Resumen del capítulo anterior: Peridot es invitada por Steven a salir fuera del templo para que descubra lo que le rodea, una vez fuera Peridot aprecia la belleza que envuelve el lugar y decide divertirse aunque todo ello se acaba cuando el resto del equipo aparece y deciden hacer una serie de pruebas para descubrir la habilidad de Peridot. Siendo estas pruebas, una tras otra un completo fracaso, pues Peridot no mostró ninguna habilidad.
Había sido ya casi un mes desde que había sido creada, un mes intenso en el que se cuestionó poco a poco y continuamente los sucesos a su alrededor, normalmente preguntándose sobre las gemas malas que atacaban cada noche y porque las Crystal Gems siempre parecían querer ocultar información que a ella le hubiese encantado saber, pero no importase a quien le preguntara, era lo mismo, pues Steven tampoco sabía.
No todo fue malo, en aquél mes logró hacer amistad con Steven, Amatista, Perla y Lapislázuli, aunque Jaspe y Garnet la trataban con tanta frialdad que le hacía pensar que no era parte del equipo, algo que le dolía, aunque no se detenía de aquello. Incluso, para no parecer tan débil usó una gran cantidad de chatarra que solía acumular Amatista en su habitación y creó unas muy geniales "partes robóticas", que le hacían lucir más alta e intimidante. Las primeras "partes robóticas" fueron un fiasco debido a que se rompieron rápido, las siguientes eran cada vez más y más sofisticadas hasta esas últimas, eran perfectas, había diseñado un mecanismo para que los dedos flotaran alrededor de lo que debería ser la palma de la mano bionica. Lastimosamente esas prótesis de alta tecnología no tenían armas incluidas, quizás así Jaspe y Garnet le hubiese dado la aprobación.
Sus ciclos de sueño eran cada vez más constantes y Peridot cada día se sentía más cansada, de lo que creyó por su entrenamiento de esgrima con Perla, diario, varias horas por día, todos los días. Era muy duro, le costaba mucho aprender a desenvolverse en peleas pero sentía que cada vez lo hacía mejor, eso creía, eso le gustaba pensar, pues al no tener ninguna habilidad se convenció de que tenía que hacer algo bien, algo útil y era por ello que siempre se esforzaba en intentar aprender con Perla.
La holo-Perla avanzó rápido y a través de una abertura, logró desarmar a Peridot, la espada salió volando por los aires y cayó unos metros lejos, ella, Peridot, retrocedió, sacó una navaja y así logró defenderse un poco, por unos minutos mientras caminaba hacia atrás y con su mente buscaba la forma de alcanzar su arma. Desvió la mirada entonces de la holo-perla, intentó buscar su espada con los ojos y justo allí fue atacada, al darse cuenta estaba en el suelo y la holo-perla había levantado su arma y estaba a punto de clavarsela cuando, repentina, Perla atravesó una espada en el holograma y ésta desapareción.
—Muy bien, Peridot, hemos terminado por hoy, regresa al templo.
Indicó Perla, volteando a recoger la espada que había volado hacía unos minutos atrás. Peridot se levantó de un salto, rascando sus ojos y bostezando profundamente, estaba cansada y sintió fuertes ganas de dormir, como últimamente pasaba y en su mente se seguía reproduciendo aquello que Steven le había dicho: Las gemas no duermen, no lo necesitan. Volvió a bostezar, realmente necesitaba dormir, pensó entonces que las gemas sí dormían y que Steven, al ser tan distraído en sus cosas, nunca se habría dado cuenta.
—Ve a dormir, Peridot, te notas cansada.
Escuchó a Perla, quien se estiraba en la arena de la playa como si fuese a comenzar una rutina de ejercicios.
—¿Tú duermes?—Preguntó a su maestra:—En la noche peleas y en el día me enseñas ¿Duermes en la tarde o cómo?
—Hm... dormir es una práctica que no suelo hacer. Ahora vete a descansar.
Aquello fue suficiente para darse cuenta de que estaba en un error, realmente las gemas no necesitaban dormir, sólo ella y en aquél momento no pudo entender por qué, sólo caminó hacia dentro, al templo, pensativa en aquello, distraída en eso, no prestó atención a las diferentes escaleras que bajó, ni a lo que recorrió, sólo se dio cuenta que se había movido cuando sus pies se detuvieron frente a su puerta.
