Capitulo 7: El Parque (Marinette y Adrien)

La magia que inundaba el parque de diversiones era fuerte y embelesante, lo suficiente como para hacer a Marinette olvidarse de la timidez que sentía hacia Adrien, por su parte, éste igual se dejó envolver por aquella magia y sobre todo, por la consideración hacia la oji azul.

Tomados de las manos, empezaron a recorrer el parque de diversiones, ignorando por completo al sequito que iba tras de ellos y sobre todo, ignorando el sonido de la cámara al hacer la toma.

Compartieron un algodón de azúcar aunque Adrien se comió la mayoría, también comieron un helado, fresa para Marinette, chocolate y vainilla para Adrien quien se lo comió a mordidas, parecía que el chico tenía debilidad por las cosas dulces. Aquel descubrimiento hizo enternecer a la franco china quien le pidió una copia de las fotos tomadas al fotógrafo.

Aquella sesión dejó de ser sesión y se convirtió en una cita donde ambos disfrutaban de los juegos mecánicos,, especialmente las tazas locas y los carruseles donde Adrien fingió ser Napoleón y Marinette se rio al verlo caerse del caballo de plástico.

Durante el recorrido al parque y aun con sus energías a tope, se encontraron con varias princesas. Para la oji azul, encontrarlas fue glorioso y no dudo ir a abrazarlas o saludarlas. Adrien de acompañante se convirtió en el fotógrafo personal de la chica y no desaprovecharon la oportunidad para tomarse selfies con las princesas.

La tarde continuo avanzando de forma divertida y animada, los dulces que Adrien había comido lo hicieron ponerse más hiperactivo de lo normal y de la nada empezó a decir chistes tontos, típicos de cierto héroe, los cuales a Marinette no parecieron importarles, seguramente por el efecto del lugar y aunque algunos eran graciosos, otros eran tan malos que la obligaban a golpearlo al hombro y recitar palabras poco expresadas en público: eres un payaso.

Casi al final de la tarde y ya algo cansada, Marinette vio como su amigo le insistía en seguirle el paso, pareciendo que no deseaba dejarla atrás, cosas que la conmovió porque horas antes él no había dudado en hacer eso. Respiró hondo y trató de reunir energías para poder seguirle el paso al hiperactivo rubio -¡apúrate Marinette!- se le escuchó gritar y ella alzó la mirada, él estaba un par de metros adelante y parecía estar emocionado por algo que señalaba de forma frenética.

Cuando logró alcanzarlo, pudo ver la razón tras la insistencia del otro, sus ojos se iluminaron ante la visión frente a ella. Un gran castillo de cuentos de hadas con grandes ventanales de colores que reflejaban la silueta de cada princesa que se habían encontrado en el trayecto; muchas botargas y personas disfrazadas recorrían el jardín que rodeaba tal magnificencia –es…- no pudo terminar de expresarse puesto que una mano cálida la empezó a guiar a través de las personas, llevándola hacia el interior del castillo.

Al entrar, una atmosfera diferente les recibió, en el, un vals acontecía, casi la mitad era eran empleados del lugar quienes usaban trajes de gala mientras la otra, eran parejas que así como ellos, habían decidido tener una cita en tal encantador lugar. Tras ellos aparecieron un príncipe y una princesa quienes les hicieron una pequeña reverencia, ellos no sabiendo cómo actuar, les siguieron la corriente solo para descubrir que los habían coronado príncipe y princesa.

Se miraron las coronas sobre las cabezas, Adrien realmente parecía un príncipe a los ojos de Marinette y para el modelo, aquella chica sonrojada no solo parecía una princesa, sino una reina, su reina, bueno, solo por esa tarde.

-¿Me permite esta pieza my princess?- dijo el oji verde quien ya había hecho una reverencia a la chica.

Las mejillas de Marinette se tiñeron de rosa pero aceptó gustosa el ofrecimiento de tan gallardo príncipe encantador. Pronto se unieron a las parejas y empezaron a bailar de forma torpe pero continua, ninguno de los dos sabia realmente como bailar un vals y aunque se chocaron con algunas parejas y aplastaron un par de pies, disfrutaron de aquello.

A lo lejos, el equipo tomaba fotos de cada suceso, las expresiones, movimientos y demás que hacían ese par de adolescentes era un precioso material para la revista del próximo mes. Algunos "aww" seguidos de miradas enternecidas no se hicieron esperar pero eran calladas por el fotógrafo que pedía silencio para concentrarse en las gloriosas tomas.

Luego de finalizar el vals, ambos chicos abandonaron el castillo. Tanto Adrien como Marinette se habían divertido de sobre manera, aquel sitio había permitido romper la barrera invisible que había entre ellos y que de cierta forma, buscaban romper a través del día a día. Para Marinette, aquellas nuevas facetas de Adrien fueron sorprendentes, desconcertantes, un tanto familiares pero agradables, llegando incluso a hacerla desear saber más de él. Por otro lado, Adrien sentía lo mismo, Marinette había demostrado ser una chica muy sociable, con excelente sentido del humor, no era tan rara como a veces le hacía creer pero sobre todo, encontró en ella alguien tan segura como su lady.

