Resumen del capítulo anterior: Amatista ha caído en batalla y aquello ocasionó el nacimiento de un ambiente depresivo en el templo y de sentimientos rencorosos en Peridot, que además, ha descubierto un complejo lleno de pasillos y gemas rotas. Ahora, con sed venganza, Peridot está decidida en crear un arma capaz de poder ganar la batalla contra las gemas corruptas sin importar el costo.
Estaba otra vez allí, en aquél pasillo de extraña luz fucsia que daba a las habitaciones con las gemas rotas, observaba cada puerta y cada reloj detenido en horas diferentes, podía sentir el lamento desde allí que entonaba el silencio de aquellas gemas quebradas, gemas qué, como le había dicho Lapislázuli hacía unos días atrás, fueron antiguas compañeras que se había quebrado en batalla, compañeras que habían dado todo de sí mismas y habían amado tanto a la tierra que no les importó quebrar su ser para que las demás criaturas tuviesen una oportunidad. Aquél lugar eran sus tumbas, tumbas que silenciosas se lloraban a sí mismas, tumbas que sólo daban melancolía a las gemas y resentimiento de no haberlas podido salvar a tiempo, pero aquello daba una nueva cuestión para Peridot ¿Acaso aquellas gemas malas eran tan poderosas? ¿Cómo las Crystal Gems habían caído tanto de ser millones a sólo ser unas cuántas? No se lo explicó en su momento, pero ahora tenía un extraño gusto de estar allí, de visitar aquellas tumbas y escuchar el silencio de sus lamentos.
Había sido ya bastantes días de la muerte de Amatista, el ambiente no era menos pesado pero había un poco más de ánimo, pero era notorio la ausencia de unas gemas, principalmente de Jaspe, que no solía verla ni escucharla, tenía días que sólo llegaba a encerrarse y nadie más que Lapislázuli tenía una idea de lo que sucedía. Por otro lado, aquél equipo ahora se encontraba más tenso que antes y parecía que las cosas no les iba tan bien en la noche, aunque quisieran mostrarle a Steven lo contrario. Pero Steven era un niño al cual ellas debían criar y proteger, debían hacerle ver que todo iba bien, que saldrían del problema, pues cuando los adultos y experimentados perdían la fe y el control de la situación ¿Quién podría ser el que levantara a los niños inocentes? Peridot era consciente también que ese híbrido no era tonto, que sospechaba bastante aunque siempre quería mantener el mejor ánimo posible aunque casi todo el tiempo era notorio lo herido que estaba por la muerte de Amatista. Habían heridas que no deseaban cerrarse.
Ahora estaba allí, justo en su habitación con los planos de su arma en mano y una estructura un tanto pesada frente a ella que había tardado en construir, pero ya las bases estaban listas, sólo le quedaba lo demás... que era bastante. Peridot continuó trabajando, hacía días que no dormía, no lo necesitaba, ya todas las necesidades humanas se habían desvanecido, podía referirse a ella como una gema completamente, pero todavía no mostraba una habilidad como las demás gemas del templo, algo que simplemente le dolía, pues en su interior se odiaba a sí misma por no ser más que una inútil que no pudo hacer nada para salvar a quien de verdad amaba.
No supo cuántas horas pasaron antes de sentarse en la cama y realizar unos cálculos para verificar que haría bien la siguiente parte, se tardó un poco en ello y luego tomó suficiente aire por su boca antes de estirar su cuerpo. Miró entonces a su lado, allí se encontraba la burbuja donde se hallaba la gema de Amatista, rota en diez pedazos. Sus ojos se humedecieron y ella apenas pudo limpiarse las lágrimas antes que escurrieran completamente por sus mejillas, para luego, con un dedo tocar aquella burbuja, cual se deshizo en su silencioso quiebre que dejó caer los pedazos a la cama. Peridot con cuidado armó la gema como si fuese un rompecabezas y una vez toda armada, pareciendo una gema sana y sin un quiebre, le habló con voz arrepentida:
—Amatista, lo siento, no pude ayudarte, he sido una completa inútil desde que fui creada—Hizo un segundo de silencio, esperaba una respuesta, respuesta que sabía que no llegaría nunca:—No entiendo por qué sigo hablándote, cuando no me escuchas—Cuestionó mientras lloraba:—No entiendo por qué he sido tan inútil, por qué no puedo hacer lo mismo que hacen las otras gemas, por qué soy tan diferente...