Suspiró. Ya estaba acostumbrada a aquello, los largos pasillos, los entrenamientos que le cansaban cada vez más, e incluso las bromas de Amatista y los juegos de Steven, también se había acostumbrado a la actitud de Jaspe y comenzaba a cuestionarse sobre cómo era que Lapislázuli aguantaba a aquella gema tan corpulenta y agresiva. Por otro lado, la seria y fría actitud de Garnet le estremecía, cada segundo le repelía un poco más.
Se sentó en la cama, dándose cuenta que la idea de dormir le molestaba un poco, quizás por querer ser como Perla, tan precisa, tan fuerte, tan elegante y eficiente que no necesitaba dormir, cómo las demás gemas que no tenían aquella necesidad. Se sintió realmente agotada pero se negaba a dormir, así que se levantó de la cama y se recostó a la pared, no se dormiría, quizás aquello sólo era su mala costumbre. Al cabo de media hora escuchó unos pasos rápidos afuera y luego la voz de Perla.
—Garnet ¿Ya llevaste a las demás allá abajo?
—Sí ¿Cuál es el problema? ¿Por qué has convocado esta repentina reunión?
—Es sobre el progreso de ella...
—Baja la voz, estamos cerca de su habitación.
—Debe estar durmiendo ahora, ella duerme mucho.
—Está bien, pero no hablemos de eso aquí en el pasillo, Steven sí está despierto.
De allí dejó de escuchar, sus manos temblaron y ella sintió ahora una nueva necesidad, debía ir allá y conocer lo que Perla diría, conocer qué tanto era su progreso, lo necesitaba. Así que quitándose sus partes bionicas para hacer mayor silencio, caminó en puntillas mientras la ansiedad le dominaba y abrió la puerta de su cuarto, se asomó y no vio a nadie, así que dio un paso afuera y empezó a bajar las escaleras con cuidado.
El camino fue largo pero aquello ya no le afectaba, su cansancio fue cambiado mucha ansiedad que le hacía carcomerse viva por dentro, si hubiese tenido un corazón sabría que se saldría de su pecho o se paralizaría, alguna de las dos era muy razonables para ella, quiso calmarse antes de llegar pero al darse cuenta estaba frente a la última y más profunda puerta. Se pegó entonces a ella para escuchar mejor lo que dirían adentro.
—Ya que por fin Amatista llegó debidamente, dinos, Perla—Habló Garnet:—¿Cómo se desenvuelve Peridot?
—Mal—Escuchó a Perla. Peridot empuñó sus manos pegadas a la puerta mientras una terrible amargura se formaba en su pecho:—Muy mal, cada que entrenamos me doy cuenta que realmente ella no servirá en batalla.
—¿Tan mal va?—Lapislázuli interrumpió:—Es una gema, debería si quiera...
—No puedo continuar con ella, no le puedo seguir enseñando, en este mes de entrenamiento sólo me he dado cuenta que Peridot no podrá funcionar con una espada. Quería pedirles que alguien más se encargue de ella, de entrenarla y descubrir en qué cosa podrá ser buena.
Peridot tomó mucho aire aunque no tenía pulmones, sus ojos se humedecieron ligeramente y ella recostó su frente a la puerta, sintió la presión sobre su gema y apretó sus labios, decepcionada, sintiéndose una verdadera fracasada y dolida. Sus piernas débiles comenzaron a fallar lentamente y antes de darse cuenta, sus rodillas tocaban el suelo.
—Yo me haré cargo de ella—Escuchó a Amatista:—Estoy segura que Peridot tiene una increíble habilidad, sólo que es diferente a la nuestra, si tan sólo supiéramos cómo...
—Aceptemoslo de una buena vez—Intervino Jaspe:—, nos equivocamos.
—¿Pero qué haremos con ella entonces?—Cuestionó Perla:—¿Evaporar su forma física y encerrarla en una burbuja?
