Resumen del capítulo anterior: Peridot ha descubierto la verdad sobre su origen y por qué, desde el inicio siempre fue tan diferente a las demás gemas, pero la oscuridad que ha avanzado en ella y la terrible despedida de Jaspe y Lapislázuli ha sido presenciada no sólo por ella, si no también por Steven.


El silencio ahogaba el templo, ya ni si quiera podía escucharse el llanto doloroso de Steven, los lagrimeos de Perla o las pisadas de Garnet, pues ya no había sonido que emitir, palabra qué decir o dolor que expresar, pues la depresión les había consumido desde aquella mañana, cuando las gemas de Lapislázuli y Jasper fueron quebradas, justo al amanecer, para segundos después llegar Perla y Garnet y encontrarse con esa horrorosa escena, donde el llanto de Steven, mudo en los primeros segundos quedó en segundo plano y luego todo sumirse en el silencio eterno. Perla había avanzado primero, con sus ojos húmedos y su expresión firme, se agachó, encapsulando las dos gemas por separado y avanzando fúnebre hacia el templo, parecía cansada, cansada de llorar, cansada de sufrir y cansada de tener miedo, ni siquiera se detuvo un segundo a levantar a Steven, ni a decirles nada, sólo pasó caminando sin esperar nada.

Garnet pareció congelada en los primeros minutos, luego juntó sus dos manos e inhaló profundo como si respirar fuera para ella una necesidad, tampoco dijo mucho, sólo avanzó hacia ellos y empujó a Peridot a un lado para tomar a Steven y llevarlo en brazos hacia dentro, desde ese momento aquella gema líder no había hablado, no había dispuesto un sonido o una orden, sólo podía escucharse de ella algunos pasos cuando subía las escaleras y algunos susurros, como si mantuviera una conversación sola en su habitación, pero no podía distinguirse qué era.

Ya Steven no salía de su habitación, algunas veces entraba Perla a animarlo, otras veces Peridot lo hacía, pero verlo era observar la viva imagen de la depresión, no tenía ánimos ni de comer, Peridot incluso podía notar que el chico había estado rebajando en esos últimos días, algo que le preocupaba, así que había veces que iba a su habitación y conversaba con él por bastante rato, quería que Steven hablara, que él se expresara y que se volviera el mismo niño feliz que una vez conoció, que sonriera, que riera, pero era difícil, había perdido a tres de las personas más importantes que él tenía, incluso podía decir que el mismo dolor que lo alimentaba hacía salir a flote los dolorosos sentimientos que la gema de su madre guardaba.

—¿Sabes, Peridot?—Dijo él una tarde:—Estoy seguro que mi mamá sintió miles de veces esto... Yo no quiero que vuelva a pasar.

—Steven—Peridot se acomodó, acercándose a él:—No pasará de nuevo.

—¿Cómo lo sabes? Todas se irán algún día, todas terminarán rotas... sólo quedará ella—Balbuceó, tocando su gema:—Siento que mi madre será lo único que me quedará... o lo que queda de ella...—Acarició la gema de cuarzo con su dedo:—A veces sueños con una risa, a veces creo verla, a veces siento que ella me intenta mostrar lo maravilloso que es el mundo, pero no lo puedo ver así, siento que ella me ama y que nunca me abandonará, eso me alivia, no estar solo me alivia, que mi madre estará conmigo me alivia.

—Nosotras no te abandonaremos, Steven, yo no lo haré, puedo jurarte que...

—Claro.

Contestaba él, dando media vuelta en su cama, mirando solo la pared y dejando a Peridot con un amargo sabor en la lengua, pues era verdad lo que él decía, algún día todas serían rotas y ella no era buena dando ánimos, normalmente veía cómo cada día ese niño alegre se sumía más y más en el ahogo depresivo. No estaba bien, para nada bien.

