Resumen del capítulo anterior: El origen sobre las gemas corrompidas ha sido revelado, y Peridot ha aceptado la petición de Garnet, pero sin ser consciente que la tragedia de su ruptura estaba más que cerca. Con el quiebre de Perla y Garnet, ahora en Peridot ha recaído el cuidado de Steven, el peligro de la noche y la cruel soledad.


Nota de autora: Este capítulo se narrará en la perspectiva de Steven.


Él estaba allí, tan sólo y silencioso en su cama, recostando su espalda en la pared y abrazando sus piernas, desde aquella mañana casi no se movía y en su cabeza no se olvidaba de lo que sucedió cuando despertó adolorido hacía varios días atrás. Ese día al abrir los ojos observó que su puerta se encontraba entreabierta, pero en el pasillo de afuera había tanta oscuridad y silencio que parecía solo haber nada, vacío solitario y eterno, pero por el reloj de su habitación vio que era de día y se extrañó no ver a Perla cerca, intentando despertarlo para que comiera o saliera a la playa, normalmente ella solía hacerlo, siempre solía cuidarlo, tan cercana y dulce como una madre. Los sentimientos de la noche habían sido borrados y él, sin recordar bien por qué el dolor en su cuerpo, salió. Había silencio. Las escaleras deslucían más que antes, estaban más frías y apagadas de lo que se acostumbraba, extrañaba las risas de Amatista y de Lapislázuli, la pelea de Jasper, ellas habían sido como sus hermanas, pero ahora no estaban y un enorme vacío se extendía en su cuerpo cada que lo pensaba.

Bajó con cuidado, respirando lento, había un ambiente más pesado que de costumbre, ningún sonido se sentía, ni pasos, ni lloriqueos, ni sonidos de máquinas y explosiones en el cuarto de Peridot, nada, absolutamente nada. Llegó a la habitación más profunda, que se encontraba entreabierta, extendió una mano para empujarla cuando ésta se abrió y frente a él encontró a Peridot, tan fúnebre y seria que parecía muerta, ella desvió su mirada y caminó con el desestabilizador de gemas en una mano, él miró entonces dentro y observó flotando dos burbujas donde habían tres gemas, tres gemas que reconoció, tres gemas que él amaba y que le había proporcionado los más grandes cuidados y experiencias maravillosas, tres gemas que lo hubiesen dado todo por él y que estaba más que seguro que lo hicieron.

—¿Por qué no las protegiste?

Sus palabras escaparon de su boca mientras gruesas lágrimas comenzaban a bajar por sus mejillas, sus piernas temblaban y él fue incapaz de dar un paso hacia ellas mientras el dolor en su pecho comenzaba a absorberlo completamente, parecía que se había abierto un profundo hueco en donde debería haber estado su corazón y sentía que sus pulmones se llenaban del más doloroso aire que hubiese respirado, quería que fuese un sueño, una terrible pesadilla, quería que no fuese verdad.

—¡¿Por qué no las protegiste?! ¡Dime!

Gritó, pero no recibió más respuesta que las pisadas alejándose por las escaleras, él cayó sobre sus rodillas y jaló su cabello con impotencia, por primera vez en su vida sentía ese amargo sentimiento que lo empezó a carcomer, no podía si quiera respirar sabiendo que quienes habían cuidado de él ya se habían ido, lo habían dejado y nunca regresarían, no podía imaginarse un mundo sin ellas, sin ninguna de ellas, Jasper, Lapislázuli, Amatista, Garnet, Perla, todas se esfumaron, se quebraron y él no pudo evitar sentirse culpable, sentir que era responsable de su muerte, de que ellas habían dado todo por él, incluso su propia vida. No quería creerlo, no podía creerlo y los crueles pasos que hacían eco se alejaban cada vez más.

—¡¿No te das cuenta que estoy solo?!

