Hola!

Quisiera agradecer sinceramente a Camiliny08 y ahuvati por sus comentarios. Gracias, fueron mi inspiración para este capítulo. Descubriremos una faceta tanto de May como de Steven que no se esperaba. Al menos yo no me lo esperaba de Steven y eso que son la autora xD.

Pero es normal, no olvidemos que nuestro protagonista viene de una familia poderosa y muy acaudalada. Aunque, May también venga de una familia acaudalada solo sería por parte de su papá. Ya que la vida de su mamá fue algo más sencilla. Por ello, las personalidades de la pareja difieren mucho más esto es lo que hace su romance interesante. No es algo como orgullo y prejuicio más orgullo, moral e ideales.

Para ahuvati, Brendan será un soporte para May. Será aquel que la ayudará a mantenerse de pie. Esto puede confundir un poco a nuestra protagonista pero todo se resolverá de acuerdo a como fluya la historia. Después de todo, Brendan tuvo la misma educación que May. Siendo primos, la influencia de su madre y la madre de May se encuentra arraigada en su personalidad.

Sin más les dejo el capítulo dos. Espero que les guste mucho. Dejen sus comentarios, por favor.

Pokemon no me pertenece si no a sus debidos autores. Esto es sin fines de lucro.

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El suave canto de las aves y los abrigadores rayos del sol le dan la bienvenida al amanecer. Despierta de su tan agradable sueño, se estira para quitarse la pereza. Sí que estaba cansada, tanto tiempo en el mar la agotó. Extrañaba la suavidad de un colchón y sabanas confortables. Animada se levanta, dispuesta a preparase para un gran día. Brendan le prometió llevarla al pueblo. Sonríe con alegría, espera con ansias esta pequeña aventura. Tarareando se dirige al cuarto de baño donde previamente las mucamas se encargaron de llenar la tina con agua caliente.

Se desviste para entrar a la tina con cuidado, una vez dentro siente como el agua caliente relaja sus músculos. Una sensación de tranquilidad la embriaga. Después de la cena, inmediatamente regresó a su cuarto destinado para escribir una carta a su queridísimo hermano. Deseaba con ansias contarle su pequeña travesía por los mares de Jotho y Hoen. Debe dar la carta a uno de los encargados de la finca con espera de que llegue a tiempo. Extraña tanto a Máximo y a su padre.

Suspira, si dijera que no está nerviosa sería una mentira. La verdadera razón de su visita a Hoen es para representar a su padre ante el señor Stone. Suena que será alguien imponente y frío. Tal vez un poco calculador y muy serio. No quiere adelantar conclusiones pero su simple nombre le hace temblar. ¿Cómo no hacerlo? Solo tiene 16 años y debe rendirle cuentas al señor Stone para el beneficio de su empresa. Esta aterrada, asustada es poco, no quiere equivocarse y defraudar a su padre. El futuro de sus vidas yace en los hombros de una jovencita. Tiene todo en su contra, inexperta, joven y ser una mujer. Aún existe ese pensamiento tonto de que una mujer no sirve para los negocios. Tal vez tengan razón pero se debe a que su educación es diferente no por deficientes habilidades. Por suerte, su padre la ha instruido un poco sobre la empresa. Sabe una que otra cosa, espera que sea suficiente para poder mantenerse en pie al momento de enfrentar a tal señor.

Sus meditaciones la han distraído tanto que el agua empieza a tibiarse, es mejor que se apresuré. Se dispone a lavar su cabello mientras continúa con su meditación. Tal vez, todo este perdido en el momento que el señor Stone vea que es una mujer pero no se dará por vencida. Luchara, dará todo lo que tiene para convencer a ese señor que ella puede manejar la empresa y mucho más. Le enseñará todo su potencial, el poder de un Mapple.

― No sabrá que lo habrá noqueado. Esto es una batalla señor Stone, una que no pienso perder. ― Susurra mientras sale de la ducha para seguir con su rutina.

Seca su cuerpo con una toalla al igual que su cabello, se viste con la ropa que amablemente las mucamas le dejaron en su cama. Un hermoso pero sencillo vestido que le da libertad de movimiento. Esta es su ropa preferida. A diferencia de su madrastra que le encanta los vestidos ostentosos e incomodos. En casa, no se cansaría de decirle que se viste como una pueblerina que nunca encontrará un buen prospecto con aquellas vestimentas. Su padre la protegería al instante, algo que agradece inmensamente.

