Resumen del capítulo anterior: Peridot es una gema que ha sido recién creada. Un sin fin de nuevas sensaciones le invadieron en primer momento hasta que logró acostumbrarse a la realidad en la que se encontraba, también conoció a sus compañeras que residen en el templo: Perla, Garnet, Amatista, Jaspe, Lapislázuli y Steven. Quienes forman parte de las "Crystal Gems", gemas alienigenas que protegen el mundo de monstruos que parecen querer destruir todo lo que esté a su paso.


Las risitas que habían persistido bastante tiempo de su habitación por fin le comenzaban a despertar, se hizo en un principio irreconocible, aunque después de entrar bastante en la realidad pudo identificar que era de un niño... Apretó sus ojos mientras gruñía, movió su mano intentando espantarlo, pero como por las risas que seguían se dio cuenta que no lo había logrado, arrastró las almohadas a su cabeza y con ella se tapó, metiéndose entre las sabanas también como si fuese un modo de defensa, volviendo su cuerpo una bolita al flexionar sus rodillas contra su pecho y apoyar su frente y su gema en el colchón suave.

Las risas continuaron y ella volvió a gruñir, sintió entonces que alguien más se había apoyado en la cama, a su lado y por primera vez en sus horas de vida se dio cuenta qué significaba ser acosada. La presión en su pecho aumento y un fuerte sentimiento de molestia le envolvió de pies a cabeza, antes de darse cuenta, ya estaba estaba desenvolviéndose de las sábanas y tirando la almohada al suelo, se sentó en un brinco para entonces gritar furiosa:

—¡¿Qué te parece tan divertido?!

Hizo silencio unos segundos, observó allí frente a ella a Steven, quien por su expresión facial se encontraba muy sorprendido. Él tenía sus cejas levantadas a su frente y sus ojos y boca bien abiertos por aquél repentino grito, incluso se había alejado un par de centímetros al borde de la cama y Peridot creyó que sería dejada tranquila, pero al contrario, lo escuchó reír.

—¿Qué te parece tan gracioso?—Cuestionó.

—Tu reacción, Peridot, eso me parece gracioso—Se excusó él, saltando al suelo:—Ya que despertaste ¿Quieres que te muestre los alrededores? Seguro te gustarán.

Torció su boca ligeramente, aquella propuesta no pareció tan convincente en un principio, pero luego de algunos segundos la curiosidad le ganó al deseo imperioso de dormir, se preguntó entonces cómo sería el paisaje que les rodeaba ¿Sería arena como en la ilusión de la ventana falsa? ¿Habrían otras formas de vida? Se dio cuenta que había casi un millar de posibilidades para ella en ver y descubrir el ambiente que le rodeaba y la idea se volvió tan llamativa que no tardó en contestar.

—Sí, parece interesante.

—Bueno, ven.

Steven ofreció su mano a ella, quien observó atenta unos segundos para luego lanzarse al suelo y aceptarla por cortesía. Caminó siguiéndolo hacia afuera, él abrió la puerta y al dar un paso fuera de la habitación pudo apreciar de nuevo ese ambiente oscuro, estrecho y frío, la piedra que formaba todo el lugar estaba sudando, proporcionándole al pasillo lleno de escalones un ambiente sofocante y húmedo. Se cuestionó entonces aquél ambiente.

—¿Acaso no pueden colocar un poco de luz?

—Ajajajaja, no—Contestó él, sonriente mientras emprendía el viaje hacia arriba por las escaleras eternas:—Te parecerá incómodo por ahora, pero es muy reconfortante una vez que te acostumbras, a demás, nos la pasamos mucho tiempo afuera, así que no tenemos mayor problema.

—Entonces... Steven ¿Así es como se llama tu gema? "Steven".

—No, no, claro que no. Mi nombre propio es Steven—Dijo con una gran sonrisa:—Mi gema es otra. Sólo que yo soy un humano, un humano mitad gema.

—¿Un híbrido?—Se sorprendió:—¿Cómo es eso posible? No tengo mucho de creada pero esa idea es... alucinante.