Para intentar olvidar todo aquello, Peridot se concentraba en lo suyo, en la creación de su máquina desestabilizadora de gemas, ya había avanzado bastante, pero últimamente veía como un extraño líquido brotaba de una de las partes que irradiaba energía, era espeso, parecido a una baba y con un raro sabor mentolado y frío, no podía decir bien lo que era, ni siquiera tenía idea. Por otra parte, solía ver el recuerdo de Amatista, cuando encontraron a Caroline, solía inundarse en recuerdos humanos, en recuerdos de una vida turbia en un orfanato, usando prótesis, aguantando algunas penas, solía sentir la desolación, el terror y el odio que un humano sentía, solía llenarse de rencor, no sólo a las gemas malas, si no a las Crystal Gems, pero ese rencor no era propio de ella, era diferente, era el rencor de Caroline, el rencor por no haber sido dejada morir como debía, por haber sido utilizada sólo como una batería, rencor por haber desgraciado su vida, todo ello se acumulaba en su gema, pronto y poco a poco, Peridot comenzó a darse cuenta que en su devastada mente se iba formando otra consciencia, algo que le era difícil reprimir, difícil controlar, algunas veces parecía que se unían y otras que dejaba de ser ella misma, cuánto más deprimente era una situación, peor se volvía aquella otra consciencia.

Construir su máquina era una verdadera distracción, una forma de despejarse, todo era olvidado cuando empezaba a hacer las pruebas, todo menos el hecho de que tuviese a Amatista en su mesita de noche, todavía quebrada, pero solía hablarle, algunas veces unos recuerdos se proyectaban, pero normalmente no, aún sentía que había vida en ella, pero esas gemas rotas parecían oscurecerse cada segundo más. Ese día, Peridot dio vueltas alrededor de su máquina, la observaba con detenimiento mientras el líquido escurría, no sabía por qué salía, pero sí sabía que era

abundante. Ese día entonces tomó una pequeña muestra en un tubo, con una paletita y lo dejó en la mesita de noche, justo a un lado de los fragmentos de Amatista, iba a hacerle unas pruebas cuando escuchó un extraño sonido proveniente de su máquina. Se acercó entonces viendo qué sucedía a su más reciente creación, vio que vibraba

mientras el sonido aumentaba más y más, se inclinó ligeramente sobre ella con curiosidad y de un pequeño espacio donde debería haber un tornillo, salió expulsado un gran chorro de aquél líquido mentolado, ella hincó hacia atrás y vio como después de ese chorro pareció solidificarse en aquél agujero y el sonido cesó.

—Rayos, ahora deberé limpiar este desas...

Sus palabras fueron opacadas por un extraño brillo que se produjo detrás de ella, volvió rápido hacia los fragmentos de Amatista, que brillaban bañados por ese extraño líquido y antes de poder hacer algo, ese brillo cesó y pudo ver ante sus ojos que los diferentes fragmentos parecían unirse entre ellos, la gema volvía a recuperarse, no podía creerlo, aunque no quedó perfecta pues entre las uniones de los fragmentos había una linea que parecía de haber sido fundida.

—¡Amatista! ¡Amatista! ¡¿Puedes oírme?!—Exclamó.

No pasó mucho cuando la gema brilló y se levantó ligeramente. Amatista regresaba, Peridot le dio espacio con lágrimas en los ojos, vio como las diferentes formas de Amatista cambiaban hasta llegar a la actual, que descendió sin dejar de brillar al suelo, pero antes de que la luz blanquecina acabara, algo pasó, la imagen se distorsionó, la luz se oscureció, la gema se vio ennegrecida y un grito de dolor fue emitido, no era claro que decía, pero se podía escuchar ligeramente un '¿Por qué?', desgarrador y fuerte. La figura se deformó, aumentó de tamaño y cayó a cuatro patas en el suelo, Peridot retrocedió horrorizada, la criatura que estaba en frente ya era visible, tenía el aspecto de un felino y un color muy, pero muy oscuros en morado. Aquella criatura emitió un fuerte rugido desgarrador mientras su cuerpo parecía descomponerse en luz para luego componerse de nuevo, se acercó enfurecido a Peridot y antes de poder saltar a ella, una lanza lo rozó, clavándose justo en la pata de la cama. La gema verde volteó asustada y vio en la puerta a Perla y a Garnet.

