Noticias y avisos al final de este corto, corto capítulo.
…
Capítulo 2: Pequeño tentación.
Desde la primera vez que entró a esa habitación presintió que su estancia ahí no sería corta.
Cuando el Leonardo de ese universo le mencionó que se quedaría en la habitación del ausente Donatello, creyó que la cama de alguien tan pequeño no lo soportaría, pero se llevó una gran sorpresa al reconocer que esta tenía una excelente base reforzada con un asombroso trabajo de herrería; si, definitivamente era un mueble seguro para su peso.
Al parecer el Donatello originario de ese lugar era tan inteligente como su preciado hermano.
Todos eran tan parecidos a sus contrapartes… bueno, podía hablar por casi todos, pues seguía sin estar seguro sobre ese extraño chico al que le faltaban un par de dientes frontales; aunque todos parecían estar muy cómodos ante su presencia.
Pero definitivamente quien llamaba más su atención era ese bajito niño que se suponía era el otro Mikey; tal vez era quien cambiaba más respecto a su realidad, pues sus diferencias eran tan visibles. El niño impresionado por su espontanea presencia portaba un rostro adorable y un ligero peso extra poco común en ninjas con arduo entrenamiento físico.
Salvo de verlo como algo negativo, era algo que llamaba totalmente su atención; motivo por el cual nunca salió de su cabeza durante toda su estancia en ese lugar.
Mikey se había comportando tan tierno y atento con él que decidió no resistirse a los excelentes tratos a los que era sometido por parte del más joven de la familia; inevitablemente suspiró al recordar que él también tenía su propia versión de ese ilusionado niño que no dejaba de verlo con ojos de asombro. Así era cada uno de sus días al lado de su propio Michelangelo, así que comprendía a la perfección la desesperación de Leo por proteger la integridad de su preciado hermanito menor.
Sonrió frente al espejo del baño donde se encontraba cepillando sus dientes previo a entrar a la cama; su familia alternativa había sido muy amable al permitirle pasar la noche en la habitación de su Donatello desaparecido, por lo que de antemano supo que tendría un lugar cómodo y ordenado para dormir.
Increíble; ese otro Splinter confió inmediatamente en él cuando supo de quién se trataba, y ahora, lo único que tenía en la mente era algo que seguramente reprobaría.
Y ya ni hablar de su otro yo, a quien daba gracias que no tuviera la habilidad de leer mentes y descubriera fácilmente las intenciones que ahora se formaban dentro de su cabeza.
Terminó de asearse, y envuelto en una no muy cómoda bata de baño, la cual tenía que mantener cerrada porque no abrochaba del todo dado a que pertenecía a su padre de ese universo, volvió a su habitación temporal. Dejó todas sus cosas en los baños comunes; el día de mañana ya tendría la oportunidad de limpiar todo, así no pasaría mucho tiempo con esa incomoda bata sobre él; como odiaba sentirse así de desprotegido y expuesto al no utilizar ropa interior.
Cuando llegó y abrió la puerta sonrió mucho más amplio al ver lo que había ahí dentro; no era que no se lo esperaba, al contrario, había sido bastante predecible. Fue la forma en la que aquél angelical ser estaba esperando su llegada.
—Bien, parece que tenemos un pequeño intruso esta noche.
Mikey, quien se encontraba sobre la amplia cama, tumbado de panza mientras esperaba leyendo algunos comics, salió de un brinco en cuanto escuchó su voz y corrió hacía él, ofreciéndole todas las revistas e historietas que estaba leyendo previo a su llegada.
—¡Traje los comics que te prometí! —dijo sonriente, poniendo las delgadas revistas en la mano que tenía libre—. Espero que te gusten, son mis favoritos. Por favor no le digas a mis hermanos que tú los tienes; se molestarían conmigo porque nunca se los presto.
—Gracias, Mikey. Estoy seguro que esto me permitirá dormir plácidamente.
Tuvo que agachar un poco su cabeza para observarlo mejor: maldición, era tan adorable.
Apretó un poco esos comics en sus manos para soportarlo; jamás se había sentido atraído por un hombre… o un poco más especifico, con un niño como Mikey.
Sabía que su libido no estaba inactivo, pues supo de su despertar sexual desde muy joven, como casi cualquier adolescente, pero este le daba un poco de lata, a veces, cuando pasaba tiempo de calidad con su amiga humana. Es decir, era simple lógica; ella es la única mujer en su vida, con la que ha tenido contacto y además es hermosa, pero hasta ahora jamás había tenido intenciones de dar un paso más allá de la bonita amistad que mantienen. April lo respeta; confía en él.
Pero este niño… Maldición, este pequeño en menos de un día había logrado cosas, hasta ahora, imposibles para él.
—¿E-estás molesto porque entré a tu habitación sin permiso?