—Es una hermosa historia que me gusta llamarla "La balada de Greg y Rose"

Se detuvo en seco, y vio a Steven con sus ojos brillantes, dibujando mientras hablaba un arco como si allí se colocara el título de una película o un cartel, pero ella no entendía bien la referencia y se había quedado mirando el espacio, esperando algo, como si aquél titulo que él había dicho fuese a salir en cualquier momento. Obviamente eso no sucedió, pero en cambio, vio como lo que tenía en frente ya no era piedra, sino paredes, techo y suelo de acero, era un pasillo sin escalones, completamente plano que se perdía en la oscuridad, dónde solo se veía un ligero destello amarillo.

—Ya estamos cerca de salir, Peridot.

Indicó él. jalándola a la siguiente parte del pasillo, monótona, plana, silenciosa, sería un lugar aburrido y frío para muchos, pero Peridot se había distraído viendo como todo había sido instalado cuidadosamente para que quedara perfectamente plano y continuo. No llevaban mucho tiempo recorriendo ese lugar cuando vieron a Perla bajar las escaleras próximas. Ella les sonrió y se acercó, para luego inclinar su cuerpo ligeramente y apoyar sus manos en sus rodillas.

—Un gusto verlos ¿Para dónde van?

—Le mostraré la playa—Steven se alzó de hombros:—Si puedo ¿Verdad?

—Claro, claro que puedas—Se irguió de nuevo, chocando ligeramente sus manos frente a su boca:—Me parece una perfecta idea, Steven, aprovecharé para decirle a las demás que salgan, así podremos ver cuáles son las habilidades de Peridot. Adelántense, ya las chicas y yo no tardamos en alcanzarlos.

Y dicho eso, corrió por el pasillo con un gran ánimo pero sin perder su estilo fino y delicado, siempre elegante, lo último que se vio de ella fue ese lazo turquesa y su cabello de melocotón perderse en la oscuridad del pasillo, y Peridot pensó en el tamaño del templo, aunque sólo fuese un pasillo sinuoso, en algunos lados en forma de caracol y que la mayoría fueran escaleras, debía admitir que sería muy grande.

Steven caminó hacia las escaleras, jalando a Peridot consigo, allí no habían bombillos y por ello debería estar muy oscuro, pero en cambio los escalones eran alumbrados por la luz que se colocaba por el fino espacio que se formaba entre la puerta de acero y su marco del mismo material, creando un contraste de la luz con el derredor.

Los pasos de la nueva gema parecían bastante ansiosos, incluso ella era consciente de que Steven podía sentirla estremecerse de la emoción, como si su curiosidad ya no pudiese ser compuesta dentro de sí misma y debiera salir en una explosión. La puerta fue abierta con cuidado por Steven, ella quedó cegada por la gran cantidad de luz que llegó a sus ojos, más luz de lo que creyó que había, más luz que lo mostrado en la ilusión de la falsa ventana, sentía sus ojos arder y su piel quemarse por el sol, pero al mismo tiempo sus oídos fueron llenados por el sonido de las olas del mar chocando con la arena y de grandes cantidades de gaviotas volando por el cielo, el viento rozó su piel y cuando pudo visualizar, estaba en el lugar más hermoso que algunas vez habría imaginado estar. La arena dorada recorría kilómetros a sus lados, brillando en su suave color, deslumbrando en su belleza e irregularidades, más allá de ella se encontraba el infinito mar azul que se movía en una danza donde los pasos eran ir hacia adelante y hacia atrás con lentitud y gracia que sólo aquella vasta cantidad de agua podría bailar, reflejando las nubes blancas parecidas a pequeños algodones suspendidos en un cielo despejado y justo en el centro, indicando el medio día, estaba el sol. Sólo su destello podía verse muy rápido y con los ojos entrecerrados por su increíble poder.

—Woow...

—¡Sabía que te gustaría!—Exclamó Steven, soltándola y corriendo hacia la playa:—¡A mi también me encanta! ¡Ven! ¡Mira! ¡ven al agua, Peridot!

