Hola mis fieles seguidores y publico en general, la verdad estoy bastante feliz, por que al parecer las historias que he estado escribiendo han tenido buena respuesta, y eso me motiva a seguir escribiendo, enserio gracias a todos los que se toman un poco de su tiempo para leer esta historia, y pues no he subido la continuación por cuestiones de la Universidad y eso, y a parte estoy haciendo otros escritos actualmente a parte de este, agradecería mucho si se pasaran a leerlos
Las historias que estoy realizando actualmente son:
Un futuro incierto (KanaxYuki) {Que en la brevedad posible subiré la continuación}
Lo hago por que te amo (ChikanexHimeko)
Bueno, dejándolos de interrumpir tanto, comencemos con esta historia
Aquel acaramelado reinado (Empecemos a conocernos)
El tan solo hecho de mirarla a los ojos me cautivaba, esos bellos y brillosos ojos azules, la princesa Megurine era magnifica, nada se le podía comparara, desde su bello cuerpo hasta su esbelto y bien formado cuerpo, no cabía duda alguna de que era de realeza, su único y gran porte te orillaba a pensar que era alguien de clase alta. Era sin lugar a dudas la mujer más bella que había visto en un buen tiempo.
Continuamos hablando en aquella habitación donde me había despertado después de haber sido internada, mi herida ya no me dolía, aunque me daba bastante vergüenza estar delante de la princesa con nada más que una blusa y unas bragas, me sentían desnuda ante su presencia, así que me sonroje un poco.
-Enseguida llegaran mis sirvientas, fueron por unos vendajes nuevos, así que procura no moverte mucho o se te abrirá la herida- la princesa me hablo haciendo que me saliera de mis pensamientos.
-Oh si…- le respondí semidormida
Bueno, era normal que después de aquella herida tuviera algunos vendajes en mi cuerpo, pero no me percate al principio de aquel detalle, quizás porque ya no sentía dolor alguno
-Vamos, recuéstate de nuevo en la cama- me dijo con un tono alegre
-Sí, su majestad- se lo dije sin trastabillar. Después de todo, era una orden de la princesa.
Me recosté directamente en la cama y la princesa tomo las cobijas que había tirado cuando me caí de la cama, las extendió y las puso sobre mí, le agradecí generosamente aquel gesto que había hecho por mí. Se me vino por la mente en aquel momento la idea de que hacía mucho que no estaba en una cama as, tan cómoda y caliente, en realidad ni siquiera recordaba cuando fue la última vez que disfrute de estar dentro de un cuarto tan cómodo.
-Su majestad, ya hemos traído las vendas nuevas que nos pidió- entraron dos sirvientas, una tenía el pelo color blanco cremoso bastante largo que le llegaba hasta las rodillas con unas pequeñas trenzas en el frente y unos ojos color azul, la otra tenía el pelo más corto con un color morado, apenas y podía llegarle a la altura del cuello, pero tenía unos muy largos mechones en el frente que llegaban hasta su pecho, sujetos con broche redondo color gris. Ambas iban vestidas con un vestido bastante mono, con un color predominante negro, y algunos bordados blancos y grises, con un medio delantal de color blanco con bordados hermosos colgado al nivel de la cintura.
-Gracias- les respondió con una sonrisa- yo me encargo de ponérselas.
-Su majestad, para eso estamos nosotras aquí, no se moleste en hacer eso- le respondió una de las sirvientas.
-No se preocupen, yo me encargo, después de todo, no quiero ser una persona inútil que solo este mirando- se levantó y tomo las vendas de las manos de la sirvienta-vayan a descansar, es una orden.
Las sirvientas se llevaron ambas manos a los costados haciendo una reverencia ante ella y dejaron salir un "Como ordene, su majestad" para luego pasar a retirarse. Después de todo, la palabra de la princesa era una orden absoluta, no más que el de la reina, pero tenía un gran poder en toda aquella nación, muy pocos podían cuestionar sus palabras. Cuando se fueron la princesa se dio media vuelta y se dirigió hacia mí con las vendas en sus manos. Me descobijo y me pidió que estuviera calmada.
