Título: Stalker
Resumen: James no es un acosador. Cualquiera que lo conozca un poco se hubiese reído ante esta afirmación. Todavía más si tenemos en cuenta que todos los días, desde su ventana ve a su vecino, y le atrae tanto que decide hacerle una "inocente visita"
Aviso: Este fanfic participa en el Rally "The game is on!" del foro I am sherlocked, para el equipo"El sabueso de Baskerville"
Advertencias: Algunas escenas fuertes, y algunas malas palabras.
Notas: Se llama Stalker porque significa acosador en inglés, y disculpen que no haya podido ser beteado, estoy apurada en subir los capítulos porque ya se vienen las pruebas (ay qué horror xD) y no sé si tendré mucho tiempo, espero que lo disfruten y si tengo algún error me lo hagan saber :3
Stalker
De acuerdo al plan.
James finalmente pisaba la casa de su vecino.
Primer paso: Conseguir la confianza del sensual y perfecto ex coronel Moran, y entrar sin problemas al hogar. Hecho.
Como siempre, James era todo un genio. Uno loco, malvado y arrogante, pero un genio.
Segundo paso: Insinuarse, una vez que entré ustedes haya una especie de amistad. En curso.
James tomaba siempre muy enserio esto de jugar a ser otra persona. Por lo que, empezó a coquetear como cualquiera lo haría con el ex coronel. Lo había visto mil veces en las películas, debía agarrar, con delicadeza su brazo, inclinar levemente la cabeza, como si le estuviera escuchando atentamente y sonreír como bobo cuando termine de hablar. Así eran todas las chicas en una cita.
El verdadero problema aquí es que James miraba atentamente a Sebastian y podía darse cuenta de que en realidad no le interesaba nada de lo que decía, cosa que le molestaba bastante, nadie puede ignorar al maravilloso y único criminal consultor de todos los tiempos.
— ¿Qué demonios te pasa? — no dudo en preguntar James, hastiado sin dudas por el comportamiento casi autista de su compañero.
— Ah, discúlpame. — dijo el, sacándose el cigarrillo de la boca y haciendo una mueca.
James se sintió irritado, con este chico eso de fingir ser la novia compresiva y coquetear no servía, tenía que ser cruel, malvado, y no había nadie mejor para hacer ese personaje que el mismo James Moriarty. Tenía que ser el mismo.
A la mierda la segunda fase del plan. A la mierda el plan. ¿No era mejor todo siendo espontáneo?
Agarró su cigarrillo, quitándoselo bruscamente de la comisura de los labios y lo tiro al piso, para pisarlo suavemente con la punta del pie, y después lo miro a los ojos.
— A mí nadie me ignora, Moran.
— ¿Y qué te parece que hago, James? — contestó desafiante.
Jim notaba algo nuevo en Sebastian, algo en sus ojos, mientras sonreía suavemente y James lo miraba con odio.
— Al fin te muestras como eres, ¿no?
James sonrió, así que todo esté tiempo, Sebastian sabía que Jim no estaba siendo el mismo.
— No me confundí contigo, entonces, Sebby — dijo orgulloso mirándolo de arriba a abajo—. De verdad eres tan especial como imagine desde que te vi por la ventana.
— Eres un perfecto acosador, y yo que me preguntaba porque todos los días me sentía observado... — dijo él, casi riéndose a carcajadas.
— Vamos tigre, me parece que estamos hablando de más.
Así es como a James Moriarty se le cambiaron los planes, y del segundo paso, consiguió llegar hasta el tercero casi sin esforzarse.
Tercer paso: Meter al sensual vecino a la cama. En proceso.
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Labios y dientes chocaban con fuerza, Sebastian podía sentir con placer el sabor agridulce de la sangre en sus labios, su boca y la de Jim se juntaban con pasión, se devoraban con voracidad, a James le gustaba rudo, sacar la fiera que hay dentro de su tigre.
Esa vez no era parecida a a la primera vez que tuvieron sexo, pero hoy era su aniversario, llevaban dos años saliendo ya, como pareja, ambos acostumbrados al excéntrico temperamento del otro, y, ¿porque no decirlo? Enamorados, también.
Con sus dedos clavados en la cintura, Sebastian empujó a James contra la pared con fuerza, entonces se escuchó un gemido prolongado, más cuando sintió esa mano traviesa en su entrepierna, al rededor, apretándolo con fuerza y haciendo que se retuerce y sonría pícaro.
— Ya se lo que quieres Jim.
Dijo Sebastian a la vez que se ponía de rodillas y agarró, con sus dientes la bragueta del pantalón de su jefe, que sonreía divertido.
— Sí que sabes lo que me gusta, Sebby.
Sebastian le sacó el pantalón, con impaciencia.
— ¡Tigre! ¡Vas a romperme el pantalón! - Dijo riéndose. - ¡Es el pantalón que más me gusta!
— Es sólo un maldito pantalón, James. — contestó con la voz ronca, deseoso de tener eso entre sus labios.
Bien quedó frente a frente con el pene de su jefe que se alzaba hacia arriba, muy contento de encontrarse con Sebastian, este no dudo en soplar y lamer suavemente la punta, se tomó su tiempo para metérselo a la boca, una vez que lo hizo se concentró sobretodo en su olor, su textura, su salado sabor y lo duro y suave que se sentía en su boca el palpitante miembro.
— Me desesperas, maldita sea, tigre... — los gemidos y quejidos de Jim alentaban a Sebby a seguir con su tarea.
Mientras que succionaba, suave, fuerte, tentando a su suerte, probando, y el movimiento de su boca era un dulce ir y venir, el francotirador disfrutaba de estar jugando con la cordura de James, o la poca que tenía, mientras que levantó su cabeza levemente para poder ver la expresión en su rostro, una de sus manos se encargaba de mover y jugar con sus abandonados testículos.
— Sebby, las esposas...
James era fantástico en la cama, siempre podía sorprendente, y eso hacía que el sexo con el nunca fuese tedioso ni aburrido. Podía llegar de ser hasta un salvaje capaz de arrancarte piel de un mordisco, o podía querer ser el sumiso esa vez, tenía un millón de fantasías sexuales, que Sebastian estaba más que dispuesto a ayudar a cumplir, todas y cada una de ellas. El ex coronel del ejército, encantado, no demoró en traer las esposas, y atrapar con ellas en la cama a James.
— Por fin, un lugar donde yo tengo el control. — dijo con una sonrisita pícara y burlona, a lo que James respondió con un gemido necesitado.
— No te acostumbres, tigre.
— No hables. — dijo, sabiendo que así tenía ganada la discusión, pues quien fuera el sumiso debía obedecer, o había castigo...
A veces Moriarty hablaba, sólo para recibir el castigo por parte de Sebby.