Se cepilla su corto cabello, ella no tiene una melena larga y suave como su madrastra pero eso no le importa en lo más mínimo. Es corto a la altura de sus hombros como su madre. Sonríe al recordar las veces que su padre la comparaba con su querida madre, incluso tiene sus ojos. Lo que su padre piensa, es lo mejor que pudo heredar de ella. Los ojos que lo enamoraron y que sin duda enamoraran a un joven encantador. Eso espera, que alguien pueda ver su belleza a través de todos sus defectos tal como su padre la ve.

Lista, da una vuelta para observar que todo está en orden. Conforme con lo que ve, sale de la habitación hacia el comedor donde la familia Birch debe estarla esperando.

Casi había olvidado lo hermosa que es la finca Birch y sus encantadores jardines siendo que el señor Mattew es un renombrado científico, profesor, matemático y cree que doctor tal como lo eran sus ancestros. Por ello, decidieron vivir en una villa alejada de la ciudad principal para poder tener sus hectáreas de campo donde cuidan y estudian a los pokemons. Le ha tocado algunas ocasiones ver al señor Birch en acción. Incluso, cuando eran niños ella y Brendan les gustaba ayudarlo una que otra vez. Sonríe ante el recuerdo de sus pequeñas aventuras. Cuanto extraña esos días, no solo por la diversión que tenía con el primogénito del señor Birch ni por lo simple de la vida. La verdadera razón es que su madre estaba ahí. Un suspiro triste sale de su boca, su adorada madre. Debe recordar visitarla, le llevara algunas hermosas flores. Las cuales piensa conseguir en el pueblo.

― Buenos días querida May. ― El amigable saludo de la señora Birch la saca de sus pensamientos. No se había percatado que había llegado a su destino.

―Buenos días tía Marian. ― Le sonríe tiernamente. Los demás presentes exclaman sus buenos días siendo correspondidos por la joven. El hijo mayor se levanta, brindándole asiento en uno de los lugares de la mesa. Le da un suave gracias mientras toma asiento, el joven la acomoda en el lugar y toma su respectivo asiento a lado de ella.

― ¿Qué planes tienen para hoy, chicos? ― Pregunta el señor Birch mientras degusta su desayuno.

― Estaba pensando llevar a May al pueblo. Dar una vuelta para que se ambiente y relaje antes de ir a la casa de verano del señor Stone. ― Responde Brendan. Un sirviente le trae el desayuno a la heredera Mapple, la cual agradece.

― Me parece una excelente idea hijo. La aldea no ha cambiado mucho así que no te sentirás perdida. ― Dice con júbilo el señor de la casa.

― Me encantaría mucho recorrer el pueblo. No recuerdo mucho de él pero sé que será tan encantador. ― Responde la joven morena sonriendo.

― Esta bien, Brendan. Dejaré que me robes la atención de mí querida sobrina esta vez pero mañana nos acompañará a Maddy a mí a la ciudad. Debemos buscarte unos hermosos vestidos para tu visita a la casa de verano de los Stone. ― Sonríe con gusto. ― Te encantarán los vestidos, son tan hermosos. ―

― Muchas gracias tía. Sería bueno llevar uno que otro vestido elegante pero el señor Stone especifico en su carta que la vestimenta no tenía que ser tan formal. Podemos llevar al menos un cambio para fiestas. Supongo que las actividades que realizaremos serán al aire libre. ―

― He escuchado que los campos del señor Stone son los más hermosos, fértiles y llenos de pokemons que cualquier otro en Hoen. Debe ser una delicia degustar la hora del té en sus jardines. ― Comenta soñadoramente la menor de los Birch.

― Que encantador. Tal vez, el señor Stone especificó eso mi corazón pero una mujer debe estar siempre preparada más si quieres dar una buena impresión. Que estoy segura que tendrá al verte mi querida May. ― Suavemente persiste.

― En eso no hay duda. Sé que los sorprenderás May. Te adorará. ― Exclama alegre el joven.

― Eso espero. ― Susurra suavemente mientras toma el primer bocado de su desayuno. ― "Por el bien de mi padre"― Piensa.

