Resumen de capítulo anterior: Después de darse cuenta que ha fallado en su entrenamiento de esgrima con Perla y la perturbadora noticia de que podría ser evaporada, Peridot idea un aparato capaz de evaporar gemas con gran facilidad: "El desestabilizador de gemas", en la cual pasa varios días trabajando sin dormir ni descansar. Una vez lista, el arma falla al ser usada en Steven cuando fue mostrada al grupo, causando mayor asperezas en el grupo y descontrol en una decepcionada Peridot que de alguna extraña forma se evapora.
Pronto sintió sus manos y sus piernas, todo su cuerpo era hecho de nuevo y como si estuviese viva, inspiró aire hacia sus inexistentes pulmones. Sus pies tocaron el suelo y ella abrió los ojos encontrando un escenario sombrío y muerto a su alrededor, la arena no era más que polvo oscuro y seco, no había rastro de ningún tipo de vida e inclusive el cielo estaba oscurecido por eternas nubes que nunca llovían. A su alrededor sólo había extrañas maquinas rotas y huecos en las paredes de tierra alta. Estaba sorprendida, nunca había visto ese escenario tan triste y caótico.
Sintió que la abrazaban, de inmediato reaccionó, Steven la apretaba a su cuerpo, Lapislázuli también lo hacía, igual que Perla… Perla, justo ella…
—Por fin despiertas—La escuchó: —Nos asustamos tanto cuando te evaporaste, incluso te tuvimos que traer aquí, a la Guardería.
— ¿Guardería?—Balbuceó.
—Te explicaremos eso luego, Peridot—Anunció Lapislázuli: —Las demás están preocupadas por ti, volvamos.
—Steven, dame la mano, vamos.
Pidió Perla, tomando por una mano a Steven y con la otra mano a Peridot, caminando rápido hacia una galería muerta llena de más de aquellas máquinas que hacían gala de una lúgubre forma viral rota y descompuesta, llenas de terrible polvillo arenesco. Todo marchaba igual, sin vida, sin luz y una temperatura muy baja, aquél lugar era lo más cercano a un cementerio que hubiese visto hasta ese momento. No había ningún tipo de aroma en el aire y el silencio y el vacío que se encontraba allí le helaba el alma (o más bien la gema). Vio entonces una plataforma de cristal, quizás la única cosa brillante y sin polvo del lugar. Todos se subieron allí y en un brillo o una corriente de luz fue alzada y viajó a gran velocidad hasta que sus pies tocaron otra vez la plataforma de cristal, pero no era la misma, ahora estaban el último cuarto de templo. Incredula, dio un paso hacia el frente bajando con todos de la plataforma, volteó y vio a Perla escondiéndola con un manto muy parecido a la piedra del suelo.
—Peridot, nos asustamos cuando te evaporaste—Dijo Steven: —Pero es genial que hayas regresado.
—No recuerdo nada de lo que pasó—Confesó.
—Bueno, tenías días sin dormir—Explicó Perla, acercándose a ella:—Parece que se desgastó la energía que almacena tu gema y tuvimos que llevarte a la... guardería.
—Sí ¡Perla incluso logró encender los inyectores! ¡Fue genial!
—No, Steven—Regañó Perla:—Encender un inyector no es genial. Es catastrófico—Tomó mucho aire:—Lapislázuli, llévate a Steven, debe dormir, yo me quedaré hablando con Peridot un poco más.
—Está bien.
Lázuli tomó a Steven de la mano, quien hizo una mueca y se quejó mientras era arrastrado hacia al salida. Se esperó a que ellos salieran y cerraran la puerta, luego unos minutos más y Perla suspiró, abrazándose a sí misma, comenzó a explicar:
—Ese lugar es...La guardería. Allí se formaban gemas... gemas malas. Tuvimos que encender un inyector para intentar restablecer tu gema, nos preocupaste mucho, pensé que...
—Ja—Soltó Peridot, con un notorio tono cínico:—¿Por qué no mejor me encerraste en una burbuja? ¿Eso es lo que querías, no?
—¿Cómo puedes decir eso?
Se sorprendió Perla, soltándose de su abrazo, dirigiéndole una mirada llena de sorpresa y entreabriendo la boca ligeramente, pero solo observó en Peridot una muy mala expresión de su rostro, una mirada llena de rencor y rabia, con aquellas manitos apretadas y hombros tensos.
—¡¿Cómo puedes decir tú eso?!—Cuestionó Peridot:—¡Sólo eres una hipócrita!
—¿Hipócrita?