Exclamó, quería voltear, quería dejar de llorar pero no podía, la soledad que comenzaba a envolverlo lo había atrapado y ahora sentía que no podría salir, que caía en picada y nunca volvería a subir. Los pasos se detuvieron por segundos y no hubo sonido, no hubo voz, solo silencio, el cruel y absoluto silencio partió sus tímpanos y su pecho, pero en ese espacio doloroso se dio cuenta lo que realmente había dicho, se dio cuenta que no sólo había hecho responsable a Peridot de la ruptura de quienes consideró sus hermanas, sino que también la había rechazado y pudo haber jurado que aquello le había apuñalado a ella. Los pasos se escucharon de nuevo hasta perderse en el largo pasillo de las escaleras.

Desde ese día no se habían vuelto a dirigir la palabra, Steven se la pasaba en su habitación, no salía pero podía escuchar a Peridot salir un par de veces en busca de cosas para terminar su máquina, una máquina que él no podía comprender, también ella salía en la noche para asegurar la puerta del templo, las noches eran terribles, las gemas malas intentaban entrar y los fuertes azotes se escuchaban estridentes en la madrugada, él no podía dormir, aterrado temblaba y se abrazaba a sí mismo esperando que llegara el amanecer.

Los días avanzaban dolorosos y él muchas veces pasaba el tiempo proyectando desde su gema las imágenes ellas, recuerdos preciados, divertidos y amorosos que habían vivido, como la primer vez que Perla le cantó, o cuando Lapislázuli lo llevó sobre su espalda por encima del océano, incluso cuando hizo competencia de comer con Amatista o cuando fue arrojado al cielo por Jasper, también recordaba las veces que Garnet le leía un cuento, él se acomodaba en su lado de la cama y la proyectaba a su lado, con un libro en las manos. Él hablaba por ella, sincronizaba su voz con ella y entre lágrimas repetía cada palabra que ella decía mientras pasaba las páginas, para luego ver como la mano holográfica se posaban en su frente y ella le besaba antes de irse... una caricia que ya no sentía en su piel y no sentiría nunca. Ahora estaba sólo.

Respiró profundo, ya después de varios días se daba cuenta que debía cicatrizar sus heridas, después de ahogarse en lágrimas supo que no podía dejarse morir en tristeza, recordó entonces que nunca estaría solo, recordó a su madre, pensó en Rose, Rose había dado todo por él, para darle a él la oportunidad de existir y ser él la prueba viviente del amor. Ella había dado todo por él, igual que las demás y supo que ninguna de ellas querría verlo así, destrozado en su cama como si esperara la muerte segundo tras segundo. El dolor y el vacío todavía lo invadían, el rechazo de un mundo sin ellas lo atacaba pero ya empezaba a aceptarlo, comenzaba a encontrar sentido a la típica frase "La vida sigue", una frase cierta pero dolorosa.

Se levantó débil de su cama y salió de su habitación sintiendo la soledad del templo, recordó como ellas solían pasearse y llenar todo de vida, algunas veces discutían, algunas veces reían, pero ya no estaban. Le costaba pensarlo todavía, pero era la realidad. Caminó a la puerta más cercana y la abrió con cuidado, entró sigiloso, Peridot trabajaba con un visor de soldar puesto, la habitación era muy diferente a lo que recordaba, no había nada más que la máquina, cables, herramientas y Peridot, parecía que ella estaba tan adentrada en su trabajo que había olvidado el mundo.

—Peridot... hola.

—... mm, Hola.

Escuchó una respuesta seca y distanciada, creyó entonces que ella seguiría molesta. Jugó con sus manos ligeramente y buscó un lugar donde sentarse, parecía que era ignorado, así se sentía, sólo la veía a ella trabajar concentrada y soldando unas piezas.

—Has estado trabajando duro en la máquina... ¿Quieres que te ayude en algo?

—No es necesario.

—Oye Peridot... ya que sólo estamos nosotros ahora, pues—Comenzaba, viendo como ella apagaba la máquina de soldar:—Pensaba que nosotros debíamos encargarnos de las gemas malas. Tú tienes tu desestabilizador y yo el escudo de mi madre, no lo domino bien pero estoy seguro que...

—Sal de mi habitación.

