"Mi Gran Amor, Siempre Has Sido Tú"

Capítulo 2

Los personajes no son míos. Pertenecen a Kyoko Mizuki y a Yumiko Igarashi

En su habitación, Candy se miraba al espejo. - ¡Dios mio! Pero qué me hizo Annie? ¡Casi no me reconozco!, sabía que esa tramposa me pondría esos vestidos ajustados… bueno, debo agradecerle, por primera vez me veo linda, y me siento así. La rubia se preguntó a si misma: "Qué pasó con esa chica que trepaba árboles y se comportaba como niñito? Mírate Candy, estás hecha una mujer… ¿acaso esos días quedaron atrás, junto a todo mi pasado?" Se llevó sus manos a su pecho y besó su relicario que sus queridas madres le habían dado cuando ella era pequeña. "Mis madres… ellas no pudieron venir, no podían viajar con todos los niños que hay en el hogar. Pero sé que están conmigo, me enviaron cartas llenas de afecto que guardaré por siempre. Quizás después de la ceremonia… pueda ir unos días al Hogar a visitarlas. Las echo tanto de menos" Una lágrima cayó por el rostro de Candy al recordar a la señorita Ponny y a la Hermana maría.

De pronto tocan la puerta de nuevo. - ¡Ya voy!.- Candy abrió y era la enfermera Mary Jane!

- ¡Candy! .- dijo ella asombrada. – Por Dios niña, estás divina!, preciosa! Jamás te había visto así.

Candy se sonrojó. Ella vestía un hermoso traje blanco, como el de una enfermera, pero adornado con lazos verdes en la cintura y en las extremidades de su vestido. Además, tenía pequeños lunares verdes que lo hacían ver un vestido coqueto pero al mismo tiempo digno de una señorita. Vestía un escote en V, que hacían ver un poquito de pecho y hacía lucir ese cuello largo que Candy tenía. El vestido iba acompañado de unos zapatos color crema y aretes para que adornaran su rostro. Iba maquillada de manera muy natural, pero sus labios estaban pintados de un color rojo pasión que la hacía verse más mujer de lo que ella era. El color de los labios iba perfectos con el verde esmeralda de sus ojos y el de su vestido. Su cabello iba suelto, en caída cascada y sus rizos, más brillantes que nunca. Sin duda, Annie había hecho un trabajo de lujo.

- ¿De verdad lo cree enfermera Jane?.- Dijo la rubia apenada y con su rostro sonrozado.

- ¡Claro que sí torpe!.- Mary Jane, siempre le había dicho así. Al principio ella la encontraba una atolondrada, pero le tomó un cariño muy especial a esa pecosa.

- ¡Gracias enfermera Jane! Usted fue como mi otra madre aquí, en el hospital. Jamás olvidaré sus enseñanzas- Dijo la rubia, con lágrimas de emoción en sus ojos, al mismo tiempo que la abrazaba.

- ¡Yo tampoco te olvidaré Torpe! Siempre diré que fuiste la enfermera más atolondrada de este hospital.- Le decía la señora Jane a su querida estudiante. - ¡Ya! Está bien de tanto lloriqueo. Es hora de que vayas atrás del salón y esperes a que la ceremonia comience. Cuando escuches tu nombre, subes al escenario, te darán tu diploma de enfermera y listo. Los nervios habrán pasado.

- Gracias Enfermera Jane. Me iré de inmediato.- Al irse ella, Candy se miró por última vez al espejo, respiró hondo, dio un último vistazo a lo que fue su habitación por dos años completos y cerró la puerta. "Se terminó una época hermosa, y al mismo tiempo triste. No puedo dejar de pensar en ti, menos en este día, mi amor…". "¡Vamos Candy!" se dio coraje a ella misma. "Es la hora".

Aproximándose detrás del escenario, Candy iba caminando y todos los hombres que la veían, la mayoría doctores, no podían creer que ese ángel tan bello, fuera la atolondrada de Candy. Sin duda, se veía hermosa. "Cielos… ¿por qué me mirarán tanto? Pensaba. "Habrá algo malo con el vestido que me colocó Annie?" En medio de esos pensamientos, escuchó que alguien la llamaba, era su ex compañera Flammy, que había partido a la guerra, hace ya un año.

- ¡Flammy! No puedo creer que estes acá! ¿cuándo llegaste!? Decía la rubia con emoción.

