Resumen del capítulo anterior: Peridot ha recuperado consciencia en "La guardería", que dicho por Perla, es el lugar dónde gemas malas se formaban. Después de tener un enfrentamiento con Perla y un conversación con Steven es invitada por Amatista a un día de diversión y entretenimiento que le abrirá paso a recuerdos ajenos en su mente.
"Lo que realmente somos"
Esas palabras en su sueño hicieron eco mientras los sonidos de fondo le despertaban lentamente, sonidos parecidos a llantos que se repetían en sus oídos y decían palabras indescifrables, quejumbrosas, tristes, que se iban alejando en un paso quizás apurado hasta que no logró percibirlo, pero su sueño ya había sido interrumpido, no le quedó de otra que despertarse completamente para darse cuenta que estaba muy oscuro, sólo la luz de su ventana falsa medio alumbraba en un amanecer holografico, pero aquello era suficiente para saber que ya era de día. Rascó sus ojos con sus dedos flotantes y con cuidado se levantó sin despertar a Steven, que dormía en la cama, plácidamente. Caminó en silencio por la habitación hasta la puerta mientras recordaba con gratitud todo lo sucedido el día anterior, sus mejillas se sonrojaron ligeramente en un tono verde-azulado y ella salió cerrando la puerta. Deseó entonces encontrar a Amatista y el único lugar para hacerlo a esa hora de la mañana era en la última habitación del templo, en lo más profundo, donde hacían constantes reuniones secretas.
Bajó entonces casi corriendo, con una extraña emoción interna y brillo en sus ojos que rompían con la oscuridad y la humedad de las escaleras en espiral, pero mientras más profundo iba más pesado era el ambiente hasta empezar a escuchar lloriqueos dolorosos en la distancia. Se detuvo mientras una muy mala sensación la llenaba ¿Quién lloraba? ¿Por qué lo hacía? Bajó con cuidado y lento mientras podía distinguir que el llanto provenía de Perla, aunque no lograba distinguir ninguna palabra que decía.
Detuvo su andanza frente a la puerta y tragó en seco, estiró una de sus manos y los dedos flotantes empujaron la puerta con cuidado. Ella se asomó y dirigió su mirada hacia adelante, ninguna de las gemas había notado la puerta semi abierta. Pudo ver perfectamente a Perla, quien se encontraba dandole la espalda a la puerta, recostada su pecho al mesón mientras sus brazos daban apoyo a su rostro mientras lloraba con fuerza. Garnet estaba a su lado, abrazándola con fuerza, dándole también la espalda a la puerta. Jasper estaba en una silla, con sus codos en sus rodillas y sus manos siendo el apoyo a su rostro oculto por su palma y sus cabellos desordenados, Lapislázuli estaba allí, a su lado, no hacían contacto físico, ella simplemente apretaba su falda con sus manos mientras intentaba aguantar el llanto que le quebraba la garganta.
Sintió que la empujaban ligeramente y dio un paso hacia adentro llamando la atención de todas al mismo tiempo que escuchaba detrás de sí misma.
—¿Qué pasó con Amatista?—Preguntó Steven, abriéndose paso y entrando a la habitación:—¿Ella está bien?
Aquella pregunta notificó la peor noticia que Peridot pudo haberse imagino, mientras Perla rompía en llanto de nuevo y Lapislázuli simplemente no logró contener su estado, Jasper quedó inerte en la silla, sólo Garnet se acercó a Steven y tomando una burbuja dónde había una gema rota, se agachó a él y mostró mientras las lágrimas escurrían por debajo de su visor:
—Perdónanos Steven, Amatista fue rota en batalla.
Peridot tembló ante esas palabras, observó la burbuja con detenimiento viendo diez fragmentos que en algún momento conformaron una sola gema, una sola personalidad y que ahora deslucía su opacidad y trozos astillados. Steven estiró sus manos hacia ella, hacia la burbuja y con sus ojos desbordando lágrimas la acercó a su pecho buscando una señal de vida. Reventó la burbuja y colocó todos los fragmentos en una mano mientras que la otra era mojada con saliva, cual colocó encima de aquellos fragmentos.