Ella miró la arena que estaba a sus pies y dio un paso hacia afuera, el profundo olor a sal le llenó y aunque no respiraba, deseó llenarse con ese aroma que había en el ambiente. Dio pasos sintiendo la arena acomodarse en sus pies y se dio cuenta que a sus calcetines no sería suficientes para poder soportar el calor de aquellos granos hirviendo. Corrió y saltó ligeramente hacia Steven, quien estaba ya con sus pies introducidos en el agua y por el calor de la arena, pensó que el agua estaría igual de caliente, no entendió entonces por qué aquél chico parecía disfrutar tanto el agua.

Al llegar al agua y ver como una ola rompía contra la orilla creyó que iba a ser quemada por agua hirviendo, pero en cambio, para su sorpresa, el líquido no era caliente, al contrario, mantenía una temperatura que para ese momento ella sintió fría y fue refrescante, de repente el calor se fue y ella sintió como la marea se movía unísona y al mismo tiempo dispar, como las olas iban y venían. Las aves marítimas volaban por todo aquello haciendo gran cantidad de ruido y logró ver algunas a la distancia lanzarse contra el agua, en picada y salir luego a volar como si nada. Todo para ella fue nuevo, fue una maravilla.

—¡Mira Peridot!¡Un castillo de arena!

Ella llevó su mirada al suelo y vio a Steven hacer una torre con la arena empapada y una fosa alrededor, algo muy vago para ser llamado castillo, también muy débil, pues se destruyó cuando la ola más próxima les alcanzó, pero eso no le detuvo divertirse un buen rato con él, echando carreras, nadando, mirando a las aves, por un segundo Peridot sintió su cuerpo realmente vivo, sintió como si aquello lo hubiese deseado desde hace mucho, como si eso era lo que realmente quería. Se sintió parte de algo, se sintió viva.

Todo era perfecto, pero pronto escuchó la puerta del templo abrirse tan fuerte como si deseasen derribarla y eso le hizo saltar algo asustada y mirar hacia ese lugar, observó a Jaspe salir con su cara gruñona, detrás de ella Garnet, tan seria como siempre, luego Lapislázuli, que estiró sus brazos para ser bañada por el sol, después Amatista, cargando una gran cantidad de cosas, pura chatarra pesada y de última Perla, quien tenía sus ojos brillantes. Supo que ya no era momento de jugar y debía acercarse.

—Peridot—Llamó Garnet:—Es momento que nosotras evaluemos tus capacidades.

—¿Mis capacidades?

—Sí, como verás, Peridot, nosotras las gemas tenemos diferentes... cualidades. Por lo menos, Jaspe y Amatista son muy fuertes, Perla es muy rápida, Lapislázuli controla el agua, yo crear electricidad y Steven tiene la habilidad de curar y proteger. Cada gema tiene una cualidad, debemos saber en cual de todos estás cualificada—Se pausó un segundo y continuó:—Perla cree que por tu contextura, eres rápida y precisa, ella te hará la primera prueba.

Se echó a un lado y Perla pasó al frente, de inmediato, aquella ropa que traía cambió a una más deportiva y de su gema sacó un cronómetro que sostuvo en su diestra por algunos instantes. Sonriendo, anunció:

—Evaluaré tu velocidad por ahora, corramos juntas una distancia no muy larga, será una carrera ¿Sí?

—Pero ¿No sería injusto?—Cuestionó Peridot:—Ya tienes bastante tiempo en esto, yo fui creada hoy.

—Pareciera injusto, pero no, tu gema ya está preparada para algo, así que aunque no me alcances, podrás hacer buenas marcas. Estoy segura de ello. Además te daré ventaja.

—...Bien...—Aceptó Peridot, no muy convencida.