—¡Corre!

Gritó Perla, justo en el tiempo la criatura saltaba en un ataque, Peridot corrió hacia afuera, metiéndose entre las piernas de las otras dos gemas, se encontró afuera con Steven, que asustado había salido a ver lo que pasaba, ella lo tomó de la mano y corrió con él hacia abajo, escuchando los destrozos de las gemas arriba.

—¡¿Peridot, qué pasó?!—Preguntó Steven.

De inmediato el rugido se sintió más cerca, Peridot volteó viendo a la bestia correr hacia ella, y en un salto se vio muerta por instantes, pero la lanza lo atravesó por la cabeza y la forma física se evaporó, casi al mismo tiempo, Garnet saltó y con su puño golpeó la gema de Amatista, rompiéndola de nuevo y encapsulándola.

—¡Peridot!—Gritó Perla, con sus ojos humedecidos:—¡¿Acaso era eso Amatista?!

—Ehm... yo...—Balbuceó Peridot, su pecho había dolido al ver como la gema se rompía:—Sí...

—¡¿Por qué lo hiciste?!—Perla se acercó:—¡Te lo dije bien!

—Fue... un accidente—Peridot dio un paso atrás, empujando ligeramente a Steven:—Pero... ¡Yo sólo quería que ella regresara! ¡¿Qué tiene de malo?!

—¡Que ella nunca lo hará!—Perla se agachó y la tomó por los hombros, batiéndola:—¡Amatista está muerta!—Gritó con lágrimas en los ojos:—¡Muerta! ¡Y nunca regresará! ¡Igual que Jaspe! ¡Igual que Lapislázuli! ¡Lo único que generaste es que tuviésemos que romperla de nuevo! ¡¿Por qué lo hiciste?! ¡¿Por qué?!

Lloró, batiendo con más fuerza a Peridot, quien se estremeció por el brusco movimiento, fue entonces que Garnet las separó y alejó a Perla, quien lloraba molesta y triste, la vio irse llevándose a Steven, quedando sólo la fusión y ella. Garnet desapareció la burbuja en sus manos y le hizo una seña a Peridot, ahora la gema verde debía seguirla, sería castigada, de eso estaba segura.

Anduvieron por las escaleras hasta llegar a aquella puerta, la puerta que daba mala espina, la del brillo oscuro. Garnet entró, Peridot la siguió y observó dentro un complejo de pasillos en un tono negro con muchas burbujas llenas de gemas oscuras, algunas negras, que flotaban por todo el lugar, inertes. Ninguna de las dos habló por los primeros minutos, hasta que Garnet mencionó.

—Lapislázuli me había dicho que entraste a la habitación de las gemas rotas, ella te vio un par de veces—Hizo silencio, sin mirarla:—Esas gemas de esa habitación fueron nuestras aliadas que se rompieron en batalla, justo como Amatista, Lapislázuli y Jaspe. Fueron extensas batallas, Peridot, batallas por este planeta.

—¿Y estas gemas? ¿Son las enemigas?