-Princesa… usted no debe hacer este tipo de trabajos… déjeme hacerlo yo-le dije en un tono alarmado mientras me sentaba sobre la cama.
-No te preocupes por eso- lo dijo mientras dirigió sus manos hacia la blusa que tenía puesta- se hacerlo perfectamente. No soy alguien inútil, de todos modos, esa herida que tienes, te la hiciste por mi culpa, así que tengo que tratarla yo.
-No fue su culpa princesa, yo solamente me lance sin cuidado y… paso esto- le dije bajando la voz conforme iba terminando mi dialogo.
-Por lo menos déjame remediarlo un poco, ¿vale?
No quería causar molestia alguna a la princesa, por eso no quería que hiciera tal cosa, pero sentía que si me ponía a discutir con ella, terminaría igual que sus sirvientas, con una orden directa de la princesa, así que deje que hiciera lo que deseé.
Se acercó a mí lentamente, y deslizo su mano hasta los volantes de la blusa. Me avergonzaba mucho la idea de que la princesa me llegara a ver con el cuerpo desnudo, solamente con unas pantis en mi cuerpo, mi rostro reacciono rápidamente ante aquel pensamiento y se puso color rojo. Cuando la princesa estaba a punto de deslizar la blusa hacia arriba, lleve mis manos sobre la suya, no aceptando la idea de que la princesa pudiera llegar a verme desnuda.
-¿Qué pasa, Miku?, ¿Te duele algo?- me dijo en un tono preocupado.
-No es eso… es solo que la princesa vera mi indecente cuerpo…-le conteste con la voz baja.
-Tu cuerpo no es nada indecente, es bastante lindo-me dijo sonriendo.
Ante aquellas últimas palabras, aumentó aún más el sonrojo en mi cara. Nunca antes nadie me había dicho que mi cuerpo era lindo, era un alago para mí, y más si venia de la princesa. Trataba de cuidarme en lo más posible en los aspectos de salud aunque estuviera en la calle, por eso lavaba todos los alimentos que comía y me bañaba con el agua de rio que se encontraba cerca, eso hacía que me sintiera mejor conmigo misma.
-No es lindo… tengo varios raspones y…- me daba bastante vergüenza contarle sobre algunas infecciones que tenía en algunas zonas de mi piel.
-Solo guarda silencio, y yo haré todo- al decir esto, se ilumino una sonrisa en su cara.
No dije palabra más, simplemente le seguí la corriente y deje que me quitara la blusa, pero no podía quitar el hecho de que aún tenía el rostro bastante enrojecido. Cuando termino de quitarme la blusa por completo, no pude evitar sentir su mirada en mi cuerpo, así que me lleve inmediatamente mis manos a mis pechos; podría ver todo lo quisiera de mi cuerpo, pero no quería que viera aquella parte privada de mi cuerpo, aquello de por sí ya era vergonzoso, no quería seguir subiendo el nivel de mi sonrojo.
-No sé de qué te avergüenzas, tienes una piel muy linda- me dijo de nuevo con esa gran sonrisa carismática que le caracterizaba- aparte, mis sirvientas acaban de depilarte el otro día, no veo por qué te avergüenzas.
Parece que la princesa no conocía la palabra vergüenza cuando se refería a situaciones como estas, ella estaba parada ahí en frente de mí, quitándome la ropa como si nada, y yo por mi parte me estaba muriendo de la vergüenza, éramos tan diferentes… o al menos eso pensaba. La princesa puso ambas manos sobre mis brazos, que intentaban cubrir mis pechos, y las fue bajando lentamente, aunque yo opuse un puco de fuerza sobre sus movimientos, desistí ante sus suaves manos. Se me quedo mirando por un momento todo mi cuerpo y esa vez fue la primera vez que sentía que alguien me comía con la mirada, sentía sus ojos por todo mi cuerpo, a pesar de que era otra chica, se sentía extraño, aquella mirada en sus ojos se sentían como un fuego ardiente. Poco después me tomo de la cintura, lo que me provoco un gran escalofrió, ya que aquella parte de mi cuerpo estaba más caliente en comparación con su mano, quizás era porque tenía puestas unas vendas anteriormente.