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Suspira, no debió beber demasiado. Su cabeza le duele y su cuerpo se siente completamente cansando. Aparte de que esta deshidratado pero a su amigo Wallace parece no importarle su condición puesto que están en la finca de la familia Flywong. No debió aceptar la propuesta de Wallace pero recordemos que estaba completamente ebrio y no pensaba cuerdamente. Ahora está atrapado en la finca Flywong con Wallace, Winona y la señorita Vivian. Como siempre, Wallace está dando una bonita escena de una tierna novela romántica. Como esas que le ha prestado. Ahora sabe de dónde saca su arsenal su querido amigo. Sus ojos de aceros observan con aburrimiento la obra de amor que se desarrolla delante de él. Wallace toma delicadamente entre sus manos las de Winona mientras se arrodilla recitando mil y un versos de viejos libros de poesías. Falta decir que la causante de este despliegue de amor está más que fascinada y sonrojada por las suaves palabras de tal galante caballero. En momentos como este se pregunta porque Wallace termino siendo su mejor amigo.

Escucha un leve suspiro de anhelo de la señorita Vivian, se encuentra totalmente encantada con la vista de los tortolos enamorados. Esta es la verdadera razón por la que detesta sus escenitas, porque le recuerdan a su querida prometida lo que es una pareja enamorada. Los reproches se escucharan más tarde, cuando no estén los presentes novios. Wallace demostró ser su mejor amigo, arruinándole su día. Le espera una larga tarde de regaños, reproches y caprichos. Suspira con cansancio, no puede esperar por ello.

― Pero que romántico es usted, señor Rinku. ― Exclama con un suspiro la señorita de rubios cabellos.

Wallace ríe ligeramente, tomando asiento pero sin soltar las manos de su amada. ― Me halaga, señorita Vivian pero simplemente expreso lo que mi corazón siente al estar alado de tan bella dama. ― Acaricia con suavidad la mejilla de la joven de ojos purpuras.

― Me encantaría tanto poder recibir palabras tan dulces como tú, Winona. ― Suspira triste la heredera Van Wolfgang.

― No se angustie, señorita Vivian. Le he prestado unos de mis libros a Steven. Tal vez encuentra la inspiración tarde o temprano. Puede que esté esperando el momento perfecto para recitar su amor por usted. ―

― Solo espero que sea más temprano que tarde, señor Rinku. ―

Steven toma su taza de té, da un sorbo a la taza mientras fulmina con la mirada a su querido amigo. Definitivamente va ser un día muy largo. Su amigo le regala una sonrisa pícara, disfruta hacerlo enojar.

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El pueblo sigue siendo tan alegre y pintoresco como lo recordaba. Han recorrido casi todo el lugar, muy pronto será la hora de la comida. Blaziken la acompaña algo enojada, no le agrado del todo tener que estar cercas del Swampert de Brendan. Le sonríe tiernamente mientras juguetonamente le pica el brazo.

― ¿No creo que haya sido tan malo? ― Toro le regala una mirada incrédula. ― Vamos, Zuzu es muy lindo y tierno. Es un gran pokemon además te quiere mucho. ― Se irgue indignada por las palabras de su ama. ― Tal vez sea algo brusco pero eso lo hace más adorable. ― La mirada que su pokemon le dirige le da a entender que está completamente en desacuerdo con ella.

― Traje un poco de fruta. ― Su pequeña charla con su pokemon es interrumpida por el joven Brendan. El heredero Birch le entrega una manzana a May, al igual que Toro. Zuzu hace su aparición a lado del pokemon de fuego quien molesta toma su espacio. ― ¿Te sientes cansada? Puedes continuar el recorrido sobre Spike. ― Pregunta preocupado. Tal vez, la está sobrellevando. Puede que siga cansada por el viaje.

― Estoy bien, Brendan. Gracias por preocuparte. ― Le regala una tierna sonrisa que hace sonrojar al joven de cabellos cenizos.

― P-p-podemos continuar el recorrido. ― Nervioso huye de los hermosos ojos de su querida amiga mientras su rostro adquiere un tono rojizo.

― Por supuesto. ― Toma el brazo del joven dispuesta a continuar su camino cuando son interrumpidos por un grupo de hombres jóvenes.

― Joven Brendan, que bueno que lo encontramos. Nuestro pokemon se encuentra herido. ― Habla uno de los muchachos del grupo. Aquel de cabellos castaños.

― Estábamos en nuestra rutina diaria de pesca, cuando fue atacado por un pokemon salvaje. ― Exclama el joven de ojos verdes.

― Por favor, ayúdenos Joven Brendan. ― Implora el menor de los jóvenes.