—¡Tú misma lo dijiste! ¡Evaporar mi forma física y encerrarme en una burbuja porque soy una INÚTIL!—Gritó:—¡Los escuché! ¡Ni siquiera tuviste la decencia de decirme en mi cara que no lo hacía bien! ¡Sólo te inventaste la excusa perfecta para... para...!
—No lo dije con esa intención—Se excusó Perla:—No sabía que escuchabas, Peridot, verás, es que...
—¡¿'Es que' QUÉ?! ¡¿Que soy una defectuosa?! ¡¿Una inservible?! ¡¿Es eso?! ¡¿Que necesito dormir porque si no me evaporo?! ¡¿Que las gemas no necesitan dormir?! ¡¿Que soy 'diferente' para no decir una buena-para-nada?! ¡¿Que me parezco a una humana y no puedo serlo porque obligatoriamente necesito pelear una batalla que ni yo comprendo?! ¡¿Qué soy un error?! ¡No seas una hipócrita, Perla! ¡Sé que me evaporarán en un par de semanas sin si quiera pensar realmente qué se siente estar dentro de una burbuja! ¡Para eso mejor nunca me hubiesen dejado tomar nuevamente mi forma física!
Culminó Peridot, en un tono de voz tan alto que cualquiera en el templo le hubiese oído, ella no se dejó hablar, sólo caminó a la puerta y sin escuchar a Perla, la abrió con fuerza, casi aplastando a Amatista que había acudido al escuchar los gritos, empezó a subir las escaleras, quería salir de ese lugar a como diera lugar, pero antes de que se alejara lo suficiente, escuchó a Perla exclamar:
—¡Si tan sólo supieras lo que realmente somos!
Aquellas palabras fueron ignoradas en un principio, simplemente no quería saber nada de ella, de Perla, se sintió severamente traicionada y molesta, antes de darse cuenta corría saltando los escalones, sus pies tenaces lograban mantener el equilibrio, y, aunque no iba tan rápido, avanzó lo suficiente para llegar a la zona donde se encontraban los cuartos, la gran cantidad de cuartos que superaban en número (en muchos números), el número de habitantes del templo. Nunca se había cuestionado aquello a profundidad, tampoco en ese momento, pero no quería estar dentro de una habitación, quería salir, quería oler la sal del mar, el viento de la playa, la arena en sus pies, la libertad. Eso era lo que quería.
Sus pies pronto dejaron de tocar la roca fría y húmeda y sintieron el pasillo de acero, ella corrió por allí sin importarle nada, incluso empujó a Garnet que venía bajando, pasó por entre las piernas de Jasper, dio saltos para alcanzar los escalones y cuando encontró la puerta, la abrió tan rápido como si de eso dependiera su vida, la luz le llenó sus ojos que brillaron en su incesante verde, quedó ciega por pocos segundos hasta que el cielo naranja del amanecer le llenó, el sol apenas salía del horizonte, revivía de entre las aguas, se comenzaba a posicionar justo en el lugar que todo rey quería: El cielo.
Dio pasos temblorosos hacia la orilla, sus ojos se humedecían con el hermoso paisaje que veía y cuando su vista se adaptó a la perfección vio una silueta conocida allí, sentada a la orilla de la playa. Avanzó hacia él:
—¿No deberías estar durmiendo?—Preguntó.
—Sí, debería—Steven abrazó sus piernas:—Pero... cuando te escuché pelear con Perla me escapé de Lapislázuli. Por suerte ya estaba empezando a amanecer y las gemas corruptas se habían ido.
—Oh... lo siento.
Él le hizo una pequeña muestra con su mano para que se sentara, Peridot, que al verlo su enojo se había esfumado (típico efecto de Steven), se sentó con cuidado, estirando sus piernas en la arena, los dos contemplaron el cielo y el sol asomándose, ya casi no había estrellas pero el amanecer era una de las cosas más bonitas que había. Ninguno de los dos hizo el más mínimo ruido, sólo callaron compartiendo aquella escena que sería un valioso recuerdo para los dos, por el resto de sus vidas.
—Siempre quise ser un humano normal—Confesó Steven:—Un humano como mi papá, ser gema es... es triste.
—En el tiempo que he estado aquí, nunca he visto a tu padre, Steven.