Steven trazó una raya en la arena y Peridot y Perla se posicionaron atrás, esperaron unos segundos a que el silbato sonara, pues a esa señal Peridot saldría y Perla activaría su cronómetro y así fue. Steven sonó el silbato con toda la fuerza de sus pulmones y Peridot lo más rápido que pudo comenzó a correr sin mirar atrás, sin mirar a nadie, sus pies se hundían en la arena y le hacía difícil avanzar, pero aún así sintió que iba rápido, sintió que podía, era ella y el viento en su rostro moviendo su cabello triangular. Era ella y la arena, ella y el mar, luego vio a Perla correr, fue pasada muy rápidamente, aquella gema perlada se movía veloz sin importar nada, la arena no le detenía, ella no se detenía hasta llegar a su meta, y en la meta miró hacia atrás, miró a Peridot y luego el cronómetros. Su expresión le indicó todo a Peridot, intentó dar más rápidos pasos, zancadas más largas, pero la distancia que la dividía de Perla fue una eternidad, se dio cuenta que era muy lenta. Al llegar a la meta esperó escuchar algo, pero Perla no dijo nada, sólo detuvo el tiempo del cronometro.

—¿Cómo me fue?—Se atrevió a preguntar.

—Uhm, puede que haya caido en un error, lo tuyo no es la velocidad—La respuesta el desanimó, pero Perla no se detuvo allí:—Puede que lo tuyo sea la precisión. Intentemos otra cosa. Vamos, regresemos.

Las dos caminaron hacia el grupo sin hablarse, para ella fue obvio cuando Perla hizo seña a sus compañeras aunque no supo qué significaba y luego, al llegar, se quedó allí, sólo Steven le dio ánimo mientras las demás hablaban entre ellas. Jugó con sus manos, nerviosa mientras armaban con la chatarra que había traído Amatista un sistema de tiro al blanco improvisado.

—Mira, Peridot—Indicaba Perla:—Intenta manejar tu puntería. Así, lo lanzas y que de en el blanco.

Tomó un arco y flecha bastante desgastado y apuntó a uno de los círculos indicados, apuntó rápido y lanzó la flecha, cual dio en el blanco, luego pasó el arco a Peridot y le ofreció una flecha. Parecía sencillo, creyó que lo lograría pero incluso estirar la cuerda del arco le costó mucho. Sus muñecas temblaron y al lanzar la flecha no llegó con fuerza, viendo eso, se le fue pasada unas pelotitas que ella lanzó, pero ninguna llegó a los círculos por falta de impulso, fue acercada a los círculos para la decepción de una puntería normal como la de cualquier ser de este planeta.

—Bueno... ah—Perla se posicionó frente a Peridot:—Veamos como estás sincronizada, bailemos un poco.

Era obvio que aquella fina gema ya no tenía ni idea qué hacer. Peridot intentó bailar lo mismo que ella, intentó tener gracia, intentó sincronizarse como ella, pero al igual que antes, todo terminó en decepción. No había un buen ambiente, Perla se había equivocado con todas sus teorías, pero Lapislázuli pasó al frente con nuevas ideas.

—Si no eres buena en eso ¡Tal vez lo tuyo sea la quinesis!—Exclamó, acercándose al agua:—¡Mira esto, Peridot!

Lapislázuli elevó una mano y a la distancia pudo observar como el agua se levantaba, formando una mano gigante, luego la muchacha elevó la otra mano y otro brazo gigante se formó en el agua para luego alzarse una figura, copia de Lapislázuli, sólo que más grande y hecha de agua.

—¡Woow!—Gritó Peridot:—¡Genial, Lázuli! ¡Increíble!

—No lo es tanto—Lázuli se sonrojó y la figura de agua se derrumbó, uniéndose con el mar:—No soy la única que tiene una quinesis, Perla maneja la arena y Garnet, como ya lo sabes, produce electricidad, además Steven tiene cierto don con las plantas. Ven conmigo, te enseñaré a sacar tu poder.

Peridot, más inspirada que antes, fue con ella, empezaron con meditación simple, ejercicios de respiración, incluso yoga, Lapislázuli en un momento mandó a traer varias cosas, plantas, macetas con tierra sola, mandó a hacer fuego, Garnet hizo rayos para que la nueva gema intentara producir o controlar algo. Nada sirvió, no tenía ningún poder, eso lo sabía, pero no quería rendirse, así que lo intentó por horas y horas, cada minuto era más decepcionante que el anterior, cada minuto lo hacía peor. Cansadas ya, Lapislázuli intentó una última opción:

—Bueno, como no ha funcionado, hagamos esto, tengo aquí un pequeño objeto que indicará si lo tuyo verdaderamente es la quinesis.