Aquella pregunta lo hizo volver a la realidad en un instante; salió de sus pensamientos sólo para ver ese rostro confundido y cabizbajo; después de darle las gracias Michelangelo intentó mantener conversación pero había sido imposible para él, pues sus pensamientos rápidamente volaron muy lejos de ahí, efecto de los detalles inocentes que su hermanito tenía para con él.
—Por supuesto que no, Mikey —acarició sus mejillas con intenciones de que esas creencias se fueran lejos—. Al contrario; me encantaría poder tener una fiesta de pijamas contigo, pero si Leo piensa que es inapropiado tienes que obedecerlo; él sólo quiere lo mejor para ti y lo sabes.
Michelangelo cambió su rostro rápidamente, aún más confundido que antes.
—¿Ahora tú también lo piensas? ¡No entiendo a qué se refieren! Eres mi hermano, jamás me harías daño, ¿cierto?
Suspiró; extrañamente esto se tornaba difícil.
—Por supuesto que no, Mikey. Pero Leo tal vez piensa que es inadecuado que tú y yo… Más bien que yo… —maldición, ¿porqué?—… ¿No has pensado que tal vez… él esté un poco celoso de que tengas todas estas atenciones conmigo?
Mikey entristeció de nuevo; aquello había sido un poco… doloroso.
—No debería sentirse así —desvió la mirada, afligido por el rumbo que había tomado aquella pequeña charla—; fue él quien me rechazó cuando le dije lo que sentía.
El montón de revistas emitió un sonido hueco en cuanto cayeron de las manos del Leo más grande, totalmente impresionado por aquella declaración.
—M-Mikey… ¿Tú estás… enamorado de Leonardo?
El pequeño jugueteó con sus dedos al tiempo en que evadió esa intensa y pequeña mirada azul; repentinamente un poco de vergüenza logró asomarse en él… pero sólo un poco.
—Me gusta Leo, mucho —declaró—. Pero él me ha pedido muchas veces que deje ese pensamiento de lado porque somos hermanos.
—Lo siento —lamentó, con el pensamiento interno de que ese otro Leo era un completo idiota.
—Está bien, tiene razón. Mi hermano siempre toma las mejores decisiones por nuestro propio bien, y si él dice que esto está mal, entonces creo ciegamente en él —vio al más alto sonreír, aunque fuera brevemente gracias a sus siguientes palabras—. Creo que lo que más lamento es no poder tener esa intimidad tan incongruente que mis otros hermanos tienen.
—¿D-de que hablas? —preguntó, imaginando que nada bueno saldría de ello.
—Raph y Donnie son novios. Lo sé porque los he descubierto dándose muchos besos a escondidas. Pelean mucho pero cuando desaparecen por horas y los volvemos a ver parecen muy felices. ¡Yo también quiero eso! ¡Pero Leo no quiere!
El Leonardo que no pertenecía a ese universo palideció; bien, ya habían sido muchas noticias para una sola noche. Descubrir que las otras versiones de Raphael y Donatello tenían sexo como un matrimonio común, y que además el pequeño Michelangelo estaba que moría por tener algo un poco más íntimo con su yo alternativo.
Llevó una de sus enormes manos a su rostro; cada segundo que pasaba en ese lugar descubría que su otro yo era un completo retrasado. ¡Mira que ignorar así a alguien como Mikey!
Bien, su argumento de que ellos son hermanos y está mal era razonable, pero aún eran muy jóvenes, tenían el derecho de experimentar y cometer algunos errores.
«Estás enfermo», pensó de sí mismo.
Terminó de masajear su sien y volvió a concentrarse en el pequeño frente a él, el cual extrañamente ahora tenía las mejillas totalmente rojas, por no decir su rostro completo, y no dejaba de verlo… pero no precisamente al rostro como esperaba.
—¡Wow! ¿De dónde salió eso? ¿Por qué es tan grande?
Rápidamente bajó su vista hasta el sitio donde Mikey estaba concentrado, dándose cuenta inmediatamente de que su bata de baño estaña abierta y ahora se encontraba totalmente desnudo frente a su hermanito. Y eso no era lo peor; medía el doble de estatura que él, por lo que literalmente tenía eso frente a su rostro.
Cerró su bata de nuevo, levantó los comics del piso y caminó presuroso a la cama. ¡Se sentía el ser más torpe en esos momentos sólo de recordar esos ojitos concentrados en su intimidad expuesta!
«Que bien, ahora soy un exhibicionista pervertido».
—M-Mikey, creo que será mejor que vayamos a la cama. Continuaremos nuestra plática mañana.
—¡¿Entonces si me dejas quedarme en esta habitación contigo?! —preguntó emocionado, no sabiendo cual era exactamente su expresión al encontrase de espaldas a él.