― P-pero yo…. ― Dirige su mirada rojiza a su amiga. No quiere dejarla sola pero no puede dejar a un pokemon sufriendo sabiendo que él puede hacer algo. Sus cejas se fruncen en frustración, no sabe qué hacer.

― Ve con ellos, yo estaré bien. Estoy con Toro además no me perderé, me has enseñado muy bien el lugar. ― Le sonríe, tratando de aminorar su frustración.

― E-está bien. No te alejes tanto, por favor. Volveré pronto. ― Toma sus manos entre las suyas, sus ojos rubíes se cruzan con sus ojos azules. Poco a poco, deja ir sus manos y sigue al grupo de jóvenes.

May lo observa alejares por el horizonte, una vez perdido de vista dirige su mirada a Toro quien observaba a la salamandra marina alejarse con su amo. ― ¿Qué te parece seguir explorando el lugar? ― El pokemon asiente.

Recorren el corto camino que los lleva a una de las fronteras del pueblo más allá se extiende la parcela de árboles por todo el horizonte. May suspira ante la vista, las flores bailan al ritmo del viento y las hojas de los arboles llenan el bosque de una suave melodía. Sonríe embelesada, la aventura la está llamando. No puede seguir negándose a tan esplendorosa vista. Por el rabillo del ojo observa a su pokemon de fuego, se encuentra distraída por el olor de las hermosas flores.

― Creo que no nos haría daño si solo vamos por un rato. ― Blaziken asiente encantada. Juntas se dirigen a la entrada del bosque.

La morena se quita sus zapatos, desea tocar la tierra bajo sus pies. Sentirse una con la naturaleza, respira el fresco aire del lugar. Su corazón se regocija de alegría. Toro sonríe, recuerdos del pasado la inundan. Su niñez pasa por su mente cuando ella vivía en estos parajes. No se arrepiente de su vida con su adorada ama, ha sido la mejor que ha tenido pero estar aquí en la tierra donde ella nació le provoca un sentimiento de dicha indescriptible.

La joven muchacha comienza a tararear la canción del lugar mientras recorrer cada centímetro del bosque. La alegría fluye por sus venas, danza siendo observada por su pokemon quien ríe ligeramente ante la vista de su ama. Es una niña tan encantadora. Se detiene abruptamente, toma del antebrazo a la morena. May, asustada por el drástico cambio en su amiga, la observa con sus marinos ojos cuestionándola. Le pide que guarde silencio, la chica escucha los gritos de un hombre a lo lejos. Asustada, cruza sus ojos con los verdes de su amiga. Se comunican con la mirada. Toro está completamente en contra de aquel pensamiento riesgoso pero May no aceptara un no por respuesta.

― Entre las dos, podemos ayudarlos. ― Aquella mirada decidida la derrota, acepta con cierta reticencia. Se acercan a paso lento y escondiéndose entre el follaje. A lo lejos observan un carro detenido, un grupo de hombres desalineados rodea a lo que parece ser tres hombres. Uno de ellos se encuentra en el suelo, al parecer ha recibido un ataque. May rechina sus dientes, esos salvajes. Como se atreven a luchar sucio. No tuvieron el honor de permitirle defenderse. Su vista se distrae a los acompañantes del grupo de maleantes. Calcula que han de ser cuatro pokemons, Migthyena en su mayoría y un Arcanine. Dirige una última mirada a su querida amiga quien asiente al entender sus planes.

La joven escala un árbol, sube por una de las ramas. Observa con detenimiento a sus enemigos, sin esperar más se deja caer dándole de lleno a uno de los maleantes. Sorprendidos por la niña que técnicamente les calló del cielo no se percatan que sus pokemons son atacados. Dejando a dos noqueados de una patada. Los maleantes molestos, dirigen su atención a la muchacha dispuestos a rebanarla en dos. May, esquiva una estocada. Desesperada observa a su alrededor, toma la espada del hombre caído e ignorando la mirada de sorpresa de los dos hombres mayores. Detiene a uno de sus atacantes, aplicando un poco de fuerza logran separarse solo para detener otro ataque por el franco derecho. Gira con gracia evitando dos estocadas más, remata con un corte en diagonal a uno de sus atacantes.

