Antes que empiecen a leer este capitulo, quiero agradecer a las personas que se tomaron la molestia de darle "follow". A decir verdad, es la primera vez que un fanfic para esta sección y temo no vaya a dar el ancho en cuanto a la congruencia de las personalidades. Dicho esto, aquí el capitulo 2.
Capítulo 2. El concurso (Versión Adrien)
Una soleada tarde durante la hora del almuerzo, Adrien regresaba de hacer una llamada telefónica, parecía ser que habían adelantado el horario de la sesión fotográfica que tenía programada para esa tarde, la decepción se reflejaba en su rostro, había hecho planes saliendo de clases para ir al arcade con su mejor amigo. Al llegar a las bancas donde Nino se encontraba esperándolo, la curiosidad lo invadió al verlo como miraba la pantalla de su celular -¿fotos de las últimas vacaciones?- preguntó sin apartar la mirada de la pantalla del otro.
Nino afirmó y dejó su celular en la mano de su amigo, invitándolo a desplazarse entre la galería. En ella, fotos del moreno junto a su familia en lo que parecía ser un carnaval con gente disfrazada de personajes de películas animadas y castillos medievales –el verano pasado fuimos a Marne-la-Vallée- explicó mientras arrastraba la galería donde estaban las fotos que tomó del lugar –es muy bonito- agregó para luego avanzar a donde Adrien se había quedado –especialmente porque esta ¡esto!- exclamó justo al mismo tiempo que le mostraba la foto del letrero que decía "Disney Resort" -¡viejo! ¡es el lugar más espectacular del mundo! ¡tiene tantas atracciones tan fabulosas que nos llevamos todo el fin de semana para podernos subir a todas!
Adrien continúo contemplando la foto en el celular de su amigo -¿exactamente qué es eso?- se animó a preguntar.
Nino al principio pareció confuso por la pregunta, luego recordó que su amigo era un aislado social gracias a su padre –es un parque de diversiones, hermano- le explicó mientras seguía enseñándole las fotos –el mejor del mundo- agregó.
Las palabras con las que describía el moreno aquel lugar, hicieron que Agreste se emocionara y empezara a desear ir allá. Esa misma tarde al llegar a casa, fue corriendo al despacho de su padre quien parecía estar ocupado firmando papeles –padre, quisiera ir al parque de diversiones- pidió con insistencia, algo poco común viniendo de él pero deseaba ir a ese lugar tan mágico y maravilloso que su amigo le había dicho que existía.
El diseñador alejó los papeles de su vista y sus gélidos ojos se posaron en los verdes y brillantes de su hijo. Los observó con detenimiento, en ellos se reflejaba el anhelo –veré que puedo hacer- dijo de forma pausada, no era un no pero tampoco un sí, solo un "ya veremos" y regresó su mirada a los documentos. Contento ante la ambigua respuesta de su padre, lo dejó continuar trabajando y retomó su propia agenda.
Meses más tarde, luego de una larga y agotadora sesión, llegó a casa, fue recibido por Nathalie quien lo envió directo al despacho de su padre. Intrigado por las razones que orillaron a su padre a llamarlo, caminó de forma pausada a través del largo pasillo que llevaba al despacho de su progenitor, ¿lo iba a castigar? ¿le iba a dar más carga de trabajo? ¿lo había inscrito a clases de español? Sacudió la cabeza esperanzado que no fuera nada de eso.
-¿Mandó a llamarme, padre?- entró a la habitación. El señor al escuchar la voz suave de su hijo se quitó las gafas de lectura que traía –irás- dijo con su ya natural tono seco y hosco, seguido de eso, colocó un colorido panfleto sobre el escritorio.
Los ojos del modelo se iluminaron ¡iría!