—Déjame contarte una historia—Garnet recostó su cuerpo a la pared y lentamente se sentó en el suelo, Peridot hizo lo mismo:—Hace más de cinco mil años, un grupo de gemas decidió venir a este planeta para colonizarlo, creó "Guarderías", lugares donde se creaban más gemas, pero al hacerlo, absorbían toda la vida de la tierra—Colocó sus manos con las palmas hacia arriba, proyectando una imagen de cada gema que se unía en una imagen holografica grande, allí se podía ver perfectamente lo que contaba:—Pero Rose no pudo soportarlo, ver como las diferentes formas de vida morían por nuestra culpa fue algo que ella no toleró y rápidamente hizo una rebelión, se opuso ante todo, ante las Diamantes, hacia su propia raza. Millones de gemas se unieron a ella, entre ellas, Perla y yo. La batalla fue intensa, duró mil años, pero ganamos, la guerra cesó, muchas murieron en batalla. Apagamos todas las guarderías y sacamos todas las gemas en formación. Todo parecía que marchaba bien pero... no. Algo pasó, algo que nadie previó. Muchas gemas sufrían, dolidas por la muerte de quienes antes habían sido muy cercanas a ellas, muchas gemas se lamentaron y fue ese arrepentimiento que las corrompió, las gemas se volvieron oscuras y se transformaron en monstruos, monstruos que no podíamos detener. Luchamos contra ellas, contra nuestro propio ejército, las evaporamos, las encapsulamos, pero pronto, una por una, nuestro ejército iba cayendo en la corrupción, en el dolor, en la tortura de tener que evaporar y encerrar a quienes una vez en nuestra vida fue nuestra hermana. Quedamos pocas y algunas gemas despertaron después, pero sin la vitalidad concedida por la vida del suelo, morían al poco tiempo. Entendimos entonces que nosotras no podíamos vivir en armonía, nuestra terrible realidad fue formando un ejército oscuro de gemas que cayeron en la depravación y arrepentimiento, enloqueciendo. Un ejército poderoso que no podíamos detener... Ni Rose podía. Pero estábamos juntas, eso era lo que realmente importaba. Luego Rose se enamoró de un humano y decidió darle un hijo—Cerró sus manos, ocultando sus gemas y desapareciendo el holograma, llevó una mano a sus lentes, los acomodó y luego se retorció un poco, parecía sentir dolor:—Nació Steven. Eso marcó una nueva época para nosotras, ya nuestra líder no estaba y yo pasé a ser la nueva líder—Se pausó varios minutos:—Pero creo que no he dado la talla, pues hemos perdido a gemas que con Rose podían estar sin corrupción, y sin su guía he visto como estamos cayendo—Tomó entonces las manos de Peridot:—Peridot, soy consciente que Perla y yo no aguantaremos mucho tiempo, las batallas son intensas, sólo nosotras no podemos ser lo que se necesita en estos momentos, así que si algo nos pasa, por favor, saca a Steven de este lugar, huye lo más que puedas, vete lejos con él, Steven es nuestra esperanza. Prométeme que lo mantendrás seguro, por favor.

Sintió entonces presión sobre sí misma, mirando fijamente a Garnet sintió que más que una petición, era una súplica, una dolorosa y desesperada súplica, exhaló entonces bajando la mirada y en un tono bastante suave, contestó:

—Sí... yo... lo prometo.

Lo notó entonces, justo cuando Garnet le soltaba las manos, en el preciso momento cuando pudo ver las dos gemas, una estaba oscurecida, la otra brillante. Abrió bien sus ojos ante eso y rápido volteó a verle el rostro, pero la fusión ya se había levantado y acomodaba su visor con la mano de su gema oscura, ¿Debían las gemas de una fusión ser de diferentes colores? O es que ella estaba...

—¿Corrompida?—Balbuceó en un hilo de voz, mientras Garnet salía.

Se quedó allí entonces, pensativa, repasando cada cosa sucedida, apretando sus manos ¿Las gemas corrompidas eran gemas que habían seguido a Rose? ¿Luchaban contra ellas mismas? Gemas corrompidas en dolor, gemas que enloquecieron... justo como Amatista, que perdieron su forma, que se volvieron monstruos y sufrieron, que vieron morir a quienes más amaban, esas eran esas gemas malas. Antes de darse cuenta, las lágrimas se deslizaban por sus mejillas y caían como gotas al suelo desde su barbilla, fue entonces que escuchó la voz de Perla en su cabeza y ella misma entonces lo cuestionó en voz alta:

—Si sólo supieras... lo que realmente somos.

Esa pregunta había tomado mayor fuerza en su mente, causándole debilidad.

—Yo sé lo que realmente son—Escuchó esa voz, escuchó a Caroline:—Son monstruos.

—Ahg... ¡Cállate!—Exclamó, tapando sus oídos:—Cállate, cállate.