Tragó en seco mientras temblaba, sus lágrimas escurridizas se derramaron por su rostro mientras comenzaba a ser consumida por la amargura y el sentimiento de traición al escuchar esas palabras de Perla, alguien que en algún punto de ese mes había llegado a apreciar. Con su antebrazo talló sus ojos y comenzó a levantarse débilmente, no quería escuchar más aquella conversación, deseó irse de aquél oscuro, frío y triste lugar en el que se encontraba.
—Perla—Dijo Lapislázuli:—, eso es muy cruel...
—Pero es lo más lógico—Contestó Garnet:—Si Peridot no será de ayuda, prefiero encerrarla antes de cargar con una responsabilidad más. Amatista, si en un mes ella no ha mostrado mejoría entonces la evaporaremos y encerraremos en una burbuja como a las demás gemas.
Se estremeció de pies a cabeza y abrió bien sus ojos a la puerta, dio unos pasos hacia atrás escuchando aquellas palabras, aquellas sentencias y repentinamente la imagen de la playa que tanto le gustaba ver comenzó a distorsionarse, los diferentes ratos agradables que había vivido aquél mes fue manchado terriblemente y escurrido en su memoria. Peridot comenzó a regresar por las escaleras, sin querer escuchar. Tenía miedo, estaba decepcionada, sentía rabia consigo misma y con las demás, se sintió traicionada y mientras subía, las crueles palabras de Garnet le llenaron. Si no lograba ser productiva entonces no podría ser nada, se quedaría cosechada en la nada. No lo quería, no lo permitiría.
No durmió, simplemente no podía. Aquella noche las gemas salieron del templo a luchar y ella se quedó allí dentro del templo. Abrazando sus piernas con sus manos y su frente apoyada en sus rodillas, el silencio presionaba sus oídos y el tiempo avanzaba lentamente. Ya hacía un tiempo que el dolor había desaparecido y dejado como marca una cicatriz en su mente, ahora estaba nerviosa, muy nerviosa, no quería ser encerrada. Ya cuando era media noche, Peridot decidió caminar un poco para relajarse, salió así del cuarto y sus pies automáticamente caminaron hacia abajo, a la oscuridad total de unas escaleras en las cuales habían apagado los bombillos. Con sus dedos pegados a la pared sólo le bastó unos minutos para darse cuenta que podía iluminar con su gema, una luz verde como linterna, algo muy conveniente para aquél lugar con tantas tinieblas.
Se vio delante de la puerta, aquella puerta que estaba odiando pero que al mismo tiempo le pedía a gritos ser abierta, esa puerta. Giró la manilla y entró despacio, vio todas las sillas acomodadas alrededor de la mesa de acero y descubrió que esa habitación tenía más gemas desde la última vez que estuvo allí, hacía un mes atrás. Esas esferas flotaban a los laterales, llenas de gemas que se encontraban ligeramente ensombrecidas y opacas. Hizo una mueca y se imaginó allí, encerrada. Caminó por toda la habitación dando vueltas y vueltas con pasos torpes y lentos mientras observaba a todas las peligrosas prisioneras que allí habían.
Nuestros cuerpos sólo son proyecciones de nuestra gema.
Recordó aquellas palabras de Amatista y se detuvo en seco. Era verdad, sus cuerpos sólo eran proyecciones, proyecciones que no pueden morir al ser heridas, proyecciones de masa que son dirigidas por una roca, proyecciones que pueden ser saboteadas. Sus ojos brillaron en una idea que atravesó su mente: Crear un dispositivo que pudiese evaporar la forma física de una gema. Un desestabilizador de gema. Crear algo así sería tan conveniente que incluso sería alabada por Garnet y Jaspe, sólo debía idear algo, cómo construirlo, qué hacer para ello, primero debía medir la frecuencia de energía para la proyección y estuvo casi media hora pensando en una manera de cómo medirlo mientras iba y venía en toda la habitación. Fue tanta su concentración que luego de un rato apoyó su pie en una piedrecilla que allí había y ella se retorció del dolor al sentir que le perforaban la piel. Hincó hacia atrás tomando su pie y dando ligeros saltos hasta caer al suelo, sintiendo el dolor subir por su espalda hacia su gema.
—Auch, auch, auch... duele... duele...—Se quejaba, cuando una brillante idea pasó por su cabeza iluminando un camino en su mente:—¿Duele?