- Tranquila Candy, acabo de llegar hace pocos minutos. La guerra ya a acabado, así que pude viajar y puedo graduarme contigo. – Le decía Flammy con esa seriedad que la caracterizaba.

- ¡Ay Flammy! Qué alegría es verte de nuevo, no sabes cuánto te extrañé. Rezaba por ti, todas las noches, procurando que nada te pasara. ¡Te extrañé mucho!.- Saltó la rubia a abrazar a su rival. Flammy nunca le agradó Candy, pero al ver con todo el cariño que la había recibido, su corazón se quebró.

- Gracias Candy.- Se separó Flammy del abrazo de su compañera. – Antes que todo, debo pedirte disculpas, nunca fui amable contigo, además… estaba celosa de ti. Todos te adoraban, los pacientes siempre preguntaban por ti y bueno… yo era la amargada que nadie quería.

- Shhhh…. – No digas más. – Dijo la rubia callándola. – Esos días quedaron atrás, ahora estamos las dos aquí, a punto de graduarnos! – decía la rubia con ojos centellantes.

- Es cierto. Dime Candy ¿y tu novio, el inglés, ¡el actor! Que vino a buscarte una vez… ¿vino a verte?

Cuando Candy escuchó esas palabras, se silenció. El brillo de sus ojos se apagó, habían nombrado a ese arrogante aristócrata, ese inglés engreído que ella adoraba.

- Candy… ¿dije algo malo? De repente tu mirada cambió, ¿acaso…?

- Flammy, por favor. No quiero hablar de eso. – Dijo la pecosa con su mirada hacia abajo a punto de derramar lágrimas.

- Oh Candy, perdóname, no sabía… - decía la enfermera apenada.

- No… - Se le escuchaba la voz quebrada, pero levantó su cabeza, y sonrió como solo ella, sabía hacerlo. – No te preocupes. ¡Vamos! Ya nos van a llamar, además soy la primera! Jajajaja. – Candy se reía, pero era solo para aparentar. En el fondo quería llorar.

- Es cierto. ¿Sigues usando el apellido Andrew? Pensé que no lo ibas a usar.

- ¡Ay Flammy!.. es una larga historia. Pero debo usarlo, es un honor poder llevar ese apellido, además, hasta dónde he llegado, lo he hecho por mí misma, sin la ayuda de nadie. Así que puedo llevar ese apellido con tranquilidad. – Sentenciaba la Rubia con orgullo en su voz.

- Me alegro por ti. Bien, debo irme, falta mucho para que toque mi turno, y debo arreglarme un poco. ¡Nos vemos al final de la ceremonia!. – Flammy abrazó a Candy, como las amigas que eran ahora.

al irse Flammy, la rubia pudo respirar hondo. Estuvo a punto de quebrarse cuando escuchó hablar de su amor. Pero no, hoy no derramaría ninguna lágrima de pena. Hoy ella, sería feliz.

El salón ya estaba lleno. Las autoridades del hospital ya estaban sentadas en sus lugares, y Mary Jane, la directora del departamento de Enfermería, tomaba lugar en el escenario.

- ¡Por fin! Exclamaba Archie.- Ya era hora!. Quiero ver a nuestra Candy!- Decía con enojo en su asiento.

- Silencio Archie.- Le llamaba la atención Annie. Ya va a salir Candy, recuerden que es Andrew, ella saldrá primero que todas. Tengamos paciencia.

Patty y Stear asintieron dándole la razón a Annie.

- Miren, va a hablar la enfermera Mary Jane. – decía Albert. – Guardemos silencio.

- Estimados señores del Hospital Saint Jane, directores, doctores, enfermeras y también familiares de las que hoy se graduarán del curso de Enfermería en cirugía, sean Bienvenidos. – Decía Jane.

Hoy estamos acá, para felicitar a nuestras queridas enfermeras, que han puesto todo su esfuerzo para poder llegar a dónde estamos ahora. El camino no ha sido fácil, no. Hace un año tuvimos una guerra, una guerra dónde muchos perdimos seres importantes, un tragedia que esperamos que nunca más vuelva a pasar en nuestro mundo. No necesitamos más guerras. Necesitamos amor, paz y alegría ( … )

A todos los presentes, el discurso que impartía la vieja enfermera, los emocionaba. No solo por lo que decía, era de reconocimiento público que la guerra había traído consigo grandes pérdidas no solo monetarias, si no también, sociales. Había sido un año difícil para todos.

