La princesa caminaba por los largos pasillos del palacio, en dirección hacia la sala de reuniones, en donde seguramente la estaba esperando el primer ministro real. Una vez que Zelda llego a la puerta de aquella sala, toco levemente la puerta esperando el típico adelante el cual no se hizo esperar. Luego que la soberana escuchara la palabra pase, ella ingreso en la sala al mismo tiempo que cerraba la puerta de aquel salón.
Aquella sala era amplia, sus paredes eran de ladrillos de color gris, las del lado oeste tenían colgados hermosos cuadros de paisajes, mientras que las del lado este poseen cuatro ventanales por donde entra la luz solar y da una hermosa vista hacia los jardines interiores del castillo. El suelo estaba tapizado por una alfombra de color naranja con bordes dorados y en las puntas la figura de la trifuerza. La mesa del centro era larga, echa de madera de roble, encima de ella habían varios papeles, plumas y candelabro con velas, por otro lado las elegantes sillas también estaban a echas de madera de roble.
Luego que la princesa entrara en la sala, se acerco a donde estaba el primer ministro, este hombre era de unos cuarenta años aproximadamente, el es de estatura media, ojos color verde limón, cabellos verdes y tez morena. Se encontraba mirando por la ventana como si fuera la novena maravilla del mundo. Después que Zelda quedara a solo unos cuantos pasos del ministro, ella detuvo su andar y poso su mirada ante la persona que la había citado.
- Primer ministro, Impa me ha comentado, que usted me ah estado buscando - Menciona la princesa, para que el ministro se diera cuenta de su presencia.
- Así, es princesa, necesito pedirle un favor
- ¿Cuál sería?
- Que me de su cuerpo - El hombre mayor se gira y mira con maldad pura a los ojos de la princesa.
- No, pudo darle eso, es ridículo - Ella se siente indignada y ofendida ante tal indecente propuesta.
- Si no me lo da por las buenas, será por las malas – En ese instante una luz negra rodea y cubre todo el cuerpo de aquel hombre.
Después que la luz se va, Zelda ve que el ministro se ha transformado en un demonio, el cual posee cachos de cabra en su cabeza, sus ojos pasan dorados, su pelo se vuelve blanco al igual que su brava y lo único que no cambia es su color de piel.
- ¿Quién eres?- La princesa aterrada ante tal visión, escucha sus pensamientos que le dicen que escape pero esta tan asustada que su cuerpo no responden a las ordenes de su mente.
- Eso es el que menos importa, ahora me darás tu cuerpo
- Jamás – Menciona Zelda con algo de valor que le quedaba, ya que, ella no permitiría que le robaran algo tan importante como su cuerpo y se tendría que luchar por evitarlo, lo haría.
-Eso lo veremos – Dice riendo el enemigo con la típica riza malvada.
En ese instante apunta sus manos hacia a la princesa, de las cuales salen una clase de rayos que penetran el cuerpo de la soberana, la cual siente como si se estuviera quemando por dentro, el dolor era tan intenso que no podía pensar con claridad por lo que solo atino a utilizar su último recurso antes que el enemigo acabara con ella.
- AYUDAME LINK - Zelda grita a todo pulmón con la intención del que mencionado viniera al rescate.
- Cállate estúpida – El demonio sin dejar de usar su poder con una de sus manos, con la otra, se acerca a la princesa y le da una golpe tan fuerte que la deja inconciente.
Mientras tanto en los jardines Link e Impa conversaban sobre las aventuras que había vivido el joven guerrero en estos años que no se habían visto. Estaban de lo mejor charlando, cuando ambos escucharon el grito de la princesa, por lo que no lo pensaron dos veces y comenzaron a correr hacia la sala de reuniones.
Luego que llegaran a ella, intentaron abrir la puerta pero estaba sellada con algún tipo de magia. A Link eso no lo detendría, así que saco su espada y de varios sablazos la pudo cortar, logrando que los dos entraran al salón.
Una vez dentro de ella, se dieron cuenta lo que estaba pasando, el demonio aun lanzaba esos rayos al cuerpo de Zelda la cual estaba inconsciente. Ambos guerreros no se hicieron esperar y corrieron atacar al enemigo quien, de un solo movimiento de una de sus manos los mando a volar, haciendo que ambos chocaran con las paredes y cayendo desvanecidos por el golpe dado ante las murallas.
El demonio término de lanzar esos rayos, se acerca al cuerpo de la princesa, lo toma y se lo lleva. En ese mismo instante una luz blanca aparece dentro del cuarto de la soberana.
Esta historia continuara