-Tienes una piel muy bonita- me dijo en un tono tranquilo.
-Princesa…-le conteste con un gran sonrojo en mi cara.
Estaba empezando a pensar que a la Princesa le gustaba tocar así a las mujeres, se podía apreciar como lo disfrutaba, era dos opciones: o no sabía disimular sus gustos, o no le importaba que la vieran hacer este tipo de cosas. Si, parecía que a la princesa le gustaban las mujeres, con tan solo ver su mirada encendida al tocarme se podía decir eso, a mí no me hubiese molestado que me siguiese tocando, la verdad es que me gustaba sentir sus suaves manos tocar mi piel, no había sentido esto nunca, y el simple hecho de que ella me tocara me estremecía, pero era nada más y nada menos que la princesa con una plebeya de la clase más baja que se pueda encontrar en el reino, no me agradaba la idea ni un poco, podrían llevarme a prisión incluso si me encontraban así con la princesa. Por otro lado, no tenía experiencia en ese campo, no quería decepcionar a la princesa, y también me daba miedo hacer esta clase de cosas.
Con aquella idea que me atemorizaba, lleve mis manos sobre las suyas y las aleje de las mi cintura, y me aleje un poco de ella, orillándome al lado contrario de la cama de donde se encontraba la princesa. Parecía que se había dado cuenta de lo que había pensado, y bajo ligeramente su cabeza, como si hubiera estado decepcionado de lo que paso. Me volteé de nuevo hacia mi dirección y agache la cabeza también.
Después de aquello, la princesa saco una clase de ungüento del pequeño buro que estaba al lado de la cama, y se movió nuevamente en mi dirección para quedar en frente de mí.
-Recuéstate por favor- me lo dijo con un tono de voz apagado, y tratando de no verme a la cara.
-Si…- le respondí con un tono igual de apagado, ninguna queríamos vernos al rostro después de lo que paso, por su lado quizás estaba decepcionada y por mi lado avergonzada.- su majestad.
Procedí a hacer lo que me dijo la princesa, ya no quería verla al rostro, sentía que me miraría con desprecio, así que después de recostarme cerré los ojos, para evitar cruzar miradas con ella. Sentí como me untaba aquel frio ungüento que reposaba sobre sus manos en mi abdomen, en aquella herida que hasta entonces estaba cicatrizada. Lo deslizo de forma espiral sobre mi abdomen, empezaba a sentir cosquillas en aquella zona, y ante aquel acto no pude sostener la carcajada que tenía guardada desde que empezó a mover su mano sobre mi abdomen.
-Ba-basta, Princesa me hace cosquillas- le dije riendo.
-Eres muy cosquillada, sabes.
Pude notar que su tono alegre de voz había vuelto, y eso, por alguna razón, me puso a mí también feliz, y le regale una gran sonrisa a la princesa mientras ella reía por lo que había presenciado. Me alegraba que las cosas dejaran de ponerse así de tensas, y que la princesa volviera a sonreír, ya que sentía algo de culpa por su estado de ánimo. Después de que la princesa dejo de reír, volteo a verme con una gran sonrisa, una sonrisa que me reconfortó mi corazón.
-Siéntate por un momento, Miku- me dijo de nuevo con esa linda sonrisa que tenía en su rostro.
-Claro…- le dije sin vacilar y obedecí su orden.
-Oh, no me llamaste "su majestad" ni "Princesa"
Después de haberme familiarizado tanto con la princesa, se me había olvidado que estaba hablando con una persona de la realeza, una simple y pobre plebeya como yo se dirigió hacia ella de una forma tan descortés. De seguro me castigara, me paso por la mente.
-L-lo siento mucho su majestad, lo siento mucho, no lo volveré a hacer- le suplique con la cabeza baja.
-No te preocupes por pequeños detalles…. Chica de las bragas verdes-me lo dijo en tono burlón.
Ante aquel comentario me lleve las sabanas sobre la zona de mi cintura, y a pesar de sentirme realmente avergonzada, la princesa volvió a sacar risitas de nuevo.