- Jamás pensé que esa enfermera, hablara tan bonito, y que mencionara ¡el amor! De seguro hace mucho que no tiene a nadie a su lado, jajaja. – Decía como chiste Archie.

- ¡Archie!.- Le llamaba la atención Annie. – ¿Cómo puedes decir algo así? Ella fue quien cuidó a Candy y le enseñó todo lo que ella sabe, a pesar de su apariencia dura, la Señora Jane, es una mujer llena de sabiduría y entrega.

Archie estaba apenado. Notó que su chiste no había caído en gracia. – Lo siento cariño… fue solo una broma, la verdad solo quiero ver a Candy.

Annie ya se había acostumbrado. Candy era su hermana y siempre supo que Archie en el pasado, estuvo enamorada de ella. Ahora ellos estaban juntos, pero sabía que su gran amor, jamás olvidaría a ese enamoramiento de infancia y parte de la juventud. Por eso ella lo comprendía, al fin y al cabo, todos amaban a Candy, era imposible no hacerlo. Así que Annie, le tomó la mano a Archie cariñosamente y le dijo.

- Amor, sé que quieres ver a Candy, ¡Todos queremos verla! Pero ten paciencia, ya la veremos y le daremos todo el cariño que ella se merece en este día, ¿de acuerdo?.- le decía la pelinegra con ojos llenos de amor.

- Lo siento Annie. Tienes razón, dejaré de decir tonterías.

- ¡Silencio chicos! – decía Stear, creo que saldrá ahora.

- ¡sí, sí! Candy ya viene, la van a nombrar, ¡que emoción! – decía Patty. Estaba más alegre que nunca, solo quería ver a su amiga feliz, luego de tantas tragedias que le habían sucedido.

- Ahí viene nuestra pequeña.- Dijo Albert, lleno de orgullo en su voz. La había visto crecer, convertirse en jovencita y ahora, toda una mujer. Albert era su tío, hermano, amigo y hasta padre. Estaba enormemente feliz, de que esa pequeña niña llorona, haya llegado a su vida.

La enfermera Jane estaba terminando su discurso y se preparaban para llamar a las graduadas del curso.

- Bien, ahora llamaremos a nuestra primera Enfermera. Debo comentar algo de ella. – Dijo Mary Jane algo seria, pero con un tono juguetón en su voz. – Cuando esta niña llegó a nuestro hospital para ser enfermera, era … ¡Un desastre! – Hablaba Jane, con esa voz dura y profunda que todos conocían, pero aún así, todos los que estaban en el salón, se rieron. – Incluso le puse un apodo. ¡Torpe! No paraba de correr de aquí a allá, se subía a los árboles y era una respondona. – Sentenciaba la vieja Enfermera.

Candy estaba a la nada de salir al escenario. Sorprendida y emocionada por todo lo que decía su mentora. Todo lo que estaba contando era la pura verdad. Nunca olvidaría esos consejos que esa maravillosa mujer le brindó.

- A pesar de todo, esta niña, se ganó el corazón de todos nosotros. El proceso de la guerra se sintió diferente con ella acá. Los enfermos la querían todo el tiempo. Su ternura, su voz, y su compromiso con su traje de Enfermera, nos alegró y enorgulleció a todos. Solo quiero decirte, querida niña, que este Hospital, siempre tendrán las puertas abiertas para ti. De la señorita de la cual estoy hablando, es nada más y nada menos que ¡Candice White Andrew! Ven acá …¡Torpe!.- Terminó de decir Jane, todo el mundo reía y aplaudía.

Candy se acercó al escenario con los ojos llenos de lágrimas. Las palabras de su profesora, habían llegado a su corazón. Jane le hizo entrega de su diploma, certificando que en estos momentos, ya era Enfermera con conocimientos en cirugía.

- ¡Por Dios mírenla! Está preciosa… Annie, la dejaste como un ángel. – le decía Archie al oído a Annie. Y ella le respondió con un autosuficiente – Lo sé querido, lo sé.-

Albert, Stear estaban impactados. Candy se veía deslumbrante. "Mi pequeña" pensaba el rubio ojiazul. "Hoy serás más feliz que nunca"

Candy ya estaba en el escenario. Todos concordaban que se veía deslumbrante.