—No, Steven—Garnet le tomó las manos y encerró los fragmentos en la burbuja:—Ya está rota, los muertos no se curan.
Los labios del niño temblaron ante aquello y Garnet dejó la burbuja en el aire antes de abrazarlo mientras lloraba.
Peridot había caído a sus rodillas y temblaba, sus lágrimas se derramaban a su rostro y al suelo mientras se le hacía imposible creer que lo que había escuchado, pues los recuerdos obtenidos en el último atardecer estaban tan vivos sobre su piel que no permitían que esta noticia la tomara. Pero los segundos pasaron y la imagen rota de aquella gema comenzaron a apoderarse de ella.
—¿Por qué...—Balbuceó:—dejaron que ella se rompiera?—Cuestionó:—¡¿Por qué dejaron que Amatista se rompieran?! ¡¿No que son un equipo?! ¡¿No que se cuidan entre ustedes?! ¡¿Qué les sucede?! ¡¿Qué clase de gemas son?!
Culminó gritando con fuerza, limpiándose las lágrimas con sus manos mientras un gran vacío era adquirido en su pecho, Sintió entonces que la alzaban, Jaspe la había jalado de la ropa y la subía, pudo ver entonces en los ojos amarillos de aquella gema un sinfín de sentimientos, entre ellos la rabia, el arrepentimiento y la tristeza.
—¡Cállate!—Le gritó Jaspe con ira:—¡¿Tú que puedes saber de lo que alguna de nosotras sufrimos todas las noches?! ¡¿Qué puedes saber de lo que es arriesgar nuestra vida peleando?! ¡Tú no sabes nada e igualmente acabarás rota o corrompida como todas!
Fue entonces lanzada al suelo, había sido tirada como una piedra y su cabeza golpeó primero sintiendo un terrible dolor que se expandió por su cuerpo, escuchó las exclamaciones de todas y supo que algo no iba bien, intentó levantarse pero sus piernas no pudieron sostener su cuerpo y apenas pudo voltear y tocar ligeramente su gema con sus dedos temblorosos para darse cuenta que tenía una profunda grieta.
—Detente Jaspe—Escuchó a Lapislázuli:—La romperás.
Hubo un gruñido de respuesta y luego pasos para culminar con la puerta cerrándose.
Aquella tarde había sido deprimente y hostil. Peridot no se había movido de la playa y miraba con nostalgia y depresión el agua y cómo rompía con las olas para regresarse hacia el mar, ahora aquello no lo veía con el brillo y el esplendor de la primera vez, sólo observaba el agua turbia llorando al llegar a tierra como si de antemano supiese lo que había sucedido en la noche.
Unos pasos ligeros se encontraron a su lado, era Lapislázuli, quien se sentó junto a ella y miró el mar también con la misma depresión pero quizás más calma. Hubo silencio entre ellas, ninguna de las dos dio palabra en los primeros minutos hasta que pronto la gema del agua mencionó:
—¿Steven curó tu gema?
—Sí—Contestó con amargura:—¿Cómo está él ahora?
—Mal—Suspiró Lázuli:—Deprimido, aunque... Perla está peor.
—...mm...
—¿Sabes, Peridot? Perla y Amatista eran muy amigas aunque pelearan constantemente. Ellas dos se la mantenían mucho tiempo juntas, se conocen desde hace unos... ¿Cuatro mil años? Oh, pobre Perla—Se lamentó, limpiándose las lágrimas:—Para mí esto ha sido tan... doloroso, no me imagino cómo es para ella.
—Tú...—Se animó a hablar Peridot:—¿Desde hacía cuánto la conocías?
—Desde hace un poco más de quinientos años, tal vez. No sé realmente.
—¿Cómo fue que... Amatista se rompió?