Sollozó, apretando su mandíbula y las sabanas de su cama con sus manos, pronto entonces una luz se proyectó en el aire desde la gema quebrada y aquello le hizo sentir especialmente feliz, pues sabía que Amatista seguía allí, seguía viva, todavía el caos no le dominaba, todavía había una oportunidad de ser salvada. Vio entonces como aquella luz formó la imagen holográfica de una playa, o más bien de la playa y como parecía que iban avanzando a unos pasos rápido, Amatista el estaba mostrando algo.
—Ya está anocheciendo ¿Seguro que está aquí?
Escuchó la voz de aquella gema, se emocionó, estaba muy feliz, era un atardecer en la playa, ya casi era de noche.
—Sí, Garnet dijo que estaría aquí.
Esa vez fue la voz de Lapislázuli la que sonó ligeramente y no hubo más conversación por un minuto, el cielo se oscureció y Peridot pudo ver la gema acuática adelantarse, por instantes esperó ver a Amatista, pero supo que no lo haría, pues lo que veía era un recuerdo de ella. Todo estaba muy oscuro en la playa,
—Pronto vendrán, Lapis, ¿Crees que la encontremos antes?
—No sé, pero mira—Señaló a unas luces aproximándose en el cielo y a una figura naranja despegando de la playa hacia arriba:—Jaspe ya fue, ya están aquí, pero no podemos irnos sin encontrarla.
—¿Sólo Jaspe?
—Cuando la encontremos, yo iré con ella. Según Garnet hoy no vendrá gran cosa.
Ellas adelantaron el paso, acercándose a la carretera y viendo a la distancia un autobús que viajaba a Ciudad Playa a gran velocidad, con las luces encendidas e ignorando completamente la feroz batalla que se mantenía en el cielo. Había explosiones y fuertes luces que parecían no ser vistas por ningún humano normal. Fue en un instante imprevisto que una bola de fuego se desvió y le llegó al bus, de inmediato, Peridot sintió un fuerte dolor en su cabeza mientras veía el bus caer hacia la arena y volcarse prendido en llamas hacia la playa, se escuchaba el ruido de los golpes, de los vidrios quebrándose, de las personas aplastándose y quemándose adentro, algunos gritos que fueron rápidamente callados mientras Amatista y Lapislázuli corrían hacia allí.
Sintió su gema quemar su cuerpo cuando observó tantos cadáveres tirados en el suelo y lo que fue en algún momento un autobús. Fue entonces que vio a Lapislázuli correr y exclamar mientras señalaba algo en el suelo:
—¡Debe ser ella! ¡La que ha dicho Garnet! Sigue viva... y es la única viva.
Peridot se inclinó hacia adelante, con sus ojos bien abiertos y miró detenidamente aquello que Lapislázuli había señalado mientras Amatista se acercaba, pronto ignoró completamente lo que las dos gemas decían, pues el ardor que daba en su cabeza fue demasiado al ver a quien estaba en el suelo: Era una chica. Lo primero que observó fue la melena amarilla regada por todo el suelo y la piel que alguna vez fue blanca, ahora enrojecida y y cortada con los vidrios y quemadas con el fuego. Su ropa estaba rota y ensangrentada, no poseía brazos, sólo prótesis de los codos hacia abajo, prótesis ahora destrozadas, sus piernas tampoco estaban, una había completamente aplastada mientras la otra estaba por la mitad, pues la otra mitad era también una prótesis. Su cuerpo estaba bañado en sangre que escurría por las múltiples heridas que le recorrían completamente, sería imposible que un humano pudiese sobrevivir a eso.
—¿Cómo la llevaremos al templo?