Se levantó rápido de dónde se encontraba y olvidando el dolor y la caída corrió a toda velocidad hacia las escaleras de afuera, la luz de su gema brilló de nuevo y ella, sin prestarle atención a nada subió a gran velocidad por los escalones que se encontraban fríos y húmedos, por ese momento su idea le había aclarado tanto que ni siquiera pensaba en aquellos malos sentimientos que le habían agobiado hacía rato, los había olvidado.
Llegó a su habitación, abrió la puerta de un golpe y corrió hacia la cama, allí había dejado un libro que encontró revisando las diferentes chatarras que tenía Amatista en su habitación, debía admitirlo, el cuarto de esa gema era un asco, pero eso no le importaba mucho. Abrió el libró, era un atlas anatómico humano y allí vio una ilustración de la inervación del cuerpo con sus nervios aferentes y eferentes. Su idea tomó forma: El sistema nervioso funcionaba convirtiendo energía química en energía eléctrica para pasar los potenciales de acción (impulso nervioso) de una célula nerviosa a otra. Estos impulsos dado por esos nervios originaban el movimiento e incluso sensaciones al activarse receptores especiales (como por ejemplo, el dolor). Así, el cerebro podía recibir constantemente información de su alrededor y dar respuestas a esa información ¿Y por qué era aquello tan interesante? Las gemas eran realmente rocas y para poder subsistir vivas sin romperse emitían una proyección en dónde pudiese obtener la información necesaria del mundo para poder vivir, eso le llevó entonces a concluir: Sus proyecciones debían estar inervadas, debían tener canales de comunicación que llevara todos aquellos datos (sensaciones) hacia su "cerebro" (la piedra que generaba la proyección) ¿Aquello sería impulsos eléctricos cómo en las criaturas orgánicas? ¿Impulsos químicos? o...Su mirada se desvió a la ventana y cómo si fuese un descubrimiento, vio todo pasar: Luz. Su cuerpo realmente era luz y masa, un holograma ¿Cómo podía entonces detener aquél holograma para desestabilizar la gema? Aquello le hizo pensar pero luego algo le llamó la atención: Energía, una fuerte descarga de energía que interfiriera con la "inervación".
Su cabeza se llenó de muchas ideas más para poder crear un aparato que pudiese generar tal energía, se inspiró tanto que no pudo dormir esa noche, el sueño desapareció y en las horas que restaron estuvo haciendo bocetos, leyendo, arrugando bocetos, haciendo listas de lo que necesitaría. Fue un trabajo arduo para ella, pero luego de tanto, cansada, se tiró a la cama todavía sin conciliar el sueño, mirando el techo con una muy grande sonrisa.
—Peridot—Escuchó a Amatista:—¿Puedo entrar?
Se sentó en la cama y la vio justo a lado de la cama, acompañada de Steven.
—¿Qué es todo esto?—Preguntó el chico, agarrando una de las múltiples hojas tiradas.
—Todo eso son cosas de nerd, Steven—Contestó Amatista:—Sólo los nerds los entienden—Hizo silencio un segundo y mirando a Peridot, continuó:—Perla está muy cansada hoy, anoche se esforzó mucho así que le convencí para yo enseñarte todo lo necesario para que seas fuerte y le patees el trasero a cualquiera ¿Vamos?
—Ehm...—Dudó en qué responder, pero luego de varios segundos logró descifrar qué decir:—Debería ir ¿No? Pero no puedo, más bien, Amatista, te iba a pedir un favor—Saltó al suelo:—He ideado un plan, un plan que les ayude a pelear y ganar, he ideado un aparato que asegure la victoria: El desestabilizador de gemas. Será un instrumento que sea capaz de destruir la proyección de la gema y dejarla aturdida para que no pueda proyectarse por un tiempo ¡Pero necesito materiales y por ello te necesito, Amatista! ¡Necesito que me prestes otra vez tus objetos para poder crearlo!
—¿Un aparato que pueda vencer con tanta facilidad a una gema? ¿Tienes idea de lo que estás hablando?—Cuestionó Amatista:—Eso es... es...
—¡GENIAL!—Exclamó Steven, alzando los brazos:—Peridot, tú eres muy inteligente. Amatista—Él volteó:—¿No crees que la cualidad de Peridot sea realmente la inteligencia?