Preguntó, apretando sus manos y sus labios mientras gruesas lágrimas se formaban en sus ojos por la terrible idea que no quería ser aceptada en su cabeza. Hubo silencio unos segundos, Lapislázuli entonces desvió su mirada al cielo y contestó en un tono extremadamente triste:
—Por descuido—Suspiró:—Sólo por ello. Teníamos una formación y Jaspe se movió de su puesto en la batalla, Amatista quedó expuesta pero... oh, no sé que le pasaba a Amatista, había estado muy, pero muy distraída, no le prestaba atención a nada, si no hubiese estado tan descuidada anoche...—Se lamentaba:—Si nosotras hubiésemos reaccionado a tiempo... maldita sea—Lloró:—¿Por qué todo tuvo que terminar así?—Limpió sus lágrimas en vano, pues siempre salían más y más, miró entonces a quien estaba sentada a su lado:—Peridot, por favor, no menciones nada de lo que te he contado. Te lo ruego, mucho menos lo hagas frente a Jaspe, se ha lamentado tanto.
No supo que decir ante aquello más que el constante pensamiento, la idea perturbable que todo aquello pudo haberse evitado si Jaspe no se hubiese movido de su posición, aquella idea, aquella historia contada había sembrado en su mente la semilla del rencor, rencor que primeramente no quería aceptar pero ya empezaba a parasitar su gema lentamente. Después de aquello sólo pudo pensar en que tal vez todo hubiese marchado diferente si Jaspe hubiese recibido el golpe, imaginó un universo alterno donde Amatista siguiese viva y estuviese allí, con ella, algo tan fantástico pero que se limitaba a la fantasía innata del deseo de un romance no concretado y que nunca lo haría.
Ya no podía ver la situación de la misma forma, el mar más que un lamento ahora parecía arrojar con el viento un grito de furia y melancolía que le aturdió al punto de hacerla irse de la playa, deseando devolver el tiempo a su curso y con la amargura de la pérdida y el vacío encima, Peridot dio pasos fuertes en la arena hasta llegar al templo. Entró, había completo silencio, ya no oía el mar ni el viento, no había los rugidos de Jaspe, las órdenes de Garnet, los cantos de Perla, los juegos de Steven ni... la risa de Amatista, aquella risa tan conmovedora y que le había marcado tanto. Ya no estaba y no volvería.
Pasó por el pasillo, bajando en la oscuridad y pronto a llegar a su habitación logró ver otra con la puerta entreabierta, sintió curiosidad pues sólo había entrado a la habitación de Amatista y Steven, aquella no la reconocía. Se asomó con cuidado y vio a Perla sentada en el orillo de la cama, Steven estaba a su lado y los dos hablaban en baja voz para no ser oídos.
Se retiró en silencio y se adentró en su propia habitación, imaginando como sería la situación si hubiese sido otra gema, tal vez si otra gema hubiese sido rota, tal vez si Amatista siguiera viva... tal vez, sólo eso, un efímero tal vez. Cerró los ojos queriendo dormir y desaparecer de ese mundo, de que fuese una pesadilla y nada más, pero su melancolía llegó cuando tuvo que aceptarlo, estaba en el mundo real y nada podía ser cambiado. Una gema corrupta había destruido a Amatista y en aquél momento Peridot sólo quiso destruir a las gemas corruptas... las odiaba. Su mirada se fijó en su escritorio y allí vio el desestabilizador de gema, otra de sus tantas decepciones. Sintió rabia, ella sólo podía causar decepciones y más decepciones. Deseó nunca haber tenido la horrorosa idea del desestabilizador, ni tampoco haber probado con todas las gemas presentes su estúpido invento sólo para ser humillada al probarlo con Steven ¡Todo había sido un fiasco!
Steven.
Apretó sus puños entrecerrando los ojos sin quitar la mirada del desestabilizador, sólo para darse cuenta que había cometido un fatal error, pues Steven era medio humano y su cuerpo no se componía de luz sólida, sino de material orgánico como todos los humanos. Sería imposible desestabilizarlo como a una gema normal. Creyó entonces haber encontrado algo, la luz en su mente estrelló sus ideas, pues, tal vez, realmente ella no había fallado, tal vez su invento si funcionaba.