― Dos, faltan dos. ― Susurra entrecortadamente. La adrenalina la motiva a continuar la pelea. Esquiva sus estocadas y arremete con un golpe directo en el hombro derecho de uno de ellos. Rápidamente, detiene el siguiente ataque. Siendo más difícil de desviar y detener, May se esfuerza al máximo para dar un giro que desvié la siguiente estocada y que le ayude a enterrar su espada al costado izquierdo del último bandido. En el suelo yacen los cuatro bandidos tirados, sangrando por las heridas profundas.

Gimiendo de dolor, los bandidos observan a la pequeña que acaba de arremeterlos. No pueden creer que la frágil niña haya podido contra ellos. La ira recorre sus venas. ― Esto no se quedará así, pequeña.― Se levantan a duras penas, dispuestos a acabar con aquella chiquilla entrometida. May los esquiva mientras utiliza el mango de la espada para golpearlos en la nuca, dejándolos inconscientes.

Observa a Toro derrotar al pokemon restante. Cruzan sus miradas, ambas respiran agitadamente tratando de recuperar el aire perdido y mantener sus emociones bajo control. Lo que acaba de hacer fue una acción muy osada pero no podía permitir semejante barbarie. Son traídas a la realidad por una voz temerosa.

― S-s-señorita, le estamos profundamente agradecidos. Sé que merece un agradecimiento más elaborado y alabador pero nuestro amigo está sangrando, ¿Podría ayudarnos? ― Se anima a hablar uno de los dos señores mayores. Un hombre de cabellos castaños con pocas canas. La chica observa a los hombres, sus vestimentas son muy ostentosas al igual que el carruaje que está a su lado. Eso explicaría por qué fueron atacados. Respira profundamente antes de brindarle una de sus mejores sonrisas.

― Por supuesto, el pueblo más cercano se encuentra a unos cuantos metros de aquí. Me llamo May Mapple, un gusto conocerlo señor. ― La chica se acerca a ellos, toma una parte de su vestido rasgándolo para utilizarlo como gasa. Se acerca al señor herido envolviéndole la herida de su costado derecho, la herida más profunda.

― Un gusto señorita mi nombre es Alberth, ¿Sería tan amable de guiarnos? ― Asiente a la petición del señor. Dirige su atención a su amiga.

― Toro, ¿podrías…. ― Es interrumpida por los gritos de un joven.

― ¡May!, ¿Te encuentras bien? ¿Estas herida? ¿Qué pasó aquí? ¿Por qué te alejaste tanto? Te dije que te quedaras cerca. ― La toma de los hombros mientras grita completamente histérico y preocupado. Su corazón late rápidamente por el temor. No desea que nada le ocurra a la joven, lo acaba de preocupar tanto. Estaba como loco al momento de no verla en el pueblo cuando uno de los pueblerinos le dijo que la había visto dirigirse al bosque. Corre a su encuentro pensando que estaría perdida solo para encontrarla cerca de un grupo de hombres noqueados, un herido y unos ancianos con vestimenta ostentosa.

― Tranquilo Brendan, más tarde habrá tiempo de explicaciones por ahora lo importante es llevar al señor herido a la finca. Tu padre debe atenderlo. ― El joven observa nuevamente a los hombres quienes expectantes esperan el apoyo del muchacho. Suspira, hay que seguir las prioridades.

― Señores, ¿serían tan amables de ayudarme a subir a su amigo al carro. Yo los guiaré. ― El hombre de cabellos castaños asiente dispuesto a ayudar al joven.

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Se permite un suspiro de alivio dentro de la seguridad de la finca Birch, si bien recuerda. Observa con sus ojos plateados a su joven pero valiente heroína caminar entre la habitación perdida en sus cavilaciones. Todos están preocupados por la salud de su buen mozo, Jardeth. Honorablemente, esperaba cumplir con su labor y salvaguardar su vida pero aquellos bandidos le llegaron de sorpresa. Toma con sus manos temblorosas, por los eventos recientes, la taza de té que amablemente la señora de la casa le ha ofrecido. No tiene duda que aquella vigorizante bebida es la más deliciosa que ha probado pero su cuerpo parece no disfrutar de los placeres banales en estos instantes. La vida de un hombre bueno pende de un hilo, por más que intente concentrarse en otra cosa no puede. Deja olvidada la taza en la mesa de centro, la habitación perfectamente iluminada con vista de los jardines señoriales no le ayudan a relajarse. Desea distraerse con cualquier cosa, tal vez sea la perfecta excusa para conocer a tan gallarda señorita.