Interrumpió Peridot, sin quitarse el visor de soldar, que le tapaba todo el rostro y la frente, ella apoyó sus manos en una baranda que poseía la máquina, tomó mucho aire, Steven no reconoció la firmeza con la que ella hablaba, parecía realmente disgustada. No retrocedió, sólo continuó hablando, cabizbajo y apretando sus puños a su lado:

—Lo siento, fui cruel contigo, ese día te hablé mal y te hice sentir que realmente no valías para mí, Peridot, lo siento. Pero no puedo quedarme así—Sus ojos comenzaron a humedecerse y llorar:—Garnet, Perla, Amatista, Lapislázuli, Jaspe, ellas eran realmente importantes para mí... y ahora...—Cerró los ojos mientras su voz se quebraba:—Y ahora no están, pero entiendo que nos toca a nosotros luchar ¡Por eso he venido! ¡Por que sé que juntos lograremos hacer algo! ¡Podremos dar paz a ellas! No estamos solas, Peridot, mi madre está con nosotros, yo soy parte de ella, ella parte de mí y nunca nos abandonará, realmente estoy triste pero no quiero que la muerte de ellas sea en vano, hazlo por eso, hazlo por Amatista.

—Sal de mi habitación.

Volvió a escucharla, Peridot apretaba con fuerza la baranda y había encorvado su cuerpo, tomaba profundo aire, parecía furiosa, él se acercó y la vio retorcerse y estirarse rápido, ella gritó:

—¡Sal de mi habitación, ya!

Eso lo sobresaltó, él hincó hacia atrás y la escuchó gritar de nuevo. Dio pasos hacia la puerta y entendiendo que ella no aceptaría, se fue, salió más herido que antes y sin mirar hacia atrás, miró el pasillo, tan oscuro, tan frío, tan sólo, lentamente regresó a su habitación y aunque en ese momento hubiese preferido silencio, lo único que escuchó fueron los gritos de una descontrolada Peridot, que parecía hablar con alguien o más bien pelear con alguien más. A veces era usual, la escuchaba conversar consigo misma como si hablara con otra persona, aunque las conversaciones eran bruscas y siempre terminaban en un "Cállate", fuerte, que se repetía una y otra y otra vez, para luego un eterno silencio. Otra palabra que solía escuchar era "Caroline", el nombre que Peridot a veces pronunciaba y él no entendía por qué.

Así pasó ese día, en la soledad absoluta. Cuando empezó a atardecer los gritos habían sido detenidos y el sonido de Peridot por las escaleras le hizo pensar a Steven que ella estaba asegurando el templo, de nuevo, pero luego de varias horas notó que ella iba y venía por las escaleras sin detenerse, quiso saber qué sucedía, pensó que reparaba algo débil en la entrada, no deseó verla de nuevo, no ese día, estaba ya demasiado herido por lo último como para continuar hiriéndose. Suspiró y tocó su gema, la acarició con sus dedos y deseó en ella sentir las caricias y el amor de su madre, quiso escucharla, añoró que apareciese, pero cada que intentaba tener la imagen de una figura materna se daba cuenta que para él no existía, tampoco los abrazos ni los besos, no había aquellas palabras esperanzadora que le calmaran ni un camino en el cual seguir. Se resignó a que jamás podría verla ni estar a su lado, no importa cuánto la necesitara. Dejó escapar entonces una proyección, alguien que jamás él había proyectado: Greg, su padre, quien cocinaba en una parrilla un poco de carne mientras su cabello largo se movía con el viento.

Una lágrima corrió por su mejilla mientras lo recordaba: Su padre, quizás la única persona en este mundo que lo amaba realmente, lo extrañó, extrañó estar a su lado, sus extraños consejos, su gracia y su apoyo, vio en él lo que necesitaba: Apoyo, compañía, amor. Estiró su mano para poder sentirlo y cuando su mano rozó la luz del holograma, éste se esfumó haciéndole recordar que realmente sólo fue una imagen, sólo eso, él no estaba ahí, y aunque sus lágrimas se deslizaban por sus mejillas, él encontró fuerza: Si terminaban con todas las gemas malas, podría regresar con su padre, podría vivir con humanos, podría ser un niño. Se sintió más dispuesto que antes.

