miraron una vez más. Candy estaba a punto de llorar.

¿Está llorando?

- No entiendo porque buscas destruirte en peleas y bebidas… No lo entiendo, Terry. Yo… Yo pensé que…

Ella está llorando por mí…

- ¡Tú eres un chico estúpido! No deberías importarme, pero ¡Me importas! Y si te pasa algo yo… Yo no quiero perder a más personas queridas en mi vida…

La voz de la muchacha se quebró. Por sus mejillas sólo podía sentir la calidez de sus lágrimas. Sentada como estaba, Candy escondió su rostro entre sus rodillas y brazos. Sus frágiles quejidos se escucharon en medio de la fría noche.

Terry sintió como si un balde de agua fría le cayese encima. Nunca nadie se había preocupado por él como lo hacía esa pequeña muchacha que tenía al lado. Las lágrimas de ella eran por él, sin embargo no podía más que sentirse avergonzado, sentía como si se hubiese lastimado a sí mismo.

- Candy… - Fue lo único que pudo pronunciar.

Sus manos quisieron tocarla, pero se detuvo alarmado por las sensaciones que empezaban a recorrer su pecho.

- Mi padre estuvo aquí. – La voz de Terry se escuchó como un murmullo.

Ella dejó de sollozar.

¿Su padre? ¡El duque de Grandchester vino a verlo!

- Él quiere que deje de verla. Como siempre, sólo viene a dar órdenes.

Candy dejó de esconder su rostro y se limpió las lágrimas con sus puños.

- Al parecer él se enteró que vino a verme. El duque piensa que lo mejor es que nunca más vuelva tener contacto con ella. Según dice es una mala influencia para mí… Y que eso manchará su buen nombre.

- Tu padre no quiere que veas a Eleanor. – Candy se atrevió a decir.

- Me lo ha prohibido.

¿Cómo puede prohibirle a un hijo ver a su madre? ¡Eso es cruel!

- Terry…

Él la miró una vez más. El rostro de Candy con los ojos rojos e hinchados, sus mejillas sonrojadas su nariz pequeña y su cabello un poco desordenado, parecía una muñeca triste. Probablemente Candy reflejaba en su rostro la tristeza que él también sentía.

- Pero como todo lo que me prohíben…

El rostro de él se relajó y una sonrisa apareció.

- Tú siempre desobedeciendo las reglas - Ella también sonrió.

- ¡Mira quién habla!

Candy miró fijamente a los ojos de Terry. Ya no había tristeza ni odio… Era él y su clara mirada. Sabía que no le había contado todo lo que pasó con el duque, pero el hecho de que se haya abierto de esa manera a ella significaba mucho.

A veces pienso que puedes saber lo que hay dentro de mí con solo verme así, Candy.

En ese momento Terry sintió las ganas irrefrenables de abrazarla. Como si pudiese saber lo que él deseaba, Candy le regaló una cálida sonrisa.

El muchacho la acercó a su pecho, abrazándola. Ambos cerraron sus ojos disfrutando el uno del otro.

- Terry…

- ¿Qué? - Él contestó adormecido, con los ojos aún cerrados.

- Quiero decirte algo.

- ¿Vas a confesarme tu amor? Creo que ya no necesario, pero si insistes te escucharé.

Ella le dio un suave golpe en el pecho y él se quejó escandalosamente, ambos rieron.

- Al día siguiente de lo que pasó con Archie… Yo te esperé en la colina, quería explicarte que…

- No es necesario. – La sonrisa desapareció de su rostro.

- Sí, lo es. Archie se preocupa mucho por mí, él y Stear son como dos hermanos para mí.

- ¿Hermanos? No creo que él te vea como un hermano, pecas.

- ¡No digas esas cosas, Terry!

- No puedo pensar otra cosa… Además tú te fuiste con él sin decir nada – dijo en forma de reproche.

Ella levantó su rostro para verlo frente a frente.

- Te enojaste… ¡Lo sabía! –Candy lo miraba minuciosamente, mientras sus manos se apoyaban en los hombros de él.

- Él empezó, Candy. La próxima vez voy a…

- Shhhh – Ella puso su dedo índice sobre los labios de él.- Eso no va a pasar, Terry. Además hay algo que no sabes.

Terrence la miró dudoso.

- Archie y Annie… Mmm ellos saldrán juntos. ¿Me entiendes verdad?

- La tímida y elegante… ¡Qué parejita!

- ¡Hey!

- No me interesa la vida del tu primo, lo único que no quiero es que se entrometa entre nosotros.

- Él sólo trata de cuidarme, no lo malinterpretes.

Eres demasiado ingenua, Candy…

- ¿Es que acaso piensa que soy un peligro para ti?

- Mmmm ¿Tú qué crees?

Ambos sonrieron en complicidad. Al ver el rostro de Candy, Terry notó que no había ya ninguna pizca de tristeza. La idea de verla siempre así, se volvía una necesidad.

- Candy… - Su manos acariciaba el rostro de ella.

- Terry…

- Yo nunca te haría daño… Sólo quiero verte así… Y estar…

- Juntos.

Ella sabía lo que Terry quería decir, lo sabía porque dentro de sí sentía lo mismo. Llevada por un impulso, Candy acercó su rostro al de Terry y besó su mejilla dulcemente.

- Mmm… Esperaba un beso de verdad.

- ¡Ni lo sueñes, hueles a alcohol! – Ella respondió indignada, dándole la espalda.

- Entonces ¿Me estás castigando?

Ella no pudo evitar reír ante su comentario.

- Así es.

- Te burlas de mí… Creo que mereces un castigo.

- ¿Te escapas del colegio y soy yo la que merece un castigo?

- Tú lo has dicho.

Terry no esperó que ella contestara y la atrajo contra sí. Sus labios se encontraron con los de Candy suavemente. Ella se resistió unos segundos para luego dejarse llevar por las sensaciones que despertaban en sí misma. Su corazón latía a mil, mientras sentía como Terry envolvía su boca con sus labios, podía sentir el olor a alcohol en el aliento de él. Pero ya no importaba.

Al separarse, Candy mordió suavemente su labio inferior, sintiendo un sabor ligeramente amargo, era el sabor a alcohol dejado por la boca de Terry. Sin poder evitarlo su rostro se sonrojó fuertemente y avergonzada como estaba se paró torpemente y caminó hacia la puerta del balcón.

- Debo irme, creo que ya es muy tarde.

Él la miró sonriendo.

- Me parece que ahora no soy el único aquí con alcohol en los labios.

Ella volteó a verlo, iba a decir algo, pero se detuvo. El verlo tan relajado y con aire de victoria en su rostro, hizo que se tranquilizara. Al final ella quería verlo sonreír, justo así, como lo veía ahora.

Sin decir nada más ella saltó hacia la rama más próxima.

Continuará…


Chicas!

Disculpen el retraso. Lamentablemente el trabajo me demandó más tiempo y no pude actualizar como corresponde. Trataré de organizarme para poder cumplir con ustedes. Muchas gracias por sus comentarios y mensajes para continuar la historia. Por un momento me sentí muy agotada, pero al leerlos me sentí con ánimos para poder escribir. Espero no fallarles y que este capítulo también sea de su agrado.

Besos.

Lyla.

(1) Este párrafo lo obtuve de algunas traducciones del CC Final Story, como pueden ver lo adapté a esta historia.