― ¿Señorita Mapple? Por lo que pude escuchar momentos antes. ― Su voz rasposa por el tiempo atrae la atención de los presentes.

La morena asiente, le regala una sonrisa sincera. ― Así es mi señor. May Mapple para servirle. Sé que los infortunios de nuestro encuentro no fueron los más adecuados para una debida presentación. Me siento avergonzada por mis acciones, espero que llegue a perdonar mi comportamiento inadecuado. ― Temerosa, se acerca al sillón para tomar asiento a lado de su querida tía.

― El que tiene que rendir cuentas soy yo, señorita Mapple. Nos ha salvado la vida, no sabríamos que hubiera sido de nosotros si no fuera por su intervención. Hablo en nombre de mis amigos por igual en decirle que queremos agradecerle profundamente. Estamos en deuda con usted. ― Se irgue en su lugar mientras una sonrisa sincera se despliega en su rostro. Si su familia lo viera ahora no habría duda que sus quijadas estarían en suelo en este mismo momento. El hombre de negocios conservador dueño de la mitad de Hoen, sonriendo sinceramente y dándole gracias a una quinceañera sería difícil de creer. Ríe ligeramente ante este pensamiento. ― Si hay alguna forma de recompensarle, no dudaría en hacerlo. Podría visitarme en mi finca, tal vez pueda encontrar algo adecuado para agradecerle…..― Fue interrumpido abruptamente por la voz indignada de la jovencita.

― ¡Señor mío! Usted no me debe nada. ― Exclama con sinceridad y ferocidad. ― Lo que hice solo fue ayudar. Es lo que haría por cualquier persona que estuviera en su situación. No busco fama ni fortuna, mucho menos reconocimiento. Sí hay algo en lo que puedo servir, no importa a quien sea, lo haré. No pienso quedarme parada aterrorizada del miedo ante tal injusticia. ― Se levanta de su lugar, enfrentando a aquel señor de costosas vestimentas. Ella no espera que alguien como él la entienda. Sabe que esa clase de personas solo valoran a los demás por su dinero. Para él, ella no debe valer más que unos cuantos peñiques. No le interesa estar en buenos términos con él.

― May …― La voz suave de su tía la vuelve a la realidad. Respira, tratando de controlar el coraje que aquel hombre causo en ella. Se maldice internamente por su exabrupto. No se quedará ahí para recibir una reprimenda de su tía. Aquel señor no merece una atención especial ni reconocimiento mayor que Javier el empleado de papá en la siembra familiar.

Tal vez va siendo hora que Jotho y Hoen sigan el ejemplo de Khanto y se levanten en contra del sistema burgués injusto. ― Me siento algo indispuesta, me retiraré a mis aposentos. Por favor, manténgame informada del estado del señor Jardeth. ― Sin esperar respuesta sale corriendo del lugar.

El señor de cabellos y ojos plateados observa a la muchacha salir de la habitación. Ha quedada anonadado por su apasionado debate, un poco aterrado también. Puede escuchar las mil y un disculpas de la tía de la jovencita hacia su persona. Su mente navega ante lo ocurrido momentos antes, ignorando a todos los demás. Aquella jovencita osada se atrevió a insultarlo pero no puede sentirse indignado. Algo en ella lo ha capturado, será la pasión con la que exclamó aquellas blasfemias o su mirada feroz de aquellos orbes zafiros. Parecía la ira salvaje del océano caer sobre el él. La muchacha no es hermosa y claramente no tiene una buena educación, algo que pudo deducir por la escena que le acaba armar. Su carácter deja mucho que decir pero no puede negar que aquel fuego que arde dentro de su ser es lo que necesita. Sonríe petulantemente, quien hubiera pensado que la respuesta de sus problemas fuera una jovencita insensata, brusca, mal educada, falta de gracia e inexperta.

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Lee ávidamente la carta recién llegada. Espera que sean buenas noticias, la situación en Khanto es muy problemática. Debe haber una forma de poder controlar a aquellos salvajes. Maldice internamente, molesto rompe la carta en mil pedazos mientras se dirige al rincón de su oficina. Este espacio se ha vuelto algo necesario sino esencial para su vida desde que ha tomado control de los negocios de su padre. Todo parece derrumbarse y el alcohol ha sido un buen amigo que lo ha sabido levantar cuando todo se torna oscuro. Tome una vaso de brandy, el más fuerte y añejo que encontró en los estantes. Observa sin ver realmente las flamas de la chimenea, trata de formar un plan de acción ante esta enorme catástrofe.