Peridot por fin prestó atención a la conversación, su cuerpo sudaba y temblaba al verla, parecía haber visto un fantasma o a alguien muy importante aunque no podía reconocerla, era frustrante, era doloroso. Lapislázuli formó entonces un gran brazo de agua que alzó a la chica con cuidado del suelo y la colocó en los brazos de Amatista.
—Vete lo más rápido que puedas, iré a ayudar a Jaspe.
Anunció la gema acuática, formando dos grandes alas de agua y alzando vuelo, Ahora sólo podía verse la imagen del fuego, la playa y la chica sangrante. Amatista empezó a correr a gran velocidad pero con cuidado, pues con cada movimiento parecía que la muchacha perdía más y más sangre, la condición empeoraba cada minuto. Tardó quizás cinco minutos en llegar al templo y de una patada abrió la puerta y corrió hacia adentro, por las escaleras, siendo lo más delicada que podía. Llegó entonces a la última habitación y la abrió con otra patada.
—Amatista, no hagas eso ¡Ya iba abrir yo!
Exclamó Perla, tapándole los ojos a Steven, quien se quejó, pues quería ver a la chica que traían.
—¿Seguro que funcionará, Garnet? La veo muy muerta.
—No sé, pero no debemos dejar que esta gema se termine de formar en el suelo. La única forma es que se forme de una humana.
Dijo la líder, viendo como colocaban a la chica en el mesón central y pronto se acercó a ella, colocándole una gema triangular y verde en el pecho. Hubo silencio mientras la gema empezaba a brillar y envolvía con su brillo a la chica, que fue ligeramente levantada, pronto, el cuerpo de carne se empezó a descomponer siendo absorbido por la gema, lentamente, parecía entonces que aquél recuerdo fue adelantado, pues todo empezó a verse extrañamente rápido. El cuerpo de la joven se volvió cenizas y la gema verde, brillante, emitió luz, mucha luz, formando un boceto de un cuerpo que sólo tenía sus brazos a media y una pierna. Poco tiempo pasó antes de que se terminaran de formar las extremidades y luego unos minutos la silueta de esa gema ya estaba lista, era la misma silueta de la chica. Los ojos de Peridot, entre el ardor y el dolor de algo que no reconocía enfocaron sorprendidos aquello: el brillo cesó mostrando el cabello amarillo, igual que el cabello de la chica, el rostro, igual que el de la chica, el cuerpo, igual que el de la chica... era esa chica, con la piel ahora verde y el cabello amarillo. Cayó entonces la nueva gema delicadamente sobre el mesón.
—¿Una gema creada a base de una humana? ¡Creen que ella sea como una humana!—Escuchó a Steven.
Nadie pareció responder ante aquello, nadie habló, expectante a que la nueva gema se levantara, a que hablara, a que reaccionara y pronto lo hizo, emitió un grito agudo mientras sostenía su cabeza, abriendo bien sus ojos y jalándose el cabello, aquella gema en alaridos de dolor, dijo:
—¡NO TE DEJARÉ TOMAR MI MENTE!
La gema brilló en verde muy intenso mientras el cuerpo parecía convulsionar de dolor, Garnet corrió al mesón y la sostuvo mientras los gritos aterrados hacían eco, mucho eco, y en un segundo todo se detuvo, la gema dejó de brillar, el cuerpo dejó de gritar y hubo silencio, mucho silencio, pronto tomaron distancia y el tiempo pasó silencioso mientras parecía que había una batalla interna de quien dominaría ¿Sería la humana? ¿Sería la gema? ¿Cuál de las dos vencería? Y después de un rato, sucedió. La gema abrió los ojos y estiró su mano hacia arriba, parecía nueva, parecía recién creada, ya era obvio quién había ganado, ya era obvio que la mente humana había cedido.
Peridot reconoció todo lo que sucedería entonces, cuando Amatista y Steven se asomaron, cuando Perla los regañó y el recuerdo terminó cuando Perla dijo:
—Es un gusto conocerte, Peridot.
Con sus ojos bien abiertos y su mandíbula temblando, acababa de ser revelado algo tan importante y extraño que no supo reaccionar, estuvo estática por minutos enteros mientras parecía recuperar su fuerza, sentía arder su gema, un ardor tan intenso que la sacó de su perturbada mente. Ella se retorció con sí misma, tocando con sus dedos la joya en su frente, cerrando los ojos y apretándose en sí misma por el intenso dolor que sentía, parecía que algo quería regresar a ella, algo importante quería volver a su cabeza.