El sonido fuerte de pasos y algo ser empujado brusco se escuchó, estaba por las escaleras y él por minutos se desconcertó, esperó un poco antes de salir, abrió la puerta y miró hacia arriba: Peridot desaparecía en la oscuridad empujando algo grande, una máquina. Él se sorprendió y volteó, todas las puertas estaban abiertas de par en par, las luces apagadas y no había brillo de ninguna gema encapsulada. Él fue al cuarto de ella y era exactamente lo que pensó, Peridot sacaba la máquina, ya lista, pero el resto de puertas abiertas le hizo sentir algo extraño y corriendo, bajó, dándose cuenta que todas las habitaciones, incluso las que se habían encontrado llenas de gemas rotas y corrompidas estaban vacías. No había nada. Buscó en la última habitación del templo, viendo lo mismo, vacío. Se dio cuenta que ni las gemas de Lapislázuli, Zafiro, Rubí, Jaspe, Perla, estaban. No había nada en el templo. Supo que algo había mal, él subió corriendo, rápido, asustado y llegó a la parte de afuera, acababa de ponerse el sol y sus ojos observaron a las miles y miles de gemas del templo en la playa, flotando cerca del suelo. Peridot acomodaba algo en la máquina sin quitarse el visor de soldar.

—¡¿Qué haces?! ¡Peridot! ¡¿Por qué las sacaste?!

—Acabaré con esto.

—¿Pero por qué las sacaste?—Cuestionó, ella no respondió al principio, sólo oprimió un botón en la máquina y empezó a quitarse sus prótesis biónicas:—¿Peridot? ¿Me escuchas? ¡Peridot!

—Ya lo entiendo, lo que realmente somos—Decía ella, dándole la espalda y quitándose el visor:—Somos parásitos, parásitos que necesitan existir de la vida de los demás, quitamos la posibilidad a otros para nacer y destrozar, siempre en nosotros existirá la sombra de las vidas que sacrificamos.

—¿De qué hablas?

Preguntó, la vio retorcerse otra vez, ella tapó su rostro y con esfuerzo, habló:

—Incluso en ti. Steven, perdóname, perdóname por lo que haré—Se sostuvo de la baranda y sin dejar de ver su rostro, bajó una palanca:—Ya llegan, esto acabará pronto.

—¡Peridot! ¡¿Qué te pasa?!—Exclamó él, corriendo a ella y tomándola de los hombros, pudo verle el rostro, la gema que en algún momento fue verde brillante estaba casi completamente negra:—¿Qué?

—¡SUELTAME ESCORIA!—Gritó Peridot, tirándolo al suelo:—No, no quise—Dijo, dando pasos hacia atrás:—Yo, yo... ah...ahgr—Se retorció.

Los gritos agonizantes de las gemas malas se acercaban desde el cielo, Steven ya podía verlos e incluso distinguir, estaba aterrado, pero frente a él observaba horrorizado como Peridot se retorcía en sí misma del dolor, comenzaba a rugir y moverse como animal salvaje, aunque ponía resistencia ante ello. Ella en un esfuerzo por controlarse, se lanzó contra el desestabilizador de gemas, bajando más palancas y oprimiendo más botones, la máquina brilló y ella gritó, gritó mientras se retorcía y Steven temblaba.

Él sintió que era atravesado por algo ¿Energía, tal vez? Pero no prestó atención que el desestabilizador de gema estaba terminando de cargarse, él sólo podía ver a una Peridot que comenzaba a mutar y en sus gritos, distinguió aquellas palabras en agonía, justo antes de volverse una criatura parecida a un animal:

—Perdóname, Steven, pero todas las gemas debemos desaparecer.

Ella había cedido y ahora él veía como esa nueva gema corrompida planeaba cazarlo, tembló y empezó a retroceder y cuando ella saltó hacia él, un fuerte sonido se liberó y una extraña energía comenzó a desprenderse de la máquina, Steven cayó al suelo, se sentía sofocado, apenas podía retroceder y en eso vio que Peridot caía al suelo, a unos metros y observó como unas líneas amarillas se le extendían hasta llegar a la gema, el cuerpo físico se evaporó y la gema empezó a brillar hasta que unas líneas se marcaron en ella y de repente... se quebró, la gema se quebró en tres y a los poco segundos pareció encenderse en un fuego azul y verde, volviéndose polvo, polvo que fue arrastrado por el viento. Peridot había muerto.