Sus cejas plateadas se fruncen, no puede hacerlo solo. Necesita ayuda, su única esperanza es que todo salga bien en el fin de semana de campo que tendrá con sus proveedores. Si ellos aceptan sus términos, podrá ponerles un alto a aquellos liberales salvajes hambrientos de sangre y dinero.

No tiene tiempo de jugar a la casita con la señorita Vivian, toma asiento en la silla de su escritorio. Debe actuar rápido, si los bandos cambian todos sus planes se derrumbaran. La monarquía le ha favorecido a sus negocios, no pueden fallarle. Le han dado mucho a su majestad, debería besarle sus zapatos. Sus impuestos han sido muy generosos, si no más. No puede dejarse menguar por un par de jóvenes liberales perezosos. Deja caer su mano izquierda por su rostro en un gesto desesperado. No piensa perder, no fallará en esto. Será recordado como el mejor de la familia Stone, aquel que otorgó honor y gloria a su insípido linaje. Toma el contenido de su vaso de un solo trago, debe dejarle en claro a su pomposo e incompetente rey quien es el dueño de Hoen.

Se encargará de ese bufón, escribe rápidamente una carta. A pesar de las prisas y su coraje contenido, aquella escritura no pudo verse más perfecta. La coloca en un sobre donde solo escribe un nombre.

― ¡Gerard! ― Grita fuertemente. El toque en su puerta es la respuesta a su llamado, un hombre de cuarenta y tantos años entra en la habitación.

― ¿En qué puedo servirle mi señor? ― Pregunta después de la debida reverencia.

Sin mirarlo le extiende la carta, Gerard toma la carta y espera a sus siguientes instrucciones. ― Entrégala lo más pronto posible. Espero las respuestas en el periódico de mañana. ― Lo despide con desdén, el hombre se retira no sin antes dar una última reverencia.

Se levanta para servirse otro vaso de brandy, sonríe maliciosamente dejando ver sus colmillos. Es hora de que sus siervos entiendan su lugar.

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Los chasquidos de los ponytails es el único sonido que se escucha. Esta tan nerviosa como para establecer una conversación amena con Brendan. Por la ventanilla de la carrosa observa la inmensa casa de verano del señor Stone. Traga pesado mientras tiembla ligeramente. Brendan toma la mano enguantada de su amiga, entrelazando sus dedos. May dirige su mirada azulada a los rubíes preocupados de su amigo. Una sonrisa sincera se extiende por los labios del joven. Tratando de transmitirle seguridad a su vieja amiga.

― Estoy aquí contigo, May. No te dejaré sola, todo saldrá bien. ― Aprieta levemente su mano en señal de consuelo. La morena le sonríe algo insegura. Quisiera tanto creer en las palabras suaves de su querido amigo.

― Gracias, Brendan. ― Su mente sigue inundada de pensamientos inseguros, vuelve a dirigir su mirada asustada a aquella mansión. A pesar de la belleza y tranquilidad del lugar, no puede evitar sentir una presión en su pecho. Tiene tanto miedo. ― Mi querido padre, no me dejes sola. ― La carrosa pasa por el arco de la entrada del lugar, sentenciando a su joven habitante.

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Da un sorbo a su taza de café mientras lee las noticias en su periódico favorito. Una sonrisa maliciosa se extiende por sus labios al leer la premisa más importante del día.

― Mi señor. ― La voz de una de las sirvientas del lugar lo saca de sus cavilaciones. ― Los invitados se encuentran esperándolo en la sala continua. ―

― Muchas gracias….. ― Espera a que la sirvienta llene el espacio.―

― Bianca. ― Suministra con una leve reverencia.

― Muchas gracias, Bianca. ― Le da una sonrisa fingida. ― Estaré ahí en un momento. ― La sirvienta se retira con un asentimiento de cabeza. El joven pasa su mano izquierda por sus cabellos plateados, llego la hora. Sale de la habitación con una sonrisa socarrona.

En la mesa queda olvidado el café y el periódico donde la noticia que ha devastado a todo el pueblo de Hoen resalta con letras grandes, "Hoen se encuentra en luto tras la muerte de su príncipe Marth Ludwing Von Houson".

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¿Fue culpa de Steven?