—Es razonable—Balbuceó Amatista:—Peridot, debemos decirle a Garnet tu idea.
—¡No!—Exclamó Peridot, automáticamente:—Quiero que sea sorpresa. ¡Una gran sorpresa!
—Bien, bien, nerd, te ayudaré—Aceptó Amatista, rascándose la cabeza:—Vamos a mi cuarto para que elijas las cosas que necesites.
Peridot saltó de alegría en un primer momento y fue casi corriendo, bajando las escaleras hacia una puerta un poco descuidada, se detuvo y esperó a que Amatista la abriera. Sus ojos verdes enfocaron de inmediato un montón de chatarra de todo tipo apilada en una gran habitación. Montañas y montañas de basura y chatarra se acumulaba en todo el lugar, torres altas y peligrosas, el suelo no se veía y estaba lleno de algo que Peridot no reconoció ni quería reconocer.
Corrió a dentro y empezó a revisar las pilas y pilas de basura, lo único reconocible del lugar era una cama y destendida y una mesa llena comida chatarra, de la cual intentó estar muy alejada. Buscó y buscó por varias horas, colocó lo que necesitaría en un carrito de compras que de alguna manera había sacado de entre las pilas. Ordenó cada cosa y luego se fue corriendo a su habitación, su trabajo apenas comenzaba.
Esa noche no durmió, ni tampoco en el tiempo que tardó trabajando y haciendo los cálculos en su nuevo invento, usaba todos los conocimientos adquiridos de varios libros que encontró en el cuarto y cuando no lograba encontrar la información que necesitaba la descubría haciendo otras pruebas. Sin darse cuenta su cuarto se había vuelto un laboratorio. Pidió a Amatista que sacara la cama de su cuarto porque no cabía sus maquinarias, quedó sin nada en el cuarto, pero no se detuvo en su invento, trabajaba por ella, por su orgullo, por querer demostrar que sí podía llegar a ser algo. Trabajaba por su futuro. No dormía, no entrenaba, no salía, pasó más de una semana allí, inventando, creando, formando, armando.
Llegó la mañana en el que había terminado y llamó a una reunión a todas las Crystal Gems, incluyendo a Steven. Todas fueron en la mañana a la habitación más baja del templo.
Todas estaban sorprendidas con su mal aspecto. Aunque no sentía repercusiones por no haber dormido, su forma física era lo bastante maltrecha y se veía muy inestable. Ella caminó con sus partes bionicas por todo el lugar siendo el centro de miradas del grupo, afinó su garganta mostrando aquél aparatito en su mano, ella empezó:
—Sé que no he sido de mucha ayuda últimamente, pero creo haber encontrado la manera de hacerle más fácil la lucha contra las gemas corrompidas que amenazan nuestra existencia, y es... ¡Esto!—Enseñó a todas su invento, un bastón con dos puntas y una esfera en el centro:—El desestabilizador de gemas...
—¿Desestabilizador de gemas?—Repitió Perla, haciendo una mueca:—¿No es peligroso?
—Sí lo es ¡Y ese el punto! Produce una fuerte energía que es capaz de evaporar la forma física de una gema ¡Imaginen lo fácil que sería para ustedes ganar sus batallas!—Exclamó con emoción, notando que había más interés en el grupo:—Miren, no lo he probado con una gema pero he hecho miles de mediciones y estoy segurisíma que funciona.
—¡Quiero ser voluntario!—Steven alzó su mano, mirándola con sus ojos brillantes:—Nunca he sido evaporado.
—Oh, Steven, no te dejaré—Negó Perla.
—Puede ser peligroso—Balbuceó Lapislázuli.
—Déjalo, Perla—Intervino Amatista:—Es Steven, no se detendrá hasta que lo evaporen de forma segura.
—¡Ya Amatista me dio permiso! ¡Iré!