Se levantó de sopetón, apretando su cabeza con sus manos mientras caminaba hacia la puerta, quería alejarse de allí, de las gemas corrompidas, del lugar donde reposaría Amatista, Lapislázuli y Jaspe desde ese día, quería alejarse de aquél recuerdo. Sus ojos los tenía cerrados y apretados mientras salían, ella estaba contra la fuerte y vengativa nueva consciencia que se desarrollaba. Subió por las escaleras, a cada paso sentía un puñal en su pecho, se sentía diminuta, herida y sólo fue cuando llegó a su habitación y visualizó la mesita donde había estado Amatista que se dio cuenta de lo herida que estaba, del severo dolor que sentía. Sus lágrimas corrieron por su rostro y ella cayó de rodillas, su cuerpo tembló y lentamente se fue ubicando en una esquina, abrazando sus piernas y ocultando su rostro en sus rodillas mientras lloraba, lloraba profundamente, como si le hubiesen arrancado el alma... eso era lo que sentía.

Sintió unas manos sobre su cabeza que la acariciaban, subió la mirada y observó a Perla, que con cuidado y en silencio se había posado a su lado. Ella se limpió las lágrimas.

—Yo también las quería mucho—Perla le movió un poco el cabello:—Amatista te tenía mucho aprecio. Comprendo que te sintieras triste, pero el caos de una gema rota corrompe. Ya no volverá, hay veces que debes aprender a simplemente dejar ir las cosas, en despedirte y aceptar que nunca más va a volver. Peridot, prometeme que no harás algo así de nuevo, prométeme que cuidarás a Steven, él nos necesita más que nunca. Por favor.

—Bien.

—Gracias—Le sonrió:—Eso me tranquiliza.

Se levantó con cuidado y salió de la habitación, cerrando la puerta detrás. Peridot se vio sola de nuevo, se sintió abandonada y con rabia, siempre era él, siempre era Steven el único que importaba, no pensaban en las necesidades de alguien que no fuese Steven. Sintió rabia, ella también sufría. Se levantó lenta, caminó hacia su invento y continuó con su creación, pues eso era lo único que le desahogaba, que le distraía, que le hacía salir del infierno donde vivía.

Sin saber, las horas pasaron y Peridot no se dio cuenta cuando las gemas salieron, se concentró completamente en su desestabilizador gema, la noche transcurrió tranquilamente, en silencio, hasta que cercano a las tres de la mañana, fuertes golpes en su puerta le asustó. Ella abrió rápido y vio a Steven con lágrimas en los ojos:

—Debemos salir, algo malo ocurrirá ¡Debemos salvarlas!

La situación se repetía, eso mismo había ocurrido cuando fueron rotas Jaspe y Lapislázuli, se iba a repetir todo y Steven vería otras dos muertes más, no podía permitirlo. Apretó la llave de tubo en sus manos y cuando él se volteó para correr hacia arriba por las escaleras, ella lo golpeó con fuerza, desmayándolo y luego tirándolo a su habitación, trancándole la puerta. Respiró profundo, nerviosa ¿Qué haría ella ahora? No podía pelear, no tenía ninguna habilidad, pero eso no le impidió moverse, tomó el desestabilizador gema de la máquina y corrió hacia arriba a toda velocidad, las escaleras se hicieron eternas, todo fue eterno, cuando salió a la playa no vio nada, pero si escuchó un fuerte grito. Corrió por la arena hasta ver a la distancia a Perla peleando con su lanza y a Garnet en el suelo, aullando, gritando, retorciéndose, con un ala naciendo de su espalda y pareciendo luchar contra sí misma.

—¡Garnet! ¡Resiste!—Gritó Perla, que apenas podía mantener las otras gemas a la raya.

—No te corrompas—Exclamó Garnet, notándose una doble voz:—Malditas gemas—Se respondió a sí misma:—Aguanta. No. Las mataré. Calmate. Déjame. No lo haré. Vete. No me desfusionaré.

—Basta, Garnet ¡Por favor!

—Es mi culpa que todas estén muertas. No lo es. No fui buena líder. Las malas decisiones no fueron tuyas, han sido mías, no te culpes. Yo dirigía y las maté. No mataste a nadie. Morirán todas por matarlas. No digas esas cosas. VETE. NO.