—Mi papá... él y yo fuimos separados hace años, las gemas no me dejan verlo, ni a él, ni a nadie de la ciudad, no puedo estar con ningún humano. Es peligroso, o eso me dicen. Lo peor es que tampoco soy una gema completa y tengo muchas necesidades que ellas no tienen, dormir, comer, ir al baño, incluso me enfermo, es dificil, tanto para ellas como para mí, pero comprendo que sean tan herméticas, han estado protegiéndonos de cosas peligrosas y además...—Se pausó momentos, miró la arena:—Hay algo realmente oscuro en ellas, algo que da miedo ¿Sabes? No poseo recuerdos de mi madre, pero sí siento algunas de sus emociones, como el miedo, el dolor y la decepción.
Peridot no supo que decir ante aquello, sus ojos, aunque fijados en el horizonte, ahora ignoraban aquella imagen delante de ella, sólo su mente se concentraba en unas cuántas palabras, sólo unas cuántas que comenzaban a partirle el cráneo.
"Si tan sólo supieras lo que realmente somos"
"Hay algo realmente oscuro en ellas"
Fue entonces que esa mortificante pregunta llegó a su mente... ¿Qué eran las gemas? ¿Qué se supone realmente que eran? En su cabeza sólo se dibujó la guardería y no supo cómo, no supo por qué, sólo ver aquél lugar frío y muerto ahora le afectaba, ahora le carcomía con aquellas palabras dichas por Steven y Perla.
—¡Ey! Chicos.
La voz de Amatista le desconcentró, ella volteó rápido, regresando a la realidad, poniendo su mente otra vez en la tierra, vio a unos metros a esa gema chaparra que mantenía una sonrisa en sus carnosos labios. Amatista avanzó a paso seguro y se sentó en medio de Peridot y Steven, empujándolos a los dos hacia un lado.
—¿Qué ven?
—El amanecer—Respondió Steven.
—¿Saben en dónde se vería mejor este paisaje?—Preguntó la gema purpura.
—Dudo que se vea mejor en otro lugar—Mencionó Peridot, jugando con sus manos.
—En FunLand, allí se vería mejor.
—¿En dónde?
—Amatista, no podemos, no tenemos permitido ir al parque de diversiones ni estar muy en contacto con los humanos—Dijo Steven, casi de inmediato.
Amatista sólo se echó a reír y se levantó, tomando la mano de Peridot y de Steven, ella los levantó con su increíble fuerza y mirando a todos lados, confirmando que no estuviese otra gema allí, propuso:
—Seré su chaperona, vamos ¡Realmente han pasado momentos difíciles! ¿Nos haría daño aunque sea un poco de diversión?
Al escucharla, Peridot supuso que Amatista había escuchado la conversación de Steven, no le encontró otra explicación, tampoco le dio mucho tiempo de responder, pues ya era jalada junto a Steven hacia un camino que ella nunca había ido: Hacia la ciudad. Al principio no observó nada más que arena, roca y agua, pero a medida que fueron avanzando, Peridot observó como unas casa se levantaban, al igual que unos cuantos edificios, observó la entrada asfaltada, antes de darse cuenta ya estaban en la calle y había mucha gente, muchos humanos que comenzaban su día, había tiendas, casas, pizzerías, heladerías, entre otras cosas nuevas para ella, habían muchos animales que ella no había visto y nuevos olores que sentía.
Primero fueron con el padre de Steven, él tenía un lavado de automóviles, Greg era su nombre, un señor de edad más o menos mayor pero no viejo, amable y que recordaba mucho a su hijo. Greg abrazó a Steven con fuerza y se dispuso a llorar de alegría al verlo, fue un momento muy conmovedor, luego de eso, el lavado de autos cerró por ese día, padre e hijo debían recuperar tiempo perdido. Se fueron los cuatro a comer pizza, sería la primera vez que Peridot probaba la comida, era algo muy nuevo para ella aunque había visto a Steven hacerlo un par de veces.
Se mantuvo sentada en su silla, viendo su triángulo por varios minutos hasta que se resignó, tarde o temprano debía comerlo. Agarró el triángulo y lo llevó a su boca, lo mordió con sus dientes y al sentir el sabor en su lengua se impresionó, nuevas sensaciones, sabía delicioso, le gustaba. Mordió de nuevo, y de nuevo, tragaba, comía apresurada y en un punto entre mordiscos sintió algo extraño, sintió que antes había probado la pizza, sintió risas extrañamente conocidas y al mismo tiempo tan ajenas a ella que le aturdieron, vio un lugar diferente ante sus ojos, muchas luces, floreros y vidrios, dos personas que borrosas que no podía recordar, con voces pronunciando palabras que no reconocía, con olores nuevos y de repente...
Caroline.