—Mami, mami, mira, personas peleando en el cielo.
Escuchó aquella voz infantil en su cabeza, ella abrió rápido sus ojos tomando mucho aire y todo a su alrededor pareció borrarse y aparecer la imagen de un carro por dentro, ella ubicándose en una ventana, mirando hacia afuera con sus manitos de niña pegadas al vidrio, su piel clara recubierta con una chaquetita amarillo pastel. Al otro lado de la ventana, en el cielo, podía ver luces que fuertes estallaban y siluetas de personas peleando.
—Mami, mami, a esa persona le cortaron un brazo y volvió a crecer...—Exclamó emocionada, volteando al frente, viendo la cabellera rubia de sus padres en el puesto del frente.
—Caroline, los brazos no vuelven a crecer.
Escuchó a su madre, hizo una mueca y luego le sacó la lengua, aprovechando no ser vista, volvió sus ojos al frente para seguir viendo el espectáculo en el cielo mientras entraban a la ciudad playera, pero sus ojos divisaron una gran luz blanca que se dirigía al carro, fue cegada y dejó de sentir, pareció desconectarse de todo y lo siguiente en sus memorias fueron voces que no lograba reconocer, diciendo cosas que no logró identificar, para luego sentir como le acariciaban la cabeza y una voz femenina balbuceaba:
—Pobre, ha quedado sola.
Aquella memoria desapareció en su cabeza y fue llenada de oscuridad mientras era tragada por la desesperación, pronto otra luz tomó sus ojos cerrados, no sentía sus brazos ni sus piernas, cuando abrió sus ojos se vio en un bus de asientos azules, su cabeza recostada a la prótesis que hacía de brazo y mano, con su frente en la ventana y sus piernas, también con prótesis, cruzadas. Había ruidos en el lugar y al voltear había una gran cantidad de jóvenes riendo y echando chistes. Sabía dónde estaba, era la salida prevista de su facultad para un trabajo importante que debían hacer a final de semestre, el viaje era largo y ella se había dormido, pero despierta ahora era imposible no contagiarse con la alegría del momento.
—¡Caroline! ¡Bebamos!
Fue invitada, ella se echó a reír y estiró una prótesis para recibir la botella, pero sus ojos fueron tomados entonces por aquello, estaban cerca de la ciudad playera que hacía años había sido testigo de un fatal accidente. Ella tembló, sobre todo al ver aquellas extrañas luces en el cielo, de nuevo, se echó hacia atrás queriendo creer que sólo era su imaginación y luego miró a su alrededor, parecía que no había nadie más que viese la terrible batalla, quizás era su imaginación, quizás sólo era paranoia y pensar aquello le hizo sentir mejor. Suspiró y se divirtió unos segundos antes de darse cuenta que se acercaba una gran bola de fuego, gritó, quizás ese fue el último sonido que emitió antes de ser ahogado por el fuego y los alaridos de dolor, el vehículo estalló en fuego mientras rodaba pero para ese momento ella ya no estaba consciente, quizás entonces fue la última vez que Caroline existió.
Tomó una pesada bocanada de aire mientras temblaba, estaba ahora acostada en la cama de su habitación del templo, era ella de nuevo, era Peridot, acabando de recordar un recuerdo que no supo si realmente era propio de ella. Sus ojos lloraban sin darse cuenta y sus extremidades temblaban, ahora no podía dejar de darle vuelta a aquello, ni siquiera sabía como reaccionar ante eso. Se sentó lentamente, todavía con sus ojos bien abiertos y tragó en seco, ignorando completamente los fuertes golpes en su puerta y a Steven llamándola desesperado, no era el momento para atenderlo.
—Yo... era una humana...