- No sé qué decirle Enfermera Mary Jane… usted me entregó todo lo que sé, muchas gracias.- Decía la rubia pecosa emocionada. Se acercó al estrado y dijo en voz alta. – Amigos, sin la buena Enfermera Jane a mi lado, este lugar habría sido muy difícil para mí. Ella fue una verdadera madre, me cuidó, me regañó y jamás, jamás, olvidaré cómo me llamaba. ¡Tooooorpe!.- Imitó Candy con la voz profunda de Jane. Todo el mundo estaba emocionado. Las dos se abrazaron, con lágrimas en los ojos, y se dijeron palabras dulces al oído. Candy tomó su certificado y se retiró del escenario.

Al bajar, ya la estaban esperando todos sus amigos. Abrazó y besó a cada uno de ellos.

- ¡Por Dios Candy! Estás preciosa! Mírate gatita, ya eres toda una mujer.- Archie no paraba de abrazarla.

- Gracias Archie. Agradécele a Annie, ella hizo todo esto.

- No digas tonterías Candy – comentaba Annie. - Tú eres hermosa, yo solo te ayude un poquito- le decía guiñándole un ojo en confidencialidad.

- Candy, amiga mía. Te felicito por este gran logro. Sabía que lo lograrías, eres la mejor!.- Patty su linda amiga del colegio San Pablo, estaba feliz por estar ese día con su gran amiga. – Mi abuela Marta, no pudo venir. Pero te manda muchos saludos.

- ¡Oh! Esa abuela tuya… siempre la tendré en mi corazón, ¡Cómo olvidar esos días en el San Pablo cuando quizo ser de estudiante! Jajajajaja – decía Candy llorando de la risa, junto con Patty.

- Bueno, bueno, y a mi no me dices nada Candy? Acaso.. ¿no soy yo tu inventor favorito? – decía Stear con ojos apenados, claramente bromeando.

- ¿Cómo puedo yo olvidar al que me hizo volar en un avión? Ven aquí Stear, déjame abrazarte, mi gran inventor. Gracias por estar acá.- Candy lo abrazaba como si no existiera el mañana. Se puso a pensar, en ese momento en el cual supieron que Stear, se había marchado a la guerra… Candy rezaba todas las noches para que nada malo le sucediera.

- ¿Y a tu querido Padre, no le dices nada, hija?.- Dijo Albert viendo toda la hermosa escena, no había querido interrumpir.

- ¡Aaaaalbert! – saltó Candy a los brazos de Albert como cuando era niña, casi lo bota al suelo.

- ¡Candy Candy, cuidado! Nos podemos caer.- Decía él, riéndose, todos reían.

- ¡Perdóname Albert! Es que… estoy tan feliz, están todos acá, todos! "no todos, no te engañes, falta él" le decía su entrometido cerebro. "No me arruines mi día, por favor, no hoy" le respondía Candy a sus pensamientos.

- – Albert, querido… ¿Lo viste? Ya soy egresada, lo logré!. – decía la rubia de rizos, saltando de alegría.

- Así veo mi pequeña. Pero falta una sorpresa… algo que ni tú ni nadie se puede imaginar.

- ¡Ay Albert! Por favor, ya cuenta qué es! Desde que llegamos que estas con eso. – Decía Archie ya cansado de eso, se le notaba hasta en su tono de voz.

- Calma hermano.- Stear como siempre calmando los ánimos.

- La verdad… yo también quiero saber qué es esa sorpresa.- Decía Annie apenada, al parecer todos querían saber qué era eso tan misterioso que tenía Albert para Candy. Todos miraban a Patty, solo faltaba que ella dijera que también quería saber la famosa sorpresa de Albert.

- ¿Bueno que me miran tanto? – Decía la de lentes. – ¡Yo se esperar! El Señor Albert, sabrá encontrar el momento adecuado. Todos miraban hacia sus zapatos, al parecer, la única que tenía modales, era Patty.

Candy estaba anonadada. No entendía nada de lo que pasaba. Su cara era un laberinto. - ¿Qué sucede Albert? Ya, ¡dime mi sorpresa!

- ¡Está bien, está bien, creo que es el momento. Pero…. Mis queridos muchachos, ustedes tendrán que salir, luego les cuento, pues esto, es algo que solo Candy debe ver.

- ¡¿Quéeee!?.- Decían todos. Hasta Patty. – ¡Esto no es justo Tío!.- Argumentó Archie. Era el que más ganas tenía de saber cuál era el famoso regalo.

- Háganme caso. Nos vemos al rato.

Refunfuñando todos se fueron. Solo quedaron Albert y Candy.

¿Cuál será esa sorpresa de la que tanto habla Albert? ¡Acompáñenme!, en el siguiente capítulo lo verán...