Tomó asiento en la cama, haciendo a un lado ese montón de comics para no estropearlos con su peso.
—¿Por qué quieres quedarte conmigo? —preguntó, viendo como el pequeño se acercaba a él a paso lento pero seguro.
Cuando escuchó la pregunta, se detuvo golpe, justo frente a él mientras seguía jugando con sus dedos gorditos y cortos, esta vez a la altura de su vientre. Aunque ahora, como un extra a ese sonrojo que no se borraba de su rostro, apretó un poco las piernas, moviéndolas un poco para que sus regordetes muslos rozaran constantemente.
De vez en cuando bajaba sus manitas para pasar sus dedos por su lugar bajo; aquella parte de su cuerpo pareció tener un montón de hormigas que causaban sensaciones extrañas, más no nuevas.
Leo se dio cuenta inmediatamente, lo cual lo hizo tragar saliva y cruzar las piernas; no necesitaba que su hermanito notara que estaba comenzando a despertar por ese simple pensamiento que llegó a su mente.
Mikey parecía tan vulnerable… y dispuesto.
Se concentró en aquellas manitas que intentaron controlar la situación en su propio cuerpo, pero el niño parecía no tener problema con toda esa atención recibida, pues parecía realizado al ver el rostro sonrojado del Leo más grande.
—Eres hermoso, Mikey —dijo, sin despegar sus ojos de esos muslos gorditos y tentadores.
Quería acariciar cada peca sobre sus piernitas y darles un erótico masaje hasta escucharlo hacer esos ruidos con los que muchas veces soñó y que sólo podía escuchar en las películas que "tomaba prestadas" de Raphael.
Gracias a ello había descubierto lo que era el sexo, pero de una manera no muy sana para alguien de su edad. Y la prueba estaba en todas esas cosas que en este momento pasaban por su mente para hacerle a ese niño frente a él.
—¿En verdad lo crees? —preguntó, acercándose tanto a él que sus piernas cortas sintieron la piel de las que pertenecían a Leo, quien permaneció sentado frente a él—. ¿Qué tanto?
La tortuga que medía el doble de tamaño tomó una de sus manitas y depositó algunos besos tiernos, desde el dorso hasta llegar a la articulación del brazo, cuando sintió su otra manita libre acariciar su rostro; más específicamente aquella larga cicatriz que atravesaba su ojo derecho.
—Eres tan delicioso y adorable que podría devorarte ahora mismo si me dieras tu permiso.
Cuando dijo esto, una enorme sonrisa se dibujó en el rostro de Mikey, por lo que inmediatamente tomó una ligera ventaja al subir nuevamente al regazo de su otro Leo, removiendo esa estorbosa tela que lo cubría para dejarlo desnudo y expuesto ante él.
—También me gusta mucho tu cuerpo —dijo, enredando sus bracitos alrededor del cuello del más grande para que sintiera esa declaración más intima—. Eres atractivo y todas esas cicatrices te hacen ver tan rudo con Raph, pero esos ojos son inconfundibles; eres Leo, y eso me basta para que me vuelvas loco.
Unió sus labios en un tímido beso que el joven recibió con gusto; Mikey era increíblemente tierno, pero sabía que, al igual que él, no buscaba simples besos y halagos sobre lo lindo que era tanto su rostro como su cuerpo.
¿Cómo fue que lo supo? Fácil, el pequeño separó las piernitas para intentar rodear su cintura, cosa que no logró al ser Leo muy grande y Mikey tener piernas muy cortas, pero eso no era lo más importante, si no que la colita del niño acariciaba insistentemente su hombría expuesta, cosa que lo llevaba cada vez más a rápido a la locura.
—Quiero hacerlo contigo, Leo —pidió el pequeño después de cortar ese beso, pues algo debajo de él seguía despertando y aumentando de temperatura—. Tú me gustas y yo a ti; podemos divertirnos juntos el tiempo que permanezcas con nosotros.
—Nada me haría más feliz —dijo, casi jadeando cuando el niño movió ligeramente sus caderas para provocarlo—. Pero eres tan pequeño y joven… muero por tomarte, pero podría hacerte daño.
Mikey soltó una pequeña risita; ese Leo era tan atento.
—Si te preocupa el convertirte en un pervertido por hacerlo con un niño, descuida; soy mayor de lo que aparento.
—¿Qué? ¿Mayor? —preguntó, no muy conforme con esa respuesta—. ¿Qué tan mayor?
—Tengo diecinueve. Y… dejé de ser virgen hace un par de años.
—¡¿QUÉ?! ¡¿Con quién?! —se alteró un poco, no imaginándose quien había tenido el privilegio de degustar por primera vez el cuerpecito de ese niño tan hermoso.