-Está bien, déjame ponerte los vendajes, antes de que el ungüento se corra por las sabanas.
-Oh vale… su majestad- casi se me olvidaba mencionarlo de nuevo, ¿en qué planeta estaba?
Me empezó a poner las vendas alrededor de toda mi cintura, eras unas vendas bastantes grandes, supuse que eran las que usaban para lesiones de este tipo.
-Miku, siento lo que te hice hace rato- empezó a hablar la princesa mientras me ponía los vendajes- yo… me deje llevar, lo siento mucho.- se le notaba un tono de preocupación en su voz.
-Está bien, no se preocupe Princesa- le respondí con una sonrisa en mi cara- es solo que asuste un poco.
-Yo… en serio lo siento- Me dijo con un tono de voz bajo.
-En serio, si quiere disculparse la Princesa, solo muéstreme una sonrisa en su cara y dije de estar de amargada- le dije alegremente.
-Miku... de acuerdo- me respondió, cambiando su cara de tristeza por una de alegría.
Podía sentir como pasaba las vendas por alrededor de mi cuerpo, parecía que si sabía hacerlo después de todo, como iba desenrollando aquella mano que tenía en una mano, mientras con la otra la pasaba por alrededor de mi cuerpo.
-Listo, he terminado- Me dijo, mientras ponía unos pequeños seguros en los extremos de la venda para que no se recorriera.
-Muchas gracias… es todo un placer que la Princesa haga esto por mí, lo atesorare mucho.- le dije mientras me ponía aquella hermosa blusa de nuevo, ya no quería causar más problemas con mi cuerpo.
-¿Cómo vas a atesorar algo que no es material?-me dijo sacando pequeñas risas.
-Si es posible, todos los sentimientos que te entrega la persona que tanto quieres por ejemplo, o los grandes gestos que hace una persona por otra, como usted princesa, esos son los regalos que se atesoran más, ya que tienen un valor incalculable.
-Miku…- me dijo con una cara sorprendida.
"Grrrrr…" se pudo escuchar como gruñía mi estoma en toda la habitación, haciendo que cortara aquella bella frase que había dicho y lo dejara como en un chiste. Ante aquello me puse roja como tomate, que la Princesa escuchase mi estómago rugir de tal forma, era la sentencia para mi cordura. Pero la princesa lo tomo con buen sentido de humor, y empezó a reírse.
-Parece que tienes hambre, bueno, debe ser normal, después de todo estuviste dormida por dos días enteros.
Lo que me dijo me dejo atónita, ¿Había dormido por dos días?, ¿Había estado en aquella habitación por dos días? Comencé a preocuparme de aquel hecho y más preguntas que se resolvían solas vinieron a mi cabeza.
-Yukari, IA, dejen de espiar y pasen, nuestra invitada tiene hambre y quiere algo de comida.
¿Yukari? ¿IA?, esos nombres me sonaban, pero supongo que era mi imaginación. Entraron entonces las dos sirvientas que estaban antes ahí. De momento, me vino a la mente lo que Luka les había gritado, y se generaron otras preguntas: ¿Qué hacían ellas espiándonos? ¿Acaso la Princesa sabia eso desde el principio? ¿Acaso si pensaba hacerlo conmigo las iba dejar ver? ¿La princesa era una exhibicionista? No podía controlar mi mente de tantas preguntas que me venían, así que decidí calmarme.
-Lo sentimos mucho, Princesa- dijo la chica de cabello cremoso y ambas se inclinaron ante la Princesa- enseguida traeremos la comida.
-N-no es necesario, eso ya es demasiado, me iré inmediatamente así que no se apresuren- la verdad es que no quería causarles más molestias.
-No digas eso, tu eres nuestra invitada, y es tradición que debemos ofrecerle algo de comida a todo aquella persona quesea invitada al castillo.
Entonces estaba adentro del castillo- pensé. Con tanta razón estaba tan ordenada, limpia y decente, era bastante hermosa, no podía ser de otro sitio que del castillo.
-Enserio, no es necesario, yo "Grrrrr…"-Empezó a rugir mi estómago de nuevo, me apene tanto que decidí cubrirme con las abanas.
-Oh vaya, tu boca dice que no, pero tu estomago dice lo contrario- me dijo la sirvienta de pelo morado de nuevo- deberías aceptar la comida de la princesa, es un gesto muy amable de su parte.
La princesa solamente me sonreía esperando mi respuesta, no podía decirle que no a una cara tan hermosa como la suya, su sonrisa me iluminaba todo mi ser.
-Erggh… está bien, pero que sea solo un poco, no quiero aprovecharme de la generosidad de la princesa- el rostro sonriente de la princesa fue K. O. para mi ego.
-Enseguida traeremos la comida- dijo la chica de cabello largo, parecía ser algo callada.
Ambas sirvientas se marcharon del lugar para dejarnos de nuevo a la princesa y a mí a solas, estaba un poco tensa esta vez, no tenía un buen tema de conversación para hablar con ella, sentía que si decía algo sería inapropiado para ella, después de todo éramos muy diferentes, pero el silencio fue roto cuando ella empezó a hablar.
-Dime Miku, ¿Cuántos años tienes?- me pregunto mirando al piso mientras estaba sentada en el borde de mi cama.
-Y-yo tengo 16 años Princesa- le dije tartamudeando.
-Oh vaya, entonces eres 2 años menor que yo- seguía viendo al piso.
-Entonces su majestad tiene 18 años- le respondí en un tono cálido.
-Bueno, en realidad los cumpliré dentro de unos meses, así que todavía no los tengo- saco una risa al final.
-Ya veo… y ¿qué le gusta hacer en sus tiempos libres, Princesa?- le pregunte para poder seguir la conversación.
-Oh bueno, me gustan hacer varias cosas, como viajar, practicar esgrima, correr en las mañanas, pintar, disfrutar de una obra de teatro, oh, pero lo que más me gusta es leer libros, es mi pasatiempo favorito. ¿Y a ti Miku?
Vaya que le gustaba hacer varias cosas, después de todo era la princesa, y podía hacer lo que se le antojase en sus tiempos libres.
-Errmmm… bueno, yo… a mí me gusta acariciar gatitos (que generalmente son callejeros) y recostarme en el paso para ver cómo pasa la tarde (ya que uno no tiene muchas cosas que hacer cuando vive en la calle, más que buscar comida y donde dormir) su majestad.
-Oh vaya, eso suena divertido, deberíamos intentarlo alguna vez, juntas- me respondió por fin alzando su cara hacia mí con una sonrisa.
La idea de salir junto con la princesa y hacer algo divertido con ella me pareció bastante genial, pero no podía hacerlo, ya que nuestras clases económicas no concordaban para nada, ella de seguro se alejaría de chicas como yo. Solamente que ella quizás no sabe cómo vivo, y por eso me esta tratando de esta forma ahora.
-Si… quizás alguna vez…- le respondí con una sonrisa algo apagada que al parecer noto la princesa, e hizo que se acercara a mí.
-¿Te sucede algo Miku?- me respondió con una cara algo preocupada.
En aquel momento me aterraba la idea de separarme de ella, no sabía ni siquiera el por qué, y aun así me remordía la conciencia el separarme de ella, pero… ¿Por qué? Era mi pregunta, si ya lo sabía desde el principio, que una plebeya como yo no podía llegar a llevarse bien con la princesa, pero ¿Por qué? Esa pregunta era un gran misterio en mi cabeza que no dejaba de dar vueltas.
-No nada, lo siento por preocuparla su majestad- le dije tratando de dibujar una sonrisa en mi rostro.
-Pero-
-¡Ya ha llegado la comida para la invitada!- grito la sirvienta de cabello morado mientras abría la puerta de un golpe e interrumpían lo que iba a decir la Princesa.
-¡Te dije que no gritaras en frente de la princesa, Yukari!- golpeo en la cabeza la chica de cabello cremoso a la de cabello color morado.
-Ugh… lo siento- se sobo la cabeza por aquel golpe que le dieron.
Parecían traer una especie de bandeja con varias comidas sobre ella, a la vista se veía magnifico, me hice la pregunta a mí misma inmediatamente "¿Yo me comeré todo eso?", era la primera vez que veía algo de comida tan deliciosa, no podía creer que yo me comería eso. Simplemente no me entraba aquella idea, era como un sueño.
Acercaron aquella bandeja a la mesa de madera que tenía incluida en el cuarto. Posterior a eso, la princesa me tomo de la mano, para que pudiera levantarme, y me guio hasta la silla que se encontraba cercana a la mesa, para poder degustar de aquella comida que se veía deliciosa. Mire al rostro de la princesa para que me mirara de nuevo con aquella mirada sonriente.
-Puedes empezar cuando quieras, o se enfriara la sopa, Miku.-me dijo con aquella sonrisa.
Simplemente no podía creer que degustaría de una comida tan magnifica como aquella, quería guardar ese momento y el sabor que tendría por el resto de mi vida, Ya que dudaba que volviera a comer algo así de nuevo.
-Gracias por la comida- hice un gran gesto de felicidad y empecé a comer la sopa
Estaba deliciosa, y bastante calientita, hacía mucho que no comía una comida tan caliente, y dudo mucho que igual de deliciosa. No pude contenerme y empecé a comer rápidamente, aunque quería saborearlo hasta el último momento, quizás mi exceso de hambre me lo impedía y simplemente comía.
-Oh, donde estas mis modales- recordé que siempre que comía acompañada debía compartir un poco con los otros, ya que en la calle a veces nos juntábamos en grupos, para recolectar toda la comida que habíamos juntado y compartirla entre todos- ¿No gusta un poco, Princesa?
Las sirvientas del fondo rieron un poco e hicieron que me sintiera incomoda en aquel momento, ¿había dicho algo malo acaso?, deje de comer un poco para voltear a ver a la princesa de nuevo, y al parecer ella estaba riendo también, ¿se burlaban de mí?
-Está bien, solo un poco- tomo un pedazo pequeño de pan de la charola y empezó a comerlo- gracias Miku.
-Su majestad, usted acaba de comer y dijo que no comería de más porque ya estaba algo gorda…- se fue callando gradualmente la chica llamada Yukari.
-Oh Princesa, mire la hora, debemos de ir a limpiar las otras habitaciones, enseguida regresamos- jalo de su mano a su compañera y decidieron salir del cuarto.
-Yukari, ¿Podemos hablar más tarde?- la vio con una mirada feliz, pero esta vez no era carismática, sino que más bien daba algo de miedo a quien la viera, imponía un gran respeto con esa mirada.
-Oh princesa, pero, tengo cosas que hacer, ya sabe limpiar acá y allá- miro a la princesa con una mirada temblorosa y una media sonrisa dibujada en su rostro.
-Es una orden- le respondió con la misma cara la princesa.
-Vale princesa, la dejamos, yo me encargo de Yukari- dijo la chica llamada IA.
Ambas sirvientas se marcharon del cuarto, y se podía escuchar como discutían ambas en el pasillo, mientras caminaban.
-¿Qué hare con ellas?- lo dijo mientras se llevaba una mano a la cara.
-Parece que se llevan muy bien-le dije.
-Oh bueno, después de todo somos amigas desde la infancia así que no se le puede hacer nada más- se dibujó una pequeña sonrisa en su cara- y tal y como dices las cosas no materiales son las más importantes, y aquellas chicas lo son para mí.
-Sí, cosas como esas son las más importantes- lleve mi mano junto a la suya.
Se podía denotar un pequeño sonrojo en su rostro después de lo que hice, quizás ella todavía sentía atracción por mí, pero… las condiciones no me favorecían, y es que nunca había estado en un romance antes y no sabría cómo comportarme frente a ella, ciertamente sentía una cierta atracción por la princesa de igual forma, pero me daba miedo el hecho de que me rechazara si se enteraba de donde venía.
-Continua comiendo, Miku, o se enfriara y no te sabrá bien- aparto su mano de la mía, y se levantó de la silla donde estaba sentada.
-Sí, su majestad- continúe comiendo aquella sabrosa sopa que tenía enfrente.
Podía ver como estaba parada la Princesa en frente mía, con sus brazos cruzados por el frente, quizás estaba pensando en algo, la verdad no estaba segura de lo que hacía.
-Miku, ¿me permitirías hacerte unas cuantas preguntas?- lo dijo en tono serio.
-Oh, claro su majestad- le respondí, después de todo ella me había ofrecido hospedaje, cuidado y alimentación, no podía decirle que no.
-Dime, ¿Dónde vives?
Aquella pregunta no podía tomármela a la ligera, no quería responderle que venía de la calle, ella sin lugar a dudas me echaría del castillo si se enterara, pero, ¿Por qué habría hecho esa pregunta?
-¿Por qué la pregunta?- le respondí
-Es que debo de avisarles a los que están encargados de ti, que estas en el castillo, ellos quizás estén preocupados por ti.
-Oh… cierto, bueno…. yo vivo en la zona suroeste de la capital, en una casa al lado del rio- le mentí.
-Ya veo… y dime ¿Qué asuntos te trae al castillo?
-Oh bueno…. Yo venía a ver lo de unos impuestos- mentí de nuevo.
-¿Eh?, pero si para eso están las oficinas recaudadoras de impuestos, aquí no se hace nada de esos trámites- me respondió con un tono seguro.
-¿Enserio? Ah vaya, parece que me equivoque- solté una carcajada al final para hacerlo parecer más real.
-Mmmm… sabes le pedí al médico que te hiciera un examen completo de salud, solo para asegurar como estabas, pero… tu estado es bastante malo Miku.- ante aquello que escuche no pude soportar verla a la cara, quizás ella ya lo sabía así que solamente decidí seguir comiendo mientras ella continuaba hablando- Me dijo que estabas bastante baja de peso, y tienes algunos moretones en las piernas, además que no tenías los nutrientes necesarios para una chica de tu edad, entre muchas otras cosas-demonios, sabía que me había descubierto. Deje la cuchara en el plato para escuchar lo que venía a continuación- Dime Miku- se acercó la princesa a mí- ¿Sufres maltrato familiar?
Parece que lo había interpretado mal, yo no quería que me viera así, como alguien de la que abusaba su familia, y aunque no recordaba muy bien a mi madre, sabía que ella no haría algo así, por lo que decidí decirle la verdad, ya no me importaba que me echara a la calle en ese momento, no quería seguir mintiéndole a la princesa, era una grave falta de respeto para ella.
-La verdad princesa, es que… no sufro de maltrato familiar, yo… soy pobre y huérfana, no tengo una casa, y no vivo cercas del rio, y la verdad es que estaba en aquel callejón del castillo porque tenía hambre y buscaba algo de las sobras del castillo- le respondí dudosa- yo lo siento mucho princesa, por mentirle, por hacerle pasar esos malos momentos, por haberle dado una impresión falsa de mí, por aprovecharme de los bienes de su castillo, lo siento mucho princesa- sin darme cuenta, unas cuantas lagrimas empezaron a salir de mis ojos.
-Ya, está bien- se acercó a mí y me dio un abrazo, un abrazo tan cálido que me hacía falta hace mucho tiempo, y llore como nunca llore en mi vida en los brazos de la reina.- lo siento por haberte hecho tales preguntas, es solo que quería protegerte, y tuve una idea equivocada, lo siento.
-No, es mi culpa, por irrumpir en su castillo de esta forma, y-yo no debo tener tanta compasión de usted- seguían saliendo varias lágrimas de mis ojos.
Ella me siguió abrazando de esa forma hasta que me calme un poco, por alguna extraña razón, el calor de su cuerpo hizo que me calmara, quizás era el latir de su corazón, si, se escuchaba tan bien en ese momento, quizás eso fue lo que me calmo.
-Miku, ¿Puedo hacerte una petición?- me pregunto la reina agachando su cabeza hacia donde me encontraba.
-Lo que sea por usted reina- después de lo que había hecho, era lo más lógico, ella me entrego toda su confianza.
-¿Te gustaría trabajar dentro del castillo como una de mis sirvientas personales?