Dejó de comer, quedó estática escuchando como esas voces se alejaban mientras la tristeza le invadía y no sabía por qué, era consumida tan rápido por aquellas sensaciones que sintió ahogarse, que sintió temblar su cuerpo. Todo desapareció y estaba de nuevo en la pizzería con Amatista, Steven y Greg, ellos reían con chistes, pero Peridot supo que no podía reír, no otra vez, no por un buen rato.
Salieron luego a otro lugar apropiado, como lo era la gran rosquilla, un lugar donde vendían pues eso, rosquillas, allí también se formó un ambiente ameno que Peridot sintió nostálgico, sobre todo al probar las rosquillas, otra vez la sensación de que ya lo había hecho, esas rosquillas eran familiares, estaba consternada de esas situaciones, pero decidió callarse.
El día fue de lo más divertido, la interacción con humanos fue entretenida para muchos, conocer como ellos residían y vivían sus vidas, todo tan tranquilo y ajeno a las presiones que normalmente las gemas sufrían todo el tiempo, era nuevo, era simple, era divertido. Era agradable.
Ya para finalizar fueron a FunLand, el parque de diversiones, habían un montón de atracciones en la cual montarse, Steven quiso empezar con la montaña rusa, luego la bailarina fue decidido por Greg, Amatista anunció que el siguiente sería la casa de los gritos, Peridot se interesó por el ascensor y luego por el martillo, aunque en los dos casos se arrepintió. Luego bajaron la adrenalina con los caballitos, las sillas voladoras y muchas más, fue el día más divertido de su vida y entre tantas emociones, las peleas y las presiones desaparecieron.
Ya entrada la tarde fueron a la última atracción: La rueda de la fortuna. Una gran rueda que daba vuelta lentamente y tenía cabinas cerradas para dos personas o más, era muy alta e impresionante. Greg y Steven se montaron en una cabina, y para darles espacio a aquellos familiares que no podían verse, Amatista se montó en otra con Peridot.
Al cerrar la puertecita, Peridot miró la ventana y vio como lentamente subían en un atardecer naranja como lo había sido el amanecer, se quedó expectante con la belleza de la ciudad combinada con la belleza del océano mientras estaban a cada vez a más altura. Apoyó sus dos manos allí, en el vidrio una vez que estaban a una distancia considerable del suelo, fija su mirada en el crepúsculo.
—Te dije que esto sería lo más bello que verías.
Escuchó a Amatista, de inmediato le sonrió, tenía razón, más todavía porque ese era el mejor día de su corta vida.
—Peridot, no pienses que estás defectuosa—Su mirada fue llevada a su compañera de cabina, sorprendida:—Yo... yo soy un defecto, no tú, tú estás bien. No eres un error, sólo eres diferente a nosotras.
—No, tú haces todo bien—Peridot se acomodó en su asiento:—Peleas bien, eres fuerte, no quieren evaporarte.
—Peridot—Amatista desvió su mirada al horizonte:—Yo debía ser tan alta y poderosa como Jaspe—Confesó, cruzándose de brazos:—No soy ni la mitad de lo que debería, muchas veces me odio a mí misma por ello, por no ser lo que debería ser, por ser simplemente algo que salió mal.
—¿Odiarte? Eso inaceptable—Exclamó la gema verde:—Tú no puedes odiarte, tú eres genial, tú eres grandiosa—Confesó, ruborizándose ligeramente:—Yo... yo desearía ser como tú. Tú puedes hacer tanto, eres graciosa, eres increíble, no entiendo por qué te odiarías, no creo que seas menos como dices, no creo que seas menos que Jaspe, tú eres mejor que eso, mejor que ella ¿Por qué odiarte entonces? Tú... tú eres lo mejor del templo...
Su corazón latía con fuerza ante aquella confesión y no supo si estaba bien o mal, sólo supo que se sintió feliz al ver a Amatista sonreír, sólo aquello, eso le alivió el alma, eso le hizo obtener fuerzas de nuevo y llenarla de paz. Hubo un momento de silencio que terminó cuando la gema púrpura habló:
—No odies a Perla, ni a Garnet, ellas se han esforzado tanto por nosotras como no tienes idea, ellas arriesgan tanto por nuestra seguridad cómo nunca lo imaginarías.
—Pero... ellas querían evaporarme, Garnet, siendo tan seria, tan poderosa siento que...
—No es tan poderosa como crees—Amatista menciono, mirando el suelo:—Garnet es una fusión.
—¿Fusión?
—Dos gemas que decidieron unirse, sincronizarse, ser una sola. Eso es Garnet, no es una gema, son dos gemas, por eso es tan fuerte. Son dos amantes, dos seres que no pueden vivir sin el otro, ella es la encarnación del amor. Suena cursi, lo sé, pero es verdad y eso le hace fuerte y nuestra líder, ella sólo quiere nuestro bien.
Peridot no supo responder a eso, no pudo comentar pues le pareció increíble lo que escuchaba, quizás un tanto ilógico, pero increíble, no podía ver a Garnet más que como la líder seria y algo cruel del equipo, no como la viva muestra del amor.
Pronto anochecería, se bajaron de las atracciones y salieron de FunLand, Greg se despidió de su hijo con un fuerte abrazo y ellos tres caminaron de regreso al templo, Amatista debía refugiar a Steven y a Peridot antes que las primeras gemas corrompidas aparecieran en el firmamento nocturno, mientras tanto, Steven saltaba de alegría con sus ojos brillantes, adelantándose al grupo y cuando estuvo lo suficientemente cerca, entró sólo al templo, cerrando la puerta tras de sí. Amatista se detuvo a unos metros de la entrada, Peridot se detuvo con ella.
—¿Quieres intentarlo?
—¿Qué cosa?—Preguntó Peridot, curiosa.
—La fusión. Fusionemonos.
Propuso Amatista, estirando una mano hacia su amiga, quien estaba sorprendida ante eso, y aunque ninguna de las dos habló, en sus miradas hubo la comunicación suficiente, Peridot tomó la mano de Amatista y fue rápidamente jalada en un baile lento, fue tomada por su cintura y dio unos pasos suaves antes de ser inclinada hacia atrás y su compañera de baile inclinada sobre ella. Pegó su frente a la frente de ella, su gema brillo, la gema de Amatista también, cerró los ojos mientras escuchaba un susurro suave:
—Para mí, tú eres lo mejor del templo.
Aquellas palabras le generaron increíble felicidad y armonía, sintió que comenzaba a desaparecer y unificarse con ella, sintió que sería algo más, que sus luces se unirían, que empezaba a formar algo nuevo cuando repentina y violentamente la puerta se abrió de golpe, generando un fuerte sonido que les asustó, Peridot empujó a Amatista y las dos tomaron distancia mirando a la puerta, Perla, Garnet, Jasper y Lapislázuli salían a gran velocidad del templo, se veían molesta, de inmediato Perla las comenzó a regañar como si fuese una madre histérica, alzando sus brazos y dando vueltas mientras repetía lo peligroso de estar fuera a esa hora. Culminó entonces empujando a Peridot dentro del templo y cerrando la puerta, dejándola encerrada dentro con Steven.
Peridot avanzó por las escaleras, era de noche y no tenía sueño, al llegar a su habitación se colocó sus prótesis bionicas y se dispuso a leer unos libros antes de acostarse, pero mientras transcurrían las horas se dio cuenta que leer era en vano, su cabeza estaba todavía divagando en todos esos recuerdos que compusieron ese día, su cabeza divagaba de nuevo en Amatista. Todo volvía y ella se sonrojaba con cada recuerdo. Fue a eso de las once de la noche que su puerta se abrió, vio a Steven asomarse con sus ojos húmedos y temeroso, entró:
—¿Puedo dormir contigo? Yo... tengo una muy mala sensación.
—¿Dormir conmigo?—Balbuceó, dándose cuenta que no poseía ni un rastro de sueño, sentía que no necesitaba dormir, pero la mirada de Steven era para no rechazar:—Bien, ven.
Cerró el libro y se echó a un lado de la cama, Steven cerró la puerta y caminó hacia ella. Subió al colchón y se acostó en un pequeño espacio, abrazando a Peridot como si fuese un peluche, hubo silencio entre ellos hasta que Peridot apagó la luz para que se durmiera, que fue el momento que lo escuchó hablar:
—Tengo un muy mal presentimiento, es una corazonada.
—Steven, tranquilo—Contestó en la oscuridad:—Todo está bien, yo te protejo cualquier cosa.
Lo abrazó ligeramente y cerró los ojos, aunque no necesitara dormir, aquello era costumbre, así que se dejó envolver por la seducción del sueño y su mente fue tomada entonces por otra cosa, no era Amatista ni la diversión del día, era algo más, algo que le había perturbado, algo que comenzó a carcomer su mente antes de caer en la inconsciencia...
Las gemas no duermen, no lo necesitan.
La guardería. Allí se formaban las gemas malas.
Tuvimos que llevarte a la guardería.
Hay algo realmente oscuro en ellas.
Si tan sólo supieras lo que realmente somos.