El sol se estaba terminando de poner, el cielo comenzó a tornarse azul oscuro y las nubes empezaban a transformarse en estrellas, Ambos dirigieron su mirada al cielo, mirando con melancolía el final de su perfecta cita. Ambos suspiraron resignados –no quisiera que esto terminase- pensaron.

Sabiendo que era irremediable el final, Adrien intentó ser positivo -¿te parece si nos tomamos una foto del recuerdo?- sugirió con una sonrisa algo tímida y su celular en mano. Marinette asintió, suavizando sus gestos, desechando la expresión de melancolía que albergaba su rostro. Se acercaron y buscaron el mejor ángulo para tomarse la foto, se tomaron un par de selfies y sin darse cuenta, empezaron a hacer poses y muecas raras, cada una capturada por la cámara y rieron divertidos al darse cuenta que en circunstancias normales, nunca se hubiesen atrevido a realizar tales tomas.

-Una última- pidió el oji verde ahora serio, se había dado cuenta que el equipo se estaba riendo de ellos. La oji azul siguió el trayecto de los ojos de su acompañante, entendiendo la razón tras la petición y de inmediato cambió el semblante de su rostro a uno parecido al de él. Se acercaron, miraron a la cámara del celular y sonrieron de forma suave. Un flash, el del celular, seguido de otro flash, el del fotógrafo, luego un par de aplausos, la sesión había terminado.

De repente, un estruendo interrumpió la celebración y el cielo se tiño de luces de colores. Todos dirigieron su mirada hacia arriba, fuegos artificiales se desplegaban por todo el cielo nocturno, era un aviso del final de actividades. Una melodía empezó a invadir todo el lugar, la melodía del adiós, una tonada alegre reproducida por decenas de organilleros en sincronía. Las botargas empezaron a desfilar, despidiéndose de los asistentes mientras que tras su paso, dejaban burbujas que volaban por los alrededores.

Marinette reposó su cabeza sobre el hombro de Adrien quien no pareció molestarse por aquel gesto y juntos miraron como todo sucedía, desde las botargas hasta los fuegos artificiales que cambiaban de color conforme abandonaban el cielo. Ensimismados por la fantasía que estaban admirando, ignoraron el sonido de la cámara fotográfica y las risillas de los que iban junto a ellos.

Al final de la noche y deseando que ese día nunca acabara, ambos se abrazaron, habían llegado a casa de la chica –nos veremos el lunes en clases— se dijeron, sabiendo que al volverse a ver, volverían a ser el chico educado y la chica tímida, un par de conocidos con pocas cosas en común.

Marinette vio el auto alejarse, regresándola a la realidad de lo que había sido hasta ahora el mejor sueño de sus vidas. En la limosina, Adrien miró por última vez las fotos que se había tomado con su compañera de clases y rio con nostalgia ante la fatalidad que era regresar a su vida diaria. Una tarde con Agreste, no, una tarde con Adrien, el adolescente había terminado.

Semanas más tarde, la nueva edición de "Mensuel" llegaba a los puestos de revistas. Adrien quien iba camino a clases, pidió al chofer que detuviera el auto cuando vislumbro la portada de dicha revista, no dudo en comprarla y en cuando llego al salón de clases, la sacó de su mochila y empezó a hojearla con total naturalidad. En la portada, una foto de él luciendo el broche de Marinette y las prendas de su padre y en el interior, en la nota principal, había una cita de una entrevista hecha a Marinette.

"Ganar fue un sueño hecho realidad pero el premio lo fue aún más. ¿Un sueño? No, el sueño fue lo que viví hasta antes de ese día."

Una sonrisa se formó en sus labios, compartía las mismas palabras que ella había dicho. Miró con atención las fotos que acompañaban el articulo y se asombró por el aura de comodidad que había entre ambos. Por el rabillo del ojo vio pasar a Marinette a quien le hizo una seña para que se acercara.

Aunque extrañada por el hecho que su compañero le hablase, se aceróo de forma nerviosa al asiento de éste. El de inmediato le señaló una foto y ella al verla, se sonrojo de sobre manera. En la foto, ambos miraban hacia el cielo con una sonrisa suave y unos ojos brillantes; sus cabezas inclinadas una contra la otra.

Las mejillas de la franco china se tiñeron de rojo al tiempo que murmuraba algo inentendible. Adrien quiso decir algo pero ella había corrido directo a los baños. Ahora solo, el chico volvió a dirigir su mirada hacia las fotos y recordó cada acontecimiento de aquel día, deseando de forma involuntaria volverlos a repetir.

Por su parte, encerrada en los baños, Marinette marcaba de forma frenética al celular de Alya, se sentía apenada por aquel despliegue de confianza que mostró ese día –consígueme el número de este mes- pidió entusiasmada. Pronto esas fotos estarían en su pared.