Su voz estaba a punto de quebrarse y ella no sabía qué hacer, apenas le dio el esfuerzo por encapsular los fragmentos de Amatista en una burbuja antes de poder hacer cualquier otra cosa. Estaba hecha caos, se encontraba en blanco, todos lo sabían entonces, todos sabían que ella había sido una humana, incluso Steven lo sabía, por eso las gemas parecieron querer puffearlo cuando comentó el parentesco con los humanos, por eso no poseía habilidades especiales y tuvo necesidades humanas en un principio. Su cabeza era estrago.
Un sonido fuerte le sacó de sus caóticos pensamientos, era una patada a su puerta y reaccionó que Steven la estuvo buscando, así que con cuidado se bajó de la cama y con pasos inseguros abrió la puerta, pero no había nadie, miró hacia los lados, dándose cuenta que la puerta del cuarto del chico estaba abierta y escuchaba pasos rápidos que se dirigían a la puerta de salida del templo, tardó unos minutos en reaccionar, pero luego supo que él tenía pensado salir de allí. Saltó hacia afuera de un brinco y corrió por las escaleras a toda su velocidad al detenerlo, pues ya sabía mucho más que antes que la noche era extremadamente peligrosa, lo último que quería era que él muriese. Gritó llamándolo, se acercó a la entrada del templo, dónde lo vio, se le tiró encima y lo tumbó a la arena.
—¿Qué crees que haces?—Exclamó.
—Están en peligro, debo protegerlas, yo tengo el escudo de mi madre.
—No—Negó, agarrándolo con fuerza y presionándolo al suelo.
Al volver la mirada hacia arriba observó a un gran monstruo en tonalidades verdes brillantes, con una gran melena, manejaba el agua y el hielo, atacaba entonces a las gemas malas, que eran bestias, muy grandes y feroces bestias que parecían querer destruirlo todo. Aquél monstruo parecía invencible, hasta que entonces una gema corrompida en particular apareció, de grandes dientes y ojos feroces, al abrir el hocico disparaba un potente rayo que en un principio aquél monstruo verdoso esquivó, pero luego sólo causó que brillara y se separaran dos gemas de allí, Jaspe cayó al suelo, Lapislázuli logró mantenerse en el aire con sus alas de agua.
—¡Jaspe! ¡Tranquilízate!—Exclamó, bajando a tierra:—Mantén el control.
Pero Jaspe rugió en ira e invocó su arma, un casco naranja. Se preparó para atacar cuando grandes ataduras de agua la apresaron, Lapislázuli se acercó a ella.
—Sé que te sientes mal por la muerte de Amatista ¡No fue tu culpa! Ella se descuidó, no tienes por qué dejarte vencer ¡No te corrompas!
Exclamó, pero el rugido de Jaspe se volvió más fuerte que antes, el cuerpo de aquella cuarzo brillo en un tono oscuro y pudo distinguirse su gema teñirse en tonos grises mientras daba una forma una muy parecida a un animal, el agua que le mantenía presa pareció hacer más presión y entonces... un rayo atravesó la gema de Jaspe, aquella gema corrompida había disparado de nuevo. La gema se quebró completamente y la luz emitida desapareció, cayó a la arena.
—¡Jaspe no!
Gritó Lapislázuli, levantando una pared de agua que la separara de sus adversarios, ella corrió a la gema rota y la sostuvo en sus manos, exclamó con fuerza mientras sus lágrimas bajaban a su rostro y pegó la gema a su pecho, fue a encapsularla cuando dirigió la mirada hacia el templo: Allí estaba Steven y Peridot, congelados al ver lo que sucedía. Entró en pánico, ellos se suponía que no debían estar allí, debía sacarlos del campo de batalla, abrió su boca para regañarlos, para mandarlos adentro, pero el sonido de la pared de agua evaporándose llenó sus oídos y no dio tiempo a hablar ni a voltearse para defenderse, un rayo atravesó su espalda, su gema y su pecho. Lapislázuli soltó la gema rota de Jaspe y su cuerpo, siendo sólo luz, se empezó a quebrar hasta que desapareció completamente, la gema rota de Lapislázuli cayó a la arena de la playa con los primeros rayos de luz del amanecer. El sol entonces espantó a las gemas malas, dejando sólo dos opacas gemas quebradas en la arena.