Steven saltó de su silla y corrió hacia Peridot, quien tragó en seco, notoriamente nerviosa de lo que sucedería, ella entonces apretó el desestabilizador de gema con su mano bionica y lo acercó a Steven. Agarró y mucho aire y lo empujó las puntas en el niño, de inmediato grandes caminos de luz amarilla lo recorrieron hasta la gema y él empezó a temblar, para sorpresa de todos, pero nada pasó, él no se evaporó y en cambio se echó a reír como si le diesen cosquillas. Peridot retiró el desestabilizador, no había funcionado y para ella aquello era quizás el destrozo de tus sus ideales, de todo su orgullo, de todo su trabajo. No podía creerlo, había fallado, otra vez.
—Yo... lo juro, esto funciona—Dijo, moviendo un poco el desestabilizador y ajustándolo:—Sólo tengo que...
—Basta—Garnet se levantó:—Es suficiente. Has perdido días de valioso entrenamiento y nos has hecho gastar tiempo sólo para... esto—Señaló el desestabilizador:—Para tu juguete.
—¡No es un juguete!—Gritó Peridot, apretando el desestabilizador en sus manos bionicas:—¡NO LO ES! ¡ESTO FUNCIONA!
—No vi que funcionara.
—¡Puedo probarlo!
—¿Por qué entonces no lo pruebas contigo?
—¡PORQUE ES MÁS ÚTIL PROBARLO CONTIGO! ¡SUCIA MAQUINA DE GUERRA!
Gritó con todas sus fuerzas, hirviendo en rabia, en odio, en impotencia y decepción, se negaba a creer que había fallado de nuevo y mucho menos a que alguien como Garnet le insinuara que sería evaporada, ignoró cuando todos se sorprendieron y asustaron por la reacción que la líder del grupo tendría y apenas podía verlos pues sus ojos estaban llenos de lágrimas. La vio acercarse y supo que tendría problemas, supo que sería deshecha en ese instante, que ya no tendría más oportunidad y mientras la rabia y decepción aumentaban dentro de su cuerpo y no entendía por qué todos la miraban con lástima, ella dio media vuelta y aprovechando la velocidad que le generaba las prótesis bionicas, escapó.
Salió por la puerta y subió las escaleras corriendo sin soltar el desestabilizador, sus lágrimas se derramaban por sus ojos y ella maldecía cada segundo de haber sido creada, de haber llegado allí, de haber conocido a Garnet, estaba verdaderamente molesta. Sus pasos abarcaban más de dos escalones y eso le confirió mucha ventaja. Se adelantó cuánto pudo.
Salió del templo y corrió por la arena de la playa sintiendo que ni el viento le podría calmar tantos malos sentimientos que se comenzaban a acumular. Ella se detuvo frente al mar y se quedó viendo aquél lugar por varios minutos mientras limpiaba sus lágrimas. Escuchó que ellas se acercaban, volteó y allí vio a Amatista y a Lapislázuli que habían adelantado. No quería verlas.
—Peridot, cálmate, no vuelvas a hacer eso o Garnet te castigará—Advirtió Lapislázuli.
—Puede que haya fallado el desestabilizador ¡Pero podrás mejorarlo! ¡Yo creo que sí!—Exclamó Amatista.
—¡No falló!—Volvió a gritar:—¡El no me he equivocado de nuevo y no creo que obedecer a esa supuesta líder sea lo correcto! ¡Lo único que quiere son máquinas para pelear! ¡Estoy harta! ¡Harta! ¡Harta de esto! ¡Odio este lugar! ¡Las odio! ¡Son unas tontas! ¡TONTAS!
—Oh, por favor, Peridot, no sigas—Pidió Lapislázuli:—No sabes el daño que te haces, por favor, cálmate.
—¡NO!—Su voz resonó más como un rugido agudo:—¡NO! ¡NO ME CALMARÉ!
—Amatista, llama a Garnet y a Jaspe, esto se ha salido de control...
—¡¿Control?! ¡Yo no estoy fuera de...!
Su voz se detuvo, abrió bien sus ojos y quedó estatica mientras su cuerpo no respondía y empezaba a dejar de sentir derredor, su sistema del oído desapareció y su vista se volvió borrosa, por momentos pudo darse cuenta que no tenía energía para nada, su cuerpo había sido paralizado y el desestabilizador había caído a la arena, no sintió sus brazos ni sus piernas, había quedado aislada, su cuerpo se había evaporado y su gema había caído a la arena.