—¿Por qué no lo usaste desde el principio?—Cuestionó Jaspe, cruzándose de brazos:—Nos habríamos ahorrado horas.

—No hay nada mejor que darte cuenta por ti mismo qué es lo que puedes dominar—Contestó Lapislázuli, entregando una pequeña esfera en las manos de Peridot:—Colócala en tu gema y esta proyectará si posees un poder.

Peridot lo hizo, colocó la esfera en su gema y esperó unos cuántos minutos a que sucediera algo, estaba impaciente, no sólo ella, todos lo estaban, tomó las indicaciones de Lázuli, respiró profundo y buscó en sus instintos algo con lo que se sintiera a gusto, pero no sucedió nada, otra decepción.

—Entonces tal vez sea la fuerza—Indicó Amatista, pero Jaspe se echó a reír de inmediato:—Muchas cosas geniales vienen en empaques pequeños—Prosiguió.

Peridot se ruborizó en un verde azulado intenso con aquello último, luego pasó con Amatista y Jaspe, quienes colocaron las diferentes chatarras acumuladas por orden de peso, comenzando con ositos de peluches hasta motores pesados, muy pesados, vio como Amatista alzaba con mucha facilidad el cúmulo de cosas pesadas y a Jaspe alzando a Amatista con todas las cosas pesadas, ella lo intentó, lo más ligero lo alzó, igual que antes, no lo logró. Incluso Steven, que se puso a medir su fuerza, llegó a alzar más cosas que ella. Jaspe dio por concluida la prueba rápido.

—Entonces—Garnet por fin pasó al frente:—Veremos si lo tuyo es estrategia de combates.

En un primer momento quiso saber cómo le evaluarían, luego se arrepintió, Garnet había arremetido contra ella, con fuerza y violencia. Sólo le quedó defenderse, pero por dentro supo que no era así, ella comenzó a correr, se escondió detrás de los demás, pero todos la dejaron sola en ese momento, se lanzó en los montículos de chatarra pero fueron expelidos por Garnet a punta de golpes tan fuertes que convertía la arena en vidrio. Corrió, a su velocidad baja a algún lugar seguro, el más seguro era el templo, así que sin pensarlo dos veces entró y se encerró allí adentro, cerrando la puerta, a la cual se recostó y comenzó tranquilizarse, sintiéndose cansada de nuevo.

Pasado unos minutos y cuando se sintió segura, abrió la puerta de nuevo y se asomó con cuidado para observar al grupo que la miraba seriamente, se sintió pequeña y creyó que toda su seguridad estaba siendo destrozadas por esas miradas insensibles postradas sobre su ser. Avanzó con cuidado al grupo, no dijo gran cosa.

—Bueno, estás recién creada...—Decía Perla, queriendo sacar un poco el ambiente tenso:—Tal vez tu gema aún...

—No—Negó Garnet:—La gema no desarrolla habilidades después. Ella no posee ninguna.

Aquellas palabras sonaron tan crueles y frías que Peridot por segundos enteros se odió a sí misma, odió su inexistencia y su inutilidad. Sentía que había fracasado en todo, sabía que no podría ser nada.

—Estás siendo cruel, Garnet—Amatista avanzó a Peridot:—Steven se tardó bastante en mostrar habilidades—Colocó entonces sus manos en los hombros de la nueva gema:—No te sientas mal Dotty—Le sonrió:—Existen muchas más habilidades y porque no hayas expresado nada hoy no significa que no tengas. Estoy segura que tienes un gran potencial, yo te puedo ayudar a defenderte, mira que también puedes aprender más cosas, Perla no sabía pelear, su gema no fue hecha para eso y mírala ahora, una gran luchadora, entonces ¿Qué dices? ¿Te sentirás mal sólo porque hoy no fue un buen día o lo intentarás mejor mañana?