Rápidamente tomó el desestabilizador de gemas y corrió hacia la puerta de la habitación, adentrándose de nuevo en la oscuridad total de un mundo vacío y triste. Corrió por las escaleras, pasando puerta tras puerta, habitaciones tras habitaciones, demasiadas para la poca cantidad de gemas que vivían en el templo, eso le hizo detenerse en seco y preguntarse la existencia de aquellas puertas. Pero prosiguió su camino.
Al llegar a la última habitación, entró. Estaba completamente sólo además de la gema rota de Amatista y de las gemas oscuras, corrompidas. Temblaba al darse cuenta de lo que realmente haría y al peligro que se expondría, pero avanzó firme y fue hacia una de las burbujas, la rompió y dejó libre la gema corrompida que no tardó en emitir una forma física de un animal salvaje, parecía un lobo con gran melena de león azul, que aulló en unos hirientes ojos rojos y mostró grandes colmillos. Peridot retrocedió mientras apretaba el desestabilizador de gemas. Dio pasos hacia atrás hasta tropezarse y caer contra el suelo, viendo la gran gema corrompida casi encima suyo. Estiró entonces su artefacto y cuando la gema le saltó encima hubo contacto entre el artefacto y la bestia. De inmediato la forma física de la bestia se quebró y evaporó en nubes de luz para luego caer al suelo.
Estaba atónita, su invento había funcionado, era un éxito, había podido evaporar una gema corrompida, y ahora, aquella piedra convulsiva y oscura estaba completamente afectada, no podría liberar otra forma física pronto. Peridot la encapsuló en una burbuja, la euforia y la emoción le llenaban pero al mismo tiempo la decepción de no haber hecho las cosas bien desde un principio, quizás si hubiese hecho mejor la prueba, Amatista siguiese viva... quizás.
La puerta se abrió repentina y ella giró a ver quien era, observó a Perla entrar, con los ojos enrojecidos de llorar y su rostro pálido mostrando el pesar de los sentimientos en vez de la jovialidad y elegancia de siempre.
—Peridot ¿Qué fue ese ruido?
—Nada—Contestó, escondiendo detrás de su cuerpo el desestabilizador de gemas:—Yo me pregunto si... Amatista podría...
—No regresará—Habló Perla:—Sus fragmentos son su mente que proyectaba su ser. Está rota, su mente está rota, liberarla sería exponer al mundo el caos que tiene su gema al estar fragmentada, un caos tan brutal que la corrompería. Amatista está muerta.
—Hablas como si tuvieses experiencia en eso.
—Tengo más de cinco mil años, Peridot. Yo también fui joven como tú y también creí que podía cambiar las cosas y hacer más de lo que ya está fijado—Hizo una pausa unos segundos:—Nunca quise decir que te evaporáramos, no fue mi intención y no quiero que suceda, lo siento si no he actuado tan bien como esperabas de mi.—Volteó entonces para salir de la habitación.
—¡Espera!—Detuvo Peridot:—¿Por qué hay tantas habitaciones en este lugar? ¿Acaso aquellas habitaciones pertenecían a gemas que han sido rotas?
Hubo silencio minutos enteros hasta que Perla decidió responder:
—Es una pregunta interesante.