Sus alaridos eran desgarradores, su cuerpo empezó a brillar y las dos gemas que la conformaban brillaban de manera diferente, una azul, otra roja, el cuerpo de Garnet se empezó a separar, pero antes de poder hacerlo completo, una gema corrompida se les abalanzó, una gema que logró escurrirse a una desgastada Perla que no abastecía contra un ejército. Esa gema las atacó, pero una mano, la mano de la gema roja se atravesó, protegiendo a la gema azul, recibió todo el impacto y sólo transcurrieron unos segundos para que se quebrara en tres. El cuerpo de Garnet se disolvió y pudo verse brevemente la silueta de la gema roja, pequeña, de cabello de afro y contextura fuerte. Pronto esa silueta que quebró también y la gema rota cayó al suelo.

—¡GARNET! ¡RUBÍ!—Gritó Perla, siendo tumbada al suelo.

—¡Rubí!.

Gritó la gema restante, Zafiro, quien de piel azul y cabello pomposo. Zafiro se dejó caer de rodilla, apretando sus manos y temblando, mirando desconsolada la gema rota de rubí. Aulló, aulló con fuerza y Peridot supo cuál de las dos gemas era la que se estaba corrompiendo. Dos grandes alas salieron de la espalda de Zafiro, mientras su cuerpo parecía mutar en luz oscura, pareciéndose más a un vampiro que a una persona. El hielo comenzó a consumir la playa y la nueva gema corrompida se lanzó a la gema más cercana: Perla.

Ya Zafiro había caído, no poseía consciencia, sólo una bestia, un monstruo que atacaría para matar, que no retornaría. Perla esquivó rápido y con sus ojos llorosos, se preparó para pelear. Fue agredida por filosas dagas de hielo que salían de las manos de la Zafiro corrompida, esquivó varios ataques antes de si quiera poder acercarse, con su lanza cortó parte del cuerpo de su enemiga. La neblina se levantó y cubrió la escena, no podía verse nada, pero se escuchaban alaridos de diferentes direcciones.

Peridot temblaba, corrió entonces a la neblina, alzando su desestabilizador de gema y con ello logró evaporar el cuerpo de varias gemas corrompidas, pero no encontraba a Perla, sólo escuchaba el sonido de la lanza chocar contra algo, contra hielo, gritos enloquecidos y golpes. Luego de casi media hora perdida allí en la niebla, ésta empezó a disminuir, a bajar y el sonido cesó, vio una silueta acercarse tambaleándose y pudo ver a Zafiro cayendo casi a sus pies, evaporándose y dejando una gema azul casi negra. De la nada, de entre la niebla, la lanza atravesó la gema corrompida y la quebró, Peridot tembló y vio la alta y fina silueta de Perla acercarse, la neblina desapareció.

Allí estaba ella, Perla, cayendo al suelo de rodillas, sosteniéndose de su lanza y con su cabeza baja, ocultando la gema.

—¡Te llevaré rápido al templo!—Exclamó Peridot, tomándola de los brazos.

—Cuida a Steven.

Fue lo último que escuchó de ella, en un aliento que escapaba, en una voz seca, silenciosa, dolorosa y agonizante, que luego desapareció en la oscuridad y frente a los ojos de Peridot, el cuerpo de Perla se evaporó, la gema cayó a las pequeñas manos verdes, rota también, había sido atravesada justo en el centro y tenía un gran agujero que nunca podría ser sanado. Peridot tardó en darse cuenta, pero Perla estaba rota, Garnet había desaparecido y ahora sólo quedaban ella y Steven.


Hola, en esta historia no he comentado casi porque sólo quería que todo fuese a su ritmo y con cuidado. Bueno, sólo vengo a anunciar que este es el penúltimo capítulo. Ya el cap. que viene es el último y no será visto desde la perspectiva de Peridot, sino de la perspectiva de Steven. Me he tardado en actualizar porque mi internet es una porquería y por las clases.

Gracias :D hasta pronto.