Las burbujas se reventaron, una por una, cada gema comenzó a volverse polvo, y ante sus ojos él observó como su familia era consumida completamente, cada una desapareciendo, vio como Perla se apagaba y el polvillo era llevado al mar, vio a las gemas corrompidas en el cielo sufrir lo mismo, cada una comenzaba a evaporarse, quebrarse, quemarse y volverse polvo. Cada una moría y sería olvidada en el planeta que salvaron.

Él sintió dolor, un agudo dolor que no lo dejó respirar y fue entonces que se dio cuenta que su cuerpo también emitía esa luz amarilla que iba hacia su ombligo, a su gema, abrió bien los ojos al darse cuenta que el dolor provenía de allí y entendió aquellas últimas palabras de Peridot. Quiso levantarse, quiso correr, pero el dolor lo consumía, él gritó, se retorció y con sus manos sostuvo su gema, haciendo presión, deseando que no sucediese, llorando desesperado, ahogándose. Fue entonces que esa fría sensación lo envolvió: Su gema se quebró, Rose había muerto también.

El sonido de una máquina le despertó y escuchó voces, muchas voces, todas de personas distintas, pero una se le hizo familiar, se tardó en abrir los ojos, pero al hacerlo vio una silueta borrosa conocida, al enfocar lo distinguió bien, era Greg, con lágrimas en sus ojos y una sonrisa que recién nacía, él lo abrazó mientras lloraba de felicidad, tomaba distancia para secarse las lágrimas y volvía a abrazarlo. Su padre estaba allí, estaban juntos ahora.

Steven supo después lo que había sucedido la mañana siguiente de esa horrible noche, según su padre, había sido encontrado en la playa, inconsciente, por una chica, que llamó rápido una ambulancia al verlo casi sin vida, de allí había sido llevado a un hospital que lo había internado por casi dos semanas hasta que despertó. Ahora él estaba allí, vivo, entre humanos y debía enfrentar una vida diferente. Una vida sin gemas, sin magia, sin peleas brutales, la vida de humanos.

Al principio fue difícil adaptarse, saber que ellas habían muerto le dolía, saber que su madre había muerto dolía, no ver más nunca a quienes lo habían cuidado y amado, ni siquiera en un holograma era duro, conformarse con las efímeras y grises imágenes en su mente le hacía sentir aún más vacío, pero poco a poco lo fue aceptando y encontró en la sencillez del ser humano un mundo cómodo en el cual vivir. Le tomó meses enteros volver a la playa, más tiempo fue acercarse al templo y mucho más poder entrar en él, era abarrotado de recuerdos que dolían y que lo hubiesen destrozado, pero ahora tenía una nueva vida, tenía un padre y amigos que lo apoyaban, iba a la escuela y centro de juegos, había aprendido a aceptar muchas cosas y a nunca olvidar a quienes lo amaron y lo protegieron.

Ya había pasado un año y medio, era una noche espléndida y su padre y él habían hecho un picnic en la playa, veían el cielo despejado y las miles de estrellas, más brillantes y hermosas de lo que alguna vez Steven las había visto, el mar hacía su melodía y el viento lo acariciaba, la paz que sentía era grande, nunca antes habría sentido ese amor por la noche, sólo allí, en ese momento, con su padre. Pero él sabía que su tiempo ya se estaba terminando. Su cuerpo se había marchitado en ese año y medio sin su gema, pues aunque era mitad humano, su otra mitad era la de una gema y esa mitad había sido destruida, no podía vivir por más tiempo y él sabía que de esa noche no vería el amanecer, pero lo había callado, su padre no lo sabía y ahora estaban los dos allí, disfrutando de lo que sería su última noche juntos, Greg cantaba mientras tocaba la guitarra, Steven pensaba mientras miraba el cielo y sonreía, deseaba que las gemas estuviesen allí, con él, mirando la noche con tanto gusto como él lo hacía, amando las estrellas y la luna que alumbraban. Su padre se levantó y fue a la camioneta por un momento y Steven apoyó sus manos en la arena. En cierto punto estaba agradecido con Peridot, pues ella le había permitido vivir el año y medio más emotivo, dulce y agradable de su vida, le había permitido ser un niño humano, aunque fuese por poco tiempo.