Los ojos de Peridot estaban ligeramente humedecidos, ella no contestó de inmediato, aquellas palabras estaban dándole ánimo de nuevo. Sintió que nada había terminado ahora.

—Y si no tienes habilidades—Se acercó Steven:—¡no hay problema! ¡Así cómo estás ahora eres lo más parecido a una humana normal! ¡Incluso! ¡Mas humana que yo! ¡¿No es fascinante?!

—¿Humana... normal?

—Sí, los humanos normales no tienen habilidades especiales como nosotros, no son superfuertes, ni tienen gran poder, los humanos normales son sólo eso, normales ¡Y que tú seas así es... genial!

—Steven.

Habló Garnet, fría, helada y enfurecida, fue entonces que Peridot se dio cuenta que todas las gemas miraban a Steven de una forma seria, quizás cruel y fría, el chico apretó sus labios y retrocedió un poco, buscaba desaparecer en ese momento y Peridot entendió que aquello que había dicho el chico con inocencia y felicidad era malo, las gemas no buscaban a un humano normal qué proteger, querían a alguien les ayudara a proteger o eso fue lo que creyó en ese momento.

—Bueno, Peridot ¿Cómo te sientes?—Sonrió Perla, buscaba eliminar de nuevo el ambiente tenso:—¿Bien? ¿Cansada?

—Cansada...

—Entiendo, te hemos exigido bastante aunque estás recién creada ¿Quieres que dormir?

—Me gustaría.

—Bien, puedes irte a dormir. No te preocupes, mañana será otro día en el que dar todo de todo.

Peridot afirmó y buscó de nuevo la puerta, Steven la siguió y aunque los dos entraron al templo y caminaron todo de regreso a la habitación de Peridot, en la oscuridad y el frío y la humedad, ninguno de los dos habló, quizás porque se sentían un tanto mal o decepcionados de aquél día o de todos los fracasos. Cuando se dieron cuenta, ya estaban allí, en las puertas de las habitaciones. Cuando ella estiró su mano para abrirla, escuchó a Amatista llegar corriendo.

—Perry—Amatista se detuvo al estar cerca:—Perla dice que mañana estés en la playa temprano, como a las seis de la mañana ¡Te dará clases de esgrima!

—¿En serio?

—Sí. ¿Ves? Te lo dije ¡Ánimo! ¡Cuando te aprendas a defender con la espada yo te enseñaré a patearle el trasero a cualquiera con sólo tu fuerza!

Contestó Amatista mientras seguía bajando las escaleras, perdiéndose en la oscuridad. Peridot sonrió.

—¡Durmamos entonces y preparémonos para mañana!—Exclamó Steven, con sus ojos hechos estrellas y abriendo la puerta del cuarto de Peridot.

—¿No que tenías una habitación? ¿Por qué no duermes ahí?

—Es que no tengo sueño.

—¿Y por qué hablas en plural?

—¡Es que quiero verte dormir!

—¿Qué? ¡¿Por qué harías tal cosa?!—reclamó, jalándolo hacia afuera de su cuarto y empujándolo al pasillo.

—¡Es que es genial verte dormir!

—¡¿Por qué dices eso, ehh?!

—Es que las gemas no duermen—Explicó Steven, alzándose hombros:—No lo necesitan.

Peridot quedó en silencio ante aquello sin analizar lo que él había dicho, simplemente lo miró en la puerta con esa sonrisa y mirada inocente y la luz que despedía tan pura que sólo él podría despedirla, pero ser observada mientras dormía era extraño y muy incómodo, así que cerró la puerta de manera tosca y se limitó a su habitación como si fuese el único lugar de la tierra. Saltó a su cama y allí se recostó, arropándose y apoyando su cabeza en su almohada sintió su cansancio aflorar, bostezó con bastante sueño y antes de darse cuenta ya estaba meciéndose en los brazos del morfeo. Pero hubo algo que resonó en su mente segundos antes de quedar plenamente dormida.

'Las gemas no duermen. No lo necesitan'