Fue lo único que dijo, dando pasos hacia afuera y cerrando la puerta detrás de sí misma. Peridot entonces quedó allí, con sus pies plantados en el suelo y su mirada fija en la puerta por cuestión de minutos, llevó su mirada a la gema encapsulada y rota de Amatista y luego caminó con resignación y dolor hacia afuera, sus manos arrastraban el desestabilizador de gemas y cuando comenzó a subir escaleras pudo sentir que realmente faltaba algo allí, no sólo era Amatista, era la alegría, la amabilidad y la sensación de que allí vivía alguien, pues el templo parecía más vacío que nunca. Se detuvo frente a unas habitaciones ajenas, una de esas que estarían vacías, y no supo por qué, pero en un impulso, entró. Esperó ver un cuarto pero en cambio observó un pasillo largo lleno de puertas y con una extraña luz fucsia. Habían relojes detenidos en las paredes y humedad en el ambiente. Cuando Peridot revisó, todos los cuartos estaban llenos de burbujas encapsulando gemas fragmentadas. Se dio cuenta que algunas puertas daban a otros pasillos que no recorrió por miedo a perderse, pero pronto encontró que el templo no era un solo pasillo oscuro sino un gigantescos complejos de pasillos y puertas.
Salió de allí tan distraía en sus preguntas que por un segundo se olvidó de cada cosa que sucedía en el templo, pero claro, esto fue por un muy corto tiempo, pues cuando llegó a su cuarto volvió a ser consumida por el rencor, esta vez no era dirigida hacia las Crystal Gems, esta vez eran dirigidas a estas gemas mutantes que se asomaban en la noche para destruir todo lo posible. Debía admitirlo, las odiaba con toda su gema, deseaba exterminarlas.
Aquello le hizo cuestionarse, le hizo pensar una manera de ganar las batallas, de triunfar, no importa si hubiese bajas en el proceso, ya no le importaba tampoco lo que le sucedería a las Crystal Gems, ya no sentía por ellas un tanto de remordimiento, simplemente el rencor había estado todo ese tiempo tomando camino lo suficiente para ahogarla en un mar que no le dejaba existir tranquilamente. No era agradable ser ella en ese momento.
Las horas transcurrieron y ella había obtenido una idea, algo que realmente podía funcionar, un desestabilizador de gema que atacase a varias al mismo tiempo, quizás por un diámetro determinado, algo caótico y poderoso, sólo que necesitaba materiales, muchos materiales para realizarlo y la única gema que podría ayudarla allí era Amatista y se encontraba muerta. Aquél recuerdo la atormentaba, era doloroso, era sofocante, le hacía heridas profundas que supuraban depresión y tristeza. Pronto, siendo atestada por ese doloroso recuerdo deseó dejar de pensarla, deseó no haberla querido como la quiso, deseó que no estuviese muerta y antes de darse cuenta, lloraba de nuevo.
Estaba en las escaleras cuando las Crystal Gems salían, ni Jaspe ni Garnet le dirigieron la palabra, pero Perla y Lapislázuli se despidieron previniéndola que no saliese del templo.
'Jum, salir ¿Para qué voy a querer salir?'
Pensó, torciendo su boca ligeramente mientras bajaba las escaleras de nuevo, deteniéndose en frente a otra puerta en el cual no había entrado, algo le decía que debía mirar allí, mientras otra parte de sí misma le advertía que no. Dudó bastante, el temor terminó convenciéndola y retrocedió, había algo allí que le llamaba pero al mismo tiempo le espantaba, algo había ahí dentro, algo importante.
Caminó entonces a la última habitación y entró silenciosa, vio la burbuja suspendida en el aire de Amatista y con cuidado se montó en una silla y la tomó, pero ésta se volvió nubes en sus dedos, incluso los cristales, desapareció como una ilusión y entendió que esa burbuja era falsa, la verdadera burbuja debía estar en algún lado. Salió entonces de aquella habitación y subió, usó sus instintos para deducir la ubicación: La habitación de Amatista. Entró allí y vio encima de una pila chatarra la esfera, sólo le bastó escalar y tomar la burbuja en sus manos para luego salir en la oscuridad y seguridad que le daba la noche.
No sentía necesidad de dormir ni cansancio, sólo ansiedad, ansiedad de haberse robado los restos de una gema y haberlo escondido en su cuarto, ansiedad de empezar otro nuevo proyecto en plan de venganza. Ansiedad de que se estaba desconociendo a sí misma.