Sintió su cuerpo débil y se dejó caer en la arena, acostado y con sus ojos cerrados pudo sentir como poco a poco él iba desvaneciéndose, la cuenta regresiva estaba terminando y él aceptaba eso, pues ahora lo entendía, incluso en su existencia híbrida la oscuridad de las gemas lo perseguían, al igual que las gemas al crearse robaban la vida del suelo, Steven había tomado la vida de su madre al nacer, su existencia giraba en torno a las gemas y éstas habían desaparecido, también lo haría él.

Pudo sentir cuando su padre lo recogió del suelo, abrió ligeramente los ojos para verlo, él lloraba.

—Steven, Steven, hijo ¿Qué sucede? ¡te llevaré a un hospital!

Negó con la cabeza, sin hablar, su debilidad era mucha. Las lágrimas de su padre caían a su rostro y él las sentía deslizarse en su piel, lo escuchaba pero ya no podía distinguir ninguna palabra, ni siquiera sus ojos se mantenían abiertos, su respiración no se sentía, pero él sabía que su padre lo sostenía y lloraba, en ese momento sólo deseaba que él dejase de llorar, que fuese fuerte. Steven sabía que nadie lo podría salvar, quizás sólo un inyector de la guardería, pero su gema había sido rota, era poco probable. Él quería que su padre también lo aceptara, también pudiese darse cuenta que aunque no habría un amanecer juntos y poder seguir adelante, que aunque no estuviese en físico, siempre lo seguiría queriendo.

Steven lo había comprendido, lo que realmente era. Al igual que las gemas nacían a consta de la vida ajena, él sólo podría vivir parásitando una gema. Él lo sabía.

Ya sin poder ver, y casi sin poder oír las palabras de sus padres, tomó todo el aire que pudo y con sus últimas fuerza, dijo:

—Gracias. Te amo, papá.

FIN.


Woh, terminé esta trágica historia oscura sobre gemas y ya siento ese vacío de cuando terminas algo, pero esa satisfacción por haberlo hecho. Sé que la historia no fue lo que la mayoría esperó, pues se manejaban las cosas con más drama de lo que en la serie se manejaría, sin comedias y un tanto más de seriedad.

Quise mantener las personalidades lo más fiel posible, pero ya se dieron cuenta que no lo logré como quería, quizás por la manera en la que se desenvolvía la historia, quizás por mala praxis mía (?). Sé que a varios le desagradó Garnet, o la vieron desgraciada o injusta, en ningún momento quise que se viese así, no me di cuenta cómo llegué a dar esa imagen de ella, yo quería poner a una líder serie que fuese seguida por la presión de proteger no sólo a sus guerreros sino al hijo de su líder y a muchos humanos, una líder en apuros, pues sabía que estaban en desventaja. Una líder que se culpaba de las muertes de los suyos, por aquello se corrompió, quizás Peridot al final logró comprender aquella parte de Garnet.

Aunque todo se viese a la perspectiva de Peridot, el final quise que fuese Steven que lo contara, quise mostrar más al personaje híbrido y que fuese él, en su inocencia, que acompañara las últimas líneas, que él mostrara la soledad y el dolor, y con él, que se comprendiera el amor y la aceptación que tomó en la última etapa de su vida para poder seguir adelante.

La historia fue un tanto difícil para mí, pues mantener el ritmo constante, serio y sin colocar distracciones, dando detalles importantes en los capítulos para ir armando el rompecabezas se me hizo complejo. Como no tomaba un aire relajado, la narración también se me hizo un poco compleja, pues quería intentar expresar y hacer llegar lo que los personajes sentían.

La historia nació no sé cómo, sólo sé que apareció de repente en mi cabeza y fue como que... "woh, debo escribirlo", y aunque por el desarrollo no sería del gusto de muchos, he disfrutado hacerla.

Doy gracias por el tiempo que se han tomado en leerla, por los Reviews y el apoyo que me han dado. Espero que la hayan disfrutado.

¡Hasta el próximo fanfic!