Mikey soltó otra risita; parecía que le divertía mucho esas reacciones que podía causar fácilmente en el más grande, sólo en tamaño.
¡Vamos! ¡Que es tres años mayor que él y ha probado las delicias del sexo con alguien más!
—Digamos que, hace un tiempo mi hermano Raphael también pasaba por la misma situación que yo; se le declaró a Donnie y este lo rechazó. Ambos refugiamos nuestros sentimientos y deseos con el otro, pero fue durante poco tiempo dado a que mi tonto hermano genio recapacitó y decidió intentarlo con Raph. Ahora llevan más de dos años juntos; muy enamorados y con una vida íntima más que activa. Mientras yo tengo que conformarme con…
—¿Con? —suplicó que continuara.
—Bueno… Casey también es un poco travieso… y curioso ¿sabes?
La quijada de Leo cayó hasta el suelo; ese niño era de todo menos inocente; aún y cuando su apariencia forzara a todo mundo a pensar lo contrario.
—¡Pero fue sólo una vez! ¡Lo prometo! —quiso excusarse, pues el rostro de Leo parecía lucir un poco… mareado—. Por favor, no pienses mal de mí por esto. En verdad amo a Leo, pero él me dejó muy claro que nada va a suceder entre nosotros, así que ya perdí todas las esperanzas. Lleva mucho tiempo ignorándome y jamás he notado que sienta un mínimo de atracción por mí —la voz del "niño" comenzó a quebrarse, aferrando sus manitas con más fuerza para soportar unas cuantas lagrimas.
El más grande besó uno de sus ojos y limpió el mínimo de rastro que había sobre este, diciéndole con ello que todo estaba bien.
Que todo estaría bien.
—Descuida, es completamente normal que sientas deseos de estar con alguien aún y cuando estés enamorado; tienes un libido perfecto y propinado para alguien de tu edad y está bien que sigas tu vida —en ese momento lo tomó de la cintura y con un movimiento rápido lo recostó en la cama, quedando sobre él y con el camino libre para depositar un par de besos más en sus labios—. Tu Leo es un completo idiota, jamás dejaré de repetirlo.
Mikey sonrió ampliamente y lo rodeó con sus piernas, asegurándose así de que su nuevo amante no escapara tan fácilmente.
Tomó con una de sus manos el miembro semi erecto de Leo, quien gimió en voz baja en cuanto sintió aquél toque tan directo pero increíble.
Esa noche tenía planeado jugar con ese niño hasta que ambos cayeran rendidos; no dejaría una sola zona de cuerpo sin saborear, ni un solo suspiro por atrapar con sus propios labios.
Quería provocar todos esos gemidos y suplicas que las chicas de los videos para adultos le mostraban. Y lo haría, de no ser porque…
—¡Mikey! ¡Sé que estás ahí dentro! ¡Sal ahora mismo!
Ambos salieron de un brinco de la cama y vieron con terror la puerta de la habitación: aquella era la voz de Leo.
…continuará.
…
¡Ta dah~~! ¿Se esperaban una continuación de este fic? Espero que no, hehe.
¡Por favor no olviden pasar por la caja de comentarios para que den su opinión de ese mini-capitulo!
Tenía planeado subir sólo un segundo one-shot, pero sé que voy a tardar muuucho en terminarlo, puesto por ahora mi prioridad es terminar de una vez con "Experimento", pero mientras el capítulo final queda listo, y dado a que tengo dos meses sin actualizar alguno de mis fics, quise trarles la primera parte de este fic corto; si muy corto, sólo una actualización más y ya queda.
Muchos quedaron con la incógnita de cómo fue que se "Leo se comió" al pequeño Mikey y su otro yo, ¡así que me ocurrió esta idea y helo aquí!
Además de que tengo un aviso que darles; estoy tardando mucho en actualizar y a partir de ahora creo que tardaré incluso más. Obtuve un nuevo trabajo y últimamente hay muchos cambios en mi vida que absorben casi todo mi tiempo. No quiero decir que me retiraré de este medio porque es algo pronto para saberlo, pero con esto quiero pedirles que sean pacientes; sigo amando con mi alma escribir fics de TMNT y ese es un amor que durará mucho tiempo más, pero quiero saber si sigo teniendo su apoyo a pesar de que mis actualizaciones sean cada vez más separadas una de la otra.
Espero puedan ser pacientes conmigo y comprender por lo que estoy pasando, pues tal vez incluso los capítulo de fics largos puedan ser incluso más cortos para no tardar mucho en actualizar.
Por cierto, tengo cuenta en tumblr, donde subo mi propio arte y a veces pongo noticias sobre el avance de mis fics. ¡siganme! Estoy como missgravedad y me paso por ahí todos los días.
¡Los quiero y los extraño mucho!
Siempre suya:
Miss